La derivada de Harry Potter son los hábitos de escritura de JK Rowling.

Notas del autor: Sí, se que hay bastantes citas en este capítulo. Hasta el momento, el comportamiento de Hermione no ha afectado mucho el resto de la historia, y este capítulo es más de reacción. Pero no se preocupen, las cosas en verdad comenzarán a diferir a partir del próximo capítulo y probablemente ya no habrá más citas.

Notas de la traductora: Como antes, citas de Harry Potter y la Piedra Filosofal han sido adaptadas para que sigan el flujo de la historia. ¡Gracias por sus comentarios y espero que disfruten el capítulo!


Capítulo 5

Esa tarde, Hermione deambuló por los terrenos junto a sus compañeras por un tiempo, pero estuvo distraída la mayor parte. También tuvo dificultad enfocándose en su trabajo esa noche mientras trataba de calcular todo en su mente.

Lo que todos le habían dicho se repetía en eco en su mente: "El castillo cambia mucho como para crear un mapa."

Esperó hasta la mañana para comprobarlo; supuso que necesitaría por lo menos ese tiempo. Pero se despertó temprano el domingo, sin poder esperar más, y comenzó a repetir el trabajo que había hecho el día anterior.

Comenzó por contar los pasos en su dormitorio nuevamente y agradeció el notar que eran los mismos, dentro del margen de error; pero ese fue el último momento alentador. Sólo había contado los pasos de la sala común a su dormitorio la noche anterior; no había sentido la necesidad de hacerlo al reverso antes. Pero ahora los contó nuevamente, varias veces, y descubrió que si había contado correctamente (¿y cuándo no lo hacía?), la escalera en espiral era dos escalones más alta.

Con pesadez en su estómago Hermione salió de la sala común y comenzó a contar los pasos del corredor del lado este, el que unía las torres de Gryffindor y Ravenclaw. Se suponía que debía de medir ciento setenta y dos pasos. Lo había contado tres veces el día anterior. Medía ciento setenta y dos pasos.

Pero ese día midió ciento sesenta y seis.

–Oh, esto debe de ser una broma.

Eso lo decidía. Realmente había caminado a través del espejo. El castillo de Hogwarts no sólo cambiaba de forma y tamaño entre cada piso, pero también todos los días. Ningún mapa del castillo mostraría una precisión mayor al diez por ciento, por que no se quedaba quieto como un edificio razonable, y tenía la sospecha de que su dormitorio cambiaría también cuando menos se lo esperara. Supuso que podía tratar de medir las dimensiones externas del castillo, pero dudaba que fuera mejor.

Lo único bueno es que no tendría que medir el lugar con una exactitud mayor al diez por ciento. Tomó unos minutos para contar los pasos del corredor con paso normal; eso sería suficiente y era cuatro veces más rápido. Aun así, fue con un suspiro de exasperación que finalmente se sentó en el gran comedor a desayunar.

No le ayudó que acababa de comenzar a comer cuando un par de pelirrojos se sentaron, uno en cada lado suyo.

–Felicitaciones, señorita Granger –dijeron en unísono.

–¿Qué? –Preguntó Hermione débilmente.

–Tus medidas del castillo –dijo el gemelo a su izquierda.

–Tienes toda la razón –continuó el gemelo a su derecha.

–Los pisos no se alinean.

–Ah, sí, eso –respondió con molestia.

–Nunca creímos que alguien conocería al castillo mejor que nosotros, ¿verdad George?

–Exacto, Fred. Ni siquiera Filch. ¿Cómo lo logró, señorita Granger?

–Sólo hice una pregunta que nadie más se había molestado en expresar –dijo Hermione esperando que pudiera deshacerse de los dos bromistas rápidamente–. Todos dijeron que el castillo cambiaba constantemente así que nunca lo intentaron… Desafortunadamente, tenían razón. Las medidas fueron diferentes esta mañana.

Los gemelos se observaron el uno al otro para digerir esa información.

–Aprendemos algo nuevo todos los días, ¿no es así?

–Eso parece. Así que, si no te molesta que preguntemos, ¿cómo piensas completar tu mapa?

–Pues supongo que lo tendré que dibujar con aproximaciones. No tengo tiempo de medir todo tres veces y sacar un promedio. No será un dibujo arquitectónico, pero por lo menos tendré una idea de a dónde ir.

Fred y George sonrieron ampliamente al escuchar que continuaría explorando el castillo.

–Pues, buena suerte –dijo Fred.

–Por favor haznos saber si descubres más cosas –agregó George.

–Y si alguna vez te encuentras necesitando un favor…

–Por ejemplo, si un Slytherin necesitara una buena broma…

–Estaremos más que felices de ayudarte.

–Por supuesto, de todas maneras es probable que hagamos eso.

–Gracias, lo… guardaré en mente –respondió ella nerviosa.

–Ha sido un placer realizar negocios con usted –respondieron juntos. Para su mala suerte, se quedaron justo donde estaban y continuaron comiendo, pero fue salvada cuando Ron llegó y los distrajo con una conversación sobre quidditch. Hermione sólo los ignoró. Tenía tarea de transformaciones por terminar y una carta a casa por la cual preocuparse. También quería terminar unos dibujos que había comenzado. No era una buena artista, pero podía realizar diseños arquitectónicos definidos por aspectos geométricos. Decidió que ya había explorado lo suficiente por un fin de semana.

Bueno, contó los pasos del corredor del lado este en el séptimo piso esa tarde. Por supuesto, tenía una diferencia de un pie y medio. Eso significaba que los corredores cambiaban levemente durante el día y no sólo durante la noche o a medianoche, o algo así. Eso era una buena noticia; por lo menos no tendría que preocuparse porque el piso se moviera drásticamente bajo sus pies. De alguna manera, parecía como si el castillo estuviera respirando. Sólo preferiría que respirara dentro de los márgenes euclidianos.


Querida Hermione:

Muchas gracias por los dibujos de tu dormitorio y la sala común. Parece que vives en un lugar muy agradable. Esperamos que nos envíes dibujos del resto del castillo cuando tengas tiempo. Suena muy extraño que el castillo no sea geométricamente euclidiano. Tu padre no creía que siquiera la magia pudiera hacer eso. Dice que trates de no caer en ningún ángulo obtuso.

Estamos contentos de saber que encontraste un grupo de estudio y que hablas con varios de tus compañeros. Nos preocupaba que tus cartas fueran sólo sobre tus clases. Si has encontrado personas con las que estás dispuesta a compartir tu trabajo de tal manera, asegúrate de conservarlos. Amigos como esos son difíciles de encontrar. Harry Potter suena como una buena persona, y también fue criado en nuestro mundo, así que tienen eso en común.

Acerca del profesor Snape, por lo que escribes, suena a que es un terrible profesor. No debería tener permitido comportarse de tal manera. En nuestro mundo hubiera sido despedido si se comportara así todo el tiempo, aún si fuera un titular en una universidad. Desafortunadamente, no creemos poder hacer algo. El mundo mágico parecer ser autónomo. Lo mejor que puedes hacer es hablar con la profesora McGonagall, y si ella no hace nada, el profesor Dumbledore. Mientras tanto, sólo sigue dando lo mejor de ti. Suena a que estás aprendiendo la materia mejor de lo que el libro te pudiera enseñar, y realizando el trabajo necesario para que te tenga que dar una buena calificación, así que deberías de estar bien por ahora.

Continúa con el buen trabajo, y no te metas en problemas.

Con amor,

Mamá y papá


Su rutina fue más fácil durante la segunda semana. Las clases eran desafiantes de maneras que nunca hubiera imaginado una escuela o la magia pudiera ser, pero le estaba yendo bien. Ya podía encontrar el camino a todas sus clases, aunque eso no había reducido su deseo de crear un mapa del resto del castillo.

Pero gruñó cuando notó el anuncio en la sala común de Gryffindor esa noche: Las clases de vuelo comenzarían el jueves… con los Slytherin. Hermione no era atlética o siquiera coordinada. Podía calcular en su mente más rápido que cualquier otra persona, pero eso no parecía ser reflejado en su habilidad con una raqueta de tenis o un taco de billar. Y realizar una actividad atlética en el aire sólo haría las cosas peor. Podía andar en bicicleta, pero las montañas rusas siempre la habían mareado aun cuando tenían cinturones de seguridad.

Caminó a la biblioteca antes del toque de queda y encontró un libro llamado Quidditch a través de los tiempos. Examinó rápidamente la cantidad de material sobre el deporte, el cual no era el mejor diseñado en su opinión, y se enfocó en una sección que contenía consejos básicos de vuelo. Con unas cuantas excepciones, la mayoría de los niños criados en el mundo mágico habían montado una escoba unas cuantas veces, así que Hermione tenía que ponerse al corriente. El jueves en la mañana compartió los consejos que había aprendido con Sally-Anne y Neville Longbottom, quienes tampoco habían montado una escoba. Neville incluso estaba más asustado de volar que ella, lo cual no era una sorpresa considerando su desafortunada torpeza. Sin embargo, todos los demás en la mesa parecían estarla ignorando.

Madame Hooch, notó Hermione mientras se colocaban en fila esa tarde, tenía ojos amarillos como los de un halcón. Eso no era un ojo común para los seres humanos y se preguntó si madame Hooch tendría sangre no-humana en ella. O quizás era magia.

Supuso que era un buen día para volar, pero sin saber cómo hacerlo y tenerlo que aprender con los Slytherin le bajó los espíritus. El estado de las escobas tampoco ayudó. Hermione había visto fotografías e ilustraciones de escobas en Quidditch a través de los tiempos y observó las escobas de la escuela con desaliento. Había escuchado a los gemelos Weasley quejarse sobre como las escobas nunca volaban en línea recta, y no le sorprendió. Las escobas de la escuela ni siquiera eran iguales. Eran barredoras, cometas, y estrellas fugaces de cuarenta años, y algunas de marcas no tan populares. Todas tenían ramas torcidas y mangos rayados, lo cual no podía ser bueno para su desempeño, pero supuso que eran lo suficiente seguras para las lecciones de baja intensidad que tendrían, similar a las ruedas de entrenamiento.

Extiendan la mano derecha sobre la escoba –les indicó la señora Hooch– y digan arriba.

¡ARRIBA! –Gritaron todos.

La escoba de Hermione rodó por el suelo. A su izquierda, la escoba de Neville no se había movido nada; pero a su derecha, la escoba de Harry Potter saltó de inmediato a su mano, al igual que la de otros, incluyendo a Draco Malfoy. Evidentemente, la mayoría de los niños de hogares mágicos no aprendían esa parte del manejo de escobas a temprana edad.

Hermione estaba segura de que podía hacerlo mejor que eso. Era como lanzar un hechizo, ¿o no? Excepto que la escoba tenía un repertorio más limitado. Se enfocó en la sensación del flujo de energía que siempre sentía con su varita e intentó tomar la escoba con eso.

–¡Arriba! –Gritó nuevamente. La escoba saltó al aire, aunque tuvo que estirarse para alcanzarla. La mayoría de los estudiantes lograron que sus escobas saltaran después de unos cuantos intentos pero Neville tuvo que recoger la suya del suelo.

–Ahora –dijo madame Hooch–, sostengan la escoba a su derecha, de esta manera, y coloquen su pierna sobre ella, cerca de la parte de atrás, justo en frente de las cerdas. Podrán sentir el encantamiento del almohadón. No se sienten más adelante o se deslizarán.

Eso tenía sentido, pensó Hermione. Era como montar una bicicleta. El encantamiento del almohadón incluso se sentía de tal manera y pudo notar desde el principio que su posición en frente de las cerdas era el centro de gravedad de la escoba, el único lugar en donde podían mantener el equilibrio.

–Bien, bien –continuó madame Hooch–. Sostengan la escoba por la mitad del mango, la mano derecha delante, pulgares apuntando hacia abajo… no, Sr. Malfoy, los pulgares apuntando hacia abajo.

–Madame Hooch, llevó volando en escoba por años…

–Entonces lo ha estado haciendo mal por años. Los pulgares apuntando abajo –repitió. Algunos se rieron del niño arrogante.

Hermione giró sus muñecas para apuntar sus pulgares al suelo. Su primer instinto fue sostener la escoba con sus pulgares sobre el mango, como Malfoy lo había hecho, pero se dio cuenta inmediatamente que el agarre correcto le daba mejor control sobre la dirección de la escoba y le ayudaría a inclinarse sobre ella. Fue un poco incómodo tener que inclinarse para sostenerla de manera correcta, pero las escobas ya no parecían un método tan irracional para volar.

Ahora, cuando haga sonar mi silbato, den una fuerte patada –dijo la señora Hooch–. Mantengan las escobas firmes, elévense un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. Preparados… tres… dos…

Y ahí fue done la parte sensata de la lección terminó. Neville estaba muy nervioso y pateó el suelo antes de que sonara el silbato, disparándose al aire y después cayendo hasta dar contra el suelo, produciendo un terrible sonido. Hermione suspiró con alivio cuando madame Hooch dijo que sólo tenía una muñeca rota. Estaba segura de que pudiera haber sido peor después de ver semejante caída. Había escuchado de personas caminando después de caer de edificios altos y de puentes cuando no deberían de haber podido… cuando deberían de haber muerto incluso… pero era una excepción rara. Extrañamente, la mayoría de esas personas solían estar ebrias. Quizás era que no podían prepararse adecuadamente en ese estado y sólo dejaban que sus extremidades absorbieran el impacto. También sabía que los magos y las brujas eran más resistentes que los muggles, pero aun así, Neville era en verdad afortunado de poder caminar después de semejante caída.

Y después ese cretino de Malfoy y sus gorilas se burlaron de él y del regalo de su abuela. En verdad, ¿qué tipo de personas pensaban que caer el equivalente a tres pisos y romperse una muñeca era gracioso?

Pero eso fue sólo el comienzo. Harry decidió que tampoco le agradaba el comportamiento de Malfoy, lo cual rápidamente se intensificó a una pelea en el aire entre los dos muchachos ni siquiera cinco minutos después de que Madame Hooch específicamente les dijo a todos que se quedaran en el suelo, lo cual terminó con Harry casi estrellándose y posiblemente muriendo con tal de atrapar la recordadora de Neville, seguido por la profesora McGonagall saliendo furiosa y llevando a Harry consigo de vuelta al castillo.

Hermione estaba de pie paralizada por el miedo cuando todo hubo terminado, sus manos temblando y sin poder hablar. Criada o no por muggles, ese había sido El Niño Que Vivió quien casi había muerto y ahora seguramente iba a ser expulsado de Hogwarts… y que lo merecía, de hecho. ¿Qué tipo de lugar era el mundo mágico después de todo? Malfoy, Crabbe y Goyle parecían triunfantes, sonriendo y presumiendo su victoria a todos los Gryffindor. Unos cuantos Slytherin parecían inseguros de la situación, pero la mayoría siguió la corriente del trío.

Aunque los Gryffindor tuvieron la última palabra cuando la señora Hooch regresó, mirando a Malfoy con enojo. Le prohibió participar durante el resto de la lección, le asignó detención, y tomó diez puntos de Slytherin. Hermione estaba un poco decepcionada de que no estuvo fuera de Hogwarts antes de que pudiera decir "quidditch" como había amenazado, pero aun así valió la pena ver al cretino de Malfoy encogerse bajo esos ojos de halcón.

–Ahora que eso fue solucionado, aún tenemos tiempo para la lección –le dijo al resto de la clase–. Cuando haga sonar mi silbato, den una patada al suelo con fuerza. Floten a unos cuantos pies, y después inclínense para poder descender. ¿Listos? Tres… dos… uno…

Madame Hooch hizo sonar el silbato y Hermione dio una patada al suelo y se elevó un poco. Estaba tambaleándose, como la primera vez que había andado en bicicleta, pero estaba flotando con éxito. Algunos otros rieron o exclamaron con emoción al estar en el aire, pero ella no demostró tanto entusiasmo. Cuando se inclinó con un poco de nervios, la escoba descendió son suavidad hasta el suelo.

La señora Hooch les explicó los puntos básicos de como maniobrar: acelerar, desacelerar, izquierda, derecha, arriba y abajo, todo a velocidad reducida. Hermione hizo un buen trabajo a pesar de la escoba de baja calidad, pero sabía que nunca podría imitar la habilidad nata que Harry había demostrado. De hecho, la mayoría de la clase podía volar en círculos a su alrededor. Sería feliz si lograba compartir su entusiasmo por volar con las aves al final del semestre.


Hermione no estaba segura de si debía sentirse aliviada o enojada cuando vio que Harry aún estaba ahí a la hora de la cena, pero cuando escuchó los rumores de que había sido seleccionado como buscador para el equipo de quidditch, se decidió por el enojo. ¿Cómo podía ese niño romper las reglas tan descaradamente y ser recompensado? Una parte de ella quería culpar su fama, pero había visto lo suficiente para saber que a Harry Potter no le importaba, y aparentemente, era así de bueno volando.

Y por supuesto, Malfoy tuvo que venir a tratar de provocarlo nuevamente. Hermione honestamente no sabía con quién estar más molesta mientras observaba al par de reojo y escuchaba a Malfoy desafiando a Harry a un duelo nocturno, el cual Ron aceptó por él. Por supuesto que un Weasley haría las cosas peor. Harry apenas y había escapado de ser expulsado una vez ese día. ¿Ahora también iba a incumplir el toque de queda?

Intentó convencer a Harry de no hacerlo una vez que se fue Malfoy. Desafortunadamente, su argumento de que perdería puntos de Gryffindor probablemente no fue el más persuasivo, pero no pudo pensar en algo más para detener al par en ese momento. Un duelo sería peligroso, por supuesto, y sospechaba que Malfoy sabía más maldiciones que Ron y Harry juntos… podía realizar más maldiciones que Hermione, si los rumores eran ciertos, pero después de ver a Harry arriesgar su vida en esa escoba, no creía poder convencerlo. Y parecía que no podía resistir poner en ridículo a Malfoy.

Bueno, había otra manera de arreglar eso. Tomó su tarea esa noche y permaneció hasta tarde en la sala común decidida a trabajar hasta medianoche para poder detenerlos antes de que causaran más problemas. Consideró decirle a Percy, quien parecía ser el único hermano responsable en la familia Weasley, pero la ruta del soplón no le haría ningún favor y pensó que terminaría en una situación frágil con Fred y George si cruzaba lo que sea que ellos consideraban como el límite.


Esa no había sido su mejor idea.

Intentar detener a Harry y Ron sólo le había conseguido quedar atrapada fuera de la torre con ellos. La Dama Gorda debió de haber ido a visitar a alguien, lo cual ella admitía era su derecho ya que se suponía que nadie debía de estar en los corredores a esa hora, pero en el momento, estaba más preocupada por algo más urgente.

Como el hecho de que estaba atrapada fuera de la torre de Gryffindor.

¡Después del toque de queda!

¡Con un par de idiotas y egoístas!

(Y Neville, quien había olvidado la contraseña).

¡Y Filch los estaba persiguiendo!

Sin ninguna otra posibilidad había seguido a los muchachos a la sala de trofeos. Después de todo, ellos eran lo más cercano que tenía a una coartada: la única razón por la que ella estaba fuera de la sala común era porque estaba tratando de detenerlos. Habían llegado al lugar sin incidentes, pero Malfoy y Crabbe aún no lo habían hecho… y no se aparecieron cuando Hermione estaba segura había pasado la medianoche. Por supuesto, se dio cuenta, era una trampa bastante obvia para meter a Harry en problemas, lo cual debió de haber adivinado desde el principio, y fue entonces cuando Filch se apareció.

Desde ese punto, una cosa llevó a la otra, corriendo de un corredor a otro y después por un pasadizo secreto que los llevó a un puente al aire libre que no había tenido que utilizar antes, y después a los corredores del ala oeste donde se encontraba Peeves, el poltergeist, y después a otro corredor… y justo a una puerta cerrada con llave.

Ron estaba seguro que era el final. Por todos los cielos, ¿dónde estaba esa actitud antes? Pero Hermione no estaba entrando en pánico aún. Estaba segura, basada en los susurros de los estudiantes mayores, que la mayoría de las puertas cerradas se abrían con un encantamiento de apertura como el que el resto de la clase aprendería durante la primavera. Pero en ese momento estaba dispuesta a romper otra regla o dos para mantenerse fuera del alcance de Filch. Por Dios, ¿qué le estaba pasando? Pero no, ¡había olvidado su varita en la torre! ¿Cómo entrarían ahora?

Un momento… Harry estaba ahí para un duelo. Usando la varita de alguien más era difícil, pero si ponía el suficiente poder en el encantamiento…

Oh, muévete –ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró–: ¡Alohomora!

El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.

Pero Hermione no escuchó nada de lo que estaban diciendo. No escuchó nada en ese momento ya que notó movimiento cercano y cuando se dio la vuelta se paralizó completamente.

No había notado a donde iban cuando estaban corriendo. Oh, ¿por qué no había pasado más tiempo trabajando en su mapa? Pero ahora, supo inmediatamente donde se encontraban y porque nadie había estado utilizando el puente de piedra en el tercer piso.

Estaban en la sección prohibida del tercer piso. La que contenía "una muerte dolorosa," y ahora Hermione entendía porque Dumbledore no había exagerado.

Había un perro en frente de ella.

Medía diez pies de alto.

Tenía tres cabezas.

¡Tenía tres cabezas!

La imagen de esas tres cabezas invadiría sus sueños por siempre si sobrevivía eso: seis ojos enloquecidos, seis narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.

El perro los notó y comenzó a gruñirles. Iban a morir, pensó Hermione. Estaban ante las puertas del inframundo, el cual se encontraba al cruzar esa trampilla bajo los pies del cerbero, el sabueso infernal de Hades, e iban a morir.

Y después… gracias a Zeus, Jehovah, Merlín o quien sea, en ese momento no le importó, se cayó hacia atrás.

Harry había abierto la puerta.

Corrieron nuevamente, ni siquiera viendo si Filch iba tras ellos. Corrieron y no se detuvieron. Incluso cuando corrieron de a cuatro escalones hasta que llegaron al retrato de la dama gorda y entraron a la sala común de Gryffindor donde se recostaron en los sillones o en el piso hasta que pudieron hablar nuevamente.

¿Qué pretenden teniendo una cosa así encerrada en el colegio? –Dijo finalmente Ron–. Si algún perro necesita ejercicio, es ese.

¿En verdad era tan ignorante? Se preguntó Hermione. Había caído en una histeria llena de mitología y aun así lo había notado inmediatamente.

¿Es que no tienen ojos en la cara? –dijo enfadada–. ¿No vieron lo que había debajo de él?

¿El suelo? –Sugirió Harry–. No miré sus patas, estaba demasiado ocupado observando sus cabezas.

No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

Se puso de pie, mirándolos intrigada.

Espero que estén satisfechos. Nos podía haber matado. O peor, expulsado. Ahora, si no les importa, me voy a la cama

Caminó con fatiga los siete pisos a su dormitorio sin querer esperar a ver si alguno de los niños tenían brillantes ideas sobre lo que estaba guardando el perro, o peor, queriendo averiguarlo. Aunque estaba de acuerdo con Ron acerca de la locura que era el mantener esa monstruosidad en un colegio, eso fue lo único inteligente que alguno de los tres dijo esa noche.

Estaba en su cama cuando se dio cuenta:

–¿O peor, expulsado? –susurró para sí misma–. Por Dios, ¿qué me está pasando?