Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.
Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.
9.- Sobreviviendo a Renée
Con un leve pero molesto dolor de cabeza se despertó al escuchar el sonido de su móvil indicando era la hora de levantarse. Lo sucedido la noche anterior vino a su mente en destellos, el día resultó ser una cadena de calamidades de las cuales ya no había marcha atrás.
Se incorporó manteniéndose unos segundos sentada al borde de la cama, cada mañana la misma sensación de vértigo la acompañaba, cuando creyó había pasado se puso de pie y dio un par de pasos, pero se detuvo al sentir como todo comenzaba a dar vueltas, intentó dejarse caer en la cama pero terminó en el suelo, su cuerpo estaba lánguido y no quería responder, así que se recostó en el suelo esperando a que todo volviera a quedarse quieto y fue hasta ese momento que se sentó.
Al escuchar a alguien llamar a la puerta intentó levantarse, pero la puerta fue abierta sin darle a tiempo a nada, así que fingió estar inclinada buscando algo.
— ¿Se encuentra bien señorita? —Le preguntó una de las empleadas de servicio.
— Tiré un pendiente, pero no tengo tiempo para buscarlo. ¿Podrías estar atenta cuando aspiren? — Le pidió aceptando su ayuda para levantarse.
La chica asintió y la observó hasta perderla detrás de la puerta del baño, la notaba cada vez peor, pero el ama de llaves le había indicado mantenerse al margen, ellas estaban ahí para ofrecer un servicio y no era bien visto que opinaran. Negando con la cabeza comenzó a poner en orden la habitación con la eficiencia y rapidez que la caracterizaba.
Una ducha de agua fría era lo que Bella necesitaba, tenía que despertar de manera urgente, cerró los ojos dejando el chorro de agua golpearla directamente en el rostro. Imágenes de la noche anterior se colaban en su mente, por eso decían que nunca digas que no harás algo porque no sabes en que momento te tragarás tus palabras. Demetri no fue nunca alguien con quien pensó acostarse, pero ayer necesitaba tanto despejarse que no le importó utilizarlo. Y resultó ser mejor de lo esperado, no se engañaba diciendo que no se repetiría, porque él estaría dispuesto a ayudarla cuando necesitara ese tipo de escape.
Le tomó un poco más de tiempo elegir qué usar, resultaba no ser un día cualquiera por la cita de compras con su madre, un vestido negro ajustado por encima de la rodilla, mangas tres cuartos, stilettos de un azul eléctrico y bolsa oscura fueron los elegidos. Puso mucho empeño en su maquillaje para ocultar las líneas oscuras bajo sus ojos y la piel opaca por las noches de desvelo entre otras cosas.
Al llegar al comedor ya estaban sus padres ahí y su madre la observó con descaro.
— Buenos días — saludó Isabella tomando asiento.
— Veo que te has vestido para la ocasión. —Soltó su madre dando su aceptación, su padre por su parte apenas separó la vista del periódico por unos segundos sin decir una palabra.
Una de las chicas dejó delante de ella: un tazón con cereal, fruta y jugo.
— ¡Isabella!, no sé por qué dices que estabas cuidándote si es claro que no lo haces. —Miró reprobatoriamente lo que le habían llevado.
— ¿Ahora qué es lo que está mal? —Preguntó fingiendo molestia cuando en realidad estaba agradecida de su queja, eso le daba la oportunidad de no comer.
— Ese cereal es…
— ¿Contenta?— Bebió solo un sorbo de jugo y se levantó.
— No me hables así, ¿quién te crees, niña?
— ¿Lo mismo de cada mañana? — Preguntó su padre irritado —Discúlpate, no debes de hablarle así a tu madre. — Sin dar verdadero crédito a lo escuchado observo a su padre, este doblaba el periódico antes de lanzarle una mirada bien conocida tomando el mensaje, se mordió la lengua y frunciendo los labios soltó un suspiro antes de ver su madre.
— Lo siento — Susurró antes de salir del comedor. Fue a su habitación a lavarse los dientes, "cálmate, solo un poco más y estarás lejos de ellos" se recordó mirándose al espejo.
Salió de sus pensamientos al escuchar su móvil, escupió el agua que tenía en la boca, se enjuagó de nuevo y salió para cogerlo, al ver que se trataba de Jessica dejó que saltara el buzón, no le apetecía hablar con ella en ese momento. Regresó a la planta inferior justo a tiempo, su padre tomaba su portafolio y la esperó con la puerta abierta.
Se irían en el mismo vehículo: la camioneta de su padre. Charlie volvió a abrir el periódico apenas se subió al auto ignorándola lo que agradecía eso le daba oportunidad de prepararse para el fatídico día que le esperaba, muchas chicas amaban salir de compras, pero ella no era como las demás y el que fuera junto con Renee, no hacía más que volver horrible la experiencia. ¿La convertía eso en una malagradecida y una terrible hija? Se respondió de inmediato que no, solo era un reflejo de lo que eran sus padres.
Al llegar al edificio ella salió sin ayuda y caminó un par de pasos por detrás de Charlie notando como nadie hacía contacto visual y parecían huir de su camino, justo como lo hacían con ella. ¿Eran tan parecidos? Un escalofrío la recorrió al darse cuenta de la horrible persona que era, el mundo no necesitaba más personas así. Se bajó en su piso sin decir una sola palabra, apenas las puertas se cerraron vio a Jasper salir de su oficina.
— Hola Bella. Te ves bien.
— Gracias. ¿Hoy no tienes compañía? — Vio por sobre sus hombros.
— No olvides que Emmett tiene una entrevista gracias a ti, Edward tenía que estar en el hospital y las chicas irían de compras junto con Esme y mi madre.
— Me lo imagino.
— Suena extraño, pero parece que a ti no te gusta eso. —La observó ladeando su cabeza, era como si intentara ver que es lo que estaba pensando, de inmediato ella endureció la mirada y él sonrió ya que era lo que esperaba. — Creo que debes de tener trabajo. Nos vemos después.
Él siguió su camino y ella hizo lo propio, vio a Megan tecleando en el ordenador y al levantar la vista para verla, su mirada era seria. Megan se levantó de inmediato, tomó su agenda y la siguió al interior mencionando las actividades del día que solo eran un par de llamadas, e indicó la reprogramación de un par de reuniones para el día siguiente.
— También un mensajero dejó eso para usted. — Le señaló una cajita con el logo de Cartier.
Bella tomó la nota solo para leer el nombre de Demetri, con eso supo que debía tratarse de algún brazalete por el tamaño de la caja, la clase de regalos que solían hacer los hombres de su posición después de un encuentro. Ella no necesitaba un recuerdo constante de lo hecho con él cada que mirara su muñeca, por pura curiosidad lo destapó viendo el brazalete de oro amarillo con diferentes piedras preciosas. Sonrió de lado al ver que todos eran iguales como si ese regalo fuera hacerla volver a su cama, ¡Dios! Ella podía comprarse los que quisiera. La cerró y la mantuvo en su mano.
— Manda a cualquier mensajero y que traiga un expreso helado y mientras llega, un vaso grande con mucho hielo. — Le pidió, Megan asintió y se marchó.
Varios minutos después bebiendo su café salió deteniéndose frente al escritorio de Megan, donde le dejó la caja de Cartier.
— Quédate con él — lo deslizó hacia ella, Megan se sorprendió y ninguna palabra parecía querer salir de su boca — Si no lo quieres al menos lo puedes vender. Te aseguro que te pagaran bien por él. Voy al piso 22 con Darren, no tardo, si se ofrece algo llama a su extensión.
Al regresar a su lugar, se trató de mantener ocupada, lo que urgía ya estaba terminado y todo lo demás solo debía de ser revisado por los diferentes departamentos. Un tenue dolor de cabeza le pinchaba la parte frontal y temía que ese dolor se convirtiera en una migraña, para prevenir tomó un par de aspirinas. Cerró los ojos y se acomodó en su silla dejando que el medicamento hiciera su magia, su momento de paz fue interrumpido por el sonido de su móvil, gruñendo abrió un solo ojo viendo el nombre en la pantalla y canceló la llamada, pero este insistió y no quedó más que responder encontrándose con una voz grave y en apariencia seductora de otro lado de la línea. Cuando Demetri le recordó la noche anterior con un par de frases sugerentes de lo que habían hecho y como ella lo había disfrutado las náuseas se apoderaron de ella.
— Se supone que es aquí cuando me derrito ante tu patético intento de sonar seductor y ruego por un nuevo encuentro para obtener una baratija — respondió con sarcasmo. — No te equivoques, Demetri, ¡yo no soy una de tus putas! — Exclamó con los dientes apretados.
— Yo no dije que lo fueras. — Aclaró dejando la voz grave de lado. — A las chicas les encanta los detalles y los esperan.
Ante tal afirmación no pudo reprimir una mueca de desagrado por el cinismo.
— Es ahí donde está tu mayor problema, Demetri, siempre me has considerado una más.
— Vamos a comer, ahí podríamos aclarar este malentendido. Pero te equivocas, nunca has sido una más.
— Saldré con mi madre de compras para la gala del fin de semana.
— Eso explica tu mal humor y hostilidad — señaló divertido — llamaré luego.
Sin esperar nada colgó solo molestándola, era un imbécil consumado y no podía esperar más de él, ni volviendo a nacer creía que mejoraría. La puerta se abrió abruptamente y solo apareció su madre impaciente instándola a marcharse. Cerrando su ordenador y firmando un par de documentos que le entregó a Megan con instrucciones de a quien entregárselos.
— ¡Isabella! — Chilló su madre deteniendo el ascensor, la chica caminó rápido entrando comenzando con el calvario.
Durante el descenso Renee hablaba de a cuales tiendas irían primero así como de con quienes posiblemente se encontrarían y criticando a un par de mujeres que eran conocidas como nuevas ricas por la suerte de sus esposos, una de ellas por petróleo encontrado en algunas de sus propiedades y otra por ganarse la lotería e invertir de manera sabia duplicando su fortuna. Al dirigirse al auto su tacón se engancho en una coladera haciéndola trastabillar y de no ser por el chofer de su madre hubiera terminado en el suelo, le agradeció y subió a la camioneta junto a su madre.
— Pensé que ya habías superado tu etapa de torpeza.
— Un tropiezo lo tiene cualquiera.
Como si no la hubiera escuchado, Renee indicó a donde se dirigían y luego se puso al teléfono con una de sus amigas riendo de algún comentario despectivo. Al llegar a su destino Renee solo apartó el móvil para indicar a qué hora debía de pasar por ellas. Se encaminaron dentro y apenas un par de pasos una chica rubia llegó a su lado saludándolas con alegría, Isabella supo que lo hacía por la excelente comisión que se ganaba con su madre quien era una de las mejores clientas. Renee cortó la llamada, apartó los lentes oscuros de sus ojos y le sonrió a la rubia.
— Samantha. Espero me tengas la selección de la que hablamos por la mañana, quiero algo espectacular, la clase de vestidos que deja sin habla y te pone en el centro de atención.
— Tengo esa selección para usted y su hija. Si me acompañan a los probadores. — Las guio a un área donde ya tenía un gran grupo de vestidos esperando por ellas.
Bella recorrió los que estaban dispuestos para ella, los observó detalladamente frunciendo el ceño demasiada pedrería y colores que no le gustaban ni eran muy favorecedores, sabía que no era elección de la vendedora, que estaba capacitada para ello, era elección de su madre, solo que esta vez no se saldría con la suya. Aprovechó que ya estaba en el probador para indicarle que es lo que ella estaba buscando y porque cada una de las elecciones que tenía para ella no era la indicada y no se molestaría ni en probárselos.
— Esta vez quiero algo más ajustado, escote o aberturas, transparencias, algo sexy sin ser vulgar ¿entiendes? — Preguntó recibiendo un asentimiento, la vio llamar a un par de chicas para que se llevaran los vestidos y las puso a buscar uno nuevo.
Mientras eso pasaba Isabella comenzó a recorrer la tienda por su cuenta. La misma sensación de mareo y languidez en las piernas, se sostuvo de lo más cercano, el maniquí no fue una gran elección al sentirlo tambalearse tanto como ella, se alejó tratando de llegar a uno de los sillones, pero la pesadez de su cuerpo se lo impidió, lo último que escuchó fue una voz lejana llamándola.
— Denle un poco de aire.
— Está muy pálida.
— Bella, nos escuchas. — Escuchaba cuatro voces algo lejanas poco a poco se hacían más fuertes, abrió los ojos encontrándose con su cabeza en el regazo de una mujer de piel pálida y cabello caramelo, se intentó levantar pero ella se lo impidió.
— Tranquila, querida, no tan aprisa. —Dijo con dulzura acariciándole el rostro.
— ¿Qué pasó? — Preguntó desorientada e incorporándose lentamente.
— Te desmayaste — sentenció una voz familiar, ahí encontró a Giselle junto a su hija y Alice. — ¿Está todo bien?
— Sí, no sé qué fue lo que sucedió.
La mujer de cabello caramelo la ayudó a levantarse y la dirigió al sillón donde la obligó a sentarse. Alice le tendió un botellín de agua y aprovechó para presentar a su madre. La mujer emanaba un aura de calidez.
— Gracias, Esme. — Le dijo con una tímida sonrisa sintiéndose avergonzada colocando un mechón de cabello detrás de la oreja.
— No tienes porqué agradecer. —Le acaricio la mejilla con dulzura. — ¿Segura que te sientes bien?
— ¡Cielos!, ¿qué te sucedió, cariño?— Renee apareció con desmedida preocupación, sin ningún tacto apartó a Esme de su lado para llegar ella y tomar el rostro de su hija entre sus manos. — Estás muy pálida.
— Ya estoy bien — apartó las manos de su madre con delicadeza sin mostrar el desagrado que sentía de tenerla tan cerca fingiendo una preocupación que no sentía.
— ¿Estás segura? —Preguntó Esme que no pasó desapercibido el desagrado de Bella ante el contacto de su madre.
— Sí, muchas gracias, Esme.
Renee centró su atención en Giselle apenas saludando a Esme que no le dio mayor importancia, se mantuvo cerca de su amiga con una sonrisa leve en el rostro. Giselle se notaba incomoda, las sonrisas forzadas y comentarios monosilábicos eran un indicativo que quería terminar con la conversación, algo que no parecía querer entender Renee. Samantha, la dependienta que las atendía, llegó junto a ellas para indicarle a Bella que tenía una selección de vestidos esperando en uno de los probadores. Se despidió de las mujeres y agradeció nuevamente a Esme por su ayuda. Siguió a la dependienta, solo al dar unos pasos escuchó a su madre despedirse e ir con ellas.
Al llegar al perchero evaluó cada uno de los vestidos, y ninguno de ellos hizo que sintiera verdadera emoción.
— ¿Le gusta alguno? —Preguntó al ver su expresión.
— Son bonitos, pero no lo que busco.
— Le mostraré otro: el vestido es muy bonito, palabra de honor con apertura lateral y en color azul medianoche. — Ella caminó de prisa por uno de los pasillos y regresó al instante con él entre sus manos.
— ¡Este es el vestido! — Exclamó Bella de inmediato sonriendo y acariciando la tela. — Me lo probaré.
Al mirarse en el espejo sonrío con satisfacción, se amoldaba a su cuerpo y por alguna extraña razón no notaba los excesos en su cuerpo, al contrario hacia parecer que tenía un cuerpo con curvas y eso lo hacía mejor. Se giró y vio de diferentes ángulos, salió del probador y le indicó a Samantha que necesitaba se ajustara de largo. La mujer que se encargaba de los ajustes llegó de inmediato y recogió el vestido a la altura deseada.
— ¿Isabella, estás segura que te llevarás ese vestido? — Cuestionó Renee con desaprobación, Bella se miró de nuevo en el espejo y asintió, su madre notaba que las miradas no serían para ella y detestaba no ser el centro de atención.
— Es precioso, Bella — Interrumpió Alice llegando a donde estaban seguida de una chica con varios vestidos entre sus manos.
— Una gargantilla y será suficiente para que acapares todas las miradas esa noche — sentenció Esme optimista.
Renee volvió al interior del probador, parecía que su vestido ya no era la mejor elección.
— Cielo, ¿en verdad te encuentras bien? — Preguntó nuevamente la madre de Alice que aún parecía preocupada. Bella se sintió extraña de que alguien la mirara con cariño y se preocupara por ella.
— Sí, Esme, creo que es por agotamiento, he estado bajo mucha presión.
— Deberías de descansar un poco, estás muy pálida. —Le tocó el rostro.
— Yo soy pálida. — Repusó haciéndola sonreír mientras negaba con la cabeza.
Esme se alejó al tener que ir a probarse los vestidos elegidos para ella, no sin antes besarla en la mejilla y pedirle que descansara, eso la dejó helada. Al tener el vestido marcado, Bella pudo volver a ponerse su ropa y entregar el vestido que aseguraron tendrían listo esa misma tarde y lo enviarían al domicilio.
Media hora más tarde, Renee al fin tenía su vestido y como era de esperarse era muy llamativo, color verde, straple, plisado en el pecho y falda en A vaporosa con una pequeña cola.
Las chicas llevaban probándose varios sin encontrar el indicado, pero contrario a lo que esperaba no parecían nada molestas, estaban disfrutando.
— Ahora iremos a buscar los zapatos. — Anunció Renee con tono autoritario, a lo que Bella solo asintió.
Se despidieron de las mujeres, Bella que estaba más lejos con solo un movimiento de mano, pero su madre de beso siendo muy notorio que a Esme fue muy superficial. Solo dio un par de pasos antes de girarse.
— Giselle, no olvides que hoy iremos al club, sería bueno que me acompañaras para que conocieras a mis amigas y comiences a relacionarte con la gente importante de la ciudad.
— Lo siento, Renée, Esme y yo tenemos otros planes. — El mohín que hizo fue completamente notorio, Bella sabía que era porque no estaba acostumbrada a que le dijeran que no y también por verse sobrepasada por Esme, solo acrecentaría su desagrado hacia la buena mujer.
— Querida, deberías de hacer nuevas amistades, recuerda que ahora eres más importante, no puedes seguir anclada en el mismo círculo. — Bella rodó los ojos por la superficialidad de su madre.
— ¿Podemos irnos? Aún hay tiendas a las que llegar y es una hora complicada — interrumpió Bella antes de que siguiera lastimando a Esme, quien claramente se veía incomoda y menospreciada por los comentarios de Renee, sin dejar de mantener una sonrisa cálida en el rostro aunque cada vez más tirante.
Renee se dio media vuelta colocándose las gafas oscuras sobre los ojos y con paso firme fue hasta la puerta, al pasar junto a su hija se limitó a gruñir un camina.
La tienda a la que se dirigían estaba a solo un par de pasos, al entrar Renee volvió a ser la misma de siempre olvidando el incidente con Giselle. Bella se tomó su tiempo eligiendo las zapatillas adecuadas y al final salió con otro par de zapatillas más, nunca eran suficientes.
Antes de ir a la joyería se detuvieron en un restaurante elegido por Renee, donde no fue una sorpresa encontrarse con varias de sus amistades y Bella se vio obligada a actuar como si disfrutara pasar tiempo con su madre. La mujer no dejaba de lanzar cumplidos y palmear su mano sonriendo con una calidez desmesurada que no entendía como las demás no se daban cuenta que era fingido. Lo único que agradeció es que estaban tan entretenidas charlando y señalando a quienes se verían obligadas a tolerar en la cena, que no se dieron cuenta de que Bella solo removió el contenido de su plato sin probar bocado, pero si bebiendo bastante agua mineral.
El resto de la tarde lo pasaron en diferentes joyerías, ahí Bella se apartó y eligió por si misma lo que usaría. Encontró una gargantilla de diamantes y otras piedras preciosas, con unos discretos aretes para no saturar el atuendo y lucir sobrecargada. Pidió se le guardaran y ella pasaría en otro momento, no quería que su madre las viera y solo le mostró otro juego más discreto que usaría para otra ocasión, su madre pensando que esta era su elección eligió algo para ella ignorando que no fuera compatible con el vestido. Bella no protestó porque en el fondo sabía que no lo usaría, el juego que utilizaría era aún más valioso, pues había pertenecido a una monarca europea, y solo estaba a la venta para clientes selectos, unos de los que no formaba parte Renee, pero si ella por su apoyo continuo y generoso a una causa altruista del diseñador.
La reunión en el club se vio pospuesta, pues se habían encontrado a la hora de comer y todas acordaron tener que continuar con las compras. Así que ya al anochecer se dirigieron directo a casa, Bella estaba agotada y le dolía el rostro de mantener una sonrisa. Renee iba al teléfono hablando de la cena como si se tratara de un evento de gran relevancia cuando había uno de esos por lo menos una vez al mes.
Un chasquido de dedos frente a sus ojos la hizo girar para encontrarse a su madre con los labios fruncidos.
— Isabella, te estoy hablando. —Demandó su atención
— ¿Qué decías? — Preguntó con desgana.
— No creas que no me doy cuenta de lo que estás haciendo. Pero ya fue suficiente de tus escenas. —Bella no dijo nada y eso irritó más a su madre. — Como siempre solo quieres llamar la atención.
— ¿Crees que eso es lo que hago? — Se defendió enfadada sin comprender lo que sucedía.
— Es más que obvio. — Apuntó levantando la voz, conociendo la tormenta que se avecinaba y lo poco que deseaba formar parte de ella saltó del auto en cuanto este se detuvo frente a la puerta de entrada. — ¡Isabella!
Tratando de conseguir distancia la ignoró, la mayoría de las veces su madre desistía cuando no la alcanzaba y solo gritaba unos minutos para después tranquilizarse, pero esta vez no fue así. Apenas había subido un escalón cuando sintió una mano cerrarse con violencia alrededor de su brazo y tiró de ella haciéndola volver sin importar que cayera, cosa que no sucedió por puro milagro.
— ¿Quién demonios te crees para dejarme hablando? — Le gruñó.
— ¿Qué quieres, Renee? — Le gruñó en respuesta zafándose de su agarre y dando un par de pasos hacia atrás poniendo distancia entre ambas.
— A mí no me hablas de esa manera. — Le dijo arrastrando las palabras y cogiendo su rostro con una mano y con más fuerza de la necesaria haciéndola fruncir el rostro de dolor — El show de hoy no se va a repetir o de verdad lo vas a lamentar.
Haciendo acopio al coraje que sentía no se amedrentó y dijo lo que realmente pesaba.
— No te confundas, Renee, yo no hago un show para que todos me miren. Yo tengo los pies bien plantados sobre la tierra. No soy como tú, que piensa que el mundo gira a mí alrededor... — una mano se estampó sobre su mejilla haciéndola trastabillar. Se llevó la mano al área y la ira emanaba a borbotones, pero se contuvo porque se trataba de su madre, a pesar de todo no demostraría ser igual a ella.
— Eres una insolente, tú no eres nada. No eres inteligente, ni agradable y mucho menos bonita, solo eres tolerada por tu apellido. Agradecida es como deberías de estar porque nosotros le damos significado a tu mediocre vida — le gritó. — Y nos pagas haciendo una escena, tratando de obtener atención mediante lastima.
— ¿Qué sucede aquí? — Se escuchó la voz grave de Charlie, ambas se giraron para ver al hombre que atravesaba la puerta y evidentemente parecía molesto por encontrarse con esa escena. Dejó el maletín junto a la mesita del recibidor y se acercó a su esposa.
— Isabella, ya no tiene límites ¡me levantó la voz! — Chilló Renee afligida acercándose a su esposo.
Charlie pasó un brazo sobre los hombros de su esposa atrayéndola hacia sí y lanzó una mirada de advertencia a su hija que desvió la suya.
— Se me está agotando la paciencia, Isabella, — besó el tope de la cabeza de su esposa antes de separarse y acercarse a su hija sin suavizar la mirada. — No voy a tolerar que continúes sobrepasando los límites, es tu madre y vas a respetarla o te vas olvidando de ese fideicomiso, la empresa y todas las ventajas que te da el apellido. ¿Soy claro?
Quiso protestar, pero se mordió la lengua. Estaba furiosa por la amenaza, no le dolía el hecho de perder todas esas cosas que al final solo se trataban de algo material, era que perdería todo por lo que había luchado y por lo que soporto tanto.
— ¿Soy claro? — Repitió con voz más grave hasta que ella asintió. Ante ese gesto de sumisión sonrió de lado — Discúlpate con tu madre.
Tragándose las ganas de gritar, levantó el rostro y dejó de apretar los puños. Algo que había aprendido en la empresa era cuando retirarse, uno debía de elegir bien sus batallas para ahorrar energía para la guerra y esta aunque le marcaba una derrota que lastimaba su ego no era el final.
— Lo siento. — Murmuró notando a la mujer sonreír con suficiencia.
Sin esperar una respuesta que en realidad no llegaría. Bella, dio media vuelta y se encaminó finalmente a su habitación con paso firme sin apresurarse para que no notaran lo furiosa que estaba. Su madre era una manipuladora y siempre encontraba la manera para conseguir que la culpa fuera de ella, lamentaba que cuando recibieran su merecido ella no estaría ahí para disfrutar su caída. Renee sería quien más lo lamentaría, era quien más perdería, dejaría de ser la madre modelo a lo que era en realidad: una impostora.
…
Muchas gracias a cada una por sus comentarios.
Para las nuevas lectoras bienvenidas y espero disfruten la historia. Aprovecho para pedir una disculpa por el retraso en las publicaciones sin avisar, haremos todo lo posible mi beta y yo para darles un capítulo por semana, en esta ocasión tendrán otro más para este fin de semana.
Gracias por sus comentarios, trato de responder a cada uno de ellos, lamentablemente con las chicas que no tienen cuenta me es imposible dejarles saber que las leo. Gracias Smedina, Mariana no abandonare la historia.
Nos leemos
TitiC
