No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Christine Feehan (La Maldición de Los Scarletti). Yo solo me divierto un poco.
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Emmett caminaba por el largo y amplio corredor. Estaba absolutamente harto, cansado hasta los huesos. Le dolía el costado donde el estilete de Alistair le había atravesado el músculo, pero más que la carne, le dolía el alma. Ahondar en los asuntos de su hermano una vez amado se había parecido mucho a sumergirse en el mal. Su hermano había llevado un diario de sus actos, creyendo de algún modo, en su depravación, que estaba cumpliendo con su deber para con los futuros herederos Cullen. Al fin el sol se había puesto, y podía recorrer su triste camino hasta su recámara. Hasta su esposa.
Isabella. Ella era un soplo de aire fresco en el palazzo, obrando milagros con su sonrisa soleada, solo con su personalidad. Se reía con Sue y Esme y su pequeña carga, Alice, ofreciendo consuelo y amor. Atraía a Nonno al círculo de luz hasta que incluso los sirvientes le sonreían. Estaba con frecuencia en la habitación de Tanya, hablando con ella, animándola, ofreciendo paz y amistad. Se ocupaba de la familia de Eleazar, proporcionando ayuda y consuelo cuando podía. Era la sanadora, se ocupaba del joven soldado herido, Denali, oculto en el palazzo, y, por supuesto, de su marido. Isabella atendía sus heridas muy, muy cuidadosamente.
Emmett no recordaba ya que había hecho sin ella. Era una influencia tranquilizadora, aunque su esposa descalza también traía risas al palazzo. La necesitaba esta noche después de los horrendos descubrimientos que había hecho. Necesitaba su amor por la vida, su energía. Necesitaba el solaz de su cuerpo.
Abrió la puerta de su habitación. Estaba vacía, como esperaba que estuviera. Probablemente estaría calmando las pesadillas de Alice o haciendo la última inspección al joven Denali antes de irse a la cama. Suspirando suavemente con pesar, Emmett estaba a medio camino hacia el enorme lecho, quitándose la camisa, cuando notó que la puerta del baño estaba parcialmente abierta. Se quedó quieto por un momento, se masajeó el cuello con los dedos en un intento de aliviar sus músculos tensos. Librándose de las botas, las dejó caer al suelo antes de recorrer descalzo la habitación hacia el baño, con los pies desnudos sobre los lisos azulejos.
Isabella yacía sobre el estómago sobre el mármol junto a la piscina, pasando los dedos por el agua. La luz de las velas danzaba sobre su piel desnuda, sus largas piernas atraían la atención sobre la curva de su trasero. Su pelo caía en una cascada de seda negroazulada sobre un hombro desnudo. Le robaba el aliento con su belleza.
Hizo un sonido con la garganta, sus ojos negros se fijaron en ella como los de un depredador en su presa. Ella miró sobre el hombro, vio el deseo en sus ojos y sonrió una invitación.
-Estaba esperando que tú unieras a mí. He estado aquí tendida pensando en ti. -Se giró ligeramente, solo su bastante para que él captara un vistazo de sus pechos llenos que le llamaban.
-¿Qué estabas pensando? -Su cuerpo estaba ya reaccionando ante la visión de su piel brillante, sus curvas redondeadas, los invitadores hoyuelos de su espalda. Estaba duro e hinchado de deseo, un dolor constante ante la sensual invitación de su cuerpo desnudo. Los pantalones eran de repente extremadamente apretados.
La mirada de ella recorrió la figura masculina para posarse pensativamente en su rígida erección.
-Estaba pensando en lo mucho que me gusta la forma en que me tocas. -Su mano recorrió hacia abajo su propio cuerpo, llamando la atención sobre la hinchazón de sus pechos, su estrecha cintura, la curva de sus caderas-. Lo bueno que se siente tu boca sobre mi piel. Lo mucho que me gusta mi boca en tu piel. -Se volvió a echar, sus dedos jugaron ausentemente en el agua, sus ojos se cerraban. -Se está tan bien en esta habitación, Emmett, los dos apartados del resto del mundo.
Emmett murmuró su acuerdo mientras hacía a un lado sus pantalones de una patada. Bajó los escalones en el interior del agua caliente, que lamió su piel como mil lenguas, limpiándole, y se puso en pie junto a ella, sus manos le encontraron el tobillo, la hermosa pantorrilla. Ella ya se había bañado, y olía limpia y fresca. Inclinó la cabeza para saborear las pequeñas gotas de la parte de atrás de sus rodillas. Sus dientes rasparon gentilmente, moviéndose firmemente muslo arriba. Sus manos dejaron caricias en las piernas, avanzando centímetro a centímetro.
Isabella se removió, suspirando con satisfacción
-¿Me echas de menos como yo te echo de menos a ti cuando te vas? -La voz fue suave, filtrándosele en los pocos, penetrando en su corazón.
La lengua de él se arremolinó detrás de la rodilla.
-Te hecho tanto de menos, que duele. -Su aliento cálido le jugueteó sobre la piel-. Pienso en ti cuando debería estar trabajando. -Sus dedos ahondaron en las oscuras sombras.
Sus dientes mordisquearon gentilmente la piel. Sus manos moldearon la curva de las caderas. Se empujó fuera del agua para cubrirla con su cuerpo, su boca encontró esos pequeños hoyuelos intrigantes en la región lumbar de la espalda. Se presionó contra ella, tomándose su tiempo mientras exploraba la firmeza del trasero, dejando besos, arremolinando perezosamente la lengua en cada hueco y muesca femenina.
-¿De veras? -Isabella rió suavemente, alzando las caderas para empujar hacia atrás contra él, disfrutando de la sensación de él tan grueso, duro y deseoso de ella. - ¿En qué estás pensando ahora mismo?
La giró, con la mirada ardiente y hambrienta.
-Estoy pensando que reclamar mis derechos a tu villaggio fue la mejor decisión que podía haber tomado. -Inclinó la cabeza hacia los pechos, sus manos se movieron posesivamente sobre ella. Su lengua bañó los débiles moretones, gentil y consoladora.
-Yo estoy pensando que tienes razón, Emmett. -Isabella cerró los ojos, arqueándose hacia el calor de su boca, enterrando los puños en su pelo para sujetarle-. Te deseo. Te he esperado todo el día.
Él alzó la cabeza para estudiarle la cara.
-¿Todo el día?
Ella asintió calladamente, observándole. Bajo él, sus piernas se movieron inquietamente, sus caderas empujaron hacia arriba.
-Llevo todo el día pensando solo en ti.
-Me haces feliz como nadie más podría, diciendo algo tan simple a tu marido -dijo él suavemente, volviendo a entrar en el agua y empujándola hasta el borde de la piscina para que pudiera poner las piernas sobre sus hombros-. Haces desaparecer todas mis cargas, Isabella. -Sus manos le acariciaron los muslos y la empujaron incluso más cerca.
El cuerpo entero de Isabella se tensó con expectación. El aliento de él era cálido sobre su piel. El pelo la rozaba como seda húmeda en el interior de los muslos. Besó su rizos húmedos y apretados, la lengua hizo una lenta pasada para saborearla antes de insertar dos dedos en su apretado centro, empujando profundamente solo por el placer de hacerla responder.
-Si, bambina, esto es lo que necesito. A ti, caliente y lista para mí. -La empujó hacia su anhelante boca, deleitándose en un salvaje asalto de puro placer.
Isabella gritó, echando la cabeza hacia atrás, moviendo las caderas fuera de control, tan lista para él que casi estaba llorando. Apretó los puños entre su pelo, sujetándole mientras la intensidad crecía hasta alturas a las que no estaba segura de sobrevivir. Había tenido tanto miedo de no volver a poder acostarse nunca con Emmett sin las asquerosas perversiones de Edward en su mente, pero debería haber confiado más en su marido. Indudablemente había acabado con cada demonio, cada miedo, hasta que solo quedó él, sus manos y su boca y sus suaves palabras susurradas.
-Ti amo -le dijo suavemente, sintiéndolo de veras. Las palabras estaban arraigadas en su alma para siempre.
Él se hundió bajo las cálidas aguas, después salió a la superficie, con agua goteando de su pelo negro empapado, el agua corría por su piel mientras salía fácilmente de la piscina. Sus ojos eran ferozmente posesivos, ardientes de deseo. La levantó en brazos y la llevó directamente a su enorme cama.
-Estamos muy mojados -le recordó, riendo suavemente ante su comportamiento ahora impulsivo y juguetón-. Empaparemos las colchas.
Emmett la siguió directamente a esas colchas.
-Tenemos muchas camas y muchas colchas en el palazzo -le recordó él, presionando contra ella agresivamente-. En cualquier caso, no importará. No necesitaremos mantas, yo que tengo intención de mantenerte ocupada... quizás haciendo un bambino... toda la noche. -Empujó en su interior, observándola mientras los unía-. Quando sei bella. Ti amo.
Susurró las palabras... Qué hermosa eres. Te amo... y las dijo en serio. La amaba con cada aliento de su cuerpo, con todo su corazón y su alma. Ella sabía cómo romper la maldición, y él era lo suficientemente hombre y la amaba lo suficiente como para seguir su consejo y confiar en que así sería. Deseaba el alma de ella volando con la suya, y deseaba sentir como se le hinchaba la barriga con su hijo. Un hijo que conocería el amor y la risa, no de pérdidas interminables, conspiraciones, ni malignos rumores. La maldición Cullen, juró, nunca más viviría.
Isabella observó la cara de su marido, vio desaparecer las sombras, observó como el júbilo reemplazaba a la fatiga. Se movió con él, arqueándose hacia él, de forma que se unieron en una feroz fricción, haciendo que pudiera sentirle crecer incluso más profundamente en su interior. Le encantaba la forma en que la amaba.
Y él tenía razón. Ella ni una sola vez notó el agua que empapaba la colcha, y el don y su esposa concibieron, esa noche, a su primer, feliz y sano bambino.
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¡Se terminó nuestra historia! Gracias a todos por apoyarme en mi nueva locura jaja me alera saber que mis libros favoritos pueden ser los nuevos libros favoritos de alguien más :3
Aún debo terminar Magia Oscura jeje no crean que lo he olvidado… y como solo me queda una semana antes de entrar a clases… no se si me dará tiempo para algo más… en fin… ya saben que soy algo impulsiva con los fanfics jajaja
Espero dejen un lindo comentario, los amoooooooooo
¡Nos leemos pronto!
