Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


14.- Sincera

Menos de una semana es lo que la separaba de su cumpleaños número 24, el momento que marcaría su libertad. En ese par de semanas habían sucedido un buen número de cosas. Se encontraba acudiendo a terapia como se lo habían indicado, continuaba con revisiones constantes y medicación para controlar su ansiedad, y poco a poco iba comiendo sin sentir una culpa desmedida.

Edward pasaba cada día y se quedaba un buen rato por las noches haciéndole compañía, se marchaba cerca de las once, había salido a comer con los demás chicos un par de veces. Se divertida mucho con Emmett, Alice y Jasper, en cambio con Rosalie la relación seguía siendo distante y no hablaban más que lo estrictamente necesario, salvo una ocasión cuando Rosalie aprovechó para dejarle saber lo que pensaba y cómo no iba a entrar en ese juego de víctima que según ella estaba interpretando, sabiendo como la percibía, decidió mantener las distancias.

Había regresado a la facultad, sus amigos no dejaban de decir una y otra vez que le faltaba más diversión y no podía continuar viviendo para trabajar cuando ella ya tenía la vida resuelta, comprendía a lo que se referían, pero a comparación de todos ellos no se veía viviendo solo de la herencia, si no que necesitaba un patrimonio propio que iba por muy buen camino.

Su departamento estaba terminado y listo para ser habitado, ese día en lugar de marcharse a casa en cuanto salió del trabajo fue al que dentro de poco seria su nuevo hogar. Esperó a Edward en la recepción notándolo confuso al pasar la puerta de cristal.

— Quiero que me acompañes a ver como quedó mi departamento ¡al fin me mudaré! — Sentenció emocionada cogiéndolo del brazo y tirado de él hacia el ascensor.

Al entrar se mordió el labio para no gritar de la emoción, el lugar era exactamente como lo había hablado con el decorador, los colores daban la luz adecuada, sus cuadros estaban en puntos estratégicos y algunos iluminados haciéndolos resaltar. Fue directamente a la puerta corrediza y salió a la terraza disfrutando de la vista.

— ¿Qué opinas? — Le preguntó a Edward que se mantenía en silencio detrás de ella.

— Es un lugar fabuloso, pero lo que lo hace aún más esplendido es este espacio — indicó en donde se encontraba — la vista me encanta. — Esto último lo dijo sin dejar de mirarla a ella.

— He esperado demasiado por este momento — murmuró con alegría recargándose en la baranda de cristal y cerrando los ojos sintiendo el viento golpear con suavidad su rostro. — Al fin podre ser medianamente libre.

— En realidad pudiste serlo desde hace tiempo, pero decidiste quedarte. — La contradijo colocándose a su lado viendo las copas de los árboles.

Bella lo observó y asintió antes de girarse para quedar de frente a él.

— Pude, pero no lo hice por el fideicomiso. — Suspiró alejándose un poco. — Ese dinero me ayudará a, en algún momento no muy lejano, poder comenzar con una empresa, mi empresa.

— Es pasado y eso no se puede cambiar, pero tu futuro es en realidad lo único relevante.

— Es lo único que me importa y sé cómo quiero comenzar a vivirlo.

Armándose de valor que no sabía de dónde provenía se acercó a él, luego de semanas juntos en las que pudo conocer a un hombre que de verdad valía la pena y en la que reprimía lo que en realidad quería hacer no pudo más, así que se acercó a él lo suficiente para que él comprendiera lo que pretendía, se levantó de puntillas y tomando su rostro entre sus manos lo besó, las manos de Edward no tardaron en tomarla suavemente de la cintura pegándola a él respondiendo al beso, que comenzó acelerado y poco a poco fue volviéndose más lento hasta que finalmente tuvieron que separarse para tomar aire.

— Sin duda fue mejor de lo que imaginaba — apuntó Bella con una sonrisa.

Edward le acarició el labio inferior inflamado con la yema de su dedo pulgar.

— Eres una mujer preciosa, lo pensé desde el momento en que te vi por primera vez — le confesó con voz ronca, pero había algo que a Bella la hizo tensarse, acaso la iba a rechazar y había malinterpretado todo. Notando lo que parecía ocurrir en la cabecita de Bella, Edward la apretó un poco más contra él y le dio un beso suave antes de perderse en sus ojos castaños. — Me encanta todo de ti, solo que no sé si sea una buena idea comenzar algo en este momento.

— ¿Lo dices porque soy un desastre? — Preguntó enarcando una ceja pero con tono juguetón.

— Eres el más hermoso desastre. — Sentenció haciéndola sonrojar lo que lo hizo reír, era tan raro conseguirlo que cuando lo hacía lo disfrutaba, le acarició la mejilla sonrojada. — Quiero que de verdad estés lista, no soy un hombre de relaciones pasajeras.

Esa declaración la hubiera hecho huir porque sabía perfectamente a lo que se refería, pero era él, era Edward el único hombre con el que podía ver una vida más allá, le daba miedo la implicación, pero lo que sentía por él era muchos más fuerte que ese temor.

— No estoy diciendo que tengamos que casarnos ahora, solo que es a lo que iría en un futuro.

— ¡Qué alivio! Creí que iba a tener que firmar un documento para poder acostarme contigo. — Le dijo tratando de bromear, y lo hizo sonreír negando con el rostro.

— No será necesario firmar un documento, pero sí te aseguro que no soy un chico fácil y tendrás que pasar por varias citas para que me convenzas. — Le siguió el juego. — Primero quiero estar seguro de que no eres de las que se acuesta con un chico inocente y luego desaparece de su vida sin explicación.

— Te juro que no desapareceré de tu vida sin explicación — le prometió llevándose la mano al corazón.

Edward la abrazó y besó el tope de su cabeza, a Bella le encantaba.

...

El día de su cumpleaños llegó, sus amigos intentaron convencerla de celebrar en alguno de los bares de moda, pero Bella desistió alegando tener otros planes en los que le dejó claro a Demetri no era bienvenido cuando insistió en unirse. La mañana en la facultad transcurrió con normalidad, para luego marcharse a la oficina donde al entrar se encontró un arreglo de rosas blancas sobre su escritorio.

— Las dejó ahí el joven Hale — dijo Megan dubitativa sabiendo que a Bella no le gustaba tener flores en su espacio.

Bella se acercó al arreglo y tomó la nota, la letra dentro sabía de quien era antes de ver el nombre al final.

Feliz cumpleaños, mi hermoso desastre

Edward

Bella sonrió para sí y no pudo evitar oler una de las rosas.

— ¿Qué necesita mi atención? — Preguntó volviendo a mirar a Megan que recuperándose del extraño momento le indicó a donde debía de dirigirse.

— Y a las dos tiene una cita con uno de los representantes del MET en un restaurante en SOHO, Peter la estará esperando en la puerta a la una y media.

...

Para la cena Bella se llevó una gran sorpresa al encontrarse en un nuevo restaurante en una zona que rara vez frecuentaba, pero aunque era un espacio pequeño resultó acogedor y mucho mejor al ver a los Cullen junto con Jasper y Rosalie quien evidentemente estaba ahí por su novio y hermano.

— ¡Feliz cumpleaños, cariño! — La abrazó una entusiasmada Esme.

Por primera vez en muchos años su cumpleaños era justo la clase de celebración que había anhelado desde que recordaba, algo pequeño con personas a las que quería y no una celebración grande rodeada de personas que solo estaban ahí por ser un evento de sociedad y era lo que se esperaba mientras criticaban cada detalle, o cenas con sus padres que solo lo hacían para no crear chismes, una muestra clara de lo poco que les importaba era el hecho de no haber tenido ni una llamada o mensaje de su parte, como no estaban en la ciudad no veían el caso en gastar su tiempo.

La mano de Edward apretando la suya por debajo de la mesa la hizo apartar a sus padres de sus pensamientos y disfrutar de esa reunión. Al final hasta Rose se dejó llevar y no paraba de reír por los cometarios de Emmett.

Cerca de la medianoche Bella llegó a casa con Edward que la acompañó hasta la puerta.

— Con los chicos estamos listos para ayudarte con la mudanza — le aclaró haciéndola sonreír. — Oficialmente el plazo se ha cumplido y puedes tener libertad.

— Este fin de semana me mudaré, ya tengo contratada la mudanza. Solo es ropa, zapatos, y cosas por el estilo, así como algunos o bueno, mucho libros. — Se encogió de hombros. — Pero podemos inaugurar el departamento de alguna manera.

— Necesitas ser más sutil — Le dijo bromeando notando como ella luego de unos segundos captaba la otra interpretación y recibió un golpe suave en el pecho haciéndolo reír aún más.

— ¿Y si vemos una película? — Preguntó tocándole el pecho con uno de sus dedos, Edward negó con la cabeza.

— No voy a caer en ese truco. ¡Te quieres aprovechar de mí! — Exclamó.

— Sabes que tú también lo quieres — contraatacó pegándose más a él.

— Sin duda alguna. — Admitió envolviéndola en sus brazos antes de besarla como estaba deseando hacerlo desde hacía horas, pero al estar con su familia no podía hacerlo sin escandalizarlos.

Ese beso fue más intenso, Bella comenzó a sentir su corazón acelerarse así como diferentes partes de su cuerpo reaccionar, y pudo sentir que Edward también. Ambos de separaron y se miraron a los ojos llenos de deseo. Pero Edward los cerró y pegó su frente con la de ella dejando que sus respiraciones aceleradas se mezclaran.

— Será mejor que entres; nos vemos mañana. — Se despidió de ella con un último beso más lento, y caminó hacia su auto.

Bella se abrazó a sí misma, las emociones eran demasiado intensas, pero también se contenía porque su terapeuta le había aconsejado que no lo hiciera, no era sano que experimentara esas emociones en su proceso. Su ansiedad podría descontrolarse y se vería tentada a sus adicciones. Pero no sabía por cuánto tiempo podía soportarlo, su cuerpo cada vez reaccionaba con mayor facilidad ante el contacto con Edward y de verdad deseaba estar con él.

...

El sábado después de desayunar todos se dirigieron al nuevo departamento de Bella donde encontraron las cajas en cada una de las habitaciones. Edward se había mantenido un tanto distante, parecía tratar de evitar el contacto aunque bromeaba y hablaba con ella como todos los días, Bella sabía que algo no estaba del todo bien, pero intuía de qué iba, así que no era algo que pudiera hablar con los demás en el mismo espacio.

Los chicos la ayudaron a sacar su gran número libros encontrándose con colecciones de libros de misterio, y sobre todo muchos libros de arte.

En la habitación Alice la ayudó a comenzar a ordenar la ropa y así mismo aprovechó para convencerla de deshacerse de algunas prendas que sin duda ya no usaría o estaban fuera de moda. En uno de los descansos, Bella encontró a Emmett ante las puertas del refrigerador abiertas meditando qué coger de ahí.

— Me gusta tu departamento. — Aseguró Emmett al fin eligiendo un botellín con una mezcla de frutos orgánicos.

— Puedes venir cuando quieras — le dijo cogiendo otro botellín similar al de Emmett.

— No lo sacarás de aquí, y menos si va a encontrar suficiente comida. — Intervino Alice tomando una botella de agua.

— No soy tan glotón como me hacen parecer. — Se defendió.

— Por eso mamá tuvo que poner bajo llave la alacena hace unos años o corríamos el riesgo de quedarnos sin comida.

— ¡Era adolescente y estaba en crecimiento! — Sentenció aclarando.

— ¿De verdad lo hizo? — Preguntó Bella recibiendo un asentimiento de Alice y Edward que estaba en el umbral de la puerta con Jasper.

— Me llamaron del hospital, hay una urgencia de la que debo de hacerme cargo. — Informó Edward no muy contento con la situación.

— Estaremos bien — le aseguró Bella.

Los chicos la ayudaron por varias horas, tomando sus momentos de descanso y otro más largo tras la comida. Cerca de las cinco se despidieron ya que tenían una cena en casa de los Hale y Rosalie no dejaba de llamar a Emmett para recordarle pasar por el postre y que no debía de llegar tarde.

— Deberías venir — la invitó Jasper.

— Eres muy amable, pero aún hay trabajo por hacer aquí, además es algo que organizó tu hermana y mi sola presencia puede arruinarle su noche. — Se encogió de hombros.

— Mi hermana es terca y cuando una idea se le mete a la cabeza es difícil hacerla ver las cosas de otra manera. Pero dentro de poco podremos ser un grupo. — Sentenció Jasper.

Bella asintió por la fe de Jasper, pero ella en el fondo sabía que para que eso sucediera faltaba mucho tiempo, Rosalie era terca y ella también, ninguna daría su brazo a torcer fácilmente.

Al estar finalmente sola sonrió para sí, era la primera vez que el espacio donde se encontraba estaba lleno de paz, era una tranquilidad un tanto desconcertante, pero sin duda a la que se acostumbraría. Ya no más andar de puntillas al llegar en la madrugada, a tener que regirse por un horario los fines de semana solo para no tener discusiones con su madre. Al fin estaba en un lugar que podría llevar el nombre de hogar.

La mayoría de los libros en la biblioteca estaban en los estantes, pero al final decidió mover algunos de sitio, terminó la conexión de su ordenador y finalmente fue a tomar una ducha.

Con el cabello húmedo y descalza, solo vistiendo un pantalón holgado de lino, una blusa de tirantes y bata de seda fue a ver quién llamaba a su puerta. Al abrir sonrió de lado al ver a Edward con una gran bolsa de papel en sus manos.

— Esta es la mejor lasaña que he probado en la ciudad — sentenció dejando la bolsa en una mesita y quitándose la chaqueta.

— ¿No iras a la cena de Rosalie? — Le preguntó manteniéndose aun al lado de la puerta abierta.

— Prefiero estar contigo, además no es como si me vayan a echar de menos. — Se encogió de hombros.

Bella cerró la puerta, lo cierto es que le gustaba la idea de estar con él y el que Edward la eligiera sobre sus amigos la hacía albergar esperanzas. Le indicó que cenarían en la sala de entretenimiento ya que le apetecía ver una de sus series favoritas y de la que ya tenía al menos una temporada sin ver.

Edward la ayudó a llevar lo necesario y cuando estuvieron listos con las cosas en la mesita central, Bella encendió su televisor e ingresó a su cuenta de Netflix para poner un nuevo capítulo.

— Me gusta Criminal Minds — sentenció Edward acomodándose. — Pensé serías más del estilo Gossip Girl.

— Ya la terminé y en muchas partes era como estar teniendo un déjà vu— apuntó frunciendo el entrecejo.

Se mantuvieron en silencio por gran parte del tiempo, solo en algunas ocasiones mencionaban algo sobre lo que sucedería o quien creían que era el sospechoso. Reían cuando sus predicciones eran acertadas, Edward terminó su cena y no dejaba de ver de reojo a Bella que apenas y había comido la mitad del platillo, pero era un avance.

Sin darse cuenta se fueron acercando hasta quedar hombro con hombro, Edward fue el primero en removerse y Bella se apartó unos centímetros y comenzó a jugar con sus manos que mantenía sobre sus piernas.

— ¿Sucede algo? — Le preguntó Edward apartando un mechón de cabello de Bella detrás de su oreja dejando completamente visible su cuello.

— Creo que es una pregunta que debería hacerte, esta mañana estabas… distante ¿fue por lo de anoche? — Le preguntó girándose para poder verlo a la cara.

Edward se reacomodó adoptando la misma posición que ella. Iba a hablar pero Bella le pidió no hacerlo. Por su parte ella sabía que no había ningún momento que pudiera ser el indicado para hablar de algunas cosas con él y más por el rumbo que estaban tomando las cosas. Lo mejor para ambos era que se sincerara y decidieran si continuaban con lo que sea que tenían o solo serían simples amigos.

— Hay algo de lo que me gustaría hablar contigo. — Le pidió mordiéndose el labio inferior. Edward asintió y le quitó el sonido a la televisión para poder escucharla, el tener toda su atención la hizo sentir muy nerviosa. Tomó aire y prosiguió: — no es fácil de comenzar, es evidente que hay una fuerte atracción entre nosotros y por mi "situación" las cosas están en una especie de limbo.

— Solo no quiero acelerar las cosas.

— Lo entiendo, pero creo que mereces que sea muy sincera contigo para definir si esto — se señaló a ambos — tiene algún futuro o es mejor ser solo simples amigos.

— Sí, duele ser enviado a esa zona — intentó bromear para aligerar el ambiente y lo consiguió.

— No te estoy enviando, tú eres quien decidirá si es mejor ese lugar — se encogió de hombros. — Tal vez el hecho de tu atracción hacia mí no te permite ser del todo objetivo de quien soy en realidad. La única que parece ver esa parte y permanece alejada es Rosalie.

— Rosalie es una líder y no está acostumbrada a tener competencia. — Aclaró Edward.

— Hay cierta verdad en ello — suspiró y cogió una de las manos entre las suyas. — Edward, no soy una flor delicada y todo por lo que estoy pasando han sido desgracias que han llegado a mi vida, muchas de estas cosas yo sola las busqué y en este momento estoy afrontando las consecuencias.

Bella cerró los ojos, esto era una de las tantas cosas que había estado tratando con su terapeuta y sabía que aunque sus padres la habían presionado, era ella quien al final había tomado la última palabra decidiendo aceptar lo que se tenía destinado para ella aun cuando eso no era lo que ella buscaba en su vida.

— He tomado muchas decisiones equivocadas, he entrado en mundos que ni me imaginaba, y no porque realmente me interesaran ni mucho menos para encajar como hacen algunos, lo hice porque creía que eso los lastimaría a ellos, pero si nos damos cuenta la única afectada soy yo. — Apuntó tomando aire, soltando su mano y centrando su atención en el capítulo en televisión del que no podía hacer más que intentar leer los labios.

— Bella, es bueno que veas eso ahora porque es lo que te ayudará en tu recuperación.

— No solo es eso, Edward, sigo pensando que en realidad te mereces algo mejor —sentenció mirándolo de nuevo. — A estas alturas debes conocer la reputación de mi grupo de "amigos" — hizo unas comillas en el aire con ironía. — En particular de un par de chicas y aunque no soy exactamente igual a ellas tampoco soy muy diferente.

— La gente habla, es cierto. Pero de ti solo se dice lo fría e inaccesible que puedes ser. De los chicos con los que te diviertes en los bares, pero que no se van a casa.

— No es necesario ir a casa — dijo evitando mirarlo a los ojos. — No soy una virgen inexperta, he salido con muchos aunque he estado solo con algunos, mi lista puede rivalizar con la tuya. Había mantenido una regla, con ninguno de mis amigos cruzaría esa línea como lo han hecho las otras.

— ¿Habías? — Preguntó apretando uno de los puños.

— Demetri — confesó negando con la cabeza. — No me siento bien conmigo por cruzar esa línea y también porque al estar con él solo lo utilicé. — Suspiró. — Había sido un día de mierda, problemas en la empresa, discusiones con mis padres y luego estabas tú — le confesó notando como él entrecerraba levemente los ojos. — Desde ese día en Central Park hubo algo, la clase de conexión era más de lo que podía manejar, sabía lo que quería de ti, pero también sabía que no era justo jugar contigo, a pesar de ser un entrometido resultabas ser un buen ser humano y no iba a destrozarte como lo he hecho conmigo.

Edward notaba lo difícil que era para ella hablarlo y también reconocía que tenía un gran valor para poder exteriorizar esa parte de su vida y que creía él necesitaba entender cuando en realidad era pasado, que estaba tratando de dejar de lado para mejorar. Cortó el espacio que los separaba y pasó uno de sus brazos sobre sus hombros pegándola a su pecho.

— Lo hice solo para intentar apaciguar el deseo de estar contigo. — Murmuró. — Desde ahí supe que debía de mantenerte alejado, representabas un gran problema para mis planes y al final aunque lo intenté fuiste quien…

— Y me alegro de haber sido quien lo arruinó, o no te tendría aquí en este momento. — Le dijo besando su cabeza. Por una parte estaba molesto por lo sucedido con Demetri y entendía por qué se mantenía revoloteando a su alrededor como si ella le perteneciera.

— ¿No estás molesto y listo para marcharte? — Preguntó por lo bajo luego de que el silencio se hubiera prolongado por varios minutos.

Edward se quedó sin palabras, no era la confesión que esperaba, lo único que pudo hacer fue apretarla más a su cuerpo. Ella cerró los ojos y pegó más su rostro al pecho de Edward disfrutando de ese aroma que le encantaba y el calor tan agradable que desprendía, la mano de él acariciando su espalda de manera lenta la hizo suspirar y levantó el rostro encontrándose con la mirada encendida de él. Solo unos instantes después ambos rompieron el espacio que los separaba y se fundieron en un beso cargado de deseo contenido.

Las manos expertas de Edward pasaron bajo la blusa entrando en contacto con la piel suave de Bella que a su vez dejó sus manos ir desabotonando la camisa de él hasta dejar su torso al descubierto. Al sentir la mano de Bella llegar al borde de su pantalón Edward dejó de besarla.

— No tientes mi autocontrol. — Le pidió con voz ronca.

Bella sonrió de lado.

Echó la cabeza hacia atrás, besó su cuello haciéndolo gruñir — Bella…

— Tal vez no quiero tu autocontrol en este momento. — Respondió con la voz cargada de deseo, sus manos comenzaron el ascenso por el pecho desnudo de él hasta llegar a su cuello y lo atrajo hacia ella para poder besarlo de nuevo.

La parte racional que le gritaba a Edward detenerse dejó de escucharse y se dejó llevar, saboreando cada beso, explorando con sus manos cada fracción de cuerpo suave y caliente de Bella que se removía debajo de él.

La ropa poco a poco fue estorbando, se fueron desnudando uno al otro entre caricias, besos y gemidos que no hacían más que incrementar. Edward se tomó su tiempo en disfrutar cada centímetro de piel como se erizaba ante el contacto de sus labios, como se le detuvo la respiración y ahogó un gemido al introducir en su boca uno de los montículos rosados. El sabor de su piel y la manera en que ella lo acariciaba le estaban haciendo muy difícil el no apresurar las cosas.

Tomó un preservativo que tenía en la cartera y ahogó un gruñido cuando Bella se encargó de ponérselo para luego empujarlo haciéndolo caer de espaldas y ella colocarse a horcajadas. Bella dejó sus manos a ambos lados de la cabeza de Edward que cerró los ojos al sentir como se iba deslizando en el interior de ella que lo envolvía en su calor. Abrió los ojos cuando Bella comenzó a moverse de una manera rítmica, le apartó el cabello del rostro para poder ver como mantenía los ojos cerrados y de sus labios entreabiertos se desprendían jadeos.

Tomó su rostro entre las manos y la obligó a inclinarse más hasta poder besarla, ahí, sintiendo su pecho contra el suyo, deslizó sus manos hacia abajo hasta poder coger sus senos y tiró suavemente de una de las puntas haciéndola gemir con más fuerza y abrir los ojos encontrándose con los suyos que al igual que los de Bella ardían en deseo.

La envolvió en sus brazos obligándola a detener su movimiento y ser él quien comenzara a embestir consiguiendo una penetración más profunda, dejándola sin aliento pero pidiendo que no se detuviera. Edward estaba tratando de mantener el control para asegurarse de que ella alcanzara la cima y fue hasta escuchar un grito agudo y como su cuerpo se tensaba para luego volverse lánguido que el aceleró el movimiento y conseguir terminar.

Con los cuerpos húmedos y las respiraciones aún aceleradas se mantuvieron unidos, Bella sobre Edward que no dejaba de acariciar su espalda, Fue esta quien se separó ante la atenta mirada de él que continuaba devorando cada parte de su piel, notando las áreas enrojecidas y los puntos aún inflamados por sus labios.

Edward se enderezó — No esperaba que nuestra primera vez fuera así — dijo viendo la ropa esparcida por la habitación, uno de los arreglos de la mesa de centro a punto de caer solo sostenido por uno de los contenedores de comida.

Bella se inclinó envuelta en la camisa de él y lo besó en los labios.

— Ha sido fantástico, aunque si quieres probar como sería en la cama no me opondré — le dijo guiñándole un ojo poniéndose de pie y dirigiéndose a la cocina.

Edward aprovechó ese momento para ir al baño.

Al salir se encontró a Bella apoyada en la pared extendiéndole un botellín de agua que el aceptó sin rechistar y bebió casi al completo de un solo trago.

— Si me das un poco de tiempo podremos probar esa cama — le señaló con la cabeza en dirección a la habitación principal.

— Me gusta cómo suena, — se acercó a él poniéndose de puntillas y lo besó muy cerca del lóbulo de la oreja haciéndolo estremecer — dos en una noche, suena muy prometedor.

Lanzó un gritito al encontrarse en el hombro de Edward que le dio una nalgada haciéndola reír aún más fuerte.

— Y si te portas bien puede haber un tercero al amanecer.

...


Muchas gracias a cada una por tomarse un minuto de su tiempo para dejar un comentario, leo cada uno de ellos y trato de responder lo más rápido posible. También hay algunas que no puedo responder por no estar registrada, pero sus comentarios son igual de valiosos.

Para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia, al igual que las que la están leyendo por segunda vez.

Nos vemos sin falta la próxima semana.

Nos leemos

TitiC