popcorn
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La primera cita que tuvieron fue en el cine, un día jueves a las cinco con veinte minutos.
Yuri estaba emocionado, sería su primera cita oficial en modo romántico con Otabek y eso lo hizo ir sonriendo por todo el camino, algo muy impropio de él que siempre estaba enfadado. Incluso el baboso de Jean se había sorprendido de haber recibido una contestación a su saludo cuando se encontraron en el vagón del tren; mientras sonreía, Yuri le levantó el dedo de en medio, pero algo era algo y no lo había empapelado a insultos como siempre.
Todo fue nubes de gatitos esponjosas y color rosa hasta que... Otabek compró palomitas saladas.
Palomitas saladas... saladas... saladas... saladas...
Joder, no.
Que si había algo en el mundo que Yuri odiaba más que cuando debía limpiar el arenero de su gata, eran las palomitas saladas, ¡eso sí que no!
Todo el camino de vuelta a casa creó un intenso debate (donde solo él debatía) de por qué las palomitas dulces eran mejores que las saladas. Otabek solo se limitó a sonreír divertido mientras asentía a cada una de las enumeraciones de Yuri.
— Apuesto a que dices esto porque nunca antes las has probado, Yura — había dicho al final Altin, cuando estuvieron a punto de llegar a casa de Yuri.
Con aquello derrumbó cada uno de los argumentos del chico. Yuri lo vio ofendido, no obstante, no se atrevió a contradecirlo. ¿Pero cómo demonios iba a probar algo que sonaba tan asqueroso? era como beber veneno sabiendo que te ibas a envenenar.
Las palomitas dulces eran mejores, sin duda. Su textura crocante, cuando se pegaban ligeramente a los dedos por el caramelo, el sabor dulce y suave en su paladar...
— Entonces ¿deberíamos tener otra cita? — preguntó Otabek en las puertas de su hogar, sacándolo de su ensoñación — para que pruebes las palomitas saladas, digo yo.
A pesar de lo último, Yuri sonrió como un bobo, asintiendo y recibiendo un beso de despedida demasiado cerca de sus labios; cuestión que alborotó su corazón quinceañero y que esa noche lo hizo soñar con un prado lleno de Potyas maullando melodiosamente en el que él corría libremente hasta llegar a los brazos de Otabek y girar antes de un gran beso como el de las películas. Su primer beso como novios.
En su segunda cita fueron a comer algo antes de ir al cine, puesto la función a la que entrarían sería a las ocho con cuarenta minutos y se saltarían la hora de la cena.
Al inicio, en el puesto de popcorn, Yuri dijo no tener tanta hambre.
— ¿Estás seguro? — le preguntó Otabek, recibiendo su porción de palomitas.
No. La verdad no estaba seguro.
— Síp — pero eso contestó.
Yuri comía como bestia en su casa. Podía comer hasta cuatro platos de la deliciosa comida que preparaba su abuelo y tenía la maldita suerte -por la que muchas chicas matarían- de no engordar y mantener su esbelta figura.
Pero frente a Beka quiso parecer señorito con estómago de pajarillo. Lástima que no le funcionó. No contaba con que a mitad de la película su estómago comenzara a sonar.
Se mordió el labio, pero al final supuso que no habría nada de malo en robarle un par de palomitas a su novio. Llevó su mano a la caja que había entre él y Beka, chocando sus dedos con el mismo.
Se miraron y Yuri, en la semipenumbra, sonrió con las mejillas rosadas.
— Lo siento...
Otabek negó con la cabeza, haciéndole entender que no le importaba. Pero a Yuri lo puso nervioso que no le quitara los ojos de encima mientras sacaba palomitas y se las echaba a la boca.
Y comprendió de golpe.
Arrugó la nariz con disgusto ante el sabor salado y escuchó la risa bajita de Otabek. Yuri lo golpeó en el hombro mientras tragaba grueso. Diablos, había olvidado ese pequeño detalle en los gustos de su novio.
No se esperó que la mano de Otabek escalara su mejilla mientras se recomponía del sabor en su boca. El muchacho se acercó y pegó sus labios despacio. Yuri quedó en shock.
Era su primer beso con Otabek, ¡su primer beso!
Le costó unos segundos reaccionar, cuando Otabek se iba a separar de él alcanzó a atajarlo y volvió a unir sus labios.
Fue suave y cálido, el aliento de Otabek era sabroso.
Cuando por fin se separaron, Altin mostraba una pequeña sonrisa y echó un mechón de su cabello tras su oreja.
Yuri se saboreó los labios. Sabor salado.
— Supongo que con hambre se come de todo, ¿no?
Yuri soltó una risotada por el comentario, recibiendo varios "shh" por parte del demás público que querían ver la película.
Bueno, si podía saborear la sazón de las palomitas directamente de los labios de Otabek, qué importaba si fueran dulces o saladas.
día 13: palomitas de maíz
*notita: tengo que traspasar los siguientes capítulos, así que estaré actualizando en cuanto los reescriba=)
¡Gracias por leer!
