Capítulo 2

Harry Potter le pertenece a JK Rowling y esta historia le pertenece a White Squirrel. Ya que yo no soy ni JK Rowling ni White Squirrel a mi sólo me pertenece la oportunidad de traducir.

Partes de este capítulo han sido citadas de Harry Potter y la Piedra Filosofal.

Notas del autor: Me he tomado libertades en el diseño del castillo para tratar de combinar los libros con el diseño más elaborado mostrado en las películas, y para facilitar unas cuantas cosas geniales que tomarán lugar después.

Notas de la traductora: Las citas fueron tomadas directamente de mi versión de Harry Potter y la Piedra Filosofal en lugar de ser traducidas junto con el resto del fic. Sin embargo, algunas conjugaciones fueron adaptadas del castellano para que fluyeran mejor con el resto de la historia.

Estoy de vacaciones sin mi computadora, por lo que tuve que hacer la edición final desde mi celular. Quiero intentar actualizar cada dos semanas, por lo que decidí actualizar hoy y corregiré errores que se me pudieran haber escapado una vez esté de vuelta.


Con sus última dudas sobre Hogwarts disipadas, Hermione esperó con entusiasmo el primero de septiembre. Sus padres no se encontraban tan entusiasmados como ella de enviarla a un internado, sin mencionar que aún no podían aceptar por completo el hecho de que la magia era real, pero Hermione podía notar que sus padres estaban felices por ella. Le aseguraron que su libro de cálculo le sería suficiente hasta navidad cuando les preguntó acerca de ecuaciones diferenciales, y le hicieron prometer que trataría de hacer amigos. Antes de que se diera cuenta se estaba despidiendo de ellos y abordando el Expreso de Hogwarts.

–Diviértete en la escuela –le dijo su madre–. Asegúrate de escribirnos. –Su padre levantó su pesado baúl y lo subió al tren.

–Sí, mamá –dijo mientras abordaba–. Los quiero.

Se despidió de sus padres y caminó dentro del tren observando dentro de varios compartimientos. Sentía que los alumnos mayores la observaban con inferioridad pero no estaba preocupada aún; la escuela secundaria había sido similar el primer día.

Encontró un compartimiento vacío y decidió ponerse su túnica de Hogwarts de una vez para no preocuparse después. Después, se sentó y sacó su copia de Historia de Hogwarts, uno de los libros que no había logrado terminar aún. Había leído todos los libros de sus clases, naturalmente, he incluso se había memorizado la lista de hechizos. El año anterior había conocido a una joven en la secundaria que la había alentado a memorizarse libros enteros, pero aunque la memoria de Hermione era muy buena, no era tan buena. Considerando todos los libros adicionales que estaba leyendo, no valía la pena leer todo tres veces para memorizarlo por completo.

Un par de jóvenes de primer año que parecían ser buenas amigas entraron en su compartimiento una vez el tren comenzó su camino y se presentaron como Susan y Hannah. Ambas eran brujas de sangre pura, pero eran amables. Les preguntó acerca de las diferentes casas en Hogwarts. Las familias de ambas habían pertenecido a Hufflepuff, pero Hermione no podía decidir entre Gryffindor o Ravenclaw. Hablaron por un tiempo acerca de las diferencias entre ambos mundos, pero Hermione sintió como si estuviera hablando otro idioma cuando trató de explicarles la electricidad.

Estuvo a punto de rendirse y enfocarse en su libro cuando un joven de primero año de cara redonda abrió la puerta con lágrimas en sus ojos.

–Disculpen… ¿alguna ha visto mi sapo? –gimoteó–. No puedo encontrarlo.

Susan y Hannah sólo sacudieron la cabeza, pero Hermione se levantó y dijo:

–No, no hemos visto ningún sapo aquí. ¿Dónde lo viste por última vez?

–Al final del tren –dijo el muchacho.

–Bien, entonces busquemos ahí. Yo te ayudaré. No es muy rápido, ¿o sí?

–No lo sé… Nunca he visto a Trevor moverse muy rápido, pero sigue desapareciendo. –Pareció suprimir otro gemido.

Ambos buscaron en unos cuantos compartimientos sin resultado. La situación sería más sencilla con algún hechizo de detección o convocador, pero no había ninguno útil en los libros de primer año.

–Mi nombre es Hermione Granger, por cierto –dijo, recordando su promesa de hacer amigos–. ¿Cuál es el tuyo?

–Neville –dijo, y después, como si lo hubiera recordado de último momento– Neville Longbottom.

–Encantada de conocerte.

En el siguiente compartimiento que revisaron se encontraban dos alumnos de primer año; uno alto de cabello rojo llameante, y uno pequeño, delgado, con cabello negro alborotado. Hermione pensó que debería de peinarse mejor.

¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno –dijo, pero no escuchó la respuesta del pelirrojo ya que notó que tenía su varita en mano. Quizás finalmente podría ver magia de verdad.

Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.

Se sentó. Ron pareció desconcertado.

Eh… de acuerdo. –Se aclaró la garganta–. Rayo de sol, margaritas, color de la mantequilla, volver amarilla a esta tonta ratita.

Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.

¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? –Preguntó la niña–. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Y Numerología y Gramática dice que la mayoría de los hechizos no son en inglés porque la estructura silábica tiene que estar en par con el movimiento de la varita, y el inglés tiene menos sílabas que la mayoría de los idiomas occidentales.

–¿La estructura qué? –preguntó el pelirrojo, pero Hermione continuaba hablando.

Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta. Pero estaba muy contenta cuando la profesora Vector me dijo que podía estudiar aritmancia para continuar con mis estudios en matemáticas. He leído todos los libros para las demás clase también, por supuesto, espero que sea suficiente… Yo soy Hermione Granger. ¿Y ustedes quiénes son?–Se detuvo bruscamente ya que se dio cuenta que había estado hablando velozmente sin dejar hablar a los muchachos quienes se observaban el uno al otro con sorpresa.

–Yo soy Ron Weasley –murmuró el pelirrojo.

–Harry Potter –dijo el otro.

La mirada de Hermione reflejó su sorpresa. Por supuesto, había hecho el cálculo y sabía que Harry Potter debiera de atender Hogwarts en su mismo año, pero el joven delgado con vestimenta que le quedaba grande no era para nada lo que había esperado. Todos los libros daban la impresión de que era un héroe grande y poderoso.

¿Eres tú realmente? –Dijo Hermione–. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX. –Aunque ahora que lo pensaba, ¿cómo es que sabían algo de él si en verdad había sido criado por muggles como decían, y nadie lo había visto en diez años?

¿Estoy yo? –dijo Harry.

Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera –dijo Hermione. Harry sólo encogió los hombros.

–¿En verdad estudiarás aritmancia? –Preguntó Neville rompiendo el silencio–. Esa es una clase de tercer año.

–¿Qué? –Interrumpió Ron–. ¿Por qué querrías tomar clases extra?

Bien, eso decidía su opinión de Ron Weasley.

–Porque es muy interesante. He tomado clases extra de matemáticas durante toda la primaria, y aritmancia las utiliza significativamente. Incluso, en la clase de quinto año, podemos inventar nuestros propios hechizos. De cualquier manera, será mejor que continuemos buscando el sapo de Neville antes de que lleguemos. Supongo que los veré pronto.

Ambos salieron del compartimiento y fueron al siguiente.

–¿Sabes en que casa estarás, Neville? –preguntó.

–Probablemente en Hufflepuff –dijo con tristeza–. Pero mi abuela quiere que sea Gryffindor como mi papá.

Finalmente encontraron su sapo unos cuantos compartimientos después y Neville sacudió su cabeza y le agradeció con entusiasmo. Con ese problema resuelto, Hermione comenzó a preguntarse cuánto tiempo más tardarían. Se estaba tornando oscuro afuera. Más vale pensó y caminó a la parte delantera del tren, pasando el primer compartimiento donde se encontraban los prefectos que no estaban patrullando (de los cuales trató de memorizar los rostros que pudo en caso de necesitar ayuda después), hasta llegar a donde se encontraba el conductor.

–Disculpe, señor –lo llamó–. ¿Pudiera decirme cuándo llegaremos?

–Sí, ya casi llegamos muchacha –le dijo el conductor–. Unos veinte minutos más y estaremos en la estación de Hogsmeade.

–Gracias. –Rápidamente caminó de vuelta a su compartimiento para tomar su equipaje, pero cuando se encontraba cerca escuchó una conmoción. Escuchó gritos provenientes de unos compartimientos más adelante. Mientras se acercaba al compartimiento que reconoció como el de Harry Potter, un prefecto se acercó desde la otra dirección y repentinamente se abrió la puerta. Un muchacho rubio con aspecto de adulador, y dos muchachos grandes y fuertes, salieron con prisa y corrieron al final del pasillo. La empujaron con fuerza a su paso con el prefecto siguiéndolos y gritándoles. ¡Qué infantil! pensó.

Entró en la cabina para escapar del caos sólo para encontrarlo de nuevo adentro. Las pilas de dulces de los jóvenes se encontraban por los suelos, y Ron Weasley estaba recogiendo a su rata por la cola.

–¿Qué ha ocurrido aquí? –preguntó ella–. ¿Y por qué estás lastimando a tu pobre rata?

–No lo siente. Y esos cretinos la noquearon –dijo Ron examinando a la rata–. No, espera… ¡no lo puedo creer! ¡Se volvió a dormir! –Dejó a la rata en el asiento–. ¿Así que ya conocías a Malfoy? –le preguntó a Harry.

–¿Malfoy? –Preguntó Hermione–. ¿Así se llama uno de los que…?

–Sí, el rubio pretencioso –dijo Harry con un tono de fastidio–. Me lo encontré cuando estaba comprando mis túnicas en el callejón Diagon. Me habló de que quería ser Slytherin y se burló de Hufflepuff, de Hagrid, y de los magos nacidos de muggles.

Hermione tomó nota mental de mantenerse lejos de Malfoy.

–Todos saben de su familia –dijo Ron sombríamente–. Fueron unos de los primeros en regresar a nuestro lado cuando Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que estaban bajo un Imperio, la maldición para controlar mentes, pero muchas personas no les creen. Mi papá dice que los Malfoy siempre han pertenecido al lado oscuro, desde la época de la conquista.

–¿Quién es Quien-tú-sabes? –Preguntó Hermione–. Ninguno de los libros que leí describía su nombre,

–Hagrid me lo dijo –respondió Harry, observando a Ron quien parecía estarse preparando para algo–. Es Voldemort, pero a nadie le gusta decirlo.

–¿Pero por qué? Es una simple modificación de una frase en francés.

–Es… eh… –Ron dijo con sorpresa–. Nunca lo había notado… Pero aun así, no se dice. Tú eres hija de muggles, sin ofender, pero no has escuchado las historias.

–He leído los libros –se defendió Hermione.

La advertencia de cinco minutos resonó por el tren, informándoles que debieran de estar listos para llegar y de dejar su equipaje porque sería llevado por separado.

–Disculpa, ¿te importaría salir mientras nos cambiamos? –preguntó Ron.

–Claro. ¿Y sabías que tienes algo en la nariz? –Estaba tratando de ayudar, pero Ron se burló de ella mientras salía de la cabina.

Ya que no necesitaba cargar su equipaje decidió hacer fila cerca de la puerta. Se alegró de su idea ya que el corredor comenzó a llenarse con rapidez. El tren redujo la velocidad hasta detenerse y todos comenzaron a empujar para salir a la plataforma pequeña y oscura.

Una sola linterna alumbraba el lugar. Parecía que alguien la sostenía sobre su cabeza, pero cuando se colocó en medio de la multitud, se elevó aún más y Hermione se encontró observando el rostro del hombre más alto que había visto.

Hermione estimó que medía entre once y doce pies. No debía de ser completamente humano. Pero tampoco era un gigante. Había leído sobre ellos y eran mucho más altos, tal vez era un mestizo, si es que eso era posible. Tenía una barba negra, larga y tupida, con cabello que parecía que no había sido peinado, y los llamaba con una voz rasposa:

¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry? –Debía ser el tal Hagrid que Harry había mencionado–. Vengan, síganme… ¿Hay más de primer año? Miren bien dónde pisan. ¡Los de primer año, síganme!

Hagrid los dirigió por un sendero estrecho e inclinado que parecía atravesar un bosque. Hermione pensó que debían de poner barandales, escaleras o algo para poder navegar en la oscuridad. No podía ver los terrenos desde ahí, pero el sendero los llevó al borde de un lago negro con agua que lucía aún más oscura bajo el cielo estrellado. Más allá del lago se encontraba una montaña alta sobre la cual se encontraba el castillo de Hogwarts, con sus ventanas brillando a la luz de las estrellas.

Ni siquiera Hermione pudo evitar exclamar un fuerte ¡oooooh! junto a los demás estudiantes ante la belleza del castillo. Había leído acerca de éste en el tren, y no era muy diferente de lo que había imaginado, con sus múltiples torres y torrecillas, pero era enorme: siete pisos, y las torres más altas debían de tener una altura de más de doscientos pies, más altas que cualquier castillo muggle del que hubiera escuchado. Estaba segura que algunas de las características arquitectónicas sólo podían ser resultado de la magia.

Apenas notó que se encontraba en un bote pequeño junto a Neville, Ron y Harry, ya que estaba completamente enfocada en el castillo mientras se acercaban cada vez más. El lago era tan liso como el cristal. Ni siquiera el significante número de botes causaban ondas. Eso también tenía que ser magia, se dio cuenta, y su mente se maravilló ante las posibilidades del uso de la magia para enaltecer la naturaleza de tal manera.

–¿Trevor? ¡Trevor! ¿A dónde se ha ido ahora? –exclamó Neville mientras buscaba su sapo en el bote.

¡Bajen las cabezas! –ordenó Hagrid. Todos se agacharon al llegar a la apertura de un peñasco y atravesaron una cortina de hiedra. Se encontraban en un túnel largo y oscuro, pero Hermione creyó ver destellos de luz en la pared. Dejó que sus ojos se ajustaran y notó objetos angulosos; ¡cristales! Se encontraban en una caverna de cristal, lo cual hubiera sido impresionante si hubiera la suficiente luz, pero el mago parecía ignorarlo. Continuaron hasta llegar a una especie de muelle, por lo que Hermione concluyó que se encontraban debajo del castillo.

El muelle era iluminado por unas cuantas antorchas, pero sólo podía percibir una evocadora muestra del esplendor de los cuarzos en las paredes que los rodeaban, aunque Hermione supuso que, iluminado como por luz de estrellas gracias a las llamas, la caverna mostraba un tipo de belleza más sutil. Notó unas escaleras a un lado del muelle y otro túnel que continuaba en frente de donde se encontraban.

Los alumnos de primer año bajaron de los botes y esperaron pisando las piedras, guijarros, y pedazos de cuarzo. Hermione discretamente recogió unos y los guardó en su bolsillo para analizarlos después; tenía un presentimiento extraño sobre ellos. Hermione notó que Hagrid parecía haber encontrado el sapo de Neville nuevamente, en un bote diferente al de ellos. Hagrid estaba a punto de dirigirlos a las escaleras cuando Hermione dio un paso al frente y apuntó al túnel:

–Disculpe, Sr. Hagrid, ¿pero dónde termina ese pasadizo?

–¿Ese? Oh, termina en los cimientos mágicos del castillo, por supuesto –dijo Hagrid como si eso lo explicara todo. Hermione lo agregó a su lista mental de cosas que investigaría en la biblioteca cuando tuviera tiempo.

Hermione estimó que las escaleras culminaban a una altura de doscientos metros, basándose en lo que había visto del peñasco afuera, y observó como el pasadizo oscuro en el que se encontraban cambiaba de cuarzo a granito mientras subían los escalones. Hagrid caminaba tres escalones a la vez como si fueran nada, pero el grupo de estudiantes de once años comenzó a cansarse rápidamente. Afortunadamente, había un espacio a medio camino donde las escaleras daban vuelta que era lo suficientemente amplio para que pudieran descansar por unos minutos. Hermione estaba agradecida que no tuvo que cargar su propio baúl; ya era suficiente tener que usar su pesada túnica de lana.

Las escaleras concluían en un patio pequeño con césped justo en el borde del peñasco. Si su sentido de orientación no le había fallado, Hermione estaba segura que el túnel que llevaba a los cimientos del castillo terminaba debajo de la torre más alta. Los estudiantes se acomodaron en la apertura en frente de una gran puerta de roble. Incluso Hagrid se veía pequeño en frente de esa puerta, pero aun así causó bastante ruido cuando levantó su puño del tamaño de una bola de boliche y golpeó la puerta tres veces.

La puerta se abrió de inmediato revelando a… la profesora McGonagall. Hermione suspiró de alivio cuando vio a la bruja de rostro familiar, usando una túnica de color verde esmeralda, esperándolos de pie en la entrada. Los alumnos de primer año la siguieron, sus pasos haciendo eco en el enorme vestíbulo. La magnitud del lugar era increíble. Las escaleras de mármol que se elevaban a su derecha probablemente eran las más amplias que había visto, después de la escalinata que conduce a la plaza de España en Roma. Podía escuchar el ruido de cientos de voces, pero la profesora McGonagall primero los llevó a una pequeña habitación cerca de las puertas dobles en frente de ellos para poder explicar la Selección, las casas, y la copa de la casa. Esto probablemente era un recordatorio para la mayoría de los estudiantes cuyos padres habían atendido a Hogwarts o que habían leído los panfletos, pero era bueno tenerlo en mente.

¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? – preguntó Harry a Ron.

Creo que es una especia de prueba. Fred dijo que duele mucho, pero creo que era una broma.

¿Una prueba? pensó Hermione. Eso era improbable ya que la mayoría sabía muy poca o nada de magia. Y no parecía que las casas fueran divididas en base a rango, como lo indicaría una prueba. Y seguramente no lastimarían a los estudiantes para la selección… ¿oh sí? Todos los demás alumnos de primero parecían nerviosos, y Hermione descubrió que era contagioso. Adivinó que era algún tipo de tradición el no decirles a los de primer año como era la Selección, una tradición de la cual aprobaba cada vez menos con cada segundo que esperaban. Susurró las listas de hechizos que había memorizado para calmarse a sí misma, pero eso sólo puso más nerviosos a los demás.

Después, soltó un grito.

Se sintió avergonzada inmediatamente ya que había leído acerca de los fantasmas de Hogwarts esa misma tarde, pero aun así era desconcertante el ver a espíritus pálidos y transparentes flotando a través de la pared y deslizándose hacia el banquete. ¡Gente muerta! Iba a ser difícil acostumbrarse a eso. Por lo menos no había sido la única que había gritado. Harry había saltado casi un pie.

Sin embargo, ¡qué cantidad de conocimiento! Algunos habían vivido siglos antes. Entre los fantasmas y los retratos mágicos de los que había leído, había más historia a su alcance de la que podría encontrar en la biblioteca.

McGonagall regresó pronto y los dirigió fuera de la habitación y a través de las puertas dobles para entrar al Gran Comedor. Hermione había esperado este momento más que ningún otro, y no se decepcionó. Era fácilmente el lugar más mágico que había visto hasta el momento, y olvidó por un momento su ansiedad por la Selección mientras admiraba su esplendor. Las largas mesas de madera eran de un lujo imposible, con platos y copas de oro, o por lo menos de color dorado. Los profesores se encontraban en otra mesa larga en la cabecera del comedor, y en el centro se encontraba el hechicero más poderoso del mundo, Albus Dumbledore, en un trono de oro. Sobre las mesas, llenando el comedor desde las cabezas de los estudiantes hasta el techo, flotaban velas (por lo menos nueve mil en una estimación rápida) que iluminaban con una luz cálida y hogareña. Las velas titilaban cuando los fantasmas flotaban a través de ellas, aparentemente sin notarlo.

El techo era de terciopelo negro con estrellas prácticamente invisibles a la luz de las velas. Estaba tan camuflado que parecía que el comedor estaba abierto al cielo. La clase de astronomía sería estupenda en ese lugar, lejos de cualquier ciudad o pueblo, o de cualquiera que utilizara la electricidad.

La joven detrás de ella le dio un golpe con el codo y ella miró al frente para observar a la profesora McGonagall colocando enfrente de ellos un taburete y un sombrero de brujo viejo y remendado. Había silencio absoluto y se preguntaba como un sombrero podía ser parte de la Selección cuando una rasgadura del borde se abrió y el sombrero comenzó a cantar.

Los talentos musicales del "Sombrero Seleccionador de Hogwarts" daban mucho a desear. Hermione incluso hizo un gesto de dolor ante las rimas de lealtad y trabajo. Pero cuando la canción concluyó todos en el comedor aplaudieron. Ella aplaudió también por amabilidad.

McGonagall comenzó a llamar sus nombres. Hannah y Susan fueron primero, sus nombres leídos en sucesión. Naturalmente, ambas fueron a ¡HUFFLEPUFF!.

Hermione admiró la brillante simplicidad del proceso de Selección, aun cuando le perturbaba la idea de que un sombrero pudiera leer su mente. En verdad, "no hay nada escondido en tu cabeza que el Sombrero Seleccionador no pueda ver" sonaba espeluznante.

Seamus Finnigan fue a ¡GRYFFINDOR! después de que se sentó con el sombrero por casi un minuto, y el nerviosismo de Hermione regresó nuevamente. ¿Y si el sombrero no podía elegir? ¿Qué tal si el sombrero seleccionaba Slytherin, donde todos los estudiantes molestos parecían ir? Ni siquiera notó cuando Anthony Goldstein fue a ¡RAVENCLAW! y Gregory Goyle fue enviado a ¡SLYTHERIN! en un instante.

–Granger, Hermione –la llamó McGonagall.

Corrió al podio, más que nada porque estaba tan tensa que su única otra opción era dar la vuelta y salir corriendo. Se puso el sombre con fuerza e inmediatamente comenzó a gritar ¡RAV…! cuando se detuvo. No, quizás no... murmuró en una voz que sólo ella pudo escuchar.

–Disculpe, Sr. Sombrero –susurró, o quizás sólo lo pensó–. ¿Qué hay de malo con Ravenclaw?

Para su sorpresa, el sombrero respondió:

–Oh, serías maravillosa en Ravenclaw, de eso no hay duda. No he tenido la oportunidad de admirar una mente como la tuya en más de cincuenta años. Pero no envío a los estudiantes a la casa en la que triunfarían con facilidad, si no en la que pudieran realizar su potencial. Y hay mucho más que poder mental bruto en tu cabeza. Hay una chispa de algo mejor, una chispa que debe ser cultivada, y para ese trabajo, estarías mejor en… ¡GRYFFINDOR!

Hermione sonrió con alivio de haber sido seleccionada para una de las dos casa que prefería, aun cuando comenzó a pensar acerca de lo que el Sombrero Seleccionador le había dicho. Los estudiantes aplaudieron, especialmente la mesa de Gryffindor, pero estaba segura de que vio una expresión rápida de sorpresa en el rostro de la profesora McGonagall mientras dejaba el sombrero en el taburete. Sin saberlo, en la mesa de profesores, la profesora Vector y el profesor Flitwick también mostraban expresiones de sorpresa mientras Dumbledore parecía pensativo.

Hermione prácticamente saltó a la mesa y se sentó junto al pelirrojo más alto, a quien reconoció como el prefecto que había perseguido a Malfoy en el tren. Un par de gemelos pelirrojos se encontraban sentados enfrente de él, y un fantasma con una desagradable cicatriz en la garganta un poco más allá.

–Felicitaciones en pertenecer a Gryffindor, señorita Granger –dijo el prefecto con voz baja ofreciéndole su mano para saludarla–. Mi nombre es Percy Weasley, prefecto de quinto año.

–Encantada de conocerte, Percy –dijo Hermione entre selecciones–. Conocí a tu hermano, Ron, en el tren.

–Ah, sí, el pequeño Ronnie –dijo uno de los gemelos.

–Espero que sea Gryffindor –dijo el otro gemelo.

–Puedes imaginar lo que pasaría…

–Si terminara en Slytherin.

–El verde se vería horrible con su cabello.

–Sin mencionar que mamá lo mataría.

–Fred. George. Basta –los reprimió Percy. Ambos pararon mientras el comedor aplaudía a otro estudiante.

–Pero felicitaciones por ser Gryffindor –dijo el que creyó era Fred.

–Sí, nunca había visto al sombrero cambiar de opinión de tal manera –agregó George.

–Las clases no han iniciado y ya está cambiando las cosas hermano.

–Así es, una mujer a nuestro estilo.

–Es un placer conocerle, señorita Granger –dijeron los gemelos en unísono con una leve reverencia.

–Un placer –respondió Hermione con incomodidad. ¿Acaso podían leer la mente de su gemelo?

En el frente del comedor la profesora McGonagall dijo:

–Potter, Harry.

Invadió el silencio, sólo para ser interrumpido por una serie de susurros mientras el joven delgado de cabello alborotado caminaba lentamente al taburete y se ponía el sombrero. El sombrero se movía de manera curiosa y, si observaba con atención, Hermione podía ver los labios de Harry moviéndose. Debiera de estar teniendo una conversación con el sombrero también. Se preguntó que estaba diciendo.

Después de medio minuto, el sombrero gritó: ¡GRIFFYNDOR!.

El comedor se llenó de gritos y de exclamaciones celebrando con más vigor de lo que lo habían hecho por los demás. La mesa entera de Gryffindor se puso en pie y Hermione se dejó llevar por el momento, aplaudiéndole al joven con expresión de alivio que se hacía paso hacia ellos. Fred y George comenzaron a gritar: ¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!, y Percy extendió la mano para saludarlo con fervor antes de que Harry finalmente se sentara junto a ella.

Los últimos estudiantes fueron seleccionados. Hermione aplaudió con fuerza cuando Ron fue enviado a Gryffindor y se sentó al otro lado de Harry después de ser felicitado por sus hermanos. Y finalmente Blaise Zabini fue a dar a ¡SLYTHERIN!

Fue entonces que Albus Dumbledore se puso en pie con una gran sonrisa, con brazos extendidos como Moisés, y con su cabello y barba brillando en un tono plateado como si hubieran sido encantados para brillar a la luz de las velas.

¡Bienvenidos! –dijo–. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero decirles unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!

Hermione se sentó inmóvil, con sus ojos bien abiertos. ¿Ese era el mago más poderoso de la historia? ¿El Jefe de Magos, Jefe Supremo, y quien venció a Grindelwald?

Está… un poquito loco, ¿no? –Preguntó Harry con aire inseguro a Percy.

¿Loco? –Dijo Percy con frivolidad–. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Harry?

Hermione bajó la mirada a la mesa para encontrar que un maravilloso banquete había aparecido en un parpadear: siete tipos de carne diferentes, montañas de verduras, cátsup, salsas, y… ¿bombones de menta? No hubieran sido su primera elección, pero aun así, el resto se veía delicioso, y probablemente lo fuera… hasta que tomó un trago de su copa.

–Puf… –exclamó haciendo una mueca–. ¿Qué es esto?

–Zumo de calabaza –respondió Percy con ligereza.

–¿Zumo de calabaza?

–Ya te acostumbrarás.

Estaba a punto de responder cuando observó algo aún más asqueroso: el fantasma enfrente de ella "casi" removió su cabeza de su cuerpo. Hermione elevó su servilleta a su nariz y boca y tomó un gran respiro para prevenir perder su cena cuando apenas había comenzado a comer. Hermione había visto fotografías de disecciones en los libros médicos de sus padres, pero no necesitaba verlo en persona.

Desesperada por cambiar el tema a algo, bueno, vivo, volteó su atención a Harry. El joven apenas parecía molesto por todos los fantasmas llenos de manchas de sangre. De hecho, devoraba su comida. Su comportamiento le causó curiosidad ya que Harry era pequeño, saludable, pero definitivamente pequeño.

–¿Qué te dijo el Sombrero Seleccionador? –Le preguntó en un susurro.

–¿Cómo? –dijo mirándola un poco nervioso.

–Vi tus labios moverse. Me preguntaba que habían hablado… Lo siento, está bien si no quieres decirme.

Harry tragó su comida y tomó un gran trago de zumo de calabaza, frunciendo sólo levemente ante la bebida extraña.

–Eh… ¿te… te habló a ti? –preguntó.

–Ajá. Dijo que me iría bien en Ravenclaw, pero que no era lo que "necesitaba."

Harry se sorprendió ante eso y susurró con precaución asegurándose que nadie más pudiera escuchar.

–Me… me dijo que me iría bien en Slytherin, pero le pedí que no me enviara ahí.

–¿Puedes hacer eso? Bueno… Creo que si no querías ir ahí, entonces no era lo mejor para ti. –Harry pareció aceptar eso y continuó comiendo su bistec.

En cuanto todos terminaron de comer aparecieron postres en la mesa de asombrosa variedad. Finalmente lejos de las miradas de sus padres Hermione se sirvió un poco de helado, pastel de manzana, y un palo de crema de chocolate.

–Señorita Granger –dijo Percy, quizás con un leve tono de condescendencia–. ¿Estás emocionada por el inicio de clases?

–¡Oh sí! Espero que empiecen inmediatamente. La profesora Vector me ha dejado comenzar aritmancia este año, pero también estoy muy interesada en transformaciones.

–¿Aritmancia? –Preguntó Percy con sorpresa–. Nunca había escuchado que alguien tomara una asignatura optativa en su primer año. Debes de ser muy buena para haber convencido a la profesora Vector. Es muy estricta.

–Oh, ¿tú estudias aritmancia?

–Por supuesto. Es una clase muy útil si estás dispuesto a poner el esfuerzo. Comenzarás sencillo, predicciones y tablas de probabilidad, ese tipo de cosas… ¿Qué ocurre? –le preguntó Percy a Harry quien parecía haber sido agobiado por un dolor de cabeza repentino.

–Nada –respondió Harry, aunque a Hermione se le hizo extraño que inmediatamente preguntara acerca del profesor Snape, el profesor de pociones. Hizo una nota mental por referencia.

Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

Ejem… sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que hacer para el comienzo del año.

Los de primer año deben tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo. –Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.

Hermione decidió que definitivamente tenía que ser cuidadosa alrededor de ese par.

El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos.

Bueno saberlo pensó Hermione.

Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.

Y por último, quiero decirles que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte dolorosa.

¿Qué? Pensó Hermione. ¿Qué tipo de advertencia era esa? ¿Qué eso no invitaba a las personas a ir ahí? Y en primer lugar, ¿por qué habría algo que pudiera causar "una muerte dolorosa" en el castillo?

¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! –exclamó Dumbledore. Agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

¡Que cada uno elija su melodía favorita! –Dijo Dumbledore–. ¡Y allá vamos!

Después de tal "espectáculo," fue fácil saber de donde obtuvo el Sombrero Seleccionador su talento musical. Hermione había realizado actividades musicales antes, y había clubs de música en Hogwarts que le interesaban, pero ahora se preguntaba la calidad de dichas organizaciones.

El banquete concluyó y Percy dirigió a los del primer año al dormitorio de Gryffindor por el "camino más rápido." Desafortunadamente, el camino más rápido involucraba subir escaleras a las que "les gustaba cambiar de dirección" o que tenían un escalón falso, caminar a través de paneles corredizos y detrás de tapices que colgaban en las paredes, y evadir al poltergeist del castillo. Decirle la contraseña a la Dama Gorda era una cosa, pero el resto garantizaba que se perdieran por días. Hermione decidió que trataría de obtener un mapa del castillo, y si no encontraba uno, entonces caminaría por los corredores y trataría de hacerse uno el próximo fin de semana.


Hermione estaba segura de que realizaría el suficiente ejercicio sólo subiendo las escaleras a su dormitorio. Eran siete pisos desde el Gran Comedor a la Sala Común y otros siete hasta su habitación.

–Mala suerte que este año las habitaciones de primer año se encuentran en el piso más alto –dijo una joven con cabello rubio oscuro ondulado en frente de ella.

–Lo sé. No puedo creer que esperan que caminemos estas escaleras todos los días –dijo una de las gemelas Patil, Parvati, estaba segura–. Escuché que en Slytherin y en Hufflepuff todas las habitaciones se encuentran en el mismo piso… Aunque seguramente Padma tiene el mismo problema que nosotras.

–Puf, ¡finalmente! –dijo la joven de cabello rubio. Hermione casi se estrelló contra ella cuando llegaron a la puerta–. Oh, hola, yo soy Lavender Brown –dijo la joven dándose la vuelta.

–Hermione Granger.

–Parvati Patil –dijo la otra joven mientras abría la puerta.

Su habitación era casi un semicírculo, con cinco camas con cuatro postes cada una alineadas contra la pared externa, alternando con las ventanas. Un pequeño baño era visible a través de una puerta al otro lado. Un baúl había sido colocado al pie de cada cama, junto a un gato calicó que se encontraba dormido sobre una. Hermione encontró su baúl en la cama más cercana a la puerta.

–Parece que las camas han sido asignadas –dijo Hermione.

–Podemos cambiar si lo prefieres –ofreció Lavender.

–No, gracias. Creo que estoy bien…

Se detuvieron al escuchar jadeos, y un momento después otras dos jóvenes de aspecto desarreglado entraron a la habitación, apoyándose la una en la otra.

–Sally-Anne, ¿estás bien? –Hermione se apresuró a ayudar a la joven de cabello oscuro y delicado que había conocido en la orientación.

–Quisiera quejarme con quien sea que diseño este lugar –dijo Sally-Anne con voz débil, encontrando su baúl y caminando a su cama.

La otra joven, de cabello rubio claro con trenzas asimétricas, se recargó en la puerta y les explicó.

–Ese niño, Neville, trató de subir nuestras escaleras por error y se convirtieron en una rampa y nos caímos sobre él.

–Oh, no –gimieron las otras tres jóvenes.

–Mi nombre es Lily Moon, por cierto –agregó. Las otras jóvenes también se presentaron.

–Encantada de conocerlas –dijo Sally-Anne con cautela–. Ahora, me voy a dormir. –Se lanzó sobre su cama y se durmió al instante.

La observaron con extrañez por un momento para después regresar su atención a Lily.

–¿Es tu gato? –le preguntó Lavender señalando al felino.

–Sí, se llama Wendelin.

–Es adorable.

–¿Sí? Espera a que despierte. Se robará tus calcetines. –Las otras jóvenes rieron.

Hermione consideró leer un poco más, pero se dio cuenta de que estaba muy cansada después del viaje en tren y el banquete y no valdría la pena. Se decidió a organizar sus libros para las clases de la semana en su mesita de noche, esperando que los profesores les dieran sus horarios de clases más de una hora antes de que éstas dieran comienzo.