~ second kiss
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El primer beso de Yuri fue un fiasco. Recordaba haber chocado su nariz con la que en ese tiempo era su novia y, además, haberse herido el labio por los dientes ajenos.
Sus segundos besos no fueron mejores, no lograba sentir gran cosa, ¿dónde estaban las estúpidas mariposas en el estómago? ¿por qué él no sentía nada y hasta se aburría de solo chocar pieles y compartir babas?
En algún punto todo ese rollo de liarse con chicas dejó de ser entretenido... aunque realmente jamás había sido divertido.
En algunos juegos como la botellita o desafíos había besado a un par de chicos, pero tampoco obtenía el efecto deseado. Algunos llegaron a ser muy incómodos; barbas que le picaban el rostro, descarados manoseos, mal aliento. Iugh.
Uf, no. No más besos, por favor.
Por un tiempo -también- se declaró asexual, pero el día en que conoció a Otabek Altin se dio cuenta de que realmente nunca lo había sido y solo lo había dicho en un desesperado intento de querer "definirse".
Otabek apareció en su vida a los dieciséis años. Un chico de rostro serio y de cuerpo trabajado, la mandíbula fuerte y ojos rasgados de un castaño profundo y atractivo, verlo sonreír era como ver un oasis en medio del desierto; tan extraño y paradisíaco si esos dos hoyuelos en sus mejillas se marcaban tan deliciosamente.
Yuri no podía dejar de pensar en él, mucho menos cuando Mila los presentó.
— Otabek Altin.
Yuri sonrió e intentó parecer calmado, pero tuvo que morderse la lengua ante la amenaza de poder soltarle un: "mierda, ¡qué nombre!, ¿me dejas gemirlo?".
Su primer beso (o choque, o contacto bucal, o lo que sea) había sido en una fiesta.
Sus estúpidos amigos habían estado bebiendo y a Mila la borracha (amiga en común de ambos) se le había ocurrido jugar a la botellita. Los demás ebrios del lugar no tardaron en seguirla, Yuri lo hizo a regañadientes solamente por si a alguien se le ocurría propasarse con su amiga (que no estaba en sus cinco sentidos).
Fue wow. Simplemente WOW, ¡WOW!
La botella había apuntado descaradamente a Otabek, en primer lugar. Y Yuri se sorprendió a sí mismo frunciendo el ceño y sintiéndose sumamente herido con el estúpido kazajo que tendría que besar a alguien aún cuando este no tenía la culpa de ser escogido.
Yuri se sorprendió más cuando meditó que: ¿acaso quería salir él elegido para besar a tal monumento? sus mejillas se encendieron.
La botella pasó de largo a Yuri y empezó a detenerse lentamente en dirección contraria a él. Yuri quiso echarse a llorar, por favor, era la primera vez que sentía eso ¡y estaba seguro que no era efecto del vodka! ¿acaso el estúpido destino no podía echarle una mano y darle el gusto de besar a ese chiquillo de piel tostada e irresistible sonrisa que lo traía loco?
— ¡Ya me estoy aburriendo de esta mierda! — exclamó aburrida Mila, quien solo había podido besar una vez. Quiso acomodarse y sin querer golpeó la botella. — oh...
— ¡Lo hiciste a propósito! — gritó la muchacha que casi había sido escogida.
¡Oh, my god!
Yuri tuvo que ahogar la sonrisa que quería esbozar y saltó en defensa de su amiga.
— ¡Claro que no lo hizo a propósito, está borracha!
Babicheva asintió, dándole la razón a Yuri. Era tonta, pero no estúpida; no negaría su estado.
— Intentémoslo otra vez — dijo Jean, tomando la botella y volviendo a girarla — una ronda más y, no sé, jugamos al Quinto Rey o alguna mierda así.
Algunos aceptaron la idea con gusto. Pero Yuri miró la botella conteniendo el aire.
Otabek estaba apoyado en su mejilla y aguardaba en silencio, ¿era su idea o lo estaba mirando? ¡ah, no había tiempo para eso! sus ojos verdes giraban como si pudieran controlar mentalmente la botella. Sintió que se le detenía el corazón cuando el instrumento pasó lentamente a Mila y se detuvo apuntando su brazo derecho.
— ¡Alto! ¡Comprobación! — exclamó Mila tomando la botella y moviéndola hacia él. Rozaba con su brazo. El beso sí iba.
Miró a Otabek y descubrió sus ojos profundos sobre su persona.
Mierda.
¿Cuándo se había sentido así de nervioso y así de ansioso? ¡jamás! y eso era lo que más lo emocionaba, sí, ¡estaba cautivado por besarlo!
Otabek se puso de pie y se estiró hacia él por sobre la mesa y algunas risas estúpidas de sus amigos. Yuri lo imitó, teniendo que sostenerse del hombro de Mila para alcanzar al kazajo.
Fue como ver mil y un estrellitas bajo sus párpados cerrados. Su estómago se apretó e inconscientemente se inclinó más cuando Otabek hizo el ademán de separase. Sintió su corazón galopar con fuerza cuando el kazajo inclinó la cabeza y atrapó travieso su labio, tirándolo despacio y soltándolo, volviendo a pegarse a él una vez más.
¡Joder! ¡¿qué era eso?! ¿acaso se podía sentir tanta euforia con un simple beso?
Altin tenía sabor a vodka y a cigarrillos, pero a Yuri no pudo fascinarle más el sabor de su tibia boca.
Se separaron ante las miradas atónitas y algunas risas nerviosas.
— Hey, era solo un beso normal, no tenían que ponerse tan acaramelados — se rió Jean, mientras sacaba las cartas de su mochila y se ponía a revolverlas con una sonrisa divertida.
Otabek le sonrió y se le marcaron los hoyuelos, Yuri sentía su cara caliente, sin creer lo que acababa de pasar. Se sentó muy rígido y en varias ocasiones de la noche pudo sentir la mirada de Altin sobre él, sin embargo, jamás logró pillarlo cuando intentaba corresponderlo.
Su segundo beso habría de darse dos meses después, en la caseta del colegio donde se guardaban los instrumentos usados en educación física.
Las clases de ambos se habían combinado puesto la profesora de la clase de Yuri y Mila, la señorita Lilia, se había quebrado un pie y el profesor Nikiforov los había tomado en su hora. Los había hecho correr vueltas a la cancha, bajo el sol, saltando vallas y esquivando conos en carreras de relevo.
Otabek y él se miraban a ratos, sin atreverse a acercarse. Jean se le pegaba como garrapata a Altin y Yuri estaba junto a Mila que le hacía ojitos a Sala Crispino. Qué tedio. Se sentía desplazado.
Y fue mucho más horrible cuando no saltó bien una de las vallas y se fue de bruces al suelo. Quiso fusionarse con la tierra y desaparecer, ¡qué maldita pena!
— Es solo un rasguño, puedes seguir en pie — había dicho Nikiforov con su estúpida sonrisa de corazón.
¡Hijo de perra! tenía heridas las rodillas y se tuvo que tragar las lágrimas para no humillarse más. Ni intentó cruzar su mirada con Altin otra vez porque sabía podría morirse de la vergüenza.
Odió aún más a su profesor de turno cuando acabó la clase y exclamó:
— ¡Plisetsky y Petrov, guarden los instrumentos!
Yuri frunció el ceño, Mila se ofreció con ayudarlo, pero de orgulloso la rechazó y comenzó a recolectar los conos. Petrov se encargó de las vallas.
Intentó disimular su cojeo cuando caminó hacia la caseta al lado del gimnasio techado, malditamente lejos de la cancha abierta donde estaban. Abrió la puerta de una patada, tiró los conos por allí y se sentó sobre una de las colchonetas a esperar a que Petrov llegara con las vallas para cerrar puesto a él se le había asignado la llave y el candado del lugar.
Se le atoró el aire en la garganta cuando vio entrar a Altin cargando con las vallas. El chico lo miró algo ¿tímido? y procedió a acomodar los instrumentos al fondo de la caseta bajo la atenta mirada de Yuri que se había cohibido totalmente.
Cuando volteó a mirarlo, se sintió temblar.
— Pensé en ofrecerte ayuda, pero escuché que rechazabas a Mila y me arrepentí — murmuró sentándose a su lado — así que le dije a Petrov que lo haría por él.
Yuri tragó y sintió ese zoológico en su estómago que había sentido la noche que había besado por primera vez a Otabek.
Mierda, estaban tan cerca. Y el no tenía ni puta idea de qué decir.
— ¿Quieres que te lleve a la enfermería? — preguntó dudoso el kazajo.
Yuri frunció el ceño y ladeó ligeramente la cabeza.
— ¿Por qu...?
— Tus rodillas.
Oh, cierto. Tenía el pantalón remangado hasta sobre sus rodillas, con sus heridas al aire.
— Mmh, bueno — aceptó sonriendo, asintiendo.
Bueno, al menos no todo en ese día había sido malo.
Y ese pensamiento solo se intensificó cuando Otabek se inclinó y dejó un corto beso sobre sus labios.
Quedó congelado. Sintió las orejas calientes.
El tiempo volvió a detenerse.
— Lo-lo siento, Yuri — dijo Altin tras unos segundos, nervioso — fue un impulso, no debí hacerlo, lo siento mu...
Oh, qué demonios.
Yuri tomó su rostro y volvió a unir sus labios para que se callara y para volver a sentir la piel que tanto le revolvía las entrañas.
Su corazón parecía querer salirse de su pecho, más cuando sintió las manos de Otabek enterrarse en su cabello, recorriendo su cuero cabelludo y jalando despacio sus cabellos, correspondiéndolo con ganas.
Sus labios pegándose desesperados y chocando los dientes, mordiendo, devorándose la boca con tal necesidad que Yuri nunca antes había sentido.
Otabek ya no sabía a alcohol y cigarrillos, sabía a algo más dulce, algo que solo hacía que la lengua de Yuri quisiera explorar toda su boca.
Se separaron ligeramente, jadearon y volvieron a unirse. Las manos de Yuri apretando los hombros y los fuertes brazos.
Quién diría que ese kazajo le haría sentir una de las mejores (hambrientas) experiencias de su vida. Y eso que tan solo era su segundo beso. No quería ni imaginar lo que se les avecinaba en un futuro no muy lejano...
día 7: segundo beso
¡Gracias por leer!
