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− Capitulo IV −
発見
(Descubrimientos)
Los jardines del palacio eran conocidos por las distintas flores que en el crecían, rosas, gardenias, tulipanes, claveles y copos de nieve, adornaban los alrededores como el hermoso paisaje de algún viejo cuadro, cuyo aroma siempre lograba empalagar al joven príncipe cada que solía visitarlo. Las flores nunca fueron algo de su agrado, sobre todo desde que su querida madre, la reina Aleksandra, había partido de este mundo, puesto que ella adoraba cultivarlas con sus propias manos y colocar un pequeño florero en su cuarto cada mañana. Pero aquella tristeza y mal recuerdo se habían vuelto soportables tras conocer aquel joven de cabellos oscuros con aroma a copo de nieve.
Usualmente evitaba el jardín por los constantes recuerdos pero, cuando su padre solicitaba su presencia en el mismo para tomar el desayuno en un típico plan familiar, negarse no era una opción para él, y observarlos desde la entrada mientras ellos tomaban el café de cada mañana, hacia que su estomago se removiera por la ansiedad. Camino con calma hacia ellos, tratando de de colocar una ligera sonrisa en su rostro aunque no tuviera la mas mínima intención de hacerlo.
Pudo notar como los ojos verdes de Irina se iluminaron cuando estaba a pocos pasos de los presentes, y como le regalaba una cálida sonrisa cuando estuvo a solo unos centímetros de la misma. La reina Anora alargo su mano para que Víctor la tomara y se inclinara un poco hacia ella, depositando un beso en su mejilla derecha. Su padre, quien como siempre se mantenía inexpresivo le indico tomara asiento con un simple ademan.
− Es tarde Víctor ¿puedo saber por qué tardaste tanto en bajar?
− Lo siento, no dormí lo necesario y desperté algo tarde por ello.
− ¿No tendrá nada que ver con que a noche solicitaras varias botellas de vino a nuestro chef? – dedicándole una mirada de reproche mientras la sirvienta le servía un poco mas de café.
− Solo fueron unas copas – tratando de excusarse.
− Un rey jamás bebe alcohol en ese horario ya que afecta la capacidad mental para el día siguiente, pensé que lo tenías claro – tomando su taza de café para soplar ligeramente antes de tomar un pequeño sorbo.
− Lo tendré en cuenta Padre.
− Eso espero – recargándose en el respaldo de su asiento, indicándole a los sirvientes que comenzara a servir el desayuno.
Los sirvientes asintieron a la orden de su rey, colocando sobre la mesa los diferentes alimentos que se habían solicitado anteriormente. Una pequeña canasta de pan se encontraba en el centro de la misma como aperitivo para acompañar el café, Pequeños vasos de vidrio con jugo de naranja fueron colocados a lado de cada persona seguida de platos con panqueques, molletes y huevos revueltos. Una vez la mesa estuvo cubierta de de aquellos platillos, los sirvientes hicieron una pequeña reverencia antes de caminar hacia la salida y abandonar el lugar.
− Irina – le llamo el rey – espero el desayuno sea de tu agrado.
− Lo será majestad, es conocido por muchos que los chef de palacio son de primer mundo así que puedo asegurar sin error a equivocarme que no tendrá queja alguna de mi parte por ello.
− Si no es de tu agrado puedes pedir lo que gustes el maestro Gideon realizara cualquier platillo que le pidas – sonriéndole ligeramente.
− Lo tendré en cuenta su majestad.
− Perfecto entonces – dirigiendo su vista hacia su esposa quien tomaba un poco de su jugo – Anora Querida ¿puedo saber donde esta Yuri?
− Salió muy temprano, comento que había solicitado tu permiso.
− Ciertamente, pero pensé que lo haría por la tarde no es saludable para alguien de su edad saltarse el desayuno.
− Aseguro que llegaría a tiempo para tomar el desayuno, debe estar por regresar a palacio.
El rey asintió a las palabras de su reina hasta que el sonido de los pasos de alguien acercándose capto su atención, dejando que su vista se posara sobre la figura de su hijastro. Yuri caminaba con paso raudo hacia ellos, su rostro mostraba el evidente enfado que estaba sintiendo en aquel momento mientras que a su lado, su guardaespaldas personal caminaba a la misma velocidad que el menor. Se detuvieron cuando estaban frente al rey, haciendo una reverencia al estar presente de su monarca.
− Hijo.
− Lamento la demora padre, pero puedo informar que mis asuntos pendientes en la ciudad han terminado por lo cual no será necesario volver a salir de palacio – irguiéndose nuevamente.
− Muy bien, ahora podrás dedicarte a las tareas que te he encomendado.
− Con su permiso su majestad – hablo Otabek – es momento de retirarme – indico girándose levemente para retirarse – Príncipe Yuri lo espero para el entrenamiento de las tropas.
El pequeño rubio asintió a las palabras de su compañero, siguiéndole con la mirada hasta que se perdió por completo de su campo de visión. Su madre, la reina Anora, lo tomo de su brazo derecho para indicarle que debía sentarse a su lado. Rodeo el asiento que ocupaba la mayor para jalar la silla que ocuparía, sentándose segundos después. Tomando uno de los panes de la canasta del centro y comenzar a mordisquearlo sin ganas.
− ¿Quieres desayunar algo en especial cariño? – su madre le hablo colocando su mano sobre su espalda.
− Una malteada – susurro – desayune en compañía de Otabek en la ciudad madre.
− ¿Fue alguna golosina?
− No – desviando la mirada.
− Yuri.
− ….
− De acuerdo – soltando una pequeña risa ante el comportamiento de su hijo – Linda – llamo a una de los sirvientes − Una malteada de chocolate para el príncipe Yuri.
− En seguida su alteza – contesto, saliendo del lugar con dirección a la cocina.
− Ahora que ambos están aquí – el rey paso la mirada de su hijo mayor a su hijastro – debo recordarles que les he asignado tareas especificas que espero sigan al piel de la letra, no quiero errores ¿les quedo claro?
Ambos asintieron al escuchar las palabras del rey.
− Sobre todo tu Víctor – sin dirigirle la mirada – no quiero ningún espectáculo de tu parte.
− Hare lo posible para que eso no suceda padre – haciendo un gesto de fastidio.
− Yuri ¿algo que quieras compartir?
− No tendrás queja alguna de mis reportes padre.
− Se que será así Yuri – tomando su vaso con jugo para levantarlo – ahora que todo quedo claro, buen provecho.
Desayunaron en silencio, disfrutando de los platillos que los chef del palacio habían preparado para aquella ocasión. El sonido de los tenedores y cucharas al ser utilizadas eran los únicos que podían escucharse en aquel jardín, los sirvientes iban y venia sirviendo café o jugo cuando era necesario, retirando los platos una vez estuvieron limpios de algún alimento. Las puertas del jardín se cerraron cuando la hora del desayuno termino por completo, dejando a los presentes disfrutar de la brisa que aquel día de invierno podía ofrecerles.
− La brisa de nueva Hasetsu es agradable, a comparación de Nueva crisis – aseguro Irina.
− Eso es porque Nueva Crisis esta mas enfocada a la industrialización, armas y descubrimientos científicos – contesto la reina Anora.
− Tiene razón, Nueva Hasetsu esta mas enfocada a la recolección, asimilación de elementos y todo lo que la naturaleza puede ofrecer y renovar… El rey ha sabido dirigir ambos reino de forma única.
− Me alegra saber que te interesa de forma persona cada rincón de nuestro mundo Irina – menciono el rey con interés.
− Por supuesto que es de mi interés mi rey, saber cada aspecto de ambos reinos es necesario para poder hacerse pasó dentro de la política así mismo para desarrollarte como profesionista.
− Cuanta razón hay en tus palabras – tomando su mano – serás una formidable reina algún día mí querida Irina, estoy seguro que serás un gran apoyo para mi despistado Hijo – haciendo que Víctor se hundiera en su asiento.
− Me honra con sus palabras su majestad.
− Ahora que lo pienso, no conoces todo el palacio como es debido ¿cierto?
− me temo que no he tenido la oportunidad.
− Esplendido – emocionado el rey dirigió su vista hacia su hijo mayor – Una perfecta ocasión para que puedan convivir y llegar a conocerse, un matrimonio e basa en la confianza entre ambos… Víctor.
− Si padre.
− ¿Por qué no llevas a Lady Irina a pasear por los jardines? Estoy seguro que le encantara conocer lo enorme que es.
El de ojos azules solo rodo los ojos, asintiendo al pedido de su padre y dedicándole una suave sonrisa a su prometida.
Camino en silencio por el pasillo hasta llegar a la mesa donde sus compañeros le esperaban, se dejo caer sobre el asiento sin decir palabra alguna, tratando de analizar con calma lo que había pasado dentro de los baños de hombres. Aquel chico se le hacía remotamente familiar, estaba seguro haberle visto en algún lugar, ¿alguna foto?, ¿Alguna noticia en la televisión o red social?, ¿Se habrían cruzado por la calle y sin querer le había molestado?, su mente trataba de recordar el momento donde le había visto pero por mucho que se esforzaba no lograba dar con él.
Soltó un largo suspiro por la evidente derrota, apoyo su cuerpo sobre la mesa, dejando que la fría superficie rozara su mejilla, logrando con aquello que Phichit cortara la conversación que mantenía con ambas mujeres para girar su rostro y ver la situación en la que estaba su mejor amigo.
− No, nada.
El de cabellos oscuros regreso a ver a ambas chicas con una mirada interrogativa por la actitud de su compañero, Mila y Sala simplemente negaron con sus cabezas, encogiéndose de hombros. Se cruzo de brazos, buscando alguna forma de animar a su compañero, usualmente Yuuri tendía a pasar por momentos de tristeza que nunca lograba comprender del todo puesto que el mismo se guardaba las cosas. Llevo una de sus manos hasta la cabeza de su amigo y lo despeino ligeramente.
− ¡Phichit! – llevando su mano a su cabeza.
− Anímate – sugirió – sea cual sea la razón por la que estas así, no puede ser tan malo.
− En eso tienes razón – aceptando las palabras de su mejor amigo.
− ¿Lo ves? – Alargando su brazo para rodear sus hombros y atraerlo hacia sí – Hoy es tu cumpleaños, deberías estar feliz además, esta noche Mary nos dejara probar tu platillo favorito.
− No puedo creer que no me dejen comerlo – inflando levemente sus cachetes.
− Tienes a engordar muy rápido, cerdito – soltando el cuerpo contrario para comenzar a picarle las costillas con uno de sus dedos.
− ¡No soy un cerdito! – Elevo un poco su voz para negar aquel nombre – solo estoy… Rellenito.
− Vamos Yuri no estás rellenito – aseguro Sala – hace seis meses si eras un cerdito hoy en día te vez más delgado.
− De algo sirvió que se enfermara del estomago hace seis meses – bromeo Mila.
− ¡Mila! – bajando la cabeza por las constantes bromas de sus amigos.
− Ya, dejémoslo respirar – levanto sus manos Phichit para mediar el ambiente − ¿Vendrá a la fiesta en casa de Yuri en la noche?
− Me temo que yo no podre ir – aclaro Sala – mi padre tendrá una reunión con un inversionista, mi madre y yo tenemos que ir.
− Tampoco yo – agrego Mila – hoy tengo clase de ballet, miss Okukawa acaba de volver de Cartelia y quiere que ensañemos a marcha forzada – dejando escapar un suspiro.
− El próximo festival ¿cierto? – pregunto Yuuri al ver aquel gesto de cansancio en el rostro de su amiga.
− Si – asintió – Falta menos de un mes para que se realice la danza anual de navidad en el reino.
− Estoy ansiosa por verte nuevamente en escena Mila – sonrió la azabache con alegría.
− Deberías estar feliz – apoyando su codo sobre la mesa y su mejilla sobre la palma de su mano – Minako−sensei asegura que tienes lo necesario para ser una excelente bailarina que recorra el mundo.
− Amo el ballet – aseguro – pero a veces desearía un poco de espacio para mí – le contesto a Yuuri.
− Ya lo tendrás.
− Eso espero – tomando su celular para prender la pantalla – creo que es momento de retirarme – levantándose de la mesa – tengo que ir a casa antes de reunirme con el grupo.
− De hecho yo también debo irme – apoyo Yuuri – ahora que tengo un poco de tiempo iré ver a los niños al orfanato, prometí enseñarles a patinar.
− Te agradan mucho los niños ¿no?
La mirada de Yuuri se dirigió hacia el rostro de su amigo, dedicándole una sonrisa de medio lado.
− Me agradan pero… Lo hago porque puedo entenderlos mejor que nadie, crecer sin un padre o una madre nunca es fácil.
− Yuuri –colocando su mano sobre su hombro.
− Tranquilos estoy bien – agitando sus manos para enfatizar sus palabra – solo, es un recuerdo que a cualquiera en esa situación puede entristecer.
Todos asintieron sin decir palabra alguna, lo menos que deseaban era hacer sentir mal a su amigo sobre todo por aquel tema que era bastante complicado para él. Tomaron sus respectivas mochilas, llevando entre sus manos las charolas para vaciar los desechos de su comida en el bote de basura y dejarla sobre de este. Avanzaron hasta la puerta del local, la cual les despidió con su usual sonido y el frio de la intemperie los recibió.
− ¿Por qué tiene que hacer tanto frío? – hablo la pelirroja abrazándose a sí misma.
− Estamos en invierno, es obvio que haga frio – le contesto su compañera.
−… − rodo los ojos al escuchar su respuesta.
− Si fuera verano te quejarías del calor – comenzó a reír Yuuri al salir del local.
− Búrlense, cuando los vea convertidos en cubos de hilo no los descongelare – se cruzo de brazos.
− Solo era broma Mila – rio nerviosamente el azabache.
− Bien – hablo Phichit quien fue el último en salir del local − nos despedimos entonces – Dijo Phichit colocándose a lado de Yuuri.
− Si, nos vemos el lunes en la escuela – comenzando a caminar en dirección opuesta a la que ambos se encontraban – Vamos Sala.
− Si, ya voy – contesto riendo− Nos vemos el lunes − antes de comenzar a correr para alcanzar a la pelirroja.
Ambos varones levantaron sus manos en señal de despedida, observando cómo ambas caminaban hasta que se perdieron por completo de su vista.
− Yo También me despido Yuuri – apretando su hombro.
− Si, nos vemos en la noche en mi casa.
− Ahí estaré con mi familia, mi madre quiere probar el Katsudon de tu hermana – guiñándole un ojo.
− No es la única – imaginándose fugazmente el platillo que tanto adoraba.
− Salúdame a la Directora Okukawa y al padre Edian – sacándolo de su leve ensoñación.
− Les daré tus saludos en cuanto los vea.
Su compañero asintió girándose sobre sus pies, tomando la dirección opuesta a la que habían tomado ambas mujeres, comenzando a alejarse del azabache. Yuuri lo contemplaba con una ligera sonrisa cuando, recordó el tema que había querido preguntarle a Phichit pero, con las pocas horas en la escuela, las constantes platicas entre sus amigos y lo sucedido en los sanitarios, lo había olvidado por completo.
− ¡Phichit! − llamándole antes de que se alejara más de su persona.
− ¿Dime? − deteniéndose de golpe y girándose ligeramente para voltear a ver a Yuuri.
− De casualidad ¿sabes si en alguna parte de la ciudad crece la flor copo de nieve?
− ¿Copo de Nieve? − alzando una ceja por la inusual pregunta.
− Si, es que... La otra noche la contemple dentro de palacio y me dio algo de curiosidad, además estoy seguro que a mi hermana le gustaría tenerla como decoración en la noche mientras cenamos − ocultando la verdadera razón detrás de aquella flor.
− Pues... − llevando su mano hacia su mentón en una pose pensativa − Si no mal recuerdo, escuche decir a una de nuestras compañeras que esa flor crece en los alrededores de la vieja capilla.
− ¿Capilla?
− La que está en la colina cerca del lago que usábamos para patinar cuando niños ¿lo recuerdas?
Conocía perfectamente aquel lago, de hecho fue aquel mismo lugar donde había conocido a Victor siete años atrás, recordaba con nostalgia los momentos que había pasado en compañía de Phichit, deslizándose por sus aguas congeladas, soñando con un día poder patinar en un gran evento, demostrar la belleza de las rutinas que estas imponían, escuchar la suave música que las acompañaba, un sueño idílico para dos pequeños que poco o nada conocían de la vida.
− Recuerdo el lago pero ¿Había una colina cerca de él?
− El camino que esta a mano derecha del lago llega justamente a la capilla, la arboleada del lugar la cubre así que es lógico que no le prestaras atención Yuuri − aclaro al escuchar su pregunta.
− Supongo que ha de ser por eso − encogiéndose de hombros.
− Ahora que he aclarado tu pregunta debo irme − dándole la espalda para comenzar a caminar − solo no te vayas a perder por ahí y no llegues a tu propia fiesta − dijo a modo de burla.
Negó con su cabeza, quien no aparto la mirada hasta que su mejor amigo hubo desaparecido por completo en el horizonte. Levanto su vista hacia el cielo, como si en el tratara de encontrar respuesta a todas las cosas que en las últimas horas le habían ocurrido. Llevo sus manos hacia el interior de su abrigo, emprendiendo el camino hacia el viejo orfanato que quedaba en el centro de la ciudad.
La puerta del viejo edificio emitió un fuerte crujido al ser abierta, el cálido interior que este albergaba le recibió, mandándole pequeños escalofríos por el cambio de temperatura. Dentro del mismo, algunas sacerdotisas caminaban de un lado a otro, llevando pergaminos, libros o alguna canasta repleta de fruta mientras a su lado algunos niños corrían soltando suaves risas por las travesuras que habían cometido. Una suave sonrisa apareció en el rostro de Yuuri al verles así de felices, recordándose así mismo que aun en la más profunda soledad se puede encontrar alguna forma de ser feliz.
Cerró la puerta tras de sí para que el frio no entrara en el lugar. Dejo su mochila sobre la pequeña mesita que quedaba justo a su lado y procedió a caminar por el pasillo a mano derecha de la entrada. Mientras caminaba podía ver a través de los enormes ventanales la pequeña fuente que estaba en el centro de un pequeño jardín de meditación usado por las sacerdotisas, cuya agua se había congelado por completo y a pequeños pajarillos posarse sobre el mismo. Continuó su camino hasta que se detuvo frente a una vieja puerta, tocando en dos ocasiones hasta que, la voz de una mujer le dio permiso para entrar.
Con cuidado tomo el pomo de la puerta, girándolo para abrirla y encontrarse con la directora del orfanato, quien estaba detrás de una pila de papeles.
− Buenos días – saludo en un susurro.
− Mmm… − la directora se levanto para ver a Yuuri, sonriéndole nada mas posar sus ojos en su figura – Yuuri ¿Qué haces aquí? – Rodeando su escritorio para caminar a lado del menor y abrazarlo fuertemente – Hacia mucho que no te veía ¿todo bien?
− Si, todo está perfecto directora.
Al escucharlo enarco una ceja por la forma como le había llamado.
−Elizabeth – corrigió con un ligero rubor en sus mejillas.
− No sé por qué te apena llamarme por mi nombre, te conozco desde que tenías seis años.
− Es… Difícil dejar de lado la formalidad – rio nerviosamente.
− Puedo notarlo − aseguro soltando al menor − ¿Que te trae por aquí?
− Vine a ver a los niños, la última vez que los visite les prometí enseñarles a patinar y como salí temprano el día de hoy creí conveniente cumplir esa promesa.
− Ahora que lo mencionas, hace unos días preguntaron cuando vendrías – tomando de su escritorio las llaves de la oficina – Es mejor ir con ellos, no querrás hacerlos esperar.
Elizabeth camino hacia la puerta, abriéndola para que el menor saliera primero, cerrando la misma con llave una vez ambos estuvieron fuera de la oficina. Emprendieron el camino hacia el patio trasero del orfanato, donde la mayoría de los niños corrían, lanzaban pequeñas bolas de nieve o hacían ángeles sobre la misma, otros simplemente trataban de deslizarse sobre la pista de hielo improvisada que la piscina y el invierno había creado para ellos. Se detuvieron cuando estuvieron a pocos metros de los más jóvenes.
– Niños – les llamo – ¿Adivinen quien vino a visitarlos?
Todos voltearon a ver hacia el lugar donde ambos estaban parados, pasara salir corriendo con una sonrisa, mientras con sus suaves voces pronunciaban el nombre del azabache.
– ¡Yuuri! – Gritaron al unisonó.
– Hola niños, ¿se portaron bien mientras no estaba? – pregunto colocándose de cuclillas para estar a la altura de lo menores.
– ¡Sí!
– Me alegro escuchar eso – aseguro.
– Yuuri, ¿Nos enseñaras a patinar? – pregunto uno de ellos.
– Prometiste hacerlo cuando volvieras a visitarnos – agrego una niña de cabellos oscuros.
– Si, Yuuri, enséñanos – secundo otro, esta vez un niño de piel morena y cabello castaño.
– De acuerdo, les enseñare a patinar – dijo con una sonrisa.
– Muy bien pequeños, entren y tomen sus patines – Hablo la directora a lo cual los menores asintieron comenzando a correr al interior del edificio.
– Parecen muy animados – levantándose para quedar nuevamente erguido.
– Por supuesto que sí, les agradas Yuuri por ese motivo se emocionan cuando vienes a verlos.
– ¿Por qué no lo haría? Alguien como yo, que creció sin padres a su lado comprende la soledad en la que viven.
– Tienes a tu hermana.
– No es lo mismo – regresando a verla – y lo sabe, el amor de un hermano jamás podrá sustituir el de los padres.
– Te entiendo Yuuri – acercándose al más joven – pero no olvides que incluso estos niños cuyos padres ya no están, tienen amor rodeándoles.
– Con usted como directora estoy seguro de ello.
Elizabeth sonrió ante lo dicho.
– ¡A patinar!
Los gritos de los menores les hicieron girar la cabeza para verlos salir corriendo nuevamente, esta vez con sus patines, pasando por su lado hacia la piscina congelada.
– A veces les envidio, tienen una piscina gratis para ellos solos.
– Agradece a la difunta reina Aleksandra, ella hizo construirla como un regalo a los pequeños cuyas familias fueron destruidas por los cadentes.
Asintió a las palabras de la directora, según muchos noticieros, la reina Aleksandra era una persona de buen corazón y nobles sentimientos, había contribuido a muchas asociaciones que buscaban ayudar a aquellas personas que habían sido víctimas de los cadentes y hubiesen perdido todo a causa de ellos. El orfanato Yu–topia había sido originalmente construido por la reina Katsuki pero, tras su muerte, el orfanato cerro por falta de recursos, muchos niños fueron enviados a otros centros en diferentes partes del continente hasta que, la difunta reina Aleksandra, solicito su reapertura para que todos los niños tuvieran un hogar, poniendo como garantía que quizás, entre ellos, futuros guerreros podrían nacer.
No era una idea que compartiera, utilizar niños para volverlos guerreros no era una causa válida, pero en vista de las condiciones a los que muchos solían vivir, no podían negarse y que la corona hiciera uso de sus impuestos para ayudar a pequeños como ellos, era algo que dejaba ver a la actual monarquía como algo maravilloso ante las cámaras.
– Aun así, tienen donde patinar o nadar – rio ligeramente.
– ¡Yuuri!
Las voces de los pequeños captaron la atención del azabache, respiro profundamente, dejando que el aire frio calara en su interior, con una última mirada dirigida a la directora del orfanato, digirió sus pasos hacia la piscina congelada donde los pequeños esperaban ansioso la lección de patinaje.
– ¿Y qué nos vas a enseñar? – Pregunto uno de ellos – ¿a dar saltos? ¿Piruetas? – cayendo sentado al suelo al tratar de brincar.
– Me temo que aun es algo temprano para enseñarles a saltar – tomando al pequeño de los brazos para levantarlo.
– Yuuri – le llamo una pequeña de cabellos rubios – toma – entregándole los patines que usaba en el orfanato cuando les enseñaba como se patinaba.
– Gracias – los tomo para colocárselos.
– Entonces... ¿Que nos vas a enseñar? – observando como el mayor se ponía en pie tras colocarse los patines.
– Algo que deben saber es que el patinaje necesita practica y paciencia – aseguro – no pueden comenzar a saltar de un día a otro sin saber siquiera como mantenerse en pie – caminando hacia la pista, deslizándose lentamente por el hielo mientras los menores lo observaban – quiero que se pongan en fila viendo hacia donde estoy – los niños obedecieron y se mantuvieron con esfuerzo sobre el hielo – tranquilos es normal, al no tener coordinación es difícil mantenerse en pie.
Los pequeños asintieron con una suave sonrisa en sus rostros.
– Quiero que hagan lo que yo hare, con calma y sin precipitarse ¿de acuerdo? – Asintieron a la orden del mayor – Muy bien, deslizaran primero un pie en diagonal y luego el otro – mostrándoles como debían hacerlo – háganlo despacio.
Los pequeños se movieron con esfuerzo, imitando la forma en cómo el azabache había avanzado por el hielo, algunos lograban avanzar unos cuantos pasos, otros caían irremediablemente al suelo siendo ayudados por el mayor a levantarse.
– ¡Mira Yuuri, ya puedo! – dijo un niño de ojos cafés y cabellos rubios cenizos, manteniéndose en pie con ambas manos en jarras.
– Si pero...– bajando la mirada hacia las rodillas del menor, que temblaban ligeramente – Pero te falta equilibrio – empujándole ligeramente con su dedo índice, haciendo que el menor cayera de lado al frio suelo.
– Esto es difícil – mascullo.
– Nada es fácil – afirmo – vamos, levántate – ayudándole a levantarse del suelo.
Elizabeth observaba como los pequeños reían cada que caían al suelo, la forma en cómo Yuuri les enseñaba, transmitiéndoles un cariño que pocas veces tenían. Aun recordaba como aquellos pequeños solían esconderse o llorar por los rincones del orfanato cuando perdieron todo, amigos, familias y hogares a los cuales jamás volverían pero, gracias a que el azabache se había tomado unas pocas horas cada mes para visitarlos y jugar con ellos, ahora podían sonreír y esperar un futuro mejor.
Escucho la puerta del patio abrirse nuevamente, girándose para ver a la persona que ingresaba, encontrándose con su hermana mayor a lado de un pequeño niño de cabellos rubios y un gracioso mechón rojizo adornando su cabello. Ambos sonreían ligeramente. El menor dejo las bolsas que traía cerca de la entrada mientras la mayor hacia lo misma del lado contrario. Cuando se aseguraron que todo estaba en orden, bajaron los escalones y caminaron hacia la directora del lugar.
– Veo que Yuuri cumplió su promesa – acercándose a su hermana para abrazarla.
– Si, al fin tuvo algo de tiempo y pudo venir a verles – correspondiendo el abrazo.
– Me alegra saber que sigue teniendo tan buena condición para el patinaje, ¿no crees Minami? – Volteando a ver al pequeño al ver que este no le respondía – ¿Minami?
Los ojos del pequeño solo observaban con emoción al azabache que se deslizaba por el hielo, enseñándoles a los pequeños como moverse sobre el frio hielo bajo sus plantas. Negó con su cabeza al ver el comportamiento del más joven, soltando un leve suspiro por la escena.
– Veo que Minami sigue emocionándose con Yuuri.
– No tiene remedio.
Elizabeth solo sonrió al ver la reacción de su hermana mayor.
– ¡Yuuri! – grito Minami al verle hacer un salto.
Yuuri giro su cabeza al escuchar el llamado, sonriendo al ver a las personas que estaban a lado de la directora. Tras darles una indicación a los menores sobre la práctica, se deslizo fuera del hielo, colocándose los protectores y camino hacia donde lo esperaban.
– Minako–Sensei, Minami – sonriendo al estar cerca de ellos – hace mucho que no los veía.
– Lo mismo digo Yuuri – contesto la mayor.
Minako es la hermana mayor de la directora del orfanato, conocida de su familia desde mucho tiempo antes de su nacimiento, incluso ella le había motivado a practicar el patinaje a modo de olvidar la soledad por no tener a su padres. Según palabras de su hermana y tío fue la institutriz de los anteriores príncipes pero, tras la muerte de la familia real, decidió volver a ejercer su profesión, siendo la encargada en llevar a diferentes ciudades un espectáculo de ballet sobre hielo, su compañía era la única que tenía el permiso de la corona de salir de viaje con más de cinco personas, dejando atrás la restricción de dos personas como máximo para aquel tipo de espectáculo.
– Yuuri ese salto fue genial – girando sobre uno de sus pies.
– Gracias – sonrojándose por la felicitación.
Un suave color carmín apareció sobre sus mejillas ante la sorpresiva felicitación del menor. Minami era un pequeño niño de doce años de edad, era el mayor de lo huérfanos que vivían en el orfanato, como todos sus padres habían perecido tras los ataques de los cadentes y, a comparación de la mayoría, tenía una actitud alegre, era muy seguro de sí mismo, confianza que Yuuri muchas veces envidio. Hacía poco supo que Minako lo había elegido para formar parte de la compañía que dirigía pero, al no tener la edad mínima – quince años– lo entrenaba todos los días con permiso de la directora.
– ¿Fueron de compras? – pregunto al ver cerca de la puerta las bolsas repletas de alimentos o artículos de baño.
– Le pedí a Minako que hiciera unas compras para el orfanato ya que no podía ir en persona.
– Pero… Había escuchado que el orfanato estaba teniendo problemas financieros.
– Así es – Elizabeth bajo la mirada – debido a los recortes de la corona el orfanato se ha visto con algunas limitaciones, el rey ha dicho que los recursos deben ser destinados a la creación de armas y capacitación de nuevos guerreros para combatir la amenaza de los cadentes o la producción de alimentos, electricidad y otros recursos necesarios para la vida diaria… Un orfanato no lo es.
– Elizabeth – su hermana la tomo del brazo.
– ¿Y qué cambio? Dudo que la corona haya hecho una excepción.
– No, no lo hizo – aseguro sonriendo – lo que sucedió fue que…
– El orfanato recibió una cuantiosa donación de un benefactor durante la madrugada.
Todos voltearon al lugar de donde provenía la voz, encontrándose con la figura de un hombre mayor, cubierto con una vieja sotana y el símbolo de la diosa en la misma. Con calma bajaba los escalones, siendo seguido por las miradas de los demás. Solo se detuvo cuando se coloco a lado de la directora.
– Padre Ignis.
– Joven Kaido, es un gusto verle en el orfanato ¿puedo saber a qué debemos esta inusual visita?
– Yuuri vino a enseñarles a los pequeños.
– Oh, ya veo.
El padre Ignis era de figura regordeta, tenía una ligera calva en el centro de su cabeza, algo que hacía que los pequeños se burlaban a escondidas de él. Yuuri recordaba al viejo padre desde que tenía memoria, le conoció la primera vez que acudió en compañía de su hermana para dejarles unas cajas de fruta a los pequeños del orfanato. Era algo inusual que los hombres formaran parte de la congregación de la diosa, puesto que siempre eran mujeres las que estaban en la orden pero, si algún varón resultaba ser un firme creyente se podía hacer la excepción y darles un cargo dentro de la misma.
– Padre Ignis ¿dijo algo acerca de una donación?
– Si, alguien durante la madrugada transfirió una enorme cantidad al orfanato, no dejo algún nombre o numero para llamarle para agradecerle por tan… generosa donación.
– Significa que… ¿El orfanato estará bien?
– Si Yuuri, el orfanato puede funcionar durante un año más sin problema alguno.
El azabache sonrió al saber aquella noticia.
– Eso es una buena noticia Eli –comento Minako.
– Lo es.
– Ahora que lo pienso – Hablo Yuuri – Minako-Sensei… ¿No tenia clase con el grupo?
– Solo vine a dejar Minami, tengo que volver al instituto – aseguro – y cómo puedes ver, voy algo tarde.
– Deberías irte entonces - afirmo su hermana.
– Eso hare – dejando su mano sobre el hombro del menor – Minami, pórtate bien con la directora mañana vendré para seguir con las practicas.
– Lo hare – contesto.
– Nos vemos
Minako comenzó a correr hacia la puerta del patio, por donde desapareció segundos después.
– Yuuri ¿yo también puedo practicar con ustedes?
– Por supuesto – aseguro Yuuri – deberías colocarte tus patines.
– ¡Qué bien! – Minami salió corriendo hacia la piscina donde los demás comenzaron a gritar eufóricamente al verle llegar.
– Padre Ignis, Directora – hizo una ligera reverencia antes de girarse sobre sus pies y caminar hacia donde los demás lo esperaban.
Con calma, ambos caminaban por el enorme pasillo frente a ellos, Irina iba cogida del brazo de su prometido, admirando las bellas flores que les rodeaban. Víctor al no poder negarse las palabras de su padre, tuvo que acceder a pasear con la joven pelirroja quien, aunque no le era indiferente, no la consideraba como la persona que desearía que estuviera a su lado el resto de su vida. Le tenía cariño ya que la conocía desde que tenía seis años pero, ese cariño era solo fraternal, algo que quizás la joven no comprendía o no quería aceptar del todo.
– Fue por eso que mi madre dijo que debía venir a Nueva Hasetsu, conocer el reino podría ayudarme si pensaba ser la futura reina – dijo sonrojándose.
– Disculpa… ¿Dijiste algo? – deteniéndose de golpe.
– ¿No escucho lo que dije Príncipe?
– Lo lamento, mi cabeza estaba en otro lado.
– Entiendo, me entere que deberá hacerse cargo de las reuniones del consejo, es un trabajo algo abrumador.
– Lo es pero, no debí perderme de ese modo – aseguro sonriéndole – ¿puedes volver a repetirlo?
– No se preocupe, era algo sin importancia – pegándose un poco más al cuerpo del albino – mejor sigamos con el paseo ¿le parece? – sonrojándose levemente.
– Claro.
Continuaron su camino sin decir palabra alguna, hasta que se detuvieron frente a un hermoso rosal que capto la atención de Irina.
– Que hermoso rosal – dijo soltando el brazo ajeno para acercarse.
– Son las ultimas rosas que mi madre cultivo, los jardineros las cuidan con afecto por su memoria.
– La reina Aleksandra fue muy querida.
– Lo fue, fue una gran reina, amiga, esposa y madre.
– Su Alteza debe extrañarla al igual que usted Príncipe.
– No hay día que no la recuerde.
Camino por el pasillo admirando cada flor que se encontraba en el lugar, Víctor por su parte caminaba a solo unos pasos tras ella, tratando de pensar en otro tema que no fuera el recuerdo de su madre. Su mente divago solo unos segundos cuando al voz de Irina irrumpió sus pensamientos, percatándose como se había colocado en cuclillas para tocar con sus manos una pequeña flor color blanca.
– No sabía que el Copo de nieve crecía en palacio.
– Pues…– se acerco a Irina para ver mejor la flor de la que hablaba – No sabía que crecía en este lugar.
La mirada del albino se perdió por completo en aquella flor, sin poder evitarlo sus pensamientos volvieron a recordar la noche anterior, cuando sin querer, había encontrado al joven con el cual había soñado infinidad de veces y cuyo nombre no sabía. Se mantuvo absorto en sus propios pensamientos que solo pudo regresar a la realidad cuando la calidad mano de Irina tomo la suya.
– Alteza ¿se encuentra bien?
– Si, yo… Mejor continuemos– apartando la vista de aquella flor para caminar hacia el interior del palacio.
– Príncipe – susurro Irina con tristeza, caminando tras el joven príncipe mientras en su pecho un extraño presentimiento se hacía presente.
– Yuuri ¿tienes que irte? Pregunto Minami al ver como el mayor se quitaba los patines.
– Me temo que debo irme, ya se está haciendo tarde – aseguro.
– ¿Volverás? – pregunto una niña.
– Por supuesto, prometí enseñarles hasta que patinaran adecuadamente ¿no?
– Pero no tardes mucho – afirmo la pequeña ocultándose tras Minami.
– No te preocupes Makoto – acariciando al cabeza de la pequeña – Yuuri vendrá pronto ¿verdad?
– No tienen que ponerse triste – levantándose mientras le daba los patines a Minami –vendré pronto a verles, por lo mientras asegúrense de practicar lo que les he enseñado, quiero ver cuánto han avanzado cuando vuelva ¿está claro?
– ¡Sí! – respondieron al unisonó.
Con una sonrisa en su rostro Yuuri camino hacia la salida del jardín, siendo seguido por un sequito de niños cuyos rostros demostraban la felicidad que aquel día habían tenido gracias al patinaje. Por los pasillos del orfanato se escuchaban las pequeñas risas de los niños, haciendo que las sacerdotisas que se cruzaban con ellos sonrieran ante su alegría. La directora aguardaba en la salida para despedirse de Yuuri, a quien abrazo una vez llego a su lado.
– Gracias por brindarles esta alegría el día de hoy.
– No es nada, me encanta pasar tiempo con ellos – aseguro regresando a verlos.
– Aun así, te tomas muchas molestias al venir aquí desde tu casa.
– Estar con ellos no es molestia – rompiendo con lentitud el abrazo para abrir la puerta y salir al exterior.
– ¡Yuuri! – le llamaron los niños, saliendo al exterior para despedirse.
– Pórtense bien – girándose sobre los escalones – o me enojare con ustedes si me entero que hicieron travesuras.
– ¿Ni una pequeña? – pregunto Makoto.
– Solo una – susurro acercándose para abrazarla – pero que no se enteren – le susurro haciéndole sonreír.
– Nos vemos Yuuri – le despidió la directora.
– Hasta pronto –soltando a la pequeña Makoto ha quien acaricio su cabeza.
– ¡Adiós Yuuri! – dijeron los niños al unisonó.
El azabache simplemente les dedico una simple sonrisa, dándoles la espalda para seguir su camino hacia el segundo lugar que planeaba visitar antes de que anocheciera por completo.
La puerta se cerró tras un fuerte golpe, haciendo que Makkachin se despertara de pronto por el mismo, camino hacia el balcón de su habitación sin detenerse, apoyando sus manos sobre el pasa manos, dejando que la brisa de aquella helada tarde enfriara los pensamientos que cruzaban por su cabeza. Tantas cosas ahora caían sobre sus hombros que no sabía qué hacer, su actual compromiso con el cual no sabía lidiar, las constantes tareas que su padre le obligaba a hacer, la imagen que debía mantener intacta ante las cámaras y el recuerdo de aquel joven, fue la gota que derramo el vaso de su paciencia.
Se dejo caer sobre la silla a lado suyo, llevándose una de sus manos hacia su rostro, buscando una salida a todos los problemas que tenía. Estaba tan perdido dentro de sus pensamiento que no se percato cuando su fiel amigo se apoyo sobre su pierna derecha.
– Makkachin – le llamo – lo siento amigo ¿te desperté?
Su fiel mascota levanto su cabeza para que pudiera acariciarla.
– Lo sé, ni yo mismo me entiendo – levantando su vista al cielo – No sé qué debo hacer Makkachin, toda mi vida está siendo manipulada por mi padre.
Sus pensamientos continuaron confusos por unos cuantos minutos más. El sonido de la puerta abriéndose y cerrándose en su habitación le hizo dirigir su vista hacia la persona que había entrado, siendo Noel quien caminaba con lentitud hacia su persona.
– Es de mala educación entrar a una habitación sin tocar y sin previa invitación – hablo apartando la vista y dirigiéndola hacia el horizonte.
– Lamento mis malos modales alteza.
– No importa – respirando profundamente – ¿necesita algo mi padre antes de partir?
– No, el rey partió hace media hora.
– Entonces… ¿A qué debo tu visita?
– Víctor –le llamo con frustración – ¿Podemos dejar de lado la formalidad?
– Lo siento, no me encuentro con ánimos Noel.
– Entiendo, no debe ser fácil para ti todo esto.
– No lo es – confeso –Un compromiso que nunca desee, unas tareas que no deseo cumplir, expectativas que desearía no tuvieran de mi y…
Noel contemplo el semblante lleno de tristeza de su príncipe, muchas veces deseaba que Víctor fuera un chico normal, que tuviera una vida normal, lejos de todas aquellas reglas, prensa que lo seguían a cada paso que daba pero, había nacido con una pesada carga que debía cumplir quisiera o no. Se acerco a su mejor amigo, sentándose en la silla que estaba frente a él, tratando de encontrar las palabras adecuadas.
– Escucha…
– Se lo que dirás, que debo cumplir las reglas, que soy el futuro rey, que debo cumplir mi destino – dijo con pesar – todo eso ya lo sé.
– No era exactamente las palabras que te iba a dedicar.
– ¿Entonces? – dirigiendo su vista hacia el rostro de su mejor amigo.
– ¿Por qué no sales un rato de palacio y te distraes en la ciudad?
– Espera… ¿Me estás dando permiso para salir? – Noel asintió – ¿sin la bendición del rey?
– No lo hagas sonar como si fuera algo malo, sé muy bien cuan agobiado estas y solo por esta vez dejare pasar por alto la salida.
–…
– ¿Saldrás o no?
– ¿Y si preguntan por mi?
– Diré que te sentías mal de la cabeza y decidiste dormir un rato.
Víctor le dedico una mirada llena de desconfianza.
– No me mires de esa forma, por una vez que soy amable contigo y tu desconfías – cruzándose de brazos.
El de ojos azules simplemente soltó una ligera risa.
– De acuerdo iré – levantándose de su asiento – Nos vemos más tarde Noel y… Gracias – corriendo hacia la puerta de la habitación – ¡Vamos Makkachin! – Su mascota ladro con entusiasmo corriendo tras él.
El azabache sonrió al ver aquella escena, deseando internamente no arrepentirse por dejarle salir.
Bajo del camión, agradeciéndole al conductor por haberle traído hacia su destino. Comenzando a recorrer el camino hacia el viejo lago a pie, tomándole solo diez minutos el que pudiera divisar el lugar donde cuando niños, Phichit y él solían patinar por diversión. Comenzó a correr hasta que pudo llegar a la desviación que su mejor amigo le indicaba, el cual llegaba justo hacia la vieja capilla, una de la cual nunca había tenido conocimiento hasta ese día.
– Este debe ser el camino que Phichit me indico – deteniéndose delante de un viejo árbol, justo a la orilla del lago ahora congelado por el invierno.
Desvió su vista hacia la improvisada pista de hielo, sonriendo por los miles de recuerdos que el mismo guardaba, las horas que junto a su mejor amigo disfrutaban al deslizarse. También, un hermoso y a la vez aterrador recuerdo que había vivido en ese mismo lugar, cuando vio por primera vez a Víctor, donde salvo su vida de ahogarse cuando el hielo donde se deslizaba se había partido en dos.
– Víctor…– murmuro.
Saco su celular para ver la hora, percatándose que el reloj marcaba la una y media de la tarde, indicándole que le quedaba poco tiempo para que oscureciera por completo.
– Debo darme prisa o mi hermana me reñirá por llegar tarde – metiéndolo de nuevo dentro de su abrigo.
Subió con lentitud el viejo camino de aquella colina, los arboles a su alrededor se encontraban despojados de su anterior esplendor, el invierno los había cubierto por completo de hielo, dejando la sensación de soledad y melancolía que un paraje sin vida como aquel podía transmitir. Se detuvo cuando estuve a pocos pasos de la entrada de la vieja capilla, disfrutando del ligero aroma que las flores de invierno emanaban desde su interior.
– Entonces… Era verdad – murmuro caminando hacia la entrada desprovista de entrada alguna.
Al cruzar el umbral se percato que solo era la fachada de la iglesia la cual seguía en pie, el techo, paredes y puertas detrás del mismo habían sido derrumbados hacía mucho tiempo. El suelo, que antes debía ser cubierto por loseta ahora estaba cubierto por miles de copos de nieves, que florecía con esplendor, emanando aquel agradable aroma que tanto amaba Yuuri.
– Este aroma… –caminado por el lugar, contemplándolas con alegría.
Se detuvo a pocos pasos de la orilla de vieja colina, donde se coloco en cuclillas, tomando una de las miles de flores, llevándolas hacia su rostro, donde respiro su suave aroma
– Víctor….
La brisa del lugar movía sus cabellos mientras manejaba a toda velocidad por la carretera, Makkachin disfrutaba del viaje, sacando su lengua mientras movía su cabeza, acción que le hizo sonreír de forma divertida. No supo cuanto tiempo estuvo conduciendo, no tenía un lugar fijo a donde ir, lo único que desea era olvidarse solo unos minutos de todo lo que la corona representaba para él. Se detuvo cuando el semáforo indico el alto, dirigió su vista hacia su lado izquierdo, reconociendo aquel lugar con tan solo divisar aquel enorme lago congelado.
– ¿Ese es…?
El sonido de varios claxon lo saco de sus pensamientos, cuando se percato que el semáforo marcaba que debía seguir su camino. Coloco las intermitentes para poder dar vuelta y estacionarse justo donde la orilla del lago comenzaba. Nada mas detenerse Makkachin comenzó a olfatear con su nariz, algo que llamo la atención de su dueño.
– ¿Sucede algo? – Acariciando su cabeza.
Makkachin comenzó a ladrar fuertemente, saltando del interior del auto para a comenzar a correr colina arriba.
– ¿Makkachin? – Libero el seguro del cinturón de seguridad para salir del auto y perseguir a su mascota colina arriba.
Yuuri continuaba admirando el paisaje que aquella colina le presentaba, la ciudad se podía ver desde aquel lugar, con lentitud las luces comenzaban a ser encendidas y la noche a hacerse presente. Sus pensamientos rememoraban aquella noche, cuando su mano se había entrelazado con la de aquel joven de ojos azules. Soltó un largo suspiro al darse cuenta que recordarle solo le hacía sentirse con un vacio en su interior después de todo, ¿Qué posibilidad existía de volver a verle? Quizás era hijo de algún noble, por lo cual sus estatus sociales jamás se podrían cruzar.
– De todas formas es imposible – girándose sobre sus pies con la intención de retirarse del lugar.
Un fuerte ladrido capto su atención, dando unos pasos hacia el frente, tratando de ubicar el origen de aquel sonido ya que, cuando subió la colina no había visto ningún perro en los alrededores.
– ¿De dónde podrá venir?
Nuevamente escucho el ladrido, esta vez cerca de la entrada del lugar, se mantuvo en su lugar hasta que diviso una pequeña sombra aproximándose a toda velocidad, hasta que un enorme perro cruzo la entrada y se lanzo sobre de él, lanzando al suelo con fuerza.
– ¿Pero qué…? – Levantándose un poco del suelo para ver al perro sobre su cuerpo – ¿Vic–chan? – Pregunto admirándole con sorpresa mientras este lamia su mejilla – No, es más grande que Vic–chan.
Sus ojos aun mantenían la inicial sorpresa que aquel enorme perro le había causado al aparecer de repente, muchas preguntas comenzaron a formarse en su cabeza ¿de dónde había venido? ¿Alguien estaba por los alrededores y su mascota se había escapado? Pero sobre todo ¿Por qué le resultaba inusualmente familiar?
– ¡Makkachin!
Levanto su rostro ante aquella voz, el perro que estaba sobre de él giro su cabeza, saltando de su lugar para caminar hacia la entrada donde, unos cuantos segundos la persona que menos esperaba se hacía presente.
– Víctor – susurro.
El nombrado se detuvo tras cruzar el umbral, sus ojos se abrieron a su máxima expresión cuando reparo en la figura del azabache.
– Tu…
Yuuri se levanto de golpe de su lugar, volteando a ver a todas partes por la vergüenza de estar frente al joven con el cual había estado pensando desde hace horas. Intento salir de aquel lugar rodeando la entrada pero la voz del de ojos azules le detuvo.
– Espera…
–…
– No pude preguntarte de forma apropiada la noche anterior –murmuro – ¿puedes decirme tu nombre?
– ¿Mi nombre?
– Si.
Dudo durante unos segundos pero finalmente respondió.
– Yuuri.
– ¿Yuuri? – Parpadeando un par de veces – que coincidencia – riendo ligeramente.
– ¿Coincidencia?
– Es que tu nombre suena igual que el de mi hermano menor, es todo.
– Mi nombre es algo común… Supongo.
– Pero en ti suena de forma agradable – dijo sonrojándose de inmediato – Yo…
– No te preocupes – sonriéndole.
El silencio se instalo en el ambiente, ninguno tenía palabras que dedicarse, la brisa del atardecer se dejo sentir nuevamente, anunciando el arribo de la noche. El sonido del celular de Yuuri comenzó a sonar inesperadamente, sobresaltándoles por la sorpresa.
– Lo siento.
– No, contesta debe ser importante.
Asintió sacando su celular para prender la pantalla, notando como el mensaje de su hermana menor le indicaba que debía volver a casa antes de que oscureciera por completo, apago la pantalla y lo devolvió a su lugar.
– Tengo que irme.
– ¿Tan pronto?
– Si, es que… Es mi cumpleaños – aseguro – y tendremos una pequeña reunión en casa.
– ¿Es tu cumpleaños?
– Si.
Víctor se mordió el labio inferior, buscando dentro de su abrigo algo que pudiese darle como presente, hasta que dirigió su vista hacia las flores que adornaban el suelo, se hinco para tomar unas cuantas y formar un pequeño ramo, alzándolo para entregárselos al joven frente suyo.
– Feliz cumpleaños, Yuuri.
Tomo el pequeño ramo que el de ojos azules le entregaba, sonriendo por el presente.
– Gracias – susurro con timidez.
Víctor aprovecho aquella situación, acercándose al menor para depositar un beso en su mejilla izquierda, logrando con aquella acción que un suave color carmín apareciera sobre sus mejillas.
– Es mi segundo regalo – dijo en un susurro.
– Debo… irme – saliendo de su asombro para pasar por su lado.
– Espera – tomándolo del brazo para detenerle – ¿puedo volverte a ver?
– Yo…
– Por favor.
– Es que… − girando su rostro para contemplar el contrario, notando en su mirada un silencioso ruego que lograba conmover su interior – Si…
– ¿Mañana a esta hora?
– No lo se... – contesto.
− ¿Podrías intentarlo?
− Lo... Lo intentare.
– Entonces, te veo mañana, Yuuri.
– Hasta mañana, Víctor.
El mayor soltó el brazo del azabache, dejando que este comenzara a correr colina abajo, alejándose del chico que poco a poco cautivaba su corazón sin poder evitarlo.
Entro con un gesto en su rostro que denotaba su molestia, el entrenamiento con los guardas había resultado de forma nefasta, les había gritado y ordenado que repitieran los ejercicios sin descanso alguno, su maestro le reprendió por su mal genio, enviándolo de vuelta a su habitación para que enfriara su cabeza, su mejor amigo había secundado aquella moción algo que causo que le gritara aun cuando no deseaba aquello. Conocer al "elegido" que las escrituras marcaban y ver quien era le había decepcionado en sobre manera ¿Cómo alguien tan debilucho iba a protegerles en el futuro? Aparte su figura era la de alguien en época de engorda.
– Ese maldito cerdo – tomando su celular donde estaba la foto del nombrado, para lanzarlo con fuerza a la ventana, en donde reboto, calendo al suelo – tanto esfuerzo de mi parte ¿y este es el resultado?
– Yuri – la dulce voz de la reina Anora le llamo.
– Madre –volteando a verla cuando hubo ingresado a su habitación.
– Veo que mi intuición no fallo, tu mal humor es bastante palpable hijo mío – cerrando la puerta tras de sí – ¿quieres hablar respecto a ello?
– No – sentencio.
– ¿Seguro? – caminando hacia la cama de su hijo donde tomo asiento.
–…
– Puedes contarme lo que sea y lo sabes – palpando el lado derecho para que se sentara a su lado.
El pequeño rubio hizo un gesto de frustración, dudando en obedecer la sugerencia de su madre. Lo medito por unos segundos, soltando una suave suspiro mientras se giraba y caminaba hacia su cama, sentándose a lado de su madre.
– ¿Y bien?
– Lo conocí.
– Así que por eso saliste de palacio a lado de Otabek ¿he?
– Tenía curiosidad… Siempre me hablaste de esa persona, de lo que aguardaba el destino, de lo que debíamos hacer para que nuestro mundo recuperara su esplendor y la diosa nos volviera a sonreír pero…
– ¿Pero?
– ¡Es un maldito cerdo!
– ¿Es así?
– Lo es madre – aseguro levantándose para quedar frente a su madre – su apariencia es al de un debilucho por no decir que esta gordo.
– ¿Gordo? – la reina parpadeo un par de veces.
– Bueno… Esta relleno, pero aun así se nota que come de mas ¿Qué no lo entrena correctamente?
– Recuerda que debe mantener su vida entre las sombras mi pequeño – llevando su mano hasta su cabeza, donde la dejo reposar – el destino es un cruel aliado pero, sin duda él es a quien nuestros antepasados han aguardado, aquel cuya oscuridad se acerca podrá detener.
– Madre.
– Tú serás un pilar importante en su vida por eso…
– Por eso he entrenado durante todo este tiempo, seré uno de los escudos que le ayudaran a llegar a ese destino.
–Así es – bajando la mano que mantenía sobre su cabeza hacia su mejilla izquierda – Yuko predijo que, en un cruel enfrentamiento, el destino del mundo finalmente entraría en juego, cinco guerreros de noble corazón traspasarían la entrada de la ciudadela, cuya oscuridad había envuelto, devolverían la luz del mundo… Y la paz finalmente regresaría.
– Lo sé – bajo la cabeza.
– No importa cuán difícil sea el destino, no importa si mi presencia te hace falta, debes seguir adelante ¿entiendes mi pequeño? – levantando su otra mano para dejarla sobre su mejilla derecha y levantar el rostro de su hijo.
– Hare lo que pueda para que se cumpla, defenderé al elegido y devolveré la luz al mundo a su lado – dijo con determinación en sus ojos – aunque sea un cerdo – murmuro entre dientes.
– Aunque sea un cerdo – secundo la reina en una débil risa.
La mesa se encontraba bellamente adornada, un mantel azul cielo cubría la superficie, en el centro de la misma un pequeño florero con un ramo de copos de nieve se encontraba como adorno, copas de vino y vasos de soda se encontraban frente a los presentes quienes conversaban animadamente mientras el ambiente era amenizado con una pista instrumental. Yuuri ayudaba a su hermana a servir el platillo que había decidió realizar en honor a la fiesta que celebraban, un Tazones humeantes de Katsudon lentamente comenzaron a hacerse presente en la mesa, impregnando el ambiente con su agradable aroma.
− Ahora que veo los copos de nieve, recuerdo cuando adornaban gran parte del castillo en estas épocas – dijo Adalberto admirando el pequeño ramo.
− ¿En serio? – Pregunto Yuuri sentándose a lado de Phichit − ¿Conociste a los anteriores gobernantes?
Adalberto dibujo una triste sonrisa.
− Así es, eran grandes personas, inigualables gobernantes y amigos irremplazables.
− ¿A la reina le gustaban?
−… − parpadeo un par de veces mostrando su confusión.
− Me refiero a la flor.
− Era su favorita.
− Es extraño, no muchos la toman en cuenta, considerando que solo florece en invierno.
− Dejemos temas melancólicos para otro día – la voz de Mary capto la atención de todos – antes de comenzar a comer – colocando el pastel frente a su hermano menor – debes soplar las velas.
− Claro.
Las luces fueron apagadas por completo, solo las pequeñas llamas de las velas iluminaban la habitación, todas las miradas de los presentes se concentraron en aquel momento en el azabache, quien sonreía tímidamente.
− Pide un deseo – sugirió su hermana.
− ¿un deseo? – cerrando sus ojos para pensar en algo que deseara.
"Deseo… Poder ser algo más de lo que soy ahora" pensó "Deseo… Cambiar el destino de todos aquellos que sufren en este mundo"
Abrió lentamente sus ojos, contemplando solo unos instantes las llamas de las pequeñas vela sobre su pastel, soplando ligeramente hasta que ninguna quedo encendida.
− ¡Felicidades Yuuri! – dijo emocionado su mejor amigo.
− Felicidades – secundo su tío.
− Feliz cumpleaños, Yuuri – sonriendo los brazos de su hermana rodear su cuello.
− Gracias – agradeció bajando la mirada, mientras internamente se cuestionaba la razón de aquel extraño deseo.
− Es hora de comer − anuncio Mary sentándose a lado de Adalberto.
La cena transcurrió con normalidad, las risas acompañaron las historias que Phichit contaba a acerca de las travesuras que solían hacer Yuuri y el cuándo niños así como las veces que los regañaban por ello, algo que hizo sonrojar más de una vez a su mejor amigo. Con lentitud los tazones fueron sustituidos por pequeños platos donde una pequeña rebanada de pastel se hacía presente.
− Es una lástima que tus papas no pudieran venir Phichit.
− Me disculpo por ellos Yuuri, dijeron que tenían algo que hacer esta noche y que no podrían asistir a la cena pero, te enviaron su regalo.
− No tenían por qué molestarse.
− Finalmente solo festejamos solo nosotros cuatro − aseguro Adalberto.
− Mila y Sala no pudieron venir, tuvieron cosas que hacer.
Adalberto asintió, dirigiendo su vista hacia el reloj en la pared donde este marcaba las ocho en punto, bajo la mirada, tomo una ligera bocanada de aire antes de desviar su mirada hacia el rostro del menor.
− Yuuri.
− ¿Dime? − tomando un pedazo de su pastel para llevarlo a su boca.
− Cuando termines de comer, hay un lugar que deseo mostrarte.
− ¿Mostrarme? − enarco una ceja − ¿se trata del lugar que mencionaste en la mañana?
− Así es...
− Pero Phichit...
− No te preocupes, el puede venir con nosotros.
− De acuerdo.
El rubio alejo su vista del rostro del menor para dirigirla de forma discreta hacia el rostro de Phichit, quien solo bajo la mirada mostrando un gesto lleno de tristeza.
La habitación se encontraba a oscuras siendo solo iluminaba por los fríos rayos de la luna, su larga melena se movía al compas de la fresca brisa que a la noche acompañaba mientras se encontraba apoyado sobre el pasa manos del balcón. Una suave sonrisa se hacía presente en su rostro, admirando la pequeña flor que sostenía con su mano derecha, aspirando la suave fragancia que esta emanaba. El ladrido de su fiel compañero hizo que todos sus pensamientos se alejaran, girándose para ver como Noel se acercaba a paso lento hacia él.
− Hola Noel − dijo alegremente.
− ¿Por qué estas tan feliz? − extrañándose por la forma en cómo su mejor amigo le recibía.
− ¿No puedo estarlo?
− Desde que llegaste a palacio has estado con esa sonrisa idiota sobre tu rostro ¿Puedo saber que sucedió como para que tu animo cambiara bruscamente?
− Nada − mintió − Solo hice caso a tu consejo, recorrí la ciudad y mejoro mi ánimo, solo necesitaba despejarme.
− ¿En serio? − alzando una ceja.
− Claro que si ¿por qué te mentiría?
Noel observo con detenimiento el rostro de su mejor amigo, Intuía que algo le había ocurrido en la ciudad, conocía a Victor, al menos mucho mejor que la mayoría en palacio por lo cual, verle irradiando una felicidad no muy propia de su persona era algo que le inquietaba. Quizás para muchos pasaría inadvertido, el príncipe solía sonreír todo el tiempo aun cuando no estuviese con el mejor ánimo − al menos frentes aquellos cuya confianza no era real − pero, aquella sonrisa era diferente a la usual.
Percibía un destello de paz que nunca había visto en el, como si hubiese encontrado lo que estuviera buscando por mucho tiempo... Y se dio cuenta. No pudo más que soltar un largo suspiro por los problemas que aquello acarrearía no solo en la corte o vida personal del príncipe sino, los problemas que este tendría si el rey se enteraba.
−Está bien – decidió seguir aquella mentira – solo venía a decirte que la cena está servida, la reina Anora y el príncipe Yuri te esperan en el comedor.
− En seguida bajo – caminando hacia la pequeña mesita que estaba en el balcón para dejar la flor que sostenía en el pequeño florero sobre esta.
− ¿Copos de nieve?
− Las compre cuando regresaba a palacio – continuo con aquella mentira – a mi madre le encantaban así que…
− No tienes que explicar nada, entiendo – contesto – es mejor bajar, no debemos hacer esperar a la reina y al príncipe, mucho menos hoy que tiene un inusual mal humor.
− ¿No siempre esta de mal humor?
− El día de hoy es considerablemente peor que otros días – dándose la vuelta para caminar hacia la salida de la habitación – Víctor…
− ¿Dime? – contesto sin dejar de sonreír.
− Cuando necesites hablar de algo, lo que sea, sabes que te escuchare – colocando su mano sobre el pomo de la puerta − jamás contaría algo que me hayas dicho en secreto.
−…
− Te espero en el comedor – abrió la puerta y salió de la habitación.
La puerta volvió a cerrarse dejando a un concertado Víctor perdido entre sus pensamiento.
Una vez el auto aminoro su marcha y el motor del mismo se apago, las puertas fueron abiertas para dejar que sus ocupantes bajaran uno a uno de su interior. Yuuri tembló ligeramente al sentir la helada brisa que acompañaba a la noche, giro su cabeza en ambas direcciones tratando de ubicar el lugar en el cual estaban pero, tal como suponía, aquella era una zona del reino que jamás había visitado.
− ¿Dónde estamos? – pregunto abrazándose así mismo, buscando entrar en calor.
− Pronto lo sabrás – Adalberto comenzó a caminar hacia el frente, siendo seguido por Mary.
− Yuuri ¿estás bien? – escucho la voz de su mejor amigo.
− Si, solo tengo un mal presentimiento, no sé por qué.
− Vamos – palmeando su hombro – si los perdemos de vista terminaremos dando vueltas en este lugar sin rumbo alguno.
− Lo sé.
Ambos emprendieron el mismo camino que ambos adultos habían tomado, localizándolos solo minutos después. Continuaron caminando por aquel silencioso pasaje, las luces de las farolas iluminaban de forma intermitente, dejándoles cada tanto en penumbras haciendo difícil el sendero transitado.
El frio comenzaba a ser más notorio con cada paso que daban, las luces se apagaron totalmente y solo los tenues rayos de la luna eliminaban el camino, solo cuando divisaron una enorme puerta negra con adornos de ángeles en cada columna fue que aminoraron el paso hasta detenerse por completo.
− Se que ya hice la misma pregunta pero… ¿Dónde estamos?
− Ten paciencia.
Adalberto solo camino unos cuantos pasos más para acercarse a la puerta, sacando una extraña llave de su abrigo, metiéndola en la cerradura de la misma para que después de unos cuantos giros esta cediera por completo. Yuuri giro su cabeza para ver el rostro de su hermana pero, no encontró rastro alguno de sorpresa, indicándole que ella ya tenía conocimiento de lo que fuera que su tío quería mostrarle.
− Tío…
− Bien, entremos – índico ingresando al lugar.
− Esto no me agrada – susurro.
− Yuuri, todo estará bien – aseguro Phichit.
− ¿No te inquieta ni un poco?
− Si tu tío te trajo aquí debe ser por algo importante, no creo que sea…. Peligroso.
Dudo por uno segundos aun con las palabras de su mejor amigo flotando en su cabeza.
− De acuerdo.
Al ingresar se percato de la tenue neblina que cubría el lugar, con esfuerzo podía distinguir los objetos frente a su persona. Bajo los escalones que se presentaban ante el de uno en uno hasta que, una vez bajo el último peldaño, se percato lo que aquel lugar ocultaba tras aquella cortina. A su alrededor cientos de tumbas se encontraban dispersas, lapidas destruidas, figuras de ángeles partidas por la mitad y un pequeña placa que, por su tamaño, había estado puesta en alguna de las columnas de la entrada.
− Cementerio Cristalium – leyó en voz baja – ¿este lugar es…?
−Yuuri – su mejor amigo trato de tomar su brazo al ver la sorpresa en su rostro.
− No deberíamos estar aquí – dijo apresurando el paso para alcanzar a su tío y hermana.
− Espera…
Ambos caminaron de forma rauda por el camino empedrado del cementerio, tropezando cada tanto sobre del mismo. Cuando lograron alcanzar a quienes buscaban, Yuuri recorrió rápidamente el tramo que les distanciaba para tomar el brazo de su tío, quien se detuvo de golpe.
− Tío, no podemos estar aquí – aseguro –el rey ordeno que nadie podía visitar este cementerio a menos que tuviera sangre real en las venas.
− Exacto, nadie que no la tenga – soltándose del agarre con cuidado para continuar su camino.
− Pero tío…
− Yuuri – le llamo Phichit llegando a su lado – es mejor seguirle, el debe saber algo que nosotros… No.
− Si pero…
− Yuuri – le llamo Adalberto.
− Si – comenzando a seguirlo.
− ¿Puedes decirme porque el cementerio tiene ese nombre?− pregunto sin detener el paso ni dirigirle mirada alguna.
− Mmm… Pues, la historia relata que el cementerio Cristalium obtuvo su nombre por el cristal de la leyenda así como los avances con cuyo poder podían ser logrados, los Katsuki eran la familia que velaba dicho cristal y cuando un rey de ese linaje fallecía era enterrado en este lugar así mismo cualquier integrante de esa familia.
− Me alegra saber que has puesto atención a la clase de historia.
− Tío, no creo que sea momento para una clase de historia universal cuando cientos de lapidas nos rodean – le llamo con inseguridad − ¿podemos irnos de aquí? Me está entrando… Algo de pánico.
− Llegamos – afirmo deteniéndose frente a un mausoleo en ruinas dentro del cementerio.
− ¿Un mausoleo?
− Dentro aguarda algo que durante trece años ha estado aguardando tu llegada Yuuri.
− ¿Algo? – Regresando a verlo con preocupación – Me estas pidiendo ¿Qué entre ahí?
− Sígueme.
Todos bajaron los peldaños de la escalinata hasta que llegaron a la puerta que velaba aquel lugar en ruinas. Nuevamente el rubio saco una llave, esta vez una más pequeña que la anterior, el cerrojo emitió un fuerte sonido una vez fue abierto, dejando la entrada accesible para sus visitantes.
− Después de ti – indico Adalberto.
Trago con fuerza al ver la oscuridad dentro de aquel lugar, se relamió los labios, tomando un poco de su ahora extinto valor para entrar en el lugar. Dio un paso al frente, Las antorchas se encendieron de pronto, provocando que un sentimiento de pánico le recorriera por unos segundos. Su mirada recorrió el lugar, no había nada más que dos enormes cuadros desgastados en el fondo del mismo y un enorme ataúd de piedra, cuya superficie era la de una figura humanoide con sus manos sobre su pecho, las cuales sostenían una extraña espada que, ni un sus sueños, habría imaginado pudiera existir.
− ¿Una espada? – se acerco con lentitud, rodeando el ataúd para quedar frente a él.
− Yuuri – la voz de Adalberto le llamo.
−…
− Yuuri, como sabes este cementerio era el lugar de descanso de todos los reyes que formaron parte de la dinastía Katsuki.
− Lo sé.
− Este mausoleo es la última morada de los antiguos reyes de nueva Hasetsu, los últimos Katsuki que gobernaron esta tierra.
− ¿Esta… Es su tumba? – Pregunto con sorpresa – Hermana ¿Qué es todo esto?
− Solo escucha Yuuri – sugirió Mary.
− De acuerdo, me trajeron para ver la tumba de dos reyes… Muertos ¿puedo saber por qué?
− ¿Sabes cómo murieron? − pregunto el rubio, caminando hacia los enormes cuadros en el fondo del mausoleo.
− Pues… Se lo que todo el mundo comenta, hace trece años el reino se levanto en su contra, un golpe de estado que no apoyaba las negociaciones entre ambos reinos fue la causa de la muerte de los reyes y de sus hijos – aseguro Yuuri – al no haber ningún Katsuki que pudiera suceder al trono, el rey Demian asumió el cargo puesto que era el segundo rey bendecido por la diosa para gobernar el mundo.
Una ligera risa se escucho en el lugar.
− Eso es lo que todo mundo cree – dijo Adalberto.
− ¿Por qué lo dices?
−Hace trece años, específicamente una noche antes de las negociaciones un golpe de estado se alzo contra los Katsuki pero… No fue orquestado por el mismo reino – girándose para encarar al azabache – es cierto que había descontento entre el pueblo, una tregua no aseguraba el cese de siglos de guerra y sangre, pero lo aceptaron por un bien mayor… El mundo estaba en crisis y un lo está… El rey Regis solo quería buscar una solución a lo que el futuro nos deparaba pero, el rey de nueva crisis no deseaba la paz, solo deseaba poder y gobernar el mundo, olvidándose de las enseñanzas de nuestra diosa… Aquella noche, el rey Nikiforov mato a los reyes de nueva Hasetsu.
− ¿Qué?
− Yuuri… El rey Regis, no – corrigió el nombre de su rey por el verdadero – el rey Toshiya y su esposa la reina Hiroko, eran tus padres.
Los ojos de Yuuri se abrieron de par en par ante la noticia recibida.
− Los Nikiforov no solo mataron a tus padres, mataron a la antigua oráculo y amigos de la familia real… Le arrebataron la vida a toda tu Familia.
Yuuri trago con fuerza al escucharle hablar, se giro para ver el rostro de su hermana. Mary mostraba un semblante inexpresivo, indicándole que ella sabía aquella verdad desde hace mucho y nunca le había dicho nada al respecto.
− Yuuri – la voz de Adalberto le llamo de nuevo – Tu hermana y tu, son los únicos supervivientes de la masacre de hace trece años.
− No… No puede ser cierto, no puedo ser un Katsuki… Yo…− bajo la mirada tratando de controlar sus emociones – Yo…Es imposible…
− Yuuri, ¿Por qué crees que tienes esos extraños poderes?
Levanto la vista, buscando poder articular palabra alguna pero de su boca no aparecía sonido alguno.
−… Yo… ha…
Sus ojos se mantuvieron fijos en la entrada, Retrocedió un paso atrás cuando varias figuras comenzaron a emerger desde la entrada del mausoleo. Poco a poco las siluetas se volvieron visibles, personas desconocidas se agrupaban en el lugar, rodeándolo por completo, entre ellos podía reconocer a los padres de Phichit, hecho que hizo que volteara ver a su mejor amigo, quien se acerco, levantando su mano para tocar su hombro, alejándose rápidamente de él.
− Yuuri…
− ¿Lo sabías?
−…− bajo la mirada.
− Phichit… ¿Lo sabías?
− Si – confeso – muchas veces quise decírtelo pero…
− Pero decidiste callar – murmuro, bajando la mirada.
− Lo siento.
Apretó con fuerza sus manos, sintiendo como la tristeza y el enojo se instalaban en su pecho.
− Príncipe Yuuri.
Aquel llamado le sobresalto, levantando la vista para percatarse que todos los presentes, incluida su hermana y tío, se inclinaban ante su persona.
− Alteza – la voz de Adalberto lo saco de su aturdimiento – Después de la muerte de los reyes, todos los que una vez le servimos fuimos perseguidos como ladrones o traidores a la corona, muchos tuvimos que escondernos por años, cambiar nuestros nombres, vivir en un estatus que no era al que estábamos acostumbrados…. Cuando no encontraban rastro alguno de nuestras presencias tomaban la vida de nuestras familias – aseguro – esposas, hijos, padres… Asesinados por el rey Nikiforov, todo quedo plasmado como víctimas del golpe de estado.
− Tío…
− Durante trece años me asegure que vuestra hermana y usted sobrevivieran aun cuando para eso tomara u rol que no me correspondía.
− Eso significa que no eres…
− No porto la sangre de los Katsuki en mis venas – aseguro – pero, aun así – levantándose de su lugar – todos los presentes en este lugar así como varios aliados alrededor del continente, juraron proteger al futuro rey – pasando por su lado hasta quedar frente al ataúd – Hicimos el juramento de velar tu vida, para que cuando cumplieras diecinueve años y reclamaras tu trono, nos reuniríamos bajo el techo de la tumba de vuestros padres − tomando la espada sobre la figura de piedra − y llevaríamos acabo nuestra venganza en contra de los Nikiforov – girándose sobre sus pies para alzarla espada a la altura del azabache – Tómala… Esta espada le perteneció a tu padre.
− Pero…
−Esta espada no es como cualquier otra, pertenece a las trece armas ancestrales que los más poderosos reyes de nueva Hasetsu han portado, cada una de ellas tiene un poder oculto que solo el rey verdadero, el elegido por la diosa puedo explotar… Se suponía que al cumplir los dieciséis, tu padre te llevaría a Altissia para que los sidéreos bajo los rezos del oráculo, moldearía la espada que llevarías durante tu reinado pero…
− El murió antes de eso…
− Así es, por eso… Su espada ahora es tuya.
− Padre – de forma insegura tomo la espada que el mayor le ofrecía.
El grito de todos los presentes rugió en el lugar, alzaron las espadas que llevaban consigo al ver como su príncipe tomaba la espada de su difunto padre.
− ¡Lo juraremos nuevamente sobre la faz de esta tierra! – Elevo su voz el rubio − Derrocaremos a los Nikiforov, recuperaremos nueva Hasetsu junto con el cristal y finalmente, el entronado podrá cumplir con su misión sagrada.
− ¿Entronado? – pregunto, recordando las extrañas letras que había visto en aquella visión.
− El elegido que traerá consigo la luz del mundo, despertara a la diosa y desterrara para siempre la noche eterna que nos aguarda.
− ¿Y ese elegido es…? – pregunto temiendo escuchar la respuesta.
− Eres tu Yuuri… Tú eres el entronado.
− Yo… Yo soy... – alzo la espada con ambas manos, reflejando su rostro sobre el filo de la misma – Entro…nado – susurro.
Varias imágenes comenzaron a aparecer en su mente, una secuencia de extrañas visiones que no tenían sentido alguno, criaturas enormes rodeados con un aura de poder que nunca había visto, el mismo lugar cubierto de nieve de aquella visión, la misma palabra tallada en piedra y por último, las imágenes de sus padres cayendo bajo el filo de una espada así como el rostro del rey Nikiforov sonriendo ante lo que acaba de hacer.
− Yo…
La espada cayó al suelo, su cuerpo perdió equilibrio precipitándose hacia el suelo, las voces de todos nombrándole se escuchaban en un ligero susurro, como si estuvieran muy lejos de su persona, los fuertes brazos de Adalberto sosteniéndole y el rostro de su mejor amigo así como el de su hermana difuminándose de su vista, fueron los últimos hechos de los cuales tuvo conciencia antes de perderse en la oscuridad.
つづく/ Continuara...
Bien otro capítulo, Yuuri finalmente descubrió quien es, concertó una cita con Víctor que, no sabemos si se dará, finalmente vimos que Yuuri hace lo que hace para ayudar a los demás y que, en secreto, la reina tiene que ver con los Katsuki y su plan.
¿Sugerencia, comentario o queja del fic?
Pueden dejarme su comentario, gracias a ellos mejoro y quizás pueda cambiar algo que resulte confuso.
Nos vemos.
