JK Rowling a la potencia de Harry Potter es cerca de mil millones de galeones.
Notas del autor: Si alguien considera que Hermione no parece normal en este capítulo, les aseguro que el estrés prolongado y la falta de dormir puede hacer eso a una persona. Esto será mencionado en el próximo capítulo.
Muchas gracia a Pahan por sus comentarios y por animarme y desafiarme a ser aún más atrevido en este y en futuros capítulos, lo cual estoy seguro los ha hecho mejores que mi versión original.
Notas de la traductora: Un recordatorio de que esta historia es una traducción (aunque a veces se sienta por interpretación), pero lo único que realmente cambia de la versión original es el idioma. Si están interesados y les es posible, les recomiendo que lean la versión original de White Squirrel y su secuela. Aunque les pido que también sigan leyendo la traducción porque estoy disfrutando mucho al compartirla con ustedes.
Capítulo 8
Hermione se sintió inquieta desde el inicio de la clase de pociones cuando notó que Dean y ella se encontraban en la mesa al lado de Draco y su secuaz, Goyle. Justo lo que necesitaba. Ya era suficiente tener que lidiar con el profesor Snape cada semana. Malfoy la había dejado algo sola desde su enfrentamiento en las mazmorras, pero había estado de mal humor las últimas dos clases de pociones.
–Padma escuchó de Mandy Brocklehurst, quien escuchó de Daphne Greengrass, que Malfoy se ha estado quejando que una hija de muggles saca mejores calificaciones que él –explicó Parvati casi sin aliento y Hermione concluyó que era tristemente posible considerando lo que sabía de las ideas políticas de los sangre pura. Hermione sólo continuó ignorándolo. Después de todo, había a su alrededor alguien celoso de su inteligencia desde que tenía cinco años. No tenía la intención de dejar que cualquier cosa que el cretino dijera interfiriera con sus estudios.
Pero Malfoy no dijo nada. Sólo hizo una mueca de vez en cuando. De hecho, mostró esa mueca bastante seguido mientras miraba sospechosamente a su estación, pero no le prestó atención. Fue sólo cuando Dean y ella estaban leyendo con atención el libro de pociones y Snape estaba al otro lado del salón diciendo comentarios ponzoñosos a Harry y Ron que Malfoy actuó.
Hermione notó el movimiento de reojo y levantó la mirada justo a tiempo para ver a Malfoy aventar algo en su caldero. No pudo ver que era, pero no lo necesitó ya que la reacción de su poción lo hizo obvio casi al instante cuando comenzó a hervir de la misma manera que la poción desastrosa de Neville y Seamus lo había hecho la semana anterior.
Fue un reflejo lo que logró que Hermione detuviera el desastre. Apagó rápidamente la llama debajo del caldero antes de que el líquido explosivo la tocara ya que el estallido de la semana pasada había enviado a Seamus a la enfermería por una semana. Aun así su acción le causó una quemadura, pero era el menor de sus problemas ya que Snape había dirigido su atención a los gritos y caminaba hacia ellos con una sonrisa malévola.
Chasqueó la lengua mientras casualmente desvanecía la poción derramada con su varita.
–Piñones nuevamente. ¿Pensaste que podías experimentar sin permiso, Granger? ¿O quizás leíste la página incorrecta?
–N… no, profesor –tartamudeó–. Malfoy lo arrojó.
–No es cierto –dijo Malfoy indignado–. No es mi culpa que no sepas como preparar una simple poción.
–¡Yo te vi lanzarlos!
–¡Pruébalo!
Hermione palideció y se dio la vuelta para pedir ayuda a Dean con su mirada, pero él negó la cabeza levemente. No había visto nada y siendo Gryffindor, no le podía mentir a Snape.
–Diría que la calificación de hoy será un Insatisfactorio –dijo Snape. Los ojos de Hermione se abrieron completamente con temor–. No tiene sentido intentar salvar lo que hay aquí, y me temo que no tienen tiempo de empezar de nuevo. –Y desvaneció el contenido de su caldero sin decir otra palabra.
–Profesor –intentó nuevamente– ni siquiera tenemos piñones en nuestra estación. La poción no los necesita. No los pusimos.
–Aún no veo ninguna prueba –dijo Snape con saña–. No deberías de hacer acusaciones sin fundamento, señorita Granger.
–Pero…
–Y cinco puntos menos para Gryffindor por hablar de más.
Hermione dejó salir un chillido y apretó los puños por debajo de la mesa. Quería irse en ese momento, pero sabía que eso sería peor. Lavender y Parvati la miraron con solidaridad.
–Lo siento –susurró Dean cuando Snape se fue–. No estaba prestando atención…
–Olvídalo –dijo Hermione. Se dio la vuelta y leyó su libro de texto por el resto de la clase.
Desafortunadamente, no se libró tan fácil. Salió de clase sin levantar la mirada de sus pies, y sólo había caminado unos pasos en el pasillo cuando una voz la llamó detrás de ella.
–¿Vas a ir a llorarle a McGonagall, Granger?
Hermione se dio la vuelta.
–¡No estoy llorando! –Gritó, lo cual era cierto. Estaba muy molesta–. ¿No podemos simplemente dejarnos en paz, Malfoy?
–Como si fuera a hacer lo que tú dices, sangre sucia. Alguien tiene que enseñarte tu lugar.
–Sólo estoy tratando de que me vaya bien en mis clases… –Malfoy sólo la interrumpió.
–Tu clase ni siquiera pertenece aquí. No sé cómo lograste manipular a la profesora Vector…
–¡No lo hice!
–... pero creo que puedes ver como el profesor Snape trata a los tuyos.
Malfoy sacó su varita más rápido de lo que ella pudo seguir.
–¡Tsimpima!
Intentó esquivarlo, pero el hechizo le dio en el hombro y fue testigo que el nombre del embrujo punzante era literal.
–Por favor, no quiero problemas. –Hermione levantó su varita en defensa y dio un paso atrás.
Los tres se acercaron a ella con sonrisas maliciosas.
–No hay prefectos alrededor para salvarte –dijo Malfoy. Ella soltó un grito cuando él le lanzó otro embrujo punzante, evidentemente sin miedo a que ella respondiera.
Necesitaba alejarse de ellos y pronto. Necesitaba evitar que la siguieran embrujando, lo cual quería decir que necesitaba algo para dilatarlos sin utilizar mucho poder. Uno de los pocos hechizos que había aprendido en clase de defensa fue la solución obvia. Levantó la varita, aún algo horrorizada al tener que romper las reglas, y respondió.
–Colloshoo.
Crabbe, quien estaba más cerca de ella, cayó hacia al frente, sus zapatos pegados al suelo. Se dio la vuelta ante un Malfoy sorprendido, pero antes de que pudiera atacar nuevamente una voz áspera la interrumpió.
–Vermillious –y recibió chispas rojas en su cara por parte de Goyle. Cuando las parpadeó, Malfoy la atacó.
–¡Mordeodigiti!
El embrujo la golpeó en el estómago, pero eso no importó. Sintió sus zapatos contraerse dolorosamente alrededor de sus dedos de tal manera que se tambaleó y cayó sobre su trasero, tratando de alejarse de ellos. Crabbe se despegó del suelo y los tres niños comenzaron a acercarse a ella nuevamente. Levantó su varita para defenderse, desesperadamente intentando pensar en un hechizo que le ayudara a equilibrar la situación.
–Vermillious –gritó, creando una nube de chispas verdes los suficientemente grande para cubrirlos a los tres, pero justo cuando mencionó el hechizo notó que los niños estaban bajando sus varitas.
–¿Magia en los pasillos? Estoy seguro que sabes que eso va contra las reglas, Granger. –El profesor Snape había aparecido de la nada y se acercaba a ella.
Intentó ponerse en pie pero aún no podía sentir sus dedos.
–Pero profesor, ellos…
–Diez puntos menos para Gryffindor y se agradecida de que no son más. Ahora, ¡muévanse! –Dijo. Los niños le sonrieron en silencio.
Hermione se quedó de pie estupefacta por un momento, cada músculo de su cuerpo en alerta, y después salió corriendo… no porque estuviera molesta, aunque sí lo estaba, pero porque sabía instintivamente que si abría la boca nuevamente diría algo de lo que se arrepentiría. Fue la respuesta natural, se dio cuenta después, ya que no era una pelea que pudiera ganar. Pasó la mayor parte de esa tarde en su dormitorio. Después de perder quince puntos en una mañana, todos de manera completamente injusta, se le podía perdonar si no quería ver a sus compañeros más de lo necesario. Nunca pensó que sería tan feliz de que fuera fin de semana.
Hermione se encontraba en la biblioteca el domingo luchando contra uno de esos ataques de sueño que le estaban dando cada vez con más frecuencia durante las tardes. Era su culpa, por supuesto, por quedarse despierta hasta después de medianoche con tanta frecuencia. Casi se sentía como si hubiera sido embrujada ya que le era difícil romper el hábito.
Pasó el fin de semana como los anteriores, leyendo sola… cuando no estaba haciendo tarea, claro. Sintió que debía de pasar el tiempo con sus compañeros, pero cuando llegaban los fines de semana necesitaba el tiempo a solas para descansar mentalmente. Además, disfrutaba tomándose el tiempo leyendo algo que ella quería, ya fuera sobre el criterio de la segunda derivada, Fantasmas de animales en Gran Bretaña, o sólo leyendo a detalle su libro de Mil hierbas mágicas y hongos… cuando lograba permanecer despierta.
Quizás se había quedado dormida por varios minutos con su cabeza recostada sobre la mesa ya que un sonido la despertó de golpe… aunque sólo había sido un Ravenclaw mayor cerrando su libro con fuerza, pero por lo menos estaba alerta nuevamente. Leyó la página en la que se encontraba otra vez para recordar dónde iba y continuó.
Repentinamente notó que la luz entrando por la ventana comenzaba a escasear. Revisó su reloj y se molestó ya que era tarde para cenar. Le estaba pasando con frecuencia y no podía entender a donde se le iba el tiempo. Apenas tendría tiempo después de comer un poco para escribir algo y mandarles una carta a sus padres antes del toque de queda, y aunque había terminado su tarea para el día siguiente, aún tenía un ensayo para la clase de encantamientos que no había comenzado.
Hermione Granger nunca pensó que tendría problemas haciendo toda su tarea. Y no, nunca había dejado una tarea incompleta ni sus calificaciones habían bajado; pero sintió que le era más difícil estar al corriente aun cuando el trabajo no era más difícil, y eso le preocupaba.
Hermione no era incompetente y era organizada en sus estudios. Lo obvio sería crear un horario para sus tareas, lo cual hizo. Desafortunadamente, y no característico de ella, no podía predecir cuánto tiempo le tomaría hacerla. Le costaba más trabajo concentrarse de lo que estaba acostumbrada. No es que no estuviera esforzándose; si lo pensaba, estaba leyendo con más voracidad que jamás en su vida ya que usualmente estaba absorta en los números. Aún ella estaba sorprendida de que tan rápido estaba leyendo sus libros, aunque sin orden alguno. Sólo tomaba cualquier libro que le llamara la atención en la biblioteca, y había muchos, pero la mayoría eran de poco uso en sus clases. Incluso la historia detallada de la guerra contra Grindelwald, por ejemplo, contenía muy pocas enseñanzas mágicas, de cultura mágica, o incluso tácticas de duelo, lo cual le sería útil en el día a día. Pero por Merlín, era fascinante y… vaya, incluso comenzaba a hablar como ellos.
De cualquier manera, no estaba acostumbrada a distraerse tan fácilmente y le molestaba no saber de dónde provenía. Le molestaba aún más que no tenía la motivación para terminar su tarea a tiempo y que realmente no sabía qué hacer. Le sería difícil explicárselo a sus padres, mucho más en una carta, y este no era el tipo de coxas que le pudiera decir a un profesor. No con su reputación. Y no había nada malo con ella académicamente, excepto por Snape, ¿así que por qué mencionarlo?
Hermione comió su cena rápidamente sin prestar atención a lo que estaba en su plato y dando respuestas cortas a cualquiera que le hablara. Se sentía exhausta y el día aún no terminaba; además, no estaba de humor como para hablar con alguien. Cuando terminó de comer, caminó con fatiga a la lechucería. Comenzaba a sentirse como una obligación el tener que enviar todas esas cartas a casa cada domingo, lo cual era otra mala señal. No es que le disgustara, de hecho, le hubiera gustado pasar más tiempo en eso. El problema era que parecía que nunca tenía el suficiente tiempo, aun cuando ella sentía que debería de tenerlo. Y, más en relación, ni siquiera sabía que decir.
Pero sus padres esperaban que les escribiera, así que subió y con titubeo escribió algo rápido, lo que fuera que le llegó a la mente. Extrañamente, la mayoría de las cosas desagradables no le llegaron a la mente, por lo menos no hasta que llegó a la sala común donde se preguntó si en verdad las hubiera escrito.
Comenzó su ensayo para la clase de encantamientos y logró escribir un pie, el cual probablemente editaría al día siguiente ya que había estado quedándose dormida en su silla lo que hizo que el ensayo fuera más deshilvanado de su trabajo usual. En un momento de claridad decidió que le faltaba dormir más de lo que pensaba. Normalmente, si estaba atrasada en sus tareas (y eso era estar atrasada para ella), se quedaba despierta tarde para terminarlo; pero eso no le estaba funcionando ya que no podía permanecer despierta. Tendría que terminar el ensayo al día siguiente. Subió con cansancio los siete pisos de escaleras hasta llegar a su cuarto y, como Sally-Anne había hecho la primera noche, se quedó dormida sobre su cama sin cambiarse de ropa.
La mañana del lunes antes de Halloween, Daniel y Emma Granger esperaban en la cocina durante el desayuno por la carta semanal de su hija. Y justo a la hora usual una lechuza campestre voló a la casa y dio unos golpes en la ventana con su pico. Emma abrió la ventana, tomó la carta del ave y le dio un pedazo de tocino. La lechuza ululó en agradecimiento y voló a un árbol, desde donde esperó hasta que ellos escribieran su respuesta. Los Granger aún estaban maravillados por la inteligencia de las lechuzas del servicio postal mágico.
Emma abrió el sobre y suspiró. Las cartas de Hermione se habían tornado progresivamente más oscuras las últimas semanas. No era nada serio, pero mencionaba a sus compañeros cada vez menos, y si es que lo hacía era para quejarse de ellos. Y aunque le estaba yendo bien en sus clases, era claro que historia, defensa y pociones le frustraban. Las cartas también eran cada vez más cortas y sin detalles. Podía notar que su hija no estaba segura de que decir. Era difícil para los padres ver a sus hijos distanciarse cada vez más de ellos, pero era aún más difícil cuando la suya vivía en un mundo completamente diferente y no se estaba adaptando bien.
Así que Emma estaba un poco preocupada cuando la última carta de su hija no tenía el mismo esmero de como escribía normalmente.
–Cariño, parece que Hermione en verdad está en problemas –dijo ella con tristeza.
– ¿Qué ocurrió? –Dijo Dan.
Emma leyó la carta en voz alta.
Queridos mamá y papá:
¡Ya no sé qué hacer! El profesor Snape nos dio a Dean y a mí un Insatisfactorio en nuestra poción el viernes. ¡Insatisfactorio! Y sabía que nos estaba yendo bien hasta que el bravucón de Draco Malfoy nos saboteó. Logró colocar piñones en nuestro caldero y la poción hirvió de más (los piñones se abren con el fuego por lo que tienen una reacción muy fuerte con el calor… pero no es importante). Intentamos decirle al profesor Snape, pero no pudimos probar que lo había hecho Malfoy.
Le pregunté a la profesora McGonagall si es que había algo que pudiéramos hacer, pero ella sólo dijo que nos quejáramos por escrito. Y pregunté a otros, ¡y dijeron que varios se han quejado de Snape pero nunca nadie pasa nada porque tiene amigos en el consejo de la escuela! ¡Incluyendo al padre de Malfoy! Realicé mi queja en contra de él y de Malfoy, pero no es mucho lo que ella pueda hacer ya que el profesor Snape está a cargo de las calificaciones en pociones.
Parvati dice que Malfoy estaba enojado porque mis calificaciones son mejores que las de él y él es uno de esos sangre pura que piensan que son mejores que otros. Y después Harry Potter y Ron Weasley dijeron que lo olvidara. De hecho, también dijeron eso Lavender y Parvati; y Neville Longbottom dijo que piensa que Snape y Dumbledore trabajaron juntos durante la última guerra civil o algo así y por eso es que Dumbledore nunca hace nada sobre él. Es como si todos simplemente aceptaran que el profesor Snape es terrible y no hacen nada, y lo peor es que yo tampoco puedo pensar en algo que hacer.
Aritmancia esta semana trató sobre la predicción del clima. Aunque no creo que está al nivel de los muggles. De hecho, no estoy convencida de que es magia real como la que usamos para numerología y para la manipulación de probabilidades, pero parece funcionar lo suficiente bien para los magos. Y estoy muy emocionada por la clase de encantamientos esta semana; el profesor Flitwick dice que finalmente vamos a aprender el encantamiento levitatorio.
Con cariño,
Hermione
–No puedo creer que dejen que ese hombre se salga con la suya –se quejó Dan.
–Sabemos que el mundo mágico está muy atrasado en épocas –dijo Emma con desaliento–. Quisiera que pudiéramos hacer más por ella. Es igual que durante su tercer año en primaria, excepto que no estamos ahí para abrazarla cuando llore.
–Por Dios, esperaba tener que esperar unos cuantos años más antes de ver a nuestra pequeña con el corazón roto –dijo Dan–. No se que podemos hacer. Tiene que atender a una escuela mágica en algún lugar, y sólo está Hogwarts y esa en Francia.
–Sigamos apoyándola Dan. Es todo lo que podemos hacer.
Querida Hermione:
Es terrible lo del profesor Snape. No debería de tener permitido comportarse de tal manera, sin importar quienes son sus amigos. Aquí, si algo así pasara alguien escribiría una carta al periódico y se quejaría, pero no estoy segura de que puedas hacer eso ahí, especialmente cuando tienes que tomar su clase. ¿Habrá algún estudiante mayor o un exalumno que no esté tomando pociones y que pudiera hacer algo? Quisiéramos poder ayudarte más, pero el mundo mágico está tan aislado del mundo "muggle" que realmente no tenemos acceso a mucho.
Esperamos que no te esté yendo mal. Estabas tan entusiasmada por aprender magia este verano, pero ahora suena como si tus clases te estuvieran dando problemas. Y no suena a que seas cercana con ninguno de tus compañeros. Sabemos que es difícil adaptarse a lo que es básicamente una cultura completamente diferente, pero estamos preocupados. Queremos que des lo mejor de ti, pero también que lo disfrutes. Si tienes algún problema por lo menos intenta encontrar a algún maestro con el que puedas hablar. Sabemos que no has tenido suerte con la profesora McGonagall, pero la profesora Vector y el profesor Flitwick suenan a que pudieran ser de ayuda.
Por favor intenta aguantar por lo menos este año. Si en verdad crees que ayude, podemos considerar transferirte a otra escuela; pero honestamente, no hay muchas opciones. Sólo recuerda que te amamos y que te apoyamos desde aquí.
Con amor,
Mamá y papá
Hermione leyó la carta con una mueca cuando la tomó de la lechuza al día siguiente. Estaba más que consciente de que no era cercana con ninguno de sus compañeros, y sus clases ciertamente no eran lo que esperaba. ¿Pero transferirse? Ni siquiera lo había considerado y no les había dicho a sus padres lo peor. No era la primera persona a la que Malfoy saboteaba en clase, sin mencionar los embrujos. Pero dejar Hogwarts sería como fallar… como rendirse. Tenía que haber alguna manera de mejorar las cosas. Si tan sólo entendiera cómo funcionaban las cosas en el mundo mágico. Si tan sólo entendiera porque ella tenía tantos problemas independientemente de todo lo demás. Se sintió como si estuviera a punto de reprobar un examen que hubiera aprobado sin problema si tan sólo lo hubiera intentado… si tan sólo supiera dónde comenzar.
Pero sus padres le habían dado otra idea. Y estaba sentada justo al lado que quizás le pudiera ayudar.
–Percy –dijo dándose la vuelta para hablar con el prefecto a su izquierda.
–¿Sí, señorita Granger?
–¿Hay algo que alguien pueda hacer contra Snape?
Percy dirigió su mirada a la mesa principal donde Snape estaba leyendo el periódico de la mañana con una mueca mientras tomaba su té. Se acercó un poco más a Hermione.
–¿Qué quieres decir? ¿Qué hizo?
–Nos dio a Dean Thomas y a mí un Insatisfactorio en nuestra poción cuando fue saboteada por Draco Malfoy y… quitó quince puntos de Gryffindor por cosas que Malfoy inició –dijo resoplando con su nariz–. Y es un maestro injusto en general.
–Oh, lo siento, eso es terrible –dijo Percy con simpatía–. Draco Malfoy ha sido un peor buscapleitos que la mayoría de los Slytherin en todo el año.
–¿Malfoy, dijiste? –Se dio la vuelta para ver a Fred y a George a unos cuantos asientos entre Alicia y otra jugadora de quidditch, Angelina Johnson–. Si tienes problemas con Malfoy –dijo uno, George según ella– vas a apreciar lo que la va a ocurrir esta mañana.
–¿Qué hicieron ahora? –Dijo Percy con tono de advertencia.
–No confirmamos ni negamos estar involucrados –respondió George.
–No tienes pruebas contra nosotros –confirmó Fred–. Quizás lo hizo Lee.
–Pero será entretenido, ¿verdad Fred?
–No estoy segura de que sea una buena idea, muchachos –dijo Hermione un poco nerviosa–. ¿Qué tal si intenta vengarse?
–Oh, no te preocupes, Malfoy es lo suficientemente inteligente para no intentar hacer algo en el gran comedor.
–Además, tenemos dos años de experiencia más que él y esos dos bultos a los que llama amigos.
–No es de ustedes de quien estoy preo…
–¡Ah! ¡Auch! ¡Déjame! ¡Quítenme… esta estúpida... cosa! –Hermione fue interrumpida por la voz nasal de Draco Malfoy mientras saltaba de la mesa de Slytherin gritando con fuerza. Jaló algo que parecía una taza de té de su cara y la estrelló contra la pared. Con la mitad de la escuela riéndose de su inusual nariz roja, lanzó una mirada de coraje a los gemelos Weasley, quienes se reían con más fuerza que cualquier otro. La mayoría de los profesores parecía molestos por el incidente, y Snape caminó hacia la mesa de Slytherin para demostrar que estaba haciendo algo, pero Malfoy ya se había sentado ya que no podía hacer nada con tantas personas observándolo y comenzó a murmurar con enojo algo a Crabbe y Goyle.
–¡Una taza que muerde! –Explotó Percy–. ¡Y en medio del gran comedor! ¿En serio?
–¡Sencillo y brillante! –Exclamó George.
–No creí que funcionara –dijo Fred.
–La profesora McGonagall se enterará de esto –gruño Percy.
–No, no, hermano, aún no tienes prueba de que fuimos nosotros –dijo Fred.
–Especialmente considerando que Malfoy destruyó el objeto.
Percy se pellizcó el puente de la nariz.
–Uno de estos días éstas bromas les darán una patada en el trasero –dijo.
–¡Trasero! ¡Ja! –dijo George.
–Tal vez sí tiene sentido del humor.
–Sí tiene razón –dijo Hermione–. Por lo menos, el profesor Snape encontrará una excusa para deducir puntos durante su clase.
–Sí, pero siempre hace eso –dijo George.
Hermione y Percy suspiraron con frustración.
–Percy, sé que varios estudiantes de sexto y séptimo año no toman pociones –dijo ella–. ¿Es que no pudieran escribir cartas al Profeta o algo sobre el profesor Snape?
–Pudieran –dijo Percy con un suspiro–. Desafortunadamente, probablemente no ayude. Hubo una campaña hace algunos años, cuando mi hermano Bill estaba en primero. Muchas personas se quejaron de él, pero Dumbledore no quería despedirlo y Lucius Malfoy convenció al consejo de la escuela de dejarlo con lo que equivale a un simple jalón de orejas. Pero no deberías de preocuparte. Snape normalmente no te da muchos problemas si mantienes la mirada baja y eres respetuosa.
Hermione suspiró y regresó su atención a su desayuno con poca energía. Aparentemente no había manera de deshacerse del profesor Snape. Para ser la mejor escuela de magia del mundo, Hogwarts tenía serios problemas. Un maestro de pociones que odiaba a los niños, y que nadie parecía poder deshacerse de él era sólo parte del problema. ¿Historia? Binns tenía más antigüedad que cualquier otro, incluyendo a Dumbledore. ¿Defensa? Tenía una maldición supuestamente, y dado el tamaño del mundo mágico tenían suerte de poder obtener a alguien para enseñar la materia. ¿Abuso entre estudiantes? Tanto para Gryffindor como para Slytherin la regla parecía ser "que no te descubran".
Dejó el desayuno deseando poder regresar a dormir, y no sólo porque no lo había hecho lo suficiente. Pero no, tenía encantamientos esa mañana. Percy se fue a… donde sea que fuera todo el tiempo ya que parecía aparecer y desaparecer al azar considerando sus doce clases. Así que siguió a Alicia, junto a la mitad del equipo de quidditch, cuando escuchó una voz detrás de ellos.
–¡Weasley! ¡Sé que fueron ustedes!
Hermione dio la vuelta para ver a Malfoy, Crabbe y Goyle caminando hacia ellos con sus varitas en mano.
–Pero Sr. Malfoy, no tengo idea de que estás hablando –dijo George obviamente tratando de no reírse ya que la nariz de Malfoy aún estaba roja.
–¿Creen que casi quitarme la nariz es gracioso? –Dijo Malfoy–. ¿Acaso fue tu idea, Granger? No creí que tuvieras el estómago para buscar venganza.
–¡No! –Gritó Hermione con terror cuando Crabbe se movió hacia ella–. Yo no…
–Sé que la señorita Granger no estuvo involucrada –dijo Fred colocándose en frente de allá–. Es muy aguafiestas y le gusta seguir las reglas.
–No debieras de acusar sin evidencia, Malfoy –agregó George imitando la voz de Snape–. Después de todo, ¿puedes probar que alguno de nosotros estuvo involucrado?
–Además –continuó George– si hipotéticamente estuviéramos involucrados de alguna manera con la taza de té en tu mesa…
–No necesitaríamos una excusa –dijeron en unísono.
Para entonces Alicia y Angelina se habían colocado detrás de Hermione. Hermione también había dado un paso atrás, pero no lo suficientemente rápido ya que Malfoy y sus amigos y Fred y George habían comenzado a intercambiar hechizos.
Varias cosas ocurrieron al mismo tiempo. Primero, hechizos comenzaron a volar alrededor. No sabía de quien provenían, pero claramente escuchó Tarantallegra, Furnunculus y Vermillious. Después, hubo un fuerte ruido cuando los hechizos chocaron e interactuaron de manera impredecible y un torbellino de chispas rojas explotó en el pasillo. Hermione fue lanzada al suelo y sintió un calor doloroso en su piel mientras las chispas volaban alrededor de sus ojos. Cuando recuperó el sentido pudo oler algo quemándose. Levantó la mirada y vio la carta de sus padres, la cual siendo escrita en papel en lugar de pergamino estaba en llamas gracias a las chispas.
–¡Mi carta! –Exclamó. Con rapidez comenzó a extinguir las pequeñas llamas con la manga de su túnica, pero el daño había sido hecho. La carta estaba en pedazos y apenas se podía leer.
–¡Mi padre se enterará de todo! –Hermione se dio la vuelta y notó que los participantes en la pelea tenían granos en sus rostros y estaban bailando. Por el ardor en su rostro, estaba segura de que ella también tenía unos granos. La bastilla de la túnica de Goyle estaba en llamas. Malfoy estaba furioso, pero no intentó nada más y se marchó, probablemente rumbo a la enfermería.
Fred y George controlaron su baile con un simple Finite Incantatem y ayudaron a Hermione a ponerse de pie.
–La situación puede ser algo loca si combinas varios hechizos –dijo George–. Si ya no tienes la crema para curar forúnculos de la primera semana, nosotros tenemos extra. No ocupas ir a la enfermería para esto.
–En verdad lo sentimos –le dijo Fred–. No creímos que intentaría algo.
–Bueno, no con alguien además de nosotros –le corrigió George.
–Como sabes, a nosotros nos han regañado antes y…
–Gracias –dijo Hermione mientras los hacía de lado con su mirada al suelo.
–¿Estás bien? –Le preguntó Alicia mientras la pasaba a toda prisa.
–Estoy bien –mintió. En ese momento sólo quería alejarse y que no la vieran llorar, pero probablemente se controlaría a tiempo para su clase. Calculó que tenía el suficiente tiempo para correr de vuelta a su dormitorio… y gracias a Dios que sí había guardado un poco de la crema para curar forúnculos para mostrársela a sus padres. Y gracias a Dios que Snape la había dejado cuando se lo pidió (había dicho que apreciaba cuando las personas mostraban interés). Fue la única cosa sensata que había hecho en su clase.
–Me siento mal por ella –dijo Fred mientras veía a Hermione irse–. La mayor parte de esto fue nuestra culpa.
–Parece que no le está yendo bien –dijo George–. Y he visto esa mirada en Percy. Obviamente se está esforzando de más.
–Si. Quisiera que pudiéramos hacer algo para que sea menos tímida –dijo Fred con una sonrisa.
–Oh no, nada de eso –los reprimió Alicia Spinnet–. Ya tiene suficientes problemas sin que ustedes estén arruinando todo.
–Claro que no le haríamos algo malo. Sólo algo divertido –le respondió.
–Como un encantamiento en su regla de cálculo para que cuente unos chistes –sugirió George–. ¿Sabes dónde la guarda?
–¿Encantar su regla? –Dijo Alicia con incredulidad–. Es Hermione Granger, no necesita una regla.
–Bueno, sólo pensamos que le ayudaría un poco si se riera de sí misma –le dijo Fred–. Además, convencería a Malfoy de que no tuvo nada que ver con este incidente.
–Sólo aléjense de ella. Ha tenido dificultades adaptándose al mundo mágico como hija de muggles. Nunca había tenido amigos magos y le cuesta trabajo abrirse a las personas.
–No puede ser tan malo. ¿Ustedes son sus amigos, o no? –Le preguntó George–. Y la hemos visto con otros de su mismo año.
–¿Sabes qué? –Lo interrumpió Fred– si en verdad sientes que es lo mejor, no le haremos una broma. De todas maneras, probablemente es muy inteligente para nosotros.
George giró la cabeza rápidamente para mirar a su gemelo con sorpresa.
–Gracias –dijo Alicia–. Es bueno saber que tienen un lado sensato. –Y se fue.
–¿Por qué hiciste eso? –Susurró George.
–Porque tengo una idea.
–Pensaba que ese era mi trabajo.
–No hoy, hermano. Además, no podemos permitir que Alicia le dé una advertencia a Hermione. Es muy inteligente para dejar que alguien la engañe, como Malfoy.
–Pero dijiste…
–Dije no que le haríamos nada a Hermione Granger. ¿Has notado dónde se sienta a comer?
–Oh… –Lo recordaba muy bien.
–Exacto. Ahora lo que necesitamos es un tipo de broma que afecte un área para darles a los dos con un sólo golpe.
–Pues, ahora que lo estás involucrando a él, tengo una idea que combina un hechizo camaleón con un sifón y un resorte.
–Oh, continúa por favor…
–Un exponente… significa… –Cedric Diggory revisó sus notas–. Multiplicar un número por sí mismo una y otra vez.
–Así es –dijo Hermione–. Es como multiplicar es sumar un número una y otra vez.
Su grupo de estudio del miércoles por la tarde era lo más agradable que le había pasado en toda la semana, aunque también estaba entusiasmada por Halloween. Considerando el desastre con Snape y Malfoy, además de que Ron Weasley estaba de peor humor por ninguna razón, su grupo de estudio era una mejora. Además de que era estimulante intelectualmente después de su clase de historia.
–Entonces, diez por diez es cien –continuó Cedric–. Diez por diez por diez es mil… ¿diez a la cuarta potencia sería diez mil?
–Así es.
–Terminaremos con números muy grandes rápidamente –dijo Alicia–. Eso quiere decir que diez a la décima potencia es…
–Diez mil millones –respondió Hermione sin pensarlo.
Alicia se rio.
–Igual de rápida con esos. ¿Cuánto es ocho a la séptima potencia?
–2, 097, 152.
–¿Y qué tal siete a la octava potencia? –La retó Roger.
–5, 764, 801, pero memoricé todos hasta diez a la décima potencia, igual que las tablas de multiplicación –dijo ella frenando más preguntas–. Dudo que en clase utilicemos potencias mayores a la cuarta, y usualmente sólo cuadrados.
–No lo sé –dijo Roger–. Creo que para la creación de hechizos utilizaremos potencias mayores.
–Entonces, esto será más complicado. Me pregunto… ¿pueden esperar un momento? Quiero revisar rápido la copia de la biblioteca de Principios analíticos para la creación de hechizos.
–Eh… claro –dijo Alicia.
Hermione se levantó de la mesa con entusiasmo en dirección a la sección de copias de libros de texto.
Alicia soltó una risita cuando se fue.
–Es adorable.
–Nunca se detiene –agregó Roger con un chasquido de lengua.
–Lo sé. Me encanta como corre a todos lados de esa manera.
–Alicia, no es un gato –le dijo Cedric.
–No lo sé –bromeó Roger–. No estoy completamente convencido de que es humana.
–Ya, basta los dos. Sólo es una estudiante de primer año que es mejor en aritmancia que… cualquier otra persona que la profesora Vector haya visto.
–Quizás finalmente logre deshacerse de Snape –agregó Alicia. Los tres rieron.
–Sí, como si alguien pudiera deshacerse de Snape –dijo Cedric–. Quizás si McGonagall, Flitwick, y Sprout lo persiguieran hasta una ventana.
Hermione estaba quieta junto a la estantería con los libros de reserva. Debía de ser la acústica de la biblioteca; probablemente no se dieron cuenta que los podía escuchar. Intentó ignorarlo. Después de todo, sus comentarios no eran de mala naturaleza. Pero aun así, por muy amables que fueran sus compañeros de aritmancia, no podía quitarse el sentimiento de que sólo la querían como su pequeña mascota de primer año, o como algo exótico al cual exhibir; como si no fuera uno de ellos.
¿Y deshacerse de Snape? Sin tan sólo pudiera.
En lo que se refería al libro, sólo ocupo dar la vuelta a unas cuantas páginas para encontrar la respuesta: debió de saber que la creación de hechizos utilizaría potencias séptimas y sus múltiplos, y raíces séptimas. Incluso vio problemas a la veintiún potencia. Colocó el libro en su lugar y regresó a la mesa de estudio intentando mostrar su mejor sonrisa como si nada fuera de lo normal hubiera ocurrido. Después de todo, ¿por qué debieran de preocuparse? Si los demás notaron algo, no lo mencionaron.
Ocurrió durante la cena esa noche. Hermione estaba comiendo en silencio en su lugar usual, aunque diciendo uno u otro comentario a Percy Weasley quien estaba sentado a su lado. Entre el plato fuerte y el postre, una Gryffindor de segundo año llamada Katie Bell se acercó a Percy a su otro lado y habló con él.
–Disculpa, Percy –dijo con una pequeña caja en su mano–. ¿Puedes revisar esto? –Se movió un poco para poder ver tanto a Percy como a Hermione.
–¿Qué es? –Le preguntó.
–No estoy segura –dijo–. Esperaba que tú pudieras decirme.
–Pues veamos que es entonces –dijo con tono de importancia. Abrió la caja y repentinamente algo salió en una nube de humo de colores, golpeando tanto a Percy como a Hermione en el rostro. Hermione fue cegada por un momento por el humo y sintió como telarañas en su cabello, las cuales trató de sacudir mientras tosía.
Cuando el humo se disipó, Hermione inmediatamente notó dos cosas: primero, todos a su alrededor, incluyendo a Katie Bell, se estaban riendo y señalando a Percy y a ella; segundo, el cabello rojo de Percy ahora era castaño claro.
–Percy… tú… tu cabello… –comenzó a explicar.
Pero cuando Percy se dio la vuelta sus ojos se abrieron ampliamente.
–Señorita Granger… –dijo señalando su cabeza.
Hermione rápidamente tomó un mechón de cabello y lo colocó frente a sus ojos. Soltó un chillido en protesta al ver que su cabello alborotado de color castaño había tomado el color naranja llameante del de Percy.
–¡Fred! ¡George! ¿Qué hicieron? –Gritó Percy poniéndose de pie y corriendo hacia donde los gemelos se encontraban sentados. Hermione lo siguió.
–Disculpa, ¿quién eres? –Dijo uno de ellos.
–El rostro me es familiar, pero no puedo reconocerlo –agregó el otro.
–Ya, ambos, basta. ¿Qué le hicieron a nuestro cabello?
–Cambiaron los colores, Percy –se quejó Hermione.
–Oh, mira Fred, es nuestra hermana perdida.
–Es un poco aterrorizante cuanto se parece a mamá.
–Sí, incluso tiene la mirada que mata –dijo George al ver su expresión.
–¿Alguien tiene un espejo? –Demandó Percy a las jóvenes cercanas. Una estudiante mayor sacó uno de su túnica mientras sonreía. Percy se observó rápidamente.
–¡Vamos! ¡Cámbienlo ahora mismo!
–Relájate Percy, cambiará sólo en unas horas –dijo George.
–Sí, en unas horas… o una noche, máximo.
Hermione se miró en el espejo cuando Percy lo dejó de lado. No estaba al tanto de nada relacionado con la moda, pero estaba segura de que ese no era su color.
–¿Por qué me incluyeron a mí en esto? –Se quejó.
–Pues, tú eres la que eligió sentarse al lado de nuestro hermano.
–Esa fue una decisión peligrosa.
–Además, pensamos que te hacía falta relajarte un poco, Granger.
–¡Basta! Estoy bastante bien, muchas gracias. –Se dio la vuelta y caminó fuera de ahí, aunque estaba algo aliviada al saber que no tendría que explicarle a sus padres el cómo se volvió pelirroja.
Sin embargo, esa noche no fue agradable. Tuvo que aguantar algo de burla de sus compañeras, y no se atrevió a bajar a la sala común. El día siguiente era Halloween después de todo, y las bromas le llegaban de todos tipos, especialmente el obvio "señorita Weasley". No logró dormirse antes de medianoche, otra vez, y tenía clase de astronomía. Por lo menos era muy oscuro para que le vieran bien el cabello. Por Dios, ¿por qué no podía el mundo mágico ser más... normal?
Pero estuvo agradecida al saber que su cabello había regresado a la normalidad la mañana siguiente. Tener el cabello anaranjado durante Halloween sería demasiado.
Desafortunadamente, parecía que eso era lo único que le saldría bien ese día.
Notas del autor:
Tsimpima – del griego para "punzada".
Mordeodigiti – del latín para "morder dedos".
