~ future
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— Un gato. Yo definitivamente quiero tener un gato.
Otabek asintió, anotándolo en su lista mental.
— Pero para tener un gato necesitaremos la casa primero, Yura.
Se removió ligeramente y el agua de la bañera se agitó. Tomó los cabellos rubios de Yuri y estrujó el champú con cuidado.
— Una casa en el campo, con mucho verde para que mi gato pueda jugar.
Otabek sonrió. Yuri era tan adorable.
— Bien, una casa en el campo y un gato.
— Y una vaca lechera — añadió, estirando su rostro hacia atrás y mirándolo con esos radiantes ojos verdes — y gallinas para tener huevos felices y pollitos porque son lindos.
Estiró sus labios y Otabek se agachó para darle un beso a esa rosada boca.
— ¿Algo más para tu granja?
Yuri soltó una risita y él aprovechó de enjuagar el cuero cabelludo de su pareja, repasando sus dedos a lo largo de las hebras rubias.
Yuri y Otabek habían atravesado por mucho para estar juntos. Y ahora su familia se conformaba por ellos dos.
Se conocieron en la universidad y tuvieron que salir a escondidas de sus familias por largo tiempo. Cuando los descubrieron (un año después) vaya que todo se convirtió en una catástrofe. Ni a los Plisetsky ni a los Altin les hizo gracia alguna que sus hijos mayores estuvieran en una relación homosexual.
Por negarse a romper, perdieron a su familia, su hogar, su apoyo moral y financiero. Los echaron a ambos de patitas a la calle.
Otabek tuvo que dejar los estudios y comenzó a trabajar. Priorizó a Yuri para que continuara en la universidad y acabara su carrera a pesar de que el rubio hiciera pataleta en un inicio. Nikolai fue la única persona que los apoyó y que lo ayudó a persuadir a Yuri de continuar en la universidad.
Vivieron un tiempo en la casa del abuelo de Yuri, quien al morir dejó expresamente escrito en su testamento que todo lo que tenía era para Yuri Plisetsky, su nieto.
Fue una real lástima cuando el viejo murió. Yuri sufrió mucho, pero Otabek se mantuvo a su lado a pesar de las adversidades.
Se quedaron un tiempo viviendo en el hogar de Nikolai (ahora de Yuri), pero tuvieron que mudarse por cosas del trabajo y comodidad. No obstante, la casa la mantuvieron ya que ninguno quería venderla; ese lugar en donde el anciano les dio cariño y ayuda, para ellos, era algo muy significativo.
En esos momentos residían en el corazón de Moscú.
Años después, cuando la situación de Yuri fue algo más estable y comenzó a trabajar en lo que se había especializado, Otabek pudo reanudar su carrera universitaria pues Yuri dijo poder contribuir con dinero al hogar y ayudarlo con los horarios. Ya le faltaba muy poco para licenciarse.
Arrendaban un departamento pequeño y procuraban ahorrar todo el dinero posible para, en un futuro cercano, poder comprar una casa propia. Esa era una gran meta para ambos, querían con todas sus fuerzas poseer algo propio, algo ganado con sus propios esfuerzos.
Era un futuro que querían construir ellos y para ellos.
— Un auto, porque si viviremos en el campo tenemos que movernos con comodidad a nuestros trabajos y la ciudad.
Yuri se removió ansioso, volteaba a cada rato para verle la cara a Beka, hasta que no aguantó por mucho más la posición. Se paró de la bañera y se acomodó a horcajadas sobre su pareja, pegando sus torsos desnudos y apoyando sus manos en los hombros ajenos.
Otabek se resignó a no poder enjuagarle el cabello que se le pegaba a la cara y a los hombros con residuos de espuma de champú. Yuri era siempre tan inquieto.
Altin decidió descansar la espalda contra la tina y escuchó con una sonrisa cada deseo de la persona que más amaba; porque si Yuri lo pedía, Otabek estaba dispuesto a bajarle la luna y las estrellas.
— ¿Qué quieres tú? ¿quieres algo? Yo he hablado todo el tiempo.
Oh, entonces sí se había percatado de ello.
Otabek repasó sus dedos por las costillas del rubio mientras este lo veía ansioso.
¿Querer algo? Bueno, un futuro junto a Yuri ya le parecía de ensueño. Había tenido mil dudas cuando atravesaban sus momentos más difíciles y hasta en un momento le pareció que su relación no funcionaría.
Poder estar allí, planeando un futuro con Yuri, para él ya era suficiente.
— Quiero tener un hijo, ¿puedo preñarte, Yura? — bromeó.
Yuri frunció el ceño.
— Tendremos un gato, ¿no es suficiente hijo para ti?
Soltó una risa por la seriedad de Yuri y frotó su rostro contra su cuello.
— No, no quiero hijos — musitó dejando besitos en la piel blanca y suave — quiero tener luego nuestra casa. Con ese auto poder ir a visitar todos los fines de semana a Nikolai y llevarle flores — Yuri asintió y sonrió — y me gustaría poder despertar todos los días antes que tú para poder verte mientras duermes y pensar "joder, soy un maldito afortunado". Sí, definitivamente quiero eso.
— Lástima que duermes como oso y soy yo el que disfrute verte dormir — refunfuñó el rubio acariciando su nuca.
Otabek sonrió de lado y no soportó más la tentación de esos dulces labios color cereza frente a él. Se inclinó y lo besó sintiendo los brazos de Yuri rodearlo y repasando sus dedos por su espalda.
Las gotas tibias seguían bajando por sus cuerpos.
Ya habría tiempo de enumerar todos sus deseos a futuro. Por ahora, solo quería devorarle la boca y sentir su calor, regocijarse sabiendo que se amaban y que estarían juntos por largos años más.
día 20: futuro
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