Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.
Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.
12.-Aceptando
Apenas al dar la orden, Bella perdió el conocimiento. Edward la cogió en brazos entrando en el diminuto asiento trasero del auto de Bella. Jasper entendía que era una urgencia y no había tiempo que perder. Emmett cogió el bolso y las pocas pertenencias de Bella para llevarlas con ellos.
No tardaron nada en salir a la calle dirigiéndose al hospital, Jasper conducía a una velocidad vertiginosa colándose entre los autos y saltándose semáforos en amarillo. Emmett por su parte llamó directo a urgencias para que los esperaran sin dejar de ver a su hermano que con Bella en brazos intentaba hacerla reaccionar.
— Su pulso está disminuido — dijo con el miedo en la voz — ¡Ve más rápido!
— Hago lo que puedo con este tráfico — protestó Jasper metiéndose entre un par de coches haciendo los cláxones sonar.
Llegaron al hospital deteniendo en seco frente a la entrada de urgencias, de inmediato Emmett saltó fuera del auto llamando a los enfermeros que ya los esperaban. La cogió en brazos y la dejó sobre la camilla. Edward bajó al tiempo que ella era ingresada.
— Estacionaré el auto. — Señaló Jasper.
— Déjalo en mi cajón. — Apuntó Edward señalando uno vacío junto al auto de su padre.
Al entrar a la sala de urgencias se detuvo junto a Emmett que estaba con una enfermera sin saber que responder. Edward se hizo cargo y respondió hasta donde conocía sin apartar la vista de la sala de shock en donde la tenían y el equipo de urgencias se hacía cargo, solo escuchaba órdenes sin poder entender bien que es lo que ocurría. Intentó entrar al escuchar un pitido inconfundible, la estaban perdiendo.
— ¡No puede entrar! — Lo detuvo un guardia.
— Soy cardiólogo de este hospital — gruñó tratando de encontrar su tarjeta, pero recordando que la había dejado en la bata dentro de su auto en casa.
— ¿Dr. Cullen? — Se giró al escuchar que lo llamaban.
— Dr. Simmons — agradeció fuera uno de sus colegas.
— ¿Hay algún problema? — Preguntó extrañado llegando a su lado. — Es cardiólogo del hospital.
El de seguridad se apartó y Edward entró a la sala escuchando el sonido de las máquinas, ella de nuevo tenía pulso aunque habían tenido que entubarla.
— La subiremos para hacerle un lavado estomacal — les informó el médico tratante. — Un poco más y ya no la tendríamos entre nosotros. Aunque creo que eso es lo que quería, nunca entenderé cómo pueden hacer algo como esto.
Carlisle llegó un tanto agitado y se detuvo junto a su hijo viendo como a Bella la llevaban en una camilla.
— ¿Qué está sucediendo? — Preguntó Carlisle a sus hijos como al médico frente a ellos.
— Dio positivo para metanfetaminas y no descartaría el intento de suicidio. — Murmuró el médico negando con la cabeza. — Haremos todo lo que esté en nuestras manos.
— Si es necesario será ingresada a la UCI — señaló Carlisle. — Esta chica es cercana a mi familia, así que cuide bien de ella y quiero estar al tanto de cualquier eventualidad.
Tras esa orden el médico se marchó para continuar con su trabajo. Carlisle por su parte se llevó a los chicos con él hasta su oficina.
Edward se dejó caer en uno de los sillones llevándose las manos al rostro. La imagen de ella en el ascensor estaba ahí plasmada, de inmediato supo que algo no estaba bien, su rostro pálido, la mirada un tanto desenfocada y soñolienta, pero al verla caminar notó un ligero tambaleo y el temblor de su mano al querer abrir su auto, era como si no consiguiera coordinar. Tenerla en brazos cada vez más pálida y fría, le hicieron orar en silencio algo que no hacía muy a menudo.
— Quiero saber qué está pasando exactamente — demandó Carlisle preocupado viendo a sus dos hijos y a Jasper.
— Solo la encontramos así saliendo de ascensor y pretendía conducir — señaló Emmett que se mantenía de pie muy cerca de la puerta, aún con las pertenencias de Bella en su mano.
Carlisle notó el bolso y le pidió a su hijo se lo entregara, lo vació sobre el escritorio encontrando el pequeño frasco naranja, leyó la etiqueta y maldijo por lo bajo. Cogió el teléfono y se comunicó con la jefa de enfermeras del piso de quirófanos para darle nueva información, debían de saber que más había en su organismo para poder contrarrestar los efectos.
— Esto fue premeditado, sabía lo que hacía — sentenció dejándose caer sobre el asiento señalando el frasco y leyendo el documento que tenía en sus manos. Lo lanzó sobre el escritorio y solo Emmett se acercó para ver de qué se trataba y al ver lo que era cerró los ojos y negó. — Me aseguraré de que reciba la mejor atención y poner a su disposición al mejor equipo de especialistas. Actuaron bien y ahora solo debemos de esperar que ella reaccione, las siguientes 24 horas son cruciales. ¿Alguien llamó a sus padres?
— Están fuera de la ciudad. — Respondió Jasper. — Intentaré contactarlos.
Luego de varias horas Bella fue llevada a una habitación de terapia intermedia con vigilancia constante. Edward se mantenía fuera de la habitación viéndola atreves del cristal. El rostro pálido casi fantasmal le oprimía el pecho verla conectada a monitores y un respirador artificial. La imagen ahí en frente era lastimosa, ¿Cuánto debería de sufrir para que esa fuera su única salida?
— Ella se va a recuperar — sentenció Jasper llegando a su lado manteniendo las manos en los bolsillos.
— Debí de hacer más.
— Hiciste lo que estaba en tus manos — interrumpió Carlisle llegando junto a los chicos y viendo a Bella. — Necesita ayuda de verdad.
— Lo sabemos — apuntó Edward. — Con Jasper era algo que veíamos venir. Tratamos de intervenir, pero ella nos apartó.
— Llamé a su doctor, me envió su historial médico y me habló de las sospechas que tuvo esta tarde cuando ella se presentó al consultorio. Los somníferos que le prescribió fueron pocos para hacerla regresar en un par de días a una evaluación completa. — Les informó Carlisle. — Los estudios realizados nos muestra anemia severa, y otros muchos parámetros alterados que nos habla de una anorexia. Tiene un largo camino por delante. — Le presionó el hombro a su hijo. — ¿Estás seguro?
Era una pregunta simple que para otras personas podría no tener una lógica, pero padre e hijo se entendían perfectamente, Edward asintió. Nunca había creído que alguien podría llegar a interesarle con haberla visto solo un par de veces, pero ella tenía algo que le atraía e intrigaba, era hermosa, con una mente brillante y ágil, aunque con un temperamento extraño.
— Necesitará a alguien, y la gente que la rodea no hará más que hundirla.
— Cuando vi a tu madre por primera vez, supe que era ella. — Se encogió de hombros con una sonrisa suave como cada vez que hablaba de su esposa. — Solo tienes que ser cauteloso, necesitará apoyo y no será fácil lidiar con alguien como ella por su condición y temperamento.
— En el fondo es una chica dulce, herida, pero dulce — les dijo recordando esa conversación que tuvieron en el parque, ahí Bella bajó un tanto sus defensas y mostró a una mujer divertida, testaruda y muy inteligente que no le gustaba como era en realidad, pero que por alguna razón no cambiaba ese comportamiento.
Ya era tarde cuando Esme junto con las chicas llegaron al hospital, Rose trató de mostrar indiferencia, pero en el fondo sentía pena por Bella, aunque con ese acto para ella quedó demostrado que se trataba de una mujer débil, o de lo contrario le hubiera plantado cara a los problemas y no tomado la salida más fácil.
Edward se negó a marcharse y junto con Esme se quedaron cuidando a Bella que seguía dormida, sus constantes vitales eran un poco bajos pero se mantenían. Edward habló con ella pidiéndole que luchara.
Fue a primeras horas de la mañana que Bella abrió los ojos muy lentamente, encontrándose en un lugar desconocido y se asustó al sentir algo en su garganta. Un rostro familiar se coló en su campo visual y le pidió relajarse. Esme le acarició el cabello sin dejar de apretar el botón para llamar a una enfermera, esta apareció de inmediato y al ver lo que ocurría sonrió aliviada y fue por el médico de turno.
Edward que había salido a dar unas indicaciones y dejar sus rondas a alguien más regresó justo cuando el médico retiraba el tubo para que Bella pudiera respirar por si misma, la escuchó toser, se acercó a la cama y le sonrió al encontrarse con sus ojos castaños.
— Te dolerá un poco la garganta, pero es normal. — Le indicó. — Trata de no hablar mucho para no lastimarte. — Al ver como ella miraba a su alrededor entrando en pánico le tomó la mano consiguiendo de nuevo toda su atención. — Estás en el hospital, ¿recuerdas lo que sucedió?
Bella cerró los ojos con fuerza y maldijo para sus adentros por no conseguir su objetivo, comenzó a creer que su padre tenía razón al decir que era una inepta, ni cuando se trataba de terminar con su lamentable existencia lo podía hacer. Un roce en la mejilla la hizo abrir los ojos y girar el rostro al lado contrario para evitar el contacto.
— Nos diste un buen susto. — Sentenció con una sonrisa cálida que fue como un golpe en el estómago.
Viendo por la ventana como la luz se colaba un miedo la invadió, no sabía cuánto tiempo había permanecido ahí, de lo que estaba segura es que debía de salir e ir al trabajo. Si no había cumplido su cometido las responsabilidades continuaban. Su cuerpo no reaccionaba como ella esperaba, lo sentía pesado.
— Relájate, necesitas descansar. — La empujó con suavidad manteniéndola en la cama.
— ¿Qué día es hoy? No importa, tengo que ir a trabajar.
— ¡Por supuesto que no! — Protestó Esme que hasta ese momento se había mantenido en segundo plano. — Necesitas reposo. Jasper se encargara de avisar en la empresa que estás indispuesta.
— No entienden, yo necesito estar ahí. — Trató de luchar contra Edward, pero sus fuerzas estaban muy disminuidas, por lo que no consiguió levantarse.
El médico entró para la visita matutina y al ver la escena mando pedir un calmante solo para relajarla y permitir que volviera a dormir. Cuando lo hizo Edward se apartó y agradeció.
— Psiquiatría vendrá más tarde para una evaluación. — Anunció — veremos la evolución y la podremos mover a piso. Dormirá por un buen rato, pero me mantendré cerca.
Varias horas después, Bella despertó en una habitación diferente y solo escuchaba murmullos. Los parpados le seguían pesando pero hizo un esfuerzo para abrirlos y tratar de encontrar a los dueños de las voces, sentados en unos sillones estaban Esme, Alice, Edward y Emmett, este último hacia un muy mal trabajo tratando de hablar en voz baja y su risa estridente le hizo merecedor de una llamada de atención de su madre.
— La vas a despertar, tarado — lo amonestó Alice también.
— Ya estoy despierta. — Murmuró escuchado el sonido de los asientos al ser dejados y pasos acercarse.
— ¿Cómo te encuentras? — Preguntó Esme apartándole el cabello del rostro. — Debes tener hambre, tu cena aún está caliente.
Bella miró el lugar donde Esme señalaba viendo la charola en la mesilla alta, frunció la nariz con desagrado y negó con la cabeza.
— ¿Aún te duele la garganta? — Preguntó Edward levantando un poco la cama lo que ella agradeció con una leve sonrisa.
— Aún duele — dijo con una voz ronca que no reconoció como la suya, se llevó la mano a la garganta. — Tengo sed.
Solo decirlo Edward le acercó un vaso con agua dejando la pajilla para que pudiera beberla con facilidad, ella cerró los labios en torno a la pajilla y absorbió cerrando los ojos por la molestia del líquido al pasar por su garganta dolorida. Al terminar apartó el vaso con suavidad y con voz suave le agradeció a Edward que solo le guiñó un ojo.
— Tengo que salir de aquí. — Volvió a decir y Edward temió tener un episodio como el de la mañana.
— No estás en las mejores condiciones, necesitarás pasar un par de días. — Le dijo con un tono más autoritario apretando suavemente su mano. — Es lo mejor.
Bella negó con la cabeza, sabía que ponerse a gritar no le serviría de nada solo a que le hicieran dormir un rato más, y tampoco es como si tuviera demasiada energía para hacerlo, nunca se había sentido tan cansada.
Le insistieron para que comiera, pero ella apenas y pudo probar la comida, se excusó con el dolor de garganta y las náuseas que le estaba provocando, esto último no era del todo mentira. Un médico no mucho mayor que Edward se presentó en la habitación, al escuchar que se trataba de un psiquiatra Bella no pudo reprimir una mirada envenenada a los dos que no se inmutó.
— Estaremos en la sala de espera. — Anunció Alice arrastrando a sus hermanos seguidos de su madre.
Bella al principio se mantuvo en silencio, no quería decir nada pues no sabía cómo se interpretaría, sabía que estaba mal y que lo que había hecho no era lo más racional pero para ella eran unas razones válidas. Así que en cierto punto simplemente lo expresó evitando en todo momento el contacto visual. Cuando el psiquiatra se despidió prometiendo una visita al día siguiente ella solo asintió y permaneció por un buen rato mirando la pared frente a su cama. No estaba loca, solo agotada.
Aprovechando que no parecía estar nadie cerca, hizo acopio de toda su fuerza para apartar las mantas y sentarse en la cama, se miró las manos viendo la vía intravenosa que no dudo en retirar ocasionando un sangrado.
Edward permanecía de pie junto a la ventana, cuando escuchó un poco de alboroto, regresó al pasillo seguido de Emmett y al ver a un enfermero entrar en la habitación de Bella este sintió pánico y fue hasta ahí. Se quedó en el umbral de la puerta viéndola en el suelo sosteniendo su mano y unas gotas de sangre en el suelo y en la bata.
El enfermero trataba de ayudar a sus compañeras para levantar a Bella que se negaba, Emmett le dio un empujoncito haciéndolo reaccionar. Edward les indicó que ellos se encargarían, se colocó en cuclillas y apartó el cabello del rostro de Bella consiguiendo su atención.
— Te ayudaré a volver a la cama. — Antes de poder tocarla ella apartó sus manos con un manotazo. Edward sabía que podría durar ahí toda noche así que la tomó en brazos cuidando de no lastimarla y la regresó a la cama. — Permite que curen la herida de la vía.
Bella se rindió de nuevo y dejó que una de las enfermeras curara la pequeña herida ocasionada por quitarse la vía intravenosa de una manera incorrecta. Los chicos le dieron privacidad para que pudieran ayudarla a cambiar la bata manchada por una limpia. Al regresar lo hicieron con Carlisle que echó una miradita a la bandeja intacta.
— ¿Cómo te encuentras, Isabella? — Preguntó colocándose en el campo visual de ella, al ver que no respondería suspiró. — Me gustaría que hablaras conmigo para poder saber cómo ayudarte.
— ¿Quiere ayudarme? — Preguntó a lo que él asintió — Solo quiero que me dejen sola y salir de este maldito lugar.
— Por las razones de tu ingreso no puedes estar sola y tampoco salir, no al menos por unos días. — Carlisle se cruzó de brazos y sacó la carta que tenía guardada. — No hemos podido localizar a tus padres, pero solo a ellos puedo autorizar tu salida o bien puedes permanecer un poco más aquí dejado que nosotros te apoyemos.
— ¡Mis padres no! Soy mayor de edad — protestó, Carlisle se contuvo de no dejar entrever la sorpresa y tristeza de ver como la chica tenia cierto recelo con sus progenitores, lo cual no le extrañaba dado su comportamiento, eran demasiado superficiales.
— Eres mayor de edad, pero por las circunstancias de tu ingreso necesitamos un responsable y ya que no quieres a tus padres, estarás de acuerdo en quedarte y seguir con el tratamiento ¿cierto? — Bella tardó un poco pero asintió.
Luego Carlisle mandó al resto de su familia a cenar mientras él iba a tener una conversación muy seria con ella. Bella se sintió un poco insegura de que es lo que él quería hablar, Carlisle fue cauteloso haciendo las preguntas necesarias para entender lo que pasaba por su cabeza, no la presionó pues sabía que primero debía de ganarse su confianza para poder obtener todas las respuestas. Al final tomó una de las manos de Bella entre las suyas dejándole saber que él estaría ahí para ella y le indicó cual era el tratamiento a seguir, las terapias a las que debía de asistir lo que no le causó la más mínima gracia, pero ella aceptó porque en el fondo sabía las necesitaba.
El siguiente día no fue muy distinto, Bella dormía la mayor parte del tiempo por los medicamentos, se obligaba a comer un poco de lo que le llevaban y siempre había alguien de los Cullen junto a ella. No entendía porque les importaba a esas personas, a las que apenas conocía, ellos la hacían darse cuenta de todas las limitaciones que poseía.
Para la tarde de ese día, Bella los convenció de que ya que no la dejaban salir del hospital ni acudir al trabajo, al menos le permitieran tener acceso a su computadora para ponerse al día. Carlisle aceptó dejando en claro que solo sería por tiempo limitado ya que necesitaba reposo. Bella maldijo en todos los idiomas conocidos al ver la cantidad desmesurada de correos por responder y las reuniones aplazadas que debían de reprogramarse en días próximos.
Edward salió de la habitación dejando a Emmett a cargo. El grandulón la vio teclear sin parar haciendo de vez en cuando muecas de molestia, alejaba la mano del teclado para abrirla y cerrarla o dejándola caer para que la sangre que comenzaba a subir por la intravenosa se desplazara. Fue hasta que Bella ya no pudo aguantar más el sentir la mirada puesta en ella que desvió su atención a Emmett que efectivamente no dejaba de observarla.
— No iré a ningún lado. — Sentenció enarcando una ceja.
Emmett se levantó acercándose a los pies de la cama y negó con una sonrisa de lado.
— Bajo mi cuidado no conseguirías ni bajar de la cama. — Respondió con sorna.
— Ya lo hice un par de veces y estabas aquí.
— Solo porque tenías que usar el sanitario. — Le aclaró riendo al ver como ella rodaba los ojos.
Bella cerró la computadora y se acomodó mejor en la cama frotando la mano con la intravenosa, la sentía demasiado fría. La mirada de Emmett estaba llena de cuestionamientos y temía lanzar la pregunta porque sabía que él no dudaría en tratar de aclarar sus dudas, eso le agradaba de él y hasta el momento era quien no había temido en decir algunas cosas como las pensaba.
— Lo siento no quería incomodarte — dijo apartando la vista.
— Suéltalo ya — dijo suspirando y preparándose.
Emmett se sentó en los pies de la cama sin poder decir nada en realidad. Su padre y hermano habían repetido que tratara de no hacerle preguntas incomodas, ella no estaba lo que se denominaba estable y tal vez no soportaría ser encarada o cuestionada por sus actos.
— ¿Emmett?
— No es prudente — dijo frotándose la nuca. — Solo no puedo entender que… bueno desde cuando tenías planeado esto, porque es obvio por el testamento que estaba en tu bolso. Esto no fue algo del momento, era una decisión bien planeada — suspiró.
Bella no recordaba ese documento en su bolso y solo cerró los ojos.
— No nos conocemos de hace mucho y te hemos fastidiado — se encogió de hombros — no me arrepiento. — Bella no pudo evitar mirarlo notando que en serio no se arrepentía — Solo queremos ayudarte.
— ¿Por qué? ¿Qué ganan con esto? — Lo cuestionó.
— No ganamos nada. — Se reacomodó. — Eres una gran chica, pero no eres consciente. Aunque trates de cubrirlo tienes un buen corazón o de qué manera me ayudaste a conseguir ese empleo.
— Lo hiciste tú, yo solo hice el contacto. — Se reacomodo de lado para verlo mejor. — Confesaré que mis razones no fueron del todo altruistas, pensé usar ese favor en un momento que realmente lo necesitara. Y aún me lo debes.
Tras esas palabras Bella cerró los ojos, el cansancio la estaba invadiendo. Emmett la observó con una sonrisa ladeada. Esa fue la manera en que Edward lo encontró y no pudo reprimir un gesto como preguntando que hacía en la cama mirándola. Su hermano se levantó y le apretó el hombro.
— Es toda tuya, Eddie, yo tengo a mi Rosie. — Aclaró divertido, antes de aclararse la garganta y continuar con seriedad en voz baja. — Tuve una pequeña charla con ella, no la alteré si eso te preocupa. — Suspiró y continuó. — Esta chica me gusta, es diferente a las demás aunque se esfuerza por parecer una del montón, lo que es una estupidez.
— La han destruido, pero ella es fuerte y sé que tal vez esto la ayude. — Metió las manos en los bolsillos. — A veces solo necesitas tocar fondo.
— Es mi nueva hermanita, así que no arruines las cosas — Sentenció con un guiño.
Edward dejó escapar una sonrisa, su hermano no era un tipo que solía volverse protector con muchas personas. Era amigable, pero siempre mantenía sus reservas con la gente. Pero Bella por alguna extraña razón, que no entendía, desde el primer momento despertó en él ese instinto protector.
Al tercer día Bella despertó como los anteriores, pero las emociones la estaban desbordando y ver a los Cullen que se pasaban como cada mañana para ver cómo se encontraba, no hicieron más que alterarla, no estaba acostumbrada a que la gente se preocupara por ella. Estar en deuda no era con lo que estuviera muy familiarizada, necesitaba espacio, se sentía más fuerte y deseaba poder salir de ahí poniendo distancia de esa familia antes de que los contaminara o antes de que se dieran cuenta que no valía la pena y se alejaran dejándola de nuevo sola.
Esme la notó inquieta y al acercarse constató que no estaba del todo bien. La tranquilidad de los días anteriores estaba desapareciendo como lo había dicho Carlisle que sucedería, los demonios emergerían y la verdadera batalla comenzaría.
— ¿Necesitas algo, cariño? — Preguntó con cautela.
— Quiero estar sola, por favor — pidió tratando de no ser demasiado grosera con ella. — Tenerte aquí con los demás me está ahogando. ¡Por favor, vete!
Esme asintió no sin antes besarla en la frente, ese contacto suave fue como hierro caliente para Bella que reprimió con todas sus fuerzas actuar contra de Esme. La vio salir y dejar la puerta abierta. Bella trató de respirar pero sus pulmones no parecían querer cooperar, su pecho comenzó a dolerle y cerró con fuerza los ojos al sentir unas extrañas ganas de llorar, las que no experimentaba desde hace años. Las emociones eran tan dolorosas que recordaba porque las había reprimido. Se llevó una mano al cuello al sentir una sensación de ahogamiento cada vez más fuerte, un dolor que al mismo tiempo por enfermo que pareciera se creía merecedora de ello.
El sonido de la puerta al ser cerrada la hizo abrir los ojos encontrándose con unos orbes verdes. Edward había recibido una llamada de su madre explicándole lo que estaba sucediendo y que no sabía cómo manejar la situación sin empeorar las cosas. Había acudido lo más rápido que podía. Al verla con el rostro contraído era obvio que la ansiedad estaba presente y antes de hablar con ella le indicó a una enfermera estar preparada para administrarle un calmante de ser necesario.
— ¿Te encuentras bien? — Preguntó con cautela acercándose.
— Necesito… — respiró profundo un par de veces. — Necesito estar sola, es tan difícil tener un poco de espacio.
En ese momento verlo era recordar que él era el responsable de su fracaso, si no hubiera intervenido ella no estaría en ese sitio. Todo sería como lo había planeado.
— Lo siento, pero no puedes estarlo — admitió manteniéndose a los pies de la cama.
— ¿Qué tanto miras? — Le cuestionó irritada notando su escudriño. Se llevó un brazo al rostro cubriendo sus ojos al darse cuenta de lo loca que sonaba, pero no sabía cómo manejar las emociones que la estaban atosigando.
— ¿Quieres saberlo? — Preguntó consiguiendo su atención — Cada vez que te observo, veo a una mujer preciosa e inteligente, pero herida que se empeña en poner distancia entre ella y las demás personas. También intento comprender que te llevó a hacerte tanto daño. Sabes lo que estás haciendo y no te importa.
— Jamás lo entenderías. Tendrías que vivirlo para comprenderlo, y tienes una familia perfecta. —Murmuró apretando la sabana con sus puños.
— Ninguna familia es perfecta. — Replicó.
— Bueno, casi perfecta. — Él simplemente negó con la cabeza. — Tienes una madre que se preocupa por ti, que es atenta y amorosa, tu padre es un hombre entregado a su trabajo, pero aun así sigue al pendiente de cada uno de ustedes, tienes dos hermanos que aunque cada uno tiene una locura distinta son increíbles. Se preocupan unos por otros.
— Tienes a tus padres. — Dijo con convicción provocando que una risa amarga saliera de sus labios.
— ¿Padres? — Preguntó irónicamente. — Son las personas que me dieron la vida y con las que continúo porque el asesinato es un delito, algo que mancharía su imagen, así que se ven condenados a tenerme en sus vidas. ¿Crees el cuento de la maravillosa familia Swan? — Preguntó con sarcasmo. — Mi familia es una farsa, la vida pública nada tiene que ver como lo son en privado. Si les importara un poco creo que hubieran dado cuenta de las estupideces que estaba cometiendo. Con Charlie nuestras conversaciones son estrictamente laborales, y con mi madre solo de cosas superficiales y banales. No los conozco ni ellos a mí.
— El que ellos no te valoren, no quiere decir que las demás personas a tu alrededor tampoco lo hagan. Nosotros hemos visto la clase de chica que eres, y por eso queremos ayudarte.
— No quiero tu lástima. — Dijo sin poder ocultar el como la estaba afectando esa conversación.
— No te tengo lástima. — Aseguró acercándose y poder tocar su mejilla con el dorso de su mano, ella cerró los ojos ante ese contacto. — Sería lo último que sentiría por ti, yo solo quiero ayudarte.
— ¿Por qué? — Cuestionó aún con desconfianza. — Nadie hace algo sin esperar algo a cambio. ¿Qué esperas obtener de mí?
— Mi única ganancia es estar cerca de ti. — Frunció el ceño al darse cuenta de cómo sonaba. — Suena como si fuera un acosador o algo así, pero no lo soy. Me intrigas, cuando te abres, dejas ver a una mujer real, de las que ya no encuentras en ningún lado, quiero conocerte y me gustas.
Toda esa información la tomó desprevenida, no era lo que esperaba escuchar. Él era un médico con un futuro alentador por lo que había leído cuando indagó un poco sobre él. Para ella no tenía ningún sentido que él se sintiera atraído.
— Me hace falta un poco de tacto. — Dijo con una sonrisa cálida.
— No soy buena para ti. Mereces algo mejor.
— ¿No crees que eso me toca decidirlo a mí? — La cuestionó.
— Solo te ahorro que pierdas tu tiempo.
—Jamás serias una pérdida de tiempo, vales la pena y quien te haga creer lo contrario es un idiota. Me gustas, de verdad.
— Deja de jugar conmigo. — Pidió con voz rota, él estaba haciendo temblar la barrera que tan celosamente mantenía entre ella y el mundo.
— No estoy jugando. Quiero ayudarte, el camino que tienes por delante no es fácil y necesitarás a alguien y yo quiero ser esa persona. — Le dijo tomando su mano, ese contacto envió una corriente por todo el cuerpo de Bella.
— Tengo que hacerlo sola. — Dijo apartando la mano de la de él. — Yo sola me metí en esto y de la misma manera debo salir.
— Te lo dije, no pienso ir a ningún lado. Esta no es tu mejor versión, y no me asusta, pero sé que hay una ahí que está siendo reprimida. Prometo estar a tu lado. — Tomó de nuevo sus manos y se las llevó a los labios.
— Promesas que se rompen fácilmente.
—La cumpliré — sus palabras sonaban sinceras, y cada parte de él la incitaba a dejar hacerlo, pero su orgullo le dictaba lo contrario, volvió a apartar su manos y giró el rostro hacia la ventana, sintió su mano acariciarle la mejilla, era un toque delicado casi como si temiera romperla — Bella…
— No puedo — su voz salió entrecortada.
— Deja tu orgullo a un lado — pidió consiguiendo que ella se girara notando sus ojos cristalinos.
La barrera que la separaba del mundo se desmoronó y las emociones fluyeron, unas lágrimas recorrieron sus mejillas.
— No es orgullo. — Apretó los puños. — No quiero encariñarme de ustedes, hacerlos parte de mi vida y que al descubrir la mierda que soy en realidad, ustedes salgan como muchas otras personas. Simplemente no puedo soportar perder a más personas por no ser lo que ellas esperan. — Explotó.
Edward se inclinó y la envolvió en sus brazos solo provocando que ella comenzara a llorar con más fuerzas. Al fin comprendía porque no permitía que nadie se le acercara, no era por que creyera que los demás eran inferiores, se estaba protegiendo. La habían lastimado al grado que hacerla creer que no era merecedora de cariño, que su valor se lo daba su nombre y que nadie podría fijarse en lo que ella era en realidad.
— Conocí un poco a la auténtica Isabella, esa chica con la que tuve una conversación en el parque y me gustó. Tu apellido no me importa, veo a la mujer que lo porta. — La apartó y le limpió las mejillas con sus pulgares. — Me quedaré a tu lado, no te voy a dejar. — La besó en la frente antes de volver a envolverla en sus brazos sintiendo como el cuerpo de ella se presionaba más al suyo.
Bella no estaría más sola. Él la protegería.
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Muchas gracias a cada una por tomarse un minuto de su tiempo para dejar un comentario, leo cada uno de ellos e intento responderlos lo más rápido posible.
Para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia, al igual que las que la están leyendo por segunda vez.
Nos vemos sin falta la próxima semana.
Nos leemos
TitiC
