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− Capítulo X –
思い出
(Memorias)
-Parte Final-
El silencio se había apoderado de la sala, ninguno dijo palabras, recordar aquel momento había sido algo difícil tanto para Adalberto y Mary, al ver los rostros desolados de los dos, Yuuri se pregunto si quería seguir escuchando lo sucedido.
- Yo…No sé qué decir…
- No hay nada que decir, el hizo lo que creyó correcto – hablo Mary.
- ¿Jamás lo volvieron a ver? –Relamiéndose los labios – ¿En ese lugar fue que el…?
- No – contesto Adalberto – el no murió en ese lugar.
- ¿Sobrevivió? ¿Está vivo? – pregunto con un tono esperanzador en su voz.
- ¿Actualmente? – Yuuri asintió - Me temo que no.
- Pero, acabas de decir que el…
- Ciertamente, el sobrevivió a esa batalla pero su destino fue mucho peor Yuuri.
El azabache negó con su cabeza al no comprender.
- Lo capturaron – apretando con fuerza el respaldo de su asiento – durante la batalla al parecer descubrieron quien era, los androides pueden enviar información a través de sus datos a nueva crisis… Alguien les dio la orden desde ese lugar y lo llevaron como prisionero.
- ¿Con que fin? Creí que el rey Nikiforov los quería muertos.
- Información Yuuri, eso es lo que buscaba Demian de Ralph.
- Ralph era el consejero real, sabia cosas que ningún soldado sabia, ni siquiera Adalberto y Sunan tenían esos conocimientos – tomo la palabra Mary - Sabia toda clase de información confidencial, datos, claves, cargos de personas importantes que siempre estuvieron en el anonimato, el lugar donde estaba la santalita, información de cadentes que ellos no poseían, cuentas bancarias, los bienes que los Katsuki poseían, bases ocultas, mazmorras creadas para proteger los tesoros de nuestra familia y otros datos.
- Para Nikiforov tener como prisionero a Ralph era un golpe de suerte que no quería pasar por alto así que… Lo llevaron a nueva crisis donde lo torturaron por años – agrego Adalberto.
- ¿Lo torturaron? – Llevando la palma de su mano hacia su boca al escuchar las palabras del mayor - ¿Él les dijo lo que sabía?
- Ralph era alguien de una voluntad férrea, ni la más grande tortura podría hacerle hablar además, aunque lo deseara jamás podría decir nada.
Yuuri levanto una ceja al escuchar lo último.
- ¿Recuerdas que los Kingsglaive poseíamos un extraño tatuaje en nuestras espaldas?
- Si, un símbolo como de rayo ¿no?
- El símbolo significaba nuestro lazo con el rey, al morir este o dejar su cargo, este desaparece ya que nuestro juramento de protegerle es levantado, nos libera del mismo para hacer lo que deseemos con nuestras vidas.
- ¿Y… Que tiene que ver ese símbolo?
- En Ralph tenía otra función, aparte del lazo con Toshiya… El símbolo era un hechizo antiguo que lo privaba de hablar si en dado caso deseara traicionar al rey y vender sus conocimientos al enemigo.
- ¿Eso es…? – sorprendiéndose por la información.
- Aunque el deseara hablar su boca jamás podría hablar de eso… Sus labios estaban sellados por la magia de los sidéreos.
Apretó con fuerza la tela del sofá, imaginándose la tortura que Ralph había vivido durante todos esos años.
- Sufrió mucho – dijo en voz baja – Él no tenía que vivir eso.
- Lo hizo, pero aun así no se rindió, se mantuvo firme – una débil sonrisa apareció en el rostro de Adalberto – cuando no pudieron sacarle nada lo trasladaron a la prisión bajo el mar en Nueva Hasetsu.
- ¿Te refieres a la prisión de máxima seguridad, donde nadie ha podido escapar?
- Si, esa misma – afirmo – aunque eso de nadie ha escapado no es del todo cierto.
- Bueno, según informes, hubo un prisionero que lo hizo hace años pero… Murió durante su persecución.
- Lo sé, después de todo era obvio que en algún momento Ralph escaparía de ese lugar.
Aquellas palabras fueron como un balde de agua fría para Yuuri.
- ¿Ha? – Abrió su boca con sorpresa - ¿Me estás diciendo que era Ralph?
- Si, ¿Quién más crees que pudo escapar de ese lugar?
- Pues… Bueno...
- ¿Sucede algo?
«Entonces, ¿no era Chris? Aunque pensándolo bien, por esas fechas él debía ser un niño de no más de doce años… Aunque eso no evita que sea un traficante de armas, actualmente hay jóvenes de quince años en ese negocio»Pensó para sus adentros, haciendo que tanto Mary como Adalberto se regresaran a ver por la forma tan concentrada en la que estaba el menor.
- ¿Yuuri? – lo llamo su hermana.
«Pero si no es Chris, ¿Por qué tiene el símbolo de los Kingsglaive en su espalda si este desaparece tras morir el rey?, aunque debió parecerme extraño que no fuera mencionado dentro de la guarda… ¿Tan despistado soy? »
- Yuuri – levanto la voz Adalberto para captar su atención.
Se sobre salto al escuchar el leve grito de Adalberto, regresándolos a ver con sorpresa.
- ¿Qué?
- Eso mismo queremos saber – contesto su hermana - ¿estás bien? te quedaste callado tras saber que era Ralph.
- Si, solo que… Me sorprendió.
- ¿Seguro? Podemos continuar después – sugirió Adalberto.
- No, estoy bien – dijo para calmarlos – puedes continuar, ¿qué sucedió con Ralph tras huir?
- El escapo gracias a que se liberó de los grilletes, noqueo a los guardas y robo las credenciales para abrir las puertas, lamentablemente la alarma sonó y lo persiguieron… Lanzaron viales de fuego contenido y él se vio envuelto en esa explosión.
- ¿El murió por la explosión?
- No, pero quedo gravemente herido, de algún modo uno de nuestros aliados que vivía en un poblado cercano lo encontró y lo llevo a Cape Caem, donde residía su padre.
- ¿Cape Caem no es donde se encuentra el viejo faro que los antiguos reyes usaban para usar el yate real y viajar a Altissia?
- ¿Cómo sabes eso Yuuri? – Su hermana pregunto con sorpresa – Aun no te hemos hablado de él.
- Bueno… Yo… ¿Por qué sé eso? – se preguntó.
Adalberto y Mary se regresaron a ver con preocupación en sus rostros.
- En fin, eso no importa – la voz de Adalberto trato de cambiar el tema – Ralph vivió sus últimos momentos en aquel lugar.
- Pidió vernos, tú aun estabas en la escuela primaria así que te quedaste en casa de Pichit aquel día – dijo Mary con una leve sonrisa.
- Oh, sí recuerdo ese viaje imprevisto, ustedes dijeron que iban a ver a un viejo amigo.
- Así es, no fue una mentira del todo – secundo a su hermano.
- Recuerdo su sonrisa al vernos llegar, como trataba de no mostrarse débil ni lastimado por esos años de tortura, recordamos el pasado por unos breves instantes, reímos como en aquellos tiempos y … ese mismo día, murió con la mano de su padre en su hombro sus manos siendo sostenidas por su hijo y por mí – ligeras lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas - me dijo que sabía que yo cumpliría la misión y que estaba feliz de que no se equivocó al encomendármela, estaba orgulloso de lo bien que estaba cuidándolos… Que me esperaba del otro lado junto a Toshiya y Hiroko.
- Adalberto.
- Fue difícil despedirme de él ¿sabes? Fue mi mejor amigo, aunque nunca se lo dije.
- Él lo sabía – Mary dejo su mano sobre su brazo – para el también fuiste su mejor amigo.
Adalberto asintió mientras las lágrimas caían, tras una larga respiración se limpió las lágrimas.
- Una pregunta, ¿Su esposa no estaba con él ese día? Lo digo porque no la mencionaste.
- No, ella no estaba en Nueva Hasetsu.
- ¿Por qué?
- Bueno, no creo que quieras ver morir al hombre que dejaste por irte con otro y cuya relación quedo aun peor por cuestiones de pensiones y custodia del hijo que tenían.
- Oh… Vaya.
- Esa mujer como no consiguió la custodia y no pudo sacarle nada a Ralph lo dejo y se fue con su amante a nueva crisis – Mary frunció el ceño – lo más lamentable es que ni aun con su muerte se dignó en todos estos años en ver a su hijo ni velar por su bienestar.
- Eso ya no nos incumbe Mary.
- Lo sé – desviando la mirada.
- Y ¿Actualmente dónde está el hijo de Ralph? ¿Está vivo?
- Bueno… Si, está vivo, tiene dos trabajos uno es dentro del modelaje, profesión que no agrado a su abuelo – comenzando a reír – y el otro trabajo tampoco es de su gracia pero, es necesario – encogiéndose de hombros – al menos vela por la seguridad y comodidad de ese viejo cascarrabias, Ralph estaría orgulloso de él.
- Parece un chico agradable por lo que veo.
- Pronto te lo presentaremos, estoy segura que se llevaran bien – su hermana le sonrió ante lo dicho.
Yuuri asintió.
- Y… ¿Qué sucedió después de que…Ralph…?
Adalberto lo observo por unos segundos, tratando de asimilar todo lo dicho, respiro profundamente y comenzó a relatar su pasado nuevamente.
Abrió sus ojos lentamente, el cielo aún se encontraba en penumbras, había perdido la noción del tiempo tras haber caído por aquel acantilado. Trato de moverse con dificultad sintiendo como cada uno de sus huesos se resentían por la caída, sobre todo el brazo fracturado el cual le enviaba pinchazos de dolor cada minuto.
No recordaba con claridad lo sucedido, lo último que su mente había retenido es ver el viejo poblado de Greyshire en la lejanía, la aparición de cadentes cerca del acantilado y como estos lo atacaron haciéndolo caer segundo después de que su magia desapareciera por completo.
Se apoyó en la pared rocosa del lugar y observo el paraje frente suyo. El lugar estaba cubierto por enormes árboles, el sonido del agua se escuchaba a pocos metros de él, un enorme rio cuyo final no podía verlo con claridad y a lo lejos las luces de los faros lo mantenían protegido de los cadentes.
- Malditos Cadentes – dijo entre dientes – al menos no me tendré que preocupar por ellos.
Perder su magia en aquel momento había sido un golpe duro para su propio bienestar, aunque había sobrevivido de milagro al caer del acantilado no significaba que el viaje sería fácil, mucho menos cuando tendría que enfrentar a los cadentes que vivían dentro de la cueva tras la vieja cascada.
Camino por el sendero por unos cuantos minutos hasta que llego a las orillas del rio. Giro su cabeza para encontrarse con la enorme cascada ubicada a su derecha y se dio la vuelta para caminar por el sendero rocoso que conducía hacia ella. Tras una caminata sobre piedras enmohecidas por el ambiente se topó con un letrero que decía "Peligro, diablillos, manténgase lejos del interior" y paso por su lado, haciendo caso omiso del mismo.
- ¿Te atacaron?
- Si, y no tuve más opción que hacer algo que he odiado toda mi vida.
- ¿Y eso es?
- Huir.
Corría sobre caminos rocoso, el frio comenzaba a calarle en los huesos, la temperatura bajaba cada que se adentraba en el lugar de aquella vieja mazmorra, las risas agudas de los diablillos se escuchaban tras él mientras que esquivaba con dificultad las bolas de energía oscuras que estos le lazaban.
Continuo corriendo sin detenerse pero, cuando su vista regreso al frente tuvo que detenerse de golpe al ver un enorme acantilado frente suyo.
- Genial, tenía que aparecer esto ahora.
Las risas de los diablillos se escuchaban más cerca, Adalberto se giro para ver tras él y pudo distinguir la figura de los mismos en la oscuridad, giro su cabeza nuevamente para ver el acantilado y levanto su vista al ver la distancia que había entre su lado y el que estaba enfrente.
- Pues… No tengo de otra.
Dio unos pasos hacia atrás y, al escuchar a los diablillos a centímetros de él, tomo impulso y salto al otro lado, logrando sujetarse de la orilla del mismo con su brazo derecho.
- Vamos… Tú puedes.
Las venas en su frente se remarcaron por el esfuerzo así mismo en su brazo derecho, con toda la fuerza que le quedaba logro levantarse e impulsarse con sus pies – que lograron sujetarse a salientes del acantilado- y subió hasta caer sobre el suelo del mismo.
- Rayos… - levantándose con dificultad del suelo.
Los diablillos del otro lado solo lo observaron unos segundos, sin moverse de su sitio. Adalberto les regreso la mirada, rompiendo el contacto comenzó a correr mientras estos saltaban y lo perseguían sin vacilación.
Comenzó a temblar por el frio pero continúo corriendo, esquivando sus ataques y trastabillando cada que sorteaba piedras por el camino, hasta que, se detuvo al llegar a una saliente y cuyo interior parecía un tobogán creado por el hielo.
Se giró al escuchar los sonidos de los cadentes tras él, camino hacia tras pero casi cae por la saliente al llegar al límite. Los diablillos lo miraban con una sonrisa sádica en sus rostros, sus manos comenzaron a formar bolsas de energía oscura y, tras un segundo de pensarlo las lanzaron hacia Adalberto quien cayó por el tobogán de hielo.
Estuvo cayendo por él durante unos cuantos minutos hasta que, tras llegar al final su cuerpo cayo de golpe al suelo, reprimiendo un grito de dolor al caer sobre su brazo fracturado. La cabeza le daba vueltas y su estómago se encontraba revuelto por la caída, se colocó boca abajo y alzo la vista.
La puerta de la mazmorra creada por el rey se encontraba pocos metros de él.
- Toshiya, ¿no pudiste esconderla en otro lugar?
Se levantó reprimiendo cualquier quejido de dolor, caminando lentamente hacia la puerta. No paso mucho cuando escucho el golpe de algo caer al suelo y, tras el estaban los diablillos nuevamente, riendo de forma malévola.
- ¿No pueden dejarme en paz?
Nuevamente las bolsas de energía aparecieron en sus manos y las lanzaron hacia Adalberto quien, por la caída aun no podía moverse del todo, siendo lanzado por la energía de estas hacia la puerta, golpeándose fuerte mente la cabeza, donde la sangre comenzó a emanar por la herida.
Se giró hasta quedar sentado, apoyándose sobre el frio metal de la puerta, se llevó su palma hacia la herida para quitar la sangre y visualizar como los cadentes de acercaban lentamente, esta vez, con aquellas garras listas para desagárralo por completo.
Adalberto apoyo su mano sobre la puerta manchándola con su sangre, trato de levantarse nuevamente pero, cayó nuevamente al suelo por el dolor que recorría su cuerpo. Cerro sus ojos y se preparó mentalmente para morir pero, un extraño sonido tras de sí le hizo levantar la vista.
"ADN DETECTADO… PERMISO PARA ENTRAR"
-¿Qué?
La cerradura de la puerta comenzó a abrirse, las paredes que estaban a cada lado suyo comenzaron a levantarse y en su lugar unos extraños paneles se fueron colocando. Los cadentes comenzaron a correr y se abalanzaron sobre de él pero, antes de que siquiera lo tocaron, los paneles se iluminaron y los cadentes cayeron al suelo, emitiendo un sonido agudo como si se tratara de gemidos de dolor, lentamente comenzaron a deshacerse hasta que no quedo nada en su lugar.
- Faros – expreso Adalberto con sorpresa.
Se relamió los labios y se levantó con esfuerzo de su lugar, girándose para ver como la puerta ahora se encontraba abierta.
- Ahora entiendo porque Ralph dijo que la llave siempre la hemos tenido – caminando un poco hacia el interior de la mazmorra - No sé si sentirme alagado que mi ADN fuera tomado como una de las llaves o reprocharle a Toshiya lo sádico que suena eso.
Con cuidado comenzó a bajar la escaleras en forma de caracol, el sonido de sus pasos fue el único sonido presente tras cerrarse la puerta una vez entro al lugar. Durante su camino pensó en miles de cosas, en lo sucedido en palacio, el sacrificio de su rey, de las últimas palabras de Ralph, en lo que haría una vez llegara a Altissia, en cómo debía darles la noticia a la princesa y al príncipe y en ningún escenario que pudiese imaginar aquello terminaba bien.
Sus pasos se detuvieron una vez llego al final de la escalera, el lugar se ilumino por completo por gracias a los paneles que estaban en el techo. El lugar era parecido a la sala de control dentro de palacio, enormes pantallas estaban en el lugar, emitiendo datos, estadísticas pero sobre todo se encontraban vigilando el exterior con cámaras colocadas en puntos estratégicos.
Se acercó a la enorme computadora que estaba a unos metros suyos, con u mano sana comenzó a buscar la base de datos y encontró los que buscaba, los que hablaban del regalia y su actual funcionamiento.
- Veamos que tenemos aquí.
Pulso comandos, que le llevaron a varios documentos de funcionamiento, las nuevas funciones que poseía así como la tecnología que Cid había colocado en el viejo auto que alguna vez condujeron en su juventud. Tras leer algunos documentos, procedió bajar la palanca que estaba a su lado y tras hacerlo, un extraño sonido inundo el lugar.
Se giró y para su sorpresa el suelo se abrió, lentamente el auto comenzó a ser subido por una columna hasta que estuvo por completo a la vista de Adalberto y suelo se volvió a cerrar.
- Cid lo reconstruyo bien.
Se alejó de la computadora central y se acercó a un cubículo donde busco algún botiquín, encontrándolo en el cajón inferior, saco unas cuantas vendas, jeringas y frascos del lugar, llevándolas consigo hacia una mesa que estaba a unos metros del regalia.
Dejo todo sobre la superficie y tomo las vendas para sujetar el brazo fracturado de forma que estuviese totalmente inmovilizado. Tomo la jeringa, abrió uno de los frascos para dejar que el líquido entrara en la primera y procedió a inyectarse su contenido, sintiendo como el dolor cedía ante la morfina.
- Al menos no sentiré el dolor por unas horas.
Se alejó y volvió a la computadora central para terminar de conocer el nuevo funcionamiento del auto, llevándose miles de sorpresas al leer todas sus modificaciones, desde energía ilimitada, escudos, camuflaje y el uso de una tecnología denominada type-f, la cual nunca se había utilizado por su alto nivel de inestabilidad pero, por los informes que leía, el viejo Cid había logrado manipularlo y hacer que el viejo auto pudiese surcar los cielos. Adalberto solo sonrió pero la misma no duro mucho, cuando el lugar comenzó a iluminarse en tonalidades rojas acompañadas de un sonido parecido a una alarma.
"PELIGRO… INTRUSOS, SE RECOMIENDA TOMAR MEDIDAS DE ATAQUE"
Adalberto regreso a ver la pantalla y diviso las cámaras, en el exterior los soldados de Nikiforov descendían de su nave y se dirigían a la cascada.
- Me estuvieron siguiendo.
Observo cómo cada defensa creada por Toshiya era sorteada, paredes hechas eran derrumbadas, los cadentes eran destruidos por sus armas, lentamente se iban acercando a la puerta de la mazmorra.
"PELIGRO, LOS INTRUSOS ESTAN A 500 METROS DE DISTANCIA SE RECOMIENDA LA EVACUACION INMEDIATA"
- Genial… No me queda de otra – regreso a ver el regalia – no es como si supiera como volarlo… - Pulso varios comandos y la escotilla se desplego, así como la cascada era partida en dos, creando una salida al exterior - No puedo dejar que lo que haya aquí sea tomado por ellos – susurro – Toshiya debió crear un sistema de autodestrucción – comenzado a pulsar comandos y botones – vamos.
"LOS INTRUSOS ESTAN A 300 METROS"
- ¡Ya lo sé! – Dijo desesperado, mientras buscaba el sistema - ¡Lo encontré!
"EL SISTEMA SE AUTODRESTRUIRA EN MENOS DE CINCO MINUTOS… ¿DESEA CONTINUAR?"
Adalberto observo la pantalla por unos segundos, cerro sus ojos y tras un suspiro, pulso el botón de confirmación. Se alejó de la pantalla y abrió la puerta del regalia para entrar en su interior.
"LOS INTRUSOS ESTAN A 100 METROS"
-Pues se llevaran una sorpresa cuando entren – colocándose con dificultad el cinturón de seguridad, encendiendo el auto y tomando la palanca de velocidades – Aquí vamos, veamos si lo que te hizo cid valió la pena.
"ALERTA LA PUERTA A SIDO DESTRUIDA, LOS INTRUSOS HAN ENTRADO AL LUGAR"
Adalberto se giró solo un momento solo para ver a los soldados entrando al lugar, regreso a ver al frente y puso en marcha el auto.
- No lo dejen escapar, disparen.
Los soldados comenzaron a disparar sus armas y el auto avanzo por la escotilla, mientras ellos comenzaron a correr tras él.
"ALERTA, QUEDAN TRES MINUTO PARA LA AUTODESTRUCCION"
El auto comenzó a ganar velocidad, mientras los soldados aumentaban la suya propia.
- Odio a los malditos androides… Y odio que necesite un nivel de velocidad para volar.
Los disparos se escuchan con fuerza dentro de aquel estrecho lugar, el regalia iba cada vez a más velocidad y, una vez el censor le indico que tenía el nivel necesario Adalberto pulso el botón frente suyo y el regalia comenzó a modificarse.
"ALERTA, QUEDA UN MINUTO PARA LA AUTODESTRUCCION"
La parte inferior se modificó, hasta parecerse a la cola de un avión, bajo del mismo unos propulsores se colocaron en lugar de las llantas traseras y el auto comenzó a elevarse del suelo saliendo del lugar con rapidez mientras los androides se detenían al filo de la escotilla, mientras seguían disparando.
"AUTODESTRUCCION CONFIRMADA"
El lugar exploto tras Adalberto, destruyendo todo a su paso así como a los androides que estaban en su interior, aquello alerto para mala suerte del mismo a la nave que trajo consigo a los androides.
- Genial – susurro.
Yuuri lo observaba con sorpresa e incredulidad.
- ¿Destruiste la mazmorra y alertaste al enemigo con ello?
- No es como si lo hubiese planeado de ese modo Yuuri.
- Creo que era algo… Obvio, considerando que los androides llegaron con ella ¿no crees?
- En ese momento mi único objetivo era salir de ahí y llegar a Altissia.
Yuuri soltó una ligera risa.
- Ahora entiendo porque Ralph era el que creaba los planes.
- ¡Oye! – Le reclamo - ¡Yo también he creado buenos planes de batalla!
- Claro – ganándose una mueca de disgusto por parte del mayor.
- Yuuri – le llamo su hermana.
- Lo siento – se disculpó - ¿te persiguieron hasta Altissia?
- No, me persiguieron durante un tiempo pero logre evadirlos, por suerte no me derribaron, los escudos de Cid protegieron al regalia.
Soltó un largo suspiro de cansancio, llevo su vista hacia el reloj en el panel y este marcaba las cuatro de la mañana. Se hundió en su asiento, sintiendo como el sueño lentamente estaba haciendo mella en su concentración.
- No creo por der seguir volando – murmuro.
Pulso el panel y dejo en el comando el destino que debían seguir, seleccionando las coordenadas que el regalia debía seguir tras pulsar el modo de piloto automático.
- Ralph…Lo logre.
Y la inconsciencia lo llevo junto a sus brazos.
La primera vez que abrió los ojos, se encontró con el cielo aun oscuro, la puerta del regalia lentamente se abría, encontrándose con el rostro de una sacerdotisa, podía ver como esta movía sus labios pero no lograba captar lo que esta decía, la preocupación se podía leer claramente en su rostro, lo único que pudo pronunciar antes de volver a caer en la inconsciencia fue el nombre de Freya.
La segunda vez que abrió sus ojos se encontraba acostado sobre una suave cama, el olor a incienso impregnaba el lugar llegando hasta sus fosas nasales, las cálidas manos de un sacerdotisa curaba sus heridas y envolvía sus brazos y piernas con vendajes limpios, el sonido de frascos al tintinear, de voces en la lejanía pidiendo algún extraño medicamente fueron los que logro escuchar antes de volver a cerrar sus ojos y dormir nuevamente.
La última vez que abrió sus ojos fue cuando recupero la conciencia por completo, el olor a incienso aún continuaba en el ambiente pero no había rastro de la sacerdotisa que lo había curado, se sentó sobre su cama con dificultad, notando como cada una de sus heridas se encontraban vendadas así como su brazo se encontraba sujeto desde su cuello. Giro su vista para encontrarse con una jarra de agua fres y un vaso lleno de esta, el cual tomo con su mano sana y tomo su contenido.
- Me alegra verle despierto joven Adalberto.
La voz de una sacerdotisa capto su atención, dejando el vaso en la mesita de alado junto a la jarra.
- Estoy en Altissia ¿cierto?
- Así es – acercándose a su lado.
- ¿Cuánto tiempo llevo dormido?
- Un par de horas.
- Ya veo – bajando la mirada.
- Le recomiendo dormir un poco más, las heridas que posee tardaran un poco en sanar, aunque su brazo tomara más tiempo – le indico.
- La princesa y el príncipe… ¿Dónde están?
- Ambos se encuentran en el jardín a lado de la princesa Yuko, lady Freya y el joven Nishigori.
- Comprendo – sintiendo por un segundo que el peso sobre sus hombros se aflojaba.
- Es mejor que duerma, vendré a ver sus heridas más tarde – dándose la vuelta para comenzar a caminar fuera del lugar.
- Disculpa.
- ¿Si? – girándose un poco para verle.
- Necesito hablar con la reina Alicia.
- ¿La reina? – Mirándolo sin expresión en su rostro - Me temo que no es posible, la reina Alicia se encuentra en Nueva Hasetsu visitando a los reyes ya que hoy son las negociaciones.
- ¿Qué? – Observando con incredulidad a la sacerdotisa - ¿no está aquí?
- No – observando el gesto de desconcierto en el rostro ajeno - ¿Sucede algo?
«No es posible, se supone que la reina Alicia huyo de palacio ¿Por qué no está en Altissia? Además, ¿Por qué nadie sabe de lo sucedido?» pensó para sus adentros.
- Si no hay nada más que necesite me retiro.
- Espera – deteniéndola antes de que diera la vuelta - hay algo más que necesito.
- Usted dirá.
- Necesito hablar con Lady Freya, es urgente.
La puerta emitió un crujido al ser abierta nuevamente, Freya entro a la enfermería con aquel paso lento pero lleno de gracia que le caracterizaba, su rostro se mostraba inexpresivo como era costumbre pero, al ver a Adalberto sentado sobre su cama una sutil sonrisa apareció en su rostro. Se inclinó brevemente para dedicarle un par de palabras a la sacerdotisa, quien asintió y desapareció por la puerta, cerrándola tras ella.
Con calma se fue acercando hasta llegar a su destino sentándose en el pequeño banco que estaba junto a la cama, dejando sus manos sobre su regazo y alzando su cabeza para enfocar el rostro del mayor.
- Me alegro que tus heridas no fueran de gravedad – observando las vendas en el cuerpo del otro.
- Por un momento pensé que no lo lograría – indicio – agradezco que cuidaran de mi persona.
- Era lo menos que podíamos hacer por usted.
Adalberto asintió a sus palabras.
- Me fue comunicado que deseaba verme, ¿el motivo de ello, es la misma razón del por qué llego con esas heridas? – colocando un ligero gesto de preocupación en su rostro.
- Me temo que así es.
- ¿Sucedió algo en Nueva Hasetsu, no es así?
Apretó con fuerza las sabanas de su cama y apretó los dientes.
- Por la tensión en tu cuerpo puedo suponer que es así.
Adalberto bajo la cabeza y cerro sus ojos, tratando de impedir que las lágrimas cayeran por sus mejillas.
- El rey… Murió – dijo más como una afirmación que como una pregunta.
Abrió sus ojos ante aquella afirmación y las lágrimas que estuvo reteniendo finalmente cedieron, cayendo por sus mejillas sin poder detenerlas.
- ¿Cómo es que…?
- ¿Lo sé? – Concluyo la pregunta del mayor- La muerte del rey sacudió al mundo, un gran temblor se hizo presente hace unas horas – sonriendo al notar el gesto de confusión en el rostro ajeno – La gran barrera que protege el mundo, fue creada con la fuerza vital del primer rey Katsuki, siendo reforzada por la fuerza del oráculo… Al morir el rey, la barrera lo resiente y pierde una parte de sí misma, por eso el mundo fue expuesto a aquel temblor.
- Nunca supe – limpiándose las lágrimas – de algo así, se acerca de la barrera pero no de lo que sucedía tras la muerte de un rey de Nueva Hasetsu.
- Nunca había sucedido, ningún rey había perecido antes de traspasar su poder a su sucesor.
- Ya veo – soltando un largo suspiro.
- Adalberto – la suave voz de Freya se escuchaba más como un arrullo que como la voz de una joven mujer – Sea cual sea el motivo de la muerte del rey, no fue culpa tuya.
- No pude hacer nada para salvarle, falle en cumplir mi juramento.
- No, no es así – aseguro – no fallaste, estas aquí – Alargando su mano para dejarla sobre la del otro - ¿el rey te pidió que vinieras, tengo razón?
- Él nos pidió que protegiéramos a sus hijos, que ellos eran el futuro del mundo, pero solo yo pude llegar hasta aquí, Ralph… El…
- A veces para proteger aquello que amamos debemos hacer grandes sacrificios.
- Eso mismo dijo una vez Ralph.
- Sera porque de cierta manera pensamos igual – inclinando su cabeza – Ralph hizo lo que creyó necesario, preservar la vida de los hijos de su rey, después de todo, ellos son los últimos Katsuki dentro de la línea de los reyes ancestrales.
- ¿Dentro de la línea? – Pregunto con confusión - ¿Qué significa eso?
Freya se mantuvo en silencio, dejando sin respuesta la pregunta del mayor, simplemente dibujo una triste sonrisa en su rostro.
- ¿Puedes contarme lo sucedido en Nueva Hasetsu?
Adalberto supo de inmediato que Freya trataba de cambiar la conversación por algún extraño motivo pero, al ver aquel pálido rostro sonreír de aquella forma decidió no insistir.
- Te lo contare pero – mirando fijamente el rostro de la mujer – deseo que este presente la princesa Mary, ella merece saber la verdad.
- Entiendo.
- Lo que sí puedo decirte es que, sufrimos una grave traición y las negociaciones fueron una farsa.
El rostro de Freya pasó de la expectación a la intriga al escuchar aquellas palabras.
- De acuerdo, hare que llamen a la princesa – levantándose de su asiento – te veré en la sala principal, una de las sacerdotisas te ayudara.
- Puedo andar solo – dijo de manera brusca.
- Lo sé, pero no queremos que tus heridas se habrán y tengas que permanecer en cama por más tiempo de lo debido ¿o sí?
Adalberto desvió la mirada, dándole la razón.
- El tiempo apremia según veo y entre más rápido sanes será mejor – alargando su mano para tocar su mejilla – no tienes por qué sentirte acorralado, en este lugar puedes encontrar la paz que tanto necesitas… El camino que te aguarda es largo y difícil, pero sé que podrás con ello, Nix.
Adalberto solo la contemplo sin decir palabra alguna.
- Te veo en la sala principal – dando la vuelta para alejarse de la cama.
Adalberto la siguió con la mirada hasta que finalmente desapareció tras la puerta, tratando de descifrar que significaban aquellas palabras tan extrañas que la misma le había dicho.
- Supongo que es aquí donde… Tú te enteraste de la muerte de nuestros padres – dirigiendo su vista hacia su hermana.
- Si - sosteniéndole la mirada – en ese momento sentí que, mi mundo se volvía pedazos ¿Cómo era posible que nuestros padres estuvieran muertos, si una noche antes hable con nuestra madre? – dijo angustiada.
- Mary – alargando su mano para tomar su mano.
Su hermana negó con su cabeza.
- Estoy bien, fue hace mucho pero… El dolor aún sigue ahí, no con la misma intensidad pero, siempre está presente.
- Tu cargaste todo eso, soportando el dolor, la pena que representaba –hundiéndose sobe su asiento- y yo ajeno a todo eso.
- No es tu culpa – dijo comprensiva - decidimos que era lo mejor para ti.
- ¿Lo mejor? – Mirando a su hermana y regresando su vista al rostro de Adalberto - ¿Y eso era?
- Olvidar.
La televisión seguía encendida, las noticias se mantenían en un solo punto de concentración, la tragedia dentro de las paredes del castillo de nueva Hasetsu, eran el único tema que desde las nueve de la mañana seguía siendo tema de controversia internacional. Miles de personas lloraban a sus seres queridos muertos en aquel ataque, otros lamentaban la pérdida de su rey y otros no sabían que pensar.
La economía se había paralizado ¿sin su eje principal como iban a seguir funcionando? ¿Quién los dirigiría? Muchos proponían buscar a un sucesor, alguien de la familia plebeya de la reina Hiroko quizás podría ascender y otros –influenciados por Nikiforov según Adalberto- insinuaban que el rey de nueva Crisis podría liderar ambos reinos, tenía la experiencia necesaria.
Tomo el control de la televisión y pulso el botón de apagado para no seguir escuchando aquellas insensatas palabras provenientes de aquellos traidores y dirigió su mirada hacia Mary, quien seguía llorando de forma desconsolado sobre el regazo de Freya tras recuperar la conciencia.
- Mis padres – dijo en un susurro bajo.
- Princesa.
Freya regreso a verle y negó con su cabeza.
- ¿Cómo está la princesa Yuko? – pregunto sentándose en el sofá que estaba en frente.
- Bien, al menos por ahora, aún no he podido hablar con ella ni decirle que su madre no volverá – acariciando la cabeza de Mary.
- Ahora que su madre ha muerto, ¿Qué sucederá con ella?
- Con la muerte de la reina Alicia, la princesa Yuko es el nuevo oráculo de Altissia, por lo que su entrenamiento como tal debe comenzar pronto – dejando ver la tristeza que la embargaba.
- ¿No es algo brusco? Su madre acaba de ser… - callando por unos segundos antes de decir lo que pensaba – Ahora que la reina ha muerto.
- Lamentablemente no es posible – asevero – hay una razón por la que el entrenamiento de un oráculo comienza a los doce años y es porque su antecesora debe traspasar su poder cuando su descendiente cumple los diecinueve años, así el poder de esta se mantiene intacto y se fortalece pero… La reina Alicia murió sin poder hacerlo por lo que su poder paso de forma directa a su hija, una joven oráculo falta de entrenamiento, sino se le capacita no será capaz de soportar la carga de la barrera que ahora debe cargar sobre sus hombros.
- ¿Qué sucedería si la princesa Yuko no recibe el entrenamiento? ¿Por qué no esperar a que cumpla los doce?
- Si no comenzamos ahora, estaremos expuestos a que la barrera falle por completo y la plaga que nos ha azotado por siglos devore el mundo entero.
- ¿No hay otra forma? – buscando alguna solución al triste destino de la joven princesa.
- La otra alternativa seria conectar el poder de los Katsuki que duerme en el pequeño Yuuri pero, para eso…
- Necesitamos la santalita.
Freya confirmo aquello con un movimiento de cabeza.
- Y ahora el cristal ancestral está en manos de ese maldito Nikiforov – golpeando uno de los cojines con su mano derecha.
- No hay nada que hacer, La pequeña Yuko deberá someterse al entrenamiento y mantener la barrera, al menos hasta que el actual rey crezca y reclame su trono.
- Hablando del nuevo rey – Acomodándose sobre el sofá – hay algo que Toshiya menciono respecto al pequeño Yuuri.
- Por lo que puedo notar, esa intriga te ha carcomido la cabeza desde entonces – sonriendo ligeramente la ver como Mary se levantaba y se limpiaba las lágrimas.
- ¿Qué dijo? – La tímida voz de Mary se escuchó sorprendiendo a ambos adultos – Mi padre, ¿Qué dijo de Yuuri?
Con una mirada una muda pregunta floto en el aire a lo cual Freya simplemente asintió.
- Cuando… Nos pidió venir por ustedes, comento que debíamos protegerles, que a partir de ahora nuestro deber era servir a nuestro nuevo rey.
- Yuuri – respondió mary con tristeza.
- Si – asintió – pero, eso no fue lo que me dejo intrigado, sino… El aseguro que Yuuri era…
- El rey de reyes – concluyo Freya.
- Si, ¿Cómo es que…? – dijo asombrado por la forma en como Freya solía terminar sus oraciones.
- Porque es la verdad, Katsuki Yuuri nació con la vieja profecía sobre sus hombros – Adalberto abrió sus ojos a su máxima expresión al escucharla.
- ¿Rey de reyes? ¿Qué es eso? – Mary regreso a ver el rostro de Freya.
- ¿Recuerdas que hace poco leíste la vieja profecía que se guarda dentro de las páginas del cosmogonía?
Asintió.
- ¿Recuerdas que decía?
- Pues… Decía algo de que, los sidéreos entregaron su poder a un mortal para combatir la oscuridad, la plaga que azota el mundo – Freya asintió – también, que algún día, aparecería un elegido, aquel mortal escogido por la santalita, nacería con gran poder y desterraría para siempre la oscuridad del mundo – termino de relatar – Pero, ¿qué tiene que ver eso con Yuuri?
- El rey de reyes es el elegido, aquel mortal bendecido por los sidéreos, capaz de regresar la luz al mundo… El entronado.
- ¿Está diciendo que mi hermano es el entronado? – el asombro se comenzó a mostrar en su rostro – pero... Él es muy pequeño, no puede ser el.
- No hay error alguna princesa Mary.
- ¿Cómo esta tan segura de ello? – interrumpió Adalberto.
- Cuando el príncipe Yuuri nació, ninguna estrella brillo esa noche en el firmamento.
- Eso no prueba nada, todos saben que en algunas ocasiones el cielo se vuelve totalmente oscuro.
- Ciertamente – afirmo – Pero, tras su nacimiento la reina Alicia viajo a Nueva Hasetsu para conocer al nuevo príncipe y, cuando sostuvo su mano la voz de los sidéreos se hizo presente, comenzando a recitar la vieja profecía.
Ante el silencio de la princesa y Adalberto prosiguió.
- El príncipe Yuuri es el entronado, por eso los reyes de nueva Hasetsu siempre mostraban una tenue tristeza siempre que observaban a su hijo crecer, porque sabían que cuando fuera mayor debía cumplir su destino.
Gracias a las palabras de Freya, vagos recuerdos comenzaron a pasar por su mente, las débiles sonrisas de su rey, la triste mirada que mostraba la reina cuando arrullaba a su hijo… Ahora sabía los motivos.
- Entonces – la voz de Adalberto rompió el silencio – Debemos recuperar la santalita, solo Yuuri puede usar su poder.
- Estoy de acuerdo pero, por ahora es imposible, incluso tu mejor que nadie lo sabe.
Desvió la mirada.
- ¿Y que sugiere que hagamos? ¿Huir? – dedicándole una fría mirada.
- Por ahora es lo más seguro para los tres.
- Huir no resolverá nada – asevero con el ceño fruncido.
- No, no la hace, pero te brinda tiempo para planear tu siguiente movimiento y por ahora no tenemos más opciones, por lo que puedo suponer dentro de poco el rey Nikiforov será nombrado regente de ambos reinos.
Apretó con fuerza su mano sana hasta volverla un puño.
- Aun cuando no lo deseemos es el único con la experiencia y ejercito militar para gobernar, aun con algún familiar de la reina vivo no comparte lazo de sangre con la familia Katsuki, por lo que no podría ascender al trono… Y si se enteran que los hijos de los reyes siguen con vida harán lo que sea para acabar con sus vidas.
Bajo la cabeza al no poder negar aquellas palabras.
-¿Y qué podemos hacer? – Mary pregunto al ver la tensión en el rostro de Adalberto - ¿Nos quedaremos en Altissia?
- No, no pueden quedarse aquí, sería el primer lugar donde buscarían.
- Me temo que nos buscaran en cualquier parte del mundo si sospechan que estamos con vida – comenzando a perder la paciencia.
- Adalberto tiene razón – secundo Mary – además, Yuuri aún es muy pequeño, pronto comenzara hacer preguntas, querrá ver a nuestros padres – las lágrimas nuevamente comenzaba a acumularse en sus ojos – no tengo el valor para decirle que han muerto… Sufrirá mucho.
El ambiente comenzó a volverse tenso por el rumbo que estaba tomando la conversación, no encontraban salida alguna a aquella encrucijada, el tiempo poco a poco se les acababa, no solo sus vidas estaban en riesgo también la de un mundo que estaba colapsando sin poder detenerlo.
Freya se mantuvo en silencio, analizando el rostro de ambos, solo un ligero suspiro y levanto su cabeza.
- Entonces… No hay otra salida.
Ambos giraron su cabeza al escucharla.
- ¿Lady Freya?
- ¿Tiene alguna Idea de cómo salir de esto? – Tratando de sonar calmado – porque a mí no se me ocurre nada para librarnos de Nikiforov.
- La reina Hiroko es de origen Plebeyo ¿no es así?
- Si, padre nos comentó que conoció a mama en un pequeño y rustico poblado cerca de Vesperpool, los abuelos manejaban un viejo balneario cerca del lago que está ubicado en ese lugar.
- La reina Hiroko siempre fue muy reservada acerca de su familia, no porque no los amara – prosiguió Adalberto – según palabras de Toshiya, la reina deseaba que su familia viviera tranquila sin la presión de la corona…Aunque los visitaba en secreto.
- Siendo así, no habrá problema entonces – sonrió levemente.
- ¿Puedo saber qué es lo que está pensando Lady Freya? – pregunto con recelo.
- El poblado de Vesperpool es visitado por turistas por sus aguas termales pero, nadie sabe acerca de los origines de la reina en ese lugar así que…
- Podríamos escondernos ahí sin problema – llevando su mano hacia su mentón.
- Veo que comprendes, si el rey los llega a buscar en ese lugar, nadie los descubriría ya que, todos amaban a Hiroko en ese lugar, no entregarían a sus hijos.
- Bien – comenzando a planear en su mente como llegarían a ese lugar - ¿y qué haremos con Yuuri? – Pregunto – La princesa Mary tiene razón, el hará preguntas.
- Solo hay una solución a eso pero…
- ¿Pero? – Mary giro su cabeza para ver el rostro de la joven mujer.
- Dependerá de ustedes si toman ese camino, una vez tomado no podrán deshacerlo.
- Dilo – pidió Adalberto.
El único sonido en aquella habitación era el crepitar de las antorchas, la tenue luz que irradiaban proyectaban ligeras sombras en el lugar. Mary se encontraba acariciando los cabellos de su pequeño hermano, quien yacía dormido sobre aquella base de piedra mientras Adalberto y Freya se encontraban a unos cuantos centímetros lejos de ambos.
- ¿Están seguros? – insistió Freya, buscando algún signo de duda en el rostro del mayor.
- Si – contesto secamente.
- Saben que al hacerlo no hay vuelta atrás ¿verdad?
- Lo sabemos – regresando a verla – desearíamos no hacerlo pero, incluso Mary sabe que es necesario – dirigiendo su vista hacía el pequeño Yuuri – es por su bien.
- Cuesta creer que alguien tan pequeño y frágil es quien tiene el futuro del mundo en sus manos ¿no crees? – manteniéndose firme e inexpresiva.
- Ni en mis más locos sueños podría imaginar algo así.
Pasos bajando por las escaleras capto la atención de ambos, apareciendo segundos después una joven sacerdotisa en compañía de la princesa Yuko. Freya contemplo a la pequeña por unos instantes, regresando a ver a su acompañante y asintiendo, esta hizo una reverencia, abandonando la estancia.
- Lady Freya – le llamo con su suave y pequeña voz - ¿deseaba verme?
El rostro de Freya se alteró por unos segundos, los cuales no pasaron inadvertidos por Adalberto pero permaneció en silencio. Se colocó en cuclillas para quedar a la altura de la joven princesa, posando una de sus manos sobre su hombro.
- Mi joven princesa – tratando de sonreírle – hay algo que tengo que decirte y, me temo que será una noticia triste para usted.
Parpadeo por unos instantes, pasando su vista del rostro de Freya hacia al de Adalberto y viceversa.
- ¿Qué sucede?
Bajo la cabeza, buscando las palabras adecuadas para poder continuar.
- Es sobre la reina Alicia – continuo Adalberto al ver el mutismo de la joven mujer.
- ¿Mi madre?
- La reina Alicia – continuo Freya – ella… - alzando su cabeza para enfocar el rostro de la pequeña.
Yuko sonrió tristemente, bajo la cabeza y llevo su mano derecha hacia su hombro, posándola sobre la de la azabache.
- Lo sé.
Ambos la observaron con sorpresa al escucharle hablar, sorprendiéndose aún más cuando una fina y delicada lagrima caía por una de sus mejillas.
- Mi madre, no volverá.
- Princesa ¿Cómo es que…?
- Vino a verme – levantando el rostro – durante mi sueño, ella apareció – limpiando las lágrimas que poco a poco comenzaban a caer – ambas estábamos en un hermoso campo de flores blanca, la brisa llevaba su fragancia, sus rubios cabellos se movían al compás de la misma mientras me sonreía.
- No era un simple sueño, ¿cierto? – dijo Adalberto mostrando desconcierto en su voz.
- No – negó - No siempre se da pero, algunas veces las oráculos pueden comunicarse con el ser a quien desean trasmitir un mensaje de gran importancia antes de... – callando al no poder decir la última palabra – es conocido como La llama de la última voluntad – declaro Freya - ¿Qué dijo la reina Alicia? – pregunto con cuidado.
- Ella dijo "Se valiente y bondadosa. Nunca te rindas hija mía, el mundo ahora dependerá de ti y tus oraciones, se constante y firme en cada una de tus decisiones… hasta que el rey de reyes vuelva y cumpla su papel"
Ambos permanecieron absortos por unos segundos.
- ¿Dijo… Algo más? – saliendo de su asombro.
- Si, ella… Ella me…- mordiéndose el labio inferior, metiendo sus manos dentro de las bolsas de su vestido.
- ¿Princesa?
Negó con rapidez.
- Dijo… "Se feliz"
- Princesa Yuko – Adalberto desvió la mirada al ver a la princesa con aquel pesar a cuestas.
- Sé que el dolor que ahora guarda vuestro corazón es enorme mi joven princesa pero, puedo prometerle que, aunque nunca se ira… Estará mejor.
- Lo se Freya, no te preocupes por mí – aseguro limpiándose las lágrimas – mi madre siempre estará conmigo – llevando la palma de su mano hacia su pecho – y nunca se ira.
Freya la contemplo en silencio.
- Seguiré adelante… Después de todo – dibujando una sutil sonrisa – soy su hija… El nuevo oráculo.
Ambos no podían creer la fortaleza que aquella pequeña estaba demostrando, la entereza con la que estaba afrontando su destino aun cuando el dolor que la embargaba era inexplicable.
Yuko se puso de puntillas al distinguir el rostro de Yuuri, y paso entre ambos adultos hasta llegar a lado de Mary.
- ¿Yuuri? – Colocando sus manos sobre la fría roca de aquella base - ¿Por qué está dormido en este lugar?
Adalberto y Freya se regresaron a ver, asintiendo. Ella se irguió nuevamente y camino a lado de Adalberto hasta quedar a centímetros de ambas menores.
- Me temo que tanto Yuuri como su hermana deberán partir – dijo Freya.
- ¿Por qué?
- Sus vidas corren grave peligro princesa, y debemos protegerles a cualquier precio.
- ¿Es por qué Yuuri es el entronado?
El mutismo de los tres demostró su asombro.
- Mi madre me lo dijo durante el sueño – contesto a la pregunta que se formó en el aire.
Adalberto solo un largo suspiro.
- Así es princesa – siguiendo la conversación – debemos partir esta misma noche, solo el amparo de la misma puede protegernos.
- Pero… ¿Y los cadentes? – mostrándose preocupada.
- No se preocupe por ello, tenemos los medios para viajar sin que ellos nos detecten.
Yuko sonrió un poco más calmada.
Freya se movió de su lugar y se colocó al frente de la base de piedra, quedando justo frente a la cabeza del pequeño.
- Es su última oportunidad, ¿desean que esto suceda?
- Es la única manera, al menos por ahora – manteniendo su vista sobre la figura de Yuuri – usted más que nadie sabe que es así.
- ¿Qué planean hacer? – volvió a preguntar Yuko.
- Hacerle olvidar – le respondió Mary.
- ¿Ha?
- Mi hermano aún es muy pequeño y, comenzaría a hacer preguntas difíciles de contestar, haría algún berrinche que podría atraer a personas que no dudarían en vendernos…Además está la profecía, él es aún muy pequeño como para verse en vuelto en una guerra de la que poco o nada sabe.
Bajo la cabeza al escuchar aquellas palabras.
- Eso significa también ¿Qué me olvidara? ¿A todos?
- Solo a aquellos que tengamos que ver con su pasado como príncipe – colocando sus manos a cada lado de la cabeza del menor.
- Yuuri.
Sus manos comenzaron a brillar, un viento helado comenzó a recorrer el lugar, formando figuras en el aire, símbolos y letras que los presentes a penas y podían reconocer. La aguda voz de Freya comenzó a recitar un cantico, un idioma entendible para ellos.
"Pikiran, Keyakinan, Gagasan, Kebenaran, Gambar, Dari semua yang Anda pegang dengan kuat, apa yang dinamai akan meninggalkan pikiran Anda ... Dihapus, Lupa, tanpa memori pada akhirnya ... Kenangan yang hanya sampai darah Anda terbangun, akan kembali…"*
Una suave luz azul apareció en al frente de Yuuri, esta comenzó a elevarse hasta llegar a la altura del rostro de la mujer. Elevo sus manos hasta rodear aquella extraña luz, que tras unos segundos se difumino en una cortina de humo blanco.
La temperatura del lugar volvió a la normalidad y los ojos de Yuuri se abrieron por unos segundos.
- Mary.
- ¿Dime? – acercándose a su hermano.
- Soñé con mama y papa… Ellos estaban sonriéndome, como si estuvieran aquí… Como si nunca se hubiesen ido – cerrando sus ojos nuevamente hasta que solo un suave respirar demostró que había caído en brazos de Morfeo.
- ¿Qué significa eso? – volteando a ver a Freya.
- Cada memoria que el tenia respecto al reino ha sido borrada, cada persona que conoció sigue en su mente pero las circunstancias son distintas a la original – Haciendo que Mary la observara con tristeza - respecto a tus padres… Para Yuuri ellos murieron en un accidente automovilístico cuando era un bebe.
- El… ¿Estará bien?
- No tienes por qué preocuparte, nada ha cambiado, sigue siendo él solo que, las cosas que conocía han sido modificadas… Para no hacerle daño – colocando su mano sobre su hombro.
- ¿Hay posibilidad que recupere la memoria? – acercándose por completo a las tres.
- Como todo Sello, el que ahora recae sobre el príncipe no es eterno – le respondió – el mismo está ligado a los poderes que se mantienen dormidos dentro de él, cuando su magia comience a despertar, sus recuerdos lo harán con ella.
Los tres permanecieron en silencio.
- Cuando sus poderes se manifiesten y el deseo de proteger a los demás lata dentro de su ser… Sera el momento en el que ambos sepan que el momento de decirle toda la verdad se acerca – asevero.
- Aunque tratemos de retenerlo, tarde o temprano deberá luchar – agrego Adalberto sin ánimos.
- Así es – reafirmo Freya - cuando cumpla la edad, deberán decirle todo, su pasado y la enorme carga que recae sobre sus hombros.
El rostro sereno del pequeño Yuuri era observado por cuatro personas que se preocupaban por él y el futuro que le aguardaba. Yuko alargo su mano para dejarla sobre del azabache y sonrió dulcemente.
- No se preocupen – captando la atención de todos – Yuuri estará bien… El protegerá este mundo.
- ¿Y cómo sabe eso Princesa Yuko? – replico Mary.
- Porque se trata de él – dijo sin apartar la vista del rostro del más pequeño – él es el entronado… Por eso se – regresando a verla – que todo estará bien.
Sus ojos contemplaban el rostro de ambos adultos, su corazón latía rápidamente, agitado por la emoción y la ansiedad que ahora recorría cada parte de su cuerpo. Su mano apretaba con fuerza la tela de su ropa, justo sobre su pecho, mientras que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
- Yuko… ¿Confiaba de esa manera en mí? – buscando alguna razón válida de aquello.
- Aun lo hace – confirmo Mary – nunca ha dejado de creer en ti.
Bajo su cabeza para que no vieran sus lágrimas, limpiándose el rostro con el dorso de su mano.
- ¿Qué paso después? – levantando la cabeza.
- Nos fuimos de Altissia y viajamos al poblado que vio nacer a nuestra madre, escondimos el regalia en uno de las cuevas del lugar y, tuvimos una vida tranquila, sin miedo a que el rey Nikiforov nos encontrara, para el ambos estábamos muertos.
- Durante esa época, poco a poco comenzamos a reunir aliados, formar grupos, creamos una red que después de mucho esfuerzo se extendió por todas partes del reino, informantes, espías, agentes de confianza que se ganaron el respeto del rey, volviéndose políticos importantes dentro de sus filas… Todo con el único fin de seguir cada pasó de Nikiforov… Para que cuando tu tuvieras que cumplir tu destino… No lo hicieras solo – Explico Adalberto.
- Unos años después, cuando cumpliste diez años volvimos a Nueva Hasetsu, ambos habíamos cambiado, nuestros rasgos eran diferentes a cuando pequeños… Por lo que conseguir identificaciones falsas y una nueva vida dentro de nuestro propio reino fue… Remotamente fácil – concluyo Mary.
- ¿Y cómo fue que Adalberto termino en la guarda Nocturna? – Regresando a verle -¿Alguien no te reconoció?
- Por suerte ser parte de la guarda personal de tu padre me confirió anonimato, para el reino así como para la prensa internacional Nix murió aquella noche para otros, Adalberto era un viejo amigo del rey que estaba fuera del reino la noche de la tragedia en palacio por lo que, tras mucho papeleo y una que otra prueba de lealtad hacia Nikiforov, me aceptaron – encogiéndose de hombros.
Negó con su cabeza al imaginarse los miles de obstáculos que ambos sufrieron al llegar al reino nuevamente.
- Yuuri – le llamo su hermana – ahora que sabes todo ¿Qué piensas? – mirándolo fijamente.
Bajo la mirada y trago con fuerza.
- No lo sé – respondió sinceramente – aún hay miles de preguntas flotando en mi cabeza, aun cuando lo que me han dicho debía desplazar mis dudas… Solo generaron más incógnitas.
Mary no contesto solo continuo observando a su hermano menor.
- ¿Qué es el anillo que mencionaron? ¿La barrera ancestral? ¿Exactamente que es la santalita? ¿Por qué los sidéreos, los viejos dioses, no terminaron con la plaga y esperan que un mortal lo haga? – Relamiéndose los labios - ¿Por qué escogieron a nuestra familia?
Cayo por unos segundos, analizando cada pregunta hecha por su hermano y respondió.
- Parece que estuviste pensando en esto por mucho tiempo – sonriéndole – todas y cada una de tus preguntas tienen una misma respuesta… En un solo sitio Yuuri.
- ¿Ha? – Inclinando su cabeza en señal de confusión - ¿y esa respuesta se encontraría en…?
Movió su cabeza para dirigir su vista hacia Adalberto y sonreírle.
- Creo que eso es motivo para otra conversación, ya casi es – regresando a ver el reloj – medio día.
Parpadeo un par de veces y se giró para ver el reloj en la pared.
- Tienes razón.
- Supongo que ambos tienen hambre no es así – levantándose de su asiento.
- Yo aún no tengo hambre preferiría… - el sonido de su estómago se escuchó en el lugar.
- Creo que tu estomago opina lo contrario Yuuri – Soltando una ligera risa.
Comenzó a reír nerviosamente al ser descubierto.
- Ve a tomar un baño mientras preparo la merienda, después de eso podemos seguir conversando si eso quieres.
Asintió levantándose de su lugar.
- Iré a bañarme.
Les dedico una ligera sonrisa y salió disparado hacia el segundo piso. Por su parte, la sonrisa en ambos comenzó a borrarse tras verle desaparecer escaleras arriba.
- Está comenzando a recordar – sentencio Mary.
- Si, al parecer ni el mismo se ha dado cuenta que sus propios recuerdos están regresando a su mente – apoyando su brazo sobre el respaldo del sillón - Recordó la ciudad natal de Ralph.
- Cierto – girando su cabeza para enfocarlo.
- Por ahora es mejor no presionarlo, lo mejor es esperar a ver qué pasa, quizás ahora que sabe lo que sucedió, le dé la determinación que necesita para aceptar su destino.
El rostro serio de Mary le contemplo por unos instantes, antes de girarse y volver su vista hacia las escaleras.
- Eso espero.
Mientras el agua caliente caía sobre su cuerpo, mieles de pensamientos inundaron su mente, recordando cada vivencia relatada como si se tratara de la propia, la tristeza que su hermana y Adalberto habían vivido en aquellos momentos, teniendo que sobreponerse para seguir adelante, todo para protegerle y cuidarle mientras crecía.
La lagrimas comenzaron a caer, borradas gracias al agua caliente de la regadera, en silencio se preguntaba si tendría la fuerza para no dejar que volvieran a pasar por algo así, perder un ser querido, un amigo, un hermano, un padre que se sacrificó para permitirle tener un vida fuera de las murallas de aquel castillo que alguna vez, dentro de su propia mente infantil, llamo hogar. La pena que sus padres guardaban por su futuro. Lagrimas guardada para no ser vistas por ellos, por un dolor que se instaló en su pecho y no había dejado salir.
Abrió sus ojos contemplado el agua cayendo, llevo sus manos al frente, uniéndolas, dejando que el agua se acumulare entre ellas. Bajo la cabeza para ver sus manos y, como si se tratara de una estrella fugaz, imágenes en flash comenzaron a aparecer ente sus ojos.
- ¿Pero… Qué?
La figura de un extraño ser, parecido a una enrome serpiente aparecía y desaparecía dentro de su mente. Escucho susurros incomprensibles, fuertes gritos, el sonido del viento que presagiaba una tempestad, un extraño lugar que no reconocía…. Y un voz grave que cuyo tono le helo la sangre.
"Entronado..." "Fana" "Penyok" "Kedua"
Aquellos ecos le hicieron trastabillar golpeándose la espalda con la pared del baño, cayendo de golpe sobre el frio suelo de la regadera. Se llevó la mano hacia la herida en su hombro, alegrándose por una vez que esta siguiera sin ningún cambio. Apoyo su cabeza sobre la fría pared y soltó un suspiro.
- ¿Qué fue eso? – Se preguntó recordando al enorme serpiente – Mortal, Cadentes, el segundo… ¿A qué se habrá referido con eso ultimo? – repitió las palabras de aquel ser - ¿Qué es lo que quiere de mí?
Sabiendo muy a su pesar, que aquella nos sería la última vez que volvería a ver a esa criatura.
Dejo el último plato limpio sobre la cesta, limpiándose los restos del jabón sobre la tela de su mandil. El sonido de su hermano entrando a la cocina le hizo girarse para dedicarle una sonrisa.
- Ya deje la basura dentro del contendor.
- Muchas gracias.
Después de haber tomado la merienda Yuuri se había ofrecido a ayudarle en la cocina, pero Mary que, como siempre tenía todo en orden, solo le había pedido tirar la basura acumulada durante aquellos dos días.
- ¿Te sientes bien?
- ¿Por qué lo preguntas?
- No lo se te veo… Inquieto- posando la palma de su mano sobre su frente - ¿te volvió la fiebre?
- No – tomando su muñeca para alejarla de su frente – me encuentro bien de salud.
- ¿Entonces?
- Es solo que…- dudando en decirle lo acontecido en la bañera.
- Yuuri.
- Son solo esas miles de preguntas en mi mente – mintió.
- Ya veo, aun buscas las respuestas.
Asintió ligeramente.
- Dijiste que todas tenían una sola respuesta, ¿puedo saber cuál es?
- Cierto, aun te debo esa explicación – su hermano volvió a asentir – la respuesta no es algo que pueda decirte sin complicarte más la cabeza pero, creo que lo mejor es que lo veas con tus propio ojos… Oh, mejor dicho, que lo leas.
- ¿Leer?
- Si, veras, todo lo que quieres saber esta en…
El sonido del timbre siendo pulsado constantemente los interrumpió.
- ¿Esperas a alguien? – pregunto al escuchar el sonido del timbre sonar sin detenerse.
- No, que yo recuerde.
Se levantó de su asiento para dirigirse fuera de la cocina, siendo seguida por un Yuuri lleno de curiosidad. Llegaron a la sala a los pocos segundos, encontrándose Adalberto, quien venía bajando del segundo piso.
- ¿Esperan a alguien? – dijo una vez a su lado.
- No, por un momento pensé que tenías una visita que habías olvidado mencionar – replico Mary.
- No suelo traer a nadie sin mencionarlo antes Mary.
- ¿Quieres que te recuerde a "esa" persona? – cruzándose de brazos.
- Ese fue un caso especial de gran importancia que nos concernía a ambos – señalándose a los dos con el dedo.
- Lo sé, pero el caso es que…
- Oigan – Yuuri llamo su atención – sea quien sea la persona allá fuera, al parecer no se ira sin ver a quien vino a buscar – ambos se mantuvieron callados ante la obvia situación – lo mejor sería ir a ver ¿no creen?
- Tienes razón.
Mary se giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta.
- ¿Todas sus discusiones son así cuando no estoy?
Adalberto regreso a verle – Solo cuando tocan el timbre de esa forma.
Abrió la puerta con molestia al escuchar el sonido del timbre sin cesar, encontrándose con el rostro perlado en sudor de Pichit, quien respiraba agitadamente.
- ¿Pichit? – Lo observo con preocupación.
- ¿Esta Yuuri? – pasando saliva para aclararse la voz.
- Sí, claro – haciéndose a un lado – adelante.
- Gracias.
Entro con premura a la casa mientras Mary cerraba la puerta tras él. Se detuvo llegando a la sala, buscando con la mirada a la persona que estaba buscando. Su rostro volvió a mostrar aquella agitación inicial y corrió a lado de su amigo.
- ¡Yuuri!
- ¿Pichit? – Frunció el ceño - ¿Qué haces aquí?
- ¡Yuuri, es una emergencia!
- ¿Emergencia? – Pregunto nuevamente - ¿de qué hablas?
- Hoy… A medio día – tratando de recuperar el aliento – Celestino…
- ¿Qué sucede con él? ¿Está bien?
- Su casa… Guarda real… Arrestaron.
- Pichit cálmate, no logro entenderte si hablas y tratas de respirar – le dijo ahora con la preocupación latiéndole en el pecho.
Pichit se llevó las manos a la cabeza, tratando de serenarse y poder hablar coherentemente.
- Hoy a medio día, la guarda real llego a casa de Celestino.
- ¿Por qué la guarda buscaría a un doctor? – volteando a ver al mayor.
- Los guardias reales ni la guarda nocturna necesitan a los doctores particulares, tenemos los propios dentro del castillo así como expertos herboristas que se encargan de nosotros cuando tenemos heridas graves – explico al ver la mirada fija de Yuuri sobre de él.
- ¿Entonces? – regresando a ver a su mejor amigo.
- No fueron por sus servicios médicos – indico.
- ¿Y cuál fue la razón?
- Fueron con una orden de arresto.
- ¿Qué? – ambos preguntaron al unísono.
- Lo que oíste.
Dejando caer su mano sobre el hombro del otro - ¿Arrestaron a Celestino?
- Si, estaba por el área ya que fui con Seu… - sonrojándose levemente – estaba por la zona por un encargo cuando vi a los guardas sacando a Celestino de su casa esposado.
Bajo su mano del hombro de su mejor amigo sin poder salir de la conmoción por aquella declaración.
- ¿Bajo qué cargos? – pregunto.
Su mejor amigo no respondió.
- Pichit, ¿Bajo qué cargos arrestaron a Celestino? – demando con un tono de voz grave y el ceño fruncido.
- Por traición – Abriendo sus ojos a su máxima expresión al escucharle – Lo arrestaron por traición a la corona.
Por un minuto el sonido se perdió en el lugar.
- Lo acusan de ser cómplice de Shade.
Y Yuuri contuvo el aliento.
つづく/ Continuara...
¡Hola!
Después de mucho por fin termine de relatar parte del pasado, digo parte porque no todo está resuelto, quedaron muchas preguntas, sobre todo en torno a la reina Alicia pero eso se descubrirá más adelante.
Respecto a Yuuri, aquí vemos que él está comenzando a pensar de forma más serias las cosas, ya sabe que paso realmente, porque le borraron la memoria… Era un niño, no podían decirle "tus padres fueron asesinados así que nos iremos lejos para que no nos maten, ha y por cierto eres un poderoso elegido que salvara el mundo" pues no.
Así como capítulos atrás, tuvo breves flashes de una visión pero no la vio completa puesto que sus poderes siguen…. Despertando, aunque claro quiénes hayan jugado FFXV sabrán quien es X D jajaja
Sobre Celestino ¿lo veían venir? Unos capítulos atrás como que dejaba una pista pero creo que nadie lo noto jajaja
El siguiente capítulo o capítulos no sé cómo saldrá, ya saben uno escribe y te salen miles de páginas, abordara justamente lo último, y a partir de aquí las consecuencias que tendrán las decisiones de Yuuri, si las impulsivas, y si tomara el camino del Entronado o simplemente reniega de él y deja que el mundo se vaya al garete.
Por último, sé que buscan el Victuuri, sé que lo aman, yo lo amo pero, al igual que el anime YOI, el foco principal es el problema de la plaga de los cadentes y como se tendrá que librar de ella, obvio el amor florecerá pero, no todo es bonito, ambos tienen caminos, ambos son hijos de reyes rivales y el pasado pesa aun cuando solo son eso, los hijos, solo ellos decidirán si están juntos.
No me queda más que despedirme y agradecer que lean este intento de historia, no sé cuándo actualice ya que mis tiempos están recortados pero espero que pronto.
Así mismo, si tienen sugerencias o comentarios de cómo va la historia o lo que crean que pueda mejorar díganlo, soy una aficionada que intenta entretenerlos, leerlos me da ánimos para seguir y mejorar.
Besos y hasta la próxima.
Bye, Bye
*"Pensamientos, creencias, ideas, verdades, imágenes, todo lo que sostienes firmemente, dejará tu mente..." Eliminado, olvidado, sin memoria, sin recuerdos, sólo hasta que tu sangre despierte, volverán"
