.


Capítulo IX –

思い出

(Memorias)

−Parte III−


− ¿Los… Súbditos? –pregunto con sorpresa el azabache.

− Tal como lo oyes Yuuri, un sector del reino asalto el castillo esa noche.

− Pero… Dijiste que el rey Nikiforov…

− Él tuvo que ver en eso, te comente que lo hicieron parecer un golpe de estado ¿no?

Yuuri asintió con un movimiento de su cabeza.

− Porque en realidad… Eso sucedió, hasta cierto punto.

− No comprendo.

− Lo que Adalberto trata de decir es que, el rey Nikiforov se las ingenió para que nuestros propios súbditos se voltearan en nuestra contra… Al menos un sector del mismo – prosiguió Mary con el fin de que su hermano comprendiera el relato.

− Pero, ¿Cómo hizo eso si nunca piso Nueva Hasetsu? – el rostro de Yuuri denotaba confusión con cada nueva información que le era ofrecida.

− Tuvo ayuda – contesto el mayor.

− ¿De quién?


Ambos continuaron corriendo por los pasillos, escuchando las miles de explosiones y gritos fuera del mismo, esperando que de alguna forma pudiesen detener aquel agravio a palacio.

¿Por qué las personas del reino harían esto? – pregunto Adalberto sin detenerse.

Lo único que se me viene a la mente es que no aceptan las negociaciones, no todos en el reino estaban de acuerdo con la decisión de nuestro rey.

Frunció el ceño al escuchar las palabras de su compañero, comenzando a sentir la rabia correr por sus venas, aun cuando Toshiya los había protegido y procurado durante años como el justo rey que era, ¿Por qué ahora se volvían en su contra?

¿Cómo se supone que consiguieron las armas para llevar a cabo este golpe? Algo así debió ser detectado al entrar a nuestro reino – buscando la manera de desviar su molestia.

Eso – deteniéndose solo unos instantes frente Adalberto − estamos por averiguarlo.

Y prosiguió su camino hacia las afueras de palacio.

Nada más llegar a la entrada de palacio, contemplaron el campo de batalla, soldados heridos arrastrándose por el suelo, cadáveres de plebeyos muertos durante el enfrentamiento, disparos por todos lados y risas histéricas de aquellos que creían que todo aquello eran pos de su libertad como ciudadanos del reino.

Ambos no sabían que hacer o decir exactamente, donde quiera que sus ojos se posaran veían sangre y muerte, olor a azufre y ceniza flotando en el aire. Todo aquello solo era en la entrada principal del castillo, imaginando un escenario aún más oscuro en otras áreas del mismo.

Esto es una masacre – dijo entre dientes.

Es mucho peor que eso – añadió Ralph.

¡Los famosos Kingsglaive!

Ambos voltearon a ver al que parecía dirigirlos, sosteniendo con ambas manos una ametralladora, conocida como pena de muerte, una de las armas de fuegos más eficaces a larga distancia, contuvieron el aliento por unos segundos al ver como su usuario la levantaba y los apuntaba.

Sera glorioso decir que murieron gracias a mí, ¿o no chicos?

Un coro tras el – hombres con pistolas y espadas− los elogiaron.

¿Contemplaste esto dentro de tus planes? – pregunto con nerviosismo.

¿Morir cubiertos de plomo? – Mirándole de reojo – por supuesto que no Adalberto.

Los sidéreos los esperan – Dijo de forma malévola.

El sonido del arma al cargar los alerto y antes de que esta comenzara a disparar ambos se dirigieron a cada columna lado suyo, refugiándose brevemente de la lluvia de balas.

Dirigió sus ojos hacia los de Ralph, un movimiento de su cabeza le indico que debía esperar, cuando las balas se detuvieron, ambos salieron de su escondite y usaron el lux, golpeando la cara del hombre con sus puño, haciéndole caer al suelo.

Todos los presentes retrocedieron unos segundos al verlos frente a ellos y su líder en el suelo, con las manos sobre su cara.

Lo diré solo una vez, dimiten – dijo Adalberto haciendo aparecer su espada y apuntándoles con ella – o peleen… Pero me temo que su final no será agradable.

Voltearon a verse, fruncieron el ceño, empuñaron sus espadas y armas, lanzándose sobre ambos guerreros.

La batalla continúo poco más de quince minutos, con cada segundo que pasaba un soldado o plebeyo caía. Sus uniformes se encontraban manchados de sangre, aunque el color ocultaba la misma, respiraba agitadamente por el esfuerzo. Ver tantos cuerpos sobre el suelo del palacio hizo que sus estómagos se revolvieran.

Varios había salido huyendo fuera del lugar, otro entraron a palacio para seguir la lucha en otras ubicaciones. Ambos Kingsglaive se habían quedado en la entrada para replegar a los atacantes y, por unos instantes pensaron que habían terminado en aquella zona, disponiéndose a retirarse en busca de su rey.

¿Ese era el último?

Al menos en este lugar – respondió Adalberto.

Debemos irnos, el rey nos espera, debemos informar de esto para pensar en un pal de contingencia… Aún hay rebeldes dentro del lugar.

No perdamos el tiempo entonces.

Dieron la media vuelta con dirección de la entrada del castillo, cuando un extraño olor azufre inundo el lugar y un fuerte estruendo tras ellos, como si algo de gran tamaño se hubiese impactado en el lugar, les hizo detenerse y regresar a ver el lugar.

La cortina de humo que se levantó cubría el panorama pero, tras unos segundos de espera la silueta de un extraña maquina comenzaba a dibujarse.

Adalberto… ¿Eso no es...?

Un ángelus – admirando la enorme silueta formándose entre la cortina de humo.

Un enorme robot de poco más de seis metros de altura, con enormes brazos y piernas robóticas se encontraba a pocos metros de ambos, en el centro un hombre, con una mueca demostraba la demencia por la cual estaba pasando se encontraba manejándolo.

El rey nos abandonó, el rey nos dio la espalda – decía entre su propia locura – pero pronto… Pronto se dará cuenta que o debió hacerlo, si… debe morir.

¿De dónde sacaron eso? – El rostro de Ralph aun demostraba su asombro − Esas máquinas son de Nueva Crisis, ¿Cómo llegaron hasta aquí?

Dudo mucho que quiera respondernos.

El hombre dentro del robot se llevó ambas manos hacia su cara, sonriendo de forma extraña.

Si, debo matarlos… Si…

Genial, un loco piloteando un arma como esa – susurro retrocediendo poco a poco. − ¿Alguna idea de cómo destruirla?

¿Alguna vez hemos destruido una cosa como esa sin ayuda de la magia del rey y su invocación? – dijo en forma de sarcasmo.

La risa del hombre les congelo la sangre, su mirada estaba perdida en algún punto del panel de control del robot.

Me dijeron que pulsara el botón, el botón rojo sí, es bonito…

Un escalofrío recorrió su espalda al escucharle decir aquello, sin pensarlo uso el lux tratando de llegar al hombre y sacarlo del robot pero, una vez apareció frente a él, este aun con la locura que lo envolvía, maniobro el robot y unos de los brazos mecánicos del mismo intercepto al guerrero, lanzándolo con fuerza hacia una de las columnas de la entrada, cayendo como un saco muerto al suelo.

¡Adalberto!

Corrió a su lado, ayudándole a voltearse.

¿Estas bien?

Si, por suerte el impacto choco contra la espada de haber sido yo… − levantándose con dificultad del suelo.

Ralph metió sus manos dentro de su ropaje con la intención de sacar uno de sus viales pero, su compañero le detuvo durante el proceso.

Esa cosa es inmune a la magia concentrada.

Escucharon al hombre dentro de la maquina chasquear la lengua.

¡Hombres malos! ¡Si, lo son! – el hombre comenzó a golpear el panel de control – el botón, si el botón… y ¡Bum!

Abrió sus ojos con sorpresa, sabiendo lo que aquel tipo estaba por hacer.

Ralph, corre – susurro.

¿Qué?

¡Que corras!

Ambos dieron la vuelta para comenzar a correr hacia el interior del palacio. Mientras el hombre presionaba el botón dentro del robot. Usaron el lux tratando de evadir lo que se avecinaba. Una enorme explosión sacudió el lugar, empujándolos con fuerza una vez aparecieron entre fragmentos. Varias partes del palacio se derrumbaron sobre los que estaban dentro y fuera del edificio y por unos segundos todo fue fuego, ceniza y oscuridad.


Parpadeo en varias ocasiones tratando de adaptar su vista y observar su entorno. El humo cubría el lugar, miles de escombros se encontraban por todo el recinto, el sonido se había perdido por unos minutos puesto que sus oídos aun no recobraban la capacidad del mismo gracias a la explosión anterior. Perder el conocimiento por unos minutos nunca estuvo en sus planes pero nadie le había preparada para que aquella máquina, solo vista durante sus enfrentamientos contra Nueva Crisis en las fronteras, apareciera en medio de la conmoción y derrumbara todo a su paso.

Ha… − se quejó al tratar de levantarse, percibiendo como un hilo de sangre caí desde su cabeza.

Con esfuerzo logro levantarse, llevando su mano derecha hacia su costado izquierdo donde una herida en diagonal cruzaba desde su cadera hacia su pecho, sabía que no era profunda pero el ardor le hacía querer lanzar una breve maldición. Recorrió el lugar con su vista, divisando el desolador panorama, sangre, humo y cuerpos sin vida por todo el lugar.

¿Cómo fue que sucedió esto? – se preguntó.

Adalberto.

Escucho su nombre, girándose lentamente para encontrarse con Ralph quien a comparación de su persona, solo había sufrido rasguños.

Ralph, ¿estás bien?

Si, por suerte la explosión solo me levanto y me golpee de frente contra las columnas… Aunque, no puedo decir lo mismo de ti – acercándose a su compañero.

Bueno, algunos no tenemos tanta suerte durante un ataque enemigo.

No creo que sea el momento adecuado para el sarcasmo.

Tu comenzaste – replico.

No importa – haciendo un ademan para restarle importancia - debemos ir con Toshiya… Sé que parecerá una locura pero, antes de perder el conocimiento logre ver…

¿Unos encapuchados caminando entre los muertos y el humo?

¿Los vistes?

Sea quienes sean, fueron los que planearon todo esto, de eso no hay duda.

Si es así, no debemos perder el tiempo, Toshiya puede estar…

La voz de Ralph se apagó cuando unos quejidos se hicieron presentes en el lugar, ambos voltearon a ver en varias direcciones, tratando de encontrar el origen del mismo, hasta que después de buscar, lograron divisar a un hombre, atrapado bajo los escombros de dos pilares.

Ambos regresaron al ver el rostro del otro y caminaron hacia donde aquel sujeto se encontraba. Una vez estando a su lado y con mucho esfuerzo lograron sacarlo del lugar, solo para darse cuenta que una enorme vara de metal le atravesaba el estómago, su respiración era cada vez más errática, su rostro estaba empañado en sudor y un hilillo de sangre caía desde sus labios.

Ralph – susurro.

El nombrado negó con su cabeza, indicándole con aquel simple movimiento que no había nada que pudiese hacer por el hombre que se encontraba agonizante frente a ambos.

No sé... – trato de hablar pero la tos que le asalto impidió que lo hiciera.

Hey, no te muevas – hablo Adalberto tratando de tranquilizarlo.

No, esto es… Un castigo divino por levantarnos en contra de nuestro rey, desde… Un inicio debimos negarnos…

No es culpa suya, los entendemos, temían que las negociaciones fueran un mentira que cubría una evidente rendición para ustedes ¿no es así? – dijo Ralph.

Temíamos al futuro – susurro el hombre – pensábamos… Que nuestro rey se había rendido, nos ha… había abandonado.

El nunca haría eso – indico Adalberto.

Era… Una idea no muy... Popular – Tosió de forma violenta, logrando que la sangre comenzara a brotar por su boca – al inicio solo… Era un pequeño grupo de personas, diez… Cuan… Cuanto mucho, hablábamos de, nuestras inquietudes y lo… Inconformes que estábamos con el rey, bromeando en que si, pudiéramos… Le haríamos negarse.

Pero algo cambio – murmuro Adalberto.

Hace… Seis meses, llego un hombre, no sabíamos quién era, estaba envuelto en una capucha, su voz era suave pero grave, diciendo que era alguien… Como nosotros, inconforme.

¿Seis meses?

Hace seis meses fue la segunda visita del canciller – aseguro Ralph a la pregunta de Adalberto.

Hablaba, de que el rey era un cobarde, que se había rendido, que… Las negociaciones solo eran una… Una tapadera… Comenzó a incitarnos, a decirnos que debíamos actuar, al inicio éramos pocos pero… Conforme pasaron los días más personas se sentían atraídas por sus palabras… No supimos de él hasta dos meses después de esa visita – comenzó a toser mientras el aire comenzaba a fallarle – Cuando menos lo pensamos ya éramos más de… Cinco mil personas… Enfadadas, inconformes con el rey.

Los incito a revelarse, a crear este golpe de estado – indico Adalberto.

En esa visita el hombre quien seguía ocultándose bajo su manto, dijo que podía darnos armas, magia contenida para revelarnos contra del rey y no seguir con las negociaciones, hacerle ver que el pueblo no estaba de acuerdo en… en… la rendición.

¿Cómo es que las consiguieron? ¿Desde cuándo él se las entrego? – pregunto Ralph quien no salía de su asombro.

Utilizaba las cloacas, cerca de las puertas del reino principal, alguien hacia que las alarmas se apagaran… así un… un grupo las… Interceptaba y las llevaba a un lugar seguro, hasta que pudiéramos usarlas.

Adalberto noto como su compañero se mostró inquieto al escuchar sobre las alarmas pero no hizo mención de ello.

¿Pero quién era? ¿Nunca vieron su rostro?

Al inicio no pero, cuando fuimos el número suficiente como para atacar, se mostró ante nosotros, hace dos meses…

La cuarta visita del Canciller − Ralph dijo tratando de buscar sentido a la historia.

Él se presentó ante nosotros como siempre, diciendo que ya éramos los suficientes como para entrar a palacio y obligar al cobarde de nuestro rey a actuar, a protegernos... Muchos éramos desconfiados, él nunca se mastaba y, al ver nuestra inquietud… Se mostró.

¿Cómo era?

Tez blanca, Cabello largo y Oscuro, ojos azules… Dijo llamarse… Su nombre era…

Ravus – susurro con desde Adalberto.

Si, ese… Ese era su nombre.

El hijo del canciller – Adalberto apretó con fuerza sus manos hasta volverlas puños.

El… Hizo que, nuestro grupo de solo diez personas se volviera un ejército, no somos soldados pero… Las armas que nos dio… Veinte mil personas… Que estaban enfadadas con quien nos protegió durante todos estos años…Nuestro rey… No merecía esto ahora… Ahora lo sé.

No debes culparte… Nadie lo hace – Ralph tomo su mano para tratar de calmarle.

Mi vida… Nunca creí que termi… terminaría así – la sangre comenzó a brotar en demasía por su boca, impidiéndole respirar adecuadamente, llevo sus manos hacia la herida – Pro… Protejan al rey, eviten que… Que esto cobre… más vidas... Solo espero que la diosa, pueda perdonar mi crimen.

La diosa no te culpara, ella te acogerá en su seno y podrás descansar – una lagrima cayo por la mejilla de Ralph – ve en paz, nosotros protegemos al rey y pondremos fin a esta cruda noche.

Gracias… Gra…

Ambos guerreros observaron con pesar como la vida de una persona, manipulada por las circunstancias y los malos deseos de alguien más, se extinguía frente a sus ojos. Adalberto alargo su mano y cerro con pesarlos parpados del fallecido.

Debí suponerlo – hablo Adalberto levantándose de golpe – sabía que estas negociaciones eran una mala idea, debí…

No podías hacer nada – limpiándose las lágrimas caídas de su rostro – Toshiya creía que era lo mejor no podíamos cuestionarlo.

Hablamos de Nueva Crisis, mira lo que ha causado confiar en ellos… Nunca han tenido buenas intenciones Ralph.

De nada sirve culparnos por algo que no hicimos, debemos ir con nuestro rey, muchos soldados siguen luchando en diferentes zonas del palacio, aún hay civiles portando armas lo suficientemente peligrosas como para matarlos a ellos mismos… No sabemos si habrá otro ángelus en camino.

¿Cómo lograron meter algo así al reino? Esas máquinas emiten ondas que nuestras alarmas y scanner debieron detectar.

La única forma que se me ocurre es que, los Leroy nos traicionaron, no es como si me sorprendiera.

Toshiya debió exiliarlos hace mucho, ya nos habían traicionado una vez.

Nuestro rey creyó que debía darles otra oportunidad.

Nadie que haya cometido un crimen como la traición, la merece – dijo de forma severa.

No importa eso ahora, debemos ir con Toshiya, esos hombres se dirigieron a sus aposentos, en breve lograran derribar a los soldados.

O más bien, Ravus lograra pasar sobre ellos – dándose la vuelta para comenzar a caminar.

¿A dónde vas? Toshiya está del otro lado.

Iré a los aposentos del canciller… Necesito respuestas y estoy seguro que él está detrás de esto no solo su hijo.

Adalberto, nuestro rey nos necesita – tomándolo del brazo para detenerlo.

Debo recordarte que nuestro rey no es un indefenso niño, ha luchado antes, a nuestro lado, sabe defenderse además… Posee el anillo, si está en peligro podrá convocar a uno de los antiguos para ello.


− ¿Antiguos? – Pregunto Yuuri mientras fruncía el ceño − ¿Un rey Katsuki puede convocar a los Sidéreos?

− No convocarlos como tal – procedió Adalberto con su explicación – Puede llamar a su espíritu y este usara el poder de su elemento para acabar con su enemigo.

− ¿Todos? Por lo que se, son diferentes dioses de los que hablamos.

− No – negó Mary – cuando un príncipe Katsuki asciende al trono hace un contrato con el Sidéreo a fin a sus poderes… Nuestro padre era a fin al Sidéreo del rayo, Lamu.

− Entonces… ¿Si yo ascendiera al trono, mi Sidéreo a fin seria…?

− Es muy pronto para saberlo aunque, por los poderes que posees, quizás sería Shiva… la reina de los etéreos y la nieve.

Una suave sonrisa apareció en el rostro de Yuuri, tratando de imaginarse como seria convocar a un ser tan poderoso como un antiguo Sidéreo.

- Mencionaste algo acerca de los Leroy, sé que son grandes científicos y que sirven a la corona desde nueva crisis – mostrándose algo tenso- ellos… ¿Trabajaron para mi padre?

- Si, lo hicieron, alguna vez fueron una noble familia que usaba la tecnología que creaba para proteger nuestro reino – el rostro de Mary demostraba tristeza – hasta que mostraron su verdadera cara.

- ¿Por qué nos traicionaron?

- Eso… - desviando la mirada.

- Es un tema un tanto difícil Yuuri, uno que quizás podamos hablar más adelante ¿no crees? – desviando la atención del menor de su hermana.

− Supongo que tienes razón – aceptando las palabras del mayor a regañadientes - ¿Y qué paso después de lo sucedido?


En eso tienes razón pero, Toshiya está muy débil él esta…

El podrá defenderse, al menos hasta que lleguemos a él, por ahora debemos saber que planean del todo, solo así sabremos como terminar con esto – dejando su mano sobre el hombro del contrario.

De acuerdo, hagamos esto rápido… Debemos ir con nuestro rey.

Adalberto asintió y ambos emprendieron su marcha hacia los aposentos del canciller, mientras miles de gritos y explosiones se escuchan a lo lejos.

Abrieron con cuidado la puerta de los aposentos donde el Canciller se hospedaba, el lugar se encontraba iluminado con las tenues luces del lugar. Buscaron con la mirada a su ocupante pero, no lograban encontrarlo dentro de su rango de visión. Se desplazaron por el lugar con cuidado, como si esperaran el ataque de algún enemigo en concreto.

No está aquí – susurro Adalberto.

Debemos inspeccionar todo el lugar antes de asegurar eso.

No lo veo, así que no está – siguió asegurando Adalberto.

Ralph rodo los ojos mientras avanzaba por la habitación.

Solo porque lo menciones en repetidas ocasiones no se volverá realidad – camino por el lugar hasta acercarse a la cama, donde pudo divisar a su lado un par de pies − ¡Adalberto!

Se apresuró a llegar hasta la persona tendida en el suelo, encontrándose con el canciller, quien se encontraba inconsciente sobre la mullida alfombra.

¿Esta muerto? – pregunto Adalberto una vez estuvo a su lado.

No lo sé – contesto, llevando su mano hacia el cuello del canciller para comprobar sus signos vitales – no lo está, solo perdió el conocimiento.

Adalberto no emitió sonido alguno, recorrió nuevamente el lugar con su mirada, topándose con una taza de té derramada sobre el mueble más cercano. Se movió de su sitio hasta llegar al mueble, llevo uno de sus dedos hacia la sustancia derramada para elevarla hasta su rostro y olfatear el líquido un par de veces.

Ralph.

Giro su rostro al escuchar su nombre, levantándose de su lugar cuando su compañero le indico que se acercara.

¿Qué sucede?

Flor de sueño.

¿Ha? – Imitando la acción anterior del otro – tienes razón.

Lo durmieron a propósito.

Eso despeja toda duda, el canciller no tiene nada que ver con esto… Ravus actuó solo.

No solo – declaro Adalberto – ten por seguro que tras él, esta Demian.

Ralph se mordió el labio inferior tras la declaración de su compañero.

Debemos llegar con Toshiya.

Adalberto asintió y, tras levantar al canciller del suelo para dejarlo sobre la cama del lugar ambos salieron de la habitación rumbo a los aposentos del rey.


− ¿No se preocuparon por el canciller? – Dijo con preocupación Yuuri – lo digo porque, estaban atacando el castillo y lo dejaron… Solo e inconsciente.

− En ese momento no lo pensamos.

− ¿No lo pensaron? – Haciendo una mueca de sorpresa− pudo morir.

− Yuuri, en ese momento de tensión nadie pensaba con claridad, la única meta de Adalberto y Ralph era proteger a nuestro padre, quizás por ese motivo no pensaron en las consecuencias… Por suerte no le paso nada – aclaro Mary, tratando de restarle importancia a la situación.

− Eso no… Me convence – elevando una ceja en señal de incomprensión.

− ¿Seguimos? – pregunto Adalberto tratando de cambiar el tema.


Podían percibir la tensión en el ambiente, el pasillo que daba hacia la sala del trono se sentía lúgubre, el aire estaba ennegrecido como si las explosiones hubiesen alcanzado aquella zona. El silencio tampoco ayudaba, tanta tranquilidad les erizaba la piel, manteniéndoles alerta y caminando con cautela por un pasillo que antes habían recorrido sin precaución alguna, no fue hasta que llegaron a un punto donde debían desviarse en el camino que Adalberto alzo su brazo derecho para impedir que Ralph siguiera avanzando, haciendo que su compañero le regresara a ver con confusión.

Adal...− cayo de pronto al ver como el otro llevaba un dedo hacia sus propios labios para que no emitiera sonido alguno.

Ralph no comprendía la actitud de su compañero hasta que un sonido, parecido a un gemido de dolor se lograba escuchar de forma lejana.

¿Pero qué...?

Adalberto hizo un movimiento con su cabeza, indicándole que avanzaran con cuidado. Ambos caminaron de forma silenciosa hasta llegar a la desviación que los llevaba a la sala del trono, Adalberto se apoyó sobre la pared cercana y se asomó con cuidado para ver, de dónde provenía aquel sonido, sorprendiéndose por la escena que estaba frente suyo.

¿Que hace ella aquí? − regresando a su sitio.

¿De quién hablas Adalberto?

La reina Alicia.

¿Qué? Es imposible, ella está en Altissia cuidando al príncipe y la princesa.

Pues parece que acudió a palacio sin informarnos.

Ralph se asomó con cuidado llevándose la misma sorpresa que su compañero.

¿Por qué vino?

Si lo supiera no estaría preguntando ¿no crees?

¿Crees que es momento para el sarcasmo?

Nervios.

Supongo que la Reina Alicia, presintió que algo estaba mal y por eso vino, después de todo es el oráculo de Altissia... las visiones son parte de su poder.

Lo que más me preocupa, es si podrá con todos ellos.

Ralph solo coloco un gesto de preocupación en su rostro, mientras observaba como la reina Alicia se encontraba rodeada por varios encapuchados.

¿Crees poder...?

Están muy lejos, no sé si mi poder alcance con tanta distorsión en el aire dudo que pueda encontrar la…

¿Podrías solo intentar? Odio cuando te pones a hablar de… tus cosas...

Es porque no las entiendes.

¿Quieres…?

Bien… Pero si todo se vuelve turbio debemos ayudarle.

Eso está demás Ralph, pero debemos saber por qué la reina Alicia está aquí.

Ralph asintió y cerró sus ojos. Coloco su mano izquierda sobre la pared, la cual comenzó a ser cubierta por una bruma azul, la cual impregno la pared haciendo que los sonidos e aclararan, las distorsiones se difuminaran y las voces lejanas pudiesen ser escuchadas.

¿Escuchas algo?

Si… Los escucho.

Adalberto dejo que una de sus manos se posara sobre el hombro de su amigo y las voces llegaron a él.

Nunca imagine verle aquí reina Alicia, es un honor volver a ver a la emisaria de los sidéreos y oráculo del mundo – dijo la voz del encapuchado que estaba a centímetros de la reina.

La reina lo observaba con cara de pocos amigos.

Ahórrate los halagos que no te quedan Nikiforov – dijo la reina con desdén.

Supongo que la cortesía no servirá en esta ocasión – tomando la capucha de su capa para bajarla y mostrar su rostro.

¿Cómo pudiste hacer esto? Atacar nueva Hasetsu, lograr que los mismos ciudadanos propiciaran un golpe de estado como este… Todo por poder.

Sabes tan bien como yo porque lo hago – su semblante se ensombreció levemente.

Claro que lo sé, se perfectamente quien eres y de dónde vienes… Siempre lo he sabido.

Es una suerte que los sidéreos prohibieran a los oráculos hablar más allá de lo que ellos desean ¿no crees?

La reina frunció el ceño ante la clara burla que aquella declaración ocultaba.

¿De verdad crees que todo lo que etas haciendo no tendrá consecuencias? ¿Que el destino no te hará pagar caro todo cuanto tramaste?

Hace mucho que el destino me volteo la espalda – sonriendo con altivez – así que no me preocupa lo que trame.

Cruzo sus brazos tras su espalda y camino los últimos pasos que lo separaba de la reina Alicia.

Le sugiero mi querida reina que no interfiera, puesto que podría salir lastimada – susurro con una voz grave – recuerde que tiene una pequeña hija, ya perdió a su padre no queremos que también pierda a su madre, el único familiar que le queda.

¿Acaso es una amenaza Nikiforov?

Creo que, el significado de mis palabra quedo implícita… Es mejor que se haga un lado oráculo de Altissia, esta no es su batalla, No es a usted a quien busco – dándole la espalda para alejarse unos cuantos metros.

Si de verdad crees que me voy a mover y permitir que llegues hasta el rey, estas muy equivocado.

¿Así que no te moverás? – volteándose ligeramente para verle de reojo.

Creo que, el significado de mis palabra quedo implícito – repitió las palabras dichas por el rey de nueva crisis−.

Si esas son tus últimas palabras, creo que puedo concederte tu deseo de defender a tu rey hasta el final... Reina Alicia − el rostro de Nikiforov se ensombreció por completo, levanto su mano derecha y con un simple ademan sus seguidores −quienes ocultaban su rostro tras una capucha− asintieron y comenzaron acercarse a la reina.

¿Ese es el camino que tomaras Nikiforov? − dijo sin moverse de su lugar mientras observaba como los seguidores del rey se acercaban.

No me agrada lastimar a mujeres pero, no me dejas otra opción − dedicándole una sonrisa.

La reina permaneció en silencio, cerró sus ojos, percibiendo como aquellos hombres se acercaban a ella. Soltó un largo suspiro y segundos después abrió nuevamente sus ojos, cuando los hombres que amenazaban su vida estaban a centímetros de ella, elevo su mano derecha donde un aura amarilla comenzó a formarse.

Entonces… Deberán disculpar mí rudeza – con rapidez el aura comenzó a formar la figura de un cetro, el cual e ilumino cuando el aura lo formo por completo, dejando ver un extraño tridente.

La reina tomo el centro con su mano e hizo que este golpeara el suelo, emitiendo un sonido agudo, parecido a campanillas, un viento extraño impulso a los hombres, quienes se golpearon con fuerza contra las paredes del lugar. Siendo el rey el único que permaneció inmóvil sobre su lugar.

A veces olvido que no eres solo una cara bonita – murmuro el rey Nikiforov, ensanchando sus ojos al detener su vista sobre el cetro de la reina – veo que los sidéreos te conceden su favor... Después de todo, no cualquier mortal puede portar el tridente de Bahamut.

Bahamut concedió este tridente a mi familia con la esperanza de destruir la plaga que azota el mundo… Una que al parecer quieres mantener con la destruición de los Katsuki.

Los viejos dioses son solo espíritus egoístas que prefieren permanecer en silencio mientras su creación se destruye… Tu solo eres un débil peón que tomaron para "mantener" una efímera esperanza que hace mucho se extinguió.

La esperanza no es efímera… Es lo que nos mantiene en pie – contesto con molestia.

Te hare ver como esa esperanza no te salva.

El rey elevo su mano y una extraña aura oscura emano de la misma. La misma fuerza que impulso a sus sirvientes apareció de su mano, dirigiéndose hacia la reina, quien levanto cetro con ambas manos para protegerse del ataque. El lugar se encontraba iluminado en dos diferentes tonalidades, la cálida luz que el poder de la reina emanaba y la extraña aura del rey Nikiforov.

Por su parte, Adalberto trato de moverse de su lugar al ver a la reina siendo atacada.

Adalberto… − Ralph le detuvo tomándole del brazo.

Matara a la reina.

Y si nos mata a ambos no podremos hacer nada para proteger al rey… La reina no es tan débil – comento pero la preocupación se notaba en su voz.

Adalberto chasqueo su lengua en señal de impotencia.

La reina Alicia fue impulsada varios metros hacia atrás, cayendo sobre sus rodillas, tratando de recuperar el aliento por el esfuerzo.

Reina Alicia, es mejor que se haga a un lado… Es obvia la diferencia de poder ¿no cree?

Levanto su cabeza para dirigir su vista hacia el rostro del mayor, levantándose con cansancio y volver a erguirse.

No te dejare pasar, deberás matarme si quieres hacerlo.

Eso se puede arreglar – trono sus dedos y los mismos hombres que habían sido impulsados hacia las paredes minutos atrás se encontraba nuevamente caminando hacia ella.

− ¿No me digas que él la…?

− No, ella sobrevivió.

− Pero, si Nikiforov no la mato en ese lugar, ¿Qué sucedió con la reina Alicia?

− No lo sabemos – contesto Mary.

− ¿Cómo que no lo saben?

Mary y Adalberto se dedicaron miradas de preocupación antes de regresar a ver al menor.

La reina seguía bloqueando cada ataque de los seguidores del rey, pero lentamente sus fuerzas iban agotándose. Los hombres de Demian se encontraban en el suelo respirando con dificultad y con varias heridas en el cuerpo. El tridente que la reina portaba con lentitud comenzó a perder su poder hasta que finalmente desapareció en diferentes partículas de luz.

Ya no tienes energía Alicia, muévete – demando el rey.

Jamás – dijo con firmeza.

El oráculo siempre tan predecible, hazlo.

El único encapuchado que se había quedado tras el rey asintió y camino hacia la reina, quien solo se quedó sobre su lugar mientras observaba su avance, cuando estuve frente a ella, deslizo su capucha y dejo ver su rostro.

No es personal mi reina.

Ravus.

Un sonido hueco resonó en el lugar, la reina se dobló por el dolor que ahora recorría su cuerpo tras el fuerte golpe que recibió en su estómago, cayendo de golpe al suelo, tratando de recuperar el aire que el golpe le había quitado.

El rey sonrió, avanzando por el lugar deteniéndose brevemente frente a Ravus, quien se arrodillo frente a su rey.

¿Qué creen que hacen? ¡Levántense! – ordeno, logrando que sus seguidores se levantaran con dificultad por sus heridas.

Mi rey.

Encárgate de ella, Katsuki y yo tenemos una cuenta pendiente.

Como ordene.

Y el rey Nikiforov avanzo por el lugar junto a sus seguidores hasta perderse en el interior del lugar.

Están condenando… Al mundo – dijo la reina entre jadeos.

El mundo ya está condenado reina Alicia –girándose para poder observarla – los viejos dioses ya nos abandonaron – el sonido de la espada al salir de su funda se escuchó en el lugar – si el rey elegido muere, no tenemos necesidad de un oráculo ¿no cree?

La reina lo observo con sorpresa, el sonido de la espada cortar el aire se escuchó así como el sonido de otra detenerle justo antes de llegar a su objetivo.

¿Tu? – Ravus observo con sorpresa a quien había bloqueado su ataque.

Reina Alicia – arrodillándose a su lado para ayudarle a levantarse.

Salomón, estás vivo.

No somos fáciles de matar mi reina.

La reina emitió una leve sonrisa.

Pensé que el ángelus los había matado – dijo Ravus tratando de derribar a su oponente.

Necesitas algo más que un poco de fuego para matarme – dijo haciendo que ambas espadas se movieran hacia el lado derecho para liberar el agarre sobre la empuñadura de la suya y golpear el rostro del menor, quien se tambaleo unos segundos por el golpe – eso te enseñara a no meterte con una mujer indefensa.

No se preocupen por mí – levantando su voz – deben ir con el rey, el los necesita.

Nuestro rey no es un hombre débil, podrá defenderse, debemos asegurar primero su vida antes de ir en su ayuda − aseguro Ralph.

Y eso significa matar a un estorbo – índico Adalberto antes de correr hacia su oponente.


− La pelea contra Ravus no fue fácil, el bastardo había sido entrenado durante años – afirmo Adalberto.

− Pero ustedes tenían la magia la familia Katsuki ¿no? Debería ser más fácil para ustedes una pelea contra alguien que no posee capacidad mágica.

− Tienes un punto en eso Yuuri pero, Ravus no era alguien común.

− ¿Qué quieres decir?

− Durante años nuestro padre estuvo investigando una serie de mutaciones, había rumores que el rey Nikiforov hacia experimentos utilizando a los cadentes que lograba capturar – intervino Mary.

− Me estas tratando de decir que… − observando con sorpresa el rostro de su hermana − ¿el rey utilizaba a los cadentes para experimentar en humanos?

− Nunca lo pudimos confirmar – encogiéndose de hombros.

− Cada cede que tu padre encontraba – prosiguió Adalberto − Era un fracaso ya que no teníamos pruebas de que Nikiforov las estuviera manejando.

− ¿Cómo entra Ravus en todo esto?

− Durante el combate Ravus poseía habilidades que podían ser vistas en los Katsuki o en los candentes, magia… Pero en él era, su cuerpo se deformo cuando él comenzó a perder el control en el combate – El rostro de Yuuri paso la sorpresa al horror − su cabello se tornó blanco, sus ojos se escurecieron por completo, la mitad de su cuerpo muto a algo… Monstruoso, como si una extraña sustancia oscura cubriera su cuerpo.

− El rey… Experimento con Ravus – dijo mas como afirmación que como pregunta.

Adalberto asintió sin más palabras que decir.

− Lo mataron, ¿no es así?

− No había forma de ayudarle Yuuri.

− ¿Cómo…?

− La reina Alicia nos ayudó en ello, sino fuera por ella tanto Ralph como yo hubiésemos muerto esa noche.


Ambos fueron golpeados con fuerza sobre la pared, lentamente el agarre sobre su cuello comenzó a volverse más estrecho, robándoles el aliento conforme pasaban los minutos. La risa proveniente de Ravus solo lograba desesperarlos más de lo que ya se encontraban del vital oxígeno.

Miren nada más, los poderosos Kingsglaive rogando por sus vidas, esto debería ser enmarcado ¿no creen? – pregunto con diversión.

Bas…tardo –dijo Adalberto con dificultad.

No saben la satisfacción que sentiré al verlos morir, ver como sus cuellos se rompen por la fuerza… Ver caer sus cuerpo inertes bajo mis pies, será un logro.

¿Tanto miedo... nos tienes… qué prefieres… matarnos así? – el color en el rostro del Ralph lentamente se estaba perdiendo.

Solomon, es mejor que limites tu hablar, el aire se te acaba.

Dos extrañas extensiones comenzaron a salir tras su espalda, elevándose hasta llegar al techo del lugar, dos afiladas puntas se encontraban al final de las mismas, acercándose a ambos, quedando a pocos centímetros de ellos.

Perpisahan, memberikan salam kepada raja*

Las extensiones, que eran parecidas a las patas de una araña se agitaron, se movieron hacia atrás para tomar impulso y salieron disparadas con el único objetivo de atravesarles el corazón a ambos guerreros. Ravus sonreía de forma malévola, el tiempo parecía moverse en cámara lenta, los ojos de ambos se abrieron con sorpresa al ver como se acercaban a su cuerpo, cerraron sus ojos al saber que no tenían escapatoria pero, después de unos segundos volvieron a abrirlos al notar que nada ocurría.

Para su sorpresa, cadenas brillantes sujetaban aquellas extensiones, impidiéndoles llegar a sus cuerpos. Ravus trataba de moverse pero las mismas cadenas sujetaban su cuerpo, sus brazos, piernas y cuello de forma que lo tenían paralizado sobre su lugar. Ambos recorrieron las cadenas con la mirada hasta encontrarse con quien las había creado.

Reina… Alicia – murmuro Ralph.

La reina estaba en el suelo sobre un enorme círculo mágico, respiraba de forma agitada, su cabello rubio se encontraba teñido con manchas de sangre al igual que su propio cuerpo, gracias a las diferentes heridas que había sufrido, mantenía su brazo extendido señalando a Ravus, mientras varias cadenas provenientes del círculo, acatando sus ordenas les había salvado la vida.

Suéltalos… Ravus…

Maldita mujer, debí matarte – tratando de moverse.

No lo repetiré – dijo con cansancio – suéltalos – apretó su mano hasta volverlo un puño, haciendo que las cadenas aumentaran su agarre sobre su objetivo.

Maldita – hablo casi en un susurro.

Ambos cuerpo cayeron al suelo mientras con dificultad recuperaban el aliento perdido.

Nix, Solomon –colocando su mano sobre el suelo, haciendo que un pequeño camino de luz se deslizara por el mismo hasta llegar a los nombrados – no puedo curar por completo sus heridas pero, puedo lograr que recuperen la energía perdida.

La luz se convirtió en pequeñas partículas que los cubrieron por completo, para disolverse segundos después de terminar su trabajo.

Reina – dijo Adalberto.

Ahora… Antes de que mi poder se agote, acaben con su vida.

Ambos regresaron a verse, asintiendo con un movimiento de su cabeza. Adalberto se movió para colocarse a centímetros de Ravus mientras Ralph se quedaba metros tras primero, Adalberto susurro un nombre que no pudo ser escuchado y tras un destello de luz una espada apareció en su mano.

Análisis − susurro Ralph, sus ojos cambiaron a un tono grisáceo mientras elevaba su mano en dirección de Ravus, varios círculos mágicos con símbolos antiguos en su interior comenzaron a rodearlo, hasta que se difuminaron tan rápido como habían aparecido – Ascenso – la mano que señalaba a Ravus comenzó a arder en llamas, con uno de sus dedos comenzó a dibujar símbolos en el aire, las llamas se alejaron de su mano para salir despedidas y fundirse en la espada que Adalberto había convocado.

Espero ardas en el infierno – murmuro.

Empuño con ambas manos su espada, el fuego sobre la espada comenzó a estremecerse hasta cubrirla por completo dejando la hoja al rojo vivo, con un solo movimiento atravesó el cuerpo de Ravus, el cual comenzó a quemarse hasta convertirse en una columna de fuego, todos los presentes podían percibir la agonía de Ravus por los gritos que lanzaba tras verse consumido por el fuego.

Minutos que parecieron horas, hasta que el silencio volvió apoderarse del lugar y un montículo de ceniza quedo sobre el lugar donde antes había estado una persona.

Esta…

Muerto – declaro Adalberto, colocando su espada sobre el suelo para poder sujetarse.

La reina Alicia sonrió levemente por el hecho antes de desvanecerse, siendo sostenida por los brazos de un exhausto Ralph.

Reina Alicia.

La reina solo negó con su cabeza.

Deben irse, el rey no soportara mucho el combate, su cuerpo está muy débil por el constante estrés al que se ve sometido por el uso constante de su magia y del cristal…

Pero, usted…

Solomon… No, Ralph, tu deber es protegerle – indico – yo estaré bien, tomara unos minutos antes de que mi magia comience a curarme.

Debe irse Reina – declaro Adalberto acercándose – el palacio no es seguro para nadie en este momento.

Lo sé.

¿Sabe cómo utilizar el pasadizo en la gran biblioteca?

Si, Hiroko me lo mostro alguna vez en caso de que tuviese que utilizarlo.

Entonces, vaya no pierda más tiempo, regrese a su reino y mantenga protegidos al príncipe y a la princesa – agrego Ralph ayudándola a ponerse en pie.

Asintió lentamente mientras les dedicaba una tenue sonrisa

Ustedes hagan lo que puedan para proteger a nuestro rey.

Ambos asintieron a las palabras de la reina, dieron al media vuelto y corrieron a la sala del trono mientras la figura del oráculo se perdía entre la oscuridad.


− ¿Fue la última vez que la vieron? – Yuuri bajo la cabeza al hacer la pregunta.

− Me temo que sí, fue a última vez que vimos con vida a la reina Alicia.

− No comprendo, si ella estaba viva ¿Por qué murió durante el ataque?

Adalberto negó con su cabeza.

− No lo sé, cuando llegue a Altissia y las noticias comenzaron a relatar lo que creían que había ocurrido – desvió la mirada al no poder seguir relatando lo sucedido.

Mary al ver la expresión del mayor decidió continuar.

− Las noticias indicaron que la reina había sido emboscada en la alcoba que ocupaba cuando visitaba el reino.

− ¿Cómo fue que…?

− ¿Explícitamente o solo lo fundamental?

− Solo… − se mordió el labio tratando de explicar que no necesitaba demasiados detalles del hecho.

− Su rostro parecía tranquilo, como si solo estuviese durmiendo, su cuerpo estaba tendido sobre la cama de la habitación y en su pecho… Tenía una profunda herida, como si… − una lagrima rodo por su mejilla.

− Como si la hubiesen atacado con una espada.

Mary asintió mientras desviaba la mirada.

− Esos detalles no son conocidos por nadie, ni siquiera la prensa tuvo acceso a la escena.

− La reina Alicia era el Oráculo, una persona de gran importancia en el mundo, nade querría ver como una de las mujeres más amadas y respetadas del mundo había muerto, por eso solo se dio a conocer que había muerto en el asalto al palacio Yuuri – explico su hermana.

− Entonces… ¿Cómo es que conocen esa información?

− Sunan nos ayudó, obtuvo información confidencial con uno de sus contactos… El expediente completo.

− No sabemos cómo murió, se suponía que ella se iría del palacio y volvería a Altissia, suponemos que volvió por algo a su habitación y fue cuando la emboscaron… Había utilizado gran parte de su poder, así que... No había forma de que pudiera defenderse.

Yuuri apretó con fuerza la tela de su pantalón al sentir una enorme impotencia por los hechos pasados.


Un agudo grito proveniente de la sala del trono les hizo aumentar la velocidad, conocían perfectamente aquella voz y ver la escena desde la entrada del lugar, hizo que el suelo bajo sus plantas se moviese.

El lugar se encontraba entre escombros de columnas derribadas, ventanales agrietados y hombres del rey Nikiforov inocentes por el lugar y, como si se tratase de una película, todo se había movido de forma lenta, la hoja rasgar el cuello de la reina, la sangre comenzando a brotar de la herida, su cuerpo cayendo al suelo como si se tratase de una muñeca y la mueca de dolor que cruzo el rostro de su rey al ver a su reina morir frente a sus ojos mientras el trataba de levantarse del suelo, pero su agotado cuerpo se lo impedía dejando que los últimos destellos de su poder se difuminaba de sus manos.

Solo cuando el rey dijo el nombre de la reina, la rabia y la impotencia se apodero de ambos, se movieron con rapidez, haciendo uso de los ya conocido poderes de los Katsuki, para colocarse frente a su gobernante e interceptar el ataque de uno de los seguidores del rey Nikiforov estaba por cometer sobre su rey.

Ambos observaron por unos segundos el cuerpo de la reina, con el rostro cubierto de pena por la perdida.

Vaya, vaya, y pensar que por un instante creí que Ravus podría con ustedes – bromeo el rey Nikiforov – debí suponerlo, ese niño tenía demasiada arrogancia para su bienestar, otro experimento fallido… Aun dudo necesitarlos más, considerando quien tiene la ventaja.

Tendrás que pasar sobre nosotros si quieres llegar al rey – declaro Adalberto.

Blofear no servirá de nada Adalberto – susurro Ralph – ellos tienen la ventaja, aun con nuestra magia nuestras posibilidades son mínimas – contando con la mirada el número de soldados que el rey poseía – son un total de diez contra dos, si tan solo Sunan…

Podrías dejar de pensar tanto en estadísticas de combate, debemos sacar a Toshiya de aquí.

¿Y cuál es tu plan? − mirando de reojo al rey quien respiraba cada vez de forma más irregular – está demasiado débil.

Adalberto miraba de un punto a otro, analizando cada detalle, cada escenario posible de combate, para su desgracia no había plan alguno que asegurara la salvaguarda de los tres, al menos uno de los dos debía quedarse mientras los otros dos escapaban. La ansiedad comenzaba apoderarse de él y la sonrisa de superioridad del rey Nikiforov no ayudaba.

Supongo que ya se dieron cuenta de la desventaja, muévanse, matare a su rey de forma rápida y les prometo que la suya propia será indolora… No sentirán nada.

No me jodas – Adalberto estaba por moverse de su lugar cuando la mano de Ralph lo detuvo.

Veo que quieren morir con el dolor corriéndoles por las venas, muy bien – movió su cabeza, indicando a sus seguidores que atacaran.

Ambos comenzaron a caminar en reversa. Ralph miraba de un lado a otro, buscando algo que pudiese ayudarles en aquella difícil situación, no fue hasta que sus ojos se encontraron con una de las ventanas del lugar, una extraña idea cruzo su mente y, al ver como los hombres del rey se abalanzaba sobre de ellos para atacarlos, tomo la decisión.

Nix, para atrás.

Adalberto acato la petición de su compañero y ambos saltaron para quedar metros más delante de sus atacantes. Ralph cruzo sus manos donde aparecieron sus dagas, separa sus manos y as lanzo por encima de su cabeza, un aura grisácea cubrió sus muñecas, atrapo nuevamente las dagas y las clavo con fuerza en el suelo, haciendo que la energía en sus muñecas se desplegara frente a ellos y formara un enorme muro que se extendió hasta las paredes del lugar.

Los hombres del rey Nikiforov se abalanzaron sobre el muro, solo para ser lanzados con fuerza metros hacia atrás. Varios se incorporaron tratando de realizar la misma acción pero, un ademan de su rey los detuvo.

Suficiente, ese muro no dejara acercarse.

Pero majestad ellos…

Tranquilo, el muro será impenetrable pero no infinito, la magia se le acabara a Solomon e inevitablemente caerá, solo es cuestión de tiempo – dibujando una sonrisa de medio lado, mientras admiraba el muro.

Por su parte, ambos guerreros tras el muro pudieron tomar un respiro de aquella desigualada batalla.

¿Y ahora qué hacemos?

Sacar a nuestro rey de aquí Adalberto – susurro caminando hacia el malherido rey de nueva Hasetsu.

¿Supongo que tienes una idea de cómo hacerlo?

Sí.

¿Y esa es?

No respondió, solo giro su cabeza para que sus ojos enfocaran la ventana.

¿La ventana? – Observo la ventana por unos segundos y, tras no comprender la razón de por qué era de importancia aquel lugar, una idea cruzo su mente − ¿no estarás considerando…?

Es eso… O morir peleando contra ellos.

Siempre creí que mis ideas eran locas, pero la tuya es peor.

No es como si no lo hubiésemos hecho antes.

Si, pero solo para infiltrarnos, el Lux solo sirve para adherir el arma a una superficie y teletrasportarnos al lugar donde cae, no funciona para llevar personas.

¿Tienes una idea mejor? – se detuvo a pocos metros de su rey.

Llevándose una mano hacia su cabeza, donde despeino ligeramente su cabeza en señal de desesperación.

Sabes que si no soportamos el peso, caeremos al vacío, ¿no? – su tono de voz indicaba preocupación.

Lo sé, pero… La situación es desesperada, no tengo otro plan.

Los ojos de su compañero le indicaban la desesperación que estaba viviendo, aquel era el mejor plan que el mejor estratega que reino tenia había formulado ante aquella contingencia, solo tenían do caminos y ambos eran igual de mortales.

De acuerdo- aceptando finalmente el plan de su compañero de armas - hagámoslo.

Ralph le dedico una mirada de incredulidad pero asintió un segundo después. Ambos terminaron de acortar la distancia entre ellos y su rey, arrodillándose frente suyo una vez estuvieron a su lado.

Toshiya – ayudándolo a sentarse sobre uno de los escalones de la gran escalinata.

Majestad – murmuro Ralph.

Toshiya abrió con dificultad sus ojos para enfocar el rostro de sus viejos amigos.

Están… Vivos.

No pensabas que te dejaríamos ¿o sí? Te seguiremos donde quiera que vayas, incluso al mismo infierno si es necesario – trato de bromear.

Nunca pierdes la oportunidad para bromear Adalberto. – dijo el rey, tratando de sonreír.

Es… La situación.

Tendrás tiempo de bromear todo lo que quieras – Ralph tomo la mano del rey – por ahora, debemos sacarte de aquí.

Ambos se movieron para sujetar el cuerpo de su rey pero este, simplemente coloco sus manos sobre los pechos de ambos y negó con la cabeza.

Sabemos muy bien que, aun cuando funcionara el loco plan que sus cabezas formularon – emitió un agudo gemido cuando una ráfaga de dolor atravesó su cuerpo – no durare mucho.

No digas eso – pidió Ralph.

El rey nuevamente negó.

Mi cuerpo se encuentra débil por el esfuerzo que hice tratando de contenerlos, comienzo a ver borroso y mi magia poco a poco se agota, por no decir del dolor que me atraviesa cada que trato mover un solo hueso.

Ambos bajaron la mirada.

Solo sería un estorbo en su camino.

No lo eres – indico Adalberto – eres nuestro rey, nuestro deber es…

Y lo han cumplido – dedicándoles una tenue sonrisa – ambos lucharon, cayeron, se levantaron y llegaron hasta aquí, solo por su lealtad hacia su rey… Hacia un viejo amigo que les agradece por todo lo que han hecho por el hasta ahora.

¡No hables como si te despidieras! – pidió en un lamento Adalberto.

Adalberto… − colocando su mano sobre la de su viejo amigo – todo rey tiene un ciclo y el mío al parecer llego hasta este punto, es hora de que yo me reúna con Hiroko y los otros reyes que me antecedieron.

Toshiya.

Solo tengo… dos − mordiéndose el labio inferior mientras soportaba el dolor – peticiones, para ambos.

Asintieron sin más.

El reino de Nueva Hasetsu ha caído y muy a mi pesar, no tuve el poder para protegerle como es debido, mis malas elecciones nos llevaron a esto.

Tú eres el mejor rey que el reino ha tenido – afirmo Ralph.

Tú no tuviste la culpa Toshiya, no sabías… − insistió Adalberto.

Por muy doloroso que sea, lo sabía… Oh, al menos intuía que esto pretendía Demian.

Ambos apretaron con fuerza sus manos hasta volverlas puños.

Por todas mis malas elecciones muchas personas han sufrido esta noche, por ese motivo les pido… Que escapen del castillo.

¿Qué? − Ambos dijeron al unisonó, mirándolo con sorpresa.

Mi primera petición es que sobrevivan para ver un nuevo día.

No puedes pedirnos eso Toshiya, hicimos un juramento – tomando la mano del rey entre sus manos – entregamos nuestras vidas, la misión de los Kingsglaive es proteger a su rey – Adalberto no podía creer en la petición de su soberano.

Y es a su rey a quien deben proteger a partir de ahora.

No comprendo Toshiya.

El rey cerró sus ojos por unos instantes, antes de volver abrirlos.

Su rey, se encuentra más allá del mar, siendo protegido por la gracia de los sidéreos.

Espera, ¿te refieres a…?

Yuuri es un bebe, solo tiene seis años – agrego Ralph.

El destino de Yuuri siempre ha sido convertirse en el rey de reyes – aseguro con pesar el rey – cargar con el peso del mundo, de desterrar la plaga de los cadentes.

Estas insinuando que el… − Adalberto no daba creía posible aquello, después de todo se trataba de una leyenda de los Katsuki.

Toshiya asintió para sorpresa de ambos.

Protejan a mis hijos, no permitan que Demian los localice, el destino del mundo descansa en sus manos ahora – dijo mientras las lágrimas comenzaban a acumularse sobre sus ojos.

Ralph trago con fuerza al ver el semblante de su rey.

¿Y la segunda petición?

El rey sonrió nuevamente, alzo con dificultad su mano izquierda y en ella, tras varios pequeños fragmentos de luz, una espada se manifestó.

Si hubiese tenido la posibilidad, Yuuri obtendría su arma ancestral una vez cumpliese los dieciséis pero… El destino no lo dispuso de esa forma, por eso… − acercándola a un desconcertado Adalberto – entrégasela cuando creas que es momento que él deba empuñarla, cuéntale de donde proviene, su destino… No permitas que lo ocurrido esta noche sea para siempre.

Su mano temblaba y con dolor toma la espada que Toshiya le entregaba.

Lo juro – soltó de pronto – Juro por la diosa que cumpliré tu voluntad.

Lo sé− contesto dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas.

Un sonido interrumpió la conversación, los tres dirigieron su vista hacia el imponente muro que comenzaba a sacudirse con violencia.

El muro está cayendo – reafirmo Ralph.

Deben irse, la magia que obtienes de mí se está extinguiendo, no podrás mantenerla por más tiempo Ralph.

Los dos giraron sus cabezas para ver el rostro del rey.

Toshiya – le llamo Adalberto con tristeza en su voz.

Cerro sus ojos, respiro profundamente y el anillo en su mano comenzó a brillar, envolviéndolo en una aura azul que desapareció tan pronto como había aparecido. Se levantó del suelo sin los pinchazos de dolor recorriendo su cuerpo y, cuando abrió sus ojos estos brillaban de un azul intenso.

No puedes seguir usando el cristal, eso te… − la voz de Ralph se apagó cuando el rey levanto su mano.

Ya no me queda poder alguno y solo estoy pidiendo ganado tiempo gracias al ¿cristal pero no durara mucho – aseguro. Caminando hacia el frente donde Nikiforov lo esperaba – los entretendré lo más que pueda, ustedes sigan adelante – girándose para poder verles.

Toshiya – bajando la mirada.

Adalberto – intercambiando su vista de un rostro a otro - Ralph… Confió en ustedes

Las grietas en el muro comenzaron a pronunciarse, lentamente iba difuminándose ante las miradas de todos.

Ahora… Váyanse – ordeno.

Dieron unos pasos hacia atrás, sintiendo la impotencia corriéndoles por las venas, reprimieron el impulso de llorar en aquel momento y corrieron hacia la ventana, lanzaron las dagas, difuminándose del lugar entre fragmentos de luz.


Odio escalar – dijo entre dientes mientras continuaba escalando el acantilado, siguiendo de cerca a su compañero.

No te quejes y sigue subiendo – le reprendió Ralph − el muro está a tres minutos de desaparecer por completo.

No tienes que recordármelo.

Una vez llegaron a la cima, se dejaron caer al suelo para recuperar el aliento, sus ojos se dirigieron hacia el castillo a lo lejos, podían ver el tenue brillo del muro y la ligera silueta de su rey tras ella.

Debemos irnos – levantándose de su lugar y comenzar a caminar por el camino.

Adalberto suspiro e imito a su compañero, le dedico solo unos minutos más a la escena que sus ojos presenciaban y, lo último que pudo ver antes de seguir a Ralph, fue como el muro caía así como el brillo del anillo utilizando su magia.


El paraje era árido, el viento helado de la madrugada hacia que sus huesos se resintieran y su aliento se cristalizaba cada que exhalaban. O había pasado mucho desde su escape del castillo, veinte minutos cuanto mucho, podían sentir como su propia magia lentamente se difuminaba y la razón de ello era en algo que no deseaban pensar siquiera.

Sus ojos contemplaban solo la planicie frente suyo mientras que detrás de ellos aún se podía observar el castillo y enormes cortinas de humo provenientes de él. Se detuvieron solo por unos minutos para recuperar el aire.

¿Y qué haremos ahora? – relamiéndose los labios.

Por ahora debemos llegar a Altissia e informar lo sucedido, después… Veremos cómo proteger al príncipe y a la princesa – explico Ralph.

Suena bien pero, ¿Cómo llegaremos a Altissia? A menos que sepas volar, estamos en serios problemas debido al transporte por no decir de los miles de cadentes que nos esperan una vez salgamos fuera de la protección de los faros.

Lo sé, también he pensado en eso y el único medio de llegar sin ser detectados es el regalia.

¿Qué? Ralph, ¿debo recordarte que el regalia fue destruido en una batalla antes de que Toshiya se volviera rey?

Es verdad pero por suerte encontramos las piezas vitales y de funcionamiento operativo del auto, Toshiya le pidió a Cid que lo reconstruyera, tardo algunos años pero finalmente lo logro.

Pero, si el viejo Cid lo reparo ¿Dónde está?

Toshiya decidió guardarlo en una de las mazmorras construidas como mausoleo que se encuentran a dos kilómetros de aquí – cruzándose de brazos.

¿Dos kilómetros? – Pregunto, llevando su mano hacia su barbilla en señal de concentración – te refieres… ¿a la mazmorra que se encuentras tras una cascada en las afueras del poblado de Greyshire?

Observo como Ralph asentía a sus palabras.

¿Por qué la construyo ahí? Odio a los malditos diablillos que se encuentran en su interior.

Justamente por eso, nadie se acerca a ese lugar por los diablillos que merodean el lugar.

Adalberto chasqueo la lengua en señal de molestia.

No perdamos más tiempo, el rey nos confió esta misión y debemos cumplirla.

Lo sé, espero que poseas la llave para abrirla.

No te preocupes por eso, la llave siempre la hemos tenido.

¿Eso qué significa?

Ya lo veras, por ahora es mejor irnos – palmeando su hombro.

Ralph dio la media vuelta, comenzando a caminar por el sendero que llevaba hacia su destino. Adalberto comenzó a caminar tras él cuando, un extraño sonido a lo lejos capto su atención.

¿Adalberto? – le llamo cuando noto que no le seguía el paso − ¿sucede algo?

¿Escuchaste ese sonido?

No, ¿Cuál sonido?

- Shhh… Escucha.

No emitió palabras y cerro sus ojos para escuchar mejor el entorno.

- Si, es difuso pero… Ese sonido me parece familiar… Se parece a…

Magitek – declaro Adalberto.

Los soldados elite de Nikiforov – secundo.

Una fuerte ráfaga de viento comenzó a azotar el lugar, ambos se cubrieron la cara con su antebrazo para cubrirse del polvo que se alzo por la misma. Abrieron sus ojos con dificultad y, ante ellos una enorme nave emergía de la nada.

¿Cuándo fue que Nikiforov infiltro a su armada sin que lo supiéramos?

¿Tu cómo crees?

Ralph no contesto puesto que sabía la respuesta a esa pregunta.

Los malditos Leroy – gruño Adalberto – ellos desactivaron todas las alarmas del reino así como los escudos, es lógico que le dieron la tecnología que sirve para volverse invisible e invadirnos si que lo supiéramos.

Las puertas de la nave se abrieron lentamente, hasta dejar ver a la figura de varios soldados, quienes saltaron de su interior cuando se encontraba a cierta distancia del suelo. Soldados enfundados en armaduras grisáceas, llevando en sus manos armas de fuego, lanzas eléctricas y viales sujetos a su cintura, comenzaron a caminar en su dirección.

Tal parece que nuestro viaje será todo menos divertido – convocando su arma para volver a empuñarla.

¿Creías que sería de otro modo? – preparado sus dagas para el ataque.


− ¿Los soldados Magitek no eran seres humanos convertidos en androides?

− Lo son – respondió Mary – actualmente nueva crisis no se ha visto en la necesidad de crear más androides por lo que, los que actualmente existen sirven como guarda real en aquel reino.

− ¿Son tan fuertes como parecen? – pregunto con timidez.

− No es tanto su fuerza Yuuri – contesto Adalberto – es su resistencia, tienen energía casi ilimitada y una cuerpo bastante resistente a los daños, incluso las armas ancestrales que poseíamos tenían dificultad para eliminarlos.

−Aun así, Sunan era el único capaz de acabar con ellos de golpe – bromeo Mary haciendo que Adalberto frunciera el ceño.

− Es normal que eso ocurriera cuando su único punto débil era su frente – tratando de excusarse.

− ¿Por qué Sunan si podía y Adalberto no? – Yuuri pregunto por curiosidad.

− Los Magitek tienen su punto débil en su frente pero, al estar protegidos por su casco – haciendo ademanes con las manos – las armas normales no podían llegar a ellas, Sunan al ser un francotirador y experto en armas de fuego, podía rodear esa desventaja.

Yuuri parpadeo un par de veces, imaginándose al padre de Pichit en su época de guerrero, lanzando una ligera risa por la escena, mientras Adalberto tras unas cuantas explicaciones más, continuo con su relato.


El sudor perlaba su frente, de su boca caía un hilillo de sangre, tenía varios cortes y roces de balas, su espada se encontraba enterrada en el suelo mientras se sujetaba con fuerza su brazo derecho. Ralph se colocó a su lado, toco su muñeca para examinarla y al tratar de moverla, Adalberto emitió un gemido de dolor acompañado de una mueca.

Fracturado – frunció el ceño por la declaración de su amigo.

¿Podrías decirme algo que no sepa?

Ahórrate el sarcasmo ¿quieres?– levantándose del lugar sin ganas, recorriendo el paraje con la mirada – no se rinden, cada vez que eliminamos una tropa, otra toma su lugar – observando como otra nave se acercaba.

Demian quiere vernos muertos – levantándose del suelo con pesar, apretando los dientes para evitar lanzar un gemido.

Eso está claro.

Debemos seguir, si no nos deshacemos de ellos no podremos llegar a Greyshire – empuñando su espada con su mano sana.

¿Qué estás haciendo? – Le riño Ralph – no podrás seguir peleando con esa fractura.

¿Quieres ver? – pasando por su lado con intención de ir al campo de batalla.

No lo harás – corriendo para colocarse frente suyo y detener su avance – te mataran.

¿Y qué sugieres? ¿Qué huya? – Sosteniéndole la mirada – la única vez que he huido ha sido por petición de Toshiya, no tengo intenciones de volverlo a hacer… Así que apártate.

No lo hare, El rey nos pidió vivir y eso haremos, no podemos simplemente lanzarnos al primer enfrentamiento, retirarse no es signo de debilidad es…

Una extraña luz ilumino el cielo nocturno. Ambos alzaron la mirada y cuando vieron como un haz de luz atravesó el mismo con rapidez la sorpresa en su rostro no se hizo esperar.

Dime que eso no era lo que creo que es…

El anillo ancestral – secundo Adalberto.

Con tan solo ver aquel objeto alejarse más allá de las montañas, supieron de inmediato lo que había sucedido dentro de las paredes del castillo.

Nuestro rey − Adalberto dijo entre dientes.

Ralph bajo la mirada, se mordió el labio inferior y sus manos se volvieron puños por la impotencia, tras aquel momento de aturdimiento, una resolución llego a su mente.

Adalberto.

Regreso a verle cuando escucho su nombre.

En menos de unos minutos nuestra magia desaparecerá – su voz estaba llena de pesar – para que Toshiya decidiera renunciar al anillo significa que perdió la batalla contra Nikiforov, cuando el muera…

No lo menciones – suplico.

Callo unos segundos y respiro profundamente.

Debemos cumplir la misión que nos encomendó, aunque eso signifique que se tengan que hacer sacrificios.

¿Qué estas tratando de decir?

En tu condición no puedes seguir luchando, pero yo sí.

Espera… Ralph, ¿no estarás queriendo decirme que...? – Comenzando a respirar agitadamente por el miedo – ¿Lo olvidaste? La misión que nuestro rey nos dio.

Y la misión se hará – hablo con seguridad – aunque sea solo uno el que llegue hasta el final.

Adalberto dejo caer el espada que desapareció entre luces fragmentadas, se acerco a Ralph para tomarlo de su uniforme y dejar sus rostros a centímetros del otro.

¿Dime que no me estas pidiendo que huya y te deje morir?

Entonces has captado perfectamente la idea – tomándolo de su muñeca para apartarlo de su lado – Soy un guerrero que juro proteger a su rey, jure proteger a la familia Katsuki aunque eso significase morir por ellos, el príncipe y la princesa esperan en Altissia y si la única manera de que ellos vivan para recuperar el trono es sacrificando mi vida… Lo hare con gusto.

Adalberto cerró sus ojos en señal de impotencia, abrió su boca para protestar aquel argumento pero la fuerte ráfaga de la nave sobre ellos le sindico que ya no tenían tiempo para seguir hablando.

Ya no tenemos tiempo – sus dagas aparecieron en sus manos – una vez ellos estén sobre tierra firme, abriré una brecha para que puedas irte.

Ralph.

Me dio gusto luchar a tu lado Adalberto.

Las palabras que deseaba decir murieron en su boca. Los soldados de Nikiforov cayeron desde el cielo, colocándose frente a ambos. Toda una horda que se lanzo sobre ellos sin siquiera darles tiempo a colocarse en posición.

Estos malditos – susurro sacando un vial de su ropa – Adalberto – mirándole de reojo.

No tengo opción ¿no?

Me temo que no.

Ralph activo el vial y lo lanzo al centro de la formación de androides, explotando tras caer al suelo, impregnando el lugar de enormes descargas eléctricas que inmovilizaron a todos los que estaban en contacto con aquel lugar.

Vete - su voz se escucho como una súplica.

Adalberto asintió, sacando una daga de sus ropas con su mano derecha y lanzarla hacia el otro lado del lugar electrificado, apareciendo segundos después entre fragmentos sobre el lugar donde la daga había caído. Se giro por unos segundos para observar a su compañero quien le sonrió por una última vez, asintiendo con su cabeza.

Su visión se volvió borrosa gracias a las lagrimas que lentamente se acumulaban en sus ojos, se limpio con el dorso de su mano y alzo nuevamente la vista, asintió a su compañero y, antes de darse la vuelta para seguir con su camino observo como los soldados recuperaban su movimiento y se lanzaban sobre su compañero.

つづく/ Continuara...


Si llegaron hasta aquí soportando tanta cháchara, debo agradecerles de forma infinita.

Tarde en actualizar porque tuve que borrar, reescribir, volver a borrar, luego mi inspiración se iba, mi trabajo me impedía escribir y así en un ciclo infinitivo.

No soy buena con el drama pero trate de relatar el pasado lo mejor posible puesto que en mi mente se veían bien monas pero a la hora de escribirlas no resultaban tan bonitas.

Sentí pena al escribir acerca de Toshiya, Hiroko y Ralph, por alguna razón Ralph… Lo ame, puesto que era el amigo sabiondo, que te regaña como si se tratara de tu madre pero te cuida como nadie.

Acerca de Alicia, los oráculos aunque no son poderosos como el rey Katsuki, tiene el poder de la luz, el poder de calmar la plaga aunque no eliminarla, por eso siempre hay uno oráculo a lado del rey.

Sé que esperaban escenas de batalla pero, Adalberto solo está relatando episodios de su pasado que cree importantes que Yuuri conozca, una batalla no es de importancia, pero en el futuro habrá peleas no se preocupen, en algún punto Yuuri deberá pelear ¿no creen?

Bueno, por el momento me despido.

La siguiente parte ya es final lo prometo 3

Nos vemos.

Notas:

*(Adiós, le dan mis saludos a su rey) – Palabras de Ravus a Adalberto

*Análisis: habilidad para ver las debilidades de tu adversario aunque solo acierta en un 50% ya que entre más poderoso es el enemigo más difícil es conocer su debilidad.

*Ascenso: Habilidad de imbuir un elemento a cualquier arma.