Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.
Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.
Chapter 10: Cullen y Baile
Entró en la habitación y azotó la puerta. Fue directo al baño en busca de algo que pudiera tomar para tranquilizarse, pero se maldijo por no haber hecho la cita para pedir más calmantes, arrojó todo al suelo sin importar que algo se rompiera. Desbloqueó su móvil lista para llamar a Tyler y conseguir algo que la ayudara a escapar, pero no era una opción, con sus padres ahí no podría hacer la compra… luego recordó tener una pastilla.
No tardó en cogerla y tomarla, luego de un rato mayor al que recordaba comenzó a sentir los efectos. Se sentía más ligera, se colocó los audífonos y con la música al máximo se dejó envolver, cerró los ojos y comenzó a saltar y bailar. Su mente estaba en blanco y era una bendición.
Luego de que la furia se fuera evaporando comenzó a sentir que todo volvía a su sitio. No entendía como la gente podría seguir en contra de las drogas si en verdad resultaban ser un método efectivo para controlarse y conseguir mantener la cordura en un mundo lleno de tanta mierda. Cogió una libreta y fue hasta el armario donde comenzó a localizar las cosas de mayor valor. Estando en esa tarea encontró unos cuadros arrumbados dentro de su closet.
Se dejó caer en el suelo y sacó cada uno de ellos recordando el momento en que los había pintado, todos esos días de verano que se vio obligada a permanecer en el internado porque sus padres no tenían tiempo para ella. El arte era de una de sus pasiones y al descubrir la facilidad con la que conseguía plasmar todo aquello en los lienzos fue como si la tierra se detuviera, había encontrado su lugar… de nuevo estaba equivocada. Ser un artista no era un título que tuviera cabida en la familia Swan y lo abandonó para tomar otro que disfrutaba pero no la llenaba del todo, la vida era muy injusta.
Después de las once su móvil no dejaba de sonar, solo vio una vez de quien se trataba y al final terminó apagándolo. No quería hablar con nadie y mucho menos con él, al parecer no iba a permitir que eso se olvidara y quedara como un encuentro de una noche. Sin pensarlo se encontró hurgando entre recuerdos que estaban apilados en cajas y empolvados, algunas fotografías mostraban como el dinero, poder y ambición había cambiado a sus padres con el paso de los años. Los primeros años de estar en la ciudad su padre era un socio en una gran firma y a pesar de trabajar duro y hasta tarde, siempre se hacía un tiempo para la familia. Paseos en el parque, el invierno en la pista de hielo y acudir al encendido del árbol, solo eran unas de las cosas que hacían cada año. Cosas que pasaron a ser irrelevantes porque ya no encajaban en el nuevo estilo de vida.
La melancolía la invadió y se obligó a no permitir que eso nublara su juicio, esas personas ya no estaban más ahí. Cerca de las dos de la mañana el cansancio empezó a apoderarse de su cuerpo y se fue a la cama. No tardó nada en quedarse dormida y para su felicidad no soñó.
La mañana llegó antes de lo deseado, salió de la cama de inmediato, ese día tenía que salir lo antes posible si no quería encontrarse con sus padres en el comedor. Ignorando el dolor de cabeza se alistó en tiempo récord y consiguió salir.
Al llegar a la oficina no le extrañó ver mucho movimiento, no se quitó los anteojos oscuros y mucho menos saludó a nadie. Su asistente aún no había llegado, algo que no le extrañó dado que apenas iban a ser las 7:30 am, se dejó caer en la silla apoyando las manos sobre el rostro.
— ¿Srta. Swan, se encuentra bien? — Preguntó Megan extrañada al verla en su sitio a esa hora del día.
—Solo tráeme un café sin azúcar — pidió masajeándose las sienes.
Megan no demoró en llevar su pedido, Bella lo probó y miró a su secretaría que esperaba delante del escritorio con la agenda en mano. Notando el estado de Bella, Megan solo suspiró y evitó el contacto visual.
— ¿Desea que repasemos los compromisos del día justo ahora o más tarde? — Preguntó con cautela. Al recibir un asentimiento, abrió la agenda y le indicó cada una de las actividades del día. Bella tomaba nota mental de cada una, al descubrir tener horas disponibles decidió aprovecharlas.
Para mediodía luego de cubrir todas sus actividades abandonó la oficina diciendo tenía que atender asuntos personales, pero se mantendría disponible por si algo se ofrecía. Su primera parada fue su departamento. Al llegar se encontró con las puertas abiertas y gente moviéndose de un lado al otro, se detuvo en el mismo lugar que cuando lo vio por primera vez encantada con el trabajo realizado, aún le faltaban detalles, pero lo que ella quería estaba justo ahí.
— Lo siento, pero no puede estar aquí — le indicó una rubia con el cabello recogido y el móvil en la mano.
— Puedo — le mostró las llaves a la chica que nerviosa se acomodó las gafas bien sobre el puente de la nariz.
— ¿Srta. Swan? — Al recibir un asentimiento se frotó las palmas contra el pantalón y le extendió una de ellas. — Es un placer conocerla, me llamo Mady y soy la ayudante de Patrick, lamento…
— No importa — respondió estrechándole la mano. — Si no te importa quiero echar un vistazo.
Como era de esperarse le permitió revisar cada rincón manteniéndose cerca de ella apuntando los detalles que faltaban en cada una de las estancias. Bella se reservó su entusiasmo porque de verdad para su cumpleaños ella podría mudarse sin ningún problema. Dejando que continuaran con su trabajo se marchó a la tarea que estaba postergando desde algunas semanas, era el momento de ir quitando pendientes de la lista.
Luego de un par de minutos en el tráfico se detuvo frente al edificio de sus abogados. A penas entrar la recepcionista la recibió con una gran sonrisa.
— Quiero ver al Sr. Hoffman — pidió, la recepcionista se comunicó con la asistente que le indicó la recibiría.
Al salir del ascensor una mujer madura la esperaba y la acompañó hasta la oficina del director de la firma.
— Lamento presentarme sin avisar y agradezco me reciba.
— Sabes que nunca es un problema, dime en que puedo ayudarte — preguntó volviendo a su sitio.
Bella cerró los ojos por un momento antes de extraer un par de hojas de su bolso y un par de sobres sellados.
— Quiero redactar un testamento dejando en claro quiénes serán los beneficiarios de cada uno de mis bienes — el hombre no pudo ocultar su sorpresa, era tan extraño que una mujer tan joven pensara en ello, recibió las hojas revisando de manera superficial — Prefiero tener todo en orden.
— No negaré que es una petición muy inusual, jamás imaginé que esta visita se tratara de esto.
— Y requiero que sea manejada con discreción, que usted sea el único involucrado; los sobres deberán permanecer sellados y solo entregados en el momento indicado. — Apuntó — la redacción es solo un preliminar, quiero que sea claro e irrevocable.
— ¿Hay alguna razón por la que tomaste esta decisión?
— Prevención. Nadie nos garantiza despertar el día de mañana y quiero tener todo en orden. Todo lo que está ahí son cosas por las que yo he trabajado y que deseo pasen a las manos adecuadas. — Suspiró — espero pueda tenerlo lo antes posible, no me importa el costo. — Le deslizo un cheque sobre el escritorio con una suma similar a la de otros trabajos ya realizados con premura.
— Lo revisaré con detenimiento e intentaré tenerlo listo para la semana próxima. Dado el hermetismo con el que te estás conduciendo esto, no lo manejaré por correo y te citaré para que revises el borrador antes de pasar el documento ante el notario y quede validado.
— Me entendió perfectamente. Espero tener noticias suyas a principios de semana. — Se despidió levantándose, estrechando la mano del hombre y saliendo.
En el ascensor se pegó a la pared y cerró los ojos, al final no había resultado tan complicado. El hombre sabía en pocas palabras lo que se le pedía y estaba dispuesto a colaborar sin hacer demasiadas preguntas, él trabajaba con muchos empresarios de la ciudad y apostaba que no era la única en hacer esa petición, los más cautelosos los tenían y claro, los que como ella, estaban preparándose para lo inevitable.
Aprovechando estar cerca, condujo hasta la joyería. Al entrar de inmediato el hombre que la había atendido el día anterior se acercó con una enorme sonrisa y la guio hasta una habitación donde ya anteriormente ella había estado para que le mostraran algunos pendientes o gargantillas de los más nuevos o también de lo más caro. Todas las piezas estaban en vitrinas de cristal en las tres paredes de la habitación iluminadas por luz tenue que las hacia resplandecer.
El hombre extrajo una bandeja de una de las vitrinas de la derecha y la dejó en la mesita delante de ella para que la observara de nuevo detenidamente. Bella pasó la yema de los dedos por encima de las piedras blancas, amarillas y rosadas que lo salpicaban.
— El Sr. August estuvo maravillado de que esta pieza quedara en sus manos — señaló el vendedor refiriéndose al diseñador de la gargantilla. — Dijo que será todo un honor ver esta pieza en una mujer tan hermosa, y que se preparara para acaparar todas las miradas.
— Estoy preparada para los reflectores — apuntó con una media sonrisa — Puede decirle que es él quien debe de prepararse, esta pieza estará en portada de una gran revista y como siempre, esa publicidad es un regalo.
Con su compra resguardada en una caja de terciopelo rojo la introdujo en su bolso y se despidió del vendedor. Miró su reloj notando aún tenía unas horas antes de dirigirse a su siguiente compromiso. Caminó por la acera con total tranquilidad, le gustaba disfrutar de esos momentos entre el bullicio sin ser reconocida, en momentos amaba ese anonimato, en otros le encantaba ser el centro de atención.
— ¿Bella? — Al escuchar una voz familiar Bella se detuvo y saliendo de una tienda de trajes se encontraba Alice con una gran sonrisa. Bella se acercó a ella y no le sorprendió que Alice la abrazara, una efusividad a la que Bella no se acostumbraba. — Cuando te vi por el cristal no estaba segura de que fueras tú. Hoy saliste temprano del trabajo.
— Tenía un par de cosas por hacer — se encogió de hombros y reacomodó el bolso sobre su hombro.
— Venimos a recoger el traje de los chicos — señaló el interior de la tienda, sin poder evitarlo Bella echo un vistazo, viendo a tres hombres de pie frente a un espejo, el grandulón era el único que se movía de un lado al otro como tratando de encontrar su mejor ángulo. Al sentir la mano de Alice sobre su brazo la hizo volver su atención a ella — ¿Cómo te encuentras?
Esa pregunta le pareció un poco extraña y luego recordó que ella había estado ahí, cuando tuvo su lamentable incidente que ocasionó una pelea monumental con su madre.
— Como nueva — mintió con una sonrisa — debió de ser agotamiento y una mala hidratación, no he estado bebiendo suficiente líquido.
No muy convencida, pero sin confrontarla Alice aceptó, tomó su mano y tiró de ella.
— ¡Vamos! Mi padre muere por conocerte y sé que a los demás les dará gusto verte.
Bella opuso muy poca resistencia, en el fondo supo que era por la idea de ver a Edward. Aún no entendía qué era, pero algo tenía que la hacía sentir diferente lo que le gustaba y al mismo tiempo le asustaba. Al entrar uno de los sastres mayores la saludó con amabilidad, era el encargado de los trajes de su padre.
— No adivinarán a quién me encontré — anunció con voz cantarina haciendo a todos girarse.
Esme que estaba sentada en uno de los cómodos sillones salto de su sitio y la envolvió en sus brazos, en ese momento entendió Bella porque Alice tenía esa costumbre, para ellos era algo normal saludar a los demás con esa efusividad.
— Hola, Bella, ¿cómo estás cariño? — Le preguntó apenas separarse para verla a los ojos con dulzura.
— Muy bien, gracias.
— Así que tú eres la famosa, Bella — pronunció el hombre rubio que no podía moverse por tener a un sastre trabajando en su pantalón. Bella se acercó y le tendió una mano, el hombre se la estrechó con una sonrisa radiante.
— No sé si famosa, pero si soy Bella. Usted debe de ser el nuevo director del hospital Central de NY.
— El mismo, pero tu llámame Carlisle. — Le dijo con un guiño.
Bella sonrió y giró el rostro para encontrarse con unos ojos verdes que la observan con detenimiento y una sonrisa torcida.
— Bella.
— Edward — respondió ella tratando de imitar su tono monótono y sonrisa torcida.
— Cuanta formalidad — sentenció Emmett acercándose a ella y levantándola del suelo dando un par de vueltas tomándola por sorpresa. Al dejarla de nuevo en el suelo tomó su rostro entre sus grandes manos y le dio un beso en la frente. — Muchas gracias.
Tras unos segundos de aturdimiento, Bella comprendió a lo que se refería y sonrió abiertamente antes de darle un golpe con el puño en el pecho muy cerca del hombro.
— ¡Lo conseguiste! — Sentenció con alegría genuina.
— Te dije que era muy bueno.
— Pero no confiabas en ti. Tuve que darte ese empujoncito — señaló ella son sorna — Me alegro que lo hicieras.
— ¿Te hace falta algo? ¿Necesitas ayuda? — Intervino Alice alegre ante la idea de pasar más tiempo con Bella para demostrarle que no eran un fastidio total como al parecer los consideraba.
— Ya lo tengo todo — palmeó su bolso con una sonrisa. — Solo recogí el último detalle y pasaba el tiempo antes de acudir a una cita en SOHO.
— ¡Estoy emocionada de la fiesta de mañana! — Apuntó Alice realmente entusiasmada.
Bella le sonrió, mientras incomoda luchaba con su interior de cómo decirle las cosas sin arruinar su visión. Bella se reacomodó el bolso y suspirando vio directamente a Alice.
— No quiero que pienses que digo esto con el afán de arruinar tu noche. — Le dijo notando como Alice asentía y esperaba que ella continuara, al sentir que todos la observaban se mordió el labio. — La sociedad neoyorquina la pintan de una manera un tanto diferente, más color de rosa. — Apuntó — Lo cierto es que hay demasiada gente falsa y muchas van a querer aplastarte apenas conocerte y no por que hagas algo malo, será simple placer. Lo que digo, es que no esperes ser recibida con los brazos abiertos, son crueles y debes de ser muy cuidadosa de a quien permites que se acerque. Es un juego de poder.
Alice borró la sonrisa por unos momentos y asintió, Bella le tocó el brazo y le sonrió levemente.
— Lamento desilusionarte, pero creo que eres una chica genuina y no advertirte es como lanzar un corderito a los lobos. No te estoy subestimando, aunque así lo parezca, solo quiero que sepas a dónde vas a meterte, a donde van a meterse. — Terminó viendo esta vez a Esme. — No todos son lo que aparentan.
El silencio se sintió incomodo, Bella creyó haber hablado de más, pero algo en su interior no le permitía no advertir a ambas mujeres donde se estaban metiendo en realidad, esa noche mucha gente se acercaría a ellas y debían de estar preparadas a que no todas irían con las mejores intenciones, ahí se harían de muchas adversarias sin ellas proponérselo.
— Tú por ejemplo — señaló Emmett quitándose el saco y deteniéndose contrariado al notar como todos lo observaban y no de una manera amigable. Fue la risa de Bella que quitó tensión.
— Buen ejemplo — le guiñó un ojo — soy peor de lo que puedes imaginar.
Se acercó a ella con una sonrisa petulante. — Te gusta alardear, pero eres una oruguita. —al ver el rostro sorprendido y enfadado de la chica soltó una carcajada y la abrazo.
Edward sintió una punzada de celos al ver como ambos parecían bromear y Bella no se molestaba en realidad por los comentarios de su hermano, mientras que con él mantenía sus reservas.
— ¿Si tienes tiempo, nos acompañarías a recoger unas cosas de mamá? — Preguntó Alice con voz cantarina.
Bella miró su reloj y asintió aclarando que solo disponía de una hora. Esme decidió dejar a los chicos ahí y encontrarse más tarde. Bella se despidió de todos, dejando al final a Edward quien aprovechó que todos estaban un poco distraídos para tomar suavemente la mano de Bella.
— Gracias por advertirles a Alice y mi madre — apuntó con un apretoncito en la mano, ese simple gesto lanzó una descarga en el cuerpo de Bella. — Si tu compromiso no te lo impide, ¿me acompañarías a cenar?
Bella sintió un revoloteo en su interior y no pudo más que fruncir el ceño.
— Lo lamento, mi compromiso tiene hora de inicio, pero no sé a qué hora terminará. — Se encogió de hombros.
— En otro momento será.
— Sí — fue lo único que pudo decir apartando la mano de la de él. La sesión no iba a demorar demasiado, o eso le habían dicho cuando aceptó. Quería aceptar, pero debía de mantener las distancias, estaba resultando ser más peligroso de lo esperado y él no se merecía lo que ella podía ofrecer.
Las chicas abandonaron la tienda y se dirigieron a recoger unas zapatillas para Esme que a Bella le encantaron, luego la convencieron de ir a un café donde ella solo compró un botellín de agua y las dejó cuando ellas se disponían entrar a una tienda de lencería.
— Nos veremos mañana, cariño. — Se despidió Esme con un abrazo igual que Alice.
Se alejó con paso rápido hasta su auto, se demoró un poco más en llegar al lugar de la cita. El estudio estaba bien iluminado y apenas entrar la coordinadora puso a su gente a trabajar para realizar la sesión.
Bella se dejó hacer, no era algo nuevo para ella el ser maquillada, peinada y recibir un par de instrucciones acerca de cómo se realizaría. De nuevo no podía esperar para ver a su madre cuando descubriera lo que estaba haciendo, la envidia la carcomería.
Cerca de las once llegó a casa, al encontrarse a su padre en la cocina la hizo paralizarse, pero él hombre se limitó a un saludo de buenas noches y dejarla sola en el lugar. Bella respiró tranquila y fue hasta su habitación, el día había resultado extenuante, pero mejor de lo esperado. Un día verdaderamente duro estaba por llegar.
El amanecer llegó antes de lo esperado, pero no se encontraba cansada. Sabiendo que debía de ir a la empresa por unos clientes y regresar justo después del mediodía para preparase, se levantó y comenzó con la rutina.
Casi al salir de casa se encontró a su madre en el recibidor rumbo al comedor, la mujer se detuvo.
— Margaret llegará después de las dos, para esa hora debes de estar duchada y lista para que comiencen a arreglarte. — Le indicó.
— Volveré después del mediodía, hay juntas que no puedo delegar. — Dijo mirando su reloj.
— ¿No desayunaras?
— Haré que me consigan algo en la empresa. — Volvió a mirar su reloj. — Es tarde y no hay tiempo que perder. No queremos hacer esperar a la maquillista — dijo sarcástica saliendo de la casa.
Las horas en el trabajo pasaron en un abrir de ojos, y estando sentada junto a su madre mientras la maquillaban deseo estar en otro lugar. Su madre hacía alarde de su completa banalidad. Bella se veía obligada a asentir y sonreír solo para evitar una discusión pasivo-agresiva. Escuchó una y otra vez chismes de todas las mujeres con las que su madre tenía una amistad, sonrió a sus adentros al escuchar la opinión de ella con otras sobre los rumores que envolvían a los hijos de un senador respecto a fiestas llenas de excesos.
No lo podría disfrutar en su momento, pero estaba imaginando como sería el caso de su madre.
Cinco minutos antes de salir rumbo a la fiesta, Bella ya estaba lista. Bajó las escaleras con cuidado de no pisar el vestido con la cabeza bien alta y solo una mano deslizándose suavemente por la baranda. Al final de la escalera estaba su padre acomodándose las mancuernas, al verla su rostro de sorpresa lo dijo todo. Bella trató de no mostrar que se había dado cuenta de ese pequeño lapsus.
— Luces muy bien — dijo su padre. —Ves, deberías de salir más a menudo con tu madre.
Solo pudo sonreír asintiendo aun cuando por dentro una rabia la comenzara a carcomer, si por su madre fuera ella estaría envuelta en el vestido más horrendo, pero claro de diseñador. El sonido de las zapatillas contra el mármol los hizo girarse a ambos. Renee se veía tan bien como siempre y para gusto de Bella lucía demasiado cargada, pero ella no iba a opinar en eso. Al llegar junto a ellos hizo un mohín y se acercó a Bella mirando la gargantilla.
— ¿Y los accesorios que había elegido?
— No iban con el vestido, en cambio estos — se tocó la gargantilla — crean la armonía perfecta.
— Después podrán discutir por los accesorios, debemos de llegar a la gala — Charlie extendió su mano para tomar la de su esposa y Bella salió detrás de ellos, con una alegría bailando en su interior.
Esa noche era un gala de beneficencia de las más importantes de la ciudad, por lo que los medios estaban ahí apostados por las celebridades que asistirían esa noche. Al detener el auto Bella suspiró y se preparó para lo que se avecinaba. Apenas salir escuchó su nombre y las luces de los flashes la cegaron, ella se movió con cautela para no caer sin dejar de sonreír y posar para las fotos, algunas en solitario y otras junto a sus padres. Renee parecía no querer avanzar y estar disfrutando de toda la atención, pero Charlie la obligó a caminar de una manera muy sutil.
Al entrar en el lobby del recinto, se detuvieron cada par de pasos para saludar a sus conocidos. Bella se mantenía un par de pasos por detrás de sus padres y no hablaba a menos que se dirigieran exclusivamente a ella. Lo mejor resultó ser cuando cada una de las mujeres no dejaban de admirar su gargantilla y Bella anunciaba de que diseñador era la historia detrás de ella, haciéndola aún más valiosa y codiciada. Finalmente fueron conducidos a su mesa, donde no les extrañó encontrarse con ella llena, solo los espacios de los tres disponibles.
Una sonrisa de lado se formó al ver como Edward parecía tener dificultad de tragar con solo verla. Renee se adelantó y saludó con demasiada efusividad a Giselle, mientras a Esme fue más seca, los besos fueron lanzados al aire e ignoró a los tres chicos, pero eso sí, su atención se centró en Carlisle que solo intercambió un par de palabras con ella y se volvió hacia Bella a la que besó en la mejilla con una simpatía que no le agrado a Renee.
— He escuchado cosas muy buenas de tu trabajo, Carlisle — fue el saludo de Charlie estrechando su mano. — Muchos hablan de tu tenacidad y talento para llevar las riendas del hospital.
— Solo intento conseguir un cambio para el bienestar de los usuarios, eso conlleva tiempo pero estoy seguro en poder hacer que el hospital sea uno de los mejores del país.
— Y lo conseguirá, no por algo lo contrataron. — Señaló Charles con orgullo levantando la copa hacia su amigo.
Charlie movió las sillas para que ambas se sentaran, pero Renee negó con la cabeza. Tomó la mano de Bella y le indicó irían a saludar a una de sus amigas, la rubia era en realidad una de las mujeres con las que más competía y en ese momento iba para dejarle ver de cerca que su elección como siempre era más acertada.
Tras regresar a su mesa, Charlie apartó la silla para su esposa y Jasper que era quien estaba a un lado de Bella hizo lo propio con ella. Charles siguió con lo que estaba hablando antes de la interrupción manteniendo un ambiente sereno, aunque no por mucho. Renee no dejaba de saludar con movimientos de mano a todos sus conocidos y lanzando comentarios a Giselle de quienes eran y porque debería de conocerlos.
—De verdad, Giselle, deberías socializar más con esta gente, son los más importantes de la ciudad.
— Gracias, Renee, conozco a la mayoría, pero aún no me siento muy cómoda en este nuevo circulo.
— Tonterías, iremos un día de estos al club y verás como cambias de opinión. Estarás como un pez en el agua.
— En algún momento deberemos de hacerlo ¿o no Esme? — Preguntó Giselle a su mejor amiga, Renee tuvo que fingir una sonrisa, aunque haría todo lo posible porque resultara ser una experiencia muy desalentadora.
— Claro, será aún mejor si son ambas — sonrió, Bella solo negó al escuchar a su madre murmurar por lo bajo; la mujer bebió un sorbo de su copa y se giró hacia su hija. —Isabella, Jessica aún sigue saliendo con Newton
— Aún.
— Se ven tan bien juntos, no entiendo porqué tú no has tenido un novio estable.
— No tocaré ese tema aquí madre.
— ¿Renee? — una voz las interrumpió.
Renee se levantó maravillada de encontrar a una de esas pocas mujeres que eran cercanas de verdad, la mujer era esposa de un senador y recientemente se habían mudado a Washington para la carrera de su esposo en el capitolio. Cuando la mujer reparó en Bella, ella se levantó.
— ¿Pero qué te has hecho? Cada día luces más hermosa, aunque has adelgazado muchísimo de la última vez que nos encontramos ¿hace mes y medio? — Preguntó.
— No es demasiado en realidad, pero la belleza le viene de familia — intervino Renee señalándose a si misma.
Bella no pudo evitar fruncir los labios por las falsas declaraciones de su madre, no entendía como podía ser capaz de mentir con esa facilidad. Una carcajada de los miembros de la mesa la hizo salir de sus pensamientos y despedir a la mujer para poder volver a tomar su asiento.
Emmett se disculpó, pero no demoró demasiado en ser quien tomaba de nuevo la palabra, habló de su nuevo trabajo en la firma, Charlie se sorprendió un poco pero no dijo nada al respecto, solo atinó a mencionar que debía de ser bueno o de lo contrario la firma no lo hubiera contratado. Tras ese comentario el ambiente se tensó un tanto; sus padres comenzaron a hablar entre ellos, mientras los demás hacían lo mismo. Bella se mantuvo callada y con la vista baja, no le sorprendía verse excluida por los comentarios desatinados de sus progenitores.
Al levantar la vista se encontró por primera vez con los ojos de Rosalie, quien enarcó una ceja y con una sonrisa burlona dio a entender que le encantaba verla fuera de lugar. La música comenzó a escucharse, algunas parejas no necesitaron más para levantarse y empezar a moverse en la pista. Los Cullen, seguidos de los Hale se unieron a los que estaban en la pista, sus padres no se quedaron atrás seguidos de los chicos, al final solo ella y Edward quedaron en la mesa.
Bebiendo el contenido de su copa Edward se puso de pie llegando junto a ella le tendió una mano.
— ¿Bailas?
— En realidad no lo hago muy bien — mintió
— Prometo no pisarte — insistió.
— Pero yo no puedo prometer lo mismo — suspiró tomando su mano y dejándose guiar al centro de la pista.
Edward tomó una de sus manos y la otra la dejó en su cintura, cuidando de mantener una distancia prudente entre ambos.
— Te ves muy hermosa esta noche, opacaste a todas la mujeres de este salón — le dijo finalmente sin dejar de moverse con soltura.
— Creo que estás siendo exagerado en cuanto a que opaqué a todas las mujeres esta noche.
— No te ves en realidad, Isabella.
Cerró los ojos y se dejó guiar por él, quien sin ningún problema la guío en el par de canciones que bailaron. Hablaron un poco y dejó escapar una que otra sonrisa por los comentarios simples y no malintencionados de algunos de los bailarines. Sin poder evitarlo observó a Rosalie que se movía con delicadeza en los brazos de su novio, ella llevaba un vestido rojo cereza ajustado a sus curvas, levantando bastantes miradas lo que no parecía importarle en lo más mínimo. No muy lejos de ahí en una mesa, Demetri no podía apartar la vista de ella con los celos a flor de piel, la sonrisa y la complicidad con la que interactuaba con su pareja de baile no le agrado ni un ápice, era una manera en que jamás se comportaba con él.
— Creo que debemos de volver — le dijo al oído al acabar la melodía y notando como las parejas se iban encaminando a sus mesas al ser el momento de servir la cena.
Bella se encaminó a la mesa en un gran dilema, no sabía cómo iba a conseguir no probar bocado. Lo primero fue una crema de calabaza, todos comenzaron a comer y ella solo pudo remover el contenido con la cuchara forzándose a levantarla para llevársela a la boca, pero eso no ocurrió. Un ligero golpecito llamó su atención, al girarse a su lado derecho se encontró con la vista de su padre que le indicó comiera, solo levantó la cuchara y comió un poco. El sabor era bastante bueno, y su estómago se contrajo. Se llevó la servilleta a los labios tratando de ocultar una arcada.
Sin poder evitarlo dejó la cuchara dentro del plato y bebió un sorbo de agua. Con las arcadas aún presentes se disculpó levantándose y dirigiéndose fuera del salón. Llegó a un pasillo tenuemente iluminado, y se detuvo sosteniéndose de una mesa antigua respirando profundamente para controlar las ganas de vomitar presentes.
— ¿Qué está sucediendo? — Escuchó una voz aguda detrás de ella. Su madre la había seguido y la miraba con molestia.
— Solo necesito un momento, no me encuentro bien. — Pidió apenas mirándola sintiendo las arcadas ir cediendo.
— Estás dando un espectáculo, con esa salida tan teatral — le recriminó cogiéndola del brazo y tirando de ella. — Regresa ahora.
—Ya te dije que necesito un momento — repitió
— Lo que necesitas es entender que tus juegos se acabaron, vas a volver y ser una compañía agradable — tiró de ella con más fuerza, Bella se resistió un poco, pero terminó cediendo cuando comenzó a sentirse mareada, con su mano libre tomó la de su madre que apretaba su brazo.
— No me siento bien — repitió respirando un par de veces de manera profunda y tratando inútilmente de sostenerse de algo que no fuera su madre.
Renne se alarmó al sentir como ella dejaba de poner resistencia y el color iba desvaneciéndose, antes de poder entender lo que ocurría la vio desvanecerse y en vez de cogerla soltó el agarre dejándola caer.
— ¡Isabella! — exclamó una voz dirigiéndose hasta ella apartando de una manera nada delicada a Renee que no reaccionó.
Edward había salido al tener un presentimiento extraño, al dar la vuelta en el pasillo solo vio el momento en que la chica se desvanecía y la mujer se quedaba paralizada. Se arrodilló junto a Bella para tomar el pulso y al notarlo disminuido pero presente la levantó y se dirigió a donde uno de los meseros que pasaba por ahí quien le indicó a donde podía llevarla.
Renee los siguió agradecida en el fondo de que nadie se daría cuenta de lo ocurrido. Antes de que el mesero saliera de la habitación lo detuvo y le indicó no decir una sola palabra de lo que estaba ocurriendo. Se acercó hasta donde estaban tratando de parecer preocupada. Edward la llamaba con suavidad y le acariciaba el rostro para hacerla reaccionar sin conseguir ningún cambio.
— Creo que deberías de ir a buscar a un doctor, tu padre sería una buena opción.
— Soy cardiólogo — señaló Edward lanzándole una mirada helada. El mesero regresó con un botiquín, Edward cogió alcohol y se lo colocó cerca de la nariz respirando aliviado al ver como ella fruncía el ceño ante el olor fuerte, sus ojos se fueron abriendo poco a poco.
…
Muchas gracias a cada uno por sus comentarios. Para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia. Esperamos un capítulo por la semana o en algún momento es posible que sean dos.
Nos leemos
TitiC
