Batir la poción siete veces hacia la derecha por cada JK Rowling que se agregue a la solución. No olviden agregar sus derechos de autora de Harry Potter.
Notas del autor: Me gustaría recordar a un lector que casi todas las predicciones de la profesora Trelawney fueron cumplidas, pero casi nunca de la manera esperada. Acepten de eso lo que les convenga. Sí, el planeta regente de Hermione es mercurio, el cual es asociado con la inteligencia y la velocidad mental, importe o no en la práctica.
Notas de la traductora: Hermione tiene una mente compleja y muy detallista que es difícil de traducir, pero espero que pueda ser apreciada en español de la misma manera que lo es inglés.
Capítulo 6
Hermione bajó a desayunar con cansancio la mañana siguiente, y si era honesta, se encontraba de mal humor. ¿Cómo había podido dormir después de encontrarse con ese perro? Lo único bueno de la situación fue la expresión de Draco Malfoy cuando vio que Harry y Ron seguían ahí, y aun eso fue arruinado por el hecho de que esos dos parecían pensar que había sido una gran aventura.
Harry intentó decirle a Hermione sobre el pequeño paquete que Hagrid había movido de Gringotts a Hogwarts y que pensaba que eso era lo que el perro estaba protegiendo, pero ella no quiso escucharlo. De hecho, recogió su plato y se movió unos cuantos lugares. Iba a mantenerse lejos de esos dos locos de ahora en adelante ya que seguramente iban a causarle más problemas tarde o temprano.
Por lo menos Dean Thomas era un poco normal. Incluso le gustaban los deportes normales, como el fútbol. Esa mañana tenían pociones nuevamente y Hermione esperaba poder mantener la mente enfocada considerando la noche anterior.
La "lección" de pociones consistió en producir la más sencilla de los diferentes tipos de pociones para despertar, algo que le serviría a ella en ese momento. Estaba un poco distraída, y lo sabía, lo cual no sería bueno. Quería prestar atención a Neville y Seamus en caso de que hicieran explotar algo otra vez, y también observar a Harry y a Ron en caso de que ellos intentaran algo, todo mientras intentaba hacer un buen trabajo en su poción.
–¿Poción para despertar? –Dijo Dean mientras Hermione prendía la llama–. Pensaba que ya teníamos eso. Se llama café. –Por suerte, Snape no lo escuchó, o eligió ignorarlo.
–Hervir una papa verde y pequeña por quince minutos –leyó Lavender. (Porque la papa verde tenía ojos germinados, por supuesto)–. ¿Por qué estamos cocinando el almuerzo aquí?
–Porque las papas verdes son venenosas y el calor neutraliza el veneno –explicó Hermione feliz de ver que había algunas cosas que los muggles sabían más que los magos con respecto a pociones.
La clase de pociones no eran tan difícil en términos prácticos, decidió Hermione, pero aprendió rápidamente que era la más compleja conceptualmente, y que los ensayos que Snape asignaba lo demostraban. Tenía una buena idea de porque era incluido cada ingrediente, y algunas ideas sobre las razones detrás del orden en la preparación, pero los modos para batir aún la confundían.
Había razones obvias para ciertos modos de batir. En términos prácticos, batir la poción de más resultaría en que el líquido se calentara más. Alternar entre batir hacia la izquierda o derecha crearía turbulencia y mezclaría los ingredientes más rápido, mientras que batir en la misma dirección los mezclaría más lento. El número de vueltas era aún más complejo, aunque había elementos numerológicos obvios: varias instrucciones pedían el batir siete veces, o por siete minutos, o algún múltiplo de siete. Incluso podía entender el principio general de batir a la derecha o a la izquierda. En la antigüedad, batir hacia la izquierda era considerado de "mala suerte", por lo que tenía sentido el batir a la derecha para efectos "positivos" y a la izquierda para efectos "negativos."
Pero eso no explicaba el cambiar entre las dos, como alternar tres veces a la derecha y una a la izquierda. O el directo "de ida y vuelta" que necesitaban en cierto paso. O algunas de las pociones más avanzadas en el libro que requerían batir en complicadas figuras, como ochos o estrellas. Hermione no tenía idea de que fundaciones aritmánticas tenían, si es que las tenían, aunque se preguntaba si figuras complejas como la curva de Lissajous o una hipotrocoide tendrían algún efecto interesante.
Aun así, sólo seguir las instrucciones no debiera de ser tan difícil. Acababan de agregar los pétalos de girasol machacados (lo cuales, por supuesto, hicieron que la poción brillara como el sol por un momento) y comenzado a trabajar en las hojas de bambú enano cuando notaron que su poción lucía extraña.
–Espera, ¿debiera de ocurrir esto? –Dijo Hermione después de agregar las hojas. La poción continuaba brillando como la luz del sol, aunque era un brillo más tenue.
Dean revisó su libro.
–No dice nada de que deba de brillar en este paso.
–Me pregunto entonces…
Fue interrumpida por una cegadora luz que fue seguida por el sonido de personas tratando de levantarse y varias maldiciones. Miró a su alrededor, pero lo único que pudo ver fueron puntos borrosos a la altura de sus ojos. Cuando pudo ver nuevamente, miró a su alrededor para encontrar a Neville y a Seamus, quienes parecían avergonzados, en frente de un caldero cuyo contenido parecía haber estado en llamas.
–¡Imbéciles! –Les gritó Snape mientras agitaba su varita y apagaba el fuego–. Las instrucciones claramente marcaban el agregar dos pétalos de girasol, no tres. Pudieron haber cegado a alguien con un error así. Dos puntos menos para Gryffindor.
–¡Los pétalos de girasol! –Le susurró Hermione a Dean–. Pero sólo agregamos dos, ¿no?
–Sí, sólo dos. ¿Qué crees que ocurrió?
–No estoy segura. Un momento… –Hermione sacó su copia de Mil hierbas y hongos para buscar los ingredientes. Tarareó para sí misma mientras encontraba la página correcta–. Listo. El bambú enano puede crecer en luz tenue y es extremadamente sensible a la luz del sol. Por supuesto, ¿viste lo brillante que fue esa luz? La poción debe de ser mucho más sensible a los pétalos de girasol después de agregar las hojas de bambú enano. Y eso quiere decir… –Tomó una espátula de sus instrumentos y talló la tabla para cortar. Cuando levantó la espátula había residuo amarillo en la punta.
–Oh –dijo Dean comprendiendo–. Las hojas fueron contaminadas por el residuo de los pétalos.
–Exacto. Ya vimos que no toma mucho. Debimos de haber limpiado la tabla –dijo con molestia–. Ahora, sólo obtendremos una S a lo mucho.
–¿Hay manera de arreglar la poción? –Preguntó Dean.
Hermione pensó por un momento. Estaba segura que debía de haber manera (pudiera ser agregar más bambú enano o batir la poción de más en algún momento), pero aún el más simple cambio en pociones era material de tercer año, o más avanzado. No iba a arriesgarse tratando de adivinar.
–Nada que podamos hacer por ahora. Tendremos que terminar como está y tener cuidado de limpiar todo la próxima vez. –Y escribió en sus notas el hacer justo eso. Agregaron las moras azules para sellar la poción y entregaron su muestra junto al resto de la clase.
El fin de semana transcurrió rápidamente para Hermione. Comenzó a expandir su mapa, siendo su primer prioridad el contar los pasos de la zona que no estaba prohibida en el tercer piso para estar segura de no volverse a encontrar con ese terrible perro. También se tomó el tiempo de contar los pasos de algunas aulas y se frustró, aunque no se sorprendió, cuando descubrió que la distancia combinada de estas era más larga que la distancia del corredor afuera.
Entre eso, su tarea, intentar evitar a Harry Potter y a todos los Weasley, y dejar salir su frustración en una carta a sus padres (definitivamente sin mencionar al perro, lo cual no quería ocultar pero no podía mencionarlo casualmente), estuvo bastante ocupada ese fin de semana y antes de darse cuenta ya estaba de vuelta en clases, aunque no le afectaba realmente. Después de todo, era Hermione Granger.
El siguiente jueves era su cumpleaños, pero no esperaba que alguien lo mencionara, principalmente porque no se lo había mencionado a nadie. Le era incómodo la idea de mencionarlo en una conversación si no le habían preguntado directamente. Su humor tampoco mejoró cuando vio a seis lechuzas entregando un paquete a Harry Potter que lucía sospechosamente como una escoba. Pero, por supuesto, estaba feliz cuando una lechuza se dirigió a ella con un paquete de parte de sus padres.
–Oh, ¿es tu cumpleaños? –Dijo Parvati cuando vio el paquete envuelto en colores brillantes. Hermione había intentado mantenerse cerca de Parvati y Lavender para evitar a los muchachos, aún cuando raramente tenían algo de qué hablar.
–Sí.
–Hermione, ¿por qué no nos lo dijiste? ¡Feliz cumpleaños!
Ella sólo sacudió los hombros–. Gracias… Nunca salió el tema. –Abrió su paquete y descubrió que había dos regalos. El primero fue una caja grande de galletas, el segundo un objeto de plástico redondo marcado con todas las constelaciones–. Oh, este es un muy buen planisferio celeste –dijo.
–¿Un qué? –preguntó Lavender.
–Un planisferio celeste. Astrónomos muggle lo utilizan. Es como la combinación de un astrolabio y de una carta estelar… para la clase de astronomía –respondió Hermione–. Puedes seleccionar la fecha y la hora de esta manera… y te muestra las posiciones de las estrellas.
–Es muy impresionante. No sabía que tenían algo así.
Hermione asintió y abrió la carta que había llegado con el regalo.
Feliz Cumpleaños Hermione:
No sabemos si te llegará esto el lunes o el jueves. Pedimos que llegara el jueves, pero no estamos seguros si Hogwarts puede poner en espera los paquetes de tal manera. De cualquier modo, esperamos que tengas un buen cumpleaños. Pensamos que a tus compañeros les gustaría probar postres muggle por lo que enviamos galletas suficientes para que las compartas; y como te quejaste de tener que utilizar el astrolabio, tu padre y yo encontramos un buen planisferio celeste para que te ayude en tus estudios.
Lamentamos escuchar que algunos de tus compañeros te están dando problemas. Estamos un poco sorprendido de que mencionaras a Harry Potter. Antes habías escrito que no parecía dejar que la fama se le subiera a la cabeza. De cualquier manera, lo mejor será que los evites si puedes. Estamos felices de saber que no te metiste en problemas, pero necesitas tener más cuidado para que no te vuelvas a quedar encerrada fuera de tu dormitorio.
Esperamos que los jóvenes en tu grupo de estudio o tus compañeras resulten ser mejores amistades. Aunque no nos has dicho mucho sobre ellos. ¿Puedes describirlos? ¿En qué tipo de familia crecieron? Probablemente a esta altura ya sabes mucho más de las familias mágicas que nosotros.
La mayoría de las cosas siguen igual en casa. Te extrañamos, por supuesto. Todos nos preguntan qué estás haciendo, y tenemos que ser un poco creativos con nuestras respuestas. Pero estamos muy orgullosos de que te esté yendo tan bien como en las clases muggle. Continúa así.
Con amor,
Mamá y papá
Dejó de lado la carta un poco avergonzada de que no conocía mejor a las personas a su alrededor. Entre la tarea e intentar evitar a ciertas personas, no había puesto mucho esfuerzo en acercarse a otras. Además, las conversaciones sencillas no eran lo suyo, y el haber sido criada en una cultura diferente no hacía las cosas más fáciles. Aunque ese día, el compartir las galletas muggle sí ayudó un poco.
El sábado siguiente regresó a contar los pasos del ala oeste, pasando la mañana contando pasos desde el punto en el que se había quedado: tercer piso, segundo piso, primer piso. Contó los pasos en el Gran Comedor y en la entrada antes de encontrar la puerta que la llevaría a las mazmorras. Y ahí fue cuando comenzaron los problemas.
La parte superior del castillo era lo suficientemente comprensible, aún si un poco peculiar, pero la sección subterránea era un laberinto. Corredores oscuros, antiguos, y ocultos atravesaban la piedra fría aparentemente al azar, alineados con cuartos de almacén y habitaciones y aulas vacías, y celdas que no habían sido utilizadas en siglos. El lugar estaba constantemente iluminado, como si fuera medianoche, y había un aire pesado que la hacía temblar y preguntarse si éste no estaba ahí a propósito para asustar a los que no eran miembros de Slytherin.
No estaba preocupada por el laberinto. Estaba creando un mapa después de todo. Y si se perdía siempre podría forzar su salida dando sólo vuelta a la derecha hasta que regresara al lugar donde había entrado. No, los pasillos no eran el problema. Eran las personas. Sabía que las mazmorras eran principalmente el territorio de Slytherin. Estaba esperando no tener que encontrar a más personas en su exploración para no tener que explicar lo que hacía (otra vez), pero ese no iba a ser el caso. Mientras ingresaba a la sección más profunda de la escuela escuchó una voz llamándola detrás de ella… posiblemente la voz que menos hubiera querido oír.
–¡Granger! ¿Qué estás haciendo aquí? –Era Draco Malfoy. Continuó contando sus pasos–. ¡Sé que eres tú! Reconocería ese ridículo cabello en cualquier lado. Mírame cuando te estoy hablando, Granger.
Hermione se dio la vuelta lentamente, abrazando su cuaderno con fuerza contra su pecho, e intentando alcanzar su varita sin ser muy obvia. No había olvidado los rumores de que Malfoy sabía unas cuantas maldiciones. No era alguien a quien le hubiera gustado encontrarse en un pasillo oscuro… como se encontraba en ese momento.
–Así que eso es lo que has estado haciendo –dijo con triunfo–. ¿Husmeando y tratando de encontrar nuestra sala común?
Hermione intentó que su voz saliera con calma.
–No, Malfoy, sólo estaba…
–Oh, sé lo que dices que estás haciendo –dijo con desdén–. Todos se están riendo de eso. La pequeña dientuda hija de muggles piensa que va a hacer un mapa del castillo. Como si alguien pudiera hacerlo.
–Yo p...puedo –se defendió ella–. No es a escala, p...pero... ¿Todos se están riendo?
Malfoy se acercó a ella lentamente. Ella intentó dar un paso atrás.
–Debes de aprender tu lugar, Granger. Cosas malas les ocurren a los que no.
–P...por favor –tartamudeó–. Esta es un área pública. Sólo estoy intentando a...aprender el camino.
Se colocó directamente en frente de ella, lo más cerca que pudo.
–Bien, en ese caso, déjame ver lo que has estado haciendo, si es que no estás causando problemas. –Tomó un lado de su cuaderno e intentó quitárselo de las manos.
–¡No! –Lo jaló de vuelta, sólo dejándolo dar un vistazo al mapa que estaba haciendo de las mazmorras. Él intentó tomarlo nuevamente.
–¡Dá...me…lo! –Exclamó Malfoy. Se lo quitó con fuerza de las manos y lo analizó–. ¡Ajá! –Celebró–. Creo que me encargaré de esto por ti. –Arrancó la página con el esquema de las mazmorras y lo comenzó a arrugar con una mano.
–¡No! –Gritó nuevamente saltando sobre él para intentar recuperarlo. Los brazos de ambos se movieron por todos lados mientras Malfoy intentaba empujarla y Hermione lo bloqueaba. Por accidente, logró darle un buen golpe en el rostro, lo que lo distrajo lo suficiente para que pudiera recuperar tanto el cuaderno como la hoja suelta y correr lejos de ahí.
Desafortunadamente, Malfoy no estuvo de acuerdo.
–¡Pagarás por eso, sangre sucia! –Gritó–. ¡Locomotor Tambaleante!
En un instante Hermione sintió sus piernas desplomarse debajo de ella y cayó con fuerza sobre el suelo.
Malfoy caminó hacia ella sonriendo para sí mismo, sin duda con la varita lista. Hermione Granger gustaba de pelear. Había lidiado con bravucones en su tiempo, pero usualmente los había ignorado. No estaba acostumbrada a ellos lanzándole encantamientos. No estaba acostumbrada a romper las reglas, ni mucho menos el involucrarse en una pelea, pero el sonido del niño enfrente de ella, riendo con malicia, despertó algo nuevo en ella… ira interna combinada con la desesperante necesidad de escapar. Si ese niño iba a romper las reglas y atacarla en el corredor con magia, quizás era hora de que lo atacara de vuelta. No conocía hechizos poderosos que pudiera utilizar en ese momento, pero por lo menos podía lanzar chispas. Sostuvo su varita con fuerza. Sólo tendría una oportunidad, pero si le pudiera dar en la cara…
–¡Ey! ¿Qué está pasando aquí?
Hermione levantó la mirada para ver a un joven caminando hacia ellos desde la esquina más cercana, y le agradeció a Dios cuando notó que usaba una túnica con bordes amarillos y una insignia de prefecto. Sus ideas sobre hechizar a Malfoy fueron completamente olvidadas.
Malfoy se detuvo.
–¿Qué estás haciendo aquí, Truman? –Dijo con tono de molestia.
–Los Hufflepuff también utilizamos este nivel –dijo el prefecto–. Ahora, ¿qué está ocurriendo aquí, Malfoy?
El estudiante más joven gruñó un poco antes de responder.
–La señorita Granger se tropezó. Yo sólo la estaba ayudando.
Hermione se levantó con torpeza y se giró para mirarlo directamente.
–¡No es cierto! Tú… –Pero se detuvo cuando notó la ira en sus ojos y recordó el consejo de su madre: Ignóralos y te dejarán en paz. Bajó la mirada y se dirigió al prefecto–. Gracias.
–Le ayudaré a encontrar su camino de vuelta, señorita Granger –dijo Truman–. Tenga cuidado de no meterse en problemas, Sr. Malfoy.
El prefecto la encaminó fuera de las mazmorras por el camino cercano a los dormitorios de Hufflepuff, eventualmente saliendo a la superficie cerca de la escalera principal. Aún en su estado abatido Hermione continuó contando sus pasos para que pudiera recrear su camino en el mapa. Consideraría si debiera de arriesgar aventurarse a las mazmorras nuevamente en otro momento. Le gustaría que las cosas no fueran tan divisivas en ese lugar, especialmente por sangre, pero supuso que había prejuicios y rivalidades en todas las escuelas.
Lo único que la confundió en todo eso fue lo que Malfoy la había llamado: "sangre sucia." Había escuchado a otras personas hablar de sangre pura y de mestizos, así que no era tan difícil de imaginar el significado, pero nunca había escuchado el término antes. Y de alguna manera, no parecía ser el tipo de cosa que uno simplemente mencionara y menos a un prefecto. Lo puso en su lista de cosas por investigar después en la biblioteca. Ya era suficiente que Malfoy la hubiera molestado de tal manera, pero quería saber que tan ofendida tenía que sentirse.
Para terminar la mañana y sacarse de la mente lo ocurrido en las mazmorras, decidió comenzar con las otras torres del ala oeste. No podía acceder a la torre de Ravenclaw, y la gran escalera le llevaría una mañana completa, así que decidió subir a lo alto de la torre norte preguntándose que había ahí considerando que no había dormitorios ya que la mayoría de los apartamentos de los profesores se encontraban en la sección principal del ala oeste, o a lo largo de la gran escalera.
Estaba agradecida de que ya había completado el resto del ala oeste. Aún en algo tan sencillo como un rectángulo, todas las puertas escondidas y las escaleras ambulantes le dificultaron el camino hacia la torre norte, y la torre como tal tenía un estilo reverso, como Cirith Ungol, sin rima ni razón. Y el retrato de un caballero que no podía batir su espada de manera correcta la comenzó a desafiar hasta que le explicó que ese encontraba en una cruzada para explorar todo el castillo.
Finalmente llegó a un nivel que, basado en el número de escalones, se encontraba dos pisos debajo de la cima de la torre y marcaba el final de la escalera. Al principio pensó que no había nada arriba, pero se le ocurrió mirar al techo. Sobre ella se encontraba una trampilla redonda con una placa de metal similar a la que el resto de los profesores tenían en las puertas de sus oficinas. Sybill Trelawney, profesora de adivinación, leyó.
–¿Es una oficina? –Hermione se sorprendió–. Me pregunto cómo puede entrar alguien.
La trampilla se abrió y una escalera plateada descendió hasta el suelo.
–Hay que pedirlo. Por supuesto que eso hay que hacer. –Sacudió la cabeza, se colocó el cuaderno en su axila, y subió la escalera.
Llegó a la cima y no encontró una oficina, sino lo que debiera de ser un salón de clases, aunque parecía más como un salón de té abandonado. Hacía un calor sofocante, con el aire lleno del aroma de perfumes e incienso, y el cuarto entero estaba iluminado por luz tenue y rojiza. Había veintitrés mesas pequeñas acomodadas en el reducido espacio con el doble de sillones individuales y otomanes a juego, no dejando lugar para que ella se diera vuelta con facilidad.
–Oh… Hola, ¿qué estás haciendo aquí? –Dijo una voz suave y etérea con de acento notorio. Una mujer alta descendió de otra escalera sobre ella. Hermione pensó que la mujer era similar al estereotipo de adivinas de Europa oriental, o una mantis disfrazada como una. Tenía cabello rubio cenizo alborotado que resaltaba aún más que el de Hermione. La mujer tenía puesto un chal de lentejuelas y una cantidad excesiva de joyería, junto con unos lentes tan gruesos que pudieran ser utilizados para prender una llama. Hermione también pudo oler fácilmente un claro olor de jerez aún a pesar de todo el perfume.
–Este, estaba explorando el castillo –dijo con nerviosismo–. Usted… ¿Es usted la profesora Trelawney?
–Así es, querida, lo soy. ¿Y quién eres tú?
–Yo soy Hermione Granger... –no pudo resistirse. Había escuchado hablar de esa profesora por parte de Alicia–. Si usted enseña adivinación, ¿cómo es que no me vio venir?
–Veo muchas cosas –dijo Trelawney con un extraño movimiento de sus manos–, pero no todas pueden ser interpretadas. Pero entra. Veamos… mente precoz e inquisitiva, errando del camino usual… ¿naciste acaso bajo mercurio?
–Um, no lo sé, profesora. Mi cumpleaños fue el jueves.
–Sí, Virgo, una hija de mercurio, claramente. –La manera desenfocada en la que Trelawney la observaba a través de sus lentes hizo que Hermione se sintiera muy incómoda.
–¿Usted… usted vive aquí, profesora?
–Pero por supuesto, mi apartamento está justo arriba. Como a ti, el bajar a la muchedumbre de la escuela nubla mi ojo interno.
–Yo… no estoy segura de tener el "ojo interno" –dijo Hermione.
–Pero permaneces sola, y estás separada de los demás –continuó Trelawney.
–No realmente… –dijo Hermione consciente de sí misma.
Pero la profesora de adivinación continuó.
–Veo grandes cambios en tu camino, querida. Encontrarás el premio que has estado buscando en Noviembre…
–¿Qué? No estoy buscando ningún premio…
–Pero durante la primavera, un número de tu ecuación será sacrificado…
–¿Qué número? Yo no tengo una "ecuación". Creo… creo que está equivocada, profesora –dijo nerviosa, dando un paso atrás hacia la escalera.
–Oh, esos que tienen el don lo sabrán –dijo Trelawney.
–Sí, este… creo que mejor continuaré con mis proyecciones aritmánticas, profesora.
–Los números no pueden expresar la experiencia completa del ojo interno, niña.
–Pues… quizás no, pero… por lo menos sabemos de lo que estamos hablando. Adiós, profesora, tengo que irme. –Hermione llegó a la trampilla y bajó la escalera plateada, su corazón palpitando con fuerza. ¿En verdad le había hablado a una maestra de tal manera? Sí, así fue. La profesora Trelawney no parecía el tipo de profesora con la que se llevaría bien, y no necesitaba del don para verlo. Apenas y notó que no había tenido la oportunidad de contar los pasos en el salón de clases. De todas maneras, había muchos muebles como para poder hacerlo.
Aun así, se sintió un poco preocupada mientras regresaba a las zonas más frecuentadas del castillo. La mujer parecía no ser mejor que una adivinadora muggle, pero sus palabras, "te alejas de los demás" le molestaron un poco. No sólo las matemáticas la hacían diferente. Las diferencias culturales la ponían en la minoría, y era naturalmente más solitaria de lo que le gustaría admitir. Era muy difícil relacionarse con la mayoría de las personas en el castillo.
Decidió terminar por el día y caminó de regreso a la sala común. Comenzó a preguntarse lo que iba a escribirles a sus padres al día siguiente. Por mucho que le doliera, sintió que los eventos del día eran nuevamente cosas que probablemente no debiera mencionar en sus cartas. Ser hechizada por la espalda por un niño prejuicioso, rico y privilegiado no le sentaría muy bien a sus padres, y la profesora Trelawney era muy rara como para mencionarla.
El consejo de sus compañeras de "aléjate de los Slytherin" no le ayudó. Ciertamente no solucionaba el problema intrínseco. Pero tuvo que admitir que no tenía nada mejor con lo que pudiera trabajar por el momento.
