Declaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Pero la trama es completamente de mi autoría. A casi 10 años de haber sido publicada por primera vez, regresa mejorada.

Gracias a mi beta Andrea y mis prelectoras: Ericastelo, y mi hermanita Ta-Cullen por ayudarme a acomodar las ideas.


15.- Precipitado

El sonido de una melodía suave pero desconocida la hizo entreabrir los ojos, con el movimiento su pierna rozó otra y una sonrisa de extendió en su rostro al recordar la noche anterior. Se acurrucó más al lado de Edward.

El sonido volvió a escucharse y Bella no pudo más que protestar, el cuerpo de Edward se movió maldiciendo.

— Lo lamento, es la estúpida alarma que olvidé quitar. — Dijo tomando el móvil y finalmente desactivándola.

Bella rio bajito, entrelazó su pierna entre las de él y acomodó su cabeza en su pecho. Edward por su parte comenzó a acariciar su espalda desnuda haciéndola estremecer.

— ¿Uno más? — Le preguntó con picardía. — Aún me debes ese tercero.

—Y lo deberé — sentenció. — Realmente me dejaste agotado y estoy hambriento.

En un rápido movimiento la dejó de nuevo bajo su cuerpo y se perdió en sus ojos cafés que lo miraban con un brillo juguetón.

— Esta tarde podremos intentar cumplir esa promesa — le dijo antes de darle un beso suave en sus labios y levantarse ante las protestas de Bella, que se mordió el labio observando su bien formado trasero hasta que desapareció en el cuarto de baño.

Se estiró y los músculos de sus piernas fueron los que más protestaron. Había escuchado a algunas de sus amigas hablar de lo doloridas que habían quedado tras una larga noche de sexo, pero hasta ese momento era algo que ella no habia experimentado. Escuchó el sonido de la ducha y contrario a lo que deseaba, dejó que lo hiciera en solitario, él había pedido un poco de descanso y se lo daría para que más tarde no hubiera pretextos.

Terminaron saliendo a desayunar a un restaurante cerca del parque, Bella era una pésima cocinera, en realidad nunca había aprendido hacerlo, su madre le recordaba que era inecesario ya que podía pagar a quien lo hiciera, en ese momento le dio la razón, ya que era tiempo que pudo dedidcar a su carrera; así que ahí estaba a sus 24 años sin apenas saber preparar más que comida congelada y que solo se debía de meter al microondas.

Edward estaba teniendo un debate interno por su parte, debido a lo ocurrido la noche anterior, su autocontrol se rompió y terminó cumpliendo una de sus fantasías al estar con ella, lo que reconocía era mucho mejor de lo que él había podido imaginar y ahora que lo había experimentado no es algo que iba a poder dejar con facilidad.

— Ya puedes quitar esa expresión, estoy desayunando contigo demostrando que no pensaba desaparecer después de una noche juntos — le dijo pinchando un trozo de fresa de su plato para llevárselo a la boca.

— Y me alegro porque una noche no fue suficiente.

— Estoy de acuerdo — secundó Bella con un guiño.

Luego de dar de un paseo por el parque decidieron que era hora de volver, Edward estaba incómodo por llevar la ropa del día anterior.

Bella estaba realmente cómoda a su lado, era curioso como alguien que apenas conocía desde hace unas semanas podía comenzar a significar tanto. En cuanto a relaciones, su lista era muy corta, no era la clase de chica que solía permitir que cualquiera entrara en su vida, era desconfiada por naturaleza y sabía que algo sin ataduras era mucho más sencillo de manejar, chicos con los que podía salir y de vez en cuando terminar en la cama, pero con la clara consignia de que eso no cambiaba nada.

En realidad, Edward podría considerarse el primer hombre con el que se planteaba una relación a largo plazo, la clase de relación en que te involucras sabiendo que serán exclusivos.

Al volver al departamento no estuvieron mucho tiempo a solas, al cabo de unos minutos los demás aparecieron, esta vez con Rosalie que no parecía del todo animada, pero al parecer como todas las veces anteriores lo hacía por su novio. Alice fue la única que enarcó una ceja con una sonrisa ladeada al ver que su hermano llevaba la misma ropa del día anterior y quedó más que claro al notar como ambos compartían miradas y una que otra caricia cuando creían que nadie los observaba, pero ese detalle no paso desapercibido por los cuatro pares de ojos.

Aprovechando que Edward tuvo que atender una llamada y los chicos estaban en la cocina, Alice no pudo contenerse.

— ¿Así que tú y Edward? — Preguntó lanzando una mirada pícara.

— Eso no te importa, Alice — refunfuñó Rosalie incómoda.

— Solo quiero saber si ya la puedo considerar oficialmente de la familia — protestó. — Además, solo hay que verlos, su rostro los delata y el sujetador que Edward intentó esconder en el bolsillo al entrar en esta habitación.

— ¡Alice! — chilló Rosalie levantándose dirigiéndose a la cocina, no le apetecía estar en ese espacio de ser cierto.

— No te hagas la puritana, tú y Emmett habían utilizado la mayoría de las estancias de la casa en Londres — le recordó antes de que saliera de la habitación. Rosalie se detuvo y las miró boqueando como buscando algo para rebatir pero al final se encogió de hombros y fue hasta donde estaba su novio.

— Así que, ¿finalmente se dejarán de tonterías y las chispas que hay entre ustedes van a cesar? — Cuestionó.

— Puede que así sea, pero esto es algo que no quiero que salga de aquí.

— ¿Qué no debe de salir de aquí? — Preguntó Emmett dejándose caer en uno de los sillones.

Bella se llevó una de las manos al rostro y se maldijo por dentro, ya estaban todos de regreso expectantes ante su respuesta.

— Sobre que hay un par de tortolitos más — sentenció Alice con una enorme sonrisa.

— Y no quieres que se sepa ¿por? — Inquirió Rosalie con un deje de molestia — ¿Te avergüenzas de Edward?

— ¡Basta, Rosalie! — Exclamó Edward llegando junto a Bella que lanzaba una mirada envenenada a Rosalie.

— La realidad es que esto iba a ser únicamente de nosotros, al menos por un tiempo. — Protestó incómoda — Si no quiero que salga de aquí es por mis padres, no los conocen en lo absoluto, pueden ser una pesadilla y no es algo que quiera para Edward ni mucho menos para ustedes que sin querer entrarán en la ecuación.

— Seremos una tumba, ¿verdad? — Les dijo Alice mirando a los demás que asintieron.

La tarde la pasaron entre películas, risas y una salida a un restaurante recién descubierto por Rosalie. Pero antes de ello Edwrad los obligó a hacer una parada en casa para poder cambiarse, en ese momento Bella pudo estar un rato con Esme quien de verdad parecía encantada de tenerla en su hogar.

Se mantuvo en la cocina observando a Esme moverse con gracia preparando una cena para ella y su esposo. Bella absorbió ese momento, nunca en lo que recordaba había visto a su madre hacer algo asi, ese tipo de detalles no hacía más que remarcar las diferencias entre Edwrad y ella, los ambientes de los que provenían eran demasiado opuestos, ¿realmente funcionaría algo entre ellos?, ¿valía la pena si quiera arriesgarse?

Dejó sus pensamientos de lado al llegar Edward junto a ella para llevársela no sin antes despedirse de su madre que les deseó se divirtieran.

...

Al día siguiente Bella comenzó con su rutina: una actualización de la bolsa, un baño y desayunó un poco de avena en agua con fruta, para después marcharse a su primera clase. Al llegar ignoró a los que la saludaban en los pasillos, muchos de ellos solo esperaban poder relacionarse con su grupo. Antes de llegar a su salón su móvil vibró y al ver la pantalla notó que era un mensaje de Edward con una imagen adjunta, al abrirla una sonrisa se formó en su rostro, era una foto de la nueva portada de Vogue en la que ella aparecía. Amplió la imagen para ver que era una de sus mejores fotos, de cuerpo completo con un vestido ajustado de Versace, el cabello suelto y un maquillaje impecable acompañado de su collar, ese que había causado sensación.

Isabella Swan

La heredera que está haciendo temblar al mundo de las finanzas y de la moda.

Un mensaje apareció en la conversación.

— Mi chica es preciosa — le escribió Edward terminando con un guiño. — Tendré que mantener a los lobos lejos de ella.

— ¿Nos vemos para comer? — Le envió recibiendo un mensaje al instante con una afirmación.

No pudo esperar y buscó el contacto del diseñador del collar y le envió un correo con la imagen de la portada y un simple mensaje.

La publicidad es un regalo, es momento que el mundo reconozca y valore tu talento.

Isabella Swan

Mucho más animada entró en el aula tomando uno de los asientos del centro. Fue al final de la primera clase que comenzó a sentir su móvil vibrar continuamente, al ver leyó los nombres de Tanya y Jessica que preguntaban por qué no les había hablado de que sería portada y solo se encogió de hombros disfrutando que ellas se estaban muriendo de la envidia porque a pesar de estar más involucradas en el mundo de la moda, hasta ese momento no eran consideradas para aparecer en una revista de circulación nacional, su portadas se limitaban a las revistas locales y a las de escándalos que no eran precisamente la publicidad que más les agradaba, pero sí la que se merecían.

Al llegar a la oficina vio un paquete sobre su escritorio, al abrirlo encontró un ejemplar de la revista enviado directamente por la editorial. Sin perder tiempo buscó y leyó el artículo sintiéndose orgullosa de que aunque su apellido tenía peso, se centraban realmente en ella, en cada una de las cosas en que se destacaba así como las causas que ayudaba con las organizaciones de las que era miembro. Y la promesa que representaba en una generación considerada vacía.

La comida con Edward se vio cancelada por una emergencia en el hospital, en lugar de salir decidió ordenar algo fresco y sencillo para comer en su oficina sin despegarse del trabajo. El momento que estaba ocupando para comer su ensalada fue interrumpido por una llamada de su madre.

— ¿Así que estás en la portada y no tuviste la delicadeza de mencionarlo? — Le recriminó, — Me llamó Margaret para contármelo. Además, espero que no estés demasiado orgullosa ya que la foto no es la mejor, los poros se notan abiertos, hay acumulaciones de grasa en las caderas, brazos y piernas que no deberían de estar ahí ¡debiste pedir un retoque digital!

— No tuve oportunidad de mencionar lo de la portada, hace días que no hablamos — dijo cerrando el contenedor de ensalada y arrojándolo a la basura, de pronto el hambre había desparecido.

— Te diría que la próxima vez no olvides comentarlo, pero viendo esta imagen dudo que alguien más te quiera en su revista, una espantosa publicidad. — Señaló desdeñosa. — Volveremos pronto y ya me encargaré de minimizar los daños.

Al final de la llamada se quedó un rato en la misma posición observando la revista sobre su escritorio. Cierto que no era una de esas esculturales modelos que continuamente estaba en la portada, era una chica más del promedio con la suerte de excelente contactos que la habían llevado a tener esa oferta. De golpe volteó la revista para no seguir observando su imagen. Se maldijo internamente por permitir que comentarios como el de su madre la hicieran dudar, ¿en qué se estaba convirtiendo? Estaba acostumbrada a escucharlos, dejarlos pasar, sin embargo ahora comenzaban a afectarle de nueva cuenta, su coraza parecía irse haciendo más delgada y volviéndola vulnerable, algo que no se podía permitir. Ella no era débil.

El sonido del intercomunicador la hizo salir de sus pensamientos y centrarse en lo que era importante. Su trabajo.

Edward se presentó al final de la jornada y contrario a lo que esperaba se encontraron en casa de sus padres en una cena familiar. Bella trató de mostrarse amigable, pero ese día estaba resultando complicado. Era como si de pronto su verdadero yo estuviera despertando del letargo en que lo había sumido para poder cambiar su vida, que no estaba resultando ser mucho mejor, en este aspecto no tenía las cosas bajo control y eso estaba haciéndola sentir ansiosa, quería pertenecer a un grupo en el que no encajaba de verdad. De nueva cuenta se estaba moldeando.

...

Un día después, en su sesión con el terapeuta, todo comenzó de manera regular, pero la ansiedad que estaba presente no tardó en alterarla y comenzar con una discusión sobre la efectividad del tratamiento, como en lugar de sentirse aliviada de pronto ya no estaba segura de nada, de haber perdido la perspectiva de quién era.

— ¿Y quién es Isabella Swan? — Le preguntó con tranquilidad notando a Bella cerrar la boca y lanzar una mirada fulminante.

— Dímelo tú — fue la respuesta y al notar que el hombre sentado delante de ella enarcaba una ceja, Bella tomó sus cosas y salió del consultorio.

Se apresuró a salir del edificio solo para tomar una gran bocanada de aire, no entendía qué es lo que sucedía en realidad, pero toda esa situación la estaba afectando más de lo que hubiera imaginado. Se estaba volviendo débil, las emociones comenzaban a controlarla y eso solo traía problemas, ser una persona emocional solo garantizaba errores y un pésimo desempeño en su trabajo, lo único que tenía de valor.

El sonido de su móvil la interrumpió, era un número desconocido y canceló la llamada, solo para volver a ver aparecer el número así que decidió responder.

— Isabella Swan

— Señorita Swan, me comunico de Spencer-Wells, somos la empresa organizadora de su cena de gala, solo necesitamos afinar unos detalles y tomar una decisión con un problema de último minuto.

Bella se maldijo por haber olvidado la cena que se suponía estaba organizando y se llevaría a cabo la semana entrante. Sin perder más tiempo aceptó reunirse en ese momento.

Le tomó cerca de quince minutos llegar por el tráfico en la zona, había olvidado por completo que la cena de gala en el último día de la semana de la moda, era su responsabilidad. Había organizado y dejado instrucción concretas, pero no había supervisado los avances y si las cosas no estaban como debería tendría un trabajo duro por delante. No iba a arruinar ese momento.

La reunión se extendió por cerca de dos horas, Edward estuvo llamándola en repetidas ocasiones solo encontrándose con el buzón de voz hasta que finalmente Bella le escribió un mensaje con la palabra ocupada y lo apagó para no tener más interrupciones. Los cambios tendrían que ser mínimos por problemas con proveedores, a quienes se decidió cambiar, lo que más le causaba estrés era el cambio de chef porque el que estaba contratado había sufrido un accidente, había propuestas para el sustituto pero Bella no lo conocía y tenía que hacer una prueba del menú, al mismo tiempo estaba contactando a uno muy conocido y que le debía un favor.

Al encender el móvil no le extrañó ver varios mensajes de Edward, pero no iba a responderlos, no deseaba tener esa discusión, solo deseaba llegar a casa meterse en la bañera por un largo tiempo. Pero su plan se vino abajo al encontrar a Edward sentado en uno de los sillones del recibidor del edificio.

— Creo que merezco más que una simple palabra. — Le recriminó observándola detenidamente como si buscara encontrar algún signo de recaída.

Bella se dio cuenta al instante y su mirada se endureció.

— Deja de hacer eso — le pidió en un gruñido bajo, apretó el botón del ascensor. — Estaba en una reunión. Hoy necesito mi espacio.

— Yo creo que necesitamos hablar. Scott me llamó. — Le dijo solo consiguiendo que Bella lo mirara enarcando una ceja como indicando que no era de su incumbencia. — Podemos hablarlo en privado o prefieres hacerlo aquí, pero lo vamos a hacer.

— No te confundas, Cullen, no eres nadie para darme órdenes. — Protestó con molestia.

Al llegar el ascensor Edward colocó la mano en las puertas para evitar fueran cerradas y cediéndole el paso, Bella lo meditó por unos segundos, pero al ver la decisión en el rostro de él, terminó entrando y se mantuvo en silencio solo observando los números cambiar conforme ascendía sin mirar a Edward.

A penas entrar en su departamento Bella arrojó su abrigo y bolso en una silla ignorando que resbalaran y cayeran. Se dobló las mangas de su blusa y colocó sus manos en jarras.

— Sea lo que sea que hay entre nosotros no te da derecho a intervenir y mucho menos a manejar mi vida. ¿Soy clara? — Inquirió manteniendo el rostro serio.

— No estoy queriendo manejar tu vida, Scott me contó lo sucedido y esas consultas son parte del tratamiento que prometiste cumplir. — Espetó manteniéndose en su sitio con las manos en los bolsillos de su pantalón.

— ¿Qué clase de profesional habla de su paciente con otra persona sin una autorización?

— Dado tu caso y la susceptibilidad a una recaída solo cumplió con su trabajo de notificar a una de las personas responsables de ti. — Le recordó la forma en que ella lo había colocado como uno de sus responsables. — ¿Qué sucedió para que te fueras?

— Sucede que me doy cuenta que estoy en un círculo y no veo un avance real en todo esta mierda. — Estalló. — Soy consciente de mis errores y lo mucho que dejé que los deseos de mis padres tuvieran peso en mi vida, que me dediqué a complacerlos a costa de mis propios deseos y me sentía aliviada de romper esas cadenas, pero ¿Qué estoy haciendo ahora? Me estoy tratando de ajustar a lo que tú quieres que sea, lo que tu familia espera ver en mí. Rompí unas cadenas para aceptar unos nuevos grilletes.

Edward hizo un ademán de acercarse a lo que Bella retrocedió.

— Vamos a respirar y dejar de dramatizar el asunto — dijo cerrando los ojos al notar como sus palabras tenían el efecto contrario por una palabra mal utilizada, pero su paciencia estaba al borde, la situación se estaba saliendo de su manos.

— ¿Dramatizar? — Enarcó una ceja molesta y lanzó una risotada un poco histérica. — Cuantas veces debo recordar que yo no fui la que te pidió ayuda, tú decidiste ser el caballero de brillante armadura, te autoproclamaste mi salvador cuando nadie te lo pidió.

Edward se llevó las manos a la cabeza pasando sus dedos por su cabello y tratando de serenarse.

— Esto — se señaló a ambos — no tiene ningún futuro, podremos conectar en la cama pero venimos de entornos muy diferentes, y no voy a cambiar para adaptarme al tuyo. ¡Nos precipitamos!

Edward se sentía con las manos atadas por cómo estaban resultando las cosas en ese momento, era demasiado lo que estaba sucediendo en la vida de Bella y podía comprender que se sintiera como lo estaba expresando, pero con lo que no estaba de acuerdo es que afirmara que él intentara cambiarla y moldearla a su manera.

— Quiero estar sola, necesito espacio — le dijo finalmente Bella abriendo la puerta sin apenas mirarlo.

Antes de cruzar la puerta Edward se detuvo y con voz suave le dejó saber que a pesar de todo él estaría disponible por si lo necesitaba. Bella se quedó con la espalda pegada en la puerta con los ojos cerrados tratando de apartar la imagen de Edward alejándose.

Recordando lo que tenía planeado hacer apenas llegar, fue rumbo a la habitación para llenar la bañera y poder sumergirse en el agua caliente. Al hacerlo cerró los ojos y solo podía revivir lo sucedido y una necesidad apremiante de una bebida fuerte, se sumergió por completo hasta que ya no pudo más emergiendo tomando una gran bocanada de aire. Sin poder soportarlo más, salió de la bañera envolviéndose en una toalla, todo se podía ir al demonio.


Muchas gracias a cada una por tomarse un minuto de su tiempo para dejar un comentario, leo cada uno de ellos y trato de responder lo más rápido posible. También hay algunas que no puedo responder por no estar registradas, pero sus comentarios son igual de valiosos.

Para las nuevas bienvenidas y espero disfruten la historia, al igual que las que la están leyendo por segunda vez.

Nos vemos sin falta la próxima semana.

Nos leemos

TitiC