~ underwear

El despertador de Otabek sonó a las siete en punto de la mañana. El chico lo apagó casi asustado y volvió a tirarse a la cama, batallando mentalmente para no volver a dormirse. Cuando sintió a Yuri removerse a su lado, fue que decidió reincorporarse y buscar a tientas su pantalón entre el borde de la cama y entre las mantas.

— ¿Quieres que te haga el desayuno? — le preguntó la voz ronca de su novio recién despertando.

Otabek gruñó despacio en una negativa. Encontró su pantalón de pijama y se lo puso.

Quedarse jugueteando con Yuri entre las sábanas hasta las tres de la mañana no había sido una opción muy acertada. Ahora sentía que podría desmayarse.

Prendió la luz de la lámpara a su lado (cosa que pensó debió haber hecho antes, cuando buscaba su prenda). Se paró adormilado y entró al baño para darse una corta ducha que no lo ayudó a revivir.

Volvió al cuarto donde Yuri abrazaba su almohada revisando su móvil. El muchacho entraba más tarde a trabajar, pero ¿cómo demonios podía estar despierto y fresco como una lechuga? misterios de la vida.

El kazajo se sentó al borde de la cama y se pasó la toalla por el cabello con los ojos cerrados. Quería quedarse en casa durmiendo abrazado a Yuri, pero el deber llamaba y las cuentas no se pagaban solas.

Yuri fingió pegarse a su móvil, pero admitía que ver a su novio desnudo era mucho más recreativo para la vista. La espalda ancha y trabajada, las caderas estrechas, esa hendidura deliciosa de su columna en su piel bronceada ¡ay, Dios! ese hombre era su Adonis personal, su perdición.

Sus ojos verdes lo siguieron por toda la habitación. Su novio sacó una camisa del clóset, un par de calcetas, pantalones y... ropa interior. Yuri elevó una ceja cuando lo vio sacar eso último.

— ¿Bebé? — llamó.

Otabek volvió a emitir un sonidito gutural haciéndole saber que lo escuchaba.

— ¿Estás bien? ¿en serio no quieres un café?

— No te preocupes — respondió con voz ronca — podría retrasarme, prefiero comprar uno en algún Starbucks.

Pestañeaba pesado y Yuri hasta se sintió culpable por haberlo entretenido hasta altas horas de la noche. No obstante, no pudo evitar apretar la almohada y ocultar su sonrisa divertida cuando lo vio vestirse.

Otabek ordenó a tientas sus últimas cosas e ingresó por última vez al baño. Iba a marcharse cuando Yuri lo detuvo para hacerle correctamente el nudo de la corbata.

— Ahora sí — dijo dándole un beso en los labios.

— Gracias, Yura. Nos vemos a la noche — murmuró Altin, dejando otro besito en su frente.

Yuri se volvió a recostar y echó un vistazo a su móvil. Las siete con cuarenta, todavía le quedaban una hora antes de levantarse. Se quedó un rato en silencio, miró el clóset y soltó una risa divertida en medio de la penumbra.

El buen horario de trabajo de Yuri se debía a que trabajaba por las mañanas los sábados y el estricto horario de trabajo de Otabek se debía a lo contrario, porque él salía temprano los viernes y tenía todo el fin de semana libre.

Por ello mismo Yuri no se sorprendió cuando llegó a las siete de la tarde a su hogar y Beka todavía no llegaba. Dejó las compras en la cocina y se recostó en el sofá a ver alguna película mientras aguardaba a que su novio llegara para cenar juntos. Había sobrado estofado de la noche anterior así que todo ok.

Sintió la llave en la cerradura a eso de las ocho con treinta y se asomó como un gatito desde el sofá. Otabek entró más despierto de lo que se había ido en la mañana y dejó su bolso sobre la mesa.

— ¿Cómo estás? — le preguntó a Yuri mientras pasaba directo a la cocina a recalentar la cena.

¿Era su idea u Otabek había evitado su beso de bienvenida? una divertida sonrisa se formó en su rostro.

Yuri lo siguió hasta la cocina. Otabek no le estaba dando la cara, ¿acaso estaba avergonzado?

— Mi día estuvo bien, ¿qué tal el tuyo? — preguntó de vuelta.

— Sí, bien, bien — asintió el kazajo, sacando un yogurt del refrigerador y comiéndolo a rápidas cucharadas. Botó el pote a la basura y se dirigió de nuevo a la puerta — lo siento, debo hacer algo y vuelvo, ¿ves la cena por mí?

¡Oh! ¡Otabek estaba avergonzado! su cara estada roja.

— ¡Espera!

Detuvo al kazajo antes de que cerrara la puerta del dormitorio que compartían y notó que lo había sorprendido.

— Solo iré al baño — dijo con un tono nada convincente.

— Entonces no tienes por qué cerrar esta puerta, cierra la del baño.

Otabek frunció el ceño.

— Yura... suelta la puerta.

— ¡Beka, no seas tímido! — exclamó divertido.

Otabek suspiró frustrado, mierda, ¡por supuesto que Yuri lo había notado esa mañana! había estado mucho más despierto que él, que se dio cuenta solamente a medio día, cuando fue al baño de la empresa.

Yuri logró colarse por la puerta y, con los centímetros que le ganaba a Altin, logró tumbarlo en la cama mientras se subía a horcajadas sobre él.

— Me sorprendió cuando te vi con eso puesto, pero admito que mi entrepierna tiró un poco con lo sexy que te veías.

Otabek se tapó la cara. No, no podía con la sinceridad de ese hombre.

— Yuri, por favor...

— Pero Beka~ — ronroneó dejando besitos en su cuello y buscando sus labios entre las manos que tapaban su bonito rostro caliente — lo digo de verdad, esa tanga de leopardo se te ve mucho mejor a ti que a mí.

Otabek hizo otro de sus sonidos guturales que detonaba lo abochornado que estaba.

— Cállate, por favor.

— Se me ocurre que esta vez yo podría ser Jane y tú mi Tarzán, ¿qué te parece?

— ¡Ya, para!

— Ay, Beka, te amo tanto, eres tan adorable, me das tantos momentos felices, ¿sabes qué? — su voz animada, extasiada — quítate los pantalones, ¡quítatelos! ¡hay que sacar una foto conmemorativa de esto!

— ¡Yuri, por favor!


día 12: ropa interior

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