~ friends to lovers

Para nadie era extraño que Yuri y Otabek tuvieran una muy buena química natural. Parecían entenderse sin palabras, pensaban muy similar, sus gustos eran parecidos y el cariño en ellos nacía de forma tan profunda y desinteresada que para sus amigos era normal verlos mirarse con los ojitos brillantes y cosas por el estilo.

— ¿Son novios o qué? — solía preguntar Mila con un deje de gracia en la voz.

— Somos amigos — siempre aclaraban los dos.

Se acoplaban bastante bien, el carácter explosivo de Yuri y el carácter pacífico de Otabek era como personificar el yin y el yang, el uno no podía ser sin el otro; e incluso ver a uno sin el otro resultaba extraño.

Para todo eran Yuri y Otabek y Otabek y Yuri. Jamás solo Yuri. Jamás solo Otabek. Siempre juntos.

— Dejen de abrazarse, me da náuseas verlos tan acaramelados — decía la hermana de Beka cuando los veía demasiado juntos para todo.

— No porque seas una solterona vengas a molestarnos, bruja — le respondía Yuri sacándole la lengua.

O también:

— ¿Cuándo es la boda? — les preguntaba Jean, sin soltar la cintura de su novia, Isabella.

— Cuando pierdas la virginidad — le molestaba Otabek, disfrutando de la risa de Yuri y del sonrojo de sus amigos que habían prometido no perder la castidad hasta años más tarde cuando se casaran ante los ojos de Dios.

Fuera de ello, ni Yuri ni Otabek, ninguno de los dos se atrevía a dar el paso porque era cómodo ser amigos. Sería lo máximo ser pareja, ¡qué dupla harían!, pero ¿cómo se pasaba de la amistad al noviazgo? Decirlo sonaba tan fácil, pero hacerlo... no tanto.

¿Acaso temían ser rechazados por el otro y dañar tal preciado vínculo que tenían? En parte, sí, pero también ambos eran unos vergonzosos cuando se trataba de temas serios como su obvio enamoramiento.

A Yuri le gustaba sentir el cuerpo más grande que el suyo abrazándolo por la espalda, le encantaba cuando Otabek le sonreía, amaba todo el tiempo que estaban juntos. Se sentía derretir cuando su mejor amigo le acariciaba el cabello o el rostro.

A Otabek le encantaban las manos más pequeñas que las suyas y siempre tibias de Yuri, cuando fruncía el ceño por cualquier cosa o cuando sus ojos centelleaban al hablar de cada locura que hacía su gata, reírse juntos de memes estúpidos o simplemente tomar siestas toda la tarde.

Las miradas cómplices que se entendían a la perfección, el apoyo físico y moral que se brindaban, las sonrisas tácitas que completaban la gracia del otro, la confidencia bajo siete llaves que compartían, las veces que se habían visto llorar y sabían exactamente qué hacer para consolar al otro, cuando a veces terminaban la frase del otro y se miraban exclamando un "¡sí, eso!", el pilar fundamental en la vida del otro para poder sonreír cada día. Pocas veces habían discutido, pero todo por nimiedades, su lazo era tan sólido y profundo que, a pesar de que Yuri gritara en un inicio, siempre terminaban por conversarlo con calma y su reconciliación se volvía inevitable.

Si aquello no era amistad en su más puro estado, entonces no tenían ni idea de por qué demonios el destino los había juntado y creado tal conexión entre ellos.

No obstante, para ambos la necesidad creciente de ser amados en un escalafón más alto para el otro era irremediable.

Últimamente los minutos se estaban volviendo crueles. Otabek no podía soportar la cercanía del rostro de Yuri sin poder pegar la vista en sus labios rosados y Yuri se contenía apenas de agarrarle el rostro a su amigo y robarle hasta el último aliento.

El punto de estallido fue una tarde que rozaba el anochecer, ambos estaban en la cama de Yuri escuchando el nuevo disco de la banda favorita del rubio (tercera favorita de Otabek).

— No lo sé, Yura — le dijo el chico revisando su móvil — la primera balada del disco es buena, pero la segunda -esta- es aburrida, siento que me quedo dormido.

Yuri brincó de la cama, indignadísimo, y se acuclilló inclinado hacia su mejor amigo.

— ¡¿Pero qué dices?! — exclamó — ambas son buenísimas.

— Pero escucha el bajo de esta — y aguardó unos segundos, aguantando la risa por la cara de Yuri que negaba con rostro de "¡estás tarado!" — el bajo va más lento, ni se escucha, la voz del cantante es muy suave, parece un susurro.

Yuri sonrió nervioso, sintiendo el sonrojo en su cara.

— ¡Oh, Altin, te estás ganando unos golpes!

— ¡Solo digo lo que pienso!

Yuri le picó las costillas, la gran debilidad de Altin que se removió como si lo estuvieran matando, incapaz de contener la risa cuando el rubio se le montó y le apretó las costillas de tal modo que bien parecía un gusano azotándose contra la tierra.

Intentó quitarse a Yuri de encima, pero era incapaz, las cosquillas siempre lo habían dejado sin aliento y la desesperación que sentía lo ahogaba en una risa insoportable. Sintiendo el peligro a flor de piel, en un último intento, pasó las manos bajo la camiseta de Yuri y rasguñó directamente sus costillas.

Otabek apreció bajo sus manos la piel cálida de su amigo, suave y tersa, siendo apretada por sus dedos.

Yuri dio un grito, intentando bajarse la ropa y echándose a un lado, ahogando su risa con la almohada.

Altin se separó para recobrar la respiración. Yuri había dejado todo su torso sensible.

La maldita y aburrida balada seguía sonando de fondo.

Yuri mantenía la mitad de su cuerpo todavía sobre el suyo y se reía contra la almohada.

Volteó a verlo y vio que el rubio lo imitaba, una bonita sonrisa adornando sus labios.

Mierda, era tan bonito.

— Te quiero.

— Yo también te quiero, Beka.

— Pero yo te quiero aún más — aseguró en un susurro.

Yuri sonrió y se acercó unos milímetros más a su rostro.

— Ah, ¿sí? No te creo.

Altin imitó el gesto y se acomodó mejor. Tenía la tibia respiración de su amigo sobre sus labios.

— Es verdad, Yura.

— Yo te quiero más y sabes que no te conviene competir contra mí.

Altin negó con la cabeza.

— Te aseguro que esta vez yo gana...

— La canción era para ti — soltó Yuri de pronto.

Otabek tuvo un colapso mental de dos segundos antes de entender perfectamente a lo que se refería Yuri, quien se había puesto rojo hasta las orejas. Y no dudó en que él también debía tener el mismo color.

— ¿Q-Qué?

Yuri sonrió nervioso.

— La estúpida y aburrida balada era para ti — admitió apenado, rodando los ojos.

La balada.

OH, MIERDA.

La misma balada con la que dijo podría quedarse dormido, la que hablaba sobre una media naranja, un enamoramiento y miles cosas más cursis, ¿para él?

Su corazón saltó como loco, pero sintió como un imbécil malagradecido. Quiso azotarse la cabeza contra el pavimento.

— Yu-Yura, yo...

— Sé que no fue tu intención, idiota — murmuró, su cara tan roja como un tomate — pero p-podrías recompensar tu estupidez con, no sé... otra cosa...

Los ojos verdes centellearon en silencio, como lo hacían cuando Yuri decía que amaba a Potya. Y fue la señal final para que Otabek eliminara esos estúpidos tres milímetros que los separaban.

.

.

.

— ¿Son novios o qué? — volvía a preguntar Mila.

Yuri se hallaba sentado sobre el regazo de Otabek y se estiró ligeramente hacia atrás para verle.

Esmeralda y castaño se hallaron en una mini discusión cómplice. Yuri estiró hacia atrás su cabeza y frotó sus mejillas.

Mila se detuvo en seco y abrió la boca a segundos de soltar un chillido de alegría.

— ¡¿Es verdad?!

El kazajo sintió la dicha en cada sílaba que salió de su boca cuando respondió:

— Somos mejores amigos y novios a la vez, ¿qué hay de malo en eso?


~ día 21: de amigos a amantes

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