Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.
Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.
6.-Sorpresas
Siempre se había dicho a sí misma que viviría en la Quinta Avenida cuando se independizara, su cumpleaños estaba tan cerca y con ello cumpliría con una de las cláusulas de su fideicomiso. Al acercarse a la puerta, un portero la abrió saludándola con amabilidad que ella devolvió. Se quitó los lentes oscuros he intentó localizar a su cita, el hombre en uno de los sillones frente a la puerta se levantó de un salto, ajustó su saco y fue a su encuentro con una gran sonrisa.
— ¿Srta. Isabella? — Preguntó y al recibir un asentimiento extendió su mano que Bella estrechó. — Soy Rupert Jackman, es un placer poder reunirnos, si me acompaña puedo mostrarle el primer departamento que cubre sus requerimientos.
En el ascensor, Bella notó que se trataba del último piso, lo que garantizaba una excelente vista. Al llegar al piso 42 se abrieron las puertas y le indicó que saliera, se encaminaron a una puerta doble de madera oscura con el número 42 B.
— Solo hay dos departamentos en este piso, son los más amplios y equipados. — Señaló introduciendo la llave a la cerradura, al abrir la puerta volvió a cederle el paso a Bella.
La luz iluminaba toda la estancia, Bella se detuvo y girando donde se encontraba miró detenidamente todo a su alrededor sin poder ocultar una sonrisa.
— Cuenta con tres habitaciones, cuatro baños, estudio, cocina completa, sala, cuarto de entretenimiento, de lavado y por supuesto una terraza con una vista espectacular, — le señaló una puerta de cristal, no dudo un segundo en encaminarse hasta ahí.
Al salir el viento le golpeó el rostro, pero le encantó. La vista era increíble, por la altura el ruido de la ciudad se percibía opacado generando una atmósfera de tranquilidad. Se recargó en la baranda de cristal disfrutando del esplendor de Central Park. Tras unos minutos volvió sobre sus pasos y recorrió la cocina, pasó al estudio, un cuarto amplio con repisas de madera oscura y las ventanas permitían la entrada de luz natural y una vista considerable del parque.
— Creo que en su totalidad el departamento es increíble, está muy bien ubicado, es una zona segura y cabe destacar que la vigilancia dentro del edificio es de las mejores. — Informó el hombre ya que aunque la había visto sonreír no sabía que pensaba en realidad del lugar. — Hace apenas un par de días que se desocupó y por la zona no durará mucho así.
Bella finalmente se giró y vio al hombre a los ojos.
— Sr. Jackman, usted es el primer asesor inmobiliario que comprendió qué es lo que estaba buscando.
Tras escuchar eso, el hombre se relajó, ahora solo esperaba que no saliera huyendo cuando descubriera el precio como otro par de parejas interesadas.
— No entiendo cómo es que no se ha vendido este departamento. — Apuntó sin dejar de mirar los espacios a su alrededor.
— Por su precio. — Se sinceró el hombre frotándose las manos contra su chaqueta. — A muchos les ha gustado, pero cuando ven el precio deciden que tienen que ver otras opciones. Le tengo otras preparadas, lo malo es que no están tan cerca de Central Park.
— ¿Su precio? — Preguntó Bella recibiendo un documento donde venía resaltado el precio. Notó de inmediato muchos ceros, apartó la vista del documento para dar varios pasos repasando el lugar.
El hombre comenzó a desilusionarse, comprendía que ella estaba decidiendo ver otras opciones.
— Es uno de los más caros, la zona y…
— Este departamento lo vale, ¿a nombre de quién debo de hacer el cheque o es que prefiere una transferencia? — Preguntó notando al hombre contrariado como si no creyera lo que estaba escuchando.
— Cualquiera de las formas son aceptadas. ¿Quiere conocer las opciones de pago?
— Pagaré el total.
El hombre tardó unos segundos en asimilar lo que sucedía y no pudo evitar hacer la pregunta que venía postergando desde que la vio en el lobby. — Espero no ofenderla ni parecer demasiado entrometido, pero me sorprende que alguien tan joven sea capaz de comprar un departamento como este. ¿Puedo preguntar a qué se dedica? Su forma no decía mucho y siendo honesto esperaba a alguien mucho mayor.
Bella no lo culpaba, en su formulario solo aparecía su nombre. Había hablado con el gerente directamente pidiendo que no revelara su apellido o el asesor asignado se iría por lugares extravagantes, quería que su elección fuera basada realmente en sus especificaciones.
— Trabajo en el área de finanzas — dijo aún de forma escueta.
El hombre sacó un par de documentos que le pidió llenar para comenzar con el papeleo. Bella lo llenó con sus datos sin poder contener la emoción de lo que eso significaba. Tras firmar se los devolvió y el hombre revisó para asegurarse de que la información estuviera completa y una duda se formó en su rostro al ver el nombre ahí plasmado.
— ¿Es familiar de Charlie Swan?
Bella contuvo un suspiro, no había tardado nada en hacer la asociación.
— Es mi padre — aclaró con un deje de irritación. — Voy solicitar un par de cosas: la primera es que esta compra sea manejada con discreción ya que es personal y será llevada solo por los abogados que le indiqué. Mi padre nada tiene que ver aquí, así que la Empresa Swan queda fuera. Segundo: los documentos legales quiero sean entregados en la oficina de mi firma de abogados Hoffman & Wallas, me pondré en contacto con usted para indicarle a quien debe de entregársela. Así como vaya alistando la firma del contrato, me envíe los números de cuenta para dar de alta y hacer una transferencia, si se da prisa para fin de semana podremos estar finiquitando la compra. ¿Puedo desde ya traer a un diseñador para los cambios que necesito? Me interesa ocuparlo lo más pronto posible.
El hombre estaba abrumado por la facilidad de la venta y la certeza con que la chica manejaba la compra, era evidente que no era la primera y conocía cada uno de los aspectos a seguir. Mientras el hombre le pidió unos minutos para hablar a la oficina y checar lo de la modificación sin el trámite finalizado, Bella se puso en contacto con unos de los abogados que se encargaban de sus compras personales y sería quien se ocuparía de esta.
Ambos salieron del edificio y se despidieron. El hombre prometió enviar la documentación correspondiente en cuanto llegara a la oficina para tener la venta finalizada en los días siguientes y le dejó indicado al conserje que podían abrir el departamento para ella si llevaba a su decorador para que hiciera las proyecciones de los cambios a realizar, pero que ninguna obra podía comenzar hasta estar el trato cerrado.
Estuvo tentada a ir al parque, pero una llamada de la oficina la hizo posponer la visita, aprovechó el momento para pedirle a Megan que contactara al mejor decorador de interiores sin dar más detalles. Por la emoción no dejaba de sonreír y ahí se dio cuenta que no tenía con quien compartir esa noticia, para dejar de pensar en ese detalle subió a la música hasta que sus pensamientos no se escuchaban y cantó.
Al llegar a la oficina de inmediato se puso a trabajar y solo pidió un té alegando no tener tiempo para algo más. Las horas pasaron y fue cerca de la hora del término de la jornada cuando Bella regresaba de visitar a uno de los jefes de departamento que Megan le avisó que había conseguido al mejor decorador de la ciudad y quedaba a la espera de poder comunicarse con ella directamente; su asistente estaba inquieta y Bella sabía se moría de ganas de hacer la pregunta.
— Entra — le dijo señalando su oficina.
Megan no lo dudó dos veces y se levantó de un salto con su block de notas en mano.
— Te conseguí al mejor, se llama Brad Dixon y se ha encargado de residencias de congresistas — apuntó.
— Antes de comunicarme quiero ver algo de su trabajo, así que si tienes su página. — Pidió a lo que la chica fue hasta su ordenador e ingresó a la página del hombre.
Bella se sentó y comenzó a pasar entre las imágenes y descripciones que tenia de los trabajos ahí mostrados, era muy variado y eso le gustó ya que sin duda se adaptaba muy bien a los requisitos de sus clientes.
— Compré un departamento y quiero que se encargue de él — dijo finalmente notando una sonrisa en su asistente para después ser suplida por una mueca.
— ¿Ya se lo dijiste a tu padre?
— No se lo diré hasta que mi departamento esté listo, y no pueda hacer nada para quitármelo. — Se encogió de hombros. — Además mi cumpleaños está muy cerca y finalmente podré mudarme, la cláusula será cumplida.
— Se avecina la tercera guerra mundial. — Sentenció la chica a lo que Bella solo se encogió de hombros.
— Comunícame con Dixon, quiero mudarme el día de mi cumpleaños si es posible. — Sentenció.
La llamada duró solo unos minutos y no le sorprendió que el decorador accediera a encontrarse esa misma tarde para ver el lugar y hacer la proyección de las modificaciones para sacar un presupuesto.
Luego de casi una hora recorriendo el departamento el hombre de cerca de cuarenta años la escuchaba sobre lo que quería hacer con los espacios anotando lo más relevante, al mismo tiempo hacía sugerencias de lo que le convenía para lograr el estilo que ella estaba buscando. Bella podía ya imaginar ese lugar. Con la promesa de tener noticias suyas en los próximos días se despidieron en el vestíbulo.
Esta vez Bella se encaminó hacia el parque, el sonido de los claxon y gritos de algunos choferes rompían el ruido de los motores. No pudo evitar recordar la cantidad de veces que junto a Jake se habían escapado para ir a pasear y sentarse en el césped solo para mirar a la gente, los pretzel y salchichas que terminaban compartiendo riendo de la cara que pondría Renee si la viera. Él era el único amigo real que poseía y luego de su último encuentro donde lo echó, entendía que hubiera mantenido su distancia y no lo culpaba si no sabía nada de él nunca más.
— ¡Cuidado!— Le gritó quien la cogió del brazo halándola hacia atrás, ella trastabilló al girar y chocó contra un torso duro y una aroma muy peculiar. El sonido de un claxon la hizo volver a la realidad.
Al abrir los ojos y levantar la vista se encontró con unos conocidos ojos verdes, la mueca de fastidio no la pudo reprimir y se alejó de él empujándolo.
— ¡Por favor!, ¿ahora me persigues?
— Solo coincidencia, te vi y juré que no me acercaría, pero noté que ibas a cruzar sin fijarte — señaló los autos que pasaban a toda velocidad.
— No me di cuenta. — Admitió
— ¿Ibas al Parque?
— Creo que es obvio — cruzó los brazos contra su pecho sin dejar de observarlo con desconfianza. Un suspiro se escapó y se relajó un poco al notar que él no pensaba moverse. — ¿Eres masoquista? Lo digo porque después de como los he tratado no entiendo porque seguir insistiendo.
— En lo absoluto, solo intento hacer lo correcto — señaló, luego colocó las manos en los bolsillos de su pantalón mirando el semáforo que seguía sin cambiar para poder cruzar. — ¿Nos consideras inferiores y por eso nos quieres lejos?
El semáforo cambió y ambos avanzaron al otro lado, no se detuvieron en la acera e ingresaron al parque tomando uno de los caminos ya iluminados por las farolas.
— ¿Es eso? — Insistió.
— No, solo que no soy la mejor persona para entablar una amistad. — Señaló de igual manera metiendo las manos en los bolsillos de su abrigo.
Un ciclista que iba hacia ellos los obligó a pegarse un poco más para que pudiera pasar sin problema, y ninguno se separó después.
— Creo que eso nos toca decidirlo a nosotros.
— Les evito que pierdan su tiempo.
— Sé que no nos conocimos de la mejor manera, pero quizá podamos iniciar de nuevo. — Se colocó delante de ella y extendió su mano. — Hola, mi nombre es Edward Cullen, soy cardiólogo.
Bella estrechó su mano dejando que el calor la recorriera y una sensación agradable se extendiera por todo su cuerpo.
— Isabella Swan, y podría decirse que soy una ejecutiva en proceso.
Edward volvió a colocarse a su lado y comenzaron a caminar de nuevo.
— Un honor conocerla, Srta. Swan, he escuchado mucho sobre usted. — Dijo tratando de continuar con la conversación.
— Espero que cosas buenas, aunque lo dudo mucho.
— No tienes en claro quién eres en realidad. Eres importante.
— Mi padre lo es. — Respondió con desgana evitando mirarlo y centrando su atención en un niño que perseguía a su perro.
— Tienes brillo propio. Tu nombre es muy conocido, aunque sí tienes fama de ser una chica tenaz e implacable en los negocios.
— Lo que se necesita para ser tomada en serio — se encogió de hombros — ¿Cuántos años tienes?
— Tengo 31
— ¿De verdad? Hubiera jurado que eras solo uno o dos años mayor que Alice. — Lo observó y no giró el rostro cuando sus miradas se cruzaron, y una sonrisa leve se formó en el rostro de él. — Tienes una profesión muy humana, los médicos para mí son personas sorprendentes por su entrega al ayudar a los demás. Son dignas de admirar.
— Hay sus excepciones como en todo, pero en particular me encanta lo que hago. Aunque es decepcionante cuando no logras salvar a algún paciente.
Escucharlo la hizo sentir pena por ella y la gente que como ella se dedicaba a hacer sufrir a otros para beneficio personal.
— Somos polos opuestos — señaló notando como él enarcaba una ceja sin entender de que iba. — Tú ayudas y tratas de reparar. Yo destrozo para así ganar. — Se mordió el labio. — Para llegar a ser una de las empresas más importantes, nos aprovechamos de los peores momentos de otros. Prácticamente es dar con una mano y apuñalar con la otra.
— Suena como algo…
— ¿Despiadado, cruel? Sí, eso es lo que soy — por primera vez en mucho tiempo no las dijo con orgullo, se avergonzó de lo que era. — Ahora entiendes por qué no soy la persona que les conviene para una amistad, solo corrompería lo que son ahora y ya hay suficientes monstruos aquí afuera.
— Eres presa de las circunstancias — señaló mirando al frente.
— Es lindo de tu parte tratar de excusarme, pero no lo es. Cada uno es sus elecciones y yo elegí esto.
Continuaron hablando de cosas más triviales y Bella se sorprendió riendo de algunas de las anécdotas, así como de comentarios atinados. La hizo olvidarse de lo detestable que le parecía y las razones para mantenerlo alejado de ella. Por su parte Edward se felicitó por conseguir ir penetrando en la muralla que la envolvía, había tenido razón, ella era mucho más de lo que aparentaba en el mejor sentido.
Conocer esa parte de ella lo hizo querer descubrir que más escondía, conocer a la auténtica Isabella. Al volver se detuvieron de nuevo esperando que el semáforo cambiara de color y poder cruzar con mucha gente que esperaba lo mismo.
— No importa la hora que sea, la gente nunca parece dormir.
— Es la ciudad que nunca duerme — le recordó con una sonrisa. — Amo esta ciudad y no me veo abandonándola.
— Nunca digas nunca.
— Tendría que ser por una razón crucial para obligarme a marcharme. Aquí moriré — dijo de manera casual sin percatarse de como este último comentario hacia a Edward observarla más detenidamente.
Cruzaron y regresaron a donde estaban sus vehículos. Edward la acompañó hasta el de ella. Abrió la puerta y permitió que entrara, pero antes de cerrar la puerta la invitó a cenar con todos los chicos en un restaurante cercano, Bella enarcó una ceja.
— Fue un rato agradable, pero no significa que seamos amigos ¿entiendes?
Edward sonrió de manera cálida algo que no esperaba ella, solo acrecentando las dudas de la chica sobre la salud mental de él y todo su grupo de amigos.
— ¿Has visto Sherk? — Preguntó inclinándose hacia ella que asintió contrariada. — Tú eres como dijo Sherk, una cebolla que hay que pelar poco a poco.
Ante esa comparación tan absurda y al mismo tiempo tan ingeniosa no pudo reprimir una sonrisa auténtica.
— Tiene que reconsiderar sus tácticas para ligar, Dr. Cullen — apuntó divertida. — No a todas les parecerá gracioso que las compares con un ogro.
— Yo no hice esa comparación, solo tome la referencia que se ajusta a ti, Isabella, te envuelves en muchas capas para evitar que la gente te conozca realmente ¿Tienes miedo a que no te acepten? Te aseguro que es un miedo infundado, resultas ser una mujer fascinante. Nos veremos pronto. — Tras eso cerró la puerta sin darle oportunidad de réplica.
Bella arrancó el coche y sin poder evitar miró por el retrovisor notando como él continuaba en la acera observando al coche que se alejaba. Las últimas palabras habían sido las más acertadas, era como si la conociera y eso la asustó. Él parecía agradable en realidad, uno de los hombres más auténticos que había conocido en mucho tiempo, apretó las manos en el volante al reconocer el sentimiento de atracción.
Necesitaba despejar su mente y sabía dónde lo encontraría. Activó el comando de voz para usar el móvil y llamar a Jessica, en el tercer tono respondió y le indicó a donde dirigirse, era un bar que solían frecuentar y aunque no iba vestida muy de acuerdo a la ocasión, sabía que no le pondrían peros para permitirle el acceso.
Media hora después estaba dentro sentada junto a Tanya que hablaba de su nueva conquista y las buenas noches que pasaban juntos. Solo escucharla le hizo recordar la poca acción que tenía ella desde hace ya unas semanas… Y no pudo evitar preguntarse qué tal seria acostarse con el dueño de esos ojos verdes, de la misma manera en que llegó ese pensamiento lo deshechó.
Se bebió el contenido del vaso frente a ella y tomó el de Demetri que estaba junto a ella.
— ¿Mal día? — Preguntó pidiendo otra ronda para ambos.
— No del todo. — Se encogió de hombros. — Pero sin duda necesito más ambiente que este de mierda. — Se bebió el vaso que iban dejando frente a ella.
Demetri como siempre dispuesto a complacerla se levantó y anunció que la fiesta podría seguir en su casa que estaba sola, eso a todos los animó ya que entendían que podrían disfrutar sin restricciones. Pagaron y se dispusieron a marcharse, Demetri de inmediato se pegó a Bella y le quitó las llaves del auto esperando una protesta, pero la chica se las dio de buena gana subiendo al asiento del copiloto. Cerró los ojos y echó la cabeza atrás al sentir la velocidad y la risa divertida de Demetri al conducir de manera temeraria, se escuchó el sonido de los cláxones en más de una ocasión y en lugar de preocuparla la adrenalina borboteaba en su interior.
— Hoy luces diferente — sentenció él apartando la vista del camino notando como ella lo observaba y enarcaba una ceja. — No en el mal sentido, es solo que pareces más receptiva.
— Tal vez hoy esté de humor — se encogió de hombros con mirada brillante. Sonrió abiertamente al notar como él se removía en el asiento incómodo.
Maldijo por no llevar el control remoto de las puertas, por lo que le tocó esperar a que el personal las abriera por él, momento que aprovechó para avisar que tendría visitas. El auto lo detuvo justo al lado del Jaguar, como todo un caballero la ayudó a salir sin apartar la mano de su cintura guiándola al interior. La casa casi tan grande como la de sus padres, la decoración gritaba la fortuna invertida.
El ama de llaves llegó a su lado con una sonrisa tirante, la mujer no era tan grande, pero parecía muy severa. Siempre se dirigía a ellos con respeto, ya que tenía muy presente que un comentario inapropiado podría costarle su empleo y no en todos lados le pagarían lo que recibía. Con voz cortante y autoritaria Demetri le avisó la visita que tendrían y que prepararan bocadillos rápidos.
Bella que conocía el lugar se alejó de él a una de las habitaciones laterales donde sabía estaban las bebidas, sin esperar una invitación cogió un vaso y abrió una de las botellas de whisky.
— ¿Quieres uno? — Le ofreció a Demetri que rodando los ojos asintió.
Al tenderle el vaso Bella se detuvo unos momentos para observarlo, sus facciones aunque un tanto marcadas y su mandíbula cuadrada eran bastante atractivas, lo único malo de él era su reputación que era horrible y era lo único que la detenía de llegar hasta donde sin duda él deseaba.
Se sentó en el sillón cerca de la chimenea y él se mantuvo de pie junto a esta observándola sobre el borde del vaso, al terminar el contenido lo dejó sobre la repisa. No sabía si estaba recibiendo las señales correctas, pero ella parecía estarlo invitando, al fin podía sentir el triunfo en su boca. Bella notó el cambio en la mirada de él, de una juguetona y sarcástica a una cargada de deseo. Bebió el contenido de su vaso y lo dejó sobre la mesilla de centro.
— ¿Qué te preocupa? — Le preguntó acercándose hasta dejarse caer junto a ella.
— El trabajo — mintió un tanto sorprendida de su observación.
— No entiendo por qué lo haces. En primer lugar estás de vacaciones y en segundo eres la hija del tercer hombre más rico. No tienes necesidad.
— Quiero hacerme a mi propio nombre y no solo limitarme a ser la hija de Charlie Swan.
Él estiró su mano y acarició la mejilla de ella. Bella estaba luchando con su interior que le gritaba alejarse y mientras otra vocecilla la incitaba a dejarse llevar, a mostrar que seguía teniendo el control de su vida y podía hacer lo que quisiera sin un atisbo de culpa.
En un movimiento rápido se sentó sobre el regazo de él dejando cada una de sus piernas a cada lado, lo repentino del movimiento tomó por sorpresa al chico que tardó unos segundos en captar lo que estaba sucediendo. Sin perder oportunidad tomó el rostro de Bella entre sus manos y la besó con ardor.
Las manos de Bella cobraron vida y al igual acunaron el rostro de él para luego descender por su pecho, lo sintió reacomodarse bajando un poco del sillón para que sus cuerpos se rozaran en las partes precisas, Demetri mantuvo una de sus manos en la nuca de ella y la otra la dejó bajar hasta llegar a uno de sus pechos que apretó con más fuerza de la necesaria provocando que el beso se rompiera.
— Para decir que tienes experiencia, pareces primerizo — se levantó de su regazo acomodando su ropa, Demetri iba a protestar cuando el sonido de voces les llegó desde el pasillo.
— Esto aún no termina — protestó dirigiéndose detrás de la barra del bar para ocultar su erección.
— Que aburridos ¿y la música? — Chilló Tanya al tiempo que encendía el aparato de audio.
— No empezaríamos sin ustedes. — Les dijo Bella, como si eso fuera verdad.
— Mejor dicho sin esto — Tyler dejó una bolsita transparente con pastillas de diferentes colores.
El rostro de Bella se iluminó, era justo lo que necesitaba incluso era mucho mejor que el sexo. Tomó una y pensó que sin duda era la felicidad, con ella podría olvidarse de todo en especial del hombre de cabello cobrizo que no salía de su mente.
— Esa es mi chica — Tyler le dio una palmadita en el hombro al tiempo que le entregaba un vaso con whisky, acto seguido se la tomó y vio como todos hacían lo mismo.
El efecto no tardó en mostrarse, la música subió de volumen y todos saltaban. Bella cerró los ojos y dejó la música fluir por su cuerpo disfrutando la sensación de libertad una que sin duda experimentaría dentro de muy poco, al recordar eso la sonrisa en su rostro se hizo más amplia y una carcajada brotó de sus labios al imaginar el rostro de su madre al recibir la noticia. No la enviaría al exilio, pero sí sería señalada por lo que le quedaba de vida y eso era más que suficiente.
Sofocada decidió salir a la terraza, el sonido de la música era fuerte y se mezclaba con el sonido de la calle, pese a ser uno de los barrios más exclusivos no estaba libre de los ruidos que caracterizaba a la ciudad de New York, Demetri se le unió tratando de retomar donde lo habían dejado encontrándose con una barrera, la accesibilidad mostrada horas atrás ya no estaba presente y su oportunidad de acostarse con ella se había erradicado.
Tanya se les unió al cabo de un rato cuando buscó aire para fumar un cigarrillo, al notar su aspecto despeinado y la ropa mal acomodada no fue un secreto lo que había estado haciendo, el detalle es que no sabían con quién y no es algo que realmente importara. Cuando mencionó la hora Bella se maldijo por perder la noción del tiempo, y supo era hora de marcharse para no conseguir un castigo monumental.
— Sabes que puedes pasar la noche aquí — apuntó Demetri esperanzado.
— Sabes que eso no sucederá, y será mejor que llegue antes de que se den cuenta de mi ausencia. — Apuntó cogiendo su bolso antes de apretarle el hombro con fuerza. — Tal vez tu cita del mediodía te de lo que estás buscando.
— Eso es seguro, pero no eres tú.
— Acostúmbrate a la decepción, querido. — Le dijo con diversión besándolo en la mejilla y saliendo de la casa rumbo a su auto.
Su casa estaba a escasos cinco minutos, pero consiguió llegar en dos; hizo el menor ruido posible para evitar que se dieran cuenta de la hora de llegada, aunque si lo analizaba bien si ellos revisaran los accesos de seguridad y las cámaras lo sabrían, pero era una suerte que no se molestaran en hacerlo. Se quitó las zapatillas entrando por la puerta de la cocina tomando el acceso posterior para llegar a su habitación, era un alivio que la recámara de sus padres estuviera del otro lado. Cansada como estaba se metió bajo las mantas sin molestarse en desmaquillarse y colocarse la pijama, solo tenía un par de horas que debía de aprovechar.
Muchas gracias a cada una por sus comentarios. Para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia. Esperamos un capítulo por la semana o en algún momento es posible que sean dos.
Nos leemos
TitiC
