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Capítulo VI –

質問と反省

(Preguntas y Reflexiones)


Los gritos de los soldados al lanzarse contra su oponente se escuchaban desde la entrada, la sonrisa del maestro Caius era evidente, el orgullo que sentía al ver como cada uno de sus estudiantes mejoraba día con día en el combate cuerpo a cuerpo era una sensación indescriptible que solo alguien en su posición podía experimentar. De todos sus alumnos, el más destacable sin duda era el príncipe Yuri, un chico que a pesar de su corta edad era un guerrero ágil, diestro con las dagas además de ser un excelente arquero, un futuro líder que sin duda dirigiría un gran ejercito cuando fuera mayor y la victoria de cualquier guerra que se le presentara en frente seria suya sin dudarlo.

Su mirada seguía al joven rubio, quien se movía con rapidez por la sala, bloqueando cada golpe de sus oponentes, asestando golpes certeros en aéreas especificas en su cuerpo para hacerles perder el equilibrio y hacerles caer al suelo. El único que hasta ahora había podido darle un combate mano a mano sin duda era su sobrino, manteniéndose en una posición ofensiva, atacando cuando lograba abrir una abertura en la defensa del príncipe.

Sin duda alguna, había elegido bien al guardaespaldas personal del príncipe.

─ Wow, Increíble – escucho una voz conocida detrás de él.

─ Príncipe Víctor – girándose para quedar de frente ─ ¿A que debemos su visita a la sala de entrenamientos?

─ ¿No puedo venir a observar el crecimiento de mi hermanito?

─ A menos que planees volver a entrenar, como se supone que el rey ordeno, no creo que una visita en plan turista sea apropiado.

─ Estoy en forma, practico diariamente – se defendió.

─ No lo suficiente – agrego Noel colocándose a lado suyo – sueles escabullirte en las mañanas para no entrenar – dedicándole una mirada llena de reproche.

─¿De qué lado estas?

─ Del lado que te haga poner los pies en el suelo.

─ ¿Olvidas quien gano la última vez que practicamos?

─ Resbale, eso no cuenta – se excuso.

─ Si, lo que digas Noel – el nombrado solo rodo los ojos por el comentario.

─ Si no entrena lo suficiente, el príncipe Yuri lo superara – cruzándose de brazos mientras sonreía.

─ ¿Crees que Yurio puede ganarme? – pregunto con un inusual brillo en sus ojos.

─ No podría asegurarlo por ahora pero, en un futuro quizás lo haga si no se toma las cosas en serio alteza.

─…

Ambos mantuvieron sus miradas sin intención de desviarlas en ningún momento, el ambiente había cambiado drásticamente, la tensión entre los dos era palpable y Noel podía percibirlo. Soltó un ligero suspiro por la escena, aun recordaba las miles de ocasiones en las que Víctor solía retar al viejo maestro y como este, haciendo acopio de su infinita paciencia simplemente pasaba de largo de un muy joven príncipe. Con todo aquello se preguntaba ¿Cómo era posible que ambos mantuvieran una amistad tan extraña si sus opiniones chocaban constantemente?

─ Maestro Caius – la voz de Noel los hizo romper la tensión en el ambiente ─ ¿Cree que estarán listos para la guarda?

─ Son jóvenes – afirmo – pero tienen determinación, en poco tiempo podrán ejercer adecuadamente su función como escoltas de la guardia real.

─ Se que lo estarán después de todo, es usted quien los entrena.

─ Por supuesto, aunque tener a al joven príncipe ayudándome en ciertos momentos del entrenamiento me ha ayudado.

Mientras el maestro Caius y Noel continuaban con su conversación, la mirada de Víctor seguía los movimientos de su joven hermanastro, analizando cada golpe, cada salto, cada bloqueo que realizaba, podía ver el talento que el maestro había descubierto en él y, aun cuando fuera una sorpresa para todos, por un minuto llego a pensar que quizás Yurio podría superarle, imaginando un escenario futuro donde, el que finalmente tomaba la corona de su padre no era su persona, sino el joven de ojos verdes que se mantenía firme sobre su lugar esperando el golpes de su oponente.

Un futuro que quizás no fuera tan malo, Yurio podría con aquella responsabilidad si titubear siquiera y él, por su parte, podría ser libre de las cadenas que su propio padre había impuesto desde su nacimiento, irse lejos de aquel lugar y vivir la vida que desease sin que nadie objetara sobre ella pero… ¿A qué costo? ¿Sería capaz de condenar a su hermanastro a una vida que el mismo odiaba? Mantuvo su vista fija solo unos momentos más sobre la figura del más joven, desviándola segundos después, girándose para volver sobre sus pasos y salir de la sala de entrenamiento.

─ ¿Víctor? – escucho a Noel llamarle.

─ Voy a salir con Makkachin – contesto – necesito un respiro, la audiencia con el consejo y el papeleo me estresaron, necesito despejarme.

─ Vuelve antes de que oscurezca – sugirió.

─ Lo hare – caminando hacia la salida, perdiéndose por completo de la vista de su mejor amigo.

─ A veces no comprendo que piensa ese chico – expreso el mayor con cansancio.

─ ¿Maestro?

─ Noel… ¿Eres consciente de que el príncipe Víctor últimamente está dejando de lado sus obligaciones reales?

─ …─ Bajo la mirada sin poder responder a la pregunta.

─ El príncipe Víctor deja mucho que desear sobre su comportamiento, incluso me atrevería a decir que el joven Yuri aun a su corta edad está más capacitado para volverse rey que el príncipe heredero.

─ ¡Maestro! – Exclamo con sorpresa – No lo dice en serio ¿verdad?

─ ¿Lo dudas? – Dirigiéndole una gélida mirada – Eres su mejor amigo, la persona más cercana a él, su guardián y consejero… Sabes que lo que estoy diciendo no es algo que solo yo piense.

─ El príncipe hace lo que puede.

─ No deberías defenderle mucho menos excusar su falta de juicio.

─ Yo no…

─ Lo haces – Elevando su voz ─ ¿crees que no me doy cuenta de tu falta de firmeza con él?

─…

─ Entrene a ambos desde niños con la finalidad de que pudiesen defenderse en caso de algún ataque, Víctor fue retirado de mi entrenamiento al cumplir los catorce puesto que debía enfocarse en sus estudios como príncipe pero tú… Te entrene para ser el escudo del futuro rey, su consejero en momentos difíciles, para hacerle retroceder si es necesario cuando vislumbraras problemas en el camino.

─ Maestro…

─ No hagas que me arrepienta de haberte colocado en ese lugar Noel.

El mayor le dedico una última mirada antes de avanzar y cruzar a lado de su ex pupilo, caminando con la firme intención de entrar en el área de entrenamiento. Noel apretó sus manos hasta volverlas puños, reprimiendo la enorme impotencia que sentía en esos momentos por las palabras dichas por su maestro. Trago con fuerza, respiro profundamente, relajando cada musculo de su cuerpo antes de girarse y enfocar la figura del mayor.

─ Maestro Caius – deteniéndole solo unos momentos – Quiere decirme que… Si hubiese la remota posibilidad que el príncipe Yuri ascendiera como rey ¿Lo apoyaría?

─ Si la corte solicita mi opinión y voto – girándose solo un poco para observarle de reojo – lo haría sin dudarlo.

Noel se quedo sin palabras por unos momentos pero se recobro de inmediato.

─ Eso no pasara – hablo con firmeza.

─ Estas dejando que tus sentimientos fraternales por el príncipe nublen tu juicio Noel.

─ No, no lo están… Usted mismo lo dijo, soy quien mejor conoce a Víctor… Y justamente por eso es que puedo afirmarlo, el príncipe heredero es quien debe ascender al trono.

─ ¿Acaso estas olvidando sus fallas?

─ Acepto que tiene fallas y se comporta como un crio – el mayor solo rio en forma de burla – pero es alguien que daría su propia vida por aquello que cree correcto.

─…

─ El es quien debe ascender al trono, porque detrás de esa fachada ingenua, irresponsable incluso infantil, se esconde una persona que piensa fríamente las cosas, que busca la solución ante todo pronóstico y quiere lo mejor para todo aquel que habite en este reino…. Aunque sus métodos no sean los más ortodoxos.

─ ¿Tanta confianza le tienes?

─ La tengo.

Dándole la espalda por completo mientras una sonrisa irónica aparecía en su rostro.

─ Espero no te equivoques Noel y no sea justamente él quien lleve a este reino a su decadencia… Es mejor que lo vigiles, si es que quieres que lo apoye cuando ascienda al trono, si lo logra.

Asintió ligeramente, observando cómo su ex maestro se alejaba por completo de su persona, sin darse cuenta que, durante toda aquella larga conversación y oculto por el oscuro pasillo, su mejor amigo había escuchado cada palabra dicha sin emitir sonido alguno. Retomo su camino hacia su habitación, lugar donde Makkachin lo esperaba, ansioso por salir a pasear con su dueño.


El sonido de las olas al romperse se escuchaba con fuerza, la brisa marina impregnaba cada uno de sus poros, enviándole pequeños escalofríos que recorrían su espalda, las gaviotas surcaban los cielos soltando leves graznidos conforme se movían con el viento. El cielo matizaba en hermosos colores naranjas, anunciando la noche que poco a poco se acercaba en el horizonte.

Sus cabellos se movían al compas del viento, podía observar como su propio aliento se condensaba en densas nubes continuas por el frio que aun, con los cálidos rayos del sol seguía con su firme intención de helarle hasta los huesos. Atrajo sus rodillas, abrazándolas con fuerzas, buscando un poco de cobijo en contra del ambiente. Su mirada yacía perdida en algún punto del horizonte, sus pensamientos viajaban entre miles de escenas y hechos que aun le atormentaban.

Tantas cuestiones y ninguna respuesta para calmarlas ¿Qué debía hacer?

─ Nunca me había sentido tan perdido – confeso para sí mismo – mi familia me ha mentido, mi mejor amigo solo estaba conmigo por un favor hacia mi padre…. Incluso deje plantado a Víctor, seguro piensa que soy un idiota – ocultando su rostro sobre sus rodillas.


Un auto detenía su marcha hasta estacionarse en la zona establecida. Su conductor bajo con calma siendo seguido de su fiel macota quien se acerco con rapidez a los pasamanos metálico para levantares sobre sus patas traseras mientras las delanteras se apoyaban sobre el frio metal. La brisa movía sus cabellos con suavidad, sus ojos enfocaban el horizonte, escuchando como las olas se rompían al llegar a la orilla. Acaricio la cabeza de su mascota una vez estuvo a su lado, tratando de despejar su mente de toda inquietud, deseando al menos por aquellos instantes olvidarse de toda inquietud.

─ Hace mucho que no visitábamos el mar ¿verdad compañero? – Makkachin ladro a modo de respuesta, moviendo su cabeza al ver las gaviotas sobre volar los cielos.

Sonrió ante el comportamiento de su compañero, recordando fugazmente los hermosos momentos que había vivido a lado de su madre en aquella playa, la silueta de la misma mientras lo esperaba en la orilla, las risas joviales que solía escucharle soltar cuando caía al correr por la arena. Ahora que lo pensaba, En ninguno de sus recuerdos su padre se encontraba presente, siempre se mantuvo alejado, ajeno a quienes eran su familia ¿Cuándo se había vuelto de esa forma? ¿En qué momento dejo de ser su padre y se convirtió en el rey que ahora conocían?

─ A veces me gustaría poder cambiar las cosas Makkachin – dijo, captando la atención del nombrado ─ ¿Sabes? Ballad piensa que Yurio sería una mejor opción para ser el gobernante del mundo ¿tu lo crees? – Su compañero inclino su cabeza ante la pregunta – No sería justo ¿verdad?, Quizás Yurio sea alguien demasiado maduro para la edad que tiene pero… Sigue siendo un niño, ¿Por qué habría de ceder mi puesto cuando se lo difícil que es ser el príncipe heredero? – bajo la mirada por solo unos instantes, soltando un suave suspiro por la frustración.

Se separo del frio pasamanos, colocándose en cuclillas para quedar a la altura de su mascota, elevando sus manos hasta tomar su cara y jugar con las suaves mejillas rechonchas del mismo.

─ ¿Qué piensas? – Pregunto a sabiendas que su fiel mascota no iba a responder ─ ¿Crees que debería cederle mi puesto a ese petulante y engreído príncipe Yurio? – estirando sus mejillas.

Una lamida en su mejilla derecha acompañada de un ligero ladrido fue su única respuesta, abrazo con suavidad el cuerpo del caniche, como si aquello le ayudase a encontrar un consuelo que en días había podido tener. Continúo en esa posición por unos cuantos minutos más hasta que su amigo levanto su cara, olfateando con fuerza la gélida brisa. Víctor le soltó al ver aquel extraño comportamiento, siguiendo la figura de su mascota, quien se movía por el piso de madera del muelle, olfateando el suelo, como si tratase de ubicar el origen de aquello que había detectado en el lugar.

─ ¿Makkachin? – Le llamo ─ ¿Qué sucede? ¿Olfateaste algo compañero?

Se detuvo por un momento, volteando cabeza hacia el lugar donde se encontraban las escaleras que daban a la playa. Lanzo un ladrido, avanzando a paso veloz hacia las mimas, bajándolas con destreza para comenzar a correr por sobre la arena hacia algún lugar.

─ ¡Makkachin! – Le grito al verlo salir corriendo de aquel modo ─ ¡Vuelve aquí! – le ordeno pero su compañero no hizo movimiento alguno de querer obedecer. Chasqueo la lengua al verle alejarse cada vez mas del lugar en donde se encontraba, camino hacia las escaleras por donde su caniche había bajado para ir tras él una vez estuvo sobre la blanda arena.


─ ¿Seguro que es la única salida? – volvió a preguntar al ver aquel gesto severo en el rostro contrario.

─Anora, si hubiese una forma más sencilla de recobrar el trono la tomaríamos sin pensarlo pero, el rey Demian no nos deja otra alternativa.

─ Deberían hablarlo con Yuuri primero – sugirió – Quizás el encuentre un medio menos agresivo.

─ ¿Qué sentido tendría? Ni siquiera se toma en serio su papel, la indiferencia se ha vuelto parte de su vida ahora – aseguro.

─ El merece saberlo, aun cuando ignorara todo lo que ser el entronado conlleva, el es el líder, tarde o temprano deberá tomar su lugar y dirigir a su ejército.

─ Un ejército necesita un líder fuerte, capaz y decidido… Yuuri tendrá la sangre de los Katsuki corriendo por sus venas pero eso no lo vuelve en el general.

─ Si quieres que Yuuri confié en ti, en todos aquellos que conformaran su ejército… Deberíamos empezar por confiar en él ¿no crees?

─ …─ Debió la mirada.

─ Solo inténtalo, habla con el… El momento se acerca.

─ Veré que puedo hacer.

Anora sonrió con ligereza al saber que su persistencia había hecho mella en la determinación del mayor. Los pasos de una tercera persona captaron la atención de ambos, girando sus cabezas hacia la entrada, lugar donde apareció William, quien mantenía ambas manos tras su espalda.

─ Reina Anora, su asistente acaba de llegar.

─ ¿Georgi?

─ Me ha pedido que le comunicase que no ha podido retrasar más tiempo las citas concertadas, por lo cual le pide regrese para llevarlas a cabo.

─ Ya veo, el tiempo se termino – levantándose de su asiento, siendo imitada por Adalberto.

─ Debes ir y realizar tu papel, mi reina – inclinándose ante ella.

─ Por ahora – sintiendo levemente con su cabeza – enviare cuanta información recabe, por el momento, trata de apoyar al entronado y guiarlo para que alcance su destino.

─ Haremos cuanto esté a nuestro alcance.

Caminaron hacia la salida, la llama de la chimenea se apago tras ellos abandonar la sala, subieron las escaleras hasta llegar al interior de la antigua cafetería. Adalberto le dedico solo unas cuantas palabras como despedida, a las cuales la rubia asintió con una sonrisa, con la elegancia digna de su posición avanzo hacia la salida, donde Georgi le esperaba a lado de la limosina.

─ ¿Termino sus pendientes mi reina? – pregunto,

─ Los necesarios ¿Cuál es la primera tarea en la lista?

─ Veamos – levantando su tableta para revisar la agenda – debemos ir con la florista para verificar el progreso de los arreglos que se usaran durante el festival de navidad.

─ No la hagamos esperar.

Abrió la puerta del asiento trasero para que la mayor subiera, ingresando a la limosina tras ella. Se inclino para que el chofer le escuchara, indicándole el lugar a donde debía llevarles, la marcha se encendió y el vehículo se perdió entre el trafico de la ciudad.


La gélida brisa del ambiente comenzó a colarse en sus huesos, su propio calor corporal estaba perdiéndose pero aun, cuando sabía que debía moverse de su sitio las fuerzas que alguna vez le movieron hasta ese lugar, se habían escapado sin poder evitarlo. Su mente era un caos, muchos sentimientos encontrados y ninguna salida a su alcance. Sentía los parpados pesados, el sueño lentamente se apoderaba de él, producto del cansancio de aquel día, Morfeo lo estaba arrastrando hacia su morada cuando, una voz le hablo, en un extraño lenguaje.

"Kembali cahaya ke dunia..."

Levanto su cabeza ─ la cual estaba apoyada sobre sus rodillas─ recorrió el lugar con la mirada, buscando a la dueña de aquella misteriosa voz pero el único sonido que percibió fue el de las olas al romperse. Dejo ir sus rodillas, sintiendo como la sangre comenzaba a afluir nuevamente por ellas mientras su mente recordaba aquel susurro cuya lengua se le hacía familiar.

─ Devuelve… La luz… Al mundo – dijo en leves susurros, sorprendiéndose por haber sido capaz de comprenderle.

Hizo intento de levantarse de su asiento cuando a lo lejos, un ladrido se dejo escuchar, busco con la mirada el lugar de donde provenía el sonido, deteniéndola cuando noto un punto en el horizonte, agudizo su vista para enfocar el objeto, conforme pasaban los segundos este se volvía más nítido hasta que se percato de lo que era realmente, un caniche se movía a enorme velocidad con dirección a donde se encontraba sentado, un gesto lleno de confusión apareció en su rostro al darse cuenta que el mismo venia sin compañía alguna.

─ ¿Qué hace un caniche aquí? – se pregunto.

Su rostro mostro sorpresa cuando noto con claridad al caniche, era el mismo que le hubiese derribado en aquella vieja capilla, lo que significaba que su dueño estaba cerca. No hizo intento de moverse, la impresión lo había petrificado por completo, su cuerpo se estremeció cuando el enorme perro poso sus patas delanteras sobre su regazo para levantarse y quedar sobre sus patas traseras.

─ Si tu estas aquí eso significa que…

─ ¡Makkachin!

Sus mejillas se encendieron furiosamente al ver al de ojos azules correr al encuentro de su mascota, lo observo detenerse a pocos pasos de su persona, colocando un gesto de sorpresa en su rostro. Abrió su boca en varias ocasiones pero ningún sonido escapo de ella. No fue hasta que el fuerte ladrido del caniche les hizo salir de aquel trance.

─ Eres tu… ─ hablo Víctor.

─ … ─ se encogió sobre su lugar al sentir la intensa mirada el mayor.

─ Yuuri – le llamo por su nombre.

─ Yo… ─ se mordió el labio inferior.

─ No pensé encontrarte en este lugar – confeso.

─ Yo tampoco – contesto en un murmullo.

Durante un breve momento solo el sonido del mar era el único en el ambiente, los nervios lentamente comenzaban a recorrerle, la ansiedad se hacía cada vez más insoportable. Nunca pensó volver a verle, mucho menos cuando su mente era un caos pero, si de algo estaba seguro era lo que haría si volvía a tenerla oportunidad de verle, y no pensaba perderla nuevamente. Se levanto de un salto, haciendo que Makkachin se hiciera a un lado, contemplo con seriedad el rostro contrario, espiro profundamente antes de inclinarse hasta hacer una reverencia.

─ ¡Lo siento!

Víctor parpadeo por lo sorprendente que había resultado aquel gesto.

─ ¡Lo siento Mucho Víctor!

─ Wow, una disculpa tradicional – contesto con una sonrisa – es extraño ver a alguien hacer eso hoy en día.

─ Siento haberte plantado – murmuro – pero… Tuve ciertos conflictos que me impidieron asistir, mi familia… Me enferme durante dos días lo cual me mantuvo en cama, sé que no es excusa pero, me disculpo por ello – cerro sus ojos esperando la respuesta del mayor.

─ Yuuri – le llamo, logrando que un escalofrió recorriera la espalda del azabache – levanta la cara por favor, no tienes que disculparte, no me ofendiste en nada.

Abrió sus ojos, el peso de la culpa se había esfumado gracias a las palabras dichas. Levanto la vista tras el pedido, encontrándose con el rostro de Víctor a pocos centímetros del suyo.

─ Aunque eso no significa que no me doliera – confeso.

Su rostro se volvió completamente rojo por la cercanía, dando un paso hacia atrás para alejarse, sintiendo como su corazón latía a mil por hora.

"Definitivamente, me sigue dando miedo estar a su lado" Pensó.

─ ¿Cómo podrías recompensarme por ese dolor?

─ Pues… Yo… ─ su mirada iba de un lugar a otro, buscando la respuesta.

─ ¿Cómo podrías? – Volvió a preguntar ─ ¿no se te ocurre nada interesante?

─ Ha…

Inclino su cabeza, observando el rostro enrojecido del menor, se llevo el dedo índice hacia sus labios, pensando detenidamente en la respuesta adecuada para aquel dilema. Una suave sonrisa aprecio en su rostro, se acerco con lentitud hacia el azabache quien simplemente se quedo inmóvil en su sitio, sintiendo como la sangre bombeaba con fuerza dentro de sí.

─ ¡Ya se! – hablo con alegría – A modo de disculpa, podrías pasar unas horas conmigo.

─ ¿Qué?

─ En la ciudad hay una hermoso restaurante, muy privado debo aclarar, donde podríamos conversar un rato, conocernos mejor y tomar unos bocadillos ¿Qué dices?

─ Bueno... Yo... Este…

─ ¿Es un no? – pregunto con un tono de desilusión en su voz.

─ ¿He? No… Quiero decir si… Yo...

─ ¿Es un sí o un no?

─ ¡Sí! – Elevo su voz sin querer – Lo siento… Si, iré… Te lo debo.

─ ¡Perfecto! – Tomando el brazo del menor para jalarlo y comenzar a caminar – Mi auto esta por aquí.

─ ¿He? Espera… Víctor, yo puedo caminar solo.

Durante todo su trayecto hacia el auto del mayor, intento en vano liberarse del agarre que este ejercía sobre su brazo, dándose cuenta que este poseía mas fuerza de la que había imaginado. Una vez estuvieron frente al auto – uno que sorprendió al azabache por el tipo de modelo que era – Víctor finalmente soltó su brazo, abriéndole la puerta del copiloto para que ingresara, siendo seguido por Makkachin quien se subió en la parte trasera del mismo. Tras colocarse los cinturones de seguridad, el de ojos azules encendió la marcha y se dirigieron hacia la cafetería que el mismo conocía.

El local era tal cual el mayor lo había descrito durante su viaje, era pequeño y privado, cada mesa tenía su propio cubículo por lo que ver quienes estaban dentro de los mismos era imposible de descifrar. Hermosos candelabros de cristal colgaban del techo, música instrumental amenizaba el ambiente, suaves fragancias con aroma a jazmín se percibía en el ambiente y, en la recepción del lugar, un joven de no más de veinticinco años se encontraba atendiendo a cuanto cliente llegaban al restaurant.

─ No quiero ni imaginarme cuanto costara comer en este lugar – se dijo para sí mismo.

─ ¿Tiene reservación? – pregunto el joven sin levantar la vista de su monitor, donde digitaba de forma táctil las entradas.

─ No – contesto – ¿habrá alguna mesa disponible?

─ Me temo que sin reservación no es posible la entrada a nuestro restaurant– dijo.

─ Que mal – girándose para ver el rostro de Yuuri ─ la próxima vez le pediré a Noel que me dé el número de su contacto en este lugar.

─ ¿Noel? – Pregunto con confusión el joven ─ ¿Cómo es que conoce el nombre del guardaespaldas del…? ─ levanto su rostro para enfocar a los recién llegados, abriendo sus ojos a su máxima expresión al identificar al de ojos azules ─ ¡Lo siento tanto! – Haciendo una ligera reverencia.

"Tal como imagine, Víctor es de procedencia noble" pensó Yuuri.

– Si hubiese puesto más atención sabría que era usted quien me hablaba, fue una falta de respeto de mi parte, le pido una sincera disculpa – presiono una opción en su pantalla, haciendo que un sonido a campanilla se escuchara en el lugar.

─ ¿Qué es…? – pregunto Yuuri.

─ ¿En qué puedo servirles? – pregunto una joven de ojos color violeta y cabellos café claros. Vestía un hermoso traje color negro con mangas que llegaban unos centímetros arriba de sus codos, un delantal color blanco adornaba la parte frontal del mismo, con listones color negros que rodeaban su pecho, mallas y zapatos negros hacían juego con el traje propios de una camarera de un restaurant de lujo.

─ Amelia – le llamo – acompaña a los jóvenes y ofréceles la mejor mesa del lugar.

─ Pero ese lugar ya… – iba a replicar cuando sus ojos enfocaron el rostro de Víctor – Ya... Esta libre, con gusto los acompañare a su mesa.

─ Nuevamente le pido una disculpa, a modo de ella, puede pedir lo que apetezca de nuestro menú, sin costo alguno por supuesto.

─ Eso suena tentador – dijo Víctor con una sonrisa.

─ Si son tan amables de seguirme – hablo la joven, dando la media vuelta para internarse en el lugar.

Ambos asintieron al pedido de la joven, despidiéndose del recepcionista y perdiéndose entre los cubículos que dentro del lugar se apreciaban.

─ Por suerte no fue el rey – agrego – si se entera que le hable de esa manera al príncipe heredero… ─ usando su mano como abanico.

Caminaron hacia el lugar donde la joven les indico, abrió las puertas del cubículo, encontrándose con un pequeño pero acogedor sitio, una mesa de roble se encontraba en el centro, dos sillas con forma de sillones estaban a ambos lados de la misma mientras que la pared era adornada con bellas figuras florales.

─ Las cartas están sobre la mesa, en unos minutos vendré a tomar su orden – dijo Amelia cerrando las puertas del cubil una vez ambos estuvieron en su interior.

Tomaron asiento a cada lado de la mesa, el suave aroma a jazmín los envolvía en un ambiente cálido ya agradable, Yuuri se hundió sobre su asiento al percatarse de la forma tan intensa con la cual el mayor le observaba. Victor por su parte, contemplaba aquel rostro sonrojado cuyo nerviosismo era palpable, como la cosa más hermosa que hubiese visto en su vida.

─ Nunca había visitado este lugar ─ dijo sinceramente mientras admiraba el pequeño lugar.

─ ¿Nunca? ─ pregunto Victor.

─ No, me temo que mi posición actual no me permite frecuentar este tipo de lugares.

Victor lo observo por unos segundos, dándose cuenta que las suposiciones que Noel y Georgi habían sugerido acerca del origen del azabache no estaban del todo mal.

─ Bueno, no está demás cambiar de aire de vez en cuando ¿no crees?

─ No, no lo está ─ dedicándole una tímida sonrisa.

─ Ya que estamos aquí, ¿Por dónde empezamos?

─ Pues...

─ No tienes por qué estar nervioso, se supone que esta reunión es para conocernos ¿no?

─ Supongo que tienes razón ─ aseguro ─ ¿Que quieres saber?

─ Bien ─ pensando en la pregunta que haría ─ comencemos con algo básico ¿te parece? ─ Yuuri asintió ─ ¿Cuántos años tienes?

─ Cumplí diecinueve años ─ contesto.

─ Cierto, la ultima vez me comentaste que era tu cumpleaños ¿cómo resulto eso?

─ Pues ─ buscando las palabras adecuadas para contestar ─ Hubieron muchas sorpresas esa noche, sobre todo personales.

─ Entiendo... ¿Tienes familia? Me refiero a padres, hermanos.

─ Sí, una hermana mayor.

─ ¿Y tus padres?

─ Ellos ─ bajando la mirada ─ Murieron cuando era pequeño.

─ Ya veo ─ mordiéndose el labio inferior al darse cuenta que había tocado un tema un tanto difícil.

─ ¿Y tú? ─ mirándolo con nerviosismo ─ ¿Qué edad tienes?, ¿qué hay de tu familia? ─ pregunto Yuuri.

─ Tengo veintitrés ─ contesto con una ligera sonrisa ─ Y no hay mucho que decir de mi familia en realidad.

─ ¿Tema complicado?

─ No del todo... Mi madre murió cuando tenía 12 años ─ contesto con tristeza.

─ Lo lamento.

─ No te preocupes ─ agrego ─ mi padre se volvió a casar años después, con una buena mujer debo añadir aunque su hijo, mi actual hermanastro es...

─ ¿Difícil?

─ Difícil no sería la palabra correcta para describir a ese niño repelente.

─ Yo solo tengo a mi hermana mayor ─ declaro ─ siempre me ha cuidado así que, no sé muy bien como se trata con los hermanos difíciles... Sobre todo cuando el difícil soy yo.

─ ¿Le haces enojar?

─ Constantemente ─ rio ligeramente.

La sonrisa en el rostro del menor era una imagen nueva para Victor, observaba como sus mejillas conservaban aquel color carmín pero ahora de forma tenue y la forma en cómo sus ojos brillaban al reír, algo que lentamente removía su interior de forma misteriosa. Conforme lo admiraba una pregunta comenzó a rondar su mente, ganando fuerza cada vez más hasta que, gracias a su inusual sinceridad dijo sin pensar.

─ Yuuri, sé que no debería preguntar pero... ¿Tienes novia?

─ ¿He?

─ ¿Alguien que te guste?

─ No...

─ ¿Alguien que te atraiga?

─ Ni de cerca.

─ ¿Cuantas ex has tenido?

─ No creo que deba responder a eso.

─ Veamos, mi última ex fue...

─ ¡Detente! ¿No crees estas siendo muy rápido con esas preguntas? ─ alzo la voz con la cara roja por la vergüenza.

Soltó un suspiro de decepción, el ambiente se volvió algo tenso entre ambos tras aquellas repentinas preguntas por parte del mayor, por lo cual ninguno de los dos hizo movimiento alguno para romper el hielo. Las puertas del cubículo se abrieron nuevamente, apareciendo Amelia para tomar la orden de los presentes.

─ ¿Listos para ordenar?

─ Creo que ordenare lo mismo de siempre ─ dijo Victor.

─ Una orden de Katsudon ─ anotando en su libreta ─ ¿y usted joven?

El azabache no contesto a la pregunta hecha por Amelia, simplemente se quedo contemplando el rostro ajeno con sorpresa.

─ ¿Sucede algo Yuuri?

─ Yo... ¿Te gusta el Katsudon?

─ ¡Por supuesto! ─ contesto efusivamente ─ mí madrastra suele prepararlo en algunas ocasiones, es uno de mis platillos favoritos ¿por qué la pregunta?

─ Por nada en especial es que... A mí también me fascina, es todo.

─ Wow, increíble... Tenemos algo más en común.

─ ¿Algo más?

─ Disculpen ─ la voz de Amelia los devolvió a la realidad ─ ¿Ordenaran algo más?

Ambos rieron nerviosamente por la situación.

─ Supongo que pedirás lo mismo ¿no?

Yuuri simplemente asintió.

─ Un segundo tazón de Katsudon por favor.

─ De acuerdo ─ anotando la segunda orden ─ en unos minutos estará listo su pedido, con su permiso.

Amelia asintió ligeramente antes de salir del cubículo y cerrar las puertas tras de ella.

─ Dijiste... Que teníamos algo más en común.

─ ¿no lo recuerdas? ─ regresando su vista hasta enfocar el rostro contrario.

─...

─ El hielo.

─ ¿Hielo? ─ inclinando su cabeza por la declaración.

─ ¿Ya olvidaste la noche en el castillo? ─ pregunto con curiosidad ─ ¿cuándo te perdiste y terminaste chocando conmigo mientras patinabas?

─ ¿Patinar? ─ recordando el momento ─ Lamento eso, debí prestar atención.

─ También fue culpa mía.

─ El patinaje es algo que tenemos en común ─ dijo en un murmullo.

─ ¿Desde cuándo lo practicas? – pregunto con internes.

─ Desde que tengo ocho años y ¿tu?

─ Desde que tengo uso de razón ─ hundiéndose en su asiento ─ Mi madre era amante del patinaje, solía practicarlo, me enseño todo lo que sabía – perdiéndose levemente dentro de sus recuerdos – tras su muerte… Seguí practicándolo, me enamore del hielo y es una forma que tengo para recordarla.

─ Es una hermosa manera, recordar a quienes amamos.

─ ¿Y tú?

─ ¿Yo?

─ ¿Por qué amas patinar?

─ Pues… Al inicio solo lo hacía por diversión pero – sonrojándose nuevamente – termine amándolo, me prometí ser mejor que nadie por… Desde que tú me…

Su conversación fue interrumpida nuevamente, un par de golpes en las puertas de su cubículo hicieron que voltearan a verlas, las cuales fueron abiertas por Amelia, quien ingresaba con una charola sobre sus manos, lugar donde un par de tazones de porcelana fina se encontraban. Se acerco a ellos, dejando frente a cada uno su pedido, el aroma del platillo recién preparado inundo el lugar de inmediato.

─ Que tenga buen provecho – haciendo una reverencia – si necesitan algo, no duden en llamarme.

Las puertas volvieron a cerrarse, dejándolos solos y con dos tazones de cerdo humeantes. Comenzaron a disfrutar su comida, dejando que un relajante ambiente los envolviera. No hablaron mucho durante el mismo, solo palabras cortas y frases conclusivas fueron su conversación durante el tiempo que continuaron degustando su alimento. No fue hasta que sus tazones estuvieron completamente vacios que la conversación fue retomada por completo.

─ Esa comida fue creada por los dioses – declaro Víctor.

─ Definitivamente – segundo Yuuri.

Ambos comenzaron a reír ligeramente. Sus miradas se encontraron por unos segundos, siendo el menor quien rompió el momento al desviar su mirada. Los ojos azules de mayor se dirigieron hacia el escudo que se encontraba bordado en el saco del azabache, uno en el cual no había reparado al encontrarse en la playa.

─ Debo suponer que sigues en el instituto ¿no?

─ ¿Como lo sabes?

─ No soy adivino ─aclaro ─ pero, tu saco lleva el escudo del instituto Lucis ─señalándolo por unos segundos.

─ Cierto, había olvidado que tenia puesto el uniforme ─ rio nerviosamente.

─ ¿Segundo curso?

─ Si, entre al nivel universitario hace dos años.

─ Increíble, pocos llegan a ese nivel, sobre todo cuando tratan de entrar a la guarda o a la caza nocturna.

─ Pues…

─ ¿Hiciste los exámenes para ingresar? No diga que sea malo, solo que la mayoría que he conocido una vez forman parte de cualquiera de ambas armadas pues… Abandonan los estudios, al menos a nivel general.

─ Lo sé, muchos pretenden servir toda su vida y retirarse con honor… Aparte las ganancias acumuladas durante eso, si son bien administradas te dejan una vida tranquila durante la vejes – encogiéndose de hombros.

─ Bien analizado – guiñándole un ojo.

─ No... Solo, lo comentaba – sonrojándose furiosamente.

─ Pero no contestaste mi pregunta.

─…

─ ¿Presentaste los exámenes?

─ Si – dijo con cansancio.

─ No te ves muy alegre.

─ Es que… No funciono.

─ No lograste pasar – afirmo.

─ No, no es por falta de habilidad, de hecho mi maestro se sorprendió que lo suspendiera es solo que… Mi familia no… Me metieron la idea de que no podría, que no debía siquiera pensar en ello, eso causo que mi ansiedad y mi confianza pues… me jugaran en contra ese día.

─ Comprendo – mirándole con suavidad ─ ¿Trataste de volver a presentarlo?

─ No tenia caso.

─ Tu familia no estaría muy contenta.

─ No – comenzando a jugar con sus dedos ─ ¿Y tú? ¿Alguna vez deseaste formar parte de ella?

─ … ─ parpadeo por la sorpresiva pregunta – Pues, cuando era más joven pensé que podría, ya sabes, ser el mejor y ser su general – haciendo reír al azabache – pero finalmente deseche la idea.

─ ¿Por qué?

─ Mi padre.

─ ¿No te dejo?

─ Mas bien… Quiso que siguiera sus pasos y que mi hermano fuera quien tuviera ese sueño.

─ Lo siento, debe ser difícil ¿no? Con sus expectativas y eso.

─ Si, pero aprendí a lidiar con ello.

La suave sonrisa en el rostro del menor lentamente fue desapareciendo, algo que Víctor noto de inmediato. Observaba como juagaba con sus dedos, su mirada se encontraba algo ausente aun cuando sus mejillas siguieran encendidas. Con decisión dejo reposar su mano derecha sobre la contraria, sintiendo como el azabache se estremecía ante aquel acto.

─ ¿Te encuentras bien? – pregunto con un tono de preocupación que sorprendió a Yuuri.

─ Si… ¿Por qué la pregunta? – tratando de alejar su mano de la contraria.

─ Llámame entrometido pero, desde que nos encontramos noto que tu humor es… Algo melancólico.

─ No es… Nada.

─ ¿Seguro? – volvió a insistir.

─ Es que…

─ Si necesitas hablar con alguien puedo escucharte – acariciando la muñeca del otro con su pulgar – se que no nos conocemos del todo pero, siempre hace bien sacar lo que tenemos dentro.

Cerró sus ojos por unos instantes, pensando detenidamente en las palabras dichas por el mayor. Respiro profundamente para tranquilizar su corazón agitado por el contacto de sus manos. Abrió sus ojos nuevamente, enfocando el rostro ajeno y trago con fuerza.

─ Es que, hace poco me entere de algunas cosas referentes a mi familia.

─…

─ Mi hermana y… Mi tío, me mintieron por muchos años en algo que realmente me dolió.

─ Ahora entiendo el por qué te sientes así.

─ No sé qué hacer, estoy dolido pero a la vez enojado con ellos, nunca he tenido esta clase de sentimientos y, siento que voy a volverme loco por la ansiedad – sintiendo como sus ojos comenzaban a humedecerse.

─ ¿Ha? Yuuri no tienes que… ─ mordiendo el labio inferior al ver como las lagrimas amenazaban el rostro ajeno.

─ Lo siento – limpiándose las lagrimas con el dorso de su mano libre – es que no sé como congeniar con lo que siento.

─ No, lo lamento, nunca he podido lidiar correctamente con las personas que lloran frente de mí.

─ Como la mayoría – riendo quedamente.

─ ¿Sabes? Sé que no debería opinar respecto a ello pero, quizás deberías preguntarles el por qué te mintieron, seguramente hay una razón para que lo hicieran.

─ Una mentira no tiene justificación Víctor.

─ No la tienen pero, a veces le mentimos a quienes a amamos no por falta de confianza, en la mayoría de las veces es porque creemos que si decimos la verdad, esa persona se alejara para siempre o quizás le lastime de una forma que nunca se recupere del todo… Preferimos el odio a que esa persona sufra.

"Lo mismo insinuó Celestino" pensó.

─ ¿Por qué no intentas preguntarles?

─ ¿Crees que cambiara algo?

─ Quien sabe, quizás te enteres de algo más.

Tras aquella oración y una larga conversación seguida, ambos salieron del local al notar lo tarde que era. Pasaban de las tres de la tarde, el cielo hacia mucho que había oscurecido y las luces de la ciudad iluminaban cada rincón de la misma. Pequeños copos de nieve caían, envolviendo el paisaje en un hermoso capo de blanco inmaculado, la temperatura había bajado considerablemente, por lo cual tras unos minutos en la intemperie hicieron que Yuuri comenzara a estornudar, tiñendo su nariz de un suave color carmín.

─ ¿Te encuentras bien?

─ Si – soltando un nuevo estornudo.

─ No lo creo – pegando su frente a la del menor, logrando que comenzara a respirar agitadamente por la falta de espacio personal entre ambos – tienes fiebre.

─ Creo… Que te comente… Que tuve algo de fiebre hace dos días.

─ Si, lo recuerdo – alejándose del azabache ─ ¿seguro te sientes bien?

─ Si, solo necesito llegar a casa y descansar – dio un paso al frente, tambaleándose al sentir como su cabeza comenzaba a dar vueltas.

─ ¡Yuuri! – Levanto su voz al verle de aquel modo, sosteniendo el cuerpo de este antes de que pudiese caer al suelo – No, no lo estas.

─ Solo debo ir a casa – hablo en un susurro.

─ No, lo que necesitas es un doctor – pasando su brazo por la espalda del menor para que se apoyara mejor sobre de él, guiándolo hacia su auto donde Makkachin dormía plácidamente en el asiento trasero.

─ Vamos, entra – dijo con un suave tono de voz, ayudándole a sentarse en el asiento del copiloto.

─ ¿A dónde me llevas? – pregunto una vez Víctor ingreso al auto.

─ ¿A dónde? Al doctor, dudo que puedas caminar en ese estado.

─ No tienes que molestarte.

─ Lo sé – tocando con el dorso de su mano la mejilla ajena.

No hubo más palabras entre ambos, ni reclamos por aquella decisión, el auto simplemente arranco y se alejo del restaurant.


─ Así que se pelearon en clases y por eso fue la suspensión – su hijo asintió – comprendo lo que sientes hijo, no es fácil.

La voz de Sunan sonó suave mientras abrazaba a su hijo mayor, trataba de reconfortarlo, buscar alguna palabra o frase que animara el humor melancólico que el menor profesaba pero ¿Qué podría decirle cuando el escenario que muchas veces se había presentado se hizo realidad dos noches atrás? Sabía de antemano que la reacción de príncipe podría ser aquella, que la tristeza y la ansiedad lo asaltarían sin demora pero, jamás creyó que aquello fracturara la amistad tan duradera que había construido con su hijo.

─ No sé qué hacer – confeso – nunca creí que se lo tomara de ese modo Padre – ocultando su rostro con ambas manos.

─ Sabíamos que ese podía ser su reacción.

─ Lo entiendo pero… Por un minuto pensé que me escucharía y lograría entender por qué le ocultamos todo.

Sunan se levanto de su asiento, acercándose hacia la chimenea que se encontraba encendida en aquel momento, se detuvo frente a ella, dejando sus brazos entrelazados tras su espalada, buscando alguna forma de ayudar a su hijo.

─ A veces cumplir con nuestro deber no es fácil Phichit, sobre todo cuando él es el entronado.

─ Lo sé.

─ Mantuvimos el secreto durante trece largos años, protegiéndole, vigilándole, impidiendo que el rey Demian descubriera que él se encontraba bajo las murallas de su propio reino… Hicimos creer a todo el mundo que el príncipe y la princesa murieron aquella noche.

─ Aun cuando eso condenara al mundo entero – agrego – siendo víctimas no solo de la noche sino, también, a las reglas de un rey que solo quiere someternos.

─ No fue fácil tomar esa decisión, cuando el rey Regis murió todo se derrumbo, aquellos que lo apoyamos debimos fingir, ignorar el hecho, la hipocresía se volvió parte de nuestras vidas, todo con tal de ganar la confianza del rey Nikiforov.

─ Todo para tener una mínima posibilidad de que Yuuri lo pudiese derrocar.

─ Así es – confirmo – Lamentablemente la estabilidad mental del entronado es… Complicada por ahora, se acaba el tiempo y el necesita tomar las riendas del destino que le aguarda.

─ Pero así como se encuentra…

─ Se lo que intentas decir – girándose para observar a su hijo – el necesita paz, pero por ahora le será imposible obtenerla, no mientras el rey Demian siga en el trono y con el poder del cristal bajo su mano.

─ La santalita, ¿es tan poderoso como dicen las viejas leyendas?

─ Mucho más de lo que podrías imaginar – afirmo sin titubear ─ Un poderoso cristal que lamentablemente cayó en las manos de ese hombre, sin el no podremos hacer cumplir la profecía.

─ Si tan solo me escuchara, temo que algo malo le ocurra, este sentimiento de impotencia que me recorrer es…

Sunan dibujo una suave sonrisa en su rostro, caminando hacia su hijo, colocándose en cuclillas frente a su hijo y elevando una de sus manos para dejarla sobre su mejilla.

─ Escúchame, comprendo ese sentimiento, se lo que se siente tener un mejor amigo, preocuparse por él, tratar de que nada le dañe… Yo también tuve uno ¿lo olvidas?

─ No, como podría.

─ El te necesita, quizás no se dé cuenta de ello por ahora pero, cuando el momento llegue, cuando la noche eterna se cierna sobre nosotros, el necesitara a su mejor amigo a su lado – haciendo que su hijo sonriera – solo tu podrás mantenerlo a flote, tu sonrisa, tu jovialidad e ingenio serán su soporte en momento cruciales.

─ Padre.

─ No te rindas hijo mío, se fuerte, mantente firme, sigue siendo como eres, un chico alegre y capaz de cualquier cosa que se propaga… Quédate a lado del entronado hasta el final sin importar que suceda durante el camino, ¿lo harás?

─ Lo hare, no lo dejare solo.

─ Ese es mi hijo – dijo levantándose segundos después – nunca olvides, se lo debemos al rey Regis, sin su ayuda jamás estaríamos donde nos encontramos ahora.

─ Devolveré el favor que nuestra familia le debe a los Katsuki padre, no solo porque es mi deber hacerlo, lo hare también porque Yuuri es mi mejor amigo y lo quiero como si de un hermano se tratase.

─ Muy bien.

─ Sunan, ¿podrías venir ayudarme por favor?

Ambos soltaron un suspiro antes aquella pregunta.

─ Tu madre me necesita ¿Por qué no sales a tomar un poco de aire?

─ ¿Estás seguro?

─ Ya oscureció pero, mientras te mantengas dentro de las murallas del reino no sucederá nada… Sal un rato y despeja tu mente –golpeando ligeramente el hombro de su hijo.

─ Sunan.

─ Voy querida – le respondió – Nos vemos mas tarde.

Phichit asintió con un movimiento de su cabeza, una última sonrisa dedicada a su padre y salió de la sala. Su padre contemplo la puerta por donde había salido, girándose sobre sus pies para acercarse hacia una pequeña mesita que quedaba a pocos metros de la chimenea, lugar donde pequeños portarretratos se encontraban presentes. Tomo uno de ellos para levantarlo y observar la vieja fotografía que este contenía.

─ Nunca llegue a imaginar que nuestros hijos formaran el mismo lazo que alguna vez compartimos – contemplando con detenimiento la foto – Espero que ambos puedan compartir muchas experiencias y aventuras al igual que nosotros… ¿No lo crees Toshiya? – derramo una pequeña lagrima mientras observaba los rostros de las cuatro personas en la foto, donde un joven Sunan estaba sonriendo a lado de un joven Toshiya, antes de que este se volviese en el rey Regis que todos conocieron.


La puerta de la clínica se cerró tras Víctor quien camino con calma hacia el auto, donde Yuuri se encontraba apoyado sobre del mismo acariciando la cabeza de su mascota. Volteo su cabeza al escucharle caminar sobre la nieve, sonriéndole dulcemente hasta que estuvo a su lado.

─ ¿Te sientes mejor?

─ Si, discúlpame por ese incomodo momento, no tenias por que tomarte la molestia de traerme.

─ No es ninguna molestia, hice lo que cualquiera en mi lugar habría hecho.

─ No todo te traen en su auto último modelo y pagan la consulta junto a las medicinas.

─ Yo lo hice.

─ Si lo hiciste – haciendo que el mayor se sonrojara pro la brillante sonrisa que el azabache le dedicaba ─ Así que – levantándose de su lugar ─ ¿Cuánto te debo?

─ ¿Ha?

─ Por la consulta médica y lo medicamentos – aclaro.

─ Nada.

─ ¿Nada? Víctor, Pagaste la consulta la cual no era nada económica ni que decir de los medicamentos.

─ ¿Y?

─ No me sentiré bien conmigo mismo si no te pago esto, pagaste la comida en el restaurante no puedo permitir que también cubras los problemas con mi salud.

─ Yuuri…

─ Por favor, deja que te pague esto.

Se llevo su mano hacia su cabeza, frotándola levemente por la insistencia que el menor tenia para con sus intenciones, medito seriamente el pedido, siendo observado por la intensa mirada del azabache. Por un minuto pensó en negarse rotundamente y no dejar que el mencionado le pagase, ya que él no lo había hecho por algún tipo de recompensa pero, tras pensarlo, encontró algo que sería mucho mejor que el reembolso de su dinero.

─ ¿Quieres pagarme?

─ Si, no quiero molestarte.

─ De acuerdo – observando como Yuuri suspiraba por su respuesta – Pero no quiero tu dinero.

─ ¿Qué?

─ Que lo que quiero por lo que pague, no es un reembolso.

─ ¿Entonces?

─ Lo que estoy pidiendo a cambio de ese gasto es – tomando la mano ajena, para elevarla a la altura de rostro del azabache – es tu número de teléfono y tu correo electrónico.

─ Mi… Mi ¿Qué?

─ No aceptare otra cosa a cambio de lo que pague.

─ Pero… Pero…

─ ¿Qué dices?

─ Yo… ¿Por qué?

─ La última vez que prometimos vernos te enfermaste ¿no? – Yuuri asintió – no tuve manera de localizarte así que… De este modo si algo ocurre podre llamarte.

─ ¿Quieres que nos volvamos a ver?

─ Por supuesto, ¿tú no lo deseas?

─ … ─ no contesto con palabras, solo con un simple movimiento de su cabeza se lo confirmo.

─ ¿Entonces?

─ Dame tu celular – propuso.

Metió su mano dentro de su saco, hurgando dentro de sus bolsillos hasta que localizo su celular, el cual saco del mismo para entregárselo al menor.

─ Todo tuyo.

─ Gracias – prendió la pantalla, ingresando los dígitos que componían su celular y lo guardo con su nombre así como con su correo electrónico – toma.

─ Deuda saldada – aseguro – Cierto – metiendo nuevamente su mano dentro de su saco para sacar una pequeña bolsa – Tus medicinas.

─ Gracias… De nuevo – tomándolas con cuidado.

─ ¿Quieres que te lleve a casa?

─ No, así está bien, esta relativamente cerca así que iré caminando.

─ ¿Seguro? No tengo problemas en llevarte hasta ahí.

─ Sí, estoy seguro, ya te quite mucho tiempo Víctor.

─ No lo hiciste, me agrado conversar contigo.

─ Y… A mí – admirando el rostro del mayor, sonrojándose ligeramente – tengo que irme.

─ Nos vemos.

─ Nos vemos… Después – bajo la mirada por los nervios que vivía – Adiós Víctor – pasando a lado del mayor.

Lentamente comenzó a alejarse del mayor, podía percibirla mirada de este sobre su figura mientras avanzaba por la calle. Víctor lo contemplo un par de segundos, desviando la mirada cuando el tiempo de volver a palacio le recordó la realidad que vivía.

─ Vamos Makkachin, debemos volver a palacio.

Abrió la puerta trasera para que su fiel compañero subiera al auto, cuando unos pasos tras él le hicieron girarse, encontrándose con Yuuri, quien caminaba rápidamente hacia donde se encontraba.

─ ¿Yuuri? ¿Qué sucede?

El nombrado no contesto, lo tomo del saco para acercarlo a él y depositar un beso sobre su mejilla.

─ Yuuri.

─ Gracias por todo, Víctor… Nos vemos después – le dijo con la cara roja por la vergüenza.

Víctor no logro articular palabra alguna, su cuerpo estaba totalmente congelado por la impresión, sus ojos se mantuvieron sobre la figura del azabache, la cual desapareció de su vista una vez se perdió en el horizonte tras la carrera que emprendió al marcharse. Parpadeo un par de veces, saliendo de aquel ligero trance, llevando una de sus manos hacia su rostro para tocar la mejilla que el menor había acariciado con sus labios.

─ Ese chico – sonriendo nerviosamente – Ha logrado sorprenderme de una forma que nunca lo habían hecho… ¿No lo crees Makkachin?

Su mascota no emitió ningún sonido, simplemente se quedo observando a su dueño mientras los copos de nieve borraban las huellas del azabache.


Dejo caer los pesados libros sobre aquel viejo escritorio, el polvo acumulado sobre su superficie se alzo ante el movimiento haciendo que soltara un par de estornudos. Utilizo su mano para dispersar el polvo en la zona y evitar seguir estornudando cada dos segundos. Se giro para ubicar a su compañero en la sala, encontrándolo a pocos metros de donde se encontraba, colocando algunos libros sobre las viejas estanterías.

─ No entiendo – hablo ─ ¿Por qué el maestro solicito ordenar libros?

─ No son solo libros – contesto Otabek – contienen técnicas de combate, estrategias para enseñarlas así como formas básicas de sigilo.

─ Me refería porque quiso que lo hiciéramos.

─ No tenía a nadie que le ayudase.

─ Pudo hacerlo el – cruzándose de brazos─ no es tan viejo como parece.

Otabek sonrió quedamente, bajando de la vieja escalera que utilizo para llegar a las partes altas de la estantería. Camino hacia llegar al más joven y tomar entre sus manos otra pila de libros.

─ El no suele confiar en nadie Príncipe.

─ Yuri.

─ …

─ No es necesario que utilices la formalidad cuando estamos solos.

─ Lo lamento, Príncipe… Yuri.

─ Así está mejor – jalo la silla para sentarse sobre ella, tomo uno de los viejos libros que había sobre el escritorio y lo abrió para comenzar a leerlo – A ti te pidió ordenarlos pero a mí me pidió analizar alguno de estos viejos escritos, quiere implementar una nueva forma de enseñanza con los reclutas.

─ No hay nadie mejor a quien pudiera pedírselo.

─ Tú eres su sobrino, podría pedírtelo a ti.

─ Pero yo no soy el futuro líder de los cazadores o de la guarda misma.

─ Eso aun no está decidido – girándose sobre la silla para enfocar al mayor – por lo que a mí respecta, ese es un puesto al que no aspiro realmente.

─ Deberías considerarlo, si hay un guerrero con las características para serlo, ese eres tu Yuri.

─ Eso no es verdad, si hay alguien que ha demostrado ser tan bueno como yo… Ese eres tu Otabek.

─ Con entrenamiento y esfuerzo – sacudiendo su ropa una vez termino su tarea – pero tú naciste con la habilidad para ello.

─ Puede ser ─ bajando la mirada al recordar lo que le preparaba el futuro – pero hubiese preferido practicar en el hielo ahora que el viejo no está y no tener las narices entre cientos de páginas.

─ ¿Viejo? – acercándose al rubio para jalar una silla y sentarse a su lado.

─ Me refiero al idiota de Víctor.

─ Esa pista está restringida Yuri, solo él puede utilizarla.

─ Nadie sabrá que alguien más aparte de él la está utilizando ¿o sí?

─ No habría problema alguno si tú fueras el príncipe heredero – expuso sin dudas en su voz.

─ ¿Qué significa eso? – frunciendo el ceño.

─ lo que escuchaste – contesto – sabes de los rumores ¿no? – El rubio asintió – Muchos creen que el príncipe heredero no tiene la cualidad necesaria para ser rey.

─ ¿Y alguien la tiene?

─ Muchos… Desearían que tú fueras el próximo rey.

─ ¿Ha?

─ Eso es lo que creen, que eres mejor opción que el joven Víctor.

─ No gracias, yo no pienso tomar esa responsabilidad que me ataría por el resto de mi vida a un asiento y me cortaría toda libertad posible, Además…

─ ¿Además?

─ Muchos no comprenden al viejo, Puede que se comporte como un idiota, incluso se comporte como un niño de cinco años pero… ─ bajando la mirada hasta posicionarla sobre sus manos – Víctor ha sido el único capaz de hacerle utilizar al maestro mas del noventa por ciento de su fuerza en combate, puede estar observándote con una mirada idiota pero por dentro esta analizándote por completo, utiliza tus propias habilidades y puntos débiles en tu contra, toma a su favor la mas mínima posibilidad y logra sacar a flote la verdadera valía de alguien – recordando las pocas veces que el de ojos azules había entrenado a la guarda ─ En pocas palabras él es…Un genio – susurrando la última palabra para sí mismo.

─ Yuri – le llamo al no escuchar la última palabra dicha por este.

─ ¡Ese maldito viejo! – tomando uno de los libros para aventarlo a la pared frente suyo.

─ ¿Estás bien? – tocando el hombro contrario.

─ Lo siento, es solo que solo pensarle me hace querer arrancarle ese cabello suyo y venderlo.

─ Obtendrías un buen botín por ello, el color que tiene es inusual y muy costoso – bromeo.

Yuri soltó una ligera risa por la broma hecha por su mejor amigo.

─ Tienes razón.

─ Volviendo al tema, sobre ti siendo… ─ el sonido de su celular interrumpió sus palabras.

─ ¿Qué sucede?

─ Mi tío quiere que vaya a la sala de operaciones, al parecer hay un par de solicitudes y una moción para arrestar a alguien mañana a medio día.

─ ¿Un arresto?

─ Si eso dice, quiere que las evaluemos así como las pruebas dadas y considerando que el rey te dejo esa tarea.

─ El rey me dijo que me hiciera cargo del entrenamiento y las llamadas de auxilio – aclaro.

─ Al parecer el arresto tiene que ver con lo segundo.

─ ¿Qué tiene que ver un arresto con una llamada de auxilio?

─ Todo, cuando la vida de las personas está en peligro por un tercero – levantándose de su asiento para dirigirse a la salida.

─ … ─ hundiéndose en su asiento.

─ ¿No vienes? – le pregunto desde la puerta.

─ Voy detrás de ti.

Otabek asintió, alejándose raudamente de la entrada de la vieja sala, dejando al joven rubio solo en el lugar. Yuri ordeno los pocos libros que aun quedaban sobre el escritorio, alzando la vista una vez termino, admirando el oscuro cielo que ahora se cernía sobre la ciudad.

─ Ser rey ¿he? – Apretando con fuerza el libro que tenía entre sus manos – Imposible – declaro con firmeza – no es algo que desee además, nadie más puede ocupar ese lugar salvo aquel que nació para utilizarlo… Y el pronto volverá a por él.

Soltó el libro encima de la pila, dando la media vuelta para salir de la habitación, cerrando la puerta tras de él y diciéndose a la sala de operaciones en donde su maestro le esperaba.


Sus mejillas continuaban encendidas por los hechos recientes, aun no comprendía de donde había salido aquel inusual valor que le hizo volver sobre sus pidas y besar la mejilla de Víctor. Aun podía sentir la suavidad de su piel sobre sus labios ¿Qué es lo que le ocurría? No había pasado ni una semana desde que se encontraron en el castillo y todo aquel tumulto de sentimientos se había despertado sin ningún control. Continuo su camino con su mente vuelta un caos cuando, a lo lejos, pudo divisar a quien fuera su mejor amigo hacia pocos días a lado de un chico que, aunque no conocía en persona, era alguien importante dentro del instituto Lucis.

─ ¿Seung? – Agudizo su vista para enfocarlos mejor ─ ¿Qué hace Phichit con el hijo del mayor Lee?

Seung era alguien famoso en el instituto, no solo porque su padre Hyun Lee era uno de los miembros más influyentes dentro del consejo del actual rey de nueva Hasetsu sino, por que era uno de los mejores estudiantes tanto en conocimientos y estrategia de combate. Además, la forma tan seria con la que solía manejarse durante las clases era un tema muy conversado en el instinto, no tenía muchos amigos, siempre estaba en la biblioteca estudiando, y por sobre todo, por cierto rumor que comenzó a circular en torno a él, que tenía un amorío con una persona del mismo curso que él, aunque hasta ahora nadie ha podido comprobarlo.

Yuuri podía notar la cercanía en ambos, sobre todo porque Seung se encontraba sonriendo de una forma que nunca se le había visto en el instituto, algo que le resulto muy extraño, observo como una de sus manos viajaba al rostro del contrario y tocaba con cuidado la herida que el mismo le había provocado. Cuando sus ojos se encontraron con los del mencionado – quien lo diviso desde su lugar – este se alejo unos pasos de Phichit, indicándole con un ademan que los estaban observando. Su mejor amigo o quien lo fuera, giro su cabeza hasta que reparo en su persona, noto como su compañero movía su boca, asentía con su cabeza y se alejaba de Phichit.

Camino lentamente hasta quedar frente a su amigo, quedando ambos frente a frente, observándose detenidamente.

─ No sabía que conocieras al joven Lee.

─ Es…. Un amigo.

─ Es extraño escucharte decir eso, sobre todo cuando Seung no es muy aficionado a estar con alguien más.

─ Quizás yo le agrado ¿no has pensado en ello?

─ Tienes razón.

El silencio se instalo entre ambos, como un estado de incomodidad que quisieran romper. No encontraron palabras que decirse, no después de la pelea que habían tenido durante la clase. Phichit suspiro, antes de pasar a lado de Katsuki.

─ Nos vemos Yuuri – se despidió, comenzando a caminar en dirección contraria.

─ Phichit – dijo en un susurro inaudible.

En aquel momento, las palabras dichas por Celestino así como las de Víctor comenzaron a flotar en su mente, como si tratasen de hacerle ver algo que desconocía. "Las mentiras no tienen justificación" pensó, "pero siempre hay una razón tras ellas" agrego a su pensamiento. Se giro, observando como su compañero se alejaba lentamente del lugar.

─ ¡Phichit! – grito, haciendo que este se detuviera y volteara ligeramente.

─…

─ Se… ─ trago con fuerza – No me encuentro del todo bien, no después de lo que ocurrió.

─ Lo sé – dijo bajando la mirada.

─ Todos me mintieron y eso me lastimo – continuo – será difícil superar eso.

─ Yuuri...

─ Pero... reconozco que no debí tratarte así, que tienes una razón, un motivo para no decirme las cosas.

─ La hay, es solo que…

─ Solo dame tiempo – sugirió – por ahora necesito asimilarlo, te prometo que hablaremos y quizás, podamos superar esto.

─ Yuuri – sonriendo al escuchar aquellas palabras – jamás te presionaría y lo sabes.

─ Lo sé, hablaremos tras la escuela… Pasado Mañana ¿Qué dices?

─ Cuando tú lo desees… Ahí estaré.

─ Gracias.

─ No, gracias por darme la oportunidad de explicarte.

Ambos sonrieron de forma sincera, dejando que aquel incomodo silencio finalmente cediera.

─ Tengo que irme, no quiero un sermón por mi llegada – hablo Yuuri.

─ Yo también, mi madre debe estar preocupada por mi salida.

─ Nos vemos entonces.

─ Nos vemos en la escuela – le dedico una última sonrisa antes de dar media vuelta para continuar su camino.


Cerro con cuidado la puerta de la entrada, las luces se encontraban apagadas, salvo las que iluminaban la sala, lugar donde su hermana y Adalberto conversaban con cientos de papeles regados sobre la pequeña mesa de centro. Camino con calma, tratando de no hacer ruido para no captar su atención pero, olvidando los sentidos tan agudos que él mayor tenia – gracias a sus años de entrenamiento – este regreso a ver a su dirección, llamándole sin duda alguna.

─ Yuuri, ¿Dónde has estado? – pregunto con un gesto severo en su rostro.

─ Por ahí – contesto sin regresar a verle.

─ ¿Cómo que por ahí? – Esta vez Mary hizo la pregunta.

─ Lo que escuchaste, estuve por ahí… necesitaba espacio.

─ ¿Aun no lo entiendes? No puedes salir cuando te venga en gana, es peligroso – sentencio – sobre todo para ti, si te descubren…

─ Si me descubre ¿Qué? – Girando ligeramente su cabeza para mirarle de reojo – dudo que el rey Demian tema aun adolescente como yo.

─ El no te teme a ti… Le teme a lo que representas.

─ ¿Eso debería hacerme sentir mejor? Porque no lo hace – dijo con Ironía.

─ Yuuri.

─ No tengo ganas de discutir – hablo modulando el tono de su voz.

─ En eso estamos de acuerdo, entonces…Si no quieres hablar de donde estuviste, lo respetare por ahora pero, necesito que me respondas algo.

─ ¿Qué cosa?

– Llamaron del instituto.

─ ¿Así? – apoyando su mano sobre la pared que tenia a lado.

─ No te hagas el indiferente – solicito ─ ¿Por qué te peleaste con Phichit durante la clase de combate? ¿En que estabas pensando?

─ Eso no es asunto tuyo – murmuro.

─ Es asunto mío, soy tu hermana mayor, tengo que saber qué es lo que te pasa.

─ Eres mi hermana no mi madre, no tengo por qué contarte todo lo que haga.

─ ¡Yuuri!

─ ¿Quieres saber por qué lo hice?

─ Es lo que he estado pidiéndote.

El menor se acerco a su hermana hasta quedar a escasos centímetros de ella.

─ Lo hice porque quería sacar la frustración y la impotencia que sentía por culpa de ustedes dos.

─…

─ No tienen derecho de recriminarme nada, ustedes me mintieron, me engañaron, me hicieron vivir una mentira toda mi vida.

─ Ya te explique…

─ No, lo único que escuche fueron planes de derrocamiento, sangre y muerte de una guerra que ustedes quieren continuar.

─ Eso no es verdad Yuuri – esta vez la voz de Adalberto capto su atención.

─¿Seguros? Porque cada palabra de ustedes, es una excusa tras otra.

Dándoles la espalda para caminar hacia las escaleras y tomar rumbo hacia su habitación.

─ Yuuri, espera…

─ ¿Quieres que te escuche?

─…

─ Comienza por decirme la verdad y no las mismas excusas.

Subió las escaleras sin detenerse, sin importarle las voces que le llamaban con insistencia desde la planta baja. Continuó su camino, abriendo la puerta de su habitación, entrando con premura y cerrándola con fuerza por la ansiedad que estaba viviendo en aquel momento. Coloco el seguro para que nadie pudiese entrar y se dejo deslizar por la misma hasta quedar sentado sobre el frio suelo de su dormitorio.

Su mirada se perdió en algún punto del techo, sus latidos se encontraban a mil por hora, los nervios seguían recorriéndole como si fuera de un fuego incontenible se tratase, respiro profundamente con la intención de tranquilizarse. Sabía que la forma en cómo les había respondido no era la correcta, su intención no era generar más conflictos entre ellos, lo único que buscaba era tener espacio y pensar las cosas pero, las miles de interrogantes que le lanzaron terminaron por romper su frágil paciencia y exploto sin poder detenerse.

Se arrepentía, no lo negaba pero, no podía bajar y pedir disculpas, no cuando el enojo aun seguís presente. Cuando se aseguro que sus sentimientos y emociones estaban bajo control, se levanto del suelo, dejando su mochila a lado de su buro. Acercándose a su escritorio, jalo la silla para sentarse y abrió la pantalla de su laptop, buscando noticias de nuevos ataques que le pudiesen distraer.

Para su sorpresa, los resultados de su búsqueda fueron desalentadores. Varios ataques se habían suscitado durante los días que no estuvo presente como Shade. Pequeñas colonias habían sido arrasadas por los ataques, presas en las fronteras que colindaban con nueva Hasetsu habían sido destruidas por Cadentes nunca antes vistos, lo cual dejo sin faros a muchos lugares, lo que provoco que varias familias se vieran en la necesidad de huir y buscar refugio en donde estas funcionaran. Lo peor, había sido las declaraciones del comandante Ardyn, quien lamentaba los hechos pero, al ser cadentes desconocidos no habían podido combatirlos.

Estuvo tentado a bajar la pantalla y no buscar más información del tema pero, su curiosidad le gano, encontrando una noticia que le devasto por completo. El rey así como el consejo estaban a punto de proclamar nuevas leyes así como, según especialistas, un aumento a los impuestos a diferentes productos y servicios, aunque no era un hecho, era algo que sonaba con fuerza por toda la red.

─ No es posible, ¿no se da cuenta que un aumento provocaría que varias personas pierdan su fuente de trabajo?

Impuestos, leyes contra la mercancía extraída del mercado negro, aumento a las jornadas de trabajo para extraer más mineral para diferentes tipos de armas, viales y demás artículos de uso diario. Apretó con fuerza sus manos, percibiendo la impotencia con más fuerza recorrerle.

─ La gente está sufriendo… Y prefieres someterlos – murmuro.

"El no te teme a ti, le teme a lo que representas"

La voz de su hermana resonó en su mente.

"El entronado es quien devolverá la luz al mundo"

La voz de Adalberto hablándole durante aquella noche dentro del mausoleo.

"Regresa la luz al mundo"

La extraña voz que escucho durante su estancia en la playa.

Negó con su cabeza, tratando de alejar aquellas voces que le empujaban hacia un destino que nunca deseaba. Cerró la pantalla, alejándose de su escritorio y dejándose caer sobre su cama. No se molesto en quitarse el uniforme, las fuerzas le habían abandonado por completo. Dejo reposar su vista sobre el techo, como si buscara en el las respuestas que buscaba.

─ Entronado – murmuro – si sigo ese destino… ¿podre darles un mejor futuro?

Se pregunto con tristeza, el significado de aquella palabra aun no tenía valor para el pero al ver el dolor y la agonía que las personas así como el mundo gritaban en silencio, lentamente se colaba en su interior, la necesidad de protegerles se volvió aun más fuerte que en meses pasados, por lo cual se preguntaba si ser el elegido podría cambiar ese futuro tan desolador que se cernía sobre todos.

Saco su celular de su bolsillo, prendió la pantalla al percatarse que un nuevo mensaje había entrado en su bandeja de entrada, encontrándose con una pequeña oración que le hizo sonreír, al menos durante un breve momento.

"Espero hayas llegado con bien a tu casa, abrígate y cuida tu salud, espero verte pronto. – Víctor."

Comenzó a digitar la respuesta al mensaje de Víctor, sintiendo como aquel nervio, que solo sentía a su lado, cosquillaba en su interior. Una vez termino el corto mensaje, lo envió, notando que el reloj marcaba las seis y media de la tarde.

"No te preocupes, me cuidare, gracias por el día de hoy, me divertí… Yo también espero verte pronto.─ Yuuri"

Sonrió al recibir un simple emoticón como respuesta del destinatario, sonrojándose por el que había utilizado.

"(─3─)"

"(owo)"

"Te veré después Yuuri, tengo que atender… Unos asuntos de mi padre, Buenas noches. Y duerme bien─ Víctor"

"Suerte con tu trabajo Víctor, Lo intentare, buenas noches, que descanses.─ Yuuri"

Apago la pantalla de su móvil, percibiendo como los latidos de su corazón palpitaba con fuerza por el simple hecho de haber intercambiado un par de mensajes con Víctor. Se levanto de la cama, sintiendo como las fuerzas perdidas anteriormente, se habían renovado de algún modo. Se quito el uniforme y los zapatos, dejándolos dentro del cesto de la ropa sucia, procedió a tomar una merecida ducha con agua caliente, puesto que por su actual condición médica, el agua fría quedaba totalmente descartada.

Tras media hora bajo el agua caliente – tiempo que utilizo para meditar todo lo que había acontecido en su día─ se coloco el pijama y se metió bajo las sabanas de su cálido lecho. No tenía hambre así que la cena quedaba en el olvido. Lentamente sus ojos comenzaron a sentirse pesados por el agotamiento, cayendo sin poder evitarlo ante los brazos de Morfeo mientras su mente viajaba entre agradables sueños, cuyo protagonista era un chico de ojos azules.


Cuando sus ojos se abrieron, el cielo se encontraba iluminado por el sol y los pajarillos trinaban con alegría fuera de su ventana. Se levanto lentamente, sus huesos no se sentían pesados y el cansancio del día anterior había cedido por completo. Giro su cabeza encontrándose con un pequeño vaso de agua fresca, por lo cual supuso que su hermana había entrado a su cuarto, haciendo uso del duplicado de la llave que tenia. Suspiro ante el hecho, levanto la sabana para sentarse en la orilla de la cama, tomar el frasco de pastillas – la medicina prescrita por el doctor del día anterior – para abrirlo, extraer una de ellas y tomarla junto al vaso de agua.

Dejo el vaso en su anterior lugar y estiro cada musculo de su cuerpo. El sonido de un mensaje entrante en su celular capto su atención, lo tomo con una de sus manos, prendió la pantalla y una sonrisa apareció en su rostro.

─ Víctor – susurro con alegría.

"Buenos días ¿Cómo amaneciste? ¿Te encuentras mejor?─ Víctor"

"Buenos días, Si, Me encuentro mejor gracias a la medicina del día anterior ¿Y tú? ¿Cómo estás?─ Yuuri"

"Pues, aburrido… Tener que ocuparme de tanto papeleo me estresa.─ Víctor"

"Trabajo de tu padre ¿no?, termínalo como es debido, y veras que te sentirás orgulloso de ti mismo.─ Yuuri"

"¿Qué me darás a cambio? (:D).─ Víctor"

"¿Por qué me pides algo así? Deberías hacerlo por el sentimiento de hacer algo bien… Además, cuando el trabajo se termina antes de tiempo, podemos hacer otras cosas como, por ejemplo, vernos en otra ocasión – Yuuri"

"¡ESO ME GUSTARIA! – Víctor"

"Entonces, termina tu trabajo y deja de distraerte con el teléfono – Yuuri"

"Ya te pareces a mi hermanastro (─.─) – Víctor"

"Por algo será ¿no? – Yuuri"

"Muy Gracioso (¬¬) ─Víctor"

"Lo siento ─ Yuuri"

"Vale, lo hare… Tengo que irme, llego mi carcelero – Víctor"

"¿Carcelero?─ Yuuri"

"Hablo de mi mejor amigo, su nombre es Noel… Es su trabajo después de todo… Mi padre le paga para que me vigile y no descuide mi trabajo… Nos vemos después Yuuri, cuídate mucho (:3) – Víctor"

"Entiendo… Tu también cuídate Mucho Víctor, nos vemos después – Yuuri"

Apago la pantalla de su celular, una suave sonrisa aun permanecía en su rostro, aun con todos los problemas que tenia, Víctor de alguna forma le ayudaba a dejar atrás los mismos por unos minutos. Se levanto de la cama, se digirió a la puerta y salió de la habitación, con dirección a la planta baja. Las voces de su hermana y Adalberto se escuchaban desde la sala, se detuvo tras bajar el último escalón, apoyo su espalda sobre la pared. Respiro profundamente en varias ocasiones, pensando en todas las palabras y consejos recibidos el día anterior.

"Las mentiras no tienen escusas" se dijo mentalmente "Pero siempre hay una razón tras ellas"

Tomando un poco del valor que poseía, se encamino hacia la sala donde, una vez ingreso, las miradas sorprendidas de los presentes lo regresaron a ver.

─ Yuuri – le llamo su hermana ─ ¿quieres desayunar?

─ No, aun no.

─ ¿Sucede algo? – Pregunto Adalberto ─ ¿volvió la fiebre? ¿Te sientes mal?

─ No, mi salud está bien.

─ ¿Qué sucede entonces? – su hermana le observo con preocupación.

─ Yo… Necesito hablar con ustedes.

─ Claro – mirando de reojo al rubio – Iré por unas tazas de café y una taza de chocolate, no puedes saltarte el desayuno – afirmo, caminado hacia la cocina, donde desapareció de la vista de ambos varones.

─ Es mejor que tomes asiento Yuuri.

Asintió, caminando los pocos metros que los separaban, sentándose en el sofá más pequeño, mientras Adalberto estaba a su lado izquierdo, con unos pergaminos entre sus manos.

─ ¿Puedo saber el motivo de la conversación que quieres tener?

─ Prefiero que mi hermana este presente.

─ De acuerdo.

Durante unos minutos ninguno dijo palabra alguna, Yuuri continuo en silencio mientras el mayor, continuaba leyendo el contenido de aquel extraño pergamino que, durante el tiempo que había vivido a su lado, nunca noto que estuviera entre sus pertenencias.

─ Perdón por la demora, no encontraba la azúcar.

─ Lo siento, a noche moví el tazón y olvide devolverlo a su lugar – confeso Adalberto.

─ No te preocupes – dejando las tazas sobre la mesa.

─ Muy bien – hablo el rubio ─ ¿de qué quieres hablar Yuuri?

─ Pues…

─ Sea cual sea el tema que quieres discutir, deseo hablar antes, si me permites.

El azabache asintió.

─ Lamento lo de ayer, no quería discutir contigo es solo que…

─ Está bien, yo también debo disculparme, estuve fuera de lugar.

─ Ambos lo estuvimos.

─ Eso parece – dedicándole una suave sonrisa – en fin, lo que deseo hablarles…

─ Tú dirás – dijo el rubio, tomando su taza de café.

─ Aun no logro comprender que significa ser el entronado, mucho menos el alcance de esa profecía de la que hablan.

─ Yuuri – deteniendo sus palabras al ver a mano de su hermano alzarse.

─ Déjame terminar – suplico – No estoy seguro de ello, sigo enojado… Mas bien, furioso por las mentiras que me dijeron, durante trece años creí tener una vida y ahora, esta se rompe en pedazos y no sé cómo seguir.

Ambos bajaron la mirada ante las palabras del menor.

─ No sé si estoy listo para algo como una guerra, un enfrentamiento predestinado mucho menos para dirigir un reino o, el mundo entero.

─ Lo sabemos pero… ─ la voz de Mary se apago.

─ Se lo que buscan, lo que desean alcanzar pero… No puedo ser parte de ello.

─ Yuuri, eso es imposible tu…

─ No puedo ser parte de una rebelión que busca la paz, un futuro mejor, si ni siquiera se la verdad detrás de ella… Toda la verdad – aclaro.

─ ¿Qué quieres saber? Sabes que puedes preguntarnos lo que sea – dejando su mano sobre el brazo de su hermano menor.

─ Necesito saber, que sucedió hace trece años…

─ ¿Qué?

─ Mary – regresando a ver el rostro de su hermana mayor – ¿Como murieron nuestros padres?

─ Ya lo sabes, el rey Nikiforov…

─ No, se que él tuvo que ver pero… ¿Cómo fue que sobrevivimos? ¿Por qué solo nuestros padres murieron? ¿Cómo fue posible que el rey Nikiforov entrara a la ciudadela un día antes de lo convenido?

Abrió su boca en varias ocasiones ante las preguntas del menor, pero ningún sonido provino de la misma.

─ ¿Realmente quieres saberlo? – pregunto Adalberto con seriedad.

─ Si… Quiero toda la verdad, si quieren que haga esto, si quieren que lo piense como se debe, díganme todo, sin mentiras, sin excusas… Toda la verdad, por muy dolorosa que sea.

La mirada de Adalberto busco la de Mary, como si buscaran decirse algo sin palabras de por medio. Mary dejo escapar un suspiro en forma de derrota, levanto la vista para dirigirla hacia el rostro de su hermano menor.

─ ¿Es lo que deseas?

─ Si.

─ Muy bien – relamiéndose los labios – Si quieres saber, te lo diré… Todo comenzó un día antes de que nuestros padres murieran.

つづく/ Continuara...


Finalmente el capitulo seis, debo decir que me encanto escribir las conversaciones entre Yuuri y Víctor porque, después de esto se volverá muy difícil para ambos.

Como pudieron notar, Víctor aunque es muy querido, su forma de ser hace que muchos desconfíen de si es apto para ser rey, aunque solo los que le conocen saben que es lo contrario.

Dentro del capítulo hay pistas para lo que viene aunque, claro, como toda historia solo se capta hasta que se llega a ese punto en la historia jajaja

Gracias por leer y nos vemos próximamente.