~ photografy
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Otabek tenía un no-sé-qué, que le hacía tener a cada instante la cámara en mano. Cada momento a su lado era preciado, cada momento debía capturarlo.
— Me das miedo — bromeaba su chico cuando lo veía pegando fotografías de él, inaugurando un nuevo tomo para su colección.
Yuri simplemente reía con las mejillas rojas.
— ¡Es trabajo! — exclamaba empujando la vergüenza y armándose con orgullo.
Y es que era cierto que la fotografía era su trabajo. Tenía un muy buen puesto como fotógrafo en una reconocida revista de allí, en New York, y una que otra vez lograba alguna exposición de sus obras donde siempre dejaba a la vista el último de sus tomos sobre un podio para que las personas vieran su pasatiempo favorito: sacarle fotos a su novio cuando este no se daba cuenta.
Tenía fotografías de Otabek desde la preparatoria, cuando iniciaron su noviazgo. Fotos de principiante, con un móvil barato. Foto de ellos paseando por San Petersburgo donde solían vivir con sus familias cuando eran adolescentes. Fotos de ellos besándose, en el zoológico, en el parque de diversiones, vacaciones en la piscina, en la montaña, en la nieve y en el lago, cenas familiares, Navidades y Años Nuevos, graduaciones, fotos de sus citas, fotos de Otabek viendo el menú de la cafetería, de Otabek pagando la cuenta, de Otabek dándose cuenta que lo estaba fotografiando, de Otabek sonriendo a la cámara pidiéndole "¡ya basta, Yura!".
Fotos de ambos cuando ingresaron a la universidad, de ellos paseando por el campus con una mejor resolución de cámara, de Otabek mirando sus apuntes mientras estudiaba, de Otabek buscando libros en la biblioteca y algunas selfies de Yuri sonriente y haciendo el signo de paz con sus dedos con su novio detrás a punto de un colapso por no entender lo que estaba estudiando.
Fotos del chico en su trabajo, o esperándolo apoyado en su carro, muchas de Otabek fumando porque según Yuri se veía demasiado badboy y lo hacía perder las bragas, de ellos pintando las paredes de su piso, adornando el árbol de navidad, Otabek emocionado cuando Yuri le regaló un tocadiscos.
— Ni mi madre me sacó tantas fotos cuando pequeño.
— Lo sé, por eso ahora ella me mensajea para que yo le envíe fotos de ti — respondió sonriente el rubio — soy tu novio y tu diario de vida.
El ruso le estiró los labios y Otabek se acercó corriendo para poder besarlo. El muchacho se sentó a su lado abrazando su cintura. Dejó su taza de café a un lado de la mesa y mordió la oreja de Yuri provocando una risita en el chico.
— Cuidado, no quiero que derrames eso sobre mi trabajo — le dijo apuntando el café.
Otabek se enganchó de su cintura y miró todas las fotos sobre la mesa.
— Oye, no sabía que tenías esas.
Tomo una de la última gala de la exposición de Yuri, donde ambos posaban con traje y con champaña en las manos.
— Por supuesto que las tengo, ¿por qué no habría de?
— Porque estas las sacó Jean.
— Sí, en cuanto terminó la gala le pedí a ese bastardo que me enviara todas las fotografías porque quería seleccionar las mejores para pegarlas en mi álbum. Mira qué guapo estás en esta.
Otabek rodó los ojos con algo de vergüenza.
— Tú te ves mejor, mira tu cabello, me encanta tu nuevo corte — dijo hundiéndose en su cuello — el cabello largo te queda fenomenal, pero debo admitir que la melena es mi favorita, así te conocí.
Yuri sonrió con las mejillas rosadas.
— ¿Qué tal si dejas esto y nos arreglamos para ir a cenar? Ya casi son las ocho.
— Oh, cierto.
Tenían una reservación en un restaurant del centro de la ciudad, un lugar muy bello, no muy lujoso, pero elegante y con deliciosa comida que a Yuri le hacía recordar la comida casera de su abuelito.
Otabek se apoyó en el marco de la puerta de baño mientras veía a Yuri cepillarse el cabello.
Dios, podían pasar años y Yuri seguiría siendo el mismo hermoso tigre del que se enamoró. Era como el vino, sí, mientras más viejo más bueno.
— Tienes mal los botones — dijo el rubio acercándose a él y arreglándolo — bien.
Se miraron y sonrieron.
— ¿Vamos?
Yuri asintió, pero antes de salir de su apartamento soltó una maldición por lo bajo.
— No tengo batería en el móvil — gruñó — ¿tienes el usb en el carro?
— Sí, sí, tranquilo.
Lo tomó de la mano y apretó el botón Z para bajar hasta el estacionamiento del lugar.
El camino se les hizo corto y Yuri dejó su móvil en una de las cajitas bajo la radio.
— ¿Seguro que no lo llevarás? — le preguntó el kazajo tras abrirle la puerta, tendiéndole la mano para que bajara.
— Mmh, creo que no. Podemos sacar una foto cuando salgamos — dijo aceptando su mano y besándolo en la mejilla.
Otabek sonrió con un brillo extraño en los ojos.
— Como desees.
A Yuri se le zafaría un tornillo por tal decisión.
La comida fue estupenda y Yuri y él hablaron de su próximo viaje a Florida, en donde Otabek debía ir a una junta de trabajo y en donde Yuri aprovecharía de acompañarlo y capturar nuevos paisajes con su lente.
Otabek tosió de pronto, llamando la atención del rubio que mordió su tenedor y elevó ambas cejas para hacerle saber que le atendía.
— Has hecho veinte álbumes desde que teníamos dieciséis, Yura — el rubio se rio por ello, así que su novio le llevaba la cuenta — y llevamos dieciséis años juntos...
Yuri asintió y buscó su mano sobre la mesa, pero Otabek la retiró y él frunció el ceño.
— ¿No te parece que hemos estado mucho tiempo juntos?
Yuri tragó, ¿qué significaba eso?
Otabek buscó en su bolsillo y los labios de Yuri se separaron. Le tendió una cajita aterciopelada color negro y la abrió.
— ¿No te parece que ya es hora de casarnos? Adoraría poder presumirte como mi esposo — le dijo con una sonrisa soñadora.
Yuri quedó sin aliento.
Un fino anillo de plata con una pequeña esmeralda cuadrada se le presentaba y él no daba crédito a todo eso.
— ¿Qué dices? ¿quieres o no?
Más pronto que tarde los sollozos lo ahogaron y a medias pudo responder ante la paciente sonrisa de su compañero:
— ¡S-Sí quiero!
Otabek sonrió más ampliamente, pero dio un respingo cuando un lloroso Yuri se puso de pie de golpe y varios comensales alrededor los miraron curiosos.
— ¡Quédate ahí! — le dijo con voz autoritaria y llorosa — justo en ese ángulo ¡una cámara! ¡una cámara, por favor! ¡¿dónde hay una maldita cámara?! ¡Beka dame las llaves del carro!
Otabek soltó una risotada justo cuando una de las meseras se acercaba corriendo para prestarle su móvil al rubio de sus sueños.
~ día 24: fotografía
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