~ pet names
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Yuri se paseaba por la casa con una de las sudaderas de Beka que le llegaba hasta los muslos y con sus pies cubiertos por la tela de sus calcetines con estampado de dinosaurios.
Tan solo unos pasos rápidos de la cocina al baño, del baño a la sala y de la sala de nuevo a la cocina, y Otabek supo que Yuri quería atención. De otro modo, no estaría paseando tanto frente a él y el periódico que había dejado de leer hacía un rato por verle rondear con aparente semblante despreocupado.
— ¿Yuri?
Pero no le prestó atención. Dio otra vuelta mientras miraba por la ventana al lado de la mesa.
Oh, entonces no estaba de buen humor. Pero claro que Otabek sabía perfecto lo que debía hacer.
— ¿Gatito?
Su voz ronca y profunda hizo que la espina dorsal de su novio se enderezara de golpe y el chico de rubios cabellos volteara hacia él justo cuando pensaba en dar otra ronda.
— ¿Qué quieres? — preguntó, todavía fingiendo desinterés.
Otabek reprimió una sonrisa. Yuri podía querer hacerse siempre el duro, pero sabía que su gran debilidad era ser llamado gatito y ser tratado justamente como uno. Y Altin no se quejaba, adoraba mimar en todo lo que pudiera a esa bola huraña y dulce.
— Ven aquí — dijo palmeando sus muslos.
Yuri lo miró con rostro serio, sus labios finos y sonrosados siendo una fina línea. Llevaba el cabello amarrado en una desarmada cola de caballo y aunque varios mechones le caían por la cara, seguía viéndose apuesto, con esos ojos verdes que lo miraban con atención y sus delgadas cejas sin expresión.
Pareció dudar, echándose las manos a los bolsillos y mirando hacia el final del pasillo y luego hacia su novio. Hizo una mueca con sus labios y se acercó a paso lento hacia el sofá donde Otabek anteriormente leía el periódico.
El kazajo estiró sus manos y atrapó sus muslos suaves y sedosos con gentileza. Tomó su cintura y sentó a Yuri en su regazo como si estuviera arrullando a un bebé.
— ¿Qué pasa, gatito? — preguntó besando su mejilla, sintiendo cosquillas por la pelusa rubia de su cabello.
Yuri frunció el ceño y se cruzó de brazos, dejándose mimar, pero con mala cara.
— Nada — respondió enfurruñado, sintiendo los besos de Otabek bajando por su cuello.
— Sé que te pasa algo, estás haciendo una mala cara ahora mismo, ¿me contarás qué te pasa? me gustaría ayudarte.
Yuri apoyó su cabeza en su hombro y maldijo entre dientes.
— Un tarado del trabajo me quitó una venta por un millón de rublos, llamé al viejo para decirle que su pedido sería enviado mañana y me dijo que ya había llegado ayer a nombre de Jean Jacques Leroy — pareció gruñir entre los brazos de Beka, hasta que explotó — ¡Era mi venta, Beka! ¡yo coticé todas las putas compras de ese viejo, gaste mi maldito tiempo y ese imbécil me la quitó! ¡era mía, mía, mía, mía!
— Ya, cariño, no te...
— ¡No me digas cariño, dime gatito! — chilló enfurecido.
— Sí, gatito, sí — respondió veloz, acariciando sus cabellos e instándolo a que se recostara de nuevo en su hombro para que no perdiera la cordura y destruyera toda la casa.
Yuri siguió descargando su furia mientras las manos de su novio repasaban sus piernas, su espalda y su cabello. Otabek besaba su cuello para calmarlo a ratos.
— Pero Yuri, eres un genial vendedor, muy apuesto y...
— ¡Pero no me dejes de besar!
— ¡Si te beso no puedo hablar de lo mucho que me gustas!
Yuri frunció más el ceño y se hundió entre sus hombros. Sus mejillas se colorearon de un lindo carmín y se quedó callado para que Beka lo adulara.
— Como te decía, gatito — Yuri lo miró con sus grandes ojos cuando lo llamó así — eres el vendedor más apuesto de esa tonta tienda, si hay alguien que puede doblar el millón de ventas, ese eres tú, porque nadie podría resistirse a comprarle productos a un chico tan sexy e inteligente como tú. Así que no dejes que esto arruine tu día, ya suficiente tenemos con que Potya esté esperando bebés y ande gruñendo por todos lados.
Yuri cerró sus ojos y se frotó contra su cuello. Aunque odiara que le quitaran el enfado así de la nada, los cumplidos certeros de Otabek siempre podían fundirle el corazón.
— Potya va a tener michitos — ronroneó en su cuello — verdad, seremos abuelos.
Otabek asintió, repasando sus dedos por la mandíbula de Yuri y retirando pequeños mechones rubios hacia atrás.
— ¿Seguiré siendo tu gatito después de tener nietos? — preguntó en un tímido susurro. Lo miró con esas esmeraldas que tenía por ojos y que siempre podían hacerlo ceder. Otabek sonrió enamorado, ¿qué tonterías decía Yuri?
— Siempre vas a mi gatito, Yuratchka.
La sonrisa avergonzada del chico le aseguró una nueva victoria: su novio había olvidado su enfado.
— Y tú siempre serás mi osito... aunque ronques mucho y no me dejes dormir por las noches.
Yuri se dejó hacer por sus caricias y se estiró para darle un beso y agarrarse a su hombros como si de verdad tuviera garras en sus dedos.
Quizá, en otra vida, Yuri sí había sido un gatito real.
~ día 26: nombres de mascotas (apodos cariñosos)
¡Gracias por leer!
