~ wet
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A Yuri le gustaba darle baños. No sabía por qué, pero a Yuri le encantaba cuando él se sentaba en la tina y él lo dejaba lavarlo tras un pesado día de trabajo, era como su forma de recompensar su ardua labor.
Fregaba su espalda con cuidado, a veces repasando sus dedos por los tatuajes en su amplia espalda, tomándose su tiempo para llenarlo de besos y caricias, abrazarlo aunque él se mojara en el proceso y decirle cuánto lo amaba.
El pecho y sus brazos lo hacía mordiéndose los labios, su mirada yendo de aquí a allá, queriendo mirar todo a la vez para no perderse detalle de la piel tostada que se sabía de memoria.
Seguido y con eso hecho, lo miraba y le dejaba un beso en los labios. Una sonrisa juguetona. El corazón de Otabek saltando, nunca acostumbrándose a lo que provocaba Yuri en él.
— Levanta la cabeza, Beka — le decía con voz suave.
Entonces el kazajo sabía que llegaba la hora del champú.
Los delgados y gentiles dedos de Yuri masajeando su cuero cabelludo, provocando espuma con aroma a menta.
Enjuagaba con sumo cuidado de que el champú no llegara a sus ojos, la punta de sus dedos en zig-zag hacia atrás para sacar todo rastro de espuma.
A Yuri le gustaba mimarlo.
Se apoyaba entre sus brazos al borde de la tina y le sonreía. Se le quedaba mirando con esos ojitos verdes, grandes y brillantes que hacían derretir a su corazón. Tenía la mirada de un gatito enamorado y Otabek no sabía cómo actuar, pero en su pecho sí sentía la gran dicha de saberse amado y apreciado por alguien tan especial como lo era Yuri para él.
— ¿Por qué no entras conmigo?
Yuri pareció emocionarse con la idea, pero de pronto lo miró con cautela.
— ¿Pero no estás cansado?
Siempre preocupándose por él, hasta se sentía un poco culpable por ello. Negó con la cabeza.
— Ven conmigo, Yuratchka — pidió tomando su mano, acariciándola con su pulgar.
Y ni tonto, ni perezoso, Plisetsky aceptó gustoso.
Se quitó la ropa frente a sus ojos, mostrándole con total confianza cada porción de porcelana que él ya había recorrido múltiples veces a caricias, abrazos y besos.
Yuri resbaló ligeramente, pero se afirmó de su hombro al ingresar al agua y se sentó entre sus piernas soltando una sutil risa que rebotó en el cuarto. Otabek sonrió de inmediato, cuán bonita era la risa de la persona que amaba.
Apoyó su espalda contra el pecho de Otabek, este dejando un besito sobre el lunar en su hombro, esa marca chiquita y con una sutil forma de corazón.
— Te adoro — susurró contra la nube de cabello rubio.
Yuri estiró su cuello hacia atrás, frotando sus mejillas. Otabek casi pudo escucharlo ronronear mientras acariciaba su muslo.
Tomó el pequeño jarrón que Yuri había dejado sobre la húmeda cerámica y empezó a echarle agua tibia a su novio.
Sí, a Yuri le gustaba mimarlo, pero ahora era su turno de ser mimado también.
día 5: húmedo/mojado
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