EMBUSTE
Los días pasaron, Leonardo comenzaba a recuperarse lentamente, apenas pudo ponerse en pie con ayuda de una muleta y gustaba de dar "rondas" por la guarida para ver que hacían normalmente sus hermanos.
-Rafael ¿Estás seguro qué no hay problema en que te sobre exijas con el entrenamiento? No me parece seguro para ti tanto tiempo entrenando, luces cansado -El de rojo le sonreía.
-No hay de qué preocuparse Leo, esto siempre lo hago, porque quiero ser el mejor ninja – Decía con cierto orgullo para después mencionar entre dientes – Ya no permitiré que te dañen – Pero esto no fue escuchado por Leonardo.
-Donatello, solo te la pasas tomando café, no te he visto comer desde ayer, además, no has dormido en días, si sigues así te vas a enfermar – El de morado lo veía divertido.
-Leo no lo recuerdas, pero yo no tengo ningún problema con eso. Hasta me has dado permiso para hacerlo – El de azul ya no dijo más pero no creía que eso fuera verdad.
-Miguel Ángel, esa es demasiada pizza, si comes así te hará daño.
-No Leo, eso nunca me ha pasado- Mentía mientras engullía la sexta rebanada.
-De seguro te darán pesadillas-
-No Leo, todo está bien, de verdad- Pero el mayor se iba con un sentimiento extraño.
-No, esto no está bien, algo falta, algo pasa – caminaba muy lentamente hacia su habitación, se recostó en su cama dispuesto a dormir o mejor dicho a recordar nuevamente todos esos momentos de angustia que había vivido en ese lugar pues era lo único que regresaba a su mente cada noche todas las noches y no decía nada por no inquietar a sus hermanos con sus tormentosos recuerdos, los comenzaba a ver más relajados y no quería cortar su tranquilidad.
Ya entrada la noche comenzó una lluvia que amenazaba con ser una tormenta eléctrica, grandes relámpagos y truenos se escuchaban, la luz se había ido y todo quedaba en total oscuridad excepto por esos momentos en los que los rayos se asomaban iluminando, por instantes, todo el lugar, Miguel Ángel estaba asustado, temía a la oscuridad, al poderoso ruido de los truenos y a estar solo, encontraba figuras siniestras a cada sombra dibujada con los relámpagos y eso lo asustaba aún más, normalmente Leonardo era quien llegaba a su habitación a tranquilizarlo, solía decirle que todo estaría bien y terminaba abrazándolo para que finalmente se quedara dormido sobre el pecho del mayor. Era claro que Leonardo no iría.
***BOUMMM***
El sonido de un rayo lo levantó, abrazando su oso de peluche se levantó y al salir de su habitación se intimido ante la oscuridad reinante, con suavidad entró a la habitación de Leonardo.
-**Leo, ¿Estas dormido?**- No quería molestarlo pero otro relámpago lo hizo decidirse y entrar para acostarse junto a su hermano mayor quien parecía dormido. Al darse cuenta de que no lo había despertado se acomodó a su lado para espantar los malos pensamientos y así descansar.
Leonardo tenía una pesadilla, estaba en la poza de agua y Slash lo condenaba a morir, sus ataduras lo jalaban hasta el fondo y no tenía oportunidad de salir, sus hermanos en la portezuela le gritaban mientras él veía cómo Slash tomaba una pala dispuesto a lastimarlos, tal desesperación por no poder hacer nada por ellos lo saco estrepitosamente de su sueño, con un agitado respirar miro a todos lados, percatándose de ese pequeño que descansaba sobre de él, dormía muy tranquilo, él tuvo la necesidad de arroparlo y abrazarlo como queriendo protegerlo.
-**Leo**- dijo el menor entre sueños. Este pequeño momento le hizo recordar al mayor otra noche similar, cuando era llamado por su hermanito "Leo" y de pronto todos los recuerdos llegaron de golpe acompañados de un intenso dolor.
-Aggrr- Comenzó a quejarse y en su dolor abrazó al menor hasta despertarlo.
-¿Qué tienes Leo? ¿Estas bien? -Pero su hermano solo gritaba cada vez más y más fuerte
-¡AAAHHH!-
-¡Ay no!, ¡Ay no! ¡DONNIEEE! – Grito fuertemente para ser escuchado, no podía levantarse porque era abrazado por el mayor -¡DONIEEE!- Ante tan desesperado grito ambos hermanos llegaron, al ver la situación los separaron, Rafael abrazó a Miguel Ángel mientras que Donatello revisó a Leonardo, después de un momento de estrés por fin se calmó.
-¿Qué pasó?
-No lo sé, él estaba… y yo tenía… y vine… y de pronto él… –
-Estoy bien chicos- dijo Leonardo con voz apagada y con las manos en la cabeza.
-No Leonardo, hermano no estás bien, ¿Qué fue ese episodio? ¿Una pesadilla?, Leo confía en nosotros por favor -Leonardo miro a Donatello.
-Tienen razón… algo anda mal – Todos comenzaron a preocuparse, la cara de Leonardo era sería –Rafa no limpiaste el dojo como te lo pedí. Aún hay arena del costal que rompiste o ¿Acaso a eso le llamas limpiar? Donnie, tú estabas castigado, te pedí que no te desvelaras y lo hiciste, no conforme, no has comido y te la pasas solo tomando café, te lo dije, eso no es bueno para ti, serán tres semanas sin entrar al laboratorio y cuidando a Mikey – Donatello no salía de su asombro – Y en cuanto a ti – Mirando al menor pero antes de que dijera algo más éste se abalanzó sobre el mayor para abrazarlo.
-¿Qué haces? lo vas a lastimar.
-¿Qué no lo entienden? Leo nos nombró como siempre lo hace, no me dijo Miguel Ángel, ¡Ya nos recuerda! él nos está recordando ¿Verdad Leo?- Leonardo afirmó con dulzura para alegría de los demás.
-¡LEO! Me alegra tanto.
-Por favor, no me des esos sustos – Los otros dos se abalanzado sobre él y los cuatro se fundían en un fuerte abrazo.
-A mí también me alegra, temía no poder recordarlos, que bueno que no ha sido así.
-Leo, ahora todo será como antes- Leonardo miró a su hermanito quien reflejaba la felicidad en su rostro.
-Y tú también estas castigado – Le dijo con una sonrisa, de inmediato el rostro del menor cambio por un puchero – Te dije que comer tanto antes de cenar te daría pesadillas – El menor nuevamente lo abrazó.
-No me interesa, has regresado y eso es lo que verdaderamente importa.
-Será mejor que descanses, mañana será un buen día – Ayudaron al mayor a acomodarse para descansar y se prepararon para dormir en la misma habitación, Miguel Ángel abrazándolo, Donatello y Rafael en un sillón a lado de su cama.
-No van a descansar-
-No digas nada Leonardo, no queremos separarnos de ti y no habrá nada que puedas decir para hacernos cambiar de opinión – Ante la declaración de Rafael Leonardo solo atinó a sonreír, podía sentir ese amor que sus hermanos le profesaban, borrando cualquier temor e inseguridad que hubiera tenido y por primera vez, desde que todo comenzó, pudo dormir plácidamente rodeado por aquellos a quien más amaba.
::::::::::::::::::::::::::::::::::
Hasta aquí la historia, les agradezco mucho a quienes siguieron este fic de principio a fin, sé que no soy la mejor escritora pero me gusta compartir mis ideas con quien se preste a leer, una disculpa por tardar pero mejor tarde que nunca. ;D
