~ home

Yuri se despertó temprano por la mañana, pero al estirar la mano hacia el otro costado de la inmensa cama, no halló a su compañero.

Soltó un par de quejidos y con algo de dificultad se logró reincorporar. La luz del sol se colaba por la ventana. Miró con algo de fastidio los pliegues de la manta estirados a su lado.

Cierto, Otabek estaba en un viaje de negocios y no volvía sino hasta pasado mañana.

Sin embargo, antes de que pudiera enfadarse por ello, tomó su celular y casi una decena de mensajes del susodicho se mostraron en la pantalla de bloqueo. Se recostó contra las almohadas y comenzó a leerlos.

Otabear

[06:04] Buenos días Yura

[06:04] supongo que sigues roncando

[06:08] espero que tengas buen día, recuerda desayunar y tomar tus vitaminas

[06:08] si se acaba el té, dejé otra caja en la alacena superior

[08:48] ¿sigues durmiendo? quiero llamarte

[08:48] Nikolai acaba de llamarme, dice que no le coges el teléfono de la casa, le dije que quizá seguías durmdo

[08:48] *durmiendo

[08:49] si pasa cualquier cosa me avisas, por favor

[08:49] y también llama a tu abuelo

Yuri soltó una pequeña risa, ¿su abuelo y Otabek preocupados porque no cogía el teléfono a las ocho de la mañana? Ilusos, ¡sabían que en su estado su nuevo horario era dormir hasta las doce!

Otabear

[11:20] siento no estar ahí para ustedes, me gustaría de veras llevarte el desayuno a la cama

[11:20] de verdad me gustaría estar en casa junto a ti

[11:21] me p3rd0 nas ¿

Yuri volvió a soltar una carcajada. Diablos, Otabek sabía que amaba a ese estúpido gato. Lo conocía tan bien.

Otabear

[11:23] te extraño

Yuri ahogó un gemido lastimero, él también extrañaba a su esposo. La casa se sentía muy sola sin él allí.

Marcó a su abuelo y habló unos minutos con él para que el viejo no tuviera un ataque imaginando que su adorado nieto había caído por las escaleras estando embarazado o algo por el estilo.

Al terminar, se ordenó los cabellos frente al pequeño espejo que tenía en su mesita de noche y se sacó una foto rodeando con uno de sus brazos su barriga. Se la envió a su abuelo. Se sacó otra y se la envió a su esposo.

Otabear

[11:28] te extraño

[12:33] aún vivos haha nosotros también te extrañamos, papá ;) [imagen adjunta]

Otabek y Yuri ya tenían tres años de casados. Y el bebé ya cumplía los siete meses en la barriga de Yuri. Muy pronto serían una familia de tres y el hogar crecería.

Había sido un camino difícil para ambos, pero tras meses de esfuerzo habían logrado el milagro.

En un principio, la proyección de tener un hijo para ambos había tenido un giro muy inesperado y triste. Según los exámenes que se realizaron al fracasar varias veces: Yuri y Otabek no eran compatibles, por lo que la probabilidad de tener un hijo era casi de un cinco por ciento.

No hubiesen insistido en ello de no ser por Nikolai que, empeñado en querer un bisnieto, había recurrido a sus viejos contactos por ayuda.

— Le gusta decirles "camaradas" — le había dicho Yuri una vez entre susurros a su esposo.

— Ya me lo imaginaba... — contestó Otabek, suponiendo que Nikolai Plisetsky en sus tiempos buenos perteneció a alguna mafia o algo por el estilo puesto cuando se conocieron, el señor ya sabía su biografía completa y hasta los antecedentes de toda su rama familiar.

"Tengo que conocer al buitre que se quiere llevar a mi Yuratchka" le había dicho el viejo, porque su nieto era la luz de sus ojos y no cualquiera era digno de él.

Otabek, sinceramente, había temido en un principio, pero en cuanto el kazajo le pudo demostrar al señor ser digno de Yuri y amarlo completamente y sin ninguna limitante, al final él y Nikolai terminaron convirtiéndose en familia y Plisetsky accedió a afianzar lazos.

Para cuando pudo contactar a especialistas de la salud en una costosa clínica privada, Otabek ya era el segundo nieto favorito de Nikolai.

Estarían por siempre en deuda por él.

Lástima que la casa Altin-Plisetsky estuviera algo alejada de la de Nikolai. Yuri se aburría mucho solo y ni los ronroneos de Potya podían entretenerlo a veces.

Sin embargo, de pronto el rubio sintió la llamada entrando en la computadora que había tenido encendida toda la tarde. La tomó a velocidad luz (o, bueno, toda la que le permitía su abultado vientre), corrió hacia el sofá y se acomodó allí con el aparato en las piernas.

Aceptó la llamada por Skype y un cansado Otabek a las seis de la tarde apareció en vivo y en directo.

— ¡Beka! Luces peor que yo vomitando a las cuatro de la madrugada — exclamó emocionado Yuri.

Otabek soltó una rosa floja, lanzándose a la cama del hotel donde se estaba quedando.

— Hoy también te ves precioso, Yura — el rubio sonrió enternecido.

— ¿Qué tal el trabajo, bebé? ¿algún hijo de perra quiso nuevamente interrumpirte en tu presentación?

— No desde que enviaste un mail amenazando a uno de mis compañeros de trabajos con ir a buscarlo a su casa junto a la mafia rusa.

Yuri asintió con orgullo.

— Soy un buen marido — se atribuyó.

— Un excelente marido — concordó Beka — ¿cómo hast estado? ¿ya comiste?

— Doble porción de borscht que dejaste en el refrigerador — sus mejillas se colorearon cuando agregó con una sonrisa — y no que otro piroshki que trajo el abuelo la vez pasada.

Otabek soltó una carcajada.

— Tú no pasas hambre, ¿eh? Y yo extrañando comer contigo...

— Yo también te extraño, no sabía con quién quejarme del estúpido cartero que confundió nuestros recibos con los del vecino — hizo un puchero.

— ¿Y cómo está el bebé? ¿me dejas verlo?

Yuri movió la cámara y la acomodó murmurando algunas maldiciones. Levantó su camiseta y notó como Otabek se inclinaba a la pantalla con los ojos brillantes para observar donde aguardaba su hijo.

— El bebé está bien, me tiene gordo y con estrías, pero está bien.

Hablaron varias horas y Yuri sentía su corazón derretirse en miel sobre hojuelas cada vez que notaba a su esposo batallar contra el sueño solo para poder decirle una y otra vez que ese día estaba tan maravilloso como siempre y que lo amaba, que lo extrañaba mucho, que por favor le mostrara de nuevo su barriga porque no tenía suficiente, que ya quería estar a su lado y que no aguantaba ni un segundo más en esa mugrosa ciudad sin pensar en su cálido hogar y en su familia; en querer abrazarlo y besarle toda la cara hasta que Yuri lo golpeara para que parara.

El hombre finalmente acabó dormido sobre su mano y con la computadora encendida. Yuri se quedó largos minutos admirándolo dormir hasta que decidió que ya era hora de descansar también.

— Buenas noches, Beka.

Le dejó un último mensaje antes de subir a dormir a su habitación.

[21:01] oye tontito, roncas muy fuerte así que el bebé y yo decidimos ir a descansar. Te amamos mucho y agradecemos todo tu esfuerzo, eres un súper papá oso! te esperaremos con waffles en casa para cuando vuelvas ;) te adoramos por mil, nuestro héroe :') viaja seguro y nosotros te esperaremos aquí en nuestro hogar


~día 22: hogar

¡Gracias por leer!