DESCONFIANZA

-Leo no te asustes- Para Rafael era difícil verlo así, él lo había provocado y deseaba en el alma poder consolarlo.

-Somos nosotros hermanito – Miguel Ángel tocó su brazo para darle confianza, pero solo pudo percatarse que su hermano temblaba por el miedo, Leonardo cerró sus ojos y volteó su rosto al lado opuesto de su pequeño hermano.

-Estas a salvo Leo, nosotros cuidaremos de ti- Donatello acariciaba su mejilla tratando de borrar el camino que la lágrima dejó.

-N…no, No sé quiénes son ¿Qué quieren? ¿Por qué me tienen aquí? ¿Por qué no me dejaron morir? Me quieren regresar a ese lugar ¿Verdad? ¿Por qué lo hacen? ¿Qué les hice? ¡NO SE LOS PERMITIRÉ! LOS MATARÉ ANTES DE QUE LO INTENTEN ¿ENTENDIERON? A mi no me van a volver a meter a ese lugar, así que si quieren llevarme me llevaré a uno de ustedes por delante – Todos se quedaron impactados ante tal revelación, Leonardo no los reconocía, por el contrario, tenía miedo de ellos y eso era peligroso pues al temer podía atacar al que tuviera en frente.

-Leo, no digas eso, somos tus hermanos y te queremos – Rafael sonaba desesperado, de inmediato Leonardo recordó dos cosas, la primera, fue la frase que Slash le había dicho en su cautiverio "A tus hermanos no les interesas" y un "No intervengas Leonardo, él es mi amigo y prefiero pasar el tiempo con él que contigo" de la tortuga de banda roja. Estos recuerdos comenzaron a marearlo.

-¡Eso no es verdad! – Gritaba – Ustedes son amigos de ese monstruo, me quieren engañar, él me lo dijo, él me dijo que a mis hermanos ya no les interesaba salvarme. Y tú, estabas con él, tú te fuiste con él, tú no eres mi hermano tu eres amigo de ese sujeto.

-No Leo, eso no es verdad, nunca dejamos de buscarte y él no es mi amigo – El de rojo trataba de convencerlo.

-¿Por qué me tienen aquí? ¿Qué buscan? ¡DEJENME! Yo no tengo nada, ¡NO TENGO NADA, NO TENGO A NADIE!- Las fuerzas de Leonardo disminuyeron mientras forcejeaba con sus hermanos que lo detenían para que no se lastimara.

-Donnie, ¿Otra vez lo sedaste?

-Si Mikey, no quisiera hacerlo, pero él está muy inestable, no podemos exaltarlo mucho, ya sabemos que su mente esta frágil, si lo presionamos podríamos ya no recuperarlo.

Fue lo último que escuchó antes de quedarse dormido nuevamente.

-Al parecer a tus hermanos has dejado de interesarles, ya veremos cómo reaccionan al ver tu fotografía, pero no tengas esperanzas, una lluvia más y todo habrá acabado para ti, si no te mata el frío o el hambre lo hará el agua...– Leonardo recordaba entre sueños.

-¿Hice algo malo? ¿Qué fue?

-¡Eso es lo que mereces por no permitir que me llevara a Rafael!

-¿Rafael? ¿Quién es Rafael?

Nuevamente el aroma dulzón comenzó a despertarlo en medio de una conversación de una de las tortugas con lo que parecía ser su helada mascota, pero prefirió aparentar inconsciencia.

-¿Cómo que cómo lo sé? Porque se trata de Leo, él siempre nos ha cuidado y es hora de hacer lo mismo por él.

-¿Miauu? – La alegre tortuga comenzó a masajear una de las piernas de Leonardo.

-Claro que sé cómo hacerlo, Donnie lo dijo claramente dar masaje para que las piernas no se atrofien y curar los tobillos con este ungüento – Le mostraba un tarro de cristal muy orgulloso, pero un momento de torpeza lo tiró rompiéndose contra el suelo.

-¡Miauu!

-¡Ay no!- El pequeño de inmediato se agachó para recoger lo que podía pero se hizo una profunda cortada en su mano que sangraba copiosamente, de inmediato se levantó apretando su mano, al ver a su hermano ya no se restringió más, se abalanzó sobre Leonardo abrazándolo, Leonardo se sorprendió por el sentimiento de ternura que este acto le provocaba.

-¡Leo perdóname! – Decía entre sollozos - Soy un mal hermano, todo lo hago mal, tiré el ungüento, ahora ¿Cómo te voy a curar? - Leonardo tenía una extraña sensación por protegerlo, por procurar que no se dañara, por consolarlo -Te extraño, te extraño mucho y me duele que tú ya no me quieras – En este punto Miguel Ángel ya lloraba sin detenerse sobre el pecho del mayor - ¿Por qué no me quieres? ¿Qué hice para que ya no me quieras? – A pesar del dolor y esfuerzo que representaba mover sus brazos Leonardo lo abrazó tiernamente, acariciando su cabeza de forma consoladora.