~ tattoo
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Otabek en su juventud había cometido muchas locuras. Había bebido y fumado como un loco, se había escapado un sinfín de veces de su casa para poder irse de fiesta, y por supuesto: había tenido mucho sexo. Inclusive alguna vez una chica se le había acercado para gritarle que la había dejado embarazada, que debía hacerse cargo porque era su culpa. Otabek quedó helado, había bebido varios vasos de vodka y se quedó paralizado por esa declaración, ¿él? ¿padre? maldita sea, papá y mamá Altin lo iban a matar cuando se enteraran, joder, no, sus planes de vida a la mierda, ¡él no quería ser padre!
— ¿De qué estás hablando, loca? Otabek es gay — había saltado Jean que lo acompañaba esa noche y que estaba en mejor estado que él.
Entonces al estúpido kazajo le vino el alma al cuerpo. Cierto, él era gay, las chicas no eran lo suyo.
Joder, ese día casi le había dado un ataque cardíaco.
Pero, sin duda, de las locuras que más causó controversia en su familia (más en sus padres) fue cuando se tatuó. Y no solo una vez, sino varias veces.
Tenía un águila en la espalda, las alas ocupaban sus omóplatos hasta casi besar sus hombros, la cabeza del ave se extendía hasta la mitad de su cuello y el torso del animal ocupaba la mitad de su espalda. Tenía en el brazo izquierdo más tatuajes de anillos, símbolos, runas y cosas por el estilo, en su antebrazo superior interno se hallaba un tigre con sus fauces abiertas. Y en su mano izquierda tenía en pequeñita cursiva el nombre de su primer perro y el más querido para él: Denis, que ahora debía estar descansando en el cielo de los perritos.
Sus hermanas decían que sus tatuajes eran geniales, pero sus padres parecían querer ponerse a llorar cada vez que los veían. Otabek era algo impulsivo, pero era buen hijo, cumplía sus deberes y cooperaba con las compras del hogar, ¿de qué se quejan? pensaba el chico. Quizá no había ido a la universidad, pero era feliz haciendo lo que le gustaba: dibujando y ganando dinero como tatuador en un estudio.
Sus días de libertinaje acabaron cuando se acostó con un precioso rubio de ojos verdes con una piel tan impoluta que hasta sintió vergüenza de tener la suya manchada con tinta.
Yuri Plisetsky se llamaba y tenía la mirada de soldado: fría, precavida, audaz y preciosa.
Lo conoció una noche y terminaron en la cama. Tras eso, no pudo soltarlo más ni mucho menos mirar a algún otro chico. Yuri era una preciosura rusa, una mezcla de soberbia, orgullo, belleza y fuerza que lo atraía como imán, era todo lo que debía tener su chico ideal.
Le gustaba su sonrisa felina cuando se quedaba a esperarlo fuera de la universidad, sus ojos suspicaces cuando lo invitaba a beber algo, la manera en que jugaba desinteresado con su cabello cuando intentaba coquetearle.
Ese chico lo traía loco.
Debía estar muy terco por Plisetsky si hasta había usado varios de los cursis piropos que Jean le había aconsejado.
— Te invito a jugar Uno, pero uno encima del otro.
Y, después de tantos intentos clichés, esa basura que había leído en un meme de un perrito en Instagram fue el indicado. Yuri había soltado una risotada y sus ojos brillaron cuando lo miraron entretenido.
— Eres un estúpido, Altin — le había dicho entre risas.
Tras ello, tuvieron varias citas donde Otabek cada vez quedaba más y más prendado a la personalidad de Yuri.
Ese chico resultó ser una caja de sorpresas. Descubrió que los memes de animales (sobre todo los de gatos) eran sus favoritos. Yuri era demasiado multifacético, practicaba ballet, danza clásica y judo. Era políglota pues uno de sus padres era ruso y el otro japonés, dominaba bastante bien el ruso y el japonés, pero en su casa mayormente hablaban el inglés; Otabek casi murió cuando Yuri le habló en japonés, se sintió como uno de esos otakus que no se bañaban, la voz fluida y el tono suave y cantarín saliendo de la boca de Yuri lo hizo sonreír como un imbécil. También, el chico sabía tocar la guitarra, por lo que sus conversaciones se vieron enfrascadas largas tardes en aquel tema puesto Otabek también dominaba el mismo arte además de tocar el bajo.
Yuri era perfecto.
— Me gusta este de aquí — dijo un día que se hallaban en la casa de Altin.
Otabek miró lo que el rubio apuntaba. El tatuaje en su antebrazo.
— Fue uno de los primeros que me hice.
Yuri se recostó mejor sobre la cama y lo miró. Otabek sintió sus latidos acelerarse.
No sabía qué había hecho para que Yuri aceptara ir a su casa. La primera vez el rubio se había mostrado muy cómodo. Incluso sus hermanas lo habían adorado; hablaron largo rato de maquillaje y productos para el cabello, Otabek se sintió algo celoso de que sus hermanas recibieran más atención que él, pero admitía era bastante bonito verlo convivir con su familia. De ahí en adelante sus visitas se habían vuelto frecuentes. Alguna vez él también tuvo la oportunidad de conocer a los padres del rubio, habían sido muy amables a pesar de que Yuri se mostrara algo apenado y enfurruñado en su presencia.
— Yuratchka no tiene muchos amigos...
— ¡Ya, cállate, papá! — había chillado el rubio rojo hasta las orejas.
— Es lindo ver que Yuri tiene un buen amigo, ha sido un placer conocerte, Otabek — le había dicho el padre japonés, tomado del brazo de Viktor con una sonrisa cariñosa.
Yuri y él habían tenido sexo un par de veces más después de su primer encuentro, pero Otabek supo que sus sentimientos estaban en llamas cuando se percató de que no quería a Yuri solamente para un revolcón pasajero. Quería apreciarlo como algo más, como era debido.
— Me gusta mucho — volvió a susurrar Yuri con sus tentativos labios rosados.
— Mi madre gritó cuando lo vio y seguido se desmayó — Yuri soltó una risilla y sus ojos verdes se hicieron dos líneas gatunas.
— Eso pasó con mi padre cuando vio que tenía una perforación en la lengua.
Otabek sonrió.
— ¿Cuál de los dos?
— Viktor, mi papá ruso, es una reina del drama. Yuuri es más tranquilo, solo me regañó porque debí avisarles antes y luego me dejó ser — se rieron por eso y luego Yuri agregó — oye, quiero mostrarte algo... y antes de que preguntes: sí, mis padres ya lo saben, me costó y no me apoyan mucho en ello, pero aceptaron.
Otabek miró curioso cuando Yuri metió la mano en el bolsillo de su sudadera y sacó un papelito que le abrió en la cara. Altin se tuvo que alejar un poco para leerlo.
Era un vale. Un vale para un tatuaje. Otabek abrió los ojos sorprendido.
— Es una reserva para el estudio donde trabajas — dijo sonriendo, satisfecho por su reacción.
Otabek boqueó, perplejo, ¿Yuri quería tatuarse? ¡nunca se lo había siquiera mencionado!
Se sintió algo triste, el cuerpo de Yuri era tan precioso y con una piel tan blanca que el que quisiera tatuarse... pero bueno, cada uno decidía lo que hacía con su cuerpo siempre y cuando no olvidara amarlo y cuidarlo. Si esa era la decisión de Yuri, él estaría feliz por él.
— ¿Con quién sacaste la cita?
— ¿Es que no saber leer, Tontabek?
HouseBlack Studios / Reservación: octubre viernes 25 - 15:30 / A nombre de: Yuri Plisetsky / Tatuador disponible: Otabek Altin / (...)
También estaban anotadas las especificaciones del diseño, tamaño del tatuaje, precio, número del estudio, redes sociales y demás.
— ¿Quieres que te tatúa yo? — preguntó tragando, nervioso — ¿de verdad quieres que yo lo haga?
Yuri subió y bajó los hombros, como si no fuera la gran cosa.
— Sí — no obstante, también agregó con severidad — pero como te llegues a equivocar no te lo voy a perdonar jamás, Altin.
— No lo haré — sentenció de inmediato, sin poder ocultar su emoción — de verdad que lo haré bien.
— Buen cachorro.
Yuri le mostróen su móvil el diseño que quería tatuarse. Eran manchas de leopardo a color.
— ¿Lo quieres en el brazo?
— Lo quiero en la cadera.
Otabek tragó grueso y lo miró. Yuri le sonreía con picardía.
— ¿Por qué de leopardo? Pensé que te gustaban más los tigres. — dijo cambiando la conversación.
— Me gustan todos los felinos, la verdad. Pero si me tatúo un tigre, sería... no sé — murmuró dubitativo, sus mejillas poniéndose calientes — raro, porque, bueno, tú tienes un tigre y, ya sabes...
Su voz se fue apagando y Otabek se le quedó mirando. ¿Yuri estaba siendo tímido?
No, un momento, ¿Yuri creía que si se tatuaba un tigre, entonces su tigre y el de él harían como un tatuaje de parejas o algo por el estilo?
Soltó una pequeña risa y Yuri desvió la mirada hacia otro lado.
Joder, ese chico definitivamente le revolvía el estómago. Quería besarlo.
...
El día de la reservación de Yuri llegó con un perfecto clima nublado y frío.
Cuando despachó a su tercera clienta, vio a Yuri en la sala de espera y le hizo una seña para que ingresara al que era su salón. El rubio traía una sonrisa en los labios y miró hacia todos lados cuando ingresó.
— Te ves tranquilo — le dijo Otabek, botando las agujas que había utilizado y preparando todo para el chiquillo que curioseaba sus dibujos en la pared.
— Es porque lo harás tú — dijo compartiendo una sonrisa.
Otabek ayudó a Yuri a quitarse el abrigo y el suéter, dejándolo en camiseta. Las prendas las colgó en los ganchos tras la puerta de entrada y vio como Yuri de espalda se sentaba en la camilla y se recostaba ligeramente.
No pudo evitar sonreír. Estaba a minutos de tatuar a Yuri Plisetsky.
Le mostró el diseño que había preparado para él y Yuri dijo que era perfecto.
Limpió la piel blanca a pesar de ya estar impoluta y se delitó con la pequeña montaña que hacía la cadera del chico. Podía avistar ligeramente la ingle de Yuri y su muslo carnoso pedía a gritos ser arañado.
— Anticipo a un Otabek Junior despertando, por favor, señor Altin, sea profesional y no me obligue a demandarlo por acoso sexual.
Otabek soltó una sonrisa divertida.
Puso toda su concentración y esfuerzo en realizar un trabajo impecable al traspasar el diseño a la piel. Yuri lo miraba atento.
— Necesito que te quedes quieto, pero dime si estás incómodo o si te duele.
— Bien, ¿puedo...? — hizo una seña a su celular.
— Sí, puede que estemos aquí un ar de horas, distráete.
— Ok.
Yuri soportó bastante bien la aguja en la zona casi llegando a su abdomen y la parte superior de su muslo. La tinta negra manchando la pálida piel hizo que Otabek sintiera un tipo de satisfacción bastante agradable, le daba ganas de besar su propio trabajo.
No obstante, cuando llegó a la zona del hueso de su cadera, el rubio soltó un suave gemido y Otabek lo miró levantando la aguja.
— ¿Duele?
— Un poco, pero continúa, se me está durmiendo la piel y es soportable.
— Cualquier cosa me avisas, ¿sí?
Pero Yuri soportó el coloreado como un campeón. Y cuando Otabek limpió con espuma su obra terminada, Yuri se inclinó con el cuerpo cansado para observar.
— ¿Te gust...?
— ¡Me encanta! — exclamó con una sonrisa de oreja a oreja — es genial, Beka, me encanta.
Otabek se dio por satisfecho. Se estiró en su silla y los huesos de su espalda tronaron por haber estado tanto rato en la misma posición. Yuri volvió a recostarse y le sonrió de manera que no comprendió, pero supuso era porque estaba feliz con el resultado. Le tiró un beso y Altin sonrió cansado.
Se puso de pie en busca de su móvil y el plástico con que protegería el tatuaje de Yuri. Se acercó de nueva cuenta al rubio que todavía lo observaba entusiasmado.
— ¿Me dejas sacarle una foto? Es para la página del estudio — preguntó desbloqueando su móvil.
— Sí, sí, claro.
No obstante, antes de hacerlo, se fijó en las notificaciones de Instagram; entre ellas una etiqueta de Yuri. Lo miró y apretó para abrir.
Era un vídeo a manos libres. Yuri primero sonriendo con ese sensual gesto de soberbia en los ojos y luego cambiando la cámara hacia él, dando con su perfil concentrado en la piel ajena. Un pequeño emoji de leopardo tapaba su piel expuesta. Había una encuesta de sí y no que rezaba "¿debería hacerlo mi chico oficial?".
Miró a Yuri de inmediato, el ruso le sonreía con las mejillas rosadas.
— Hay bastante gente votando sí, al parecer eres muy guapo. ¿Tú quieres o no?
Otabek soltó una risa estúpida y, antes de acercarse para besar al precioso felino de cadera de leopardo frente a él, se aseguró de votar un "sí".
Joder, por supuesto que sí.
~ día 25: tatuaje
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