~ party

Otabek miraba con la boca abierta a su mejor amigo bebiendo como esponja desde la misma botella de vodka sin siquiera quemarse la garganta, ¡¿quién era ese chico y qué había hecho con su Yuri?!

Habían ido a la discoteque donde Otabek trabajaba como dj. El grupo no era muy grande, solo eran un puñado de sus amigos de la universidad: Viktor y Yuuri, que iban en su mismo año, Mila, con quien compartía dos materias y Yuri, de primer año y que era su amigo desde la secundaria. Todos tenían la suerte de conocerse desde el colegio, menos Yuuri, pero su adaptación al grupo fue muy rápida y eso fue bueno.

Solo irían a divertirse, beber y bailar, una noche de amigos, una noche tranquila, una noche de fiesta de celebración porque el semestre había acabado. Otabek haría su turno en la cabina del dj para no tener que faltar a su trabajo y al ser relevado por su compañero, bajaría a divertirse con sus amigos.

Se abrió paso entre cuerpos que bailaban muy juntos. Desde arriba había visualizado el crop top naranja fluorescente que le venía tan bien a Mila con su melena rojiza, así que no hubo necesidad de llamarlos para localizarlos. Su grupo estaba en una esquina de la barra.

Hacía un calor infernal allí dentro, pero Otabek ni lo sintió cuando vio boquiabierto a dos rusos bebiendo puritanos a diestra y siniestra. Y uno de los rusos no era exactamente Mila, que gustaba mucho de beber, pero que ahora veía divertida a Yuri y Viktor debatiéndose por quién era más ruso por beber más vodka.

— ¡¿Quién hizo esa estúpida apuesta?! — preguntó intentando quitarle la botella a Plisetsky, pero en vano, puesto ya se la había bebido toda.

— Lo siento — contestó sorpresivamente Yuuri Katsuki, que intentaba hacer reaccionar a Viktor que ni se podía el peso de su propia cabeza — solo bromeé porque Viktor dijo que no le gustaba el vodka, dije "¿a qué ruso no le gusta el vodka?" y entonces Yuri pareció echar chispas de lo indignado que estaba, retó a Viktor, Viktor se ofendió y le siguió el juego y... lo siento...

— Ruso barato — mascullaba Yuri con desdén, la botella vacía todavía en su mano — ¡deberías avergonzarte, viejo calvo! ¿dónde está tu cultura rusa? ¡¿dónde?! ¡Putin debería exiliarte por traición a la patria!

Viktor apenas si se movía mientras Yuuri intentaba reanimarlo. Mila soltó una risotada.

Otabek miraba incrédulo a Yuri, ¡él nunca había sido patriota, siempre se quejaba de su país! el kazajo recordaba nítidamente la tarde pasada cuando Yuri se estaba quejando de Putin y sus nuevas y estúpidas leyes (palabras de Yuri) sobre la tenencia responsable de canes "¡¿y los gatos qué?! ¿dónde deja ese viejo pulgoso a los gatos?" había dicho indignado leyendo el periódico.

Yuri se tambaleó, pero Otabek lo afirmó a tiempo. Aunque debía reconocer la tolerancia al alcohol del rubio, Otabek sí notó que el chico se hallaba lo bastante mareado como para asegurar que ya estaba borracho. Lo consoló ligeramente el hecho de que al menos pudiera mantener la consciencia, no como Nikiforov, pero de pronto el chiquillo se afirmó en su hombro y se encorvó, acariciándose el estómago.

— Yura, ¿estás bien?

Una pregunta bastante estúpida.

Ugh, qué asco — respondió arrugando la nariz.

— Ehh, Beka, yo que tú lo llevo al baño — apuntó Mila — si vomita aquí será mucho más vergonzoso que si lo hace en los baños...

Altin suspiró, dándole la razón y ayudando a un tambaleante Yuri al final del recinto, donde aguardaban los baños.

— No es nada, soy ruso, yo aguan... to ¡aguanto! — le decía mareado a su amigo.

En el baño de mujeres, las chicas hacían una larga fila, muy distinto que el baño de hombres, en el que salió un chico y dentro no había nadie más.

Yuri seguía balbuceando cosas sobre Rusia y en un momento Otabek soltó una ligera risa cuando su amigo dijo algo del meme de Putin montando un oso.

— ¿Te duele mucho el estómago?

— Un poco — le respondió con las mejillas rojas y agachándose casi por inercia al inodoro.

Otabek sobó la espalda de Yuri con paciencia. El kazajo sacó sin permiso ni reparo una liga en la muñeca de su amigo y comenzó a tomar con delicadeza cada una de sus hebras para amarrarlas.

— ¿Cómo sabías que tenía una liga ahí? — preguntó Yuri con una media sonrisa.

— Te conozco, sé que siempre tienes ligas en tus muñecas.

Terminó su tarea y se arrodilló a su lado, poniendo los demás mechones rubios sueltos tras las orejas de Yuri. El ruso dejó un fugaz beso en su muñeca.

— Beka, tú eres mi chico kazajo favorito.

Otabek sonrió, divertido y ligeramente enternecido por ese comentario. Asintió al muchacho arrodillado frente al inodoro.

— Bien, Yuri, ¿y quién es tu chico ruso favorito? — preguntó.

Yuri negó con la cabeza, inclinándose peligrosamente hacia él. Otabek intentó retroceder, pero la pared del pequeño cubículo no se lo permitió. Yuri olía a alcohol.

— ¡Esos bastardos me mintieron! ¡no son rusos! nadie que no pueda beber vodka puritano puede considerarse ruso, mucho menos mi ruso favorito — declaró arrastrando las palabras.

— Bien, bien — no le llevó la contra porque sabía Yuri estaba ebrio.

La cercanía lo ponía nervioso, así que lo separó con delicadeza, pero Yuri lo miraba intensamente.

— Beka ¿y yo? — preguntó con un puchero.

— ¿Tú qué, Yura?

— ¿Soy tu chico ruso favorito? — preguntó con sus pupilas tan dilatadas como un adorable minino.

Otabek sintió un arrebato de ternura ante la pregunta. Yuri esa noche estaba siendo muy adorable (además de feroz con la bebida).

— Sí, Yura, tú eres mi chico ruso favorito.

Plisetsky esbozó una sonrisa radiante. Altin acarició el cuello blanco de Yuri y se inclinó ligeramente para dejar un beso en su frente.

La música de la fiesta allá afuera se sentía sofocada dentro de las paredes del baño, y dejó de importar cuando Yuri posó su propia mano sobre el brazo que Otabek asía en su cuello, repartiendo una pequeña caricia con sus dedos.

Otabek sonrió y recibió un corto beso de Yuri en los labios.

Estaban en un ordinario baño de discoteque, pero aun si estuvieran bajo las más fétidas alcantarillas, los besitos de Yuri eran como volar en una suave y dulce nube en el cielo. Y no podía hacer nada más que aceptar su cariño cuando lo miraba con esos preciosos ojos esmeralda.

— Eres mi chico favorito, mi chico kazajo favorito. No hay nadie más, ningún ruso barato o japonés u otro kazajo, nadie más, ¿comprendes?

Otabek volvió a asentir con la cabeza. Tomó la mejilla de Yuri y cerró los ojos para volver a besarlo, pero Yuri lo separó de golpe y bajó el rostro, vomitando en sus pantalones.

Oh. La dulce nube de gatitos se había roto para oler a ácido y comida semi digerida revuelta con alcohol.

Otabek cerró los ojos y desvió la cara lentamente, pegándose a la pared, asqueado e intentando no entrar en pánico. Su chico ruso favorito había hecho de él su inodoro favorito.


día 10: fiesta

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