~ wine

Yuri siempre había sido una persona de vodka. Cualquier otro licor le provocaba asco y quería arrancarle la lengua cada vez que veía a Otabek bebiendo cerveza o vino, ¿cómo diablos podía gustarle esas mierdas?

Sin duda lloró cuando Jean pateó sin querer un vaso y el vino tinto espeso y de un profundo burdeo manchó sus zapatillas blancas.

Lo había golpeado en la cara y posterior a ello Otabek lo había tenido que sacar a rastras de la cintura fuera de la fiesta para que no matara a Leroy.

Otabek y él se habían sentado fuera de la casa de Mila, lejos de la música y las personas.

El kazajo, como todo un caballero, había intentado quitarle el exceso de vino de la malla de su bonita zapatilla con un par de servilletas.

— Lo siento, Yura, el vino tinto no sale.

Por suerte, alcanzó a agarrar a su amigo antes de que el torbellino rubio se devolviera a la casa para estrangular a Jean.

Su segundo encuentro con el vino tampoco fue agradable. Estaba celebrando con su abuelo en año nuevo y, tal como sus otras amistades, Nikolai parecía ser un excelente bebedor del famoso licor de uvas.

No fue nada gracioso cuando un par de gotas salpicaron en su bonita chaqueta holográfica a minutos de que Otabek llegara a buscarlo para ir a ver los fuegos artificiales en el centro de San Petersburgo.

Su amigo lo vio revolver entre su clóset, veinte minutos antes de las doce, desesperado por una chaqueta que combinara con su outfit antes de que le viniera el llanto, arruinara su maquillaje y así jodiera todos sus planes para esa noche.

— Usa esta, dijiste la última vez que te gustaba — dijo el kazajo poniéndole sobre los hombros su propia cazadora color burdeo que combinaba a la perfección con sus jeans negros rasgados, su camiseta con su banda favorita y sus Vans clásicas.

— Beka... — había casi llorado -agradecido- el chico. "Casi" porque no quería arruinar su rostro.

El tercer encuentro con el vino fue cuando tuvo que acostar a Mila borracha junto a Otabek y otros amigos más. La muchacha había bebido dos botellas sola y se había dormido.

— No sé cómo pueden beber esa cosa del demonio, mira, parece muerta.

— El vino no es tan malo, Yura. La resaca que deja es casi nada y lo bueno es que el mareo es agradable, no como el vodka, siempre olvido cosas cuando bebo vodka... y vomito — dijo con asco.

Yuri soltó una risa.

— Confirmo. Yo era el que te sobaba la espalda en el baño.

A Otabek se le encendieron las mejillas.

Pero al punto: Yuri definitivamente odiaba el vino. Solo le traía tragedias a sus prendas y le hacía tener que acostar a sus amigos como saco de papas.

Rehuyó del vino por largo tiempo, hasta que una noche simplemente el vino mismo fue hasta él... y no se pudo negar a recibirlo de boca ajena.

Habían quedado sin locomoción y ningún maldito Uber quiso hacer el trayecto a recogerlos, tres de ellos les cancelaron el viaje. Eran las cuatro de la mañana y Otabek y Yuri, que vivían en el mismo vecindario, tuvieron que caminar casi veinte cuadras para volver a sus hogares.

— Bota esa cosa — se rio Yuri al verlo caminar abrazado a la botella de vino.

— Ni loco, le queda la mitad, sería un desperdicio.

— Yo dejé mi vodka.

— Era el vodka de Leo, Yuri — puntualizó el kazajo con una sonrisa divertida — y no lo dejaste, te lo querías llevar, pero te lo tuvieron que quitar porque no era tuyo.

— ¡Mentiras!

El rubio se desvió del camino y se sentó en una placita con juegos para niños. Otabek le siguió y se sentó en el columpio a su lado.

El kazajo le dio un trago a la botella y Yuri volvió a sonreír por lo bajo.

Cualquier vecino que los viera podría llamar a la policía y decir que dos chicos se hallaban alcoholizándose en la tranquila plaza familiar frente a su hogar.

Oh, qué rayos. Con vino o sin vino, qué divertido era irse de fiestas. Yuri lo disfrutaba mucho cuando estaba con Otabek, era divertido estar con él, lo quería mucho.

El rubio se apoyó en su hombro a través de las cadenas del columpio donde se hallaban y Otabek también apoyó su cabeza sobre los cabellos dorados.

— Todavía nos quedan catorce cuadras.

— Ni me lo recuerdes, por favor, ¿me llevas a caballito?

— ¿Por qué no me llevas tú a mí?

— Eres muy pesado, eres como cargar a un oso.

Ambos soltaron una ligera risa.

Yuri suspiró y giró su rostro, besando la comisura de los labios del, hasta entonces, su mejor amigo. Sus latidos eran fuertes, pero se hallaba feliz. Lo hizo porque sintió que así debía ser.

Otabek tragó, con su corazón dando saltos. Había estado esperando ese momento desde hacía mucho tiempo. Soltó una risa al aire y dijo:

— ¿No te ha dicho tu abuelo que si haces algo debes hacerlo bien?

Yuri sonrió y lo miró. La mano de Otabek escaló su mandíbula y sus dedos se engancharon tras su oreja en una tibia caricia. Ambos se estiraron para chocar suavemente sus labios y Otabek dejó caer sin querer la botella que tanto había estado cuidando.

El sabor ligeramente amargo y suave se deslizó por el gusto de Yuri cuando Otabek y él encontraron sus lenguas. Sonrió en medio del contacto. Eso no estaba tan mal. Recibir el gusto del vino de la misma boca de Otabek... no, no estaba para nada mal.


~ día 29: vino

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