Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


8.-Todo tiene un precio

Isabella notó el nerviosismo de la chica, esperó hasta que se sentó delante de su escritorio y centró su atención. Megan no tenía idea por dónde empezar, lo que quería hablar con ella no era cualquier cosa y al tratarse de un aspecto tan personal temía cometer un error monumental que afectara su trabajo pero la consideraba una amiga y ya no podía seguir pasando por alto lo que estaba viendo.

— Bella, sé que solo soy tu asistente, pero algo anda mal, muy mal contigo — dijo finalmente notando a la mujer delante de ella enderezarse y enarcar una ceja. Estaba a la defensiva y sabía que así era más peligrosa.

Bella le lanzó una de sus miradas más penetrantes como advertencia de que no debía de tomar ese camino, Megan era más que su asistente, la estimaba de verdad.

— ¿A qué te refieres? — intentó hacerse la tonta, en este tiempo había aprendido a mentir de una manera admirable, algo que podía agradecer a Renée.

— Sabes de lo que estoy hablando — se señaló los ojos, lo que le indicó que se refería a la irritación.

— Simple irritación.

Megan negó — Sé que estuviste con tus amigos y las cosas en que andan. Tú eres una chica valiosa para que comiences a meterte en ese mundo.

— ¿De qué mundo estás hablando? — cruzó las piernas y se enderezó aún más, quedando perfectamente apoyada en el respaldo de la silla, era la pose que utilizaba cuando estaba retando a los demás en alguna reunión.

— Bella, tú misma me dijiste hace cerca de un año que… bueno algunos de los chicos usaban drogas, abusaban del alcohol y las fiestas locas.

— ¿Y si las usan qué? — frunció el ceño y se encogió de hombros restándole la importancia que tenía.

— No me importan ellos, me importas tú — dejó escapar un suspiro — sabes… uno de mis amigos las usaba y me dolió perderlo. Tú…

— Es obvio que sientes culpa por no haber actuado cuando debías con ese supuesto amigo, pero no quieras verme reflejada en él. — Se tensó e inclinó hacia adelante, su voz salió más afilada. — No sigas por este camino, todo está bien.

— Deja de mentirte. Charlie se tragará ese cuento, pero yo no.

— Estoy bien y no tengo porque rendirle cuentas a nadie. —Gruñó molesta golpeando el escritorio con el puño haciéndola saltar.

— Bella, me preocupas, por eso…

— Estoy perfectamente bien. — Dijo con la voz temblorosa por la rabia de sentirse expuesta, no podía permitir que nadie interfiriera.

— No lo estás, Bella. — Movió las manos de manera inconsciente.

— Nunca he estado mejor — se levantó impulsando la silla hacia atrás y apoyando las manos sobre el escritorio.

— Bella, deja de usar esas cosas, solo te dañarán. — Suplicó con los nervios a flor de piel, las cosas estaban resultando peor de lo que imaginó.

— ¿Y tú qué sabes de lo que es mejor para mí?, puede que esto sea lo que necesito. — Admitió notando en los ojos de su asistente sorpresa y decepción. Megan se levantó para quedar al mismo nivel sabiendo que con ello estaba firmando su despido.

— Lo lamento, Bella, pero esto se lo diré a Charlie o puedes hacerlo tú. ¡Necesitas ayuda antes de que sea muy tarde!

— No hay nada que sea de su incumbencia. — Cortó con seguridad y una sonrisa sarcástica.

— Entonces lo haré yo. — Habló con voz segura.

Megan dio media vuelta encaminándose hacia la salida, Isabella la dejó llegar hasta tocar el pomo de la puerta y con voz suave pero filosa la detuvo.

— Esto me suena como una amenaza — Megan se giró.

— Es una advertencia — contestó.

Bella rodeó el escritorio y con paso lento se acercó hasta ella.

— Tú no eres nadie para darme advertencias. Escúchame bien porque solo lo diré una vez. Tú abres tu linda boquita diciendo todas estas estupideces y te puedes ir despidiendo de este trabajo, y me encargaré de que nadie en esta ciudad te contrate. — La amenazó con extrema dulzura. — Sería una lástima que por no saber tu lugar pierdas el seguro que cubre los gastos médicos de tu hermana, es la que sigue en lista de espera para ese trasplante de corazón.

— No serías capaz de hace algo así. — Su voz salió entrecortada, Isabella se felicitó por tocar esa fibra sensible.

— ¿Quieres probarlo? — Tomó su barbilla obligándola a mirarla sin ejercer fuerza para lastimarla. — No estoy jugando, Megan, solo di una palabra de lo que hablamos, y yo misma me encargaré de aplastarte; lo he hecho con ejecutivos, grandes empresarios, ¿qué trabajo me puede costar una simple e insignificante asistente como tú?

— Nunca pensé que pudieras ser tan cruel.

— Los apodos que tengo tienen una razón, te metiste donde no debías y conociste esa cara. Yo sí te estoy amenazando, Megan, una palabra a quien sea y tu final está asegurado. ¿Entendiste?

— ¿Qué sucede contigo? Ayer aún eras una persona que juraría tenía un corazón, hoy lo dudo mucho. — Lo dijo limpiando las lágrimas que caían por sus mejillas.

— Otra cosa más con la que te engañaste, no puedo tentarme el corazón porque ya no tengo uno. Y que quede claro, si decides quedarte la relación será estrictamente laboral.

— Como digas. — Dijo en voz baja sin mirarla a los ojos. Abrió la puerta y desapareció al instante.

En cuanto cerró la puerta Isabella se maldijo por el trato tan despreciable que le dio a Megan quien había demostrado ser su amiga y estaba interviniendo solo por preocupación, verla llorar la lastimó, pero tenía un objetivo al que no quería renunciar y que ella hablara complicaría todo. Le tomó un rato tranquilizarse para poder continuar con su trabajo.

La puerta se abrió de golpe y estaba lista para mandar al demonio a la persona que entraba sin permiso, pero se mordió la lengua al ver a su madre elegantemente vestida.

— Renee — la saludó con desgana.

— ¿Y tú asistente? Siempre he dicho que debías de conseguirte a una mejor.

— Se fue a casa, su hora de salida llegó y yo solo estoy terminando unas revisiones — detuvo la explicación que sabía en realidad no le importaba. — No estás aquí para hablar de mi asistente. ¿Qué necesitas?

— Solo no he tenido oportunidad de hablar contigo, tenemos un baile benéfico este fin de semana y ya te encargué un vestido maravilloso y tenemos las pruebas el día de mañana — avisó.

—Jasper Hale me lo dijo esta tarde. — Admitió con desdén.

— Sé que nos sentaremos junto con ellos y el nuevo jefe del hospital, por cierto debo de decirte que conocí a su esposa se llama Esme Cullen, es un mujer…

— ¿Sorprendente? — Intentó adivinar.

— Para nada, la conocí esta mañana iba junto con Giselle Hale, no tengo palabras para describirla, es una mujer extraña no se comporta de acuerdo a su estatus.

— ¿Eso te molesta, cierto?

— Nos vamos a sentar con ellos, imagina lo que dirán mis amistades.

— No tengo idea, siempre hablan peor de lo que me puedo imaginar. — Dijo con voz cansada, a la vez comenzaba a jugar con la pluma. — De verdad, Renee, ¿qué es lo que necesitas?

— ¡No pones atención! Tenemos un baile y mañana pasaré por ti cerca de las 10 para que estés lista, si no estuvieras con esos kilitos de más yo podría encargarme de comprarte el vestido como otras veces, pero ahora tengo que asegurarme de que entres en el vestido. Tu padre ya dio su permiso, así que no hay pretextos, este baile es importante, una declaración de estatus.

— Como lo es siempre — sentenció — ¿Algo más? Porque necesito terminar.

— Bueno ya que lo mencionas deberías de trabajar un poco más tu cuerpo, de verdad luces descuidada y gorda.

— Ya estoy trabajando en ello, Renee. — Se removió en la silla, contrayéndolo para hacer que su vientre se viera un poco plano, aunque seguía notándose la grasa acumulada.

Y así como había llegado se marchó sin despedirse, solo salió y azotó la puerta.

Frotándose las sienes trató de serenarse, el día estaba siendo espantoso. Al notar la hora en el reloj se dispuso a terminar su trabajo, era tarde y tenía un compromiso. Estaba guardando sus cosas luego de casi una hora de correcciones cuando escuchó su móvil timbrar, al ver de quien se trataba respondió.

— Hola, preciosa.

— Demetri — dijo con suavidad soltando el aire que tenía contenido en los pulmones. Era la primera vez en años que se alegraba de escuchar su voz.

— Los chicos vendrán de nuevo a casa, un poco más tarde ya que tienen cosas que hacer.

— Por mí no hay problema. En serio se me antoja ver esa película con una enorme copa de vino. — Le intentó dejar claro que iba solo por la película y no por nada más de lo que él deseaba.

Se despidió de él asegurando estar ahí a la hora señalada.

En menos de veinte minutos estaba a escasos metros de la entrada de la casa de los Abernathy, en ese momento y por su estado de ánimo no creyó fuera la mejor idea, apretó el volante y cerró los ojos con fuerza al ver la imagen del chico de cabello cobrizo, su indecisión se evaporó, necesitaba borrar todo y sabía la manera en que eso ocurriría. La dejaron pasar y apenas entrar vio a Demetri salir y quedarse apoyado en el marco de la puerta.

Subió los escalones que los separaban y entró quitándose el abrigo.

— Necesito algo fuerte de beber — pidió —, hoy fue un día de mierda.

Demetri la siguió hasta la estancia donde estaban los vinos, la vio pasar detrás de la barra y coger una de las mejores botellas de whisky para servirse un poco en un vaso y beberlo de un trago, seguido de otro igual. Ese comportamiento le indicó que realmente había sido un pésimo día.

— Baja un poco el ritmo — le dijo impidiendo que bebiera un tercero — en cuanto llegue Tyler tendrás lo que necesitas.

Isabella lo observó por unos segundos antes de tomar la decisión de lo que estaba a punto de hacer. Si no tenía alcohol, tampoco drogas, sabía dónde obtener su olvido. Dejó el vaso en la barra y pasó del otro lado llegando frente a Demetri.

— Creo que hoy es tu día de suerte — fueron sus palabras antes de prácticamente abalanzarse sobre él uniendo sus labios.

Como la vez anterior Demetri tardó unos segundos en darse cuenta lo que estaba ocurriendo y el significado de sus palabras, la envolvió en sus brazos pegándola completamente a él dejándola sentir su creciente erección, contrario a las veces anteriores, ella no se apartó, se pegó más a él frotándose y dejando escapar un suspiro.

Manteniéndose pegado, él caminó hacia atrás hasta que sus piernas chocaron con el sillón, Bella lo empujó haciéndolo caer y colocarse horcajadas sobre él sin apartarse sus labios y comenzando a mover su cadera sintiendo su dureza y notando como cada fibra de su cuerpo iba despertando a una serie de sensaciones de lo más deliciosas.

Poco a poco la ropa fue estorbando y la fueron apartando frenéticos, hasta que esta quedó esparcida por el suelo de mármol y solo sus cuerpos desnudos y húmedos estaban en contacto frotándose, el preámbulo fue llevándola a una vorágine de sensaciones. Para cuando sus cuerpos se unieron Bella tenía la mente completamente en blanco, solo dejándose llevar por el placer que estaba experimentando, él tiró de su cabello con fuerza hacia atrás para tener un mejor acceso a su cuello y sus pechos sensibles que la hicieron gritar cuando él tomó una de las puntas entre sus labios. No tardó nada en sentir su cuerpo contraerse y emitir un gemido aún más fuerte encajando sus dedos en la piel de sus brazos, él embistió un par de veces más hasta lanzar un gemido y dejar su rostro entre los pechos de Bella que subía y bajaba con rapidez, ella tenía que admitir que no fue un encuentro malo, incluso superó sus expectativas.

Se levantó y movió su cabello para que una pequeña brisa entrara a su nuca acalorada, sentía la mirada de Demetri siguiéndola y eso no la inmutó. Recogió cada una de las prendas de ropa y se la fue colocando hasta estar completamente vestida, esperaba que por la tenue luz nadie se diera cuenta lo arrugada que estaba y sacara sus deducciones.

Le arrojó su ropa para que él hiciera lo mismo y lo dejó en la habitación para ella ir al baño limpiarse y ponerse un poco más presentable. Frente al espejo solo el rojo de sus labios y algunas zonas cerca de sus pechos constataban lo que acababa de suceder, un retoque de maquillaje y quedó como se vería al final del día. Al regresar a la habitación Demetri la esperaba con un botellín de agua que ella aceptó y bebió de golpe.

— Y tú decías que nunca caerías — se mofó.

Isabella enarcó una ceja y se acercó a él acariciándole la mejilla.

— Y no lo hice, no me sedujiste y me llevaste a tu cama o sofá — señaló el mueble — fui yo quien lo hizo, en el momento que yo quise. Esto no es algo de qué presumir, podrás hacerlo cuando seas tú quien tenga las riendas.

— ¿Es alguna clase de reto? — Preguntó, los retos eran algo a lo que no podía decirle que no y sin duda ganarle a ella representaba la más dulce de las victorias, la tendría a ella en su cama y podría presumir que domó a la fierecilla.

Antes de que pudiera responder, un grupo de voces y risas estridentes se escuchaban por los pasillos, ya no estaban solos y era momento de actuar como si nada hubiera sucedido.

— ¿Qué hicieron durante nuestra ausencia? — Preguntó Tyler mirándonos con picardía.

— Te aseguro que nada realmente interesante. — Intervino Jessica apretando con suavidad el brazo de Demetri sin ocultar una sonrisa burlona. — Isabella no es una chica que encuentre entretenido un poco de contacto.

— Eso te lo dejo a ti, Jess, eres la experta — respondió con sorna y sonriendo con frialdad, cuando entendió perfectamente el mensaje.

Jessica sabía con quién pelear y con quién era mejor tragarse sus palabras. Las batallas debían de ser elegidas con sabiduría y Bella sin duda era una persona con la que cual no podía enemistarse, el peso que tenía era sorprendente y si la llegaba irritar podría desterrarla acabando con sus privilegios, tenerla cerca era mantener oportunidades por las que muchas matarían.

— No se niega lo que es verdad. — Se mofó Tanya.

— Mejor no hables querida, que me llevas la delantera y por mucho — contraatacó

— Todos sabemos su historial, pero no estamos aquí para discutir eso. Era noche de películas y cerveza. — Cortó Demetri ganándose una mirada colérica de las chicas.

Después de muchas cervezas, tres tazones de palomitas y de una cajetilla de cigarrillos uno a uno fueron marchándose, algunos a sus casas y otros a encontrar una fiesta de verdad. Isabella se mantuvo en el sillón con un tazón sobre sus piernas esperando a que la película terminara. Demetri volvió y se dejó caer en el sillón individual cerca de ella.

— Creo que alguien no quiere llegar a su casa.

Se encogió de hombros lanzando una palomita al aire y atrapándola con la boca.

— Tú no estarías aquí si tus padres se encontraran en casa.

— Jaque mate — aceptó Demetri. — Puedes pasar la noche aquí.

Sin ocultar una sonrisa sarcástica Bella dejó el bowl en el suelo y se giró en el sillón para verlo a los ojos.

— No ocurrirá de nuevo esta noche. — Sentenció — Aún puedes ir a unírtele a los chicos en el bar. Yo me voy a casa.

La acompañó hasta su auto, le abrió la puerta y dejó que se acomodara, al querer cerrar la puerta Bella se encontró con que Demetri no la dejaba hacerlo.

— Tal vez esta noche no ocurra de nuevo, pero sucederá muy pronto.

— Me encanta que seas tan optimista. — Se burló. — Será mejor que te sientes o puedes cansarte.

Cerró la puerta, encendió el auto y bajó la ventanilla.

— En serio, Dem, no eres lo que estoy buscando.

Tras eso se marchó viéndolo por el retrovisor. En segundos estuvo en la calle y aceleró para llegar pronto a casa, era cerca de medianoche y no le apetecía tener más problemas, ese día había sido uno de mierda. Al llegar se escabulló por la puerta de la cocina tratando de ser lo más sigilosa posible pero la luz se encendió y ella dio un salto colocándose detrás de la isla, encontrándose con su padre aún vestido con la corbata en la mano.

— Isabella.

— Charlie — dijo sin poder ocultar la sorpresa.

Sintiendo la mirada de su padre se apresuró a actuar rápido, lo que menos necesitaba era una reprimenda, sin duda esa no sería más que la cereza del pastel.

— ¿Qué haces despierto a esta hora? — Preguntó al tiempo que abría una de las puertitas de la isla y metía su bolso con el abrigo tratando de ser rápida y cuidadosa.

— ¿Acabas de llegar? — Preguntó evidentemente molesto.

— No — respondió dándole la espalda para abrir el refrigerador y coger un botellín con agua.

— Es mas de medianoche y tú sigues con la misma ropa, solo explícame porque traes esa pinta. — Señaló su aspecto con desdén, no podía negar que lucía fatal luego de la fiesta del día anterior y no dormir la noche anterior… tenía que improvisar.

— Me quedé dormida y bajé por agua — mintió encogiéndose de hombros. — ¿Quieres un botellín?

Lo aceptó y bebió casi al completo de un trago, lo vio observar el envase por largo rato girándolo entre sus dedos hasta al final levantar la vista — ¿Hablaste con tu madre? — Al obtener un asentimiento prosiguió — Creo que es importante que ambas pasen más tiempo juntas. Te has distanciado demasiado de nosotros y…

— ¿En serio, Charlie? — Preguntó tratando de ocultar su tono sarcástico. — Me mantengo en el sitio que ustedes me otorgaron, buenas noches.

Sin esperar una réplica se marchó por la escalera de servicio que era la más próxima, tenía que alejarse rápidamente. No sabía si era por el movimiento brusco de huir pero al llegar a su habitación todo pareció darle vueltas y solo se dejó caer en la cama manteniendo un pie apoyado en el suelo. Se repitió que pronto iba a dejar de preocuparse de todo, su libertad estaba cerca.

El silencio y tranquilidad de la noche, lo único que hizo fue dejar que sus pensamientos se escucharan fuertes y claros. Una serie de imágenes se instalaron en su cabeza, era lo sucedido en el día recordándole la basura que era, el rostro de su asistente al amenazarla con lo que más quería, el recuerdo de lo sucedido con Demetri le provocó arcadas obligándola a levantarse y correr al baño donde vació lo poco que tenía en el estómago. Al enjuagarse la boca el reflejo en el espejo le mostró a alguien que no reconoció, la piel pálida y los ojos tristes le hicieron girar el rostro ¿En qué se estaba convirtiendo?, ¿el horrible ser que vivía en su interior se estaba exteriorizando?

Negó con la cabeza al darse cuenta de las estupideces que estaba pensando. Con el sueño abandonándola abrió la gaveta en busca de las pastillas solo para recordar haberse tomado las últimas y no haber programado una cita para conseguir una nueva receta. Así que como última opción, solo quedaba tomar un baño en la tina con sales y el aroma desprendiendo de las velas aromáticas, esa suave esencia a vainilla la ayudaría a relajarse y poder conciliar el sueño.

Con el cuerpo sumergido en el agua tibia cerró los ojos y se deslizó hasta quedar completamente sumergida, la presión del agua en el pecho era una molestia soportable, emergió tomando una bocanada de aire y tosiendo ruidosamente. Abrió los ojos y volvió a la posición inicial. Lo suyo no podría ser ninguna alternativa tan simple que fácilmente podría ser disfrazada como un accidente, debía ser algo que atrajera los titulares, algo que no pudieran tapar con facilidad.

El tiempo no se detenía, al contrario, comenzaba a avanzar con más velocidad. Era momento de poner todo en orden. Esa sería otra sorpresa.

...


Muchas gracias a cada una por sus comentarios y una disculpa por esta enorme demora en la publicación, por situaciones personales primero de mi beta y luego mías se extendió. Pero ya estamos de vuelta.

Para las nuevas lectoras bienvenidas y espero disfruten la historia. Esperamos un capítulo por la semana e intentaremos que en esta ocasión sea otro a mitad de semana, por la gran demora.

Nos leemos

TitiC