Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


Esta soy yo ahora

El sonido del intercomunicador la hizo regresar a la realidad, presionó el botón para escuchar la voz de su secretaria.

—Srta. Swan, tiene una llamada por la línea dos. Es su padre — anunció al conocer la siguiente pregunta.

Esas tres palabras fueron suficientes para helarle la sangre. Le agradeció y tomó la llamada.

— Buen día, Charlie.

—Aún no tengo el reporte de este mes. —protestó.

—Tuvimos unos problemas con el sistema, un servidor caído. Ya lo repararon y está funcionando a la perfección, esta misma tarde los tendrás para que…

—Eso espero. —sentenció con su habitual tono autoritario.

—Así será. ¿Algo más en lo que pueda ayudarte? —preguntó sosteniendo el teléfono con una mano mientras con la otra comenzaba a firmar unos papeles olvidados.

— ¿No preguntas por tu madre? — Un mohín apareció en su rostro e hizo la pregunta de rigor, como si de verdad le interesara. Dejó la pluma suspendida sobre el papel al escuchar que se habían acordado de ella y unos diseños exclusivos de Chanel estaban en camino.

—Gracias, pero no se hubieran molestado. —dijo incrédula.

—Agradécele a tu madre, ella se preocupa por tu apariencia. — Suspiró —Nos vemos, tenemos cosas por hacer—colgó antes de darle oportunidad de decir algo.

Tras colgar, firmó el último documento, los reunió todos y se levantó de la silla. Con una mano alisó las arrugas inexistentes de su falda, antes de salir de la oficina cogió su abrigo y cartera.

— ¿Necesitas algo, Bella? —preguntó de inmediato Megan. Una chica eficiente y bastante agradable con la que tenía más una amistad que una relación laboral como su padre esperaba. Por lo que evitaba ella tutearla cuando había alguien cerca.

—Necesito llames a Steve para que nos envié el reporte de este mes, es el único faltante y quiero darle un vistazo antes de adjuntarlo en la documentación a Charlie. — ella tomó de inmediato el teléfono para llamar, le dejó los documentos en el escritorio mencionándole a quién debía de entregárselos y le avisó saldría por un café. Tras ver un asentimiento se encaminó hasta el ascensor.

Mientras bajaba se colocó el abrigo sin apartar la vista de los números en el panel, se detuvo en el décimo piso, al abrirse las puertas un par de chicos sonrientes aparecieron y al verla su rostro cambió, la saludaron con educación y no dijeron otra palabra. Con la mayoría de los empleados ella se portaba algo dura, lo que se esperaba. Sólo con algunas personas mantenía una relación más amable, con seis, en una empresa donde trabajaban cerca de cinco mil.

Apenas atravesar la puerta giratoria de cristal quedó bajo una llovizna ligera, de la clase que no te preocupas por llevar paraguas, pero al final terminas lamentándolo. Desechando la idea de volver a su oficina por el suyo, solo cerró su abrigo y levantó las solapas para cubrir un poco más, no se apresuró y disfrutó de ese momento.

Caminó lentamente mezclándose entre las personas que parecían ir de prisa para evitar mojarse más de la cuenta sin preocuparse en quienes empujaban al cruzarse en su camino. Llegar al Starbucks le tomó menos de cinco minutos y apenas entrar al local sintió la calidez de la calefacción al igual que delicioso olor a café, fue directamente hasta la fila donde esperó tranquilamente su turno, iba a pedir un moka blanco caliente, pero supo sería una mala elección por lo que optó por un americano, eso la reanimaría sin saturarse de calorías.

Dio un paso para acercarse a la caja cuando una chica un par de centímetros más baja con un suéter una talla más grande de lo que evidentemente necesitaba, la golpeo suavemente en el hombro, se disculpó visiblemente avergonzada saliendo del lugar como si hubiera visto al diablo. Bella ordenó su café y mientras esperaba el rostro de la chica se le hizo bastante familiar, y la recordó. Ella trabajaba en la empresa como ayudante en el área de contabilidad, una leve sonrisa se formó en sus labios al saber que su turbación se debía al verla, seguro ya había escuchado la historia del chico al que despidió hace algunos meses por estar fuera de la empresa en horas de trabajo. Lo que la mayoría no sabía es que no fue el hecho de encontrarlo fuera, como corría el rumor, era ese chico en particular, buscaba cualquier excusa para no hacer su trabajo, era evidente que no le gustaba lo que hacía y buscaba cualquier pretexto para eludir sus actividades, era un elemento que no necesitaban y solo aprovecho la oportunidad para liberarlo de su agonía.

Había matado dos pájaros de un solo tiro, el chico fue libre para encontrar su verdadero lugar y le dio a ella una imagen más dura de la que ya tenía.

Escuchó su nombre y cogió el café que le tendían, con cuidado le dio un sorbo para no quemarse disfrutando el sabor amargo. Ajustó el abrigo para salir a la llovizna que estaba más tupida que cuando había llegado. Se dio prisa en regresar ya que conseguir un taxi en ese tiempo sería una tarea titánica por no decir que tardaría más en llegar que si lo hacía caminando.

Al entrar nuevamente en el edificio se sacudió el abrigo y rogó porque su aspecto no luciera como el de un perrito mojado. Fue directamente a los ascensores alcanzando a detener el que cerraba sus puertas y entró presionando el botón de su piso.

—Buenos días, Isabella. —sintió una mano sobre su brazo y al instante se giró para ver quién la llamaba y con desagrado notó a ese hombre bajito y rechoncho encargado de tratar con empresas extranjeras. — ¿Has hablado con tu padre? ¿Volverá pronto?

—Hablé con él hace un rato y no mencionó cuando regresaría. —acercó el vaso a sus labios dejándolo solo a milímetros. — ¿Ya terminó el reporte de ingresos de esta semana? — le dio un sorbo al café sin apartar su mirada de la suya, el hombre se puso nervioso indicándole que aún no lo tenía listo, de nuevo estaba con retraso. —Lo espero en mi oficina antes de las dos, quiero revisarlo y enviarlo junto con el resto de la documentación a Charlie. Por si no lo ha notado ese reporte debía de estar en mi escritorio desde ayer a mediodía.

—Ahí lo tendrá— escuchó el timbre del vigésimo quinto piso y las puertas se abrieron, Bella bajó, era su piso. Colocó el pie en la puerta para mantenerla abierta. Era el momento de dar un buen golpe. —Mi padre confía plenamente en su trabajo, Sr. Saunders, pero yo tengo mis dudas sobre su eficiencia— sonrió, ante su semblante contrariado y los murmullos a sus espaldas— No olvide el reporte. — dijo con dulzura antes de sonreír burlonamente. —Que tenga buen día.

Aún disfrutando de la cara de perplejidad del hombre y la de asombro de los demás, caminó por el pasillo hasta llegar frente a Megan quien la miró enarcando un ceja pero con una sonrisa en los labios dejando claro haber escuchado el comentario.

—Ese fue un golpe bajo.

—Se lo merece, le dijo a Charlie que yo fui quien extravió la última cotización en la bolsa cuando fue él quien lo traspapeló. Él salió limpio y yo muy mal parada. ¿Ya están listos los papeles que te pedí? —preguntó.

—Están sobre tu escritorio. — señaló el interior de la oficina. — ¿Necesitas una toalla?

— ¡Por favor! —aceptó agradecida.

Megan no tardó nada en llevarle una toalla para que secara su cabello y se llevó su abrigo para ponerlo a secar. Bella agradeció dejándose caer en su silla notando como el trabajo misteriosamente parecía irse multiplicando, los papeles sobre el escritorio parecían ir aumentando al igual que la cantidad de correos en la bandeja de entrada. Así que pidió no ser molestada.

Después de dos horas, consiguió disminuir los papeles sobre el escritorio y responder a cada uno de los correos en el e-mail, se estiró tratando de desentumecer los músculos del cuello. No pudo evitar gruñir al escuchar el timbre del intercomunicador, presionó el botón para oír el anuncio de la llegada del Sr. Saunders quien quería hablar con ella y evidentemente entregar los informes, sin ocultar su fastidio pidió dejarlo pasar. Lo siguiente fue el hombre entrando con el rostro serio.

— ¿Son los reportes? — le preguntó Bella extendiendo la mano al ver los papeles en sus manos.

Él se acercó hasta dejar los papeles sobre la mano de ella con más fuerza de la necesaria.

—Espero que lo de esta mañana no se repita, Isabella.

— ¿Qué? —preguntó atónita por el atrevimiento

— Su comentario en el elevador fue bastante fuera de lugar. Yo no juzgo su trabajo…

— Y me alegro que no lo haga o estaría en serios problemas. — Entrelazó sus manos sobre el escritorio e inclinó su cuerpo hacia adelante mirándolo duramente. —Mi puesto es superior al suyo y por lo tanto soy su jefe, así que estoy en todo el derecho de corregirlo cuando su trabajo me parezca deficiente y que no cubre las expectativas por las que fue contratado.

—Su padre es el jefe. —declaró en tono altivo.

—Creo que ya olvidó que soy yo quién queda a cargo cuando él no está, justo como en este momento, así que espero deje de contradecirme y se dedique a hacer su trabajo, ese por el cual le estamos pagando.

— ¿Hay algo que le moleste de mí?

—Ahora que lo menciona, sí. —Bella se reacomodó en la silla tomando la pluma entre sus dedos y golpeteando suavemente contra el escritorio. — Me molesta que mienta para librarse de su castigo, ¿creyó que culpándome sobre la pérdida de la cotización de la bolsa del mes pasado usted saldría ileso? Pues déjeme decirle que se equivocó, nadie que se mete conmigo lo consigue. Téngalo presente. — el hombre estaba sin palabras y visiblemente enfadado. — ¿Tiene algo más que decirme?

—No, era todo.

—Entonces regrese a su trabajo. Espere… también quiero recordarle que para usted soy la Srta. Swan y no Isabella, yo en ningún momento le di permiso para tomarse esas libertades.

—Lo que usted diga, Srta. Swan. — arrastró el nombre.

Bella reprimió una sonrisa ante su enfado, lo vio dar media vuelta encaminándose a la salida y fue ahí cuando lo escuchó ¡maldita zorra engreída!

—Gracias — le dijo haciéndolo girar con el rostro ir adquiriendo un tono rojizo y los ojos muy abiertos por haber sido escuchado. — Los zorros son animales muy astutos y más que un insulto para mí es un halago. — Suspiró — Solo alguien mediocre recurre a los insultos como arma. — Se levantó y rodeó el escritorio apoyándose en la parte frontal sin dejar de observarlo — Una más y tendrá una llamada del departamento de para hablar de la disolución de su contrato. ¿Soy lo suficientemente clara?

Entendiendo a la perfección se marchó tragándose todo el coraje que lo invadía. Tras quedarse nuevamente a solas soltó un sonoro suspiro ante su triste y patética vida, con las únicas personas que podía entablar una amistad, se veía en la necesidad de pisotearlas y hacerlas sentir inferiores para que se esforzaran en su trabajo, ella solo lo hacía con los altos ejecutivos, que en su mayoría creían que por ser mayores podían hacer lo que querían ignorándola olímpicamente, pero desde que comenzó a ponerlos en su lugar iba ganando su respeto y también consiguió ganarse un par de apodos, la princesa de hielo o cuando estaban furiosos se limitaban a llamarla zorra, arpía, hiena y el más nuevo que le gustaba medusa, pero al final eran solo adjetivos destinados para herirla y denigrarla, por lo que prefería ignorarlos, ninguno de ellos la definía.

De nuevo timbró el intercomunicador regresándola a la realidad, le sorprendió escuchar el nombre de Jacob: su amigo de la infancia, y de quien se distanció completamente al entrar en la empresa familiar. Volviendo a su asiento le pidió pasarle la llamada, pero en lugar de eso lo vio en la puerta con una enorme sonrisa. Quitó el dedo del botón y ladeando la cabeza miró a su amigo quien en los últimos meses había aumentado su masa muscular, su cabello castaño estaba ligeramente más largo, provocando se rizara en el borde del cuello de la camisa, sus ojos oscuros brillaban divertidos en contraste con su piel tostada de su descendencia nativa. Cerró la puerta y giró un par de veces provocando que riera y se sintiera tonta por su evidente escrudiño.

—Hola, princesa de hielo. — saludó con burla dejándose caer sin nada de delicadeza en una de las sillas y cruzando una de sus piernas.

— ¿Qué haces aquí?

—Sí me encuentro muy bien, gracias por preguntar— dijo sarcástico.

—Perdón, solo que me sorprende verte aquí. —respondió con sinceridad y aún un tanto aturdida.

—Supe que el ogro no estaba en el pantano, así que me dije, Black, deberías de ir a ver a la princesa de hielo para comprobar que está bien o por lo menos para saber a dónde llevar las flores. —Bella frunció el ceño al escuchar sus palabras, para él era un chiste, sin saber que dentro de poco se haría realidad. Bella se levantó para acercarse a él, le dio un beso en la mejilla y se dejó caer en la silla a su lado. —Si yo no te llamo, tú no lo haces. Sé que eres una mujer muy ocupada ¿pero no puedes hacer una llamada o enviar un mensaje?

—La escuela y el trabajo me absorben demasiado.

— ¡Pero ahora estás de vacaciones! —exclamó alzando los brazos. —Ya no eres la de antes. — señaló con nostalgia.

— ¿De vacaciones? A mí no me lo parece. Debo de estar atada a esa silla— apuntó la silla donde había estado sentada hace unos minutos. —Todos cambiamos, no podemos ser igual toda la vida, debemos de adaptarnos a nuestro entorno. —se justificó.

—Sé que todos lo tenemos que hacer, pero tú lo hiciste de una manera…diferente. Ya no tienes tiempo para los viejos amigos.

—Salimos de vez en cuando.

—Pero ya no como antes, cambiaste al volver de Suiza y del semestre pasado a ahora el salto fue abismal.

—Cuando me enviaron a Suiza éramos solo unos niños, crecimos alejados en ambientes muy diferentes. Tenía que cambiar, tú lo hiciste — sentenció — ¿No esperabas que siguiéramos comportando como en ese entonces, verdad?

Se encogió de hombros, ya que le no veía lo malo de seguir por esa vida despreocupada. —Ya no hay rastros de la Bells divertida, casi ni te conozco. —ella enarcó una ceja. —No, a mi amiga le gustaba estar rodeada de gente sencilla, evitaba las fiestas de la alta sociedad, prefería tomar el metro y hasta comíamos hot-dogs, pretzels o bagels en la calle… Ahora no falta a ninguna fiesta de la alta sociedad, sale todos los fines de semana con los hijos de los mayores empresarios de esta ciudad, solo viaja en autos de lujo, hasta tienes un Aston Martin y no comes nada que no venga de un exclusivo restaurante.

— ¿Ese es el concepto que tienes de mí?— preguntó dolida, pero sabía tenía razón. Solo la miró y ahí pudo leer su respuesta. —Es una lástima que no te agrade lo que soy.

—El fin pasado Sam te vio bastante pasada de copas y te marchaste del lugar con Abernathy, ¿qué tienes que decirme sobre eso?

—Está exagerando con lo de las copas, solo fueron tres martinis.

— ¿Qué hay de Abernathy? ¿Te acostaste con él?

— ¡No, claro que no! ¿Por quién me tomas?

—Sabía los límites que tenías justo antes de comenzar el semestre pasado, pero ahora eres otra…—se pasó la mano por el rostro antes de inclinarse hacia adelante. — ¿Qué quieres que piense, Bells?

—Pensé que eras más inteligente, pero veo que me equivoque. —Se levantó bruscamente. — Te voy a pedir que te vayas. —le dijo apenas mirándolo sentándose de nuevo en su silla detrás del escritorio.

— ¿Me estás echando? — dijo visiblemente sorprendido ante su reacción.

— ¿No fui lo suficientemente clara? —preguntó de manera fría y él seguía aún en estado de shock—Fuera de mi oficina y deja de meterte en mi vida, es mía y si me da la gana me acuesto con quien quiera y termino con ella. ¿Crees que no tengo suficiente con mis padres cuestionando cada movimiento para que ahora también lo hagas tú? —Cogió el teléfono — Vete o llamo a seguridad.

— ¿De qué estás hablando, Isabella?— preguntó, descolgó el teléfono y marcó la extensión, ignorándolo.

Al segundo timbrazo respondió uno de los guardias y al notar que Jake no pretendía levantarse le dijo al guardia que necesitaba que sacara a un intruso que estaba en su oficina, eso era en lo que se acababa de convertir al juzgar sus acciones. Tras colgar él se levantó y la miró dolido.

— ¿Intruso, eso es lo que soy? —ella simplemente se encogió de hombros. —Sabes… haz lo que quieras, pero recuerda que a pesar de la forma en que me acabas de tratar, siempre tendrás un amigo a quien recurrir. — eso era lo último que ella esperaba y de nuevo después de mucho tiempo se sintió fatal de lo que estaba haciendo, pero era lo mejor, no quería lastimarlo de verdad. En ese instante llegaron dos hombres de seguridad, no podía flaquear, no ahora.

—Scott, muéstrenle la salida.

No fue necesario, Jake salió solo sin mirar atrás dejando la puerta abierta, Bella se llevó las manos al rostro ¿Qué es lo que acababa de hacer? Él era un gran chico, a pesar de los años en los que se vieron distanciados continuaba siendo su amigo, ignoraba los comentarios hirientes de Renee quien no ocultaba su desagrado ante su familia, a pesar de la buena posición social eran como cualquier persona normal que disfrutaba de las pequeñas cosas, algo que era una especie de pecado entre sus amistades y por lo que ella lo envidiaba.

— ¿Estás bien, Bella? — apartó las manos del rostro y notó la mirada preocupada de Megan que había entrado y dejaba una taza de té frente a ella.

—Estos son los reportes que debes de escanear y enviar a Charlie. — le dijo empujando una carpeta sobre el escritorio esperando que comprendiera, no deseaba hablar de lo sucedido. —En cuanto se los envíes, comunícame con él.

Esperó cerca de veinte minutos para poder hablar con su padre que sonaba bastante animado por los buenos resultados. Escucharlo decir que se encargara de cerrar el trato con una importante empresa china la animó, de conseguirlo tendría unas ganancias muy fuertes, pero eso era lo de menos, lo que implicaba era lo verdaderamente importante, estaba confiando en ella y eso no tenía precio. La burbuja se rompió al escuchar que estarían de regreso para el mediodía del día siguiente y debían de prepararse para una reunión. Luego de eso colgó como siempre.

Su libertad había terminado con el regreso de sus padres. Tenía que aprovechar y salir esa noche, solo era cuestión de mandar un mensaje a Jessica y ella se los comunicaría a todos.

Le pidió a Megan encargarse de programar y avisar a todos de la reunión al día siguiente a las tres, indicándoles que era Charlie quien la convocaba y de esa manera nadie faltaría… o eso esperaba.

Tras terminar su trabajo, tomó sus cosas y salió unos minutos antes de lo acostumbrado.

— ¿Segura que te encuentras bien?

—En perfectas condiciones— dio una vuelta, con la mejor de sus sonrisas.

—Eso es lo que más miedo me da, en verdad eres impenetrable.

—Recuerda que los sentimientos son para débiles. — respondió Bella poniéndose el abrigo.

—Son necesarios para ser feliz.

—Nos vemos mañana. — se despidió antes de llegar a una discusión en la que no permitiría quedar como perdedora.

En cuestión de minutos se encontró con sus amigos que se alegraron de verla o eso es lo que parecía. Esa noche estuvieron en un bar hasta cerca de las cuatro, una reunión con los hijos de los mayores empresarios de la ciudad y el país, conoció a un par de chicos con los que se dedicó a coquetear y besó a uno que parecía un modelo, lo más divertido fue ver la cara de envidia de Jessica, ella besándose con un hombre digno de una portada ¿y que tenía Jessica? Solo a Mike. No le duró mucho, el chico se marchó no sin antes intercambiar números y Bella regresó con los demás, hicieron lo usual, unos cigarros, una pastilla, un par de martinis, contar algunos chismes y después cada uno se fue a casa.

New York era la ciudad que nunca duerme y a pesar de la hora el tráfico era considerable, haciéndola zigzaguear entre los autos para no bajar la velocidad y llegar a casa antes del amanecer. Conseguir cruzar antes de que las luces cambiaran la hacían vibrar. Desde hace tres meses en las salidas aceptaba una pastilla, al inicio no estaba muy segura, aunque ahora se recriminaba por no hacerlo antes, le permitía sentirse libre y olvidar las estupideces que rodeaban su vida. Una enorme y auténtica sonrisa se formó en su rostro al imaginar a sus padres cuando descubrieran junto con el resto del mundo que no era perfecta y el mundo en que estaba inmiscuida; sería un escándalo luego de las diversas declaraciones de su madre sobre los chicos de familias cuestionables que recurrían a las drogas, ella misma se estaba etiquetando, y eso sin duda le costaría el título de familia perfecta, la farsa que tan celosamente protegían.


Muchas gracias a cada una por sus comentarios, espero no decepcionar a nadie con esta nueva versión, pero a mi me esta encantando. Lamento la demora, por un error de comunicación con mi Beta la publicación se prolongó más de lo esperado. Esperen un capítulo por semana o si en algún momento es posible serán dos.

Nos leemos en el siguiente.

TitiC