Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


Infierno Personal

El sonido de Kings Of Lion cada vez se hizo más audible, estiró la mano hacia la mesita de noche para apagar el móvil, cuando lo hizo suspiró con desgana, era el anuncio de un nuevo día y nada prometedor con la llegada de sus padres. Cuando el sonido comenzó de nuevo se llevó la almohada al rostro gruñendo, solo unos segundos después lanzó la almohada al otro extremo y empujó las mantas con los pies levantándose al fin. Apagó el móvil y se dirigió al baño, el reflejo en el espejo le mostraba claramente que no había dormido lo suficiente, dos horas no eran nada en realidad.

Recordando la reunión importante de esa mañana le motivó para arreglarse lo mejor posible, si conseguía cerrar ese trato, en el que había ayudado, sería una catapulta para su carrera. Aún muchos no la tomaban en serio por seguir en la facultad, y se empecinaban en creer que si estaba en ese puesto era por su padre y no por sus capacidades. El conseguir cerrar ese trato marcaría un logro indiscutible en su carrera, era una empresa millonaria, multinacional y sería suya.

Unos golpes en la puerta del baño y escuchando su nombre le hizo saber que la chica de limpieza ya estaba ahí lista para las primeras indicaciones del día. Pidió que le subiera un plato de fruta fresca y alistara un termo con una buena dosis de café.

Tras la ducha fue al vestidor para elegir qué conjunto utilizar, la ventaja de tener un asesor de imagen era qué se encargaba de acomodar su armario por categorías facilitando la elección. Una falda ajustada por encima de la rodilla y una blusa de manga corta con los primero botones abiertos, el pelo recogido en una coleta y accesorios no podían faltar, odiaba las zapatillas altas, pero era un día que debía usarlos, sus nuevos Christian Louboutin ayudarían a que las piernas se vieran más largas y estilizadas, además de dar esa apariencia sofisticada de mujer empresarial que sin duda la caracterizaba.

Se miró al espejo y no pudo evitar fruncir el ceño, si tan solo fuera más delgada podría lucir mejor cada prenda.

La chica regresó con un tazón de frutas, Bella agradeció y se llevó un par de fresas a la boca seguidas de un trozo de jugoso mango que la hizo cerrar los ojos, al abrirlos se encontró con su reflejo en el espejo, dejó el tenedor donde estaba y apartó la bandeja asegurando haber terminado e interiormente maldiciéndose por ser tan débil. Ignoró el rostro perplejo de la chica y se maquilló rápidamente asegurando de cubrir las líneas oscuras bajo sus ojos.

Una segunda alarma la alentó que estaba en el límite de tiempo para salir y llegar a tiempo. Cepilló sus dientes, tomó su abrigo y salió corriendo hacia la entrada donde la esperaba su chofer ya con el auto encendido y la puerta abierta.

Durante el trayecto aprovechó revisar por última vez la estrategia que debía de emplear con sus futuros clientes. Se sorprendió cuando Peter le anunció que habían llegado, apenas le dio tiempo de guardar sus cosas cuando el hombre ya estaba abriendo su puerta.

—Rompiste tu propio récord llegamos en quince minutos, eres bueno en tu trabajo. —Lo felicitó y él solo sonrió avergonzado. No estaba acostumbrado a los halagos.

Ajustó su bolso y entró a través de las puertas giratorias limitándose a saludar a todos con un movimiento de cabeza. Todos caminaban a prisa y trataban de esquivarla, tomó el ascensor que iba menos ocupado sin apartar la vista de tablero hasta detenerse en el piso treinta, donde se encontraba la sala de juntas.

Vio a dos chicas acomodar las carpetas en cada uno de los lugares y cerciorándose de que todo estuviera en perfectas condiciones.

— ¿Te caíste de la cama? —Preguntó una voz a su espalda haciéndola saltar. Se encontró de frente con la asistente de su padre.

—Nada de eso, Emma, solo estoy ansiosa por cerrar este trato. — Admitió sin dejar entrever su nerviosismo.

—Lo harás muy bien, — la alentó tocando su brazo. — ¿Quién se resistiría a Isabella Swan?

Sonrió con arrogancia al saber que tenía razón.

—Este es diferente — agregó — este es realmente importante, Emma.

La rubia le sonrió con calidez y se acercó un poco más a ella para que nadie más las escuchara.

—Tú no supiste esto por mí ¿de acuerdo? — Cuando ella asintió continuó—: Todos saben que eres una excelente negociadora, y por eso toda esa mierda de hacerte sentir menos, quieren derribarte porque tú les pones la meta más inalcanzable. —Sonrió de lado. — ¿Has escuchado hablar del tiburón de las finanzas?

—Claro, es como los grandes inversionistas suelen denominar al hombre que comienza a marcar un cambio y se hace de su nombre entre los más poderosos. Austin Chopran tiene años con ese mote. — Respondió intrigada, era un apodo que muchos buscaban, pero solo unos cuentos lograban.

—Algunos creen que tú podrías ser la primera mujer en llevar ese mote. ¿Entiendes cómo te perciben? Eres peligrosa y no lo digo para elevar tu ego porque siendo honestas no lo necesitas — le dijo divertida —solo quiero que cuando entres en esa sala lo hagas con seguridad y seas la misma Isabella implacable que todos conocen.

La seguridad que se esforzaba por aparentar de nuevo estuvo ahí presente. Ella tenía razón, nada cambiaba y los vería como cualquier otro potencial cliente, no será sencillo como otros, pero no sería para nada imposible.

—Si algún día decides dejar de ser asistente, como motivadora serias fantástica — le guiñó un ojo y le apretó suavemente el brazo, esa eran de las pocas muestras de afecto que se permitía.

Uno de los socios de la empresa llegó hasta ellas, saludó a Emma con cortesía, pero se centró de lleno en Isabella. Con un par de palabras le dejó saber que ahí estaría él de respaldo para cuando ella no supiera como manejar la situación.

—Trabajé demasiado en esta inversión, así que no vayas a cometer un error.

Bella levantó la vista de los papeles que estaba revisando y lo observó con los ojos entrecerrados.

—Sí, trabajó duro, pero no debe olvidar que si esto fue posible fue gracias a mí que conseguí llegar hasta el Sr, Young y proponer un modelo de inversión irrebatible, el mismo que usted se negó por ser muy arriesgado. — Cruzó los brazos. —Su ayuda fue grata, pero todo el trabajo de verdad lo hice yo.

Sin esperar una réplica, Bella dio media vuelta y avisó que iría a su oficina. En el ascensor agradeció estuviera vacío, ese hombre la sacó de sus casillas. Respiró profundo recordándose que debía mantener la mente despejada para hacer un gran trabajo.

Al llegar a su piso, Megan se levantó con una sonrisa y le señaló su oficina, sin saber qué esperar se dirigió hasta ahí. Al estar en el umbral se detuvo en seco al ver un enorme arreglo floral en una de las mesitas auxiliares. No tardó en coger la tarjeta sujeta a una cajita azul de un color muy peculiar, solo podría ser de un solo sitio.

La caligrafía era fuerte y la letra se entrelazaba.

Isabella estoy de vuelta en la ciudad,

Llámame para salir.

Espero que te guste el obsequio.

Kevin

— ¿Kevin? —Preguntó al escuchar el nombre, Bella movió la tarjeta en sus manos intentando recordar quién demonios era Kevin, hasta que finalmente a su cabeza llegó una imagen de ese chico alto, moreno, delgado de ojos avellana y sin una pizca de cerebro.

—Es el hijo del senador O'Brien. — Dijo sin poder ocultar un mohín.

Dejó de lado la tarjeta y abrió el obsequio, Megan se acercó para ver de qué se trataba y ahí estaba un delgado brazalete de oro blanco con una flor e incrustaciones de diamante y otras piedras.

Wow, ¿qué le diste a ese chico?

Bella sacó el brazalete y lo examinó más detenidamente, era un regalo demasiado acertado por lo que debió de recibir ayuda.

—Te sorprendería saber que solo hablamos un par de veces en alguna cena de beneficencia — lo regresó a la cajita y la cerró. — Renée es la que está más interesada en él o mejor dicho en el poder de su apellido. ¿Te gustó?

—Es hermoso, deberías de usarlo.

Bella negó.

—Te lo regalo— sus ojos se abrieron desorbitados y dio un paso hacia atrás. —Yo no lo quiero. Él no me interesa, así que no llevaré nada que venga de él.

— ¿Y si te lo pide?

—Me lo regalo ¿recuerdas?—Asintió. — Así que yo puedo hacer con él lo que quiera y en ti luciría fantástico. — Se lo dio antes de encaminarse de vuelta a la sala de reuniones— una cosa más Megan, deshazte de esas flores.

—Seguro… Por cierto hay algo que debes de saber del Sr. Young, también está en negociaciones con Raymond Lancre. — Le tendió una carpeta — ahí encontrarás lo que le están ofreciendo.

Como algunas veces anteriores Bella supo que aunque preguntara, Megan no le diría cómo hacía para conseguir esa información, al final no le importaba el cómo, lo único relevante era la ventaja otorgada.

Le dio una leída rápida tomando nota mental de los puntos más importantes, luego los colocó en el triturador de papel y se marchó a la reunión.

Al llegar a la sala de juntas se encontró a varios de los asociados que debían de estar ahí por rigor, muchos de ellos estaban ahí solo para verla caer.

—Bastante confiada. — Escuchó una voz a sus espaldas que reconocía al instante.

—Buenos días, Sr. Green. — Saludó con fingida amabilidad ignorando sus palabras. — ¿Tengo de que preocuparme?

—Es un cliente importante y no será sencillo.

—Agradezco su preocupación, pero es infundada. — Apartó la vista de él y se centró en el hombre de pelo cano que entraba con una sonrisa amable y se acercó hasta él. —Sr. Maxwell.

—Isabella, estaré cerca por si me necesitas, aunque estoy preparado para ser solo un observador. — Sentenció con una sonrisa antes de ir a tomar su lugar al lado derecho de la cabecera de la mesa.

Miró su reloj, solo un par de minutos para la hora señalada. Las puertas de cristal se abrieron nuevamente dejando entrar al hombre con un par de sus socios y abogados. Bella tomó una bocanada de aire.

—Buenos días señores, Sr. Young — Saludó al hombre estrechándole la mano y le señalo los lugares vacíos y dispuestos para ellos; se encaminó hasta tomar su lugar en la cabecera de la mesa. — Para los que no me conocen mi nombre es Isabella Swan y seré la encargada de su negocio.

— ¿No es muy joven? —Preguntó uno de los hombres mirándola de manera escéptica.

—Si me lo permite Sr. Chow, — intervinó Maxwell con voz grave. — No se deje guiar por las apariencias, es una chica bastante hábil y letal.

Una sonrisa de lado se formó en el rostro de Bella, ese hombre que intervenía por ella era el único aparte de su padre a quien obedecía y respetaba, Maxwell no solo era un socio mayoritario, también era su mentor.

Notando la incertidumbre, Bella abrió la carpeta y con seguridad comenzó a hablar del plan que la empresa Swan les estaba ofreciendo, ejemplificó con una empresa alemana con la cual hacia poco estaban trabajando y los porcentajes favorables en ganancias que estaba mostrando, aclaró que los márgenes diferirían un poco dado que ellos entrarían cotizando con porcentajes más bajos de acuerdo a sus propias especificaciones, por ser su ingreso al mercado anglosajón y querer mantenerse en una zona segura.

— ¿Hay garantía de que las inversiones desde el momento uno nos reditúen y no tengamos pérdidas? — cuestión el Sr. Chow.

—Sabe que las inversiones son fluctuantes y no se puede garantizar que no tengamos una pérdida. Los mercados están siendo demasiado impredecibles en estos momentos…

—Al aumentar el porcentaje las pérdidas dejarían de ser de miles de dólares para convertirse en millones ¿Sabe lo qué cuesta obtener ese dinero?

Bella se reacomodó en la silla, la insinuación fue clara. Otro que pensaba estaba ahí solo por su padre y que no tenía ni idea de lo que significaba ganar el dinero.

—Con todo respeto, sé lo que significa ganar o perder ese dinero. Tengo dinero propio que le aseguro no ha crecido por mantenerlo guardado en una bóveda segura de un banco. —Se levantó de la silla y comenzó a caminar por la sala — Tengo inversiones y han sido bastante fructíferas, los riesgos son altos, pero cuando consigues duplicar y hasta quintuplicar el monto inicial sabes que fue una jugosa jugada.

Se detuvo en uno de los ventanales y observó un edificio a lo lejos de ladrillo rojo y se los señaló consiguiendo que todos lo hicieran.

—Ese edificio acaba de incorporarse a mis propiedades hace un par de días — apuntó con orgullo — Lo compré con las ganancia de una inversión de $250,000, su valor es poco más de veinte veces esa inversión y fue posible solo por arriesgarme.

—No se puede comparar $250,000 con una pérdida de veinticinco millones que es el monto aproximado que estaríamos perdiendo si algo falla.

—Es comparable dado la diferencia de nuestros capitales — señaló y volvió a su lugar, se quedó apoyada en el respaldo de la silla — Pongamos las cartas sobre la mesa, sé que están tratando de igual manera con Raymond Lancre. —No se sorprendieron en lo absoluto — él le puede ofrecer una tasa de interés más baja que la nuestra, pero su dinero se mantendrá estable, como comprenderá las ganancias serán mínimas. En cambio, sí nos da la oportunidad de que el grupo Swan lo maneje, le aseguró que sus ganancias se verán reflejadas de inmediato y más si se arriesga a cambiar el monto de su capital inicial. Si quiere que su nombre entre en el mercado de manera fulminante, debe de correr riesgos, yo estoy dispuesta a correrlos ¿ustedes?

— ¿Un porcentaje? — Preguntó el Sr. Young visiblemente interesado.

—El primer bimestre como mínimo obtendrá un ocho por ciento y eso es solo el primer bimestre. —Le aseguró después de calcular un aproximado de acuerdo a las ganancias mensuales que manejaban. — Yo personalmente me hago cargo de algunas inversiones, y si usted me lo permite, me encargaré de la suya y le garantizo que su incremento al mes será el triple de lo que la empresa Lancre le está estimando.

Un silencio se adueñó de la sala, el hombre habló por lo bajo con otro a su lado, luego de unos minutos que a Isabella le parecieron interminables el Sr. Young le sonrió.

—Ahora entiendo por qué no debía de guiarme por la apariencias con usted, sin duda es mucho más que una cara bonita — se señaló la cabeza —preguntó si estaba dispuesto a tomar el riesgo, lo estoy si es usted quien maneja mi cuenta.

Escuchar eso la lanzó a lo más alto, a pesar de estar exaltada de emoción se limitó a sonreír levemente y asentir, no pudo evitar observar a los suyos viendo como sus rostros de desdén cambiaban por uno de respeto.

—Será un privilegio manejar su cuenta —sentenció — Si le parece bien el día de mañana nos encontraremos de nuevo para firmar las formas y los permisos necesarios.

Los hombres se levantaron, Isabella se despidió de cada uno con un apretón de manos, el último fue el Sr. Young, él mantuvo la mano de Isabella entre las suyas.

—Si me permite decirlo, usted parece una simple chica pero en los negocios sabe cuándo sacar los colmillos. —Isabella sonrió halagada, para muchos esas palabras podían ser algo grotescas pero para ella era el mejor de los cumplidos. —Fue un placer Srta. Swan, su padre debe de estar orgulloso de usted. — Aun sonriendo asintió aunque por dentro conocía que eso no era cierto, llevaba mucho deseando conseguirlo, pero ahora parecía no haberlo hecho muy bien.

—Eso creo— intentó sonreír.

La gente la alababa, pero Charlie solo veía sus errores, los logros los pasaba por alto.

Los vio salir de la sala y perderse en el ascensor. Hasta ese momento se permitió sonreír de verdad y dejar que la emoción la invadiera sin hacer una escena.

—Buen trabajo, Isabella.

—Gracias Sr. Maxwell, tuve un excelente maestro.

—Esta vez me siento orgulloso de que la alumna está superando al maestro—Bella sonrío gentilmente, aunque ese sentimiento no llegó a sus ojos, esas palabras fueron excelentes, aunque tendrían un mayor significado si las hubiera dicho su padre… lo que le recordó la reunión más tarde con él.

— ¿Le avisaron de la junta de las tres de la tarde?

—Por supuesto, ¿Cuánto tiempo te queda de vacaciones?

—Poco más de un mes.

— Es tu último semestre ¿cierto?

—Así es— hasta ese momento no se había detenido a pensar en ello, serían los últimos 6 meses que estaría en la universidad, ella no se preocupaba por el futuro, los días estaban contados y si no fuera de esa manera tenia parte de la vida resulta por el trabajo hecho hasta ese momento. Nada que ver con otros chicos de su generación, los pobres no tenían idea del mundo real y al salir se estrellarían.

—Será un placer contar con tu presencia todos los días, le das otro giro a la empresa.

—Los aterrorizo— se burló.

—Algo hay de eso— soltó una carcajada y después fingió toser— tengo que salir a una revisión.

—No olvide la junta. —Le recordó y él prometió estar puntual marchándose dejándola esperar el ascensor.

Al regresar a su oficina no le extrañó encontrarse con una emocionada Megan, la chica la felicitó de manera sincera, sin duda ella podría ser la única que entendiera lo importante del suceso. Aunque seguía eufórica no se permitió perder el control. De nuevo se centró en el trabajo y preparándose para la llegada de su padre, rogaba porque llegara de buen humor y no saliera con alguno de sus desplantes o cometarios mordaces.

Estuvo respondiendo correos, y hablando con los abogados respecto a aspectos legales de algunas inversiones de clientes y otras propias. Un mensaje apareció en la pantalla y solo pudo respirar hondo.

"Tus padres están subiendo en el ascensor"

"Tu madre acaba de salir del ascensor y va hacia tu oficina"

Alcanzó a cortar la llamada especificando unas nuevas clausulas, antes de ponerse de pie y ver a su madre abrir la puerta y entrar como la ama y señora de ese lugar. Como cada rara vez que se presentaba su mirada se fue directamente a los cuadros de las paredes y un mohín se formó en su rostro.

—Isabella — fue el frío saludo de su madre deteniéndose frente a ella y sin una pizca de vergüenza reviso su vestimenta enarcando una ceja. — veo que ya te estás enseñando a vestir, aunque esa blusa… deberías de evitarla, solo remarca el exceso de peso y luces como una asistente gorda.

Mordiéndose la lengua solo sonrió y asintió contrayendo el vientre

—Hola, madre, a mí también me da gusto verte.

La mujer le restó importancia con un movimiento de mano, se giró y llamó a Megan exigiéndole un café caliente sin azúcar. La chica asintió y se levantó tropezando sin dejar de hablar con alguien en la línea.

— ¿Estás segura que esa chica es eficiente?

—Es la mejor en su trabajo. —La defendió — ¿Que te hizo quedarte en la empresa? Esto si es extraño.

—Quería ver cómo te encontrabas — dijo recorriendo la estancia con la mirada. —Tienes que ir a Paris, la ropa es magnífica, aunque antes debes ajustar medidas.

Megan entró siendo muy cuidadosa de no derramar una sola gota o Renee se quejaría. Lo dejó sobre el escritorio y salió discretamente. Bella vio a su madre coger la taza y dar un sorbo quemándose, sintiendo un gran placer interno.

— ¿Qué opinas?, viajar a Milán o Bora Bora— preguntó dejando de lado el café. Isabella enarcó la ceja. Ahora parecía tener pinta de encargada de agencia de viajes. — ¿Y, bien?

—No lo sé, Renee, ambos son hermosos, cada uno tiene su encanto. Todo depende de que es lo que estés buscando para esas vacaciones.

—Nunca eres de gran ayuda en realidad — protestó. — Bueno, hoy a las siete tenemos reservación en ese nuevo restaurante en Tribeca.

—Estaré lista.

— ¿No pelearás? —Enarcó una ceja mirando con detenimiento cada una de las expresiones de su hija.

—No gano nada, es el costo de ser una Swan. —Dijo con desgana —Y aunque protestara no es algo que a ustedes les importe, siempre se hace lo que quieren.

—No me hables así y en ese tono, ¿quién te crees, niña?

El sonido del interfono interrumpió en un momento bastante adecuado, Bella tomó el auricular para escuchar la voz de su asistente avisarle que era hora de dirigirse a la reunión con su padre. Tras colgar volvió a ver a su madre que la miraba con ira en los ojos, ignorando eso se levantó cogiendo sus cosas.

—Tengo una reunión con Charlie, estaré en casa a tiempo para la gran cena familiar — dijo con ironía.

Se echó hacia atrás cuando su madre volcó la taza de café sobre el escritorio solo consiguiendo unas gotas en su ropa.

—Más vale que cuides tus palabras conmigo, niña estúpida, me estoy cansando de tu postura insolente. — Le gruñó molesta antes de salir de la misma manera que entró.

Bella solo se aseguró que ningún documento de vital importancia hubiera sido dañado por el berrinche de su madre y salió rumbo a la reunión, no sin antes pedirle a Megan que llamara al personal de limpieza para que se encargaran del desastre.

Al llegar a la sala, ya muchos de los directivos estaban en sus lugares hablando y otros revisando los papales que iban a presentar. Ninguno parecía reparar en ella y nos los culpaba, se sentó al lado derecho de la cabecera de la mesa y abrió la botella de agua frente a sí, apenas al dar un sorbo entró su padre hablando por teléfono, o mejor dicho gritándole a su interlocutor, toda la estancia se quedó en silencio y lo siguió con la mirada hasta que tomó asiento, cortó la llamada y lanzó el móvil sobre la mesa.

—Quiero un informe completo, ¿Quién comienza?— Ese era él, ni un saludo por cortesía, sólo lo que le importaba.

Poco a poco cada uno de los departamentos le dio su informe, como siempre empezaban con las buenas noticias para terminar con los problemas, tratando inultamente de suavizar el golpe, pero de igual manera varios fueron amonestados y un par advertido de tener los días contados en la empresa. Bella tomaba nota de cada uno de los puntos que estaban fallando para tratar de encontrar una solución que era la tarea siempre encomendada.

—Charlie, no sé si ya te habrán informado pero Isabella cerró el trato con los empresarios chinos. —Informó Maxwell intentando dar la buena noticia del nuevo contrato, tratando de aligerar el ambiente ya que se encontraba molesto tras un descuido de uno de los ejecutivos.

La mirada de su padre se dirigió a ella —Es lo menos que podía hacer— solo la vio unos segundos y se giró ante los demás— algo de vital importancia que deba saber.

—Eso es todo—anunció Bella tratando de parecer tranquila, ni una palabra como aliciente por el gran trabajo, su gran momento lo trató como una cosa insignificante. Mentalmente se recordó que aunque no recibiera las palabras que esperaba, su trabajo era excelente y no debía dejar que su estado de ánimo se viera afectado.

—Quiero todos los informes corregidos en mi escritorio antes de terminar el día. Vuelvan a su trabajo. — Tras eso se marchó con Emma a su lado que le indicaba algo en su agenda dirigiéndolo hacia donde debía de estar.

Al final el balance fue bastante favorable y ese mes no tendrían ningún despido dejando que todos respiraran con tranquilidad, cada uno de los ejecutivos se fueron marchando y Bella permaneció en su sitio tratando de apartar las palabras de su padre, por más que deseara que no le afectaran lo hacía y eso la molestaba. Cerró los puños con fuerza para no golpear o tirar todo lo que tenía delante en un ataque de furia. Respiró profundo para irse serenando, las ganas de llorar las sentía presentes, pero a pesar de ello no lo hacía, tenía cinco años que no derramaba una sola lagrima, no lo haría por ninguno de sus padres, no merecían nada luego de cómo era tratada.

— ¿Está todo bien? — Se giró al escuchar la voz de Megan.

—Sí, — dijo tratando de parecer serena — disculpa la actitud de mi madre.

—No te preocupes, sé cómo es, creo que otras veces me ha tratado peor—se encogió de hombros restándole importancia una que para Bella la tenía.

—Lo lamento— hecho la cabeza hacia atrás.

—Vamos a comer, ¿Quieres acompañarnos o prefieres que ordene algo para ti?

—Ve a comer, yo ordenaré algo.

— ¿Segura?

—Completamente— le aseveró, ella se despidió dejándola nuevamente sola.

Luego de un buen rato ya con las emociones de nuevo bajo control, bajó a su oficina. Solo cogió el teléfono y lo dejó en el aire, las palabras de su madre al señalar sus medidas la hizo colgar de nuevo, solo bebió un poco de agua. Bajó la mirada notando como la blusa se ajustaba demasiado resaltando el abdomen que no era completamente plano, aún debía de perder unos cuantos kilos. Algunos le decían tenía una figura estupenda, algo que no era más que un cumplido falso, si la tuviera no se sentiría tan pesada y torpe y su madre no lo estaría señalando a cada oportunidad que se le presentaba.

El teléfono comenzó a timbrar, podía dejar que la llamada fuera desviada a recepción, pero decidió tomarla.

— Isabella Swan

— ¿Isabella? —preguntó una voz familiar al otro lado de la línea, Bella solo negó con la cabeza. — ¿Qué haces contestando el teléfono?

— ¿Qué es lo que sucede Jessica?

—Hoy iremos a The World, ya sabes en Time Square. ¿Qué dices?

—Ahí estaré, solo que llegaré un poco tarde. — Señaló sentándose sobre el escritorio mirando al exterior. —Mis padres llegaron hoy, la libertad absoluta se terminó.

—Que desgracia. —Dijo con voz abatida, ya que comprendía lo que eso significaba.

—Nos vemos en la noche—le dijo antes de colgar y regresar a su trabajo.

Ese día consiguió salir antes de lo acostumbrado, al llegar a casa se encontró a su madre en la terraza leyendo una revista de moda y su padre estaba en el despacho sumergido entre papeles como era costumbre. Se detuvo en el umbral de la puerta y saludó solo por cortesía, un gruñido fue lo único que recibió.

— ¿La cena se prolongará mucho?

— ¿Acaso tienes planes? —Preguntó Charlie apartando la mirada de lo que estaba haciendo.

—En realidad sí — admitió tratando de sonar indiferente — Jessica me llamó hace un rato cuando venía, los chicos se reunirán. Ya sabes, Lauren, Tyler, Mike, Jessica, Demetri…

—Te quiero de vuelta a las tres.

—A las cuatro— pidió.

—A las cuatro, pero ni un minuto más— accedió volviendo a lo que estaba, — No demores demasiado, debemos márchanos pronto.

No le sorprendió entrar a su habitación y encontrar la ropa dispuesta en una percha, el vestido era demasiado aun para un lugar como al que se dirigían por no decir para el lugar que iría después. Sin pensarlo demasiado lo cambió por uno de lentejuelas azul marino, la parte superior era con manga larga, espalda descubierta y cuello redondo, la parte inferior era en si una falda corta y encima tenía una tela transparente que llegaba hasta el suelo salpicada de las mismas lentejuelas de la parte superior y una abertura en la pierna derecha. Lo acompañó con unos tacones de aguja en color rojo sangre creando contraste.

Se recogió el cabello en una coleta dejando un par de mechones sueltos y tras maquillarse, bajó al encuentro de sus padres. Al llegar a la sala se encontró a su padre en el móvil, la mirada que le dirigió fue un tanto asombrada.

—Ese no es el vestido que estaba elegido para esta noche — chilló su madre llegando y muy enojada.

—Tengo planes para después y no se ajustaba — sentenció con tranquilidad — pero si prefieres me cambio aunque perderemos la reservación.

Bufando le dejó saber que se quedara como estaba aun cuando haría el ridículo por su vestimenta. El trayecto en el auto fue un tanto incomodo, su madre no dejaba de lanzarle miradas despectivas y uno que otro comentario. Charlie las ignoró y se concentró en una llamada. Al llegar los dirigieron como era de esperar a una de las mesas con mejor vista, se detuvieron un par de veces para saludar a algunos de sus amigos de los cuales se alejaban cuando estos comenzaban a lanzar algún halago por el aspecto de Bella.

—Ninguno tiene el valor para decirte a la cara lo ridícula que luces — le dijo Renee de manera poco audible hiriéndola de verdad, la mujer pasó por delante de su hija y se encaminó hacia su mesa.

Charlie empujó con suavidad a su hija por la cintura quien de pronto se había quedado parada como una piedra.

— ¿Sucede algo? — Preguntó.

—Nada — sentenció ella dirigiéndose a la mesa.

La cena transcurrió sin ningún incidente, el silencio se apoderaba de la mesa en múltiples ocasiones, el tema principal era por parte de su padre y era referente al trabajo señalando algunos nuevos lugares donde le gustaría abrir una sucursal, por su parte Renee solo señalaba algunos chismes y hablaba de ropa. Bella se obligó a parecer interesada e intercambiar palabras con su madre para aparentar, al mismo tiempo se forzaba a comer algo de las ya de por sí diminutas porciones, omitió el postre decantándose por un expreso.

Cerca de las nueve salían del lugar para volver a casa. El trayecto duró un poco más por el tráfico, al llegar, Bella saltó del auto y corrió a su habitación, al entrar se quitó el vestido dejándolo en el suelo del armario, fue al baño a vaciar el contenido de su estómago hasta que las lágrimas estaban por salir del esfuerzo realizado, tiró de la palanca. Evitó mirarse al espejo mientras cepillaba sus dientes, al regresar al armario cogió un vestido corto de color rojo que se ceñía a su cuerpo, una fina gargantilla, el cabello suelto con sus suaves ondas y unas zapatillas altas, para completar un cloutch y un abrigo.

Salió directa al garaje cogiendo el Aston Martin, un regalo por su último cumpleaños, lo usaba poco, prefería su Mini Cooper, pero estaba en la agencia en su revisión anual. No tardó ni veinte minutos para llegar a su destino, le tocó esperar un poco hasta llegar a la entrada y un chico le abrió la puerta recibiéndola. En lugar de una sonrisa Bella le recordó lo valioso del auto y como cualquier daño le sería imposible pagarlo con el suelo que debía de recibir.

El tipo que cuidaba la entrada solo tuvo que verla para quitar la cadena y permitirle entrar. Era una de las ventajas del apellido Swan, solo en esos momentos le veía un provecho, no tenía que hacer fila como cualquier neoyorquino.

De inmediato fue a la zona VIP, sus amigos no estarían en otra parte, al llegar hasta ahí no tardó en ubicarlos, la primera en verla fue Jessica que comenzó a hacerle señas para que fuera junto a ellos. En el trayecto no dejó de observar los rostros conocidos de los ocupantes de las mesas continuas, se detuvo unos segundos extras en una ocupada por tres chicos y dos chicas, ellos eran rostros nuevos no recordaba haberlos visto antes, seguro serian turistas. Unos ojos se encontraron con los suyos, en lugar de aparatar la mirada como cualquier chica intentando fingir vergüenza, Bella sonrió de lado sin una pizca de vergüenza.

Al llegar a la mesa apartó a Laurent y a Tyler para acercarse.

— ¿Por qué has tardado tanto? —Preguntó Demetri moviéndose de lugar hasta quedar junto a ella pasándole una mano por la cintura, Bella se la quitó con un codazo bastante fuerte.

—Tuve que ir a cenar con mis padres— sentenció con irritación, le quitó el vaso que Demetri tenía en su mano y lo bebió de un trago sin preguntar lo que era. Solo un ardor en la garganta le provocó una ligera molestia que pronto pasó.

— ¿Están en la ciudad?

—Creo que es obvio de lo contrario no creo que hubiera podido ir a cenar con ellos.

— ¿Así que tienes hora de llegada a casa? —Preguntó Lauren haciendo un mohín.

—Tengo que estar de vuelta antes de las cuatro—anunció —Dejémonos de tonterías y disfrutemos esta noche.

Estiró la mano hasta coger el vaso delante de Tyler y se lo bebió, lo dejó de un golpe ignorando el rostro de sorpresa del chico. Comenzó a moverse al ritmo de la música, Demetri no dudó nada en acercarse a ella dejando sus manos en su cadera y pegándose lo suficiente para sentir su calor, pero aun sin rozarse solo porque sabía ella lo apartaría y quería disfrutar un poco más de la cercanía con la esperanza que en un par de canciones ella fuera quien se pegara a él sumida en el ritmo y el alcohol.

Tras varias canciones Bella comenzó a abanicarse con la mano y se giró para quedar de frente a Demetri. —Quiero algo de beber —pidió y él inmediatamente llamó a un mesero, pidió un whiskey en las rocas. Él sabía lo que le gustaba.

Bailaban en momentos, se sentaban y trataban de hablar aun con la música estridente, se burlaban de los pasos desastrosos de Tyler, o Laurent. La conversación de las chicas era superflua y se limitaban hablar de otros, así como de los eventos de moda que se acercaban, los artículos de nuevas temporadas que ya estaban en sus listas de compras y solo faltaba que salieran a la venta, los viajes y más banalidades. Como siempre lo hacía desconectaba y solo fingía estar prestando atención, dejó de hacerlo cuando Jessica se acercó más tratando de que solo ella escuchara.

— ¿Ya viste a los chicos que están justo detrás de nosotros?— Apuntó con voz emocionada, Bella se giró viendo a un tipo bastante grande rivalizando con el guardia a la entrada del club, junto a él moviéndose de manera sensual estaba una hermosa rubia, sentados estaban dos chicos, sobre el regazo del de cabello rubio estaba una chica menuda de cabello corto y una sonrisa amplia en el rostro.

Eran los mismos que observó al llegar, eran nuevos y por eso llamaban la atención, La mayoría de los que estaban ahí se conocían de vista no porque se relacionaran, hasta para eso existía un código, estar en el VIP no garantizaba que fuera alguien que pudiera jugar en las ligas mayores como los de su mesa.

—No los había visto aquí.

—Pueden estar de visita en la ciudad. —Señaló Bella, eso era muy común.

—Vamos, cariño, deben de ser importantes, Patrick no dejaría subir a cualquiera a esta zona, él es muy selectivo —apuntó Jessica refiriéndose al dueño del bar y ligue ocasional.

—Y tú estás decidida a no dejarlos ir sin probar a alguno, por lo menos podrías de dejar de observarlos de esa manera. —Apuntó Bella bebiendo el resto de su trago.

—Parece que ya tengo su atención — sentenció haciendo que Bella se girara para encontrarse con los ojos del mismo chico, existía una clase de magnetismo que le impedía apartar la mirada, era diferente, enigmática, no se notaba el deseo de muchos, era como si quisiera ver más allá y eso la hizo cortar el contacto visual.

—Lástima que tu novio esté aquí. —Le recordó Bella divertida haciéndola fruncir el ceño y que dejara de ver al chico.

Cierto que la relación entre Jessica y Mike era bastante abierta, pero él no toleraba que ella coqueteara frente a él en público.

—Él está ocupado — señaló a su novio que reía divertido con los chicos. Jessica se enderezó sacando más el pecho, echó el cabello hacia un lado y comenzó a coquetear descaradamente.

Bella supo que lo menos que deseaba era estar presente en una escena de Mike, y ver como la chica caía cada vez más bajo tratando de ampliar su lista de ligues de una noche como si fuera a recibir un premio al final.

Se levantó de golpe para dirigirse al tocador, Lauren no dudó en ir junto a ella. Ambas se fueron abriendo camino hasta llegar a su destino. Al entrar se detuvo frente al espejo dándose una mirada rápida antes de lavarse las manos.

—No pareces del todo contenta — señaló Lauren con cautela.

—Mis padres están de regreso en la ciudad y eso es un enorme dolor de cabeza — apuntó enfadada mirando fríamente a otra chica que estaba junto a ella y no le apartaba la vista. — ¿Qué quieres?

La chica se escabulló avergonzada.

—No puede ser tan malo.

Ante esas palabras Bella se giró y le lanzó una mirada aún más helada, no entendía cómo podía juntarse con gente tan estúpida, cada vez tenía que recordarle el hecho de que sus padres estuvieran de regreso.

—Con ellos aquí termina mi vida social, justo como cuando está tu abuela y permaneces en casa horneando galletitas —se burló y la chica bufó.

Bella se recargó en el lavabo dando la espalda al espejo y dejando el espacio libre para que chica se acomodara el cabello y retocara el maquillaje.

La puerta se abrió haciendo más audible la música del exterior, las chicas que ingresaron de inmediato las reconoció, eran las forasteras y frunciendo el ceño notó como la rubia era aún más guapa de cerca, la otra chica no se quedaba muy atrás, solo su estatura parecía no ayudarla demasiado. Dejó de observarlas, pero estuvo atenta a la conversación que tenían, quería averiguar de dónde venían.

Te lo dije, Rose, el lugar es magnífico.

Pero te das cuenta de que está rodeado de niños mimados. — Soltó la rubia sin importar que la escucharan, Bella no pudo evitar girarse para observarla detenidamente, por su vestimenta era claro que ella pertenecía a ese grupo del que tan desdeñosamente se refería.

Ignóralos, además recuerda que son con los que trataremos más a menudo.

Extrañaré Londres.

Yo igual, era muy diferente, más auténtico — secundó la chica bajita — Sin duda fue una suerte que ambas estemos en la misma ciudad, de lo contrario sería una pesadilla. No sé qué haría de estar tan lejos de Jazzy y aunque no lo dirás, sé que tú también estarías perdida sin Emmett.

La rubia se encogió de hombros dando entender que su amiga tenía razón.

Ahora sabía que los forasteros no eran simples turistas, al parecer se acababan de mudar a la ciudad, así que podría ser que se encontrarían en otras ocasiones. Eso le gustaría a Jessica.

— ¿Lista? — Apremió a Lauren que continuaba tratando de mejorar su maquillaje como si lo fuera a conseguir, notando que su acompañante no se movió Bella lo hizo dando unos pasos consiguiendo llamar la atención de la chica de cabello revuelto que le sonrió con calidez desconcertándola.

—Hola — la saludó haciendo que la rubia se girara y la recorriera con la mirada de una manera despectiva, Bella hizo lo mismo y enarcó una ceja con una sonrisa ladeada viendo con alegría como la rubia se sentía un poco incomoda.

Sin responder salió del lugar sintiéndose victoriosa, con ese simple gesto notó como la chica no era tan fría como quería aparentar. Lauren caminaba detrás de ella sin hacer preguntas, sabía cómo muchas chicas intentaban hablar con la castaña pues Bella era una especie de icono en su círculo, muchas querían ser sus amigas e imitaban su estilo o lo que ella hacia y por ese poder la envidiaba en realidad.

Al llegar a la mesa llamó al mesero y pidió otro trago, se colocó del lado izquierdo de Jessica para ver a los chicos.

—Son londinenses — le dijo señalándolos y haciendo a su amiga mirarlos. — Se mudaron a la ciudad recientemente.

— ¿Cómo sabes eso? — Preguntó intrigada.

—El tocador de chicas, parece que después de todo tendrás oportunidad. — Aceptó el vaso con su bebida y lo chocó con la copa de ella.

Se olvidó de todo y se dispuso a disfrutar de la noche, entre bebidas, algunos cigarrillos fue transcurriendo, bailó con casi todo los hombres de su grupo incluyendo al nuevo novio de Tanya, el pobre chico no sabía que su amiga era algo así como una devoradora de hombres, él era el tercero en menos de dos meses y por como lo trataba no se auguraba nada duradero, lástima por el pobre chico, era divertido y no estaba nada mal.

Al mirar su reloj vio como su hora había llegado, tenía escasos cuarenta minutos para atravesar la ciudad y llegar a casa sin recibir algún tipo de sermón. Bebió lo último de su trago y se hizo escuchar por todos en la mesa.

— ¡Me voy a casa! Pero nos vemos mañana en el bar de Josep, es su aniversario. —Les recordó animándolos y todos asintiendo de ahí encontrarse. Les dejó un billete sobre la mesa y se marchó.

Al salir maldijo por lo alto al sentir el frio y por dejar su abrigo en el auto, un chico se acercó hasta ella para recibir el ticket e ir por su auto. Sacó su móvil volviendo al maldecir al notar que su tiempo se había reducido a veinticinco minutos, demoró más en salir de lo esperado. Mientras aguardaba entró a sus correos, leyó unos cuantos que estaban marcados como prioritarios, respondiendo solo uno, apenas enviar escuchó el sonido de un auto así que apago su móvil solo para ver que no se trataba del suyo y miró al chico junto a ella.

— ¡Ese no es mi maldito auto! — Gruñó furiosa, el tiempo se le terminaba.

—Pero si el mío — respondió una voz divertida detrás, al girarse Bella se encontró con la rubia, ahora la chica le lanzó una mirada altiva que le dieron ganas de quitársela…

El ruido familiar llegó apartando de si los pensamientos violentos hacia rubias engreídas.

Al detenerse el BMW los demás que estaban apartados se hicieron visibles, en ese momento Bella vio que los ojos de ese chico eran verdes…

El anuncio de la llegada de su auto la apartó del trance y subió rápidamente dándole una propina al chico que mantenía abierta la puerta. En cuanto se abrochó el cinturón salió a toda velocidad hacia su casa cortando por un par de atajos que conocía y estarían más despejados por la hora que era. La mayoría de los semáforos los paso en la luz amarilla y rebasó por el carril de la izquierda más de una vez, pero llegó a casa faltando solo un minuto.

Entró quitándose las zapatillas para no hacer demasiado ruido, pero apenas había puesto un pie en el primer escalón cuando la luz de la araña de cristal sobre el recibidor se encendió haciéndola tropezar, pero no cayó al sostenerse de la baranda.

—Eso estuvo bastante cerca.

—Hola, Charlie — lo saludó sin saber qué otra cosa hacer.

Su padre se acercó lentamente observándola muy cuidadosamente hasta quedar a unos cuantos pasos y fruncir el ceño negando con la cabeza.

— ¿Te llevaste el Aston y estuviste bebiendo? —Le gruñó irritado y algo muy parecido a la preocupación.

—Vamos, papá, solo fue una...

— ¿Una caja? —Metió las manos en los bolsillo de la bata — Pensé eras más inteligente, y no harías una estupidez como esta, beber y conducir. Con lo que me costó ese auto para que vengas a destrozarlo en una maldita noche de irresponsabilidad.

—No soy irresponsable, si no pudiera conducir no lo haría. —Protestó irritada — Mis reflejos están perfectamente.

Acabando de decir eso su padre sacó algo del bolsillo y se lo lanzó, Bella lo atrapó sin problema, lo miró enarcando una ceja y le devolvió la pelotita anti estrés. Era tan obvia la prueba realizada, pero la había pasado de milagro.

—Ve a la cama, mañana tenemos reservaciones a las ocho para ir a desayunar al restaurant favorito de tu madre. Quiero que conozcas a los hijos de mi nuevo socio.

— Mañana social, no puedo esperar por ello — dijo sarcástica mientras subía por las escaleras.

— ¡Isabella! — Gruñó su padre haciéndola girar —no juegues conmigo, no soy un hombre paciente, así que espero un comportamiento ejemplar el día de mañana, y no esta actitud impertinente ¿soy suficientemente claro?

—Sí. Buenas noches, Charlie. —Se despidió marchándose a su habitación lo más rápido que podía.

Al cerrar la puerta la rabia que sentía estaba fluyendo ahogándola, lanzó el bolso a algún lugar en habitación y comenzó a luchar para quitarse el vestido que de pronto parecía más ajustado mientras sacudía sus pies para deshacerse de los zapatos, mientras en su cabeza se repetían las palabras de su padre, estaba demostrando ser un ser despreciable, ya ni ella estaba a salvo de las amenazas, y no podía hacer nada aún, se sentía atrapada y más deseosa por obtener su libertad. Al quitarse el vestido la sensación de falta de aire la continuaba oprimiendo, sin pensarlo dos veces fue hasta las repisas donde estaban sus bolsos y unas cajas forradas con tela llenas de diferentes artículos, las volcó en el piso y rebuscó hasta dar con un frasco naranja. Al abrirlo solo encontró un par de pastillas y se dijo tendría que acudir por una nueva receta.

Los calmantes le habían sido recetados para disminuir la ansiedad ocasionada por el estrés del trabajo como su médico pensaba, sin saber que la verdadera razón de su estrés eran sus padres. Las tragó con un poco de agua y se dejó caer sobre la cama rogando por que la opresión en el pecho que le impedía respirar con normalidad desapareciera. Con las manos temblando se levantó y fue directo al baño metiéndose bajo la ducha helada, el agua era como cuchillas y comenzó a relajarla haciéndola volver a respirar de nuevo por unos instantes, la opresión se evaporó y comenzó a titiritar, pero se obligó a permanecer un poco más ahí con el rostro levantado hacia el agua, fue hasta comenzar a dejar de sentir sus extremidades que cerró la llave y quitándose la ropa interior se envolvió en una mullida toalla.

Se detuvo frente al espejo encontrándose con unos orbes avellana vacíos, el reflejo que encontraba mostraba a la verdadera Isabella, una chica destruida que era mera apariencia. Con la vista fija en el espejo, sonrió de lado al ver a la chica pálida con rostro inexpresivo aun cuando un sinfín de emociones siempre la invadía, pero las reprimía, era difícil creer que esa chica fuera envidiada por muchas sin saber la mierda que era su vida. Sin soportarlo más, apartó la vista de su reflejo y fue al armario por su pijama, temblando de frío se obligó a encontrar su móvil antes de meterse bajo las mantas intentando olvidarse de todo. Con los ojos cerrados sonrió al pensar en su revancha, ese glorioso momento de libertad y de quitar caretas, donde dejaría vulnerable a la gran familia Swan.


Muchas gracias a cada una por sus comentarios. Para las que yo la habían leído gracias por hacerlo de nuevo, para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia. Esperen un capítulo por semana o si en algún momento es posible serán dos.

Nos leemos

TitiC