Harry Potter menos JK Rowling es indefinido.


Capítulo 9

–¿Qué lo ocurrieron a todos mis calcetines?

Hermione Granger se levantó la mañana de Halloween, después de una noche de sueño corta e intermitente, con su cabello tan incontrolable como siempre, pero castaño nuevamente. Se despertó tarde y se perdió el desayuno, aunque la mayoría hacía eso la mañana después de la clase de astronomía. Pero llegaría tarde a encantamientos si no se arreglaba pronto.

–¿Qué ocurre? –Preguntó Lavender Brown aún semi-dormida mientras se levantaba de su cama.

–No encuentro ningún par de calcetines, ¡ninguno coordina! ¿Dónde estarán?

–No lo sé. A lo mejor los tomó Wendelin.

El demente gato calicó de Lily Moon, Wendelin, no estaba por ningún lado. Y por supuesto, Lily y Sally-Anne ya se habían levantado y bajado a desayunar dos horas antes.

–Mmm… intenta bajo la cama de Lily –dijo Parvati en medio de un bostezo.

Hermione se puso de rodillas al lado de la cama de Lily y levantó las cobijas. Dos ojos amarillentos la observaron, y mientras sus propios ojos se adaptaban notó que el felino se encontraba recostado sobre una cama de calcetines.

–Wendelin, ¡regrésamelos! –Estiró su brazo para tomar unos cuantos, pero la gata le gruñó y salió corriendo de debajo de la cama.

–¡Ah! ¡Mi mano! –Gritó levantando su brazo donde encontró un rasguño bastante visible en la mano con la que utiliza su varita.

Parvati lució asqueada por la sangre y Lavender tembló levemente.

–No te preocupes. Madame Pomfrey lo puede arreglar en un segundo –dijo Lavender.

–Lily necesita hacer algo sobre esa gata –se quejó Hermione. Envolvió su mano con un pañuelo mientras terminaba de arreglarse y corrió a la enfermería para que la ayudaran. La señora Pomfrey la recibió con amabilidad, pero apenas escuchó lo que le dijo la sanadora porque estaba más preocupada por llegar a tiempo a clase de encantamientos, y gracias a un pequeño atajo apenas lo logró.

–Buenos días, señorita Granger –le dijo el Profesor Flitwick desde su pila de libros mientras ella se apresuraba a llegar al único asiento disponible–. Y buenos días, clase. Ahora que ya estamos todos aquí creo que ya están listos para comenzar a hacer volar objetos–. Hubo varios susurros de entusiasmo en la clase–. La levitación es una de las habilidades mágicas más básicas pero es uno de los primeros desafíos complejos que aprenderán en esta clase. El encantamiento levitatorio requiere mucho más control que un simple Lumos o cualquier hechizo de luz ya que estos sólo liberan energía, y requiere más control que encantamientos ablandadores que sólo requieren ser utilizados una vez para su fin. El encantamiento levitatorio requiere control continuo por el tiempo que se el objeto encuentre en el aire y puede que tome algo de práctica poder producir resultados.

Hermione no había considerado esa parte. Estaba bastante adelantada en sus estudios del Libro estándar de hechizos, y utilizaba varios hechizos en aritmancia, pero no había intentado nada que requiriera control continuo.

El profesor Flitwick pasó más tiempo de lo normal, más de la mitad de la clase, explicando cómo funcionaba el encantamiento levitatorio y cómo realizarlo, haciéndolos practicar el movimiento de la varita varias veces. Con ocho sílabas, Wingardium Leviosa era uno de los encantamientos más largos que habían aprendido, y alinearlo con el movimiento, un "agitar y golpear", era complicado. Pero cuando llegó la hora de realizarlo, Hermione confiaba en su habilidad para lograrlo.

–Haremos esto en parejas para que uno pueda observar los detalles –dijo Flitwick mientras levitaba las plumas hacia los estudiantes–. Ahora, el Sr. Potter con el Sr. Finnigan, por favor.

Hermione miró a los muchachos desde donde se encontraba. Harry Potter parecía aliviado y Neville Longbottom, quien había estado mirando en su dirección, parecía destrozado.

–Y el Sr. Longbottom con el Sr. Thomas.

¿No la podían poner con Dean? Dirigió su mirada al resto de sus compañeros y se dio cuenta de lo que estaba por venir. ¡Oh no!

–Y el Sr. Weasley con la señorita Granger.

Ron gruñó y Hermione casi lo imitó. Esa no era su semana.

Ron se movió para sentarse a su lado mientras el profesor Flitwick colocaba una pluma en su escritorio.

–Mm… hola… –dijo.

–Hola –respondió ella con precaución.

–Tu… eh… tu cabello regresó a la normalidad –le dijo Ron.

–Gracias por notarlo –respondió Hermione con aspereza.

–Sé que Fred y George pueden ser desesperantes, pero nunca hacen algo realmente malo a alguien que no se lo merezca.

Hermione puso los ojos en blanco.

–Sí, eso en verdad me tranquiliza.

–Ahora, recuerden todos los componentes –chilló el profesor Flitwick–. Asegúrense de realizar ese movimiento desde la muñeca para dejar que la magia fluya libremente: agitar y golpear, agitar y golpear. Y decir la encantación correctamente es igual de importante. Recuerden, las encantaciones desencadenan la acción específica de la magia, y las cosas pueden salir muy mal si no lo dicen correctamente. No olviden la historia de Juan Carlos Baruffio, quien quedó inconsciente durante el Campeonato Mundial de Duelo de 1957 cuando dijo "ese" en lugar de "efe" y terminó con un búfalo sobre su pecho.

La clase rio y se estremeció ante una de las muchas historias del profesor Flitwick de sus días en el circuito de duelos. Si eso era cierto significaba que había algo bastante extraño en la forma en la que funcionaba la magia, pensó Hermione. Después de todo, ¿cómo es que un simple tartamudeo podía producir un hechizo tan poderoso que la mayoría de los magos no podían producirlo deliberadamente, aún si era inusual? Era algo que investigar en aritmancia después.

Observó el salón mientras sus compañeros comenzaban a realizar el encantamiento levitatorio sin mucho éxito. En la mesa de al lado, Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero su pluma ni se inmutó.

Hermione reprimió un bostezo.

–¿Por qué no lo intentas primero? –dijo Hermione no muy segura.

–Sí, gracias.

Ron intentó agitar y golpear, pero tampoco produjo resultados. Lo dejó intentarlo unas cuantas veces, sólo observando para que Ron no hiciera algo "temperamental". Se preguntó si debía hacer algo después de un tiempo. Apenas había hablado con el niño desde el incidente con el perro, o con su amigo Harry, y por su propia elección. Percy era amable, y los gemelos por lo menos intentaban ayudarla a su modo extraño y, honestamente, molesto, pero su opinión de Ron no había mejorado en todo el año.

Pero comenzaba a sentirse mal por pensar eso. Después de todo apenas había hablado con Ron y Harry antes de esa noche, y menos después. Claro, eran tontos y descuidados… bueno, eran niños. Sacudió la cabeza. Pero esos dos no se habían metido en tantos problemas como Fred y George y su habilidad para meterse en problemas era lo que le había molestado en un principio… bueno, eso y que Ron fue muy cortante con ella cuando le intentó hablar antes. Aun así, no estaba segura si el par se había metido en problemas desde entonces. No que hubiera escuchado, y por lo que parecía, Harry estaba muy ocupado con quidditch como para eso.

No, su problema últimamente era que no tenía ganas de lidiar con las personas. Era difícil de explicar, pero eran un elemento de incertidumbre en su vida equilibrada. Recordó la carta quemada que sus padres le habían enviado el martes. Habían sonado tan preocupados por ella a pesar de que no les había dicho la mitad de lo que estaba ocurriendo. Supuso que tenían razón, era difícil encontrar a alguien con quien hablar, pero estaba preocupada por diferentes cosas, como el terminar todos sus trabajos.

Y en ese momento también se tenía que preocupar por Ron, quien estaba agitando su varita en un patrón bastante inestable que ciertamente no lo dejaría realizar el hechizo.

–El agitar tiene que ser similar a una "jota" –mencionó Hermione casualmente.

Ron sólo le gruñó y comenzó a agitar su varita en un arco muy amplio.

–S...sabes… supongo que esa broma fue graciosa –dijo tratando de romper el hielo–. Sólo estaba preocupada por cómo se lo iba a explicar a mis padres.

–Ajá –dijo. Hermione no creyó que la estuviera escuchando, pero no importaba. Seguía agitando la varita en un arco bastante amplio.

–No debieras de mover tanto tu brazo. El movimiento tiene que ser en la muñeca.

Fueron interrumpidos por un grito en la mesa de Harry y Seamus. Seamus había golpeado la pluma con su varita y estaba en llamas. Harry la apagó rápidamente con su sombrero.

Ron regresó su atención a su propia pluma.

–¡Wingar-di-um Leviso-sa! –Gritó esta vez mientras agitaba sus largos brazos, casi golpeando a Hermione en la cara.

Hermione bajó su brazo con fuerza por la muñeca.

–¡Ron! ¡Lo estás diciendo mal! –Le gritó–. Y le vas a sacar un ojo a alguien –A mí–. Es Win-gar-dium Levi-o-sa. Tienes que agitar y golpear con tu muñeca, y alargar y hacer énfasis en el "gar" mientras lo haces.

Ron se volteó a verla y le gruñó.

–Si eres tan lista, hazlo tú.

–Bien –se arremangó y levantó su varita. Sintiendo con cuidado la magia en ella, agitó la varita en frente de ella en forma de una "jota" al revés y luego dio un golpe en dirección a la pluma–. Wingardium Leviosa –pronunció.

La pluma se elevó de la mesa lentamente, tomando velocidad mientras más se elevaba hasta que finalmente se detuvo a cuatro pies sobre su cabeza.

El profesor Flitwick aplaudió.

–Excelente, ¡excelente! –chilló–. Miren todos, la señorita Granger lo ha logrado. Así es, ahora enfócate en mantener el control…

Hermione sonrió ante el elogio, pero Ron la miró con molestia.

–¿Ves? No es tan difícil –le dijo cortantemente–. Sólo asegúrate de seguir los pasos con cuidado.

Ron sólo le gruñó, pero entre ella y el profesor Flitwick, y después Harry, quien los observaba con atención y también logró realizar con éxito el hechizo un poco después, lograron que Ron siguiera los pasos para el final de la clase; aunque sólo logró que la pluma saltara y se volteara, por lo que el profesor Flitwick le recomendó un poco más de práctica hasta que lo pudiera hacer bien.

Predeciblemente, Ron estaba de muy mal humor cuando terminó la clase y mientras caminaban al gran comedor para el almuerzo. Claro, Hermione tampoco estaba de buen humor, pero por lo menos se lo callaba. Mientras los dos muchachos se hacían paso entre la multitud del pasillo, ella los siguió por el camino que habían abierto junto con el resto de la clase. Ron aún seguía quejándose.

–"Tienes que alargar y hacer énfasis en el 'gar'..." Totalmente chiflada, te digo. No sé cómo alguien la puede soportar.

Bueno, tú tampoco eres tan amigable, pensó ella. Empujó para pasarlos con molestia, casi tropezándose con los pies de Harry en su camino.

Harry pareció malinterpretar sus acciones.

–Creo que te escuchó –dijo.

–¿Y? –Respondió Ron–. Es obvio que le gustar estar sola todo el tiempo.

Casi se dio la vuelta con indignación para protestar, pero sus palabras murieron en sus labios al pensarlas. ¿Podía negarlo? ¿Podía, con todas las veces que se había dicho a sí misma que no quería lidiar con personas por varias semanas?

Y después, súbitamente obligada a enfrentar lo que había enterrado, Hermione se sintió lista para quebrantarse. Algo que había estado guardado dentro de ella todo el mes, o quizás todo el año, se desató y las lágrimas comenzaron a caer libremente antes de que supiera lo que estaba ocurriendo. No podía entender cómo había pasado tan rápidamente, pero sintió que la habían golpeado en el pecho y que necesitaba encontrar un lugar privado lo más pronto posible.

Caminó rápidamente y luego comenzó a correr. Apenas podía ver para encontrar el baño de mujeres más cercano pero recordaba la estructura del castillo bastante bien después de todo su esfuerzo. Encontró la puerta y entró en el último urinario. Resguardada de los ojos del mundo se recostó contra la pared y se deslizó al suelo, juntando sus rodillas y acercándolas a su pecho mientras lloraba sin consuelo.

No supo cuánto tiempo estuvo en ese estado, sólo llorando. No podía detenerlo. Ni siquiera pudo pensar coherentemente por un tiempo. Sólo supo que para cuando pudo respirar nuevamente y analizar sus alrededores ya estaba tan cansada de llorar que no quería nada más que regresar a su cama y no levantarse hasta el lunes; pero no podía pensar en caminar hasta su dormitorio en ese momento. Por Dios, ¿qué le estaba ocurriendo?

No había ningún sonido, excepto por su ocasional resoplido. Varias jóvenes a las que no reconoció entraron y salieron del baño, pero ninguna la había cuestionado, lo cual le dio un poco de alivio.

Dirigió su mirada al techo alto preguntándose qué hora era. En su prisa esa mañana había olvidado su reloj. Seguramente se había perdido el almuerzo, pero no le importó en ese momento. No tenía hambre. Sintió las lágrimas venir nuevamente al recordar lo que había dicho Ron, en su estúpida semana, y en su año entero. ¿Qué había pasado?

¿Cuál era su problema?

No podía seguir así.

Bajó su cabeza y se cubrió el rostro son sus brazos. Quizás se podía quedar ahí un poco más.


Septima Vector observó su clase de tercer año y para su sorpresa, su alumna estrella no se encontraba ahí. Por lo que sabía, Hermione Granger nunca había faltado a ninguna clase y estaba segura de que lo hubiera escuchado si lo hubiera hecho. Pudiera haber un número de razones, por supuesto, pero estaba preocupada.

–Señorita Spinnet, ¿dónde está la señorita Granger? –Preguntó.

–No lo sé, profesora –dijo Alice un poco incómoda–. Mm… Fred me dijo durante el almuerzo que su hermano menor había dicho algo que la había molestado, pero no sé a dónde fue.

–Mmm… –suspiró. Los niños podían ser muy crueles a veces. Había notado que la niña estaba teniendo dificultades. Aun así, no había nada que pudiera hacer en ese momento–. Bueno, la próxima vez que la veas, por favor dile que venga a verme para recoger su tarea.

–Sí, profesora.


Hermione apenas se había movido de su lugar recargada en la pared del baño. Se había sentado sobre el retrete, recostado en el piso, y presionado su frente contra la pared cuando sus piernas se habían entumecido. Incluso había salido del urinario una vez, para lavarse el rostro, pero se desalentó al notar lo desarreglada y roja que se veía en el espejo y había corrido de vuelta adentro, sola con sus pensamientos.

Reconocería ese ridículo cabello en cualquier lado.

¡Pagarás por eso, sangre sucia!

Alguien tiene que enseñarte tu lugar.

Ya no podía más.

Le habían puesto apodos antes. Ningún insulto como tal, pero siempre había habido unas cuantas personas que se habían burlado de su cabello incontrolable o de sus dientes gigantescos, o, más recientemente, de lo "sencilla" que era, y peor que eso. En su tercer año de primaria unos niños comenzaron a llamarla "rara" porque tenía tutores en matemáticas y realizaba divisiones y multiplicaciones de números grandes. Había llegado a su límite varias veces y apenas pudo terminar el año gracias al apoyo de sus padres. Fue la única vez antes de ese momento en el que consideró cambiarse de escuela, pero el año siguiente se saltó al quinto año y todo estuvo bien, y aprendió a tener un corazón más duro.

Debía saber lidiar con bravucones, incluso del nivel de Malfoy; y si ese fuera su único problema lo hubiera logrado fácilmente.

El cerbero en el tercer piso.

Malfoy hechizándola en los pasillos.

Cualquier cosa que involucre a los gemelos Weasley.

Ya no podía más.

Sus padres siempre habían estado ahí para ella, y aún le daban el apoyo que podían por supuesto, pero sentía que no podía seguir recurriendo a ellos. No como antes. Era más que el hecho de que estaba lejos de su hogar; no les había dicho ni la mitad de lo que ocurría en ese lugar. Había tantas cosas que sentía no podía… que ellos no entenderían. Ni siquiera ella lo comprendía. Quizás era esa la razón por la que no se sentía cómoda hablando con los profesores, sin mencionar las partes que la meterían en problemas. Pero después de una semana como esa se sentía tan aislada, y ese ya era un gran problema para ella.

Pero permaneces sola, y estás separada de los demás.

–Espero que permanezca despierta en mi clase.

Aunque debe de ser algo solitario, ¿no lo crees?

¿Y de todas maneras, de qué hablan las niñas normales?

Apenas y podía estar al corriente con su tarea.

No lo sé, no estoy completamente convencido de que es humana.

Ni siquiera quería hablar con alguien de todas modos.

Lo que Ron había dicho no fue lo que la llevó a cruzar su límite. Había sido llamada peores cosas.

No, lo que le había molestado fue cuanto era cierto, y lo que la consumía era como ella se lo había hecho a sí misma.

Les había prometido a sus padres que intentaría hacer amigos. Claro, ella era tímida por naturaleza, algunas veces dolorosamente, pero no era nada que no hubiera hecho antes. Siempre había logrado hacer unos cuantos amigos, aun durante lo peor. ¿Pero cómo había vivido en Hogwarts los últimos dos meses? Sus compañeras eran más o menos sus amigas, aunque no tenían nada en común. Tenía a su grupo de estudio de aritmancia, ¡la misma clase que se estaba perdiendo en ese momento! Casi se levantó y salió corriendo, pero no lo hizo. No podría aguantar la vergüenza de ser vista así, y de encontrarse con Alicia, Cedric, y Roger con ojos rojos y llorosos… y mucho menos ver a la profesora Vector. Se estremeció y se arrinconó aún más.

Aun así, objetivamente, pudiera llamar amigos a los de su grupo de estudio. Claro, no tenía mucho en común con ellos tampoco. Los tres eran fanáticos del quidditch y ella tenía muy poco interés en deportes de cualquier tipo. También estaban dos años arriba. Tomaban diferentes clases, podían ir a Hogsmeade, pensaban en relaciones amorosas, y más importante, habían sido criados en el mundo mágico. Por muy amables que eran, sentía que había una brecha entre ellos que no podía cruzas. (Sin mencionar que Roger seguía llamándola "regla de cálculo humana".)

¿Pero por qué los hacía de lado? Había empezado bien e hizo amigos, y luego todo se cayó a pedazos. Se había encerrado en un mundo que amaba y odiaba al mismo tiempo. Dejó de hablar con otros, se había encerrado en sus libros, y había dejado de dormir. Estaba consciente de que no era bueno académica o psicológicamente, pero había caído tan bajo que no sabía cómo subir.

Apenas y creía que podía decir que tenía amigos, y era su estúpida culpa.

¿Cuál era su problema?

Ya no podía hacerlo más.

No podía hacerse eso a ella mimas más, y no tenía idea de cómo arreglarlo.

Se recargó sobre la pared, llorando en intermisiones.


–Oigan, Brown y Patil –Alicia Spinnet dijo después de revisar la biblioteca–. Ustedes son las compañeras de cuarto de Hermione. ¿La han visto?

Lavender y Parvati se dieron la vuelta.

–No desde encantamientos. ¿Está todo bien? –Dijo Lavender.

–No lo sé. No estaba en aritmancia y ella no es así. No creí que se perdiera esa clase por nada del mundo.

–¿Faltó a aritmancia? –Dijo Lavender con sorpresa–. Sé que Ron estaba diciendo de cosas después de encantamientos, pero no pensé que se lo tomaría tan mal.

–No lo sé –dijo Parvati–. Ha estado bastante distante últimamente. Quizás es algo más.

–Bueno, de cualquier manera, si la ven díganle que la profesora Vector quiere hablar con ella y… sólo asegúrense que esté bien –dijo Alicia con tono de preocupación–. Yo también he estado preocupada por ella.

–Claro. Estaremos alerta.


Fue por pura suerte que Parvati notó algo fuera de lo ordinario cuando entró en el baño de las niñas de primer año del ala este. No fue mucho, sólo el suave sonido de una nariz resoplando al fondo. Se acercó al último urinario y vio a alguien sentada en el piso. Alguien con tenis. Sólo unas cuantas niñas en la escuela utilizaban zapatos así.

–Hermione, ¿eres tú?

Un chillido se escuchó al otro lado de la puerta.

–¡Vete! –Lloró una voz familiar.

–Hermione, soy yo, Parvati –no hubo respuesta–. ¿Estás bien? Alicia Spinnet dijo que faltaste a clase.

–¡Déjame sola!

–¿Haz estado aquí toda la tarde? ¿Es por lo que dijo Ron? No te debieras de preocupar por lo que él dice. Puede ser una maldita molestia a veces.

–Por favor, Parvati, sólo quiero tiempo para pensar –dijo Hermione, su voz demostrando sus lágrimas.

Parvati frunció el ceño. No parecía que pudiera hacer mucho.

–De acuerdo, Hermione. Sólo recuerda bajar a cenar. Y si quieres hablar con nosotras, sobre lo que tú quieras, puedes hacerlo. Nos preocupamos por ti. Oh, y la profesora Vector quiere verte cuando puedas.

Hermione soltó otro resoplido.

–Gracias, Parvati –dijo en medio de un sollozo.

Parvati dejó el baño sintiéndose derrotada.


La profesora Vector observó la celebración de Halloween en frente de ella, pero era una de las pocas personas que no estaba participando. Analizó la mesa de Gryffindor con atención. Ese cabello alborotado era fácil de distinguir y estaba segura de que Hermione Granger no estaba en su mesa. vio a otras niñas de primer año hablando con Alicia Spinnet en susurros. Quizás alguien la había visto por lo menos. Vector observó las otras mesas, pero la niña no se encontraba entre el círculo de amigos de Cedric Diggory o de Roger Davies.

–¿Todo bien, profesora? –Hagrid le preguntó cuándo comenzaron a comer.

–Oh, sólo estoy preocupada por una de mis estudiantes –dijo–. Creo…

Pero fue interrumpida cuando Quirrel, de todas las personas, entró corriendo al Gran Comedor (ni siquiera había notado que no estaba) y se acercó a la mesa principal deteniéndose enfrente del director.

–¡Troooooll en las mazmorras! ¡Troll en las mazmorras! ¡Ala este! Viene hacia acá… –Luego dio un chillido agudo y susurró– supuse que debían de saberlo.

Quirrell se tambaleó y cayó al suelo inconsciente. Eso dejaba mucho que desear del profesor de defensa de ese año, pensó la profesora Vector.

El Gran Comedor estaba en caos. Muchos estudiantes se habían puesto de pie y corrían por todos lados como gallinas sin cabeza, intentando escapar pero estrellándose con otros. Dumbledore se puso de pie y tan rápido como un relámpago hizo salir varios fuegos artificiales de su varita. El comedor se calmó un poco, pero sólo después de que lanzó tres petardos más fue que consiguió silencio.

Raramente se veía a Albus Dumbledore molesto. Era una visión espeluznante.

–Prefectos, ¡lleven a sus casas de vuelta a los dormitorios inmediatamente! –Dijo con su voz mágicamente amplificada–. Maestros, acompáñenme al ala este para poder contener al troll.

Muchos estudiantes aún estaban en pánico, corriendo al lado incorrecto mientras los prefectos trataban de organizarlos con desesperación. La mitad de los profesores se retiraron al mismo tiempo, dirigiéndose a los puentes que conducían al ala este para prevenir que el troll llegara a la zona de las mazmorras donde se encontraban los dormitorios de Hufflepuff y Slytherin. La otra mitad se retrasó al ayudar a controlar a los estudiantes. Snape pareció correr en dirección contraria a todos. El proyecto de Dumbledore, recordó Vector, para el que le había pedido ayuda. El troll sería una distracción perfecta.

Pero Vector ya estaba en movimiento mientras procesaba todo. Sabía que había una estudiante en la escuela que no estaba en el gran comedor para escuchar la advertencia de Quirrell.

Corrió hacia los alumnos de primero de Gryffindor, quienes eran conducidos por un confiado Percy en dirección a la gran escalera. Quizás reconociendo el peligro, la escalera estaba congelada en su lugar para dejarlos subir rápidamente. Alcanzó a las dos niñas y les habló.

–Rápido, ¿saben dónde está la señorita Granger?

Tanto Parvati Patil como Lavender Brown palidecieron.

–¡Merlín! ¡Profesora, lleva en el baño toda la tarde! –Exclamó Parvati.

–¿Cuál?

–El del primero piso, junto al salón de encantamientos.

–Sigan a su prefecto. Yo iré a buscarla. –Vector se apresuró hacia el ala este, esperando que el troll siguiera en las mazmorras. No había notado que dos niños de primero ya se habían adelantado.


Hermione aún se encontraba sentada recargada contra la pared, sus lágrimas casi agotadas, pero contemplando su situación con desolación. Pensó que se había quedado dormida por un momento, recostada en el suelo, pero no estaba segura y eso era una mala señal. Probablemente se había perdido la clase de vuelo. ¿Era la hora de la cena? No sabía nada y no sentía que le importara.

Continuó ahí, considerando sus opciones. ¿Por qué habían mencionado sus padres el transferirla? Ni siquiera les había mencionado todo lo que estaba ocurriendo, y ella no lo había considerado para nada, aunque ahora no se lo podía quitar de la mente. Francés era el único idioma que podía hablar lo suficiente bien como para ir a la escuela, y Beauxbatons era la única escuela a la que podía ir sin forzar a que su familia se mudara a otro país. Si fuera sangre pura, probablemente pudiera contratar tutores, pero esa no era una opción en un hogar muggle. Pero nada de eso importaba. Su problema no era la escuela, era ella.

Recordó como sus padres solían hablarle de lo enojada que se ponía cuando no dormía bien; era algo perfectamente normal. Siempre lo decían como broma, pero no se estaba riendo ahora. Podía notar lo mucho que la estaba lastimando. Sin tener nada que hacer toda la tarde mas que pensar en sus problemas, comenzó a darse cuenta de lo que su falta de sueño estaba ocasionando. Siempre estaba muy cansada para lidiar con las cosas, ya fueran personas, tarea, o cualquier cosa inesperada que hubiera ocurrido. Y lo peor es que su cuerpo se estaba malacostumbrando a eso. En la rara ocasión en la que se iba a dormir temprano, se despertó muy temprano y no pudo volver a dormirse. Probablemente tendría que trabajar para poder regresar a la normalidad.

El otro problema, del que ya estaba consciente pero era más prominente, es que no confiaba en nadie. Usualmente no quería, pero incluso alguien tan reservado como ella necesitaba hablar con alguien y ella apenas y lo había intentado.

No podía quitarse eso de la mente. Por mucho que estaba molesta con ella misma por no intentarlo, sintió que lo había sacado todo y ya no había nada más dentro de ella. Estaba tambaleándose, apenas pudiendo seguir el paso y no tenía la energía mental para más, no porque era difícil, al contrario, pero porque ya había gastado bastante en continuar.

Ya no podía más.

Hermione fue sacada de sus pensamientos por el ruido de algo arrastrándose seguido por el sonido fuerte de la puerta, y después, un olor repugnante invadió sus fosas nasales. Olía, bueno, como a retrete, pero uno que estaba tapado y no había sido limpiado en una semana. Considerando lo único que le vino a la mente, que alguien había tenido un desafortunado accidente, abrió la puerta de su urinario y salió a ver si podía ayudar.

Se detuvo cuando se encontró cara a cara con un muro de piel. La criatura era más alta que Hagrid y parecía ser puro torso con brazos gigantescos que arrastraban un bastón tan largo como un hombre. Tenía piel gris y gruesa como la de un rinoceronte, que se doblaba y se formaba en puntas y nudos en los enormes pies. Mucho más arriba se encontraba una cabeza pequeña y sin cabello, como la de un simio, dejando claro su pequeño cerebro. El olor repugnante le informó de la terrible higiene de algo que era de alguna manera capaz de usar pantalones.

Hermione reconoció inmediatamente a la criatura de su libro de Animales fantásticos y donde encontrarlos.

Era un troll de montaña.

Era una criatura Clase 4X extremadamente peligrosa que requería de conocimiento especializado para ser controlada, o en otras palabras, para no ser aplastado por su bastón.

E iba hacia ella.

Hermione gritó.

Estaba segura de haber gritado más fuerte que nunca en su vida, y se recargó contra la pared detrás de ella, su mente completamente en blanco sobre qué hacer, los engranajes apenas funcionando. No había a donde correr, donde esconderse, y ningún arma de ningún tipo…

Espera un momento. Era una bruja, ¿o no? Sacó su varita de su túnica, forzando tanta magia como pudo en ella sin pensarlo.

–¡Colloshoo! –Gritó.

El hechizo para pegar los zapatos al suelo golpeó al troll en las rodillas, pero ya fuera porque el troll no usaba zapatos o porque era muy grande, no tuvo ningún efecto visible.

–¡Tsimpima! –Gritó–. ¡Tarantallegra! ¡Locomotor Wibbly! ¡AYUDA! –Nada funcionó. No tenía el suficiente poder, el troll era treinta veces más grande que ella. No reaccionó a ninguno de sus hechizos excepto por gruñidos y porque comenzó a acercarse hacia ella.

El tiempo pareció moverse más lento mientras el troll se acercaba. Gruñó y levantó su bastón con enojo ante el ruido, destruyendo los lavabos que salpicaron agua por todo el baño.

Ese era el fin, pensó. No había escape ni puerta detrás de ella por la que pudiera caer y salir corriendo. No podía pelear. Ni siquiera podría desaparecerse con magia accidental porque nadie se podía desaparecer dentro de Hogwarts. Estaba completamente rodeada y había una criatura clase 4X apunto de aplastarla.

Con el cerbero se había puesto histérica. No fue difícil huir y no hubo tiempo para que su vida pasara ante sus ojos; pero ese no era el caso en ese momento. Su maravillosa memoria le recordó todo… todo, excepto cualquier cosa que le ayudara a sobrevivir.

Iba a morir.

¡Iba a morir!

Iba a morir sola y sin amigos en un baño a cientos de millas de su hogar al final de la peor semana de quizás toda su vida. El último recuerdo que sus padres tendrían de ella sería una carta en la que les decía que no podía más después de sólo dos meses en el mundo mágico; y cuando se enteraran de lo que había ocurrido (si se enteraban de lo que había ocurrido), sabían que tenía razón y que sus problemas la habían matado.

Y no había nada que pudiera hacer.

Para alguien que no soportaba sacarse una B (o un aceptable en Hogwarts), no había palabras para describir lo que se sentía el enfrentarse a la muerte con tan solo doce años de edad sabiendo que en ese momento había fallado. De hecho, no había palabras para describir lo que se sentía enfrentarse a la muerte a su edad, punto. Estaba segura de que estaba a punto de desmayarse y estaba agradecida. Probablemente sería menos doloroso…

–¡Hermione!

Hermione estaba segura de que su cerebro se había rendido cuando vio a dos personas, a dos niños, correr al baño detrás del troll, las últimas dos personas a las que hubiera esperado ver: Harry Potter y Ron Weasley.

–¡Distráelo! –Gritó Harry. Había tomado trozos de los lavabos y los lanzaba tan fuerte como podía hacia la cabeza del troll. Ron lo siguió, pero la bestia apenas y lo notó. Se detuvo como si estuviera confundido, y luego siguió su camino.

–¡Eh, cerebro de guisante! –Gritó Ron mientras lograba golpear al troll en la cabeza con un grifo. Eso sí lo hizo prestar atención. Se tambaleó dando vuelta, fijando sus ojos en Ron y haciendo la conexión en su mente. Levantó su bastón hacia él.

–¡Ron, cuidado! –Gritó Harry. Ron se agachó lo más que pudo para evitar el bastón, el cual destrozó las puertas de madera del urinario más cercano, pero fue golpeado por los pedazos.

Hermione aguantó la respiración y sólo dejó salir el aire cuando vio que Ron se arrastraba debajo de los escombros. Pero ese fue el único pensamiento coherente que tuvo antes de que su mente se congelara por completo. ¿El troll se alejó de ella? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cómo es que había sido salvada de una muerte segura por los dos niños que menos se preocupaban por ella? (Bueno, además de Malfoy si hubiera estado pensando correctamente).

Pero el troll levantó su bastón nuevamente y…

–¡Ron, muévete!

El movimiento del bastón fue más amplio ya que el troll fue distraído por el grito de Harry. Harry lo esquivó justo a tiempo para evitar que le destruyera las costillas, y el bastón destrozó lo que quedaba de los lavabos.

–¡Oye! –Ron nuevamente le estaba arrojando cosas con desesperación tratando de quitar la atención de Harry. Se dio la vuelta nuevamente y Ron lo esquivó mientras destruía los urinarios restantes sobre él.

Pero Harry utilizó su tamaño para escabullirse.

–Vamos, ¡corre!

Hermione apenas registró que Harry le gritaba a ella. ¿Correr? ¿A dónde? Aun había un troll entre ellos y la puerta. Continuó recargada contra la pared y protestó con incoherencia.

Los tres gritando al mismo tiempo pareció molestar al troll. Rugió, un sonido como la combinación entre el rebuznar de un burro y el chillido de un mono, y comenzó a agitar su bastón salvajemente arriba, abajo, y por todos lados, destruyendo el cuarto en segundos. Astillas y pedazos de porcelana volaban en todas direcciones. Hermione colocó sus manos sobre su rostro para protegerse. El troll se dirigió a ella nuevamente, estrellando su bastón contra la pared justo sobre su cabeza creando un gran agujero. Ron intentaba salir de debajo de los escombros de madera, y Hermione gritó con fuerza ya que el troll parecía estar a punto de pisarlo.

Estaba paralizada por el miedo. Tenía que hacer algo, ¿pero qué? No podía quedarse ahí y ver morir a Ron. Que todo era su culpa ni siquiera le llegó a la mente en ese momento. Pero no podía concentrarse. Ni siquiera ella sabía hechizos que sirvieran en contra de la enorme criatura.

Hermione notó que Harry parecía aterrorizado por su amigo, pero él sí hizo algo al respecto. Algo increíblemente estúpido. Corrió hacia la criatura. Saltó y comenzó a escalar la ropa de cuero maltratada. Lo hizo sorprendentemente bien, pero ¿qué diablos estaba haciendo? Se colgó del cuello, aunque el troll no pareció notarlo, sólo levantó su pie sobre Ron.

Excepto que el troll notó cuando sus movimientos movieron a Harry, quien accidentalmente insertó su varita en la nariz de la criatura. El pie gigantesco apenas y esquivó a Ron al caer.

Fueron ensordecidos por el rugido de dolor del troll mientras se retorcía y agitaba los brazos. Hermione notó a Harry tratando de sostenerse del cuello, pero lo más preocupante eran los movimientos impredecibles del bastón. El baño ya no era más que escombros, pero eso no impidió que el trol siguiera despedazando las paredes. Era posible que golpeara a alguno de ellos en cualquier momento. Hermione se deslizó a la esquina, rezando que se fuera. Harry se cayó, milagrosamente (y asquerosamente) llevando su varita con él. Vio que Ron se liberó y se tambaleó de pie hasta la puerta. Por un momento pensó que saldría corriendo, y no lo culparía por hacerlo, pero en lugar de eso, y para su incredulidad, se dio la vuelta y apuntó su varita aun cuando claramente no tenía idea de que hacer. Continuó de pie, temblando, y preparándose para lanzar el primer hechizo que llegara a su mente, el cual probablemente sería inútil. El troll levantó su bastón sobre su cabeza nuevamente, preparándose a aplastar al niño.

Pero Ron hizo lo último que Hermione se hubiera esperado. Gritó "¡Wingardium Leviosa!" y para la sorpresa de Hermione, el bateo del troll pareció rebotar y pasó un pie sobre la cabeza del niño.

Por un momento, Hermione se sintió separada de la situación. Fue como si el lado derecho de su cerebro estuviera registrando que Ron realizó el encantamiento de levitación correctamente, por lo menos en algo tan grande; y al mismo tiempo, el lado izquierdo de su cerebro dio tres pasos lógicos en medio segundo.

Pero el tiempo retomó su curso. Mientras el troll se tambaleaba después del encantamiento, Hermione dio un salto y les gritó:

–¡Rápido! ¡Todos al mismo tiempo! ¡Uno… dos… tres!

Harry y Ron no tenían idea de a dónde iba Hermione, pero por lo menos alguien tenía una idea. Tres voces gritaron "¡Wingardium Leviosa!" con todo el poder que pudieron.

Pero entre esas voces hubo una cuarta ya que, en un destello de color vino, las oraciones de Hermione habían sido contestadas. La profesora Vector entró al baño y, con un sólo movimiento se dirigió al troll con la varita en alto.

¡Immobulus!

El troll fue paralizado al instante con el bastón en mano elevado sobre su cabeza y, gracias a la combinación de encantamientos levitatorios y la adrenalina de los jóvenes, flotó sepárandose de su mano.

Por supuesto, todos estaban tan sorprendidos de que la profesora Vector estaba ahí y había congelado al troll que perdieron la concentración. El bastón del troll se cayó sobre la cabeza de su dueño en un terrible ruido y cayó al suelo. Harry tuvo que moverse rápidamente para evitarlo. Ron después les dijo a Harry y Hermione que los ojos del troll habían girado hacia atrás y se habían quedado en blanco.

–¡Todos afuera! ¡Rápido! – Les ordenó Vector.

La habilidad nata de Hermione de seguir las indicaciones de sus profesores la despertaron. Saltó sobre los escombros tan rápido como la pudieron llevar sus pies hasta que estaba a salvo, escondida entre la túnica de su profesora. Harry y Ron corrieron detrás de ella. Después, Vector removió el encantamiento congelante, y el troll cayó de frente, inconsciente, con un gran ruido.

Un rollo de papel rodó hasta Harry; él lo tomó y lo utilizó para limpiar los asquerosos mocos grises de su varita.

Vector suspiró con alivio.

–¿Se encuentran bien?

–S… s… sí, profesora –dijo Hermione. La verdad es que sentía que su corazón se iba a salir de su pecho, pero por lo menos no estaba herida. Harry y Ron sólo asintieron.

–Bien, tienen suerte, todos. No creo tener que decirles lo peligrosos que pueden ser los troll de montaña –dijo mientras examinaba el baño destruido. El agua estaba salpicando por todos lados y no había nada completamente de pie–. No sé cómo lograron ese hechizo, pero esa no es una buena manera de detener a un troll, si es necesario.

Eso era obvio. Todos sabían que tuvieron suerte de que Vector se apareciera cuando lo hizo. Pudieran haber controlado el bastón si lo hubieran intentado, pero no con él troll moviéndose. Harry y Ron hicieron una mueca ante sus palabras, repentinamente recordando que se podían meter en problemas por lo ocurrido, pero Hermione habló con tono de tristeza.

–P… por favor no los castigue, profesora. Ellos sólo me estaban buscando.

–Lo sé, señorita Granger. Estoy más que enterada de la situación…

–¡Septima! ¿Qué ocurrió aquí?

En el caos de su escape, por segunda vez no habían notado a alguien entrar. El resto de los profesores obviamente habían escuchado el ruido de la batalla hasta las mazmorras. La profesora McGonagall y el profesor Snape habían entrado, varitas en alto, sólo para detenerse con incredulidad cuando vieron al troll en el suelo. El profesor Quirrel se tambaleó detrás de ellos, pero después de una sola mirada al troll se colocó una mano en el pecho y se recargó contra la pared.

La profesora McGonagall estaba más enojada de lo que Hermione jamás la había visto… incluso más enojada que después del incidente de Harry en la escoba. Sus labios estaban entrecerrados con tanta fuerza que estaban blancos, y parecía que podía lanzar llamas con la mirada. Hermione estaba segura de que estaba a punto de destruirlos a los tres, pero la profesora Vector se colocó en frente de ellos.

–Minerva, parece que la señorita Granger no se sentía bien y no atendió a la celebración –explicó con calma–. El Sr. Potter y el Sr. Weasley vinieron a buscarla cuando el troll llegó.

–Por Merlín… –McGonagall cambió completamente en frente de ellos.

–Por lo que pude ver, la señorita Granger tuvo la idea de utilizar un encantamiento levitatorio coordinado, el cual coincidió con mi encantamiento congelante, lo que logró que el troll fuera golpeado por su propio bastón.

La expresión de McGonagall cambió a una de sorpresa. Snape observaba a Harry con sospecha. Los jóvenes sabiamente se quedaron callados.

Vector se dio la vuelta para hablar con los niños, quienes parecían en trance.

–Eso fue muy valiente de su parte… Diez puntos para cada uno por ayudar a derrotar a esa criatura.

La boca de Ron se abrió de sorpresa. ¿Les estaban dando puntos por ese desastre?

Pero Hermione estaba a punto de llorar.

–Por favor, profesora, yo no merezco puntos –dijo–. Fue mi culpa que estuviéramos aquí.

La boca de Harry se abrió igual que la de Ron. ¿Hermione Granger estaba rechazando puntos?

–Pero no tenías manera de saber que había un troll suelto; y encontraste una manera de detenerlo a pesar de que, debo insistir, no era lo más adecuado, como sabrías si alguien te hubiera enseñado antes. Ese fue un uso impresionante de su limitado conocimiento y poder mágico. –Vector colocó una mano sobre su hombro y se dio la vuelta hacia los demás profesores–. Minerva, si no les molestaría a ti y a Snape limpiar esto… –No se molestó en mencionar a Quirrell–. Yo me encargaré de llevar a los estudiantes a su sala común.

McGonagall pareció necesitar un momento para recuperar su voz.

–Ah, por supuesto, Septima. Y muchas gracias por cuidar de mis estudiantes.

–Un placer. Vámonos, niños.

Los cuatro caminaron hacia el ala oeste, sin ninguno mirar al otro.

–Señorita Granger, por favor ven mañana a mi oficina antes de clases –dijo Vector mientras caminaban–. Puedes entregarme la tarea y recoger la siguiente. –Debería de sonar molesta, pensó Hermione, pero ese no era el caso. De hecho, su profesora actuaba sorprendentemente amable y comprensiva.

–S… sí, señora… gracias. –Una persona normal se hubiera molestado con ella por mencionar la tarea en un momento así, pero para Hermione era reconfortante, como un regreso a la normalidad; algo que necesitaba desesperadamente ya que su mente aún estaba en caos. Casi había sido aplastada por un trol de montaña, y fue salvada por dos niños con los que apenas y había hablado ese año… a quienes no les agradaba. Se había saltado clases, y no se metió en problemas. Y la profesora Vector sabía que había estado llorando toda la tarde y no la había avergonzado.

Y después de todo eso no se podía quitar una imagen de la mente: la profesora Vector entrando en el lavatorio como una heroína legendaria y detenido al monstruo con un sólo hechizo. Los tres apenas y habían sobrevivido, y ella lo había hecho con facilidad. Y sólo un minuto después, era una maestra otra vez. Hermione no encontraba palabras para describir esa increíble transformación, excepto que era, bueno, magia. Pero supo en ese momento que ella quería hacer algo así algún día.

Y, justo cuando pensó que nada más la sorprendería, Ron habló. No tenía manera de saberlo, pero Ron se encontraba aún más incómodo de lo que había estado toda la tarde.

–Um… lo siento, ¿profesora Vector? Mire, yo tampoco merezco puntos. Fue mi culpa que Hermione estuviera ahí en primer lugar.

–Eso lo sé, Sr. Weasley –dijo Vector para la sorpresa del niño. Le dio una mirada de aprobación–. Y aun así fuiste a ayudarla.

–Bueno, sí, pero sólo porque Harry me obligó.

–Sr. Weasley –dijo Vector con firmeza–, hace un momento vi a un niño de once años poner sus pies firmes y enfrentarse a un troll de montaña para salvar a sus amigos, aun cuando pudo haber escapado. Le das crédito a tu casa,

–Bueno, no podía dejar a Hermione y a Harry solos en ese lugar –dijo Ron, su rostro mostrándose tanto enfermo como avergonzado–. Mira… lo… siento, de verdad –le dijo a Hermione, aunque su mirada seguía en el piso–. No debía de decir esas cosas. Sé que sólo estabas tratando de ayudar.

Y su cerebro se paralizó nuevamente. Arriesgó su vida por ella, ¿y ahora se estaba disculpando?

–No… no fue por eso, en verdad –comenzó mientras negaba con la cabeza–. Y yo también debí de ser más amable…

–No, en serio, no estuviste mal –insistió Ron–. Yo no podría haber logrado el hechizo sin tu ayuda. Y sé que hay muchas personas que te quieren aquí en Hogwarts.

–Bueno… –Hermione se mordió el labio sin saber que responder. No sabía que Ron había escuchado a sus amigos decirle justo eso toda la tarde. Pero eso era sólo parte del problema.

–Y eso, Sr. Weasley, es por lo que se merece puntos –la salvó Vector–. No cualquiera se hubiera enfrentado a un troll de montaña, y desafortunadamente no cualquiera reacciona a sus errores de tal manera… Bueno, hemos llegado… –Se detuvo en frente del retrato de la Dama Gorda–. Traten de no meterse en problemas el resto de la noche.

–Sí, señora –dijo Ron.

–¿Qué ocurrió con…? –Comenzó la Dama Gorda.

–Hocico de cerdo –la interrumpió Harry. El retrato de abrió y los dos niños entraron.

Hermione se dio la vuelta hacia la profesora Vector.

–Gracias, profesora –dijo.

–Un placer, señorita Granger. No me gustaría perder a mi mejor estudiante. Sabes que si hay algo que necesites, puedes venir a hablar conmigo en cualquier momento. Ahora, adelante. Estoy segura de que tienes hambre… la celebración fue trasladada a las salas común.

–Sí, señora –dijo Hermione, dándose cuenta por primera vez que no había comido en todo el día y estaba, de hecho, hambrienta. Y con un paso también entró a la sala común.