~ promises

Antes de que Otabek Altin se fuera de vuelta a Kazajstán terminando su año de intercambio, Yuri Plisetsky y él se habían vuelto inseparables.

Hacían todo juntos, desde los trabajos escolares, los ejercicios en educación física, salir de fiesta, bailar, tener citas, ser el confidente del otro, desvelarse noches enteras viendo películas, reírse de las mismas cosas, escuchar música compartiendo los audífonos, y a´si podríamos pasarnos todo el día enumerando sus actividades.

Eran mejores amigos y la pareja con mejor química (aunque ellos nunca se alcanzaran a confesar).

No obstante, cuando Otabek se fue y las épocas de exámenes para la admisión universitaria comenzaron, poco a poco dejaron de hablarse sin saber que estaban provocando un daño horrible en el corazón del otro. Fue irónico no habérselo dicho al otro siendo que tenían tanta confianza, pero al final ambos dejaron de hablarse y quedaron con el corazón roto cada uno en su respectivo país.

Maldita comunicación.

Pero el destino tenía otra cosa preparada para ellos.

Fue el día en que Yuri se hallaba viendo tonterías en Youtube cuando la publicidad le saltó con un aviso del nuevo tráiler del live action de Tierra de Osos. Yuri quedó boquiabierto, se emocionó, ¡joder! El tráiler se veía buenísimo, solo rezaba porque la película fuera así de genial y los productores no hicieron de ella un fiasco.

¡El live action de Tierra de Osos! ¡¿quién lo habría pensado?!

Entonces, el recuerdo afloró a su memoria de golpe, congelándolo en la silla de su escritorio. Sí había alguien que lo había pensado antes.

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Apuesto lo que quieras a que los de Disney querrán sacar el live action de Tierra de Osos algún día. Y ese día va a ser el mejor puto día de mi vida.

Yuri soltó una carcajada mientras comía su trozo de pizza.

Estaba con Beka, acostados en su cama, comiendo una pizza tamaño familiar (cada uno), con la laptop entre ellos y viendo la película infantil de los hermanos osos. Anteriormente Yuri había escogido El Zorro y el Sabueso (con la que había terminado llorando, por cierto) y este había sido el turno de Otabek de escoger su película favorita.

No creo que lo hagan, Beka. Acaba de salir el del El Rey León. Serían demasiado repetitivos si lo hacen con esta.

Lo harán, son tan repetitivos que apuesto a que lo harán con esta.

Yuri terminó su trozo de pizza y le robó a la caja de su amigo otro trozo.

No lo harán, sacarán otra de princesas o una mierda así, es el típico cliché.

Le ofreció el trozo que estaba comiendo a Beka mientras veían la pantalla y este le dio una mordida rozando sus labios con sus dedos.

Se miraron y sonrieron.

Pagarás tú la entrada y las palomitas si sacan el live action de Tierra de Osos dijo Otabek.

Y tú me llevas al parque de diversiones si sacan otra de princesas.

Hecho. Es una promesa.

Promesa.

Se dieron la mano y sellaron su trato.

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Yuri sintió su corazón taladrar. Ya habían pasado dos años desde esa promesa que se habían hecho, ¿siquiera Otabek seguiría recordándola? ¿por qué él se sentía tan inquieto?

Miró su móvil, ¿debería llamarlo? Parecía una excusa perfecta para hablarle, ¿pero luego qué? Otabek estaba en su natal Kazajstán, con su familia, sus amigos, su mundo... ¿quizá habría encontrado novia?

La idea le revolvió el estómago, porque aún después de dos años él seguía enamorado del que fue su mejor amigo.

Tomó su móvil y le echó un vistazo al Instagram del kazajo, ligeramente abandonado de no ser porque hacía dos semanas había subido un estado escuchando música.

No iba a mentir, lo echaba mucho de menos.

Volvió a echarle un vistazo al chat de su amigo.

¡Mierda! ¿por qué debía ser tan difícil?

La fecha de estreno era para dos meses más, el dos de diciembre.

No iría, ¿por qué tendría que ir? Era solo una promesa de adolescentes que se habían hecho.

Así se le fueron los días Y cada vez que pasaban la publicidad de la película con nuevos tráilers por la Tv o Youtube, sentía su corazón apretarse.

El dos de diciembre llegó demasiado rápido, más rápido de lo que pensó.

Y allí estaba Yuri Plisetsky a sus veinte años viendo a los adolescentes y adultos entrar y salir del recinto, mientras él aguardaba algo que nunca llegaría, sentado en la banca frente al cine de su localidad al que solía ir con su amigo casi todos los fines de semana.

Las carteleras de Tierra de Osos adornaba las ventanas laterales y su título estaba como el gran estreno.

Habían niños y adolescentes saliendo muy emocionados del lugar, ¿acaso habrían visto la película? ¿había estado buena? ¿sería divertida? ¿cómo sería la animación?

Miró su móvil. De solo impulso le había enviado hacía dos horas una de las publicidades a Otabek por Instagram, pero el chico ni siquiera lo había visto y su hora de conexión era desde hacía dos días.

¿Quizá debería ir a verla solo?

Ugh, no. Meneó la cabeza, ¡entrar solo sería muy lamentable! Ni siquiera sabía qué estaba haciendo allí afuera sentado perdiendo toda la tarde.

¿Qué estaría haciendo Otabek? ¿recordaría su promesa?

Diablos, su corazón volvía a doler. Quería llorar. Bajó el rostro mirando su regazo, sintiendo sus ojitos anegarse en lágrimas.

Entonces su celular vibró y lo tomó como condenado.

95566xxxxxx: Hey, Yuri, ¿eres tú? [foto adjunta]

¿Número desconocido? ¡un momento! ¡esa era una foto de él y era de ese mismo instante! Una fotografía en ese mismo lugar donde estaba sentado, de espaldas y al parecer sabían su nombre. Miró con miedo hacia todos lados, ¿quién mierda lo acosaba?

Se puso de pie dispuesto a irse y caminó mirando su móvil, apunto de bloquear el número, cuando alguien le habló al oído.

La voz algo más profunda, sedosa, pero reconocible, el aliento tibio.

— Sabía que eras tú.

Yuri volteó asustado.

Otabek Altin lo miraba con una pequeña sonrisa, llevaba un hoodie simple y los audífonos colgaban en su cuello. Tenía la misma apariencia que dos años atrás cuando lo despidió en el aeropuerto.

— Es un alivio que no lo hayas olvidado, aunque me sorprendió pillarte aquí.

— ¡T-tú! ¡qué... qué haces acá!

Lo miró como si fuera algo increíble y Otabek soltó una risa divertida. No obstante, Plisetsky no aguardó respuesta, Yuri sintió todas las células de su cuerpo reaccionar de acuerdo a su corazón. Se acercó desesperado y le dio un beso cargado de euforia. Le dio un beso a Otabek Altin como nunca se lo dio antes y como nunca se lo había dado a nadie.

Otabek se sorprendió, pero reaccionó con las mismas ansias a los segundos, comiéndole la boca y mordiendo sus labios con emoción.

Yuri se separó, con los ojos cristalizados. Miró su rostro y de sus labios salió un leve sollozo antes de que volviera a besarlo. ¿Qué hacía ese tonto kazajo allí? ¿no estaba soñando? Pero los labios sólidos y suaves le decían lo contrario: esa era la realidad.

— Me ofrecieron una beca de intercambio en la universidad — estúpido cerebrito, pensó Yuri — escogí San Petersburgo y llegué hace tres días... iba a llamarte, pero no me atreví, por eso vine a comprar entradas para inventar una excusa e invitarte. Quería volver a verte.

— ¡Beka! — sollozó — t-te envié un mensaje por Instagram y no me contestaste...

— Oh, lo siento — dijo apenado el kazajo — no entro mucho a Instagram, me aburre... de verdad me sorprendí al encontrarte aquí, soldado — Yuri se sintió temblar ante tal antiguo apodo — ¿quieres entrar conmigo?

Volvieron a besarse, antes de que Yuri contestara.

— Pero no traje dinero, solo vine a llorar acordándome de ti — admitió limpiándose las lágrimas que no querían dejar de escaparse de sus verdes ojos.

Otabek lo abrazó, soltando una pequeña risa.

— Y yo tengo el dinero para las de mañana que están en rebaja, no me alcanza para ahora.

Yuri refregó su carita contra el cuello del kazajo, apretándolo fuertemente entre sus brazos. Soltó una risa por los nervios y la emoción. Dios, estaba demasiado feliz.

— Vengamos mañana y llévame al parque de diversiones también.— el rubio lo miró, sorbiendo los mocos — y háblame cuando quieras, yo te voy a hablar también, ¡háblame de todo! — dijo rápido, antes de que el llanto lo dominara de nuevo — no quiero ser tu amigo, quiero ser tu novio y hacer muchas cosas juntos y no separarnos nunca y-y vengamos mañana a ver la película...

Otabek soltó un gemido lastimero.

— Yo solo venía a comprar unos tristes boletos para el cine y tú me dices estas cosas...

— Viniste buscando cobre y encontraste oro.

Otabek soltó una carcajada. Yuri sonrió secándose el rostro.

— ¿Es una promesa? — preguntó Altin, sus ojos siendo chocolate derretido.

Yuri asintió una y otra vez.

— Es una promesa, Beka.

Una promesa era una promesa. Y la nueva promesa tácita de jamás volver a separarse la sellaron con un dulce beso.


día 16: promesas

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