Ni White Squirrel ni mucho menos yo recibimos dinero por esta historia, o por nada relacionado con Harry Potter.
Notas del autor: Para que no haya confusión, el cuarto de requerimiento se encuentra en la zona este del castillo. No haré las cosas tan fáciles para ella.
Notas de la traductora: Partes del capítulo son citas de Harry Potter y la piedra filosofal, con las conjugaciones adaptadas levemente para que sigan el estilo del resto de la historia.
Capítulo 4
–Profesora McGonagall –preguntó Hermione la mañana siguiente después de encontrar con dificultad el camino al aula de transformaciones gracias a las escaleras que cambiaban de dirección–. ¿Es posible obtener un mapa de la escuela?
–¿Un mapa? No, lo siento señorita Granger –respondió McGonagall–. El castillo cambia con bastante frecuencia para que un mapa pueda ser útil.
–¿Pero no sería posible marcar dónde se encuentran todas las escaleras que cambian de dirección? Eso lo haría más fácil.
–No, es un poco más complicado que eso. Todo se mueve un poco después de un tiempo en un lugar con alto nivel de concentración mágica como lo es el castillo de Hogwarts. Pero no te preocupes, las aulas raramente cambian de lugar, estoy segura de que encontrarás el camino en unos cuantos días.
Hermione quería decir que estaba interesada en un mapa para algo más que no perderse, ¿y cómo era posible que una estructura de piedra de más de mil años de antigüedad se moviera, aún con magia? Pero la clase estaba dando inicio, así que se guardó su comentario y tomó asiento. No parecía que los profesores serían de mucha ayuda en su misión. Quizás sus compañeros de aritmancia podrían ayudarle durante su sesión de estudio.
–¿Cuánto es 146 por 87? –Preguntó Alicia Spinnet.
–12 702 –respondió Hermione sin titubear.
Alicia revisó la respuesta.
–Correcto.
–Vaya –exclamó Cedric Diggory.
–Les dije que era rápida –dijo Roger Davies con tono petulante.
–Ok, bien, ¿pero puedes calcular números más grandes? –Cedric le preguntó a Hermione.
–Sí.
–Entonces… que tal, ¿6 843 por 9 572? –Escribió los números para sí mismo.
Hermione siguió sin titubear, pero tomó un segundo para poder decir la respuesta:
–Sesenta y cinco millones… Quinientos un mil… Ciento noventa y seis.
Le tomó a Cedric casi un minuto revisar la respuesta, pero estuvo maravillado al descubrir que era correcta. Los alumnos de tercer año continuaron, mezclando problemas de multiplicación y división; aunque la multiplicación de números grandes pareció ser el enfoque de las preguntas que le realizaban, lo cual no era muy diferente a cuando estaba en la secundaria. Los magos, por supuesto, no sabían de otros retos, como encontrar raíces a potencias de trece de un número con trece dígitos (lo cual era, de hecho, fácil) porque, al trabajar con pluma y tinta, sería prácticamente imposible para ellos encontrar una cifra de treinta y nueve dígitos que fuera una potencia de trece perfecta.
Una pequeña multitud, mayormente conformada por Ravenclaws, comenzó a formarse a su alrededor mientras Hermione resolvía cada problema correctamente (nada sencillo, incluso para ella), la mayoría en su mente.
–Vi a alguien una vez hacer esto en una obra – dijo Alicia–. ¿Qué día de la semana fue el 14 de septiembre de 1194?
Le tomó unos cuantos segundos.
–Miércoles.
Alicia se detuvo por un momento para después tomar su copia de Una historia de la magia. Después de buscar en varias páginas y pensarlo por un momento dijo:
–Sí, es correcto.
–¡Vaya! –Dijeron varios de los espectadores.
–24 de marzo de 1603 –dijo uno de ellos.
– ¿En qué calendario? –Respondió Hermione.
–¿Qué?
Pero ya tenía la respuesta:
–Fue jueves en el calendario juliano, el cual era el usado en Inglaterra en ese tiempo, pero fue lunes en el calendario gregoriano, el cual era usado en el continente. –Los espectadores se miraron el uno al otro ya que no habían pensado en ese problema.
–Bien, Granger –dijo Roger con una sonrisa maliciosa–. Intenta esta. –Deslizó un pedazo de pergamino hacia ella con una multiplicación de dos números de diez dígitos. Había estado callado y ocultando lo que estaba escribiendo por cinco minutos, claramente necesitando tiempo para resolver el problema él mismo.
–¡Oh! – exclamaron varios con sorpresa.
Hermione se puso a trabajar de inmediato. Los espectadores dejaron salir un soplido de asombro cuando comenzó a escribir los dígitos de la respuesta directamente, de dos en dos, sin siquiera tener que utilizar esas líneas desastrosas de adición que la gente normal utilizaba. Le tomó un poco más de un minuto, pero colocó su pluma sobre la mesa y cruzó los brazos con confianza.
–No hay manera de que sea correcto –dijo un estudiante.
–¡Revísalo! –Dijo otro.
–Es lo que estoy haciendo –Roger tomó el pergamino y lo comparó con su propio trabajo–. No, está mal –dijo. Hubo murmullos alrededor de la mesa.
Era posible, pero improbable, pensó Hermione. Tomó el pergamino de vuelta y lo comparó con el de Roger. Le tomó sólo unos segundos descubrir el problema.
–No, tú cometiste errores aquí y acá –dijo mientras los señalaba.
Roger rápidamente tomó el pergamino de vuelta y examinó donde Hermione había señalado.
–¡Demonios! Tienes razón.
Unas cuantas personas celebraron mientras que otros se burlaron de Roger porque se dejó ganar por una alumna de primer año, hasta que madame Pince los calló y obligó a la multitud a dispersarse.
–Hermione, eso fue increíble –susurró Alicia–. ¿Cómo hiciste todo eso?
–Mucha práctica –respondió con una sonrisa tímida mientras despertaba de su festejo mental.
–No, tiene que haber algo más que eso –dijo Cedric–. Nunca había escuchado de alguien tan bueno.
–No realmente. No es… –sonrió un poco–. No es magia o algo así. Quiero decir, hay trucos que pudiera enseñarles, pero, honestamente, no creo que valga la pena que los aprendan. Es divertido para mí, pero no ayuda mucho con matemáticas más avanzadas.
–Sí, pero de todas maneras, ¿cómo hiciste para ser tan buena? –Insistió Alicia.
–Pues, mucho es sentido común. Memoricé la tabla de multiplicación hasta el cien por cien. Y ni siquiera fue por intentarlo. Sólo practiqué lo suficiente que ya no la pude olvidar. Y hay que memorizar muchas cosas: tablas logarítmicas, números primos, y varias multiplicaciones que al principio parecen al azar. Como… ¿saben cuánto es treinta y siete por veintisiete?
–Ja, ¡no! Tú eres la que sabe calcular de tal manera –dijo Roger.
–Es novecientos noventa y nueve. Y eso hace que multiplicar cosas por 37 sea fácil porque es cercano a un número cerrado. He memorizado diferentes tipos de factorización. Como 499,999 es 3,937 por 127.
–Sí, creo entender lo que dices –dijo Cedric–, pero aun sabiendo todo eso, no entiendo cómo es que puedes hacer operaciones con números tan grandes tan rápido.
–Bueno, es difícil de explicar. Simplemente puedo… verlo.
–Pero… ¿cómo?
–Es… pues… mira, todos ustedes son jugadores de quidditch, ¿no?
–Sí –respondieron todos.
–Disculpen, no se mucho de deportes, pero asumo que tienen jugadas y alineaciones, y que muchas son probablemente comunes en el juego.
–Por supuesto –dijo Roger.
–Y cuando primero comenzaron a jugar era difícil prestar atención a las acciones de los catorce jugadores en el campo, ¿verdad?
–Bueno, sí, si eres principiante –dijo Alicia–. Pero si practicas puedes comenzar a comprender las alineaciones.
Cedric y Roger asintieron mientras comenzaban a entender el ejemplo.
–Exacto –dijo Hermione–. Si practican lo suficiente dejan de ver a los jugadores individuales y comienzan a ver las alineaciones, y pueden reaccionar más rápido. Conmigo, si es por ejemplo… una multiplicación de números con cuatro dígitos, después de practicar lo suficiente, dejé de ver los dígitos y ahora sólo veo las respuestas.
–Eso… eso es impresionante –exclamó Alicia–. No sabía que se podía hacer eso con números.
–Sí, he leído que se puede hacer con casi todo… Pero probablemente deberíamos de empezar nuestra tarea.
–Cierto –dijo Cedric poniendo en frente el problema que supuestamente ya estaba revolviendo la mayoría de la clase–. ¿Cuál es la probabilidad de que dos calcetines sacados al azar de esta gaveta sean del mismo color…? ¿Qué tiene que ver esto con hacer predicciones?
–Tienes que pensar en la elección de los dos calcetines como dos eventos diferentes –dijo Hermione–. Realizar predicciones es buscar las conexiones entre eventos.
–Bien, ¿pero qué es esto de matriz de probabilidades? Lo leo, pero no lo entiendo.
–Eso sólo muestra todos los resultados posibles… Es más desorganizado, pero creo que sería mejor si comenzáramos con un diagrama de árbol…
Con Hermione ayudándolos a entender el lado matemático, Alicia, Cedric, y Roger comenzaron a entender los elementos básicos de la probabilidad y la estadística. Mientras tanto, Cedric ayudó a Hermione con los aspectos más esotéricos y mágicos de la numerología, aunque Hermione rápidamente se ponía al corriente. Para la hora de la cena ya habían logrado progresar bastante en la tarea y los alumnos de tercer año estaban muy contentos de haber invitado a su "brujita."
–Por cierto –dijo Hermione mientras recolectaban sus cosas–, ¿alguno sabe dónde puedo encontrar un mapa del castillo?
–¿Un mapa? –Dijo Cedric confuso–. No, el castillo cambia mucho como para crear un mapa. ¿Por qué? ¿Has estado perdiéndote?
–Un poco. Di una vuelta incorrecta camino a transformaciones esta mañana y el Sr. Filch casi me manda a detención porque terminé cerca del pasillo prohibido.
–Oh, eso no es bueno –dijo Alicia–. Me alegra que te salvaras. Pero no te preocupes, te acostumbrarás al castillo en unos días.
–Sí, eso fue lo que me dijo la profesora McGonagall… Pero me gustaría que hubiera un mapa con ilustraciones para mostrar a mis padres como es el castillo. Nunca lo verán en persona.
Los otros tomaron un momento para digerir lo que había dicho. Obviamente no estaban acostumbrados a pensar en la manera que lo hacían los nacidos de muggles.
–Sí, eso estaría bien –dijo Cedric–, pero dudo que encuentres algo. Aunque quizás puedas consultar con madame Pince por copias de fotografías del castillo.
–Oh… Supongo que puedo hacer eso entonces. –Pero Hermione se juró a sí misma que corregiría la falta de un mapa. En serio, ¿qué tipo de excusa era "el castillo cambia mucho"?
Hermione tuvo éxito al encontrar tiempo para tomar una siesta antes de caminar a la cima de la torre de astronomía a medianoche… más de doscientos pies sobre el patio de la entrada y más de cuatrocientos pies sobre el lago negro. La cima de la torre estaba expuesta al domo celestial y a un cielo despejado y sin luna que brillaba por las miles de estrellas. Hermione soltó lágrimas de emoción por la vista, y estaba feliz de saber que no era la única. Nunca había estado lo suficientemente lejos de ciudades o poblados para ver un cielo así de oscuro, ni tampoco lo habían estado otros estudiantes que vivían cerca de Londres.
La profesora Sinistra amablemente les dio unos minutos para admirar la vista. Después vieron los anillos de Saturno a través de sus telescopios. (Hermione siempre había pensado que Saturno se veía muy perfecto a través de un telescopio y rio al escuchar a Ron Weasley insistir que sus hermanos lo habían embromado y pintado en el lente). La profesora les dio una lección básica en navegación del cielo: la estrella del norte, la eclíptica, la vía láctea, y como las posiciones eran medidas en el cielo. Tenía un sorprendente conocimiento de los avances en astronomía muggle e incluso de misiones al espacio, y expresó sus esperanzas por lo que podría lograr el telescopio espacial estadounidense Hubble, aun cuando aparentemente les tomaría dos años más para que lo hicieran funcionar correctamente. "¡Imaginen un telescopio del tamaño de un vagón de tren volando alrededor de la tierra como la luna!" exclamó. Muchos sangre pura se rehusaron a creerlo, aun cuando Hermione y Sally-Anne insistieron que era verdad.
Bajaron las escaleras justo después de ver el apogeo de la luna creciente sobre las montañas del este. Hermione logró despertarse a tiempo para el desayuno del jueves y pasó su día sin mayor incidente, a pesar de desubicarse un poco nuevamente. Después, pasó la tarde leyendo para la clase de pociones. De acuerdo a Alicia, necesitaría estar especialmente preparada.
No tenía idea.
Hermione supo en los primeros cinco minutos de la clase de pociones que el profesor Snape probablemente sería un maestro desagradable. Comenzó señalando a Harry mientras pasaba lista, y no de manera amable, para las risas de los estudiantes de Slytherin. Después elevó el nivel al llamar a sus estudiantes "alcornoques." Uno pensaría que un profesor no se rebajaría al nivel de insultar a sus estudiantes. Hermione estaba muy nerviosa. Esa clase sería más difícil de lo que pensó.
–¡Potter! –Dijo de pronto Snape–. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
Considerando que no se había molestado en memorizar Mil hierbas mágicas y hongos, aún Hermione con su memoria prodigiosa no podría dar la respuesta con certeza. Estaba segura de que la respuesta era el Filtro de Muertos en Vida, tanto como estaba segura de que no era una poción de primer año, pero no levantó la mano. No iba a darle al profesor Snape ninguna razón para que la llamara a ella alcornoque.
–No lo sé, señor –contestó Harry.
Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.
–Bah, bah… es evidente que la fama no lo es todo. Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
Esa era obvia para la mayoría, pensó Hermione. Malfoy, e incluso Crabbe y Goyle (quienes sí parecían alcornoques si se era honesta) se reían de lo fácil que era. Apostaba que un niño de una antigua y rica familia como los Malfoy sabría todo acerca de venenos y sus curas. Pero Harry fue criado por muggles, si mal no recordaba. Sí, ella había leído lo suficiente para saber acerca de los bezoares, pero no era justo que el profesor Snape asumiera que Harry lo había hecho. Levantó la mano con duda, parcialmente para tratar de alejar la atención del muchacho, pero el profesor Snape la ignoró.
–No lo sé, señor.
–Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?¿Cuál es la diferencia, Potter, entre acónito y luparia?
Para su crédito, Harry aún estaba viendo al profesor Snape directo a los ojos. Hermione levantó la mano firme esta vez, aunque no recordaba completamente eso tampoco, excepto que había visto referencias a luparia en varios de sus libros.
–No lo sé –dijo Harry con calma–. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?
Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo.
Hermione se sonrojó. Esa no era el tipo de atención que estaba buscando, y sólo empeoró cuando el profesor Snape levantó la voz:
–Baja la mano, niña –dijo mientras explicaba las respuestas a sus preguntas y quitaba puntos a Harry por su "descaro."
Bueno, eso lo afirmaba, pensó Hermione. El profesor Snape era oficialmente el peor maestro que había tenido. Ni siquiera tuvo que esperar para ver sus métodos de enseñanza (los cuales no eran buenos). En el mundo muggle, cualquier maestro que fuera abiertamente rudo e injusto sería despedido en un año. El profesor Snape había estado ahí por lo menos por siete, de acuerdo a los estudiantes mayores. Tendría que recordar buscar si existía un proceso formal de quejas.
Como suponía, Snape (Hermione dejó de referirse a él como "profesor" a la mitad de la lección) no era de enseñar. Uno pudiera ser amable y decir que creía en aprender haciendo, como la profesora Sprout, excepto que la profesora Sprout les mostraba la mayoría de las cosas que les enseñaba primero, sin mencionar que ella sí era amable. Snape simplemente les dijo que prepararan la poción curadora de forúnculos del primer capítulo de Filtros y pociones mágicos y después caminó alrededor del aula, observando sus métodos. Su capa larga y negra flotaba detrás de él mientras caminaba, como si hubiera una leve brisa aun cuando el aire en las mazmorras estaba estancado, más detenido de lo debido considerando los vapores que estaban produciendo. Hermione sospechó que lo primero era por un hechizo y esperaba que lo otro también fuera así.
Snape ofreció cumplidos y consejos para los Slytherin, especialmente para Malfoy. Hermione tomó notas cuidadosas, consejos eran buenos como fuera que los obtuviera, pero parecía que Snape sólo tenía resentimiento por los Gryffindor y por Harry Potter en especial.
Hermione trabajaba en pareja con Dean Thomas, quien no era malo en pociones aun cuando él también había sido criado por muggles; pero ese no era el caso para el desafortunado dúo que formaron Neville Longbottom y Seamus Finnigan.
La poción para curar forúnculos no era la más sencilla de realizar, aunque era mejor que otras. Pero estaba incluida en el primer capítulo de Filtros y pociones mágicos porque era una de las pocas pociones que no requería el uso de una varita. Técnicamente, incluso un muggle pudiera prepararla si tuviera los ingredientes.
La mayoría de las pociones requerían por lo menos un hechizo, y normalmente varios, pero la mayoría de los alumnos de primero no serían lo suficientemente buenos con una varita por unas semanas. El hechizo más común en pociones era el encantamiento para que los ingredientes se disuelvan adecuadamente. Después de todo, los colmillos de serpiente y las púas de puercoespín no se disuelven bien bajo circunstancias normales. Pero en la poción del momento, el encantamiento de disolución causaría una reacción inadecuada en los ingredientes, por lo que no era utilizado. En su lugar, secreción de bundimun era agregada al agua para encargarse de eso. Otro hechizo común era el encantamiento sellador, el cual previene la continua disolución de los ingredientes una vez la poción este terminada. En su lugar, la poción requería moras azules machacadas para contradecir los efectos corrosivos de la secreción de bundimun.
Había otros hechizos también, utilizados en pociones de nivel más avanzado: hechizos para agregar energía mágica directamente a la mezcla, hechizos para proteger materia viviente que se incluía en el caldero reduciendo la necesidad de guantes, hechizos para sólo disolver ciertos ingredientes, o para acelerar o prevenir ciertas reacciones entre ellos. Desafortunadamente, había compensaciones para todo, y esa poción que no requería movimiento de varita resultó ser temperamental en otras maneras, como Neville aprendió dolorosamente cuando derritió el caldero de Seamus, dándose a sí mismo varios furúnculos en lugar de curarlos.
Ya que Snape no ayudó en nada, simplemente enviándolos a la enfermería sin explicación alguna y sin simpatía, le tomó a Hermione un poco hojeando sus libros el descubrir y entender más tarde lo que había ocurrido. Y para hacerlo tuvo que olvidar prácticamente todo lo que sabía de química, o de cocinar, y comenzar a pensar, ya que no pudo pensar en una mejor analogía, como una poeta. La secreción de bundimun era corrosiva y causaba decaimiento. Las púas eran punzantes y raspaban bastante, mucho más que los colmillos de serpiente. El fuego debilitaba el suave peltre. Los tres diferentes tipos de daños no debieran de amplificar los otros, pero lo hicieron. El caldero reforzado con magia podía soportar dos de los problemas, pero los tres fueron mucho para el objeto. Cuando Neville agregó las púas de puercoespín sin quitar el caldero de la llama, el caldero se derritió.
Desafortunadamente cada ingrediente tenía interacciones con cada otro que tenían que ser monitoreadas, lo cual era el factor más importante en el orden en el que eran agregadas. Por eso es que crear pociones nuevas era tan complicado.
Pero todo tenía sentido en una manera poética y medieval si se pensaba en como las cosas debieran de funcionar si nunca habían sido expuestos a las ciencias. Algunos ingredientes eran utilizados de la manera esperada: la secreción de bundimun era para disolver, las ortigas tenían propiedades medicinales, y las babosas cornudas ayudaban a espesar. Pero en otro nivel los ingredientes parecían ser casi metafóricos: las babosas cornudas no hacían mucho, por lo que las hervidas no interactuaban mucho con los demás ingredientes. Las púas de puercoespín y los colmillos de serpiente eran mejor conocidos por penetrar la piel; por lo tanto, aún machacadas ayudarían a la piel a absorber el producto final. Las moras azules crecen en suelo ácido, por lo que podían actuar contra los efectos corrosivos de la secreción de bundimun. Esa dimensión metafórica probablemente también involucraba la razón por la que algunos ingredientes tenían que ser preparados durante temporadas específicas del año o en base a las fases de la luna, como era el caso en pociones más avanzadas.
Hermione pensó que Filtros y pociones mágicos hacía un mal trabajo explicando todo eso porque trataba las propiedades de los ingredientes y sus interacciones como lo mismo. Eso estaría bien en un catálogo o en un libro de referencia, pero enseñar los principios conceptuales de una poción requería más discusión de las diferentes maneras en las que uno pensaba acerca de los ingredientes.
Otra característica buena de la poción para curar furúnculos, que la distinguía aún más de otras recetas en el capítulo uno, es que era fácil notar el resultado basado en el color final. Si preparada correctamente, tendría que ser de un color azul claro, suave y calmante. Esto le permitía a Snape calificar las pociones al momento cuando le entregaban las muestras al final de la clase; una buena idea para la lección, consideró Hermione, aunque sospechaba que Snape realmente lo hacía para poder molestarlos aún más. Y sí, Draco Malfoy y Gregory Goyle, a quienes Malfoy no les permitió realizar secciones complejas, recibieron Extraordinarios. Harry y Ron recibieron Insatisfactorios. Hermione y Dean recibieron (a regañadientes, pensó ella) Sobresalientes, mientras que los pobres de Neville y Seamus recibieron un cero por su trabajo.
Hermione despertó el sábado en la mañana a los murmullos emocionados de sus compañeras de cuarto quienes estaban felices por tener un día libre. "Libre" era un término relativo, por supuesto, ya que aún tenían tarea, pero Lavender y Parvati parecían tener la idea de posponerla hasta el día siguiente. Hermione, por otro lado, había realizado lo más que pudo durante su tiempo libre el día anterior. Estaba emocionada por tomar un descanso de su tarea, pero por una razón diferente.
–¿Y tú, Hermione? ¿Qué vas a hacer hoy? –Le preguntó Parvati.
–¿Yo? Oh, pensaba explorar el castillo por un rato –respondió inocentemente.
–Oh, ten cuidado con eso. No querrás perderte –dijo Lavender–. Escuché que las partes del castillo que no están en uso pueden moverse y atraparte para que no puedas salir.
–¿Qué? ¿Dónde escuchaste eso? –Preguntó Hermione.
–Los gemelos Weasley me lo dijeron. Bueno, supongo que pudieron haberlo inventado, pero no planeo arriesgarme.
Parvati sólo sacudió su cabeza.
–De cualquier manera, nosotras íbamos a explorar los terrenos en la tarde. Deberías acompañarnos.
–Tal vez –dijo Hermione sin comprometerse–. Depende de cómo me vaya esta mañana.
Más tarde, cuando regresó de tomar desayuno, Hermione sacó su kit de dibujo y un cuaderno con papel cuadriculado. No lo utilizaba mucho, pero era muy bueno para geometría y sería mucho mejor para la creación de un mapa. Les demostraría a todos los que dijeron lo contrario que sí podía hacer un mapa del castillo. Sólo tendría que medir todo.
–Sally-Anne, voy a tratar de crear un mapa del castillo. ¿Quisieras, tú sabes, venir conmigo? –Preguntó Hermione antes de irse.
–No, lo siento, tengo mucha tarea –le respondió la otra joven nacida de muggles–. No sé cómo la haces tan rápido. Es difícil cuando no has crecido en este ambiente.
–Oh… está bien –dijo Hermione un poco decepcionada, pero lo ignoró y comenzó su trabajo. Empezando desde su dormitorio, caminó alrededor de la habitación, el baño, y la escalera de caracol. Estaba segura de que los dormitorios de hombres eran una imagen simétrica y que los demás pisos eran iguales, por lo que un pequeño dibujo rápido sería suficiente para describir los niveles ocho al catorce de la torre de Gryffindor. Siguió contando sus pasos hacia la entrada de la sala común, recibiendo miradas curiosas, pero lo describió rápidamente también y salió al corredor, con el cuaderno cuadriculado siempre en su mano.
Su primera misión era calcular las medidas del ala oeste. Observó al largo corredor que llevaba a la torre de Ravenclaw, eligió una de las líneas entre las piedras del suelo, y caminó sobre ella pisando con el talón de un pie tocando la punta del otro. Le tomó unos cinco minutos recorrer la distancia entera pero obtuvo la medida que deseaba. La talla dos y medio de Hermione medía nueve pulgadas y tres cuartos, por lo que los ciento setenta y dos pasos que contó en el corredor equivalían a ciento cuarenta pies (bueno, ciento treinta y nueve pies y nueve pulgadas). El segundo corredor, de la torre de Ravenclaw a la gran escalera, midió ciento treinta y ocho pasos, o aproximadamente ciento doce pies. Todo bien hasta el momento.
Sólo para revisar sus resultados contó los pasos de los otros dos corredores, el camino a la torre norte y de vuelta a la torre de Gryffindor. Pero mientras se acercaba a la torre norte se sintió un poco confundida. Algo no se veía bien, y en los últimos pasos se volvió obvio. Ese corredor sólo medía ciento cincuenta y nueve pasos de largo. Intentó el cuarto corredor. Ciento cuarenta y siete. Claramente, el ala oeste no era un rectángulo perfecto.
Aunque sí lo parecía. Miró al suelo para observar los pisos de piedra de los corredores. Las líneas entre las piedras eran completamente rectas. Sacó su transportador y lo colocó sobre unas. Todas las esquinas tenían ángulos rectos, o lo suficientemente cerca que la longitud no sería afectada por mucho. Parecía un rectángulo, pero la longitud de los lados opuestos tenía casi diez pies de diferencia.
Intentó medir el piso entero nuevamente, esta vez tratando de caminar tan cerca del muro que daba al exterior en el séptimo piso. Tuvo cuidado extra en que sus pasos fueran lo más recto posible. Obtuvo resultados similares, con sólo tres pasos de diferencia.
Intentó una tercera vez, con los mismos cuidados que tomó en sus intentos anteriores, y obtuvo resultados similares nuevamente, con sólo un paso de diferencia.
Le tomó unos cuantos segundos de matemáticas mentales para darse cuenta que no era físicamente posible. Si el castillo no era un rectángulo perfecto debiera de haber una mayor diferencia que la de un lado del corredor al otro, sin importar el ángulo. La única explicación, y sólo porque había leído las novelas de Lovecraft fue que no se sorprendió más, es que el castillo de Hogwarts no fue construido basado en geometría euclidiana.
Pero Hermione Granger no se iba a rendir. Eso seguramente iba a causar que realizar el mapa fuera más cansado, pero las diferencias sólo eran mínimas. Dibujaría un rectángulo basado en la distancia promedio y después escribiría las medidas reales. Por lo menos no tenía que preocuparse por ser tan exacta y cuidar que fuera perfecto. Unos cuantos pies de diferencia estaban bien ya que el castillo no parecía querer cooperar y proveer medidas exactas.
Para entonces ya habían transcurrido casi dos horas, pero supuso que podía continuar hasta la hora del almuerzo. Bajó al sexto piso para contar los pasos y comprobar que no fuera diferente. Fue buena idea que lo hiciera ya que al llegar al corredor del lado sur, el que había medido ciento treinta y ocho pies de largo en el séptimo piso, descubrió que medía ciento cuarenta y cinco pasos en el sexto piso. Esto iba a ser más difícil de lo que pensó.
Estaba contando los pasos del lado norte del sexto piso cuando escuchó pasos detrás de ella.
–¿Qué tenemos aquí, Fred?
–Una niñita de primero por sí sola, George. Espero que no esté perdida. Buenos días, señorita Granger –dijo Fred mientras ambos gemelos se colocaban en frente de ella y comenzaban a caminar hacia atrás para seguirla viendo.
Hermione levantó la mirada de sus pies para observarlos.
–Hola Fred, George –dijo tratando de ocultar su incomodidad ante los bromistas.
–¿A qué te dedicas esta hermosa mañana? –Le preguntó George.
–Pues… –Oh, ¿acaso haría daño?– Estoy tratando de crear un mapa del castillo. Estoy tratando de medir los corredores. –Consideró preguntar lo que ellos estaban haciendo pero decidió que no quería saber.
–Un mapa del castillo, Fred. –Los gemelos intercambiaron una mirada y comenzaron a reírse.
–¿Qué? ¿Qué es tan gracioso?
–Oh, nada –dijo Fred–. Es sólo que nunca habíamos escuchado de alguien creando un mapa durante nuestros años aquí.
–Y midiendo con los pies –agregó George–. Yo diría que eso demuestra dedicación, ¿no lo crees, Fred?
– Claro que sí, George.
–¿Siquiera está contando los pasos, señorita Granger?
–Por supuesto – dijo ella–. Ciento veintiuno, ciento veintidós, ciento veintitrés…
–¿Durante nuestra conversación? –Preguntó George.
–Sí.
–¿Sin perder la cuenta? –Agregó Fred.
Sonrió a pesar de sí misma. Eso terminó siendo una mala idea ya que lo tomaron como un desafío.
–Oh, ¿así que no te molestaría que dijéramos números al azar? Como…
–¡Ciento sesenta y dos!
–¡Ciento cinco!
–¡Ciento treinta y nueve!
–¡Setenta y siete!
Pero no redujo su velocidad. Hermione Granger jamás perdía la cuenta.
–Ciento treinta y cinco, ciento treinta y seis, ciento treinta y siete…
–Creo que nos han ganado, Gred.
–Bueno, Forge, Angelina ya nos había platicado de esta pequeña. Tendremos que tener cuidado alrededor de ella.
–Definitivamente es muy lista…
–Ciento cuarenta y siete –dijo ella llegando al final del corredor–. Mm… este fue igual –se dijo a sí misma mientras marcaba la medida en el mapa.
–¿El mismo a qué? –Preguntó uno de los gemelos… había perdido la noción de quien era quien.
–El séptimo piso.
La miraron con confusión.
–Los corredores del lado sur y oeste tienen diferentes medidas en el séptimo piso –explicó.
–¿Qué? –Exclamaron los gemelos al mismo tiempo.
–Y los cuatro lados son diferentes, aun cuando el patio interior es un rectángulo.
–¿Acaso es eso posible? –Uno de ellos tomó el mapa de su mano y comenzó a leer las medidas–. Esto no puede ser cierto. Lo hubiéramos notado en… –se detuvo al escuchar a su gemelo toser–. Ahora sí creo que nos han engañado, George.
–Eso parece, Fred –dijo George con una sonrisa maliciosa–. Si está buscando iniciar una guerra de bromas, señorita Granger, estaremos felices de complacerle.
–N…no es una broma –dijo Hermione un poco nerviosa y dando un paso atrás–. P…pueden calcularlo por sí mismos.
Fred y George se miraron el uno al otro, ya no con malicia, pero con genuina curiosidad.
–Creo que esto merece que lo investiguemos, hermano –dijo Fred.
–Estoy de acuerdo. Si la señorita Granger puede descubrir algo en el castillo que nosotros no en dos años…
–Pudiera ser una valiosa aliada.
–Pues, no estoy interesada en bromas, si eso es lo que quieren decir. –Fred y George no parecían convencidos–. ¿Me pueden dar mi mapa de vuelta, por favor? Quiero tratar de contar los pasos en otros pisos antes del almuerzo.
–Por supuesto. –Fred le devolvió su cuaderno cuadriculado.
–Y buena suerte creando tu… mapa.
–Gracias… –Hermione dio un paso atrás, tratando de no quitar sus ojos del par hasta que llegó a las escaleras para bajar al quinto piso.
Las pequeñas ventanas que se alineaban alrededor del patio interior no tenían alfeizares. Podía sacar su cabeza fuera de uno y observar el muro sobre el que se encontraba. Era completamente recto. Amarró un borrador a un hilo para crear un tipo de plomada. Todas las paredes eran verticales. Basado en eso todos los pisos en el ala oeste debieran de tener exactamente la misma forma y tamaño. Y aun así, no sólo las medidas diferían en cada piso, pero el perímetro de cada piso en el que contó pasos era diez pasos diferentes que el del piso de arriba.
Fue mientras contaba los pasos del cuarto piso, intentando no perder mucho tiempo de su hora del almuerzo, cuando alguien más observó sus acciones. Hermione trató de ignorar a la gata atigrada de aspecto desaliñado que le maullaba amenazantemente. Pensó por un momento que se había salvado cuando la Sra. Norris salió corriendo, pero de alguna manera, unos segundos después llegó Argus Filch. El último encuentro directo que Hermione había tenido con el celador, en el pasillo del tercer piso el miércoles, no había sido agradable, y la mayoría de lo que había escuchado de otros estudiantes era peor.
–Tú, ahí, ¿qué estás haciendo? –Resolló Filch.
Una respuesta directa probablemente sería lo mejor en esa situación.
–Estoy midiendo los corredores, señor.
–Puedo ver eso. ¿Qué tienes planeado? ¿Disparar fuegos artificiales? ¿Dispersar solución para resbalarse? ¿Esconder esas infernales esferas de rebote?
–N…no, señor, sólo estoy tratando de crear un mapa del castillo. –Y levantó su cuaderno para mostrarle.
–¿Un mapa del castillo? ¿Un mapa del castillo? –Preguntó Filch con sospecha–. Oh, no, no es verdad. Encontré a los gemelos Weasley haciendo lo mismo en el sexto piso. Definitivamente tienes algo planeado. ¿Qué es? ¿Estás buscando más pasadizos secretos? No lo permitiré.
–Por favor, Sr. Filch, no estoy rompiendo ninguna regla. Sólo estoy tratando de no perderme. Simplemente le dije a Fred y George que las medidas eran diferentes en todos los pisos. No les pregunté que estaban haciendo.
–Las medidas son diferentes… –La mente de Filch aparentemente necesitó un momento para procesar eso–. ¡Pues por supuesto que lo son! –Se quejó–. ¿Qué esperabas cuando hay tanta magia en este lugar?
–Por favor, señor, sólo he sabido de la magia por unas semanas.
–Pues lo mejor es que aprendas a estar lejos de esos dos –dijo Filch–. Sólo traen problemas. Merecen ser colgados de los tobillos por unos días si me los preguntas… Bien, entonces, continúa. Termina lo que estás haciendo y vete a almorzar –dijo, aparentemente aceptando que no tenía nada contra ella.
–Eh… sí, señor.
Filch se alejó murmurándose a sí mismo:
–Estudiantes deambulando como si fueran los dueños del lugar. Debieran de quedarse en sus salas comunes donde pertenecen…
Hermione terminó de contar los pasos en el cuarto piso lo más rápido que pudo y corrió al gran comedor, apenas recordando saltar el escalón que se desvanecía. Eso era peligroso, un riesgo a la salud. No comprendía como es que no podían arreglarlo. De cualquier manera, Filch a lo mejor no tenía nada contra ella, pero no era alguien amable con quien conversar. Se sintió mejor cuando estuvo lejos de él.
