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Capítulo V –

混乱
(Confusiones)


Un enorme e imponente gigante hecho de piedra trataba de alzarse de entre la tierra que componía aquel inmenso cañón, su cuerpo no podía distinguirse puesto que se encontraba atrapado no solo por las dimensiones del lugar sino, también, por inmensas estalactitas que atravesaban su espalda, su ojo derecho y sus enormes brazos. De su boca no surgían palabras que pudiesen ser comprendidas por oído mortal, solo ruidos extraños y quejidos eran el lenguaje que emitía desde lo más profundo de su garganta.

Una vez su boca se cerró y los sonidos callaron, inclino su cabeza hasta quedar a la altura de una joven mujer que estaba frente suyo a las orillas del cañón, quien al verlo inclinarse le dedico una ligera reverencia. Su cuerpo resplandecía en una cálida aura color ámbar, su mano izquierda sostenía un especie de tridente, el cual se iluminaba de forma intermitente con la misma aura que envolvía su cuerpo. Movía sus labios, susurraba palabras inaudibles para el odio mortal pero, por la expresión en el rostro del gigante, él podía escucharlas perfectamente.

Titán, he venido hasta este lugar con el único propósito de liberarte de tu sueño, el momento ha llegado, el elegido necesita de vuestro poder... La tierra es tu elemento, tu hogar y sustento, brindad esa Fortaleza al entronado para que pueda enfrentar lo que se acerca.

El colosal de piedra abrió su boca, comenzó a elevar los sonidos que provenían de la misma, haciendo con aquel estruendo que la tierra se agitara, como si un temblor emergiera desde sus entrañas, su enorme cuerpo comenzó a iluminarse con la misma aura que envolvía a la joven, quien se irguió por completo, elevando su mano libre hacia cielo. Sobre la palma de su mano pequeñas partículas de luz se fueron acumulando, extraídas del aura del colosal. El lugar comenzó a iluminarse hasta que todo el entorno fue envuelto por aquella luz.

Sus ojos se abrieron de golpe tras finalizar lo que había sido el más extraño sueño que había tenido en su vida, digirió su vista hacia la ventana donde los tenues rayos del sol se filtraban por los huecos de su vieja cortina, la habitación se encontraba a oscuras, el ambiente emanaba un extraño olor que asocio con medicamentos, menta y yerbabuena, lo cual le hizo llevar su mano derecha hacia su frente donde noto que su temperatura estaba algo elevada más de lo normal. Por un minuto su mente se quedó en blanco, tratando de recordar porque estaba sobre su cama, porque sentía que el cuerpo le pesaba más que otros días y porque sentía que acaba de volver de un fondo del cual quizás no saldría en mucho tiempo.

No fue hasta que, tras recordar fugazmente las palabras de aquella extraña mujer en sus sueños, los recuerdos de la noche de su cumpleaños golpearon con fuerza su mente. Se llevó ambas manos hacia su cabeza tratando de alejar aquella realidad que ahora lo abrumaba. Cada palabra dicha, cada persona rodeándole en aquel viejo mausoleo eran la prueba de la mentira que había sido toda su vida, las personas en las que más confiaba no eran quien decían ser, su pasado era otro totalmente diferente al que le hubiesen inventado y sus padres... Sus verdaderos padres eran una familia de linaje real que había muerto por culpa del actual rey del mundo.

¿Cómo se suponía que debía seguir su vida con aquella verdad tras de sí? ¿Cómo pretendían que el liderara un golpe de estado cuando ni siquiera sabía qué hacer con toda esa información flotando en su mente? Pero por sobre todas las cosas, ¿Cómo creían que él era ese elegido, el famoso entronado, cuando ni el mismo sabía quién era en aquellos momentos? Eran miles de cosas las que ahora recaían sobre sus hombros, cuestiones internas que no sabía cómo resolver y preguntas de un pasado que temía hacer por las respuestas que pudiesen darle.

Cerro sus ojos por unos cuantos segundos con la esperanza de tranquilizar toda la presión que se alojaba en su pecho, respiro con lentitud alejando de su mente la necesidad de gritar por la impotencia que sentía al verse como un simple muñeco que habían utilizado durante años. Cuando sintió que su ritmo cardiaco y emocional volvía a la normalidad, hizo el esfuerzo de levantarse para quedar sentado sobre su cama, llevándose la mano derecha hacia su cabeza cuando sintió como esta comenzaba a darle vueltas. Parpadeo un par de veces tratando de enfocar mejor, percatándose de la pequeña caja de medicamentos que estaba sobre su mesa de noche así como una jeringa y un frasco vacío.

─ Así que de ahí provenía ese extraño aroma – susurro, percatándose que su voz sonaba rasposa así como ligeros pinchazos de dolor se presentaban cuando trataba de hablar.

El sonido de la puerta al abrirse hizo que volteara a ver hacia su dirección, su hermana mayor entraba a su cuarto con una bandeja donde un vaso de jugo así como un plato de sopa caliente se encontraban sobre la misma. Desvió la mirada dejándola sobre la pared de enfrente, escuchando como su hermana se acercaba a él y dejaba la bandeja sobre la mesa de noche.

─ Yuuri ¿te encuentras mejor?

El azabache no contesto la pregunta que su hermana le hacía.

─ Yuuri, por favor.

─ ¿Por favor qué? – contesto en un murmullo casi inaudible.

─ Entiendo la molestia que sientes y que quizás lo que hicimos no fue correcto, te ocultamos muchas cosas pero fue por tu bien – admitió con cautela, tratando de acercarse a su hermano menor – Solo tratábamos de protegerte.

─ ¿Protegerme? ─ se mordió el labio inferior ─ ¿Creen que encerrándome, prohibiéndome todo cuando alguna vez desee y fingiendo que no sabían que pasaba a nuestro alrededor era por protegerme?

─ Yuuri…

─ Todo este tiempo me engañaron, me ocultaron del mundo… ¿Y quieres que simplemente lo pase por alto y sigamos como antes?

─ Admito que debimos decírtelo pero, comprende, no solo era tu vida la que debíamos proteger.

─ ¿Lo dices por esa estúpida cosa del entronado?

─ Tú eres el entronado… Tu destino… Tu deber es…

─ ¿No se han puesto a pensar por un minuto en lo que yo quiero? Durante años solo me cuidaron por esa idea fantasiosa de que salvare al mundo y porque recuperare un trono cuyo origen no lo tengo claro.

─ Eso no es verdad – negó Mary posando su mano sobre el hombro del azabache – eres mi hermano, te he cuidado desde el momento en que naciste y te amo por ello… ¿Por qué dudas de eso?

─ Quizás porque preferiste callar y utilizar a tu hermano – moviéndose bruscamente para que la mayor retirara la mano que tenia sobre su hombro.

Bajo la cabeza al escuchar la declaración de su hermano menor, no había palabras que justificaran tantos años de silencio mucho menos cuando estos forzaban a su hermano a entablar una batalla que, observando el panorama que se le presentaba, no estaba segura que pudiese librar, mucho menos en el estado de negación u enojo con el cual estaba lidiando. De su bolsillo derecho saco el celular del menor, dejándolo a lado de la bandeja con comida.

─ Supuse que querrías saber que sucedió en estos dos días que estuviste inconsciente, así que mantuve cargado tu celular.

"¿Dos días?" pensó el menor al escuchar la declaración.

─ Asegúrate de terminarte el desayuno, el doctor recomendó que tomaras líquidos para reponerte de la fiebre que te mantuvo en cama.

─…

Hizo el intento de tocarlo pero se contuvo, alejando nuevamente su mano. Dio media vuelta para caminar hacia la puerta de la habitación, dejando su mano sobre el pomo, girando su cabeza para dirigir su vista nuevamente sobre la silueta de su hermano, le observo solo unos instantes antes de girar la perilla, abrir la puerta y salir del lugar.

Cuando escucho el sonido de la puerta cerrándose, movió las sabanas que cubría la parte inferior de su cuerpo, sentándose sobre el borde de su cama y alargar su mano para tomar su celular. Reviso sus redes sociales de forma superficial, muchas cosas habían ocurrido en aquellos dos días que estuvo ausente, varios ataques cadentes, muchas personas muertas por los mismos, los cazadores excusándose por no poder salvar un mayor porcentaje de vidas humanas, la inminente alza en impuestos por parte del reino y el próximo evento en navidad por parte de la compañía de Minako eran las noticias más importantes… Apago el celular cuando las siguientes comenzaban a hablar del compromiso del príncipe, una noticia que no le interesaba.

─ No puedo creer que aun con todo lo que sucede… Tratan de seguir atormentando a la gente.

Dejo sobre su cama el celular, alargo sus manos para tomar la bandeja donde se encontraba su desayuno, contemplándolo solo por unos momentos antes de colocarlo sobre su regazo y comenzar a comerlo.


Bajo los escalones con cuidado, su cuerpo aun se sentía pesado por los días que estuvo inconsciente además de la inusual fiebre que le había asaltado luego de aquella noche. Apoyando su mano en la pared para no caerse, continuó bajando hasta que finalmente estuvo en el primer piso donde, las miradas de su hermana mayor y del hombre que había creído su tío durante más de trece años, lo observaban con detenimiento. Trago con fuerza para hacer caso omiso de las miradas, avanzo con firmeza por el lugar con la intención de llegar hacia la entrada principal, siendo detenido por el brazo cuando la mano de su hermana se cerró sobre del mismo.

─ Tengo que irme.

─ ¿A dónde vas?

─ ¿A dónde crees? – Girando su cabeza para verle de reojo – a la escuela, perdí un día y debo reponerme.

─ Aun sigues convaleciente por la fiebre.

─ Me encuentro bien – halo su brazo para soltarse del agarre.

─ Yuuri.

─ No trates de darme órdenes… No tienes derecho de hacerlo.

─ Soy tu hermana mayor.

─ ¿Lo eres realmente?

─…

─ Yuuri, no tienes por qué hablarle de esa forma a tu hermana – Adalberto se acerco hasta quedar tras Mary.

─ Y ustedes no tenían el derecho de esconderme toda mi vida – sentencio, girando su cabeza y continuo su camino hacia la entrada.

─ ¡Yuuri! – le llamo Mary.

Bajo los escalones de la entrada de dos en dos, ignorando los gritos provenientes desde el interior de su casa. Comenzó a correr por la calle, esquivando a cuanta persona se cruzaba en su camino, hasta que finalmente su silueta se desvanecía en la lejanía.

Mary se detuvo en la entrada principal, observando cómo su hermano se perdía en la lejanía, apoyándose en el marco de la puerta, sintiendo como todas sus fuerzas se esfumaban por la frustración que le recorría en aquellos momentos. La cálida mano de Adalberto se poso sobre su hombro, logrando que volteara a verle.

─ Compréndelo Mary – hablo Adalberto, observándole con suavidad – No es fácil para el aceptar la realidad.

─ Entiendo – contesto – se que no es fácil pero… El debe entender que ahora su destino a comenzado a moverse, que debe ser fuerte, que la vida de todo el mundo ahora es su responsabilidad.

─ Dale unos días, los suficientes para que pueda afrontarlo.

─ Tiempo – soltando una débil risa ─ Es lo que menos tenemos.

─ Lo lograremos ─ apretando con suavidad el hombro ajeno – Por ahora…

El débil sonido comenzó a escucharse, el mayor alejo su mano del hombro ajeno para llevarlo hacia el interior del bolsillo de su pantalón, de donde extrajo su celular y encendió la pantalla para percatarse que un nuevo mensaje le había sido enviado.

─ ¿Sucede algo? –pregunto Mary.

─ No… Eso creo – deslizando el protector para entrar a la aplicación de la mensajería y poder leer el contenido del mensaje.

─ ¿Adalberto?

─ Desea Verme – manteniendo su vista sobre su celular.

─ ¿Verte? – Enarco una ceja ─ ¿Te refieres a….?

Adalberto bajo el dispositivo, dirigió su vista hacia el rostro de la menor y asintió ligeramente con su cabeza.

─ No le hagas esperar, yo me encargo de avisar a los demás, debemos prepararnos para lo que sigue…

Se giro sobre sus pies para volver al interior de la casa mientras que, por su parte Mary dirigía su vista hacia el lugar por donde su hermano menor había desaparecido.


Enormes Pilas de papeles se encontraban ordenadas sobre el escritorio, su mano se movía con rapidez sobre las hojas, colocando notas, correcciones así como firmas de consentimiento junto al sello de la familia real. Dejo a un lado la pluma para tomar un nuevo conjunto de documentos, leyendo con detenimiento cada línea impresa en el papel, frunciendo el seño con forme analizaba el contenido.

La puerta del lugar se abrió sin emitir sonido alguno Noel ingreso al despacho donde su mejor amigo continuaba la labor que su padre le había asignado antes de partir a nueva crisis, llevaba consigo una nueva pila de documentos que precisaban de la revisión del príncipe antes de que llegaran a manos del consejo donde obtendrían su veredicto si se aplicaba o no dichos procedimientos. Se acerco con calma hacia el escritorio, lugar donde los coloco teniendo cuidado de que no cayeran al suelo o se desordenaran por el movimiento.

El sonido hueco al caer sobre la superficie del escritorio llamo la atención del príncipe, dejando los documentos que estaba analizando nuevamente en su lugar anterior, hundiéndose en su asiento mientras apoyaba su cabeza sobre el respaldo superior del mismo.

─ ¿Te encuentras bien?

─ ¿Estarías bien después de leer más de cincuenta futuras proclamaciones y leyes que quieren establecer en el reino? ─ alzando ligeramente su rostro para enfocar el contrario.

─ Me temo que no.

─ Entonces... No me preguntes ─ volviendo a apoyar su cabeza sobre el respaldo.

─ Nunca pensé verte así ─ admirando los documentos cuyas páginas estaban resaltadas ─ trabajando sin quejarte.

─ No tengo opción, mi padre me dejo hacer esto y el consejo no me dejara salir de aquí hasta que termine.

─ Esto demuestra que aunque no lo aceptes estás preparado para un día tomar el lugar de tu padre.

─ Más bien para ser manipulado por el consejo a su antojo.

─ Víctor.

Alejo su vista para fijarla en algún punto del techo mientras un lego tic comenzaba a palpitar cerca de su mejilla derecha. Noel lo observaba fijamente, percatándose de aquel inusual tic que en pocas ocasiones había aparecido, las cuales eran en ocasiones de estrés y tristeza. Cruzo sus brazos, buscando algún indicio de la tristeza de su protegido, no había cambiado nada en esos últimos días, el príncipe se había comportado de la misma forma que siempre… ¿Qué había ocurrido sin que se enterase siquiera?

Tras buscar respuestas en vano, decidió que lo mejor era preguntárselo directamente.

─ ¿Puedo saber a qué se debe tu mal humor ahora?

─ No estoy de mal humor.

─ Lo estas – afirmo.

─ ¿Por qué piensas eso?

─ El tic en tu mejilla ─ señalando la dirección de su rostro con su dedo – te delata.

─ …

─ Vamos… ¿Qué ocurre?

─ Es…

─ ¿Es?

─ Hace dos días… Me encontré con… Bueno…

─ ¡Víctor habla claro! – Levanto la voz ante la indecisión de su compañero.

─ Me encontré con Yuuri.

─ ¿Yuuri? – Pregunto confuso ─ ¿Quién es Yuuri?

─ El chico que volví a ver en palacio.

─ ¿Hablas del chico que entro sin autorización en un área restringida?

─ Si, hablo de el – Afirmo – Su hombre es Yuuri.

─ Vaya coincidencia, se llama igual que el príncipe.

─ Lo sé, también puntualice ese detalle.

─ Muy bien, ¿Qué tiene que ver su encuentro con tu mal humor?

─ Que no llego – dijo en un susurro casi inaudible.

─ ¿Qué?

─ ¡Que no llego!

Noel guardo silencio al no comprender a que se refería el príncipe.

─ Digamos que… Habíamos quedado en vernos en el mismo lugar ayer.

─ ¿Le pediste una cita? – pregunto incrédulo.

─ No era una cita – aclaro – solo quería verle y charlar con el… Conocerle.

─ Víctor, ni tú te crees eso.

─ ¡Es la verdad!

─ Hagamos de cuenta que te creo – asevero – que solo querías conocerle como amigo, no te has puesto a pensar que quizás ¿algo se le presento para que no llegara?

─ No lo sé – contesto a modo de derrota.

─ ¿Por qué no le llamas, le envías un mensaje de texto o un correo electrónico?

─…. ─ abrió su boca en varias ocasiones pero, ningún sonido salió de su garganta.

─ Espera… ¿No tienes su número?

─…

─ ¿Correo, red social?

─…

─ Por todos los dioses, ¿Cómo esperas saber que paso si se te olvido lo básico Víctor?

─ Nunca se me pasó por la mente que no asistiera además, ¿Por qué estas tan interesado? Tú eres el primero en ponerte a la defensiva cuando hablo de él.

─ Olvídalo, eso me pasa por seguirte la corriente.

La incomodidad en el ambiente comenzó a hacerse presente, ambos guardaban silencio, el sonido del reloj en la pared era el único que mantenía su curso. Víctor comenzó a jugar con su pluma mientras su compañero se cruzaba de brazos por el ambiente tan tenso que los envolvía a ambos.

─ Lo mejor es que vuelvas al trabajo – dando la media vuelta para avanzar hacia la salida.

─ Si, lo que digas mamá.

─ Muy gracioso – volteando a verle mientras mantenía su mano sobre el pomo de la puerta – Escucha… No eres un prisionero, termina el papeleo y sal a dar una vuelta por la costa, Makkachin ha estado un poco inquieto al no verte como siempre.

─ ¿Qué paso con "Tu deber es primero" y todo el sermón?

─ El trabajo es importante pero no puedes descuidar tu salud

Su mejor amigo lo contemplo solo por unos momentos, tomando uno de los documentos que había estado revisando, donde dejo puesta su vista sin ninguna expresión en su rostro.

─ Solo piénsalo, aun hay mucho papeleo que hacer y ya estás en tu limite Víctor, necesitas reponerte para seguir funcionando – dijo con la intención de salir del lugar.

─ Noel…

─ Mmm…

─ ¿Piensas que las leyes que impone mi padre y el consejo son justas? – dijo sin levantar su visa del documento.

─ Ellos toman las decisiones que creen convenientes Víctor, quizás no podamos entenderlas del todo pero, por algo las imponen…

─…

─ ¿Ocurre algo?

─ No, nada solo… Quería saber tu opinión, es todo.

─ De acuerdo, no te esfuerces tanto, no quiero venir y sacar tu cadáver de entre los papeles – haciendo que el menor riera por el comentario.

─ No lo harás.

Noel asintió con un movimiento de su cabeza, abandonando por completo el lugar tras cerrar la puerta tras de sí. Víctor aparto la vista de la entrada para centrarla nuevamente sobre el documento donde, la línea "aumento de impuestos, tarifas y jornadas laborales a la población en general" se mantenía resaltada.


Sonidos de metales chocando se escuchaban en el lugar, los abucheos y gritos del público reunido en la sala de entrenamientos hacían que la pelea que se llevaba a cabo en el centro del área aumentara de nivel. Los presentes no apartaban la vista de cada golpe dado, de cada ataque bloqueado, así mismo el entrenador de ambos contendientes sonreía al ver como sus alumnos demostraban todos los años que llevaban de entrenamiento en el instituto.

El área donde ambos jóvenes median fuerzas era un círculo cuyo diámetro oscilaba entre lo metros, era rodeado por vallas metálicas ─ que contenían diminutas cámaras que analizaban cada movimiento para su posterior análisis ─ así como un escudo invisible impedía que ambos salieran del lugar hasta que uno de los dos obtuviera la victoria. El círculo que estaba a tres metros del suelo era rodeado por la clase de Yuuri, ubicándose en el ala derecha mientras el ala izquierda era ocupada por la clase del hermano mayor de Sala.

Era de conocimiento público que las clases superiores apoyaran a las menores en cuanto a los entrenamientos ya que, al ser alumnos avanzados podían ver las fallas de los alumnos de cursos inferiores y así, ayudarles a mejorar en conjunto con el maestro de combate. El entrenamiento cuerpo a cuerpo era una de las materias que todos los alumnos - a excepción de las mujeres, quienes tenían la opción de no cursarlo si no deseaban ser parte de los reclutas -, debían cursar puesto que de cada generación dependía la existencia de nuevos reclutas para las filas de los cazadores nocturnos o los guardas reales.

─ ¡Vamos Hermano! – grito Sala emocionada por la forma que peleaba su hermano.

─ ¡No te dejes! – secundo Mila.

─ Michael ha mejorado ¿no crees? – pregunto Phichit sonriendo por la pelea.

─ Si tú lo dices – desvió la mirada.

Lo observo fijamente por un par de segundos, bajando la mirada al escuchar como su mejor amigo simplemente le ignoraba con aquella respuesta, algo que no paso desapercibido por ambas mujeres a su lado.

─ ¿Crees que discutieron? – le pregunto a Mila en voz baja.

─ No lo creo, nunca se han peleado desde que tengo memoria – contesto al mismo nivel de voz.

─ Puedo asegurarte que si están peleados – mirando de reojo a Yuuri.

─ ¿Por qué lo dices?

─ Es que…. Son Phichit y Yuuri, por muy enfadados que estuvieran eso no afectaría su ánimo.

─ Puede ser – observando a Phichit con curiosidad ─ ¿Deberíamos preguntárselos?

─ ¿Cómo vamos a preguntarles eso Mila?

─ Tú quieres saber ¿no?

─ Si, pero… ─ devolviendo la mirada hacia el área de entrenamiento.

─ ¡Suficiente!

El llamado del profesor de combate finalizo la pelea, su compañero de clases yacía tendido sobre el suelo del área, respirando agitadamente por el esfuerzo dado en la pelea, Michael se encontraba respirando de igual forma pero, el se mantenía en pie con una sonrisa en su rostro, denotando la alegría que le recorría por haber ganado el encuentro.

─ Bien hecho Crispino – afirmo el maestro, con un ademan de su mano indico que bajaran el campo de fuerza para subir la escalera que le conducía hacia el área – Joven Shinou – refiriéndose al joven tendido en el suelo – necesita entrenar mas, si quiere hacer la prueba el próximo año me temo que no pasara de la entrada.

─ Lo siento maestro Gladiolus – sentándose con esfuerzo.

─ Crispino – volteo a ver el rostro del maestro – Los cazadores no se equivocaron al elegirte ─ la sonrisa en el rostro de Michael se agrando ante el cumplido ─ Necesitan enfocarse, no distraerse en el combate – declaro – un movimiento en falso y estarán acabados o muertos en el peor de los casos, deben analizar cada movimiento de su enemigo, sea una persona o un cadente – recorriendo el lugar con la mirada - ¿Entendieron?

- ¡Si, maestro! – contestaron todos los presentes.

- Muy bien – dándoles la espalda mientras cruzaba sus brazos tras su espalda – Los siguientes – ordeno.

La pantalla que se encontraba a varios metros del suelo en la pared que quedaba frente a todos se ilumino, varios nombres a parecieron en ella, los nombres comenzaron a girar hasta que estos se detuvieron, un nombre apareció de lado derecho y otro en el izquierdo. El maestro Gladiolus se giro para encarar a sus alumnos, con un gesto severo.

- ¡Chulanont! ¡Kaidou! – Les llamo – suban.

Ambos suspiraron ante el llamado, dejaron sus lugares para dirigirse a lado de su maestro, mientras sus compañeras los observaban con genuina sorpresa en sus rostros.

- Nunca lo vi venir – enuncio Sala, observando cómo ambos tomaban las armas que utilizarían durante el encuentro.

- ¿En serio? – le pregunto Mila.

- Sera extraño verlos pelear en la arena.

- ¿Por qué? Yo creo que será emocionante, nunca los hemos visto pelear entre ello, así que, predecir quien ganara es difícil.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque Phichit es certero en sus golpes pero, Yuuri es bastante ágil además que suele analizar su entorno.

- Puede ser – regresando su vista a la arena – solo espero que esto no complique lo que sea que pasa entre ellos.

Ambos varones se encontraban sobre la arena a lado de su maestro, el les daba unas cuantas indicaciones antes de comenzar, asintiendo a cada una de ellas se alejaron hasta posicionarse a cierta distancia. EL maestro Gladiolus bajo de la arena, indicando que el campo de fuerza fuera levantado.

- No pueden usar las manos a menos que se les permita, solo pueden usar las armas que tomaron para la lucha – indico – no pueden herir a su contrincante, es una pelea de entrenamiento no una lucha a muerte – puntualizo observando el rostro de ambos – La lucha terminara cuando uno de los dos se rinda o yo la detenga por verlos faltar a las indicaciones, ¿queda claro?

- ¡Sí!

- ¡Comiencen!

Phichit lanzo una de las dos varas metálicas que había elegido al aire antes de tomarla y lanzarse contra su contrincante quien bloqueaba cada ataque del contrario con su espada larga – la cual no tenia filo alguno -, lanzo una patada al aire que Yuuri esquivo, interceptando el segundo golpe que Phichit le brindo con la vara de su mano derecha. Continuaron aquel movimiento, siendo Pichit quien lanzaba los ataques y Yuuri bloqueándolos.

Cansado de que lo arrinconaran, Yuuri giro sobre sus pies y lanzo una pata a su oponente, quien lo bloqueo con las dos varas, lo cual uso como impulso para dar un salto mortal hacia atrás y alejarse de su oponente.

- ¿Debería seguir arrinconándote para que te intereses?

- Puedes intentara lo que quieras, no tengo ánimos para continuar con esto.

- ¡Pues interésate!

Lanzo una de las varas como si se tratara de una lanza la cual Yuuri esquivo moviéndose a lado contrario pero perdió de vista la figura de su oponente. Phichit aprovecho la distracción para acercarse velozmente hacia el otro y proyectar un golpea con gran parte de su fuerza hacia el hombre derecho de Yuuri, quien logro captar el movimiento al verle de reojo y movió la espada que tenía entre sus manos para bloquearlo. -Puesto que aun se encontraba herido por la persecución anterior-.

- ¿No me digas que esto es todo lo que el famoso entronado puede hacer? – pregunto en un susurro que solo Yuuri escucho, buscando en cierta forma provocarle.

Imprimió la fuerza suficiente para impulsarlo hacia atrás, haciéndolo caer al suelo. Phichit se reincorporo rápidamente, lanzo golpe tras golpe que Yuuri bloqueaba hasta que, en uno de ellos el otro tomo la muñeca donde tenía su arma y golpeo con fuerza haciéndole tirar la vara metálica al suelo. Phichit lanzo un gemido de dolor, levantando su pierna derecha para impactar su pie en el estomago de su contrincante, haciendo que lo soltara dando unos pasos hacia atrás.

- No tienes derecho a recriminarme nada – le contesto.

-… - frunció el ceño sin dejar su posición.

- Mucho menos tu quien sabia todo y mantuvo la boca cerrada.

Yuuri de lanzo contra su compañero, golpes que Phichit esquivaba con dificultad al percatarse que el enojo de su oponente ahora lo estaba motivando a moverse con más rapidez que antes. Golpe tras golpe ambos se movían por todo el campo hasta que, Phichit logro parar el arma al atraparla con ambas manos.

- Te comportas como un niño inmaduro Yuuri.

-… - tratando de derribarlo.

- Es momento que crezcas y asumas el destino que ahora te aguarda.

Lanzo el arma hacia su lado izquierdo, haciendo tambalear a su compañero, se giro sobre sus pies, lanzándole una patada en el aire, quitándole el arma de las manos para que esta cayera a varios metros lejos de ambos. Continuo golpeándolo con las piernas, Yuuri usaba sus brazos para bloquear cada impacto proveniente de su contrincante.

Todos los presentes observaban la pelea, sobre todo Mila y Sala quienes habían notado el súbito cambio en su encuentro.

- Esto ya no es un entrenamiento – hablo Sala.

- No, definitivamente no lo es – secundo Mila.

Phichit cambio las patadas para usar sus puños, lanzando golpeas que Yuuri esquivaba. Yuuri intercepto uno de ellos, tomándole del brazo para derribarle pero su oponente rodo hasta ponerse nuevamente en pie. Nuevamente Phichit comenzó a lanzar golpes con sus manos pero Yuuri se agacho e impacto un golpe en su estomago con su puño, sacándole el aire unos segundos a su compañero. Estaba por rodearlo para alejarse de él pero Phichit alargo su mano y lo tomo del brazo, impulsándolo hacia el campo de fuerza donde el rostro del mismo golpeo con fuerza. Phichit imprimió su fuerza, manteniéndolo ahí sin intenciones de alejarse.

- Ríndete.

- No... No lo hare.

- Deberías dejar de pensar solo en ti, esto es mucho más grande de lo que te imaginas… Yo nunca quise mentirte, todo lo hice por ti.

- ¿Por mi? – sintiendo como se le dificultaba respirar.

- Si, por ti.

- No se… A quien quieres engañar pero – flexionando sus piernas hasta colocar sus pies sobre la barandilla – Conmigo no funciona – impulsando con fuerza hacia tras, logrando girar en el aire y volver a estar de pie.

Phichit lanzo una patada giratoria en el suelo tratando de derribarlo pero Yuri dio un salto y la esquivo. Se reincorporo tratando de impactar sus puños sobre la cara de su compañero pero este se agacho y lanzo golpe tras golpe al estomago de Phichit.

- ¡Suficiente! – grito Gladiolus al ver que ambos no se detenían.

Ambos hicieron caso omiso de la orden de su maestro y siguieron golpeándose entre sí. Gladiolus indico que bajaran el campo de fuerza para detenerlos en persona pero, cuando este fue desactivado, Yuuri aprovecho para tomar a su contrincante de su playera y lanzarlo fuera del área pero, no conto con que el mismo, lo tomara del brazo y ambos cayeran fuera de la arena, golpeándose con fuerza sobre el frio suelo.

Todos los presentes guardaron silencio por la escena vivida, nadie emitió sonido alguno, solo se escuchaba la respiración agitada y los quejidos de dolor que ambos lanzaban al querer incorporarse del suelo, encontrándose con la figura imponente de su maestro, quien les dedicaba una severa mirada.

- Ustedes dos – tomándolos de los brazos para incorporarles - vendrán conmigo.

Ambos se quejaron por la fuerza con la que su maestro los sostenía, comenzando a caminar a lado del mismo mientras todos los presentes los observaban hasta que desparecieron por la puerta de la sala. En la fila más alta los compañeros de clase de ambos aun no podían salir de su asombro, sobre todo Sala y Mila, quienes desde un inicio habían sospechado de sus diferencias.

- ¿Ahora si crees que algo anda mal con ellos? – pregunto Sala.

- Debió ser algo muy drástico como para que liaran a golpes.

- Tendrán suerte sino los expulsan – la voz de Michael se escucho a pocos metros de ellas.

- ¡Hermano!

- ¿Qué? Es la verdad, todos sabemos que lo que hicieron va contra las reglas, tendrán suerte si el director se compadece y solo les riñe.

-…

- Ahora comprendo por qué no aceptaron a Kaidou en la guarda nocturna, es un busca problemas.

- Cierra la boca Michael, Yuuri no es esa clase de persona.

- ¿Por qué le defiendes tanto? – pregunto con confusión, colocando una mirada de pánico al llegar a una conclusión - Te gusta ¿cierto?

- ¿Qué?

- No puedo creerlo, mi hermosa Sala ha caído en las garras de ese rufián – colocándose en un rincón en posición fetal mientras un aura oscura lo envolvía - ¿Por qué? Si yo te he protegido y amado desde que naciste… Siempre he ahuyentado a los lobos que quieren robar tu inocencia y castidad… ¿Cómo sucedió esto?

- ¡Por la diosa! Michael cállate, me estas avergonzando.

Mila sonría ante las burlas que la mayoría comenzaba lanzar gracias a Michael, mientras que su mejor amiga no cavia de la vergüenza provocada por el mismo. Su vista se dirigió hacia la salida por done sus compañeros había desaparecido, esperando que aquello que estuviese provocando sus diferencias se arreglara pronto.


Ambos se encontraban en la entrada del instituto, sus miradas se encontraban observando direcciones contrarias, el director a lado del maestro de combate se encontraba dedicándoles un severo sermón respecto a la actitud que habían tenido durante las prácticas, así mismo esperaba que el castigo de aquel día, sirviera como recordatorio que debían mantener lejos sus diferencias, sobre todo dentro de las paredes del recinto. Tanto Yuuri como Phichit resoplaron tras el discurso del director, quien tras dedicarles una mirada llena de reproche se giro sobre sus plantas, alejándose rápidamente de los estudiantes, hasta perderse por completo dentro del edificio mayor.

El maestro Gladiolus, aparto la vista del edificio una vez el director se perdió dentro del mismo, regresando a ver a los menores que, contrario a lo que pensaba, seguían manteniendo aquel aire tenso e indiferente entre ambos. Soltó un largo suspiro de cansancio, nunca imagino que aquel par terminara peleando de aquella forma, sabía que los jóvenes llegaban a tener diferencias pero, los conocía desde hace años por lo cual, imagino que si, algún día ambos llegaban a pelearse, sería solo por un par de horas y no a golpes durante el entrenamiento, hecho que trajo como resultado ambos con rasguños y ligeros golpes en sus rostros así como un día de suspensión por parte del director.

─ Espero que hayan aprendido la lección.

Ninguno dijo palabra alguna.

─ ¿Me escucharon? ─ pregunto, obteniendo el mismo resultado ─ a menos que quieran estar fuera del instituto un mes por su comportamiento más les vale contestar cuando les pregunte... ¿me escucharon?

─ Si ─ contestaron al unisonó.

─ No sé que haya ocurrido, ni los problemas que tengan entre ambos pero, más les vale solucionarlo para pasado mañana, porque si vuelven a provocar el espectáculo que montaron en mi área, la suspensión no será el próximo castigo, ¿les quedo claro?

─ Si ─ volvieron a contestar al unisonó.

─ Muy bien, retírense y ni se les ocurra curar esas heridas, será el recordatorio de que deben madurar si quieren ser adultos responsables... Los veo el día jueves ─ se giro sobre sus pies, aleándose de ambos menores.

Ambos mantuvieron su posición sin intención de moverse, el silencio que se había instalado entre ambos se volvió aun más pesado de lo que había sido durante el entrenamiento, sus miradas se encontraban observando puntos diferentes al contrario, tratando de no tener contacto visual con el otro. Tras un par de minutos, Yuuri dio la vuelta para comenzar a alejarse del instituto y de la persona que había considerado su mejor amigo por su parte, Phichit dudo por unos segundos en dirigirle la palabras pero, al percatarse como este se alejaba se giro para llamarle.

─ Yuuri.

─ ...

─ Yuuri, ¿podrías detenerte?

─... ─ ignoro nuevamente el llamado de Phichit.

─ ¿Podrías dejar de comportarte como un niño malcriado y ser el rey que se supone que eres? ─ pregunto con exasperación.

─ ¿Rey? ─ se pregunto así mismo, deteniéndose de golpe.

─ Aunque no lo aceptes – aclaro.

─ ¿Tienes idea de cómo me siento? ─ girándose para encararlo ─ ¿Te has puesto a pensar como me siento ahora después de descubrir que toda mi vida era una mentira?

─ Yuuri...

─ Todas las personas en las que confiaba solo me cuidaban por esa estúpida idea del entronado, por recuperar un trono que no deseo, porque le pusieron un precio a mi nombre... Solo fui un objeto para todos – puntualizo, apretando con fuerza sus manos hasta convertirlas en puños.

─ ¡Eso no es verdad! – grito tratando de negar las palabras de su compañero.

─ ¡Claro que sí! – Reafirmo – Todos estos años solo vieron en mí un objeto de valor, algo que pudiesen canjear por poder…. Jamás fui Yuuri solo… Un príncipe cuya corona fue arrebatada para ellos…

─ No es así – volvió a negar – nadie te ve como un objeto, solo deseamos que…

─ ¿Deseamos?

─ …

─ ¿Sabes? No me hubiese importado toda esa mentira, no me hubiese importado que todo lo que creía se derrumbara… Eras mi mejor amigo, eras en quien más confiaba, aun si ellos me hubiesen usado – bajando la mirada ─ lo pude haber soportado si tan solo tu…

─ Yuuri, yo nunca pretendí…

─ Pero lo hiciste, me engañaste – levantando la vista para enfocar su rostro – tuviste muchas oportunidades de decírmelo, se supone que eras mi amigo… Me doy cuenta que no es así…

─ Yuuri.

─ No tenemos nada de qué hablar – girándose para continuar su camino.

─ Yuuri, espera – dando un paso, levantando su mano como si quisiera alcanzarlo aun cuando se encontraba lejos de su persona.

─… ─ se detuvo tras haber dado solo unos cuantos pasos.

─ Debes creerme, jamás fui mi intención lastimarte, mi único deseo era protegerte, cuidar que nada malo te pasara, regresar de una u otra forma el favor que le debía al rey regis, el….

─ ¿Mi padre? – volteando con el ceño fruncido por la declaración.

─... – abrió la boca pero ningún sonido salió de la misma.

─ ¿Lo ves? – Sonriendo de forma irónica – ¿Cómo quieres que confié en ti, si no me cuentas nada?

─ ¡Yuuri!

El grito de Pichit sonó fuerte y claro en aquel lugar pero, en esa ocasión su voz no fue suficiente como para que su mejor amigo detuviera su camino.


Se detuvo frente a un pequeño local cuya fachada había sido diluida por los años, las paredes estaban construidas por ladrillos pintados de color crema, pequeños ventanales se encontraban en cada una de las paredes que conformaban aquel edificio, su interior se veía ocultado tras las oscuras cortinas, letreros de un metro de largo colgaban por encima de los primeros dos ventanales que podía divisar en donde se podían leer en letras doradas "Café Lestallum" mismo nombre que se encontraba escrito en los cuadros que colgaban a lado de puerta de roble.

Abrió con cuidado la puerta, siendo recibido por el pequeño tintineo de la campana encima de la puerta. Recorrió el lugar con su mirada, percatándose que el mismo se encontraba totalmente vacío, siendo iluminado a media luz por los hermosos candelabros de cristal que colgaban del techo. Cerró la puerta tras de sí, caminando hacia la barra donde un hombre mayor de piel morena, limpiaba con cuidado un vaso de cristal. El hombre al percatarse de su presencia dejo su labor, colocando el vaso bajo la barra, dirigiendo la vista de su ojo derecho –puesto que un parche cubría el izquierdo ─ hacia el rostro del recién llegado, dedicándole una ligera sonrisa a modo de bienvenida.

─ Un gusto volver a verle… Adalberto James Ballad.

─ Solo… Adalberto – aclaro.

─ Como gustes ¿deseas tomar un café o una copa de vino?

─ No, no he venido a pasar un rato de ocio William – dejando su mano derecha sobre la barra – mi presencia en este lugar es porque esta mañana un mensaje de texto requería con urgencia que viniera.

─ Como siempre – contesto.

─ ¿Ya está aquí?

─ Llego hace diez minutos, le espera en la sala de siempre – levantando su mano para señalar el ala derecha.

─ Entonces no debo hacerle esperar más de lo debido.

─ ¿Gusta que le lleve un café o una bebida?

─ Un café sin azúcar – observando cómo William asentía a su pedido.

Le sonrió ligeramente, girándose para continuar su camino hacia el área que el moreno le había indicado. Camino entre las mesas y sillas que se encontraban alrededor del lugar, se detuvo frente a una pared donde aparentemente no había nada. Elevo su mano derecha hasta tocar la superficie, buscando a tientas algo sobre la misma hasta que s mano se detuvo sobre un pequeño botón el cual presiono, haciendo que la pared comenzara a moverse hasta dejar ver un pasadizo detrás de ella. La apertura daba hacia una escalinata que bajaba hacia algún lugar, el lugar estaba iluminado a media luz por lo que su sombra se proyectaba conforme avanzaba hacia el lugar donde la escalinata le conducía.

La puerta emitió un sonido extraño, comenzando a cerrarse mientras el rubio avanzaba sin mirar atrás. Minutos después, bajo el último escalón, admirando la pequeña habitación que tenía en frente. El lugar se encontraba iluminada por el fuego en la chimenea, las paredes estaban tapizadas de un color rojo oscuro, un tapete de terciopelo cubrió el suelo, en el centro una hermosa sala color beige adornaba el lugar, donde una joven con un libro entre sus manos se encontraba sentada. Adalberto avanzo con lentitud por el lugar hasta quedar frente a la joven mujer, quien levanto su vista de las páginas de su libro, dedicándole una suave sonrisa al verle.

─ Bienvenido Adalberto.

─ Como solicitaste, aquí estoy… Anora.

Ella asintió ligeramente, indicándole con un ademan que tomara asiento.

─ ¿Puedo saber a qué se debió la necesidad debernos?

─ Tenía que aprovechar la oportunidad – dejando su libro en la mesita a lado suyo – el rey salió de nueva Hasetsu, pensé que era el momento ideal para vernos.

─ Entiendo – contesto – supongo que esto no es solo para charlar del pasado.

─ Supones bien.

─ Quieres hablar de…

─ La fecha indicada a llegado y la verdad le ha sido revelada al entronado – aseguro ─ ¿puedo saber cómo se encuentra después de lo ocurrido?

─ ¿No te lo han dicho tus ruiseñores?

Una sonrisa de medio lado se instalo en su rostro. Anora no tenia habilidad alguna conocida, eso era bien sabido en el reino, la actual soberana de nueva Hasetsu era solo una sencilla mujer de nueva crisis que tuvo la suerte de llamar la atención del rey Nikiforov, una noche durante la fiesta anual del nacimiento del reino. La joven rubia no poseía magia como la que alguna vez los Katsuki manejaron pero, tenía la extraña habilidad de comunicarse con las aves y que estas le obedecieran, por tal motivo siempre podía saber si algo inusual sucedía en el reino, sobre todo cuando se trataba de su hijo o del mismo entronado.

─ Sabes tan bien como yo que no puedo vigilar del todo al joven entronado, solo puedo saber lo poco que mis queridos ruiseñores pueden captar durante sus vuelos sobre el reino.

─ Lo sé – apoyándose del todo sobre el mullido sillón.

─ ¿Cómo esta?

─ Tal como imaginábamos, no lo tomo del todo bien.

─Esa era una de las probabilidades Adalberto, no debe ser fácil para el manejar la situación, ahora tiene un gran peso sobre sus hombros.

─ No es un niño – aclaro – ya es un adulto.

─ Solo tiene diecinueve años Adalberto, ¿Qué tanto del mundo puede conocer?

─ Lo suficiente como para meterse en problemas cada ciertas noches.

─ ¿Lo dices por sus escapadas nocturnas?

─ ¿No es obvio?

─ Shade es una gran figura, los medios lo adoran, el pueblo lo admira…

─ El pueblo debería seguir a su rey, su verdadero gobernante no una figura encapuchada de la cual no saben nada.

─ El hace lo que cree correcto, al igual que el rey regis lo hacía.

─ El rey regis era un hombre de honor – dijo con un gesto severo en su rostro – un hombre intachable, gobernó con sabiduría y amabilidad, durante su reinado nadie sufrió, salvo cuando los cadentes atacaban por las noches pero…

─ No hubo hombre más noble que el rey regis.

─ Ni lo habrá – bajando la mirada por los recuerdos.

─ Su hijo lo será.

─ No mientras se siga comportando como un crio.

─ Una pesada carga ahora recae sobre sus hombros, el destino del mundo dependerá de sus decisiones, ¿esperas que algo como eso pueda ser digerido con facilidad y simplemente asuma la responsabilidad? ─ pregunto con una mirada de tristeza en su rostro – Debes darle tiempo.

─ El tiempo se nos acaba.

─ Lo sé, el mundo cada día se hunde en la oscuridad… Y solo el podrá devolver lo perdido.

─ ¿Podemos cambiar tema? Que hablemos de él no hará que cambie su forma de pensar respecto a su destino.

─ Lo aceptara, ya los veras – dijo tratando de animarlo.

─ Si tú lo dices – soltando un suspiro de cansancio.

─ ¿Ha memorizado los mapas que les envié?

─ Fueron de gran Ayuda, tuvimos suerte que Yuuri aceptara ir aquella noche al castillo.

─ Por un instante pensé en enviarlos con uno de mis sirvientes pero, que Mary acudiera facilito las cosas.

─ Gracias a los mapas estamos analizando cada salida del castillo, en caso que tengamos que escapar si algo en el plan sale mal.

─ Solo tienen una oportunidad Adalberto, si fallan…

─ Si fallamos, no solo perderemos la santalita… El mundo perderá la única oportunidad de salvarse Anora.

─ ¿Es necesario llegar hasta el final con el plan? No creo que el rey regis desearía que más sangre fuera derramada por una guerra que ha durado demasiado tiempo.

─ El rey Regis ya no está entre nosotros, las decisiones deben ser tomadas por los que aun continuamos con vida, no hay otra forma Anora.

─ ¿Estás seguro de ello? – al observar la fija mirada del contrario supo la respuesta.

─ El rey Demian… Debe morir.


Caminaba con la mirada perdida, siendo golpeado por los transeúntes que avanzaban hacia la dirección contraria, su cabeza no dejaba de rememorar cada palabra, cada hecho y discusión vividos. ¿Cuántas mentiras aun seguían siéndolo? ¿Qué era verdad y que era una fantasía? Había perdido el rumbo, su mundo ahora era un recuerdo fugaz de lo que anteriormente era. ¿Cómo se suponía que debía seguir tras ello? Siguió avanzando por las calles de la ciudad hasta que llego sin darse cuenta a una pequeña plaza, donde varias personas se reunían, haciendo fila para recibir lo que fuese que estuviesen entregando al inicio de la misma.

Movido por su curiosidad se acerco a las escaleras para comenzar a bajarlas y poder descubrir el motivo de la multitud. Camino entre las personas que lanzaban una que otra maldición al verlo meterse entre las filas. Tropezó al llegar al inicio de la fila cayendo irremediablemente al suelo, emitiendo un quejido de dolor por el mismo, levanto su vista para encontrarse con un par de rostros conocidos que le observaban con sorpresa.

─ ¿Yuuri?

─ ¿Celestino? ─ moviendo su vista del rostro del mayor hacia el de su esposa e hijos.

─ ¿Qué haces aquí? – pregunto el mayor, ayudándole a levantarse del suelo.

─ Eso mismo quería preguntar – contesto sacudiéndose la ropa – Estaba por la zona cuando vi a toda esta gente aglomerada aquí ¿puedo saber que sucede?

─ Nada extraordinario, solicite permiso en el instituto para venir aquí, estamos entregando comida y ropa a los más necesitados – girando su rostro para ver a la multitud.

─ ¿Necesitados? – dirigiendo su vista hacia los demás, percatándose que la mayoría eran personas cuyas ropas estaban desgastadas y sucias, sus rostros denotaban cansancio así como tristeza ¿Cómo no se había dado cuenta?

─ Muchas de estas personas perdieron a su familia por los ataques de los cadentes, se quedaron sin hogares, trabajos… Ahora viven de la caridad de las demás personas.

─ Y su gobernante no ha hecho nada para cambiarlo – murmuro para sus adentros, bajando la mirada.

─ Por eso están aquí, al menos esperamos que puedan comer algo decente el día de hoy mas nada podemos hacer – sonriéndole ligeramente.

─ Lo sé.

─ ¿Cómo sigue tu brazo? Espero no hayas hecho esfuerzos – hablo con la intención de cambiar la tristeza en el rostro del azabache.

─ Pues… ─ desviando la mirada.

─ ¡Padre Ignis! – escucharon decir a una mujer.

El padre Ignis caminaba hacia ellos, la multitud lo dejaba pasar mientras le llamaban, sonriéndole al afable hombre quien caminaba con una sonrisa en su rostro. Los hombres y mujeres ahí presentes se acercaban al padre para tomar su mano y recibir la bendición de la diosa, el padre Ignis se detenía solo unos momentos para tocar la cabeza de quienes se acercaban hasta que, después de aquel caluroso recibimiento finalmente pudo acercarse a ambos.

─ Joven Kaidou, Celestino – la voz grave del hombre les llamo – es un gusto verlos.

─ El gusto es mío padre Ignis – hablo Celestino estirando su mano para que el padre la tomara.

─ Es extraño verle por aquí padre ¿ocurrió algo? – pregunto Yuuri con curiosidad.

─ ¿Debe ocurrir algo para que venga a ver a mis fieles?

─ Creo que no.

─ Suelo venir cada día para ayudarles en lo que me sea posible, un pequeño me comento que celestino estaba en este lugar, donando comida a los más necesitados así que vine a ayudarles.

─ Muchas gracias padre.

─ Aunque es extraño – comento el padre ─ ¿Quién fue el alma caritativa que dono todo esto?

─… ─ el azabache guardo silencio.

─ Una sombra llena de bondad nos trajo todo esto – aseguro celestino, mirando de reojo a Yuuri, provocando que un suave sonrojo apareciera en sus mejillas.

─ Una sombra ¿he? – Desviando su mirada por unos segundos – Deberíamos darles las gracias por tan… Considerable regalo, es un alma caritativa.

Un ligero escalofrió recorrió la espalda de Yuuri, escuchar como celestino así como el padre Ignis hablaban de él, aun cuando el segundo no lo supiera, le hacía sentir de forma incomoda ya que con todo lo que vivió en menos de setenta y dos horas había olvidado por completo que parte del dinero que gano gracias a Chris, lo había enviado a una cuenta a la que Celestino tenía acceso, con el único fin de ayudar a los que no tenían nada. Fue tanta su incomodidad que no se percato de la intensa mirada que Celestino le dedicaba por lo cual, cuando su voz volvió a escucharse no evito sobresaltarse cuando su nombre apareció.

─ Chicos – refiriéndose a sus hijos – el padre Ignis vino con la intención de ayudarnos, sean amables con él y apóyenlo ¿de acuerdo?

─ ¡Sí! – sus hijos dijeron al unisonó.

─ En un momento regreso, Yuuri y yo tenemos que hablar de algo del instituto.

─ ¿Algo? – pregunto.

─ Ven conmigo.

Ambos se alejaron del lugar, mientras la mayoría volvía a formarse para que el padre, la esposa e hijos del mayor, comenzaran nuevamente a distribuir los artículos así como los alimentos que mantenían en cajas detrás de ellos. Caminaron hasta alejarse lo suficiente, deteniéndose justo donde iniciaban las escaleras de la pequeña plaza.

─ ¿Instituto? – pregunto Yuuri.

─ Solo lo dije para poder hablar contigo.

─ Ya…

─ ¿Qué sucede?

─ Nada, ¿Por qué lo preguntas? –desviando la mirada para dejarla sobre la multitud.

─ Yuuri, te conozco – aseguro – cuando algo no anda bien sueles ponerte tenso, como lo estas ahora.

─ No estoy tenso.

─ Y te encorvas.

─ Eso no es…

─ ¿Discutiste nuevamente con Mary?

─ Pues… ─ suspiro, odiando la forma en cómo celestino solía cuestionarlo – algo así.

─ ¿Qué paso?

─ Yo…

─ ¿Es complicado?

─ Demasiado, para mi gusto.

─…

─ Descubrí… Que tanto mi hermana como Adal… Mi tío, me dijeron muchas mentiras respecto a un tema que me afecta personalmente.

─ ¿Y eso te molesto?

─ No solo es molestia, es solo que nunca imagine que me mintieran y eso... Me lastimo.

─ Comprendo Yuuri, se por lo que estas pasando.

─ No, creo que no lo sabes ─ girando su rostro nuevamente para encararlo ─ Mi vida se ha vuelto en una espiral de mentiras y secretos... Ya no sé ni quién soy.

─ ¿Por qué lo dices?

─ Porque yo... ─ mordiéndose el labio inferior ─ no sé cómo lidiar con estos sentimientos.

─ Yuuri, mejor sentémonos ─ caminando un poco para sentarse sobre uno de los escalones ─ Quizás no sé lo que sientes, es imposible hacerlo ─ aseguro ─ pero cuando estamos perdidos lo mejor es serenarnos y pensar las cosas.

─ Pensar no me ha ayudado mucho ─ imitando al médico para sentarse a su lado.

─ Quizás porque sigues tratando de buscar razones de los secretos.

─ ¿No es lo que todos hacen cuando les mienten? ─ alzando una ceja por la confusión.

─ Me refería a que, quizás deberías preguntarte ¿que tanto daño te han hecho esas mentiras? ─ alargando su mano para dejarla sobre el hombro ajeno.

─ Pues, no me he puesto a pensar en ello ahora que lo mencionas ─ bajando la mirada por la situación.

─ A veces nos enfocamos tanto en nuestro dolor que olvidamos que quizás, ellos también estaban sufriendo por no encontrar la forma en cómo decirnos la verdad...

─ ¿Que me estas queriendo decir?

─ Que deberías escuchar todo Yuuri, solo estas enfocándote en las mentiras que te dijeron pero no estás escuchando las razones detrás de ellas.

─ ¿Crees que tengan una razón? las mentiras nunca tienen justificación alguna ─ argumento atrayendo sus rodillas para abrazarlas.

─ Ninguna mentira tiene excusa pero, en ocasiones, depende de nosotros tomar la decisión, si guardar ese rencor el resto de nuestras vidas o dejar el pasado atrás y ser felices.

─ ...

El rostro de Celestino mostraba una cálida sonrisa, gesto que Yuuri trato de imitar pero, la sonrisa en su rostro no apareció puesto que carecía de aquella luz y calidez por lo cual simplemente asintió ante sus palabras, sabiendo que en el fondo, ni el mismo podía encontrar la respuesta a sus conflictos internos. La voz suave de la esposa del mayor ─ una mujer de ojos marrones y cabellos oscuros, cuya edad oscilaba entre los treinta y seis años ─ se escucho a lo lejos, ambos levantaron sus rostro para dirigir su vista hacia el lugar donde la misma se encontraba. Con además le pedía a su esposa que regresara puesto que, la multitud se había incrementado y no podían ellos solos con la demanda.

─ Tengo que irme ─ levantándose de lugar, sacudiendo el polvo acumulado en su ropa.

─ Si.

─ ¿Sabes? en algunas ocasiones, cuando me siento triste o incluso no encuentro el rumbo de mi vida, suelo caminar por la costa para despejar mi mente y reencontrarme.

─ ¿Crees que funcione conmigo?

─ No lo sé, todos somos distintos y afrontamos los problemas además de las situaciones diarias de diferente forma pero, puede que te ayude un poco.

─ Puede que te tome la palabra.

Celestino asintió mientras el menor se levantaba de su lugar.

─ Debo irme ─ dibujando una triste en su rostro ─ Gracias por todo Celestino.

─ No tienes que agradecerme, solo piensa en lo que hablamos.

─ Lo hare ─ girándose para subir uno a uno los escalones.

─ Yuuri.

─ ¿Dime? ─ deteniéndose por unos segundos.

─ No lo olvides, errar es humano, perdonar es divino... Por esa razón los viejos dioses siempre nos ayudaron puesto que su corazón nunca nos guardo rencor, aun cuando hemos errado en miles de ocasiones.

─...

─ ¿Por qué no habríamos de tener esa facultad si ellos fueron nuestros creadores?

Se despidió con un simple ademan de su mano, avanzando con lentitud entre el tumulto de gente para llegar hasta donde su esposa e hijos lo esperaban, mientras dejaba a tras a un confundido Yuuri, cuyas preguntas seguían sin respuesta alguna.


Sonidos extraños resonaban en el lugar, las enormes maquinas se movían de un lugar a otro, transportando los miles de tubos metálicos colocados en pilas debajo de ellas, fundiéndolos hasta volverlos líquidos, manipulándolos a su antojo para darle una forma diferente a la original. Enormes contenedores cuyo interior albergaba una espesa bruma sin forma rodeaban el lugar, las maquinas abrían los escapes, dejando que la misteriosa neblina se introdujera en cientos de figuras de su creación, las cuales eran expuestas a descargas masivas de electricidad, logrando que las inertes figuras metálicas cobraran vida, rugiendo con fuerza al verse en movimiento.

Su rostro mantenía una sonrisa oscura, Sus ojos contemplaban las creaciones con un inusual brillo, la cual viajaba de un punto a otro de aquel hangar. Detrás de él, varias personas con batas blancas lo observaban con orgullo, entre sus manos se encontraban libros con distintas anotaciones, las pantallas a su alrededor mostraban cálculos, graficas y dibujos de las figuras antes creadas. Debajo de las mismas solo la palabra "Viable" o "Error" se mostraban cada minuto.

Se giro un poco para encarar a las personas en la habitación sin dejar que la sonrisa en su rostro desapareciera. Avanzo unos cuantos pasos hasta tomar la silla frente al enorme escritorio, jalándola para sentarse segundos después y recibir de una mujer de cabello corto y lentes los papeles que llevaba consigo.

─ Doctora Nathalie ─ le llamo ─ Veo que la investigación de estos meses han dado sus frutos ─ aseguro leyendo los documentos entregados.

─ Por supuesto su majestad, no hay nadie mejor que nosotros para llevar a cabo los experimentos que usted necesita.

─ Me ha quedado claro, no me equivoque al convocar a los Leroy para este trabajo ─ levantando su vista para dirigirla hacia la mujer frente suyo ─ ¿Alguna novedad respecto a lo último que solicite?

─ Por supuesto ─ afirmo ─ no fue fácil, manejar ese tipo de sustancia y mantenerla estable resulto agotador pero, tras varios experimentos pudimos obtener lo que busca.

─ Interesante ─ bajando los papeles para dejarlos sobre el escritorio ─ ¿puedo ver los progresos?

─ Por supuesto, si es tan amable de seguirme ─ levantando su mano para señalar la salida.

El rey se levanto de su lugar para seguir a la doctora Leroy hasta salir de la oficina, caminaron por un enorme pasillo tubular, cuyas paredes eran del mismo blanco inmaculado de las batas de los presentes. Se detuvieron frente a un elevador, donde la doctora introdujo una tarjeta de seguridad logrando que la puerta del mismo se abriera. Una vez dentro él, el elevador comenzó a moverse hasta llegar al piso más bajo del edificio. El lugar era diferente al anterior, la temperatura había aumentado, las paredes eran de un color gris opaco y las luces eran emitidas por pequeñas farolas.

Continuaron su camino hasta llegar a una nueva oficina la cual, era un poco más grande que la anterior, un enorme maquina llena de botones se encontraba rodeando el lugar, mientras los enormes cristales que servían como paredes, eran tapadas por gruesas mallas metálicas que impedían ver lo que estaba detrás de los mismos.

El rey se detuvo frente a las paredes de cristal, girándose para enfoca su vista en el rostro de la mujer.

─ Cuando gustes puedes comenzar Nathalie.

─ Por supuesto ─ chaqueando los dedos para que uno de sus ayudantes levantara un grueso maletín que traía entre sus manos, lo abrió con cuidado para que el rey observara su contenido ─ tal como solicito hace meses, estos son los resultados mi rey, una sustancia creada a partir los materiales que nos facilito... Capaz de aumentar el poder físico y mental de aquel al que le sea inyectado ─ aseguro con orgullo ─ las habilidades del guerrero se verán aumentadas como la agilidad, equilibrio, fuerza, destreza, todas y cada una de ellas serán mejores en un doscientos por ciento... Un arma como ninguna otra su majestad.

─ Me complace ver que los resultados fueron fructíferos, ¿Ya hicieron uso de la sustancia en la persona que se presento como sujeto de pruebas?

─ Tras finalizar la creación del líquido le fue inyectado, ha sido monitoreado desde entonces así mismo, se le ha estado valorando con entrenamientos físicos y mentales para ver su evolución.

─ Excelente.

─ Solo hay un pequeño inconveniente ─ aclaro una tercera voz.

Ambos giraron sus cabezas hasta enfocar la entrada de la oficina donde observaron como un hombre, quien portaba la misma bata que los presentes, de tez blanca, ojos azules y cabellos oscuros se acercaba lentamente hasta colocarse frente a ambos. El rey le dedico una ligera sonrisa de medio lado.

─ Alain ─ le llamo por su nombre ─ llegue a pensar que preferirías estar al pendiente de tus descubrimientos que recibiendo a tu rey ─ dijo con suavidad, aunque un leve tono de reproche se podía notar en su voz.

─ Lo lamento su majestad pero, como sabrá, los avances que hemos logrado han capturado toda mi atención, sobre todo si aspiro a cumplir con sus expectativas.

─ Puedo verlo ─ recorriéndole de pies a cabeza ─ Mencionaste un inconveniente ¿puedo saber de qué se trata? ─ pregunto con interés.

─ El aspecto físico del sujeto cambio de forma... Drásticamente, por lo cual reconocerle es prácticamente imposible por el momento.

─ Explícate.

─ Una mutación inesperada, su genética se fundió con los genes en la sustancia por lo cual su aspecto tuvo que adaptarse a ella.

─ ¿Eso implica alguna deficiencia en su comportamiento?

─ Es capaz de seguir ordenes como cualquier soldado, si esa es su inquietud su majestad.

─ Muéstrame ─ ordeno.

─ Por favor ─ indicándole que se acercara a la pared de vidrio.

El rey se acerco al lugar que le indicaban mientras Alain se acercaba a los controles del panel para apretar algunos botones del mismo. La malla metálica comenzó a levantarse, dejando ver aquello que resguardaba tras ella. La expresión del rey cambio drásticamente al ver la criatura que había sido creada gracias a su pedido. Sonidos de objetos al caer al suelo, fuertes explosiones provocadas por viales se podían apreciar desde su lugar y rugidos furiosos por parte de la criatura eran escuchados con claridad. La sonrisa del rey se acrecentó, aquello era más de lo que él había imaginado, parte de lo que planeaba se estaba realizando sin falla alguna. Dio la media vuelta para felicitar a los científicos que habían hecho posible aquel panorama.

─ ¿Cumple con sus expectativas su majestad? ─ pregunto Alain acercándose a su esposa, quien sonreía con altivez.

─ Oh, Alain, esto sobre pasa cualquier expectativa que hubiese impuesto

つづく/ Continuara...


¿Qué tramara el rey?

¿Yuuri finalmente aceptara escuchar las razones o escapara por ahí?

¿Algún día la escritora dejara la confusión atrás y se dedicara a resolver los misterios de la obra?

Quien sabe jajaja

Gracias por leer hasta aquí, a próxima semana subiré el siguiente capítulo y les gustara, tendrá algo que todos esperan… Una pequeña dosis de Victuuri 7u7

Nos vemos.