Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


7.-Ayuda Desinteresada

El despertador sonó antes de lo deseado, estiró la mano para apagarlo, la cabeza le dolía y las náuseas estaban presentes, le hubiera gustado poder ausentarse por enfermedad, pero es un lujo que no estaba permitido; una resaca no la detendría. En menos de una hora ya estaba duchada, cambiada y lista para salir rumbo a la oficina, tendría que marcharse antes que su padre para no darle oportunidad de ver el estado en que se encontraba.

Antes de salir de la habitación se vio en el espejo de cuerpo entero, la falda ajustada con la blusa blanca de manga corta y los stilettos rojos la hacían ver fabulosa, al menos creía que podría desviar la atención de su rostro hacia su cuerpo, donde a pesar del maquillaje, sus ojos reflejaban la noche de fiesta, las pupilas habían regresado a su tamaño, pero sus ojos estaban rojos y eso no podía disimularlo más que con gafas oscuras.

Alguien llamando a su puerta recibió su atención, la chica del servicio le llevaba el desayuno como cada mañana y con una sonrisa ladeada agradeció una comida que no tocaría.

— Sam, podrías decirle a Peter que prepare mi auto, me voy en cinco minutos y a partir de mañana no es necesario traigas el desayuno hasta nuevo aviso.

— ¿Hay algo mal con su menú? — Preguntó visiblemente preocupada.

— Nada, solo no lo traigas hasta nuevo aviso. — Apuntó incomoda.

Solo cogió el vaso de jugo fresco y lo terminó de un trago, tomó sus cosas de la mesilla de noche y salió de la habitación revisando la agenda en su móvil, al llegar a la planta baja rogó porque sus padres no estuvieran en el comedor, eran a penas pasadas de las siete así que tenía una ligera oportunidad…

— Isabella — cerró los ojos con fuerza al escuchar la voz de su madre proviniendo desde el comedor. Se giró lentamente preguntando a quien quiera que fuera el encargado de tomar las suplicas ¿Por qué las de ella nunca eran escuchadas?, acomodó las gafas y caminó hasta el umbral viendo a su madre sola con una taza de café en la mano. — ¿No esperaras a tu padre?

— Tengo trabajo.

— Quítate esas malditas gafas, veme a los ojos cuando hablas conmigo. — Chilló irritada su madre.

Refunfuñando para sí, lo hizo, pero no se movió de donde estaba.

— Si no tienes nada más que decirme, es hora de que me marche.

Al ver el movimiento de mano de su madre dio media vuelta y

caminó deprisa para marcharse.

En la seguridad de su auto respiró profundo, al menos no hubo una discusión de proporciones épicas antes de comenzar el día.

Poco después de las 7:30 estaba cruzando las puertas del edificio, hizo que detuvieran el ascensor para poder subir y notó de inmediato cómo la gente que iba ahí se tensó y parecía evitar mirarla a toda costa. Sonrió perceptivamente al recordar el nuevo mote que estaban usando, Medusa, le encantaba saber el poder que tenía sobre el personal con una sola mirada.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron, el hombre que ingresó le sonrió abiertamente y la saludó con un apretón de manos y un beso en la mejilla. Su mentor era el único hombre que parecía sentirse cómodo con ella porque conocía la otra cara que no podía permitirse mostrar con el resto.

— Te envié unos papeles con Megan, quiero que los revises. Son de un nuevo contrato y quiero tu opinión.

— Lo haré en seguida. — Le aseguró antes de salir del ascensor. Se encaminó hasta llegar delante de Megan que tecleaba rápidamente en el ordenador, apartó la vista y frunció el ceño al notar los anteojos, ella la conocía y sabía lo que significaba.

— Buen día, Bella, ¿estuvo en grande la fiesta? — Preguntó de manera irónica, ella lo desaprobaba y en más de una ocasión se lo dejó saber, pero en ese momento no estaba de humor para soportar se le cuestionaran sus actividades y mucho menos ella.

— Como no te imaginas — sonrió con superioridad, desconcertándola un poco. — Me encontré a Arthur en el ascensor y dijo haberme enviado documentos. — Megan la miró extrañada, a lo que Bella recordó que no lo reconocía por su nombre, estaba más familiarizada con su apellido. — El Sr. Maxwell — aclaró extendiendo la mano para recibir una carpeta gruesa.

— ¿Un café cargado?

— Sin azúcar, ni leche y una botella de agua helada. Por favor. — Pidió antes de entrar en su oficina cerrando la puerta.

Con los dedos masajeando sus sienes intentó leer los documentos, la verdad la cabeza la estaba matando y cuando Megan le llevó sus bebidas cogió dos aspirinas y las tragó rogando que tuvieran un efecto inmediato. Tuvo que tomarse unos minutos con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás para controlar el dolor.

Cuando llamaron a su puerta gruñó y su actitud no mejoró al notar a los dos individuos ahí parados. Se reacomodó suspirando para sus cuestionamientos.

— Buen día, Bella. — Saludó una animada Alice, sus ojos se entrecerraron, el escudriño la incomodó.

— ¿Saliste anoche? — Preguntó Jasper.

Cerró la carpeta sobre el escritorio de golpe. — ¿Algún problema? — Respondió sin ocultar el enfado.

Su semblante cambió al ver entrar a su padre en la habitación, el rostro serio se suavizó al ver a Jasper a quien saludó con alegría, solo provocando un enfado mayor en su hija.

— Qué bueno que aún sigues viniendo a la empresa, Jasper ¿Los chicos en el pasillo son tus amigos?

— Vinieron a acompañarme. — Contestó un poco nervioso, no era difícil que su padre lo intimidara.

— No te preocupes, muchacho, solo no distraigan al personal. — Le guiñó un ojo y le dio una palmadita en la espalda antes de girarse — Isabella. — Dio un par de pasos hasta detenerse delante de ella.

— Charlie.

Curiosamente notó la mirada de su padre puesta por mayor tiempo en ella.

— ¿Por qué tus ojos están irritados?

— No dormí bien y demasiado tiempo frente a la pantalla. —Mintió encogiéndose de hombros. — ¿Qué puedo hacer por ti?

— Ayer no tenías trabajo. Bueno eso no importa, quiero que revises los movimientos de la compañía de Londres. — Le indicó restándole importancia a todo lo demás.

— Lo tendrás esta misma tarde sobre tu escritorio.

— Que sea mañana por la mañana, hoy no estaré en la empresa, iré con los Brown al club. — Asintió, iba a decir algo más cuando su móvil comenzó a vibrar y lo contestó en seguida dando media vuelta, pero antes de marcharse del piso se despidió de Jasper y los demás chicos en el pasillo, menos de ella.

— ¿Y me van a decir a qué vinieron? Tengo trabajo que hacer — protestó irritada.

— Solo a recordarte de la comida de esta tarde, no te escabullirás esta vez.

— Un mensaje con mi asistente era suficiente y si no les importa les agradecería me permitan continuar con mi trabajo. — Dijo ya un tanto exasperada.

Ambos comprendieron que no estaba del mejor humor, así que se despidieron y salieron sin más. Isabella volvió a abrir la carpeta y centró su total atención en lo que estaba leyendo, anotando en una hoja aparte los puntos que no le estaban siendo totalmente claros o que podrían ser un problema.

Al terminar llamó a Megan para que la comunicara con la sucursal de Londres, una vez que pidió lo que necesitaba y tras asegurarse que lo obtendría en el menor tiempo posible, cortó la llamada y salió de su oficina para dirigirse a la de Arthur.

Megan solo asintió cuando le indicó a donde se dirigía por si la necesitaban. La mirada que le estaba dirigiendo la incomodaba.

— ¿Qué sucede? — Preguntó ya harta.

— ¿Qué está sucediendo en realidad? — Preguntó con voz baja. — ¿Qué te estás haciendo?

— No necesito sermones y menos de ti — Gruñó apretando los documentos contra su pecho. — Mantente al tanto de mi correo y cuando lleguen los documentos de la oficina de Londres, imprímelos y déjalos sobre mi escritorio.

Con esa orden se marchó, ese día estaba siendo una prueba de resistencia. ¿Qué les sucedía a todos que se creían con el derecho de opinar sobre su vida? Parecía que debía de ser demasiado clara para que no se traspasara la línea de lo profesional con lo personal.

Al llegar a la oficina de Arthur su secretaria la dejó pasar de inmediato, el hombre le señaló una silla frente a su escritorio y recibió los documentos.

— Me sorprende la rapidez con la que trabajas.

— Trato de ser eficiente, hay mucho por hacer y poco tiempo. — Dijo visiblemente incomoda. Pocas personas lanzaban un cumplido.

— Lo revisaré más tarde, — lo dejó de lado y se ajustó las gafas tomando otro folder, — me gustaría ahora hablar de tu reporte sobre las mejoras en las corporaciones.

— Aún le hace falta algunos ajustes… — se justificó, sabía que había pasado unas cosas por alto, el hombre negó con una sonrisa haciéndola callar.

—Isabella, es impresionante. — Murmuró — Este documento no parece realizado por una estudiante, es más del grado de alguien con un doctorado y sé de lo que hablo por mi trabajo como asesor de posgrados. Tienes una mente brillante.

— Muchas gracias, pero me gustaría hacer algunas correcciones.

— Tengo un par de sugerencias y si no tienes inconveniente nos tomará unos treinta minutos.

Le entregó el documento y le señaló los puntos que debía corregir así como explicar el porqué de su decisión, ejemplificando algunos escenarios para que quedara claro el concepto y le mencionó una bibliografía para ampliar los temas que así debían de serlo. Su asistente los interrumpió para recordarle una reunión con un cliente en un restaurante en Soho.

— Cuando hagas las correcciones me lo envías.

— Claro. Y muchas gracias por su tiempo.

— Sabes que es un placer ayudarte. Sigue como ahora y serás la mejor de tu generación. Los profesores ya hablan de ti y tu gran futuro.

Azarada y emocionada de que se tuviera un gran concepto de ella se marchó de la oficina hacia la suya, apenas llegar a su piso recordó que ella también tenía un compromiso para comer que no la entusiasmaba, tenía que acudir para terminar de una vez por todas con esa situación. Tal vez esa reunión los convenciera de que no era la clase de chica con la que querían relacionarse.

Apenas las puertas del ascensor se abrieron en su piso vio a todos fuera de la oficina de Jasper. Se dirigió de inmediato hacia Megan haciéndole algunos encargos y entrando a la oficina por sus cosas, en cuanto salió se acercó a los chicos que sonrieron. Fue con ellos hasta el ascensor.

— ¿A dónde iremos? — Cuestionó al tiempo que las puertas del ascensor se cerraban.

— Descubrí un restaurant a unos diez minutos de aquí, es muy bueno — Señaló Emmett pasando un brazo por la cintura de su rubia novia.

— Por mi está bien. — Dijo Bella con desgana, a saber qué clase de lugar había elegido. No le sorprendería fuera un local de hamburguesas.

— Yo me iré con Emmett — habló Rose pegándose más al cuerpo de su novio.

— Bella te irás con nosotros, no tiene caso que nos llevemos todos los autos — señaló Jasper, eso no lo podía rebatir además de que no le apetecía conducir.

Subió en la parte trasera de un Mercedes, Alice ocupó el del copiloto.

— Me alegro de que vinieras con nosotros. — Murmuró Alice girándose hacia ella, por su parte Bella sonrió de manera forzada y notoria. — Verás que te divertirás. — Dijo con entusiasmo.

— ¿Bella, ya te dijeron tus padres del baile que habrá este fin de semana en beneficio del hospital central? — Preguntó Jasper mirándola por el retrovisor, por su parte Bella enarcó una ceja, esa era información nueva.

— Estaremos juntas en la velada, nuestros padres, junto con los Hale y los tuyos estaremos en la misma mesa. — Apuntó Alice emocionada.

No pudo evitar sonreír de manera tirante, luego el semblante de Bella se ensombreció al comprender que el baile era igual a cena, ¿cómo escaparía de eso?, es más, como escaparía de esta comida.

— ¿Sucede algo? — Preguntó Jasper mirándola por el retrovisor.

— No.

Nadie habló de nada más hasta llegar al destino, era uno de los mejores restaurantes que había en la ciudad. Al menos no se podía quejar de su buen gusto.

— Buenas tardes, Srta. Swan. — Saludó el anfitrión.

— Las reservaciones están a nombre de Jasper Hale — interrumpió Jasper.

El anfitrión los dirigió a su mesa donde ya los esperaba Edward, que se levantó al verlos y se encargó de apartar la silla para Bella. La mesa daba hacia la calle, claramente podían ver a los que pasaban por ahí y los rascacielos que se alzaban imponentes.

— ¿Ya lo conocías? — Preguntó Emmett tomando un trozo de pan.

— A mi madre le gusta, es uno de los más frecuentados por sus amistades y las personas más importantes de la ciudad.

— Háblanos un poco de ti Bella. — Se aventuró Alice.

— ¿Qué es lo que quieres saber? — Preguntó con indiferencia.

— ¿Por qué eres tan dura? — Todos se giraron hacía el grandulón.

Contrario a lo que esperaban, ella sonrió de verdad mirando al chico de una manera un tanto diferente. Bella estaba gratamente sorprendida de Emmett, tenía valor para hacer una pregunta tan directa y eso le gustó. Se reacomodó en su silla y le lanzó una mirada dura a la que muchos rehuían, pero él ni se inmutó.

— En esta profesión no hay lugar para débiles, no puedes tentarte el corazón, es más, no debes de permitirte tener uno, eso te nublará el juicio. Al dejar que sean tus sentimientos los que gobiernen tus acciones solo irás directo al fracaso. — Se encogió de hombros.

El camarero los interrumpió para tomar su orden de bebidas y les dio unos minutos para regresar a tomar su orden.

— ¿Y ustedes… estudian o trabajan? — Regresó la bola a su campo quitando la atención de ella, al menos por un momento.

— Rose y yo estudiamos diseño de modas, Edward es cardiólogo, Jasper es psicólogo y Emmett es abogado. — Dijo rápidamente Alice sin dar tiempo a que ninguno de los chicos hablara por sí mismos.

— ¿Abogado?, no hablas en serio. — Preguntó Bella, ya que pensaba su trabajo era más físico por obvias razones.

— Sé que no lo parezco, pero soy bueno. Estoy tratando de conseguir trabajo en alguna firma, pero parece que no hay quien me quiera contratar.

— Has escuchado hablar de la firma Hoffman & Wallas. — Preguntó sugiriendo la mejor firma de la ciudad que además eran sus abogados.

— Por supuesto que he escuchado hablar de esa firma, es la más grande de América.

— ¿Ya lo intestaste ahí?

— Si no me han contratado en otras que están muy por debajo, ¿crees que tenga alguna oportunidad?

— ¿Tan fácil te das por vencido? Pensé que eras más persistente y ambicioso. — Le picó notando su incomodidad.

— Solo soy realista, un chico que era el segundo lugar de mi generación lo ha intentado miles de veces y la respuesta es la misma: NO.

— Tú debes de ser más ambicioso, no porque otros fracasen quiere decir que tú también lo harás. Además, el sobresaliente académico no se interpreta como éxito laboral.

— Ya te lo dije solo soy realista, mantengo los pies sobre la tierra.

— Sigo pensando lo mismo — murmuró encogiéndose de hombros.

Sin pensarlo demasiado Bella llamó a uno de los meseros y con voz baja para que ninguno de los chicos escuchara intercambió un par de palabras con él, luego vieron al chico señalar una mesa donde estaban un grupo de tres hombres en la terraza riendo.

Sin pensarlo demasiado, Bella se levantó dejando la servilleta junto a su plato.

— ¿A dónde vas? — Preguntó Jasper igual de contrariado que los demás.

— Dame un momento — le respondió guiñándole un ojo a Emmett haciendo a Rose fruncir el ceño.

Con paso seguro caminó directamente hasta la mesa, no tenía muy en claro por qué lo estaba haciendo, pero una parte de ella le decía que era buena idea tenerlo en deuda, era una carta que podría usar en un futuro. A penas entró en el campo visual de uno de los hombres sonrió cordial y se levantó haciendo que sus dos acompañantes lo siguieran.

— Buenas tardes, lamento la interrupción — murmuró fingiendo estar avergonzada.

— Nada de eso, Srita. Swan, sabe que siempre es un placer poder hablar con usted. ¿Algo en lo que pueda ayudarla?

— Un par de detalles: primero quisiera saber si puedo enviarle esta tarde unos papeles para que sean revisados unos parámetros legales sobre la compra de un par de bienes — dijo con seriedad, recordando un par de propiedades que quería adquirir a un precio bajo en unas buenas zonas por problemas de hipoteca. — Aunque debo de decir que esto nada tiene que ver con mi padre. Y son urgentes.

— ¿Una adquisición personal?

— Exactamente.

— Sin problema, envíemelos esta tarde y más tardar mañana por la mañana tendrá una respuesta.

— Una cosa más — continuó —: Esta es una petición personal, el amigo del hijo del nuevo socio de mi padre está buscando entrevistas, es abogado y no ha tenido suerte en conseguir una en su firma. Conózcalo por unos minutos y usted decidirá.

Al ver el asentimiento de su parte, Bella se giró hasta donde estaban todos, con una seña le pidió a Emmett que se acercara. Lo vio dudar y no le quedó de otra que volver a indicarle que fuera. El grandulón se levantó contrariado sin entender qué estaba sucediendo, al llegar a su lado Bella hizo las presentaciones.

— Él es el señor Steven Hoffman, el director de firma Hoffman & Wallas. — Señaló lo obvio notando divertida como el chico se quedaba unos segundos sorprendido, pero no tardó en reaccionar.

Notó como Emmett conseguía la atención del hombre que le hacía unas cuantas preguntas relacionadas en el aspecto laboral, y raro lo vio sonreír antes de mirarla asintiendo. Al despedirse, el hombre le pidió a Emmett presentarse en su oficina al día siguiente temprano con su curriculum para una entrevista con el departamento del .

Regresaron a la mesa con paso lento. Emmett se estaba conteniendo de gritar y abrazar a la chica que iba a su lado. Lo único de lo que estaba completamente seguro es que de conseguirlo estaría en deuda con ella. Al sentarse de nuevo en sus sitios, los ojos de los demás estaban puestos en ellos a la expectativa, Bella se limitó a beber su agua mineral dejando que Emmett les anunciara su entrevista de trabajo.

— ¿Cuál es el misterio? — Preguntó Alice impaciente.

— Esta chica me acaba de conseguir una entrevista de trabajo en la mejor firma de la ciudad. ¡Mañana tendré una entrevista en Hoffman & Wallas! — Exclamó modulando el tono de su voz.

— ¡Cielos, eso es impresionante! pero no entiendo por qué lo hiciste. — Apuntó Rose contenta por su novio, pero dudosa de las intenciones de la castaña.

— No es para tanto, yo solo hice el contacto, el conseguir el trabajo es toda cuestión de Emmett — apuntó señalando lo obvio. — Ahora solo espero que mañana des todo de ti, eres el primero por el que intervengo y no me gustaría arrepentirme.

— No lo harás. — Aseguró contento.

Al llegar el mesero, Rosalie le pidió esperar un poco para que Emmett y Bella tuvieran oportunidad de analizar sus pedidos, esta última dijo estar lista y dejó que cada uno hiciera su pedido, por su parte se limitó a una ensalada de frutos cítricos alegando estar en una régimen estricto

— ¿Dieta? — Chilló Alice mirándola con los ojos muy abiertos — ¡Pero si estás muy delgada!

— Y me gusta permanecer así. — Apuntó dando por terminado el tema.

La comida transcurrió entre pláticas superficiales lo típico: sus gustos, que hacen en sus tiempos libres y un par de anécdotas de la universidad, aunque le costaba admitirlo todos relajados estaban resultando agradables y en más de una ocasión Emmett la hizo reír de verdad.

— Quién lo iba a decir, Isabella Swan. — Al escuchar su nombre se giró encontrándose de frente con Demetri, este con una sonrisa radiante. Se acercó y no le quedó más que levantarse, notando como le lanzaba una mirada suspicaz al grupo que estaba a su espalda. — ¿Qué haces aquí?

— Comprando unos nuevos pendientes ¿Qué te parece que estoy haciendo aquí? — Le señaló lo obvio.

— Deja los sarcasmos, ¿No vas a presentarnos?

— Ellos son Jasper y Rosalie Hale, los hijos del nuevo socio de Charlie, y ellos Emmett, Edward y Alice sus amigos y parejas — Le indicó. — Chicos, él es Demetri Abernathy.

— Lo vimos una noche en el bar. — Cortó Edward sin ocultar su molestia.

El tono usado por Edward la irritó un poco ya que había sacado como una especie de reclamo, aun podía recordar esa noche en que Emmett la sacó cargada en su hombro y desde ahí parecía que por alguna extraña razón los tenía pegados a ella.

— No sabía que frecuentaras estos lugares — le pico Bella con sorna. — Demasiadas normas de etiqueta y chicas que sin duda no se irán contigo.

— Mi cita de esta noche se canceló, así que solo pudimos salir a comer, pero aun no llega. — Dijo mirando su reloj al tiempo que chasqueaba la lengua. — Si no tienes nada que hacer, tú y yo podemos divertirnos esta noche.

La sola sugerencia le hizo fruncir el ceño. Iba a negarse, pero de su boca salió una aceptación con la condición de que se tratara de algo tranquilo y le recordó el par de películas pendientes que tenían, ese plan le encantó. Demetri se marchó al llegar su cita, se despidió de Bella con un beso en la mejilla y de los demás con un simple movimiento de cabeza.

— Ese chico no me agrada. — Soltó Emmett cuando la castaña se sentó, sin dejar de ver al chico que envolvía en sus brazos a una rubia diminuta.

— Es mi amigo y a mí sí. — Le cortó dando un último sorbo a su vaso.

— Solo ten cuidado.

— No soy una niña y se cuidarme perfectamente. — Espetó sin poder evitar notar como Rosalie se echaba hacia atrás en su silla con cara de fastidio.

— Eres de las pequeñas de nuestro grupo. — Soltó Emmett.

Ese comentario fue agradable pero al mismo tiempo incómodo, no podía crear más lazos. Notando la hora y como todos habían terminado les pidió volver, el trabajo nunca se detenía y entre más tiempo se quedara este se seguiría acumulando haciendo que su jornada se extendiera, en otros momentos eso no importaría demasiado ya que la noche era larga, pero tenía planes que no deseaba cancelar.

De camino, en el auto Alice no paraba de hablar de la cena a la que asistirían y lo agradable que sería conocer a la elite de la ciudad, ante eso Bella solo frunció los labios ante la inocencia de la chica, no tenía idea de la clase de personas con las que se rodearía, mejor que ella lo descubriera.

Al llegar a la entrada del edificio se despidió de todos y entró prácticamente corriendo, necesitaba distancia. Eran buenas personas y merecían más de lo que ella podía ofrecer, esperaba se dieran cuenta pronto, no quería llegar a herirlos para que se apartaran.

Al llegar a su piso, Megan le pasó cada uno de los recados y la puso al teléfono con uno de sus más nuevos clientes que estaba impaciente de hablar con ella. Al terminar la llamada se centró en los documentos sobre su escritorio hasta escuchar a alguien llamar a su puerta y luego ser abierta. Al levantar la mirada se encontró con su asistente.

— Ya casi es hora de marcharme, pero hay algo que me gustaría hablar contigo. — Pidió recibiendo un asentimiento.

...


Muchas gracias a cada una por sus comentarios y una disculpa por esta enorme demora en la publicación, por situaciones personales primero de mi beta y luego mías se extendió. Pero ya estamos de vuelta.

Para las nuevas lectoras bienvenidas y espero disfruten la historia. Esperamos un capítulo por la semana o en algún momento es posible que sean dos.

Nos leemos

TitiC