blanket
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El otoño era agradable. El otoño le gustaba.
Se fue el camino pateando hojas de árboles por toda la acera, siendo regañado por la señora del servicio que barría las calles cuando desperdigó una montaña entera de las mismas. Se disculpó con una sonrisa divertida y avergonzada. Eso tenía que contárselo a su novio.
"abre la puerta, estúpido, tu amorcito ya llegó".
A pesar de su mensaje, fue la madre de su enamorado quien lo recibió al llegar.
La señora Aiman también era agradable, siempre lo atiborraba de comida y le preguntaba cómo le estaba yendo en el colegio. En sala también saludó a su "suegro", con el cual tuvo una breve conversación sobre el último partido de fútbol en la que los Spartak patearon a los Dinamo cuatro a cero la semana pasada.
Al terminar, Josef le dijo que su hijo estaba en el segundo piso y que solo subiera.
Subió de dos en dos las escaleras de la casa que ya conocía de memoria. Llegó frente a la puerta del cuarto de su novio y ¿golpeó la puerta? nah, ese no era el estilo Yuri Plisetsky. Tal como se apoderó del cariño de sus suegros, también ingresó al cuarto de Otabek como si estuviera en su propia casa.
Lo sorprendió recostado en la cama, los audífonos puestos y viendo Netflix en su tablet. Le daba la espalda con la vista hacia la pared.
Estrechó sus felinos ojos con una sonrisa, por eso el desgraciado no había visto su mensaje. Sin embargo, su sonrisa se borró de pronto al ver la pantalla entre las manos de Altin, ¡estaba viendo esa serie sin él! ¡qué desgraciado! cuando se suponía que la estaban viendo juntos...
Dejó su mochila y su abrigo en la silla del escritorio de Otabek y se fijó en el borde de la sudadera de este. Ese kazajo tonto necesitaba una reprimenda. Se acostó de un salto y metió sus frías manos bajo las ropas de su novio obteniendo la reacción deseada: un sobresalto y un jadeo por el cambio de temperatura en su espalda.
Miró hacia atrás asustado, quitándose los audífonos.
— ¡Yura! — chilló encorvando su columna.
El chiquillo rubio soltó una risita y dejó un beso en sus labios. Toqueteó la firme y calentita espalda de su novio a gusto, cambiando sus manos de lado cuando sus palmas ya se habían entibiado.
Otabek dejó de lado lo que veía y volteó hacia el rubio soltando una sonrisa y un suspiro.
— Debiste avisar cuando llegaste.
— Lo hice, pero no leíste mi mensaje.
— Oh, lo siento — se disculpó echando una mirada a su móvil que estaba en su mesita de noche — no sentí la notificación.
Yuri acomodó sus manos, abrazándolo, pero todavía repasando la piel tostada de Beka bajo la tela.
— Estás viendo los capítulos de Black Mirror sin mí — dijo frunciendo el ceño y haciendo un puchero.
— Lo siento, no me aguanté... estás helado, ¿hace frío afuera?
— Un poco — respondió siendo acurrucado por Otabek.
Oh, cuánto le gustaba el aroma de Beka. Además de sus manos, también sintió que podría meter su cabeza bajo la sudadera del chico; estaba tan agustito y olía tan bien, sin mencionar lo suave que era su piel, era... era como una mantita humana, sí, ropas y piel, entre ellas Yuri se sentía como estar acobijado por una cálida manta. Un cálido oso.
Plisetsky le contó que había sido regañado por la señora de la limpieza y Otabek se había reído. Y, mientras batallaba para quitarse las botas porque no quería separarse de los labios de su novio, este mismo estiró apenas su mano y los cubrió a ambos con una frazada que tenía a los pies de la cama.
Rio cuando las manos de Otabek también se acobijaron bajo sus ropas, haciendo mimos en su espalda y recorriendo su columna.
Fuera, soplaba el viento y las hojas castañas y secas volaban en el aire.
Sí, definitivamente el otoño era una de sus épocas favoritas.
día 3: cobija/manta
¡Gracias por leer!
