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– Capitulo XII –
疑問
(Dudas)
El que nada duda, nada sabe – Proverbio griego.
Sus pasos resonaban mientras bajaba uno a uno los peldaños de aquella escalinata, siendo el único sonido que el acompañaba mientras llegaba hacia su destino. No pasarían más de cinco minutos cuando finalmente diviso una vieja puerta de madera, abriéndola una vez estuve frente a ella y dejar que el viento helado de la intemperie lo recibiera.
Cerrando la puerta tras de sí, avanzo por entre aquella alborada, protegiéndole de cualquiera mirada indiscreta que pusiese en peligro su nombre y reputación puesto que, más allá, junto a un enorme árbol, un misterioso hombre cubierto con una túnica lo esperaba pacientemente.
El hombre dejo de apoyarse sobre el tronco del árbol al verle llegar, avanzando solo unos cuantos pasos, deteniéndose cuando finalmente ambos estaban uno frente al otro.
- Escuche que hubo ciertos contratiempos dentro de la zona de detenciones – hablo el misterioso hombre.
- La palabra contratiempo no sería la correcta, más bien una maldita sombra que se escabulle como siempre - dijo con molestia.
- Vamos capitán, sabíamos que sucedería – soltando una leve risa – aunque nunca imagine que él se metería, quizás deberíamos hacer algo al respecto o… Se terminara volviendo un problema constante.
- Cuida tus palabras – alzando una de sus manos para callarle – estás hablando del príncipe heredero, si te escuchan hablar de esa forma te cortarían la cabeza – recorriendo al hombre de pies cabeza – sin importar tu posición en la sociedad ¿entiendes?
- Claras como siempre – levantando sus manos en señal de comprensión.
- Muy bien – metiendo su mano para hurgar dentro de sus ropas y sacar un sobre – aquí tienes lo acordado – lanzándole el sobre para que el otro lo atrapara en el aire.
- Sigue buscando, necesito cualquier indicio – siguió hablando mientras el hombre abría el paquete y dejaba ver varios billetes dentro del mismo – posibles cómplices, rumores que se digan en el mercado negro… Pruebas reales que me sirvan para dar con él maldito de Shade y así pueda lograr que lo condene a muerte ¿has entendido?
El hombre dejo de contar su paga, metiendo el pequeño sobre dentro de sus oscuras ropas y alzo el rostro para asentir a la demanda del capitán.
- Se hará como usted ordene capitán Ardyn.
Las manos de su hermana recorrían por segunda vez su rostro en busca de alguna herida que no hubiese visto anteriormente. Su rostro mostraba preocupación y enojo, dos emociones que le provocaban un sentimiento de arrepentimiento por haber ido en pos de salvar a Celestino a sabiendas de sufrimiento que le causaría a su familia.
- Eres un inconsciente, ¿Cómo pudiste? – le escuchó decir entre dientes.
- Estoy bien – dijo de forma entrecortada al sentir los dedos de la mayor presionando su rostro.
- ¿Cómo lo sabes? – Bajando sus manos a su cuello y brazos para examinarlos – podrías tener una herida profunda, un moretón…
- Hermana – soltándose para dar un paso atrás – estoy bien – repitió con molestia.
- ¿Bien? – Observándolo con enojo – entraste a la zona de la guardia real, te persiguieron por todo el edificio principal, te quedaste sin energía, caíste de una altura de cinco metros, casi te ahogas y regresas oliendo a…Solo los antiguos saben a qué –colocando sus brazos a jarras -¿y me dices que estas bien?
Yuuri solo suspiro ante el reclamo, regresando a ver a su mejor amigo –quien había contado todo con lujo de detalles- con un gesto que demostraba su molestia.
- Hijo – hablo Sunan - Creo que Yuuri está molesto contigo – regresando a ver a su hijo al notar la pesada mirada del menor sobre ambos
- ¿Crees? – soltando una ligera risa por los nervios.
- ¿Seguro que no tienen alguna herida?- pregunto Sunan mientras les observaba con preocupación.
- Papá – dijo Phichit con una sonrisa – estamos bien.
- No nos pasó nada – continuo Yuuri – todo salió bien.
- Medianamente bien querrás decir – intervino Adalberto cruzándose de brazos.
Yuuri desvió la mirada.
- ¿Vio tu rostro?
- ¿Qué? – preguntó al no saber a qué se refería.
- El príncipe – acercándose al azabache – vio tu rostro.
Abrió su boca para contestar pero ningún sonido logro escucharse, las palabras estaban atoradas en su garganta, rememorando fugazmente los últimos momentos compartidos con Víctor, con el hijo de aquel rey que le había causado tanto sufrimiento.
"Víctor" pensó sin prestar atención a su alrededor.
- Yuuri – le hablo Adalberto - ¿Me estas escuchando?
Al ver que su amigo no reaccionaba Phichit dibujo una enorme sonrisa en su rostro y capto la atención del mayor.
- Por suerte no, el príncipe simplemente se fue… Algo extraño – frunciendo el ceño - ¿verdad Yuuri? – golpeando el brazo del contrario con su codo.
Parpadeo un par de veces gracias al leve golpe y sonrió sutilmente.
- Si, eso mismo.
Adalberto los contemplo unos minutos y suspiro.
- Me alegra oírlo, si hubiese visto tu rostro tendríamos serios problemas – declaro, caminando hacia la sala donde se dejó caer con cansancio – Demian se hubiese enterado y todo por lo que hemos trabajado seria destruido.
Yuuri se dio la vuelta para regresar a verlo.
- ¿Eso es lo que les preocupa? – un gesto de sorpresa se colocó en su rostro - ¿Qué él se entere?
- Yuuri – su hermana coloco sus manos sobre sus hombros para que regresara a verle – sabes lo que está en juego, comprendo el por qué hiciste esto, era un gran amigo que necesitaba tu ayuda pero… Hay cosas más grandes en juego.
- ¿Querías que lo dejara ahí? –Alejándose un poco de su hermana – pudo haber muerto.
- No puedes salvar a todos y lo sabes.
Sintió como un déjà vu se apoderaba de su mente y espacio, nuevamente aquellas palabras le eran expresadas como si con eso pudiesen cambiar su forma de pensar.
- A ustedes dos solo les preocupa esa dichosa profecía – comenzando a caminar para alejarse de su hermana quien lo detuvo sosteniéndole del brazo.
- Esa profecía lo es todo para nuestra supervivencia.
Negó con su cabeza y halo de su brazo para alejar el tacto de su hermana, como si este le quemase la piel.
- No les importa las miles de vidas que esto puede cobrar.
- Yuuri.
- Mucha sangre ha sido derramada en esta estúpida guerra – comenzando a temblar por la impotencia – una guerra que no me incumbe, una que nunca pedí.
- Creí que ya habías entendido que…
- ¿Entender? – Observándola fijamente – Entender ¿Qué? – Dando un paso atrás - ¿Qué debemos sacrificar miles de vidas para que esa estúpida profecía se cumpla? ¿Para qué me vuelva un héroe? ¿El que salve al mundo de lo que sea que tenga que salvarlo?
- La plaga que nos azota es mucho más complicada Yuuri.
- ¿Y la muerte del rey Nikiforov acabara con ella? ¿Eso es lo que tratas de decir?
- No del todo – dijo Adalberto, masajeando el tabique de su nariz con cansancio – pero será un inicio Yuuri.
- No, no es un inicio… Es solo mas derramamiento de sangre que no se detendrá, si matamos al rey por venganza de lo que sucedió hace trece años alguien más vendrá para vengarse de nosotros.
Adalberto apretó con fuerza el respaldo del sofá y se levantó con rapidez del mismo.
-¿Y qué propones? – Acercándose al más joven - ¿rendirnos? – tratando de modular su voz – Toshiya no hubiese querido…
- ¡No metas a mi padre en esto! – Levanto su voz producto del enojo que le recorría – Tomas decisiones que no acepto, con la única excusa creíble de que él te lo pidió.
- Él nos encomendó protegerte.
- Ya has cumplido con ello, no entiendo por qué sigues insistiendo.
- Porque él sabía lo que tu representabas para el mundo.
- Yo no… - trato de replicar.
- ¡Ya es tiempo que entiendas tu lugar en este mundo, Yuuri! – Haciendo callar cualquier tipo de reclamación por parte del menor – Ya no eres un niño al que tenemos que seguir y proteger, ya eres un adulto y con ello llegaron las responsabilidades que como futuro rey te esperan.
Yuuri guardo silencio sin poder objetar sus palabras.
- El mundo entero es tu única responsabilidad, y con ello se tienen que hacer sacrificios que aunque no sean aceptables, se tienen que hacer por el bien mayor.
- Yo no quiero vengarme – dijo en un débil susurro.
- No tienes opción.
Sus miradas se mantuvieron conectadas por unos segundos, tratando de no perder ante la del otro pero, tras unos segundos fue el azabache quien tuvo que desviar la mirada al no poder negar su declaración.
- Debemos recuperar el trono así como la santalita.
- Yo no quiero…
- Aun cuando tú no lo desees… Debemos seguir adelante.
Bajo la mirada y apretó con fuerza sus manos. Se dio la vuelta para darle la espalda y se dirigió hacia las escaleras.
- Yuuri – le llamo su hermana – ¿Adónde vas?
- A darme un baño – respondió secamente - ¿o también piensan dirigir eso en mi vida? – mirándole de reojo.
Mary iba a replicar cuando la mano de Adalberto se posó sobre su hombro y este negó con su cabeza.
Yuuri al no ver ninguna replica de parte de ambos se apresuró a subir las escaleras, con la firme intención de alejarse de aquel ambiente.
Al ver como su hermano menor desaparecía de su vista, Mary dejo un largo suspiro.
- Creí que ya había entendido que…
- No pueden esperar que el acepte todo esto Adalberto – Sunan se acero a ambos y les dedico una comprensiva sonrisa – el creció creyendo que era un chico común y corriente.
Al nombrado simplemente desvió la mirada.
- ¿No me digas que en su lugar no hubieses actuado igual?
- Quizás tienes razón.
- Deben darle tiempo.
- ¿Mas? – Girándose para quedar de frente a su amigo – el tiempo se acaba Sunan, la gran barrera está demasiado débil y por lo que hemos escuchado Yuuko…
- Ella ha luchado durante todos estos años para darle una vida normal al entronado, estoy seguro que seguirá haciendo su trabajo hasta que él tome la decisión.
- ¿Y si es demasiado tarde para cuando Yuuri decida?
Sunan soltó una suave risa.
- ¿Qué era lo que Toshiya decía cuando nos metíamos en un problema del que no veíamos salida?
Adalberto callo por unos instantes, tratando de recordar.
- "Incluso en la peor adversidad… Debes creer" – susurro con nostalgia.
- Eso mismo, Toshiya creyó firmemente en su hijo… Nosotros debemos hacer lo mismo ¿No crees?
Finalmente Adalberto devolvió la sonrisa.
- Había olvidado lo optimista que eres.
- No, más bien tú eres demasiado negativo.
Ambos comenzaron a reír como cuando eran jóvenes siendo acompañados por las ligeras risas de Mary y Phichit mientras que, unos escalones más arriba, Yuuri había escuchado la breve conversación que habían sostenido antes de alejarse y entrar en su habitación.
La última flecha dio en el blanco, con lentitud fue bajando el arco sin apartar su mirada de aquel lugar. Varias gotas de sudor perlaban su frente las cuales limpio con el dorso de su mano. Su respiración se encontraba levemente agitada por la actividad anterior. Trago con fuerza para aclarar su garganta y tomo otra flecha dispuesto a disparar nuevamente al blanco pero aquello fue interrumpido por un extraño sonido que el hizo girarse y disparar a aquel que había ingresado sin permiso al lugar.
- Wow, tranquilo, solo soy yo – dijo Otabek, levantando sus manos para que pudiera apreciar que no iba armado.
- Lo siento, creí que era un intruso.
- ¿En el castillo? – pregunto con diversión.
- Quien sabe, con eso de que un cerdo dejo en ridículo a la guardia real hace un par de horas, no me sorprendería que cualquier pudiese meterse aquí – soltó con evidente molestia.
Levanto una ceja ante el comentario del rubio.
- ¿Seguro que estas bien? – deteniendo su caminar una vez estuvo a su lado.
- Por supuesto que sí, ¿por qué lo preguntas? – tomando otra flecha.
- Noto cierta molestia en tu voz – metiendo su manos en los bolsillos de su pantalón – no será que, ¿sigues molesto por lo que paso en la zona de detenciones?
El rostro de Yuri se tensó al escucharle decir aquello, haciendo que la flecha se desviara de su camino.
- Claro que no estoy molesto, ¿Cómo crees? – Volteándose para ver de frente a su guardaespaldas – Estoy feliz de que ese Cerdo casi muere aun cuando le di vía libre para que escapara sin problemas… ¿No sé de donde sacas eso? –dijo entre dientes lo último.
Otabek entrecerró sus ojos y levanto una ceja, lanzándole un obvio mensaje que el sarcasmo no funcionaba con él.
- ¿Quieres que lo diga? Sí, estoy molesto… Más bien furioso con ese idiota que de rey no tiene nada – dijo levantando su voz – Casi lo matan, de nada sirvió que lo ayudara, siempre termina metiéndose en más problemas de los que ya tiene encima, ¿no sé cómo ese remedo de príncipe es el elegido? – Respirando furiosamente - ¿contento?
- Si, al menos lo sacaste de tu sistema – comento con una tenue sonrisa - ¿mejor?
Yuri respiro profundamente y se relamió los labios.
- Si, un poco.
- Necesitabas sacarlo.
- Es solo que… Me saca de quicio – caminando hacia el lugar donde guardaban las armas.
- Lo sé - siguiendo al más joven.
Con cuidado coloco el arco con las demás armas, observándolas solo por un segundo, volteándose un instante después para encarar a su compañero.
- Lamento tener que desquitarme contigo – sonrojándose levemente – es… Es difícil no sentirme así – cruzándose de brazos.
- Comprendo – aseguro sin dejar de sonreír - no tienes que disculparte, sabes que siempre estoy para ti, para escucharte.
- Siempre termino arrastrándote conmigo – dijo con pesar.
- Pero es divertido dejarme arrastrar por ti.
Sus miradas se encontraron por unos segundos, el sonido se había perdido, lo único que podían escuchar era el sonido de sus corazones palpitando con fuerza dentro de su pecho.
- Yo… - desviando la mirada – Otabek, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Mmm… Claro – saliendo del ligero aturdimiento.
- ¿Por qué haces todo esto por mí? – Regresando a verle de reojo - ¿Es por qué el maestro Caius te encomendó mi protección?
Otabek frunció el ceño al escuchar la extraña pregunta.
- ¿Puedo saber el motivo de esa pregunta?
- Ningún guardaespaldas hace lo que tú sueles hacer por mí, ni siquiera Noel que es el mejor amigo del viejo lo consecuente tanto ni lo acompaña a donde sea que a este se le ocurra.
Guardo silencio durante una fracción de segundo ante de acortar la distancia que los separaba.
- Es cierto que el maestro… Mi tío, me pidió que te cuidara – afirmando la respuesta del otro – el considero que yo era el más apto para ello después de todo, el me entreno personalmente.
Yuuri se mantuvo en silencio, escuchando al azabache.
- Pero… Lo que hago, las cosas que suelo hacer por ti, no las hago porque me obliguen o por que tenga que reportar lo que hagas cada segundo del día.
- ¿Entonces?
- Es que…. – dejando que sus ojos contemplara el rostro ajeno – Yo…
Con cuidado levanto su mano izquierda, dirigiéndola al rostro del menor ate la atenta mirada del contrario. Estaba por tocar la piel de aquel rostro cuando un extraño sonido lo alerto haciendo que bajara su mano de golpe, sonido que al parecer paso desapercibido por el rubio.
- ¿Otabek?
- No, nada… Yo…
-…
- Como decía… Yo no hago las cosas por obligación, lo hago porque eres mi amigo – sonriendo suavemente – eres el único a quien considero un verdadero amigo así que, si me necesitas, ahí estaré.
- Oh, ya veo – su voz se escuchaba apagada.
Una extraña incomodidad los rodeo, como si la breve conversación hubiese apagado algo que no sabía que estaba encendido dentro de ellos mismos. No había palabras que pudiesen decir, los temas de conversación se habían acabado por lo que no sabían que hacer o decir en aquel momento.
El frio hielo entre ellos se vio fracturado cuando unos pasos acercándose los alerto, regresando a ver la entrada del lugar, donde la figura de la reina Anora hacia su aparición.
- Madre – murmuro.
- Con que aquí es donde estabas – dijo acercándose a su hijo – no viniste a cenar así que vine en tu búsqueda.
- ¿Dónde más estaría? – girando su rostro para no encarar a su madre.
- No lo sé quizás, dejando salir toda esa frustración acerca de cierta persona – riendo quedamente.
- ¡¿Me escuchaste?! – volteándose bruscamente mientras sus mejillas se encendían.
- No, pero me lo imagine.
Yuri maldijo por lo bajo, odiando la forma tan extraña que tenía su madre de saber que era lo que pensaba.
- Espero que mi hijo no te haya causado problemas Otabek, suele comportarse como un niño caprichoso a veces.
- ¡Madre!
La reina solo rio quedamente.
- No se preocupe su majestad, servir al príncipe no es ninguna molestia – hablo con formalidad – al contrario, es un gran honor ser el guardián de su alteza.
- Me alegro escucharlo – dijo satisfecha – muy bien jovencito, es hora de volver a palacio y tomar la cena.
- Pero madre…
La reina Anora solo lo observo sin decir palabras, con aquella sonrisa que le indicaba que no podía negarse.
- Ya que.
- Bien dicho.
- Si ya no es necesaria mi presencia, me retiro su majestad – haciendo una reverencia – el maestro Caius debe estar aguardando mi regreso.
La reina asintió.
- Envía mis saludos al maestro.
- Lo hare – irguiéndose nuevamente – Altezas – dirigiendo una última mirada al joven rubio.
- Buenas noches Otabek – susurro Yuri.
- Igualmente.
Ambos contemplaron al joven guerrero alejarse, hasta que no quedo rastro del mismo una vez abandono el lugar.
- ¿Y bien?
- Y bien, ¿Qué?
- ¿Así que nuestra guarda fue nuevamente puesta en vergüenza por un infame ladrón?
- ¡Si me escuchaste! – grito con vergüenza.
- Claro que no, pero los rumores corren rápidamente por el palacio por no decir en todo el reino.
Yuri observo a su madre de arriba hacia abajo aun sin poder creer en sus palabras.
- Créeme, nunca escucharías a escondidas – rodeando la figura de su hijo para quedar tras él y dejar reposar sus manos sobre los hombros de este – que te parece si vamos al comedor, cenamos y me cuentas tu versión de los hechos.
Su hijo alzo su cabeza, dudando sobre las acciones de su persona pero tras verle pensar mucho, simplemente asintió y le dedico una sonrisa.
- De acuerdo.
El sonido de la puerta al cerrarse resonó en la habitación. Ligera gotas de agua caían desde su cabello producto de la breve ducha que había tomado. Dejo caer la tolla que rodeaba su cuello sobre la silla antes de acercarse a su cama y caer rendido sobre la misma.
- Estoy agotado – suspirando por el cansancio que lo embargaba.
Cerró sus ojos brevemente con la intención de dejarse llevar por Morfeo cuando el sonido de su celular lo alerto. Alargo su mano para atraerlo y, sus ojos demostraron asombro al ver la razón de aquel sonido.
- Víctor.
No había sido capaz de responder los miles de mensajes que este le había enviado desde medio día, sentía como un agudo dolor apremia su pecho por aquella acción pero, ¿Qué podía decir? El día anterior había sentido una inmensa felicidad por finalmente hablar con él, por conocer a quien le había salvado la vida de niño pero, tras saber quién era realmente, aquel sentimiento se había apagado.
Apretó con fuerza el celular y término apagándolo, ocultándolo bajo la almohada y, aun cuando sabía que era imposible, tratar de olvidarse de aquel par de ojos azules que tanto añoraba.
La sala del consejo se encontraba en la parte más resguardada de palacio, en aquel lugar los diez nobles más importantes e influyentes de todo el mundo se encontraban discutiendo el tema que durante semanas los había llevado a reunirse constantemente.
Víctor observaba la escena con cansancio, odiaba tener que sentarse al frente de ellos, escuchar sus argumentos, negativas, gritos y enojos sin saber cómo resolverlos sin ganarse la mirada de odio de aquellos que sentían que no los apoyaba.
Ocupar el lugar de su padre cuando salía del reino nunca fue de su gusto, sobre todo cuando se trataba de mediar entre aquel sequito de ancianos – o mejor dicho viejos de la época antigua por sus costumbres pasadas de moda- que esperaban tuviera la misma actitud de su padre – calculador y con una labia para los negocios impresionantes- pero que, aun cuando poseían la misma sangre, nunca podría tener por las diferencias en maneras de pensar y manejar las cosas.
El tema que discutían era de importancia ¿y cómo no iba a serlo?, el mundo se encontraba con un grave problema, la falta de yacimientos eléctricos era una constante diaria que afectaba a ambos reinos – a excepción de altissia que utilizaba el mar para producirla-, las fuentes de aquella energía se estaban acabando, teniendo que escavar más profundo para seguir encontrándola pero, desde hace meses que las minas no estaban dando con ella, teniendo que subir los costos de la misma en todo el mundo por la demanda que esta exigía, logrando que los menos favorecidos se vieran afectados.
Los empleados se veían presos de jornadas más largas y exigentes para las excavaciones, la manufactura usada era millonaria, por lo que solo los negocios de grandes inversionistas seguían funcionando a comparación de los pequeños negocios que tuvieron que cerrar.
Por ese motivo los nobles se habían reunido para encontrar una solución viable para sus países siendo la más resaltante del presidente Hank de Artai, quien había propuesto seguir los pasos del reino flotante, de esa forma reducirían los costos y los personas de clase baja y media podrían costear la electricidad para sus viviendas, negocios además de los miles de faros que los protegían de lo cadentes.
- ¡Es una locura! – bramo el presidente Efraín.
- ¿Cómo puedes decir eso? – Pregunto Hank – miles de personas están sufriendo sin que hagamos nada.
- ¿No te das cuenta del costo de esa inversión? – golpeo la superficie de la mesa- Estas pidiendo que cambiemos miles de instalaciones que rodean ambos reinos, hacer acueductos que lleven el agua a los diferentes países para que generen la energía, la mano de obra que eso conllevaría además de los materiales que requieren… Nos dejara en banca rota si no funciona.
- ¿Y qué propones? - levantándose de su asiento - Las excavaciones que a diario se llevan a cabo nos están costando miles de giles, no están funcionando – aseguro - los yacimientos cada día son menos, muchos faros han perdido su potencia por no decir las vidas de personas que se han perdido.
- Efraín tiene razón – Apoyo Edward – si no funciona nuestros países caerían en banca rota, perderíamos el apoyo de ambos reinos, nuestros cuídanos se verían presa del pánico además de que la energía de los faros seria cortada y… – callando lo que realmente estaba pensando - Mi país no ha tenido ataques de candentes desde hace cuarenta años no voy a cambiar eso por una idea que provoque la muerte de miles de personas.
- ¿Y cuándo eso termine? – Regresando a ver a Edward - ¿Qué harás cuando la asimilación se termine? ¿Tendrás cómo proteger a tu país? ¿Sabrás cómo proteger a los ciudadanos de Aries?
- Hago lo que creo correcto para mi país.
- Porque no mejor dices la verdad – dedicándole una mirada llena de frustración – esperas que el rey proteja tu reino ahora que el príncipe se casara con tu hija.
- ¿Qué estas insinuando Hank? – Levantándose de su asiento - ¿Qué me aprovecho de mi situación y la futura unión de mi hija?
- Eso parece.
- Como osas a decir eso, yo siempre he sido fiel a nuestro rey, nunca me he aprovechado de mi estrecha relación con él para mis fines personales – frunciendo el ceño – mucho menos para que mi país se vea beneficiado por ello, he cumplido mis funciones como presidente y líder de Nueva Crisis en su nombre.
- Eso dices pero tu falta de acción en esto indica lo contrario – sosteniéndole la mirada – los rumores corren, que el presidente Edward ahora usara la posición que como consuegro del rey ganara para obtener grandes beneficios.
- Retráctate ahora mismo o sino…
- ¡Es suficiente!
La voz del príncipe los hizo regresar a verle.
- Príncipe, lo que este hombre dice son infamias, yo jamás…
- Podemos dejar de lado mi compromiso y centrarnos en lo que realmente importa.
Ambos hombres se regresaron a ver con enojo antes de sentarse nuevamente.
- El príncipe tiene razón, no podemos dejarnos llevar por las emociones cuando el destino de nuestros países depende de esta reunión – hablo el general Hyun lee, manteniendo la calma ante la evidente tensión en el aire – ambas ideas tiene peso pero, lamentablemente debemos decidir, mi país Kilika no se ha visto afectado por que obtiene energía directa de la capital del reino pero, ¿las demás naciones? – Recorriendo el rostro de los demás presidentes con la mirada – debemos ser firmes en esto y no pelear como niños.
Tanto Hank como Efraín bajaron la mirada por la vergüenza.
- No niego que la idea del presidente Efraín es la más segura y menos riesgosa a corto plazo pero, el presidente Hank tiene un punto a su favor, el sistema de asimilación de energía nos está generando más perdidas que beneficios – continúo el presidente Ventus de Niihen– No sabemos cuánto tiempo podremos disponer de la energía que obtenemos de los yacimientos eléctricos… Si erramos en la decisión todo el mundo sufrirá.
- El problema de la idea del Presidente Hank es la enorme inversión que requiere hacer el cambio – replico Zack, presidente de Giza – Tendríamos que disponer de las reservas y contribuciones de los ciudadanos, dejaríamos prácticamente sin poder adquisitivo a nuestros países, ¿si no funciona?
- Si pensamos de manera tan negativa nunca podremos lograr nada – contesto Ventus – los negocios siempre requieren riesgos, esto no es diferente.
- Claro que lo es Ventus, no hablamos de un negocio que si quiebra no importa y abres otros, hablamos de un país entero que perderá poder y dinero, dejándolo indefenso ante cualquier problema, sobre todo de los candentes.
Los nobles comenzaron a discutir nuevamente entre ellos, logrando con ello que Víctor soltara un largo suspiro al ver que no llegaban a ningún acuerdo. Cerró sus ojos mientras apoyaba su cabeza sobre el dorso de su mano en señal de cansancio.
- Príncipe, ¿usted qué opina? – Pregunto Kamui - ¿Cuál cree que sea la mejor opción?
Todos los presidentes regresaron a ver el rostro del príncipe.
Víctor levanto su vista, manteniéndola sobre el rostro de los demás.
- ¿Qué opino?
El presidente de Cartleya asintió.
- Opino que… Deberíamos dar por terminada la reunión.
Todos los observaron con sorpresa por la sugerencia del príncipe.
- Pero, príncipe…
- No estamos llegando a ningún acuerdo, solo discutimos sin poder congeniar así que, propongo que finalicemos esta reunión y mañana, cuando estemos más despejados volvamos a tocar este tema ¿les parece?
Todos los presidentes se regresaron a ver, se mantuvieron en silencio por unos segundos antes de asentir.
- El príncipe tiene razón – apoyo la idea el General Lee – es mejor salir y despejarnos.
- Concuerdo con ambos – secundo Ventus – no llegaremos a nada discutiendo como lo hemos estado haciendo.
- Muy bien, los veré mañana a la misma hora para continuar con la reunión – Levantándose de su asiento – que disfruten su día señores.
Víctor comenzó alejarse de los presentes, sintiendo las miradas de estos sobre su espalda hasta que salió de la sala del consejo.
La voz de la profesora era escuchada por todo el grupo, breves imágenes del planeta iban apareciendo en la pantalla mientras ella describía cada uno de los territorios que lo componían. Las miradas de los estudiantes se encontraba fijas sobre las mismas no obstante, solo una de ella permanecía ajena e indiferente.
Yuuri se encontraba perdido en sus pensamientos, olvidando por completo la clase de geografía que le estaban impartiendo. Rememorando cada frase dicha, cada acción cometida en aquel lugar, el descubrimiento de saber quién era realmente Víctor.
No negaba que todo aquello no hubiese sido sorpresa para su persona si tan solo se hubiera tomado un tiempo para prestar atención a las miles de noticias que hablaban del primogénito del rey.
"Si tanto solo hubiese prestado atención a las noticias, quizás no me sentiría tan mal"
Sus pensamientos lo torturaban, ¿Qué se suponía que debía hacer? Su teléfono contenía miles de mensajes sin leer por parte de Víctor y se negaba a cambiar de número por algo así pero, contestarle no era una opción además, ¿Qué le diría?
- Yuuri.
La voz de Phichit trato de llamarlo pero continuo sin prestar atención a su alrededor.
- Yuuri… La profesora…
Soltó un largo suspiro sin percatarse que la profesora se acercó a él y dejo caer su libro sobre su pupitre para llamar su atención.
- ¿Acaso es muy aburrida la clase que no podemos tener unos minutos de su atención, Joven Kaidou?
Girándose con brusquedad para ver el rostro de su profesora.
- Este… Yo…
- Me alegra captar su atención, supongo que ahora que nos honró con la misma, podrá contestar mi pregunta ¿no?
- ¿He?
La profesora tomo el libro del pupitre, camino hacia el escritorio que ocupaba y regreso a verlo.
- Joven Kaidou – haciendo que Yuuri se levantara de su asiento - ¿Cuáles son los países que conforman a Eos?
- Bueno… Yo…. – regresando a ver a todos lados por los nervios.
- ¿Y bien?
- Yo… Lo siento.
- En vez de estar soñando con quien sabe que, debería prestar atención a lo que les estoy enseñando, nunca se sabe cuándo el tema de la división territorial sea debatido. Sobre todo para aquellas personas que quieren estudiar como carrera futura la economía así como las limitantes de sus países – dijo sin dejar de ver a Yuuri – ¿Alguien puede contestar la pregunta?
- Yo profesora – Sara levanto su mano.
- Srita. Crispino – Haciendo un ademan para que esta se levantara de su asiento.
- Los países que conforman Eos son diez en total, por el lado de Nueva Crisis son, Aries, Arcadis, Cartleya, Artai y Nabreus – Recitando la respuesta sin dudas – en el caso de Nueva Hasetsu son Giza, Niihen, Kilika, Bevelle y Besaid.
- Correcto – la profesora sonrió por la respuesta - ¿Lo ve Joven Kaidou? Una buena comprensión así como prestar atención en los momentos importantes, hace que una persona se vuelva culta – indicándole a Sala que se sentara con un ademan – Espero haya aprendido la lección y como castigo por su falta, se quedara parado fuera de clase por lo que queda de la misma, ¿entendido?
- Si.
- No lo escuche.
- ¡Si!
- Perfecto, ahora fuera de mi clase – demando.
Soltando un suspiro, Yuuri se alejó de su asiento con dirección a la salida del aula, escuchando las ligeras risas de sus compañeros y murmullos a sus espaldas.
- Muy bien, ¿Quién puede decirme los nombres de los presidentes de cada país?
La voz de la profesora se escuchaba lejana una vez cerró la puerta tras de sí. Dejo que su espalda se apoyara sobre la pared, maldiciendo internamente el problema que estaba teniendo por solo pensar en Víctor.
- No tienes buena cara.
Víctor resoplo por el comentario.
- Si tuvieras que escuchar a todos esos viejos, tendrías la misma cara – respondió comenzando a masajear su cuello por el estrés.
- No te rindas, solo faltan unos días para que el rey regrese.
- Por mi podría regresar mañana.
Noel negó con su cabeza, sonriendo por las palabras de su protegido.
- ¿Cuál es la siguiente actividad en la lista?
Noel saco su tableta para buscar la agenda pero, tuvo que cesar su búsqueda cuando observo a la reina Anora, George y la joven Irina acercándose hacia ellos.
- Buenos días Víctor – saludo la reina, acercándose a su hijastro para abrazarlo – No tienes buena cara, ¿te sientes mal? – dejando reposar el dorso de su mano sobra la frente del otro.
- Mi salud es perfecta como siempre – contesto con una sonrisa – solo es la fatiga por la reunión con el consejo.
- Veo que aún no toman una decisión – Intervino George.
- La situación es complicada pero, esperemos que pronto se decidan, el futuro de ambos reinos depende de ello – recordando las miles de discusiones dadas en aquel lugar.
- Lo harán – dijo la reina con optimismo.
Asintió a las palabras de su madrastra, dirigiendo su vista al de su prometida, el cual e encontraba teñido de carmín.
- Buenos días Irina, es un gusto verte.
- A mí también me alegra verle príncipe.
- Veo que saldrás – dijo notando la forma tan formal en la iba vestida la cual, era imitada por su primo y madrastra - ¿algún evento importante?
- La reina me ha invitado a ir con ella a la inauguración del nuevo restaurant.
- Oh, ¿es la nueva sucursal que el chef Idola está por abrir? – regresando a ver a la reina.
- Así es, me pidió ser la madrina del lugar y no podía negarme.
- Ya veo, espero que todo salga bien y se diviertan en el lugar.
- Eso… Espero – Irina desvió la mirada.
- Pero ya no les quito más tiempo – declaro rompiendo el incómodo momento - nos vemos más tarde – comenzando a caminar en sentido contrario de los tres.
- Príncipe.
Víctor se detuvo al escuchar la voz de su prometida.
- Porque… ¿Por qué no viene con nosotros?
- ¿Ir con ustedes?
- Si, digo… Bueno…
- Irina tiene razón, porque no vienes con nosotros – apoyo la reina – estoy segura que una tarde agradable servirá para despejarte.
- Si, eso es exactamente lo que pienso.
Víctor no contesto de inmediato, meditando la propuesta hecha por ambas.
- No es mala idea – dijo Noel.
Con un gesto de confusión regreso a ver el rostro de su protector.
- Necesitas despejarte, relajarte de todo… Una agradable comida a lado de tu familia y tu bella prometida quizás ayude con eso.
- No creo que…
- Adelántense – se adelantó a contestar - enseguida los alcanzamos en el auto, Víctor debe vestirse.
- Noel – dijo entre dientes al escucharle aceptar en su nombre.
- Excelente – hablo la reina – los esperamos entonces, Irina, George.
La reina comenzó a alejarse del lugar, siendo seguida por la joven pelirroja y su sobrino mientras Víctor maldecía para sus adentros.
La cafetería cerca de la costa era uno de los lugares más concurridos por los estudiantes después de haber concluido sus clases del día. Al ser un lugar que no diferenciaba en clases sociales ni estatus, cualquier individuo podría cubrir los costos de los alimentos o bebidas que el local ofrecía.
El lugar estaba adornado con los típicos adornos de la temporada, esferas, guirnaldas, serpentinas y un hermoso pino en el centro indicaba que la navidad finalmente había llegado por todo lo que quedaba del mes.
Yuuri observa como los demás estudiantes iban y venían de un lugar a otro, ordenando alguna bebida o simplemente acercándose a la sala de recreación mientras que, sentado en aquella mesa a lado de su mejor amigo no dejaba de suspirar desde que habían salido de clases.
Solo cuando el sonido de la cámara al tomar una foto se dejó escuchar, fue que se acomodó mejor sobre su asiento, para encarar a su fotógrafo personal.
- Más vale que esa foto no salga en tu Instagram – lanzando una amenaza que carecía de intensidad.
- ¿Qué tiene de malo? – Sin dejar de ver la pantalla de su celular - Mis fans adoran ver al lindo cerdito que tengo como mejor amigo – volteando el celular para que pudiera ver mejor la pantalla donde su figura se encontraba recostada sobre la superficie de la mesa – Mira, los miles de "me gusta" reafirman mi postura.
Rodo los ojos al leer el cometario que acompañaba la foto.
- "Un cerdito a la plancha, adorable sin duda" – leyéndolo en voz alta - ¿no había una mejor frase?
- Digas lo que digas, esto es oro puro – comenzando a subir la foto a todas sus redes sociales.
- Deja eso – levantando la mano para quitarle el teléfono.
- Claro que no.
Ambos comenzaron una silenciosa batalla por poseer el teléfono, una que Yuuri dio por vencida al no tener las fuerzas para moverse.
Retomo su postura anterior, logrando con ello que Phichit dejara su celular dentro de su mochila y lo regresara a ver con preocupación.
- ¿Me dirás que te sucede?
Yuuri dudo en contarle.
- Vamos, sabes que escuchare lo que digas…. Además que soy un gran confidente – sonriéndole.
- Eso me queda muy claro – desviando la mirada hacia otro punto del lugar – eres una tumba cuando se trata de secretos.
Phichit se mordió el labio inferior al recordar el motivo de aquel comentario.
Yuuri lo regreso a ver de reojo, sintiéndose culpable por cómo había sonado lo que había dicho.
- Lo siento, no quise decir eso – se excusó – es solo que…
- No, tienes razón – apoyando lo dicho por su mejor amigo – te oculte cosas y es natural que te sea difícil volver a confiar en mí.
- Confió en ti – aseguro – si fuiste capaz de ocultar por tantos años un secreto como ese, significa que eres una persona leal Phichit, y me di cuenta que esa cualidad es algo que… Valorare toda mi vida.
- Yuuri – sorprendido por las palabras de su amigo.
- Bueno… Este…- Balbuceando por la pena que estaba sintiendo al sincerarse de aquella forma.
- Así que… ¿El tema que te carcome la cabeza es delicado? – cambiando de tema al ver la obvia vergüenza de su mejor amigo.
- ¿Delicado? – Susurro – Más bien, extraño e incómodo.
- ¿Quieres hablar de ello?
- Preferiría guardármelo por ahora – respondió, tomando su bote de refresco y tomar un poco del mismo.
- ¿Seguro?
- Si.
Sonrió al ver que su respuesta no convenció del tomo a su amigo.
- Te prometo que te contare lo que me pasa pero, necesito decidir qué hacer.
- De acuerdo – aceptando la respuesta del otro – Pero no tardes mucho o, buscare material para chantajearte y sacarte la información – bromeo.
- Entonces tendré que cuidarme las espaldas – siguiendo el juego.
- Sin duda alguna.
Ambos comenzaron a reír por la situación.
- No puedo creerlo, en vez de buscar una solución prefieren subir los impuestos y aumentar las jornadas de trabajo.
La voz de un hombre cercano a su mesa les hizo callar de pronto, regresando a ver una de las tantas pantallas esparcidas por el lugar, donde se podían ver las noticias.
"Desde hace días el consejo se ha reunido en pos de encontrar una solución al desabastecimiento de asimilación eléctrica, el cual día con día esta afectan a las clases menos desfavorecidas de ambos reinos. Todo esto a raíz de la ley que aumentaba los impuestos y las jornadas de trabajo de los exploradores."
- ¿De verdad creían que con solo escavar más profundo podrían solucionarlo? – Phichit pregunto con molestia – Es obvio que esto sucedería tras la muerte del rey Regis – susurro para que solo Yuuri lo escuchara.
- ¿Qué quieres decir?
Levanto una ceja al escuchar la pregunta.
- ¿No lo sabes?
- Creo que quedo claro desde hace tiempo que desconozco gran parte de la historia de mi familia – Remarcando lo evidente.
- Cierto – cayendo en la cuenta de aquel punto – ¿Adalberto te conto acerca del cristal, no?
- Si, algo.
- No te engañare, lo mucho o poco que sé es gracias a mi padre – admitió – según lo que me ha contado, la estabilidad del reino, su abundancia, su energía, su vegetación…. Todo era gracias al cristal.
Frunció el ceño al no comprender.
- El cristal mantenía estable al reino así como a esa gran barrera que nos protege.
- De la cual no sé nada – dijo entre dientes.
- Yo tampoco – encogiendo de hombros – En fin, el rey Regis así como los reyes de antaño, usaban el cristal no solo para mantener la barrera sino, también, para renovar la vegetación del reino. Cada beta de energía, al ser usada para la asimilación de viales, era renovada cada cierto tiempo por el cristal, pero…
- ¿Pero?
- El cristal no acepta a nadie que no tenga sangre Katsuki en sus venas, así que no acepta las ordenes ni voluntad del rey Demian por lo que…
- El reino se quedara sin energía eléctrica.
- El mundo entero, en realidad.
- ¿Ha?
- Nueva Crisis también depende de ello, siempre lo ha hecho…Cada batalla que se daba entre ambos reinos, los Nikiforov aprovechaban para robar parte de las betas para su uso personal.
- Me estas tratando de decir que… ¿La guerra quizás inicio por las betas de energía?
- No es una afirmación ni nada por el estilo pero, es una de las tantas cosas por lo que la guerra pudo haber comenzado.
- Pero, ¿Qué no la guerra comenzó tras eso de la diosa, el cristal y toda esa cosa de la leyenda?
- En realidad nadie está seguro de eso, mi padre me comento que en alguna ocasión le pregunto al rey Regis si sabía cómo inicio la guerra.
- ¿Qué contesto?
- Nada, el rey Regis solo guardo silencio mientras le sonreía.
Yuuri bajo la cabeza para mirar la tapa de bote de soda, buscando una razón lógica del por qué su padre simplemente había callado. Se suponía que los antiguos los habían elegido para salvar al mundo acaso, ¿había algo más acerca de aquella vieja historia que solo su padre conocía?
Negó con su cabeza, haciendo a un lado aquellos pensamientos, su padre no podía estar guardando secretos a su propia familia y amigos ¿verdad?
Frunció el ceño, bebió de su soda y dirigió su vista hacia el rostro de su mejor amigo.
- ¿Qué?
- No, nada, es solo que pusiste un gesto un tanto extraño, ¿todo bien?
- Si, solo que… - mordiendo levemente la pajilla – recordé que tenía algunas cosas por hacer.
- ¿Cómo qué?
- Pues… Compras, si eso, Mary me encargo que comprar unas cosas para la cena – mintió esperando su mejor amigo le creyera.
- De acuerdo, ¿quieres que te acompañe?
- No, está bien, estoy seguro que tus padres te están esperando – levantándose de su asiento y tomando su mochila.
- Al menos déjame ir contigo, tomare el autobús en la siguiente parada – imitando a su compañero.
Yuuri asintió y caminaron hacia la salida del lugar.
El lugar se encontraba abarrotado, cientos de comensales se encontraban en fila así como las más importantes cadenas televisivas se encontraba a la espera de la inauguración y posibles entrevistas con la reina Anora.
Los flashes delas cámaras no paraban de alumbrar cada que tomaban una foto a la reina o a sus dos hijos, siendo su primogénito, el príncipe Yuri, quien se notaba hastiado por la cantidad de atención que estaba teniendo en aquel momento.
- ¿Puedo saber el motivo de esa cara? – pregunto la reina por lo bajo sin dejar de sonreír.
- Odio las multitudes – contesto con fastidio.
- Ya deberías estar acostumbrado – replico Víctor quien imitaba los gesto de su madrastra frente a las cámaras.
- A mí no me gusta ser el centro de atención como cierto viejo.
- ¿A quién llamas viejo?
- A uno de cabello blanco, ¿Quién más sino?
- ¿Qué dijiste? – regresando a verle de reojo.
- Están frente a las cámaras, ¿podrían olvidar sus diferencias y comportarse como dos hermanos? – sugirió la reina, sin perder la compostura ante el comportamiento de sus dos hijos.
Ambos dibujaron una sonrisa y saludaron a la prensa.
Noel - quien se encontraba unos pasos tras los príncipes – entrecerró sus ojos y negó con su cabeza, reprobando el comportamiento tan infantil de ambos.
- Reina Anora –hablo uno de los reporteros - ¿Cómo se siente ser quien inaugurara el nuevo restaurante de la línea Aldercapt?
- Me siento muy contenta en se parte de esto, desde que mi amigo, el empresario Idola Aldercapt me invito a formar parte de este proyecto, supe de inmediato que sería un gran acontecimiento – dijo sin dejar de sonreír – siempre ha sido un hombre visionario, desde que abrió su primer restaurant, los éxitos no han parado de llegar y agradezco la invitación que me hizo para inaugurar la nueva sucursal aquí, en las costas de nuestro reino.
- Podemos ver su alegría alteza – respondió el reportero - ¿Y usted Príncipe Víctor? – Captando la atención del mayor - ¿Qué piensa acerca de la apertura?
- Opino lo mismo que la reina, es de conocimiento Público que los proyectos del Señor Idola han sido exitosos a lo largo de su carrera y sin duda este restaurant no será la excepción, los comerciantes así como los nobles que viven cerca de esta zona podrán disfrutar de los exquisitos platillos que ofrece al mercado.
- Sin duda, hace que nuestro apetito reaparezca – ganándose unas ligeras risas por parte de la multitud.
- Creo que no debemos posponer la inauguración – comento la reina, caminando hacia la entrada donde el dueño del lugar la esperaba.
Tras unos cuantos pasos, se colocó a lado de su viejo amigo, dándose un cordial abrazo y susurrándose palabras de aliento.
- ¿Lista? – entregándole las tijeras para cortar el listón.
- Sin duda.
La reina dio la espalda a los presentes solo unos segundos, corto el lazo y se giró nuevamente, escuchando los aplausos de los comensales así como la prensa.
- ¿Qué tal si entramos y comenzamos con esta fiesta de inauguración? – Pregunto Idola, ofreciendo su brazo para que la reina lo tomara y ambos entraran al establecimiento.
Todos los presentes comenzaron a entrar uno a uno por las puertas de cristal, siendo los jóvenes príncipes y un guardaespaldas los primeros en la fila en ingresar.
- Y luego le dijo "No estaría contigo, aunque fueras el último hombre en toda la tierra"
Comenzaron a reír tras esas palabras.
- En serio, como pueden ser tan dramáticas esos dramas.
- Son hechos para mujeres jóvenes y amas de casa, ¿Qué esperabas? – contesto Yuuri.
- Yo aun no entiendo cómo le pueden gustar a mi madre y hermana.
Continuaron conversando de cosas triviales, la escuela, la televisión o incluso del próximo festival que se llevaría a cabo en navidad, donde Mila seria parte del espectáculo sobre hielo dirigido por Minako. A Yuuri le agradaban aquellos momentos, aunque no eran temas serios o de importancia, le recordaban que aun con todos los problemas que tenía encima, aún tenía un poco de esa vida normal que tanto añoraba.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando noto que su mejor amigo no estaba a su lado.
- ¿Phichit?
Se giró buscándolo con la mirada, encontrándolo parado unos metros tras él, con la mirada fija en un tumulto de gente que estaba haciendo fila para entrar a un restaurante que, según sus memorias, nunca había estado ahí.
- Así que hoy era la inauguración.
- ¿Inauguración? – Pregunto Yuuri al acercarse a su amigo.
- Mi padre fue invitado a la inauguración de un nuevo restaurante aquí, en las costas de nueva Hasetsu pero… No pensé que iba a estar tan lleno.
- Recuerdo que estaban construyendo algo pero no imagine que era un restaurant – agrego Yuuri.
- Si, me dijeron que es de una cadena de restaurants muy fina y de cinco estrellas, un famoso chef conocido de la reina al parecer.
- ¿El señor Sunan acepto la invitación?
- No, dijo que tenía cosas más importantes que venir a este tipo de eventos, mando a uno de sus empleados en su representación con la mejor caja de vinos del viñedo – se encogió de hombros.
- Ya.
Su mirada se encontraba fija en aquel establecimiento, por alguna razón aquel lugar le provocaba un extraño sentimiento, como si algo le incitara a entrar, como si alguien le estuviese llamando.
- En fin, debemos volver, estoy seguro que Mary está esperando esas compras.
Yuuri parpadeo al ver interrumpido sus pensamientos y sonrió.
- Cierto, es mejor irnos.
Ambos dieron la vuelta y comenzaron a alejarse del lugar.
El sonido instrumental engalanaba el ambiente, el olor de los diferentes platillos impregnaba el lugar, los comensales sonreían y bebían sin inconveniente alguno, la prensa tomaba fotos de los diferentes lugares que componían el restaurant, pero quien más captaba sus miradas así como las cámaras era la familia real que se encontraba en el centro de las mesas, disfrutando de una animada platica.
- Me alegra que todo haya salido como se planeó – hablo Idola tomando su copa.
- Opino lo mismo – concordó la Reina.
- El lugar es hermoso Sr. Aldercapt y los platillos son exquisitos – alago Irina.
- Que la prometida del príncipe me alague con esas palabras me hace sentir muy afortunado – contesto.
La joven pelirroja solo sonrió y sus mejillas se cubrieron de carmín.
- Y ahora que hemos tocado el tema – dijo con precaución – no es por inmiscuirme, deténgame si sienten que lo estoy haciendo pero… ¿Ya hay alguna noticia de la futura unión? – pregunto con curiosidad.
- Hace poco que se comprometieron, aun no hay planes para su futuro enlace –contesto la reina entre pequeñas risas – ¿No es así? – girando su cabeza para ver a la pelirroja.
- No, aún no hemos hablado del tema además, las constantes reuniones del consejo han impedido profundizar en el mismo – notándose un poco la tristeza en su voz.
- Oh, tiene razón, últimamente el consejo de nobles se ha estado reuniendo.
- Si, están tratando de encontrar una forma d afrontar la falta de energía eléctrica en los yacimientos pero, no debemos preocuparnos, pronto encontraran la forma de comer resolverlo – indico la reina con optimismo.
- En eso estamos de acuerdo, el consejo nunca nos ha abandonado – tomando su copa para tomar un sorbo de la misma – por lo que seguramente pronto tendremos noticias sobre el enlace, espero ser tomado en cuenta para el banquete real – sonriéndole a la reina.
- Por supuesto, ¿Quién mejor para engalanar la fiesta con majestuosos platillos?
- No puedo esperar para ver las hermosas creaciones que hare para ello.
- Estoy segura que serán platillos extraordinarios – dijo Irina con timidez.
- Oh, si los platillos serán magníficos espera a ver el pastel, ya puedo imaginarlo, enorme, con hermosas rosas creadas de dulce, de un blanco inmaculado, con las hermosas figuras de ambos en la cima – soñando con la próxima creación que estaba formulando - ¿no cree príncipe?
- La imaginación es diferente para cada persona, pero estoy seguro que el pastel que usted elaborara será una digna creación que convine con la… Ocasión – tomando de un solo trago lo que quedaba de su copa.
Lentamente la conversación comenzó a tornarse en algo serio, su compromiso se había vuelto el tema central de aquella reunión, limitándose solo a contestar lo necesario y cuando le preguntaban directamente, lo cual resulto en un momento un tanto incómodo para su persona.
- ¿Y ya pensaron en los futuros herederos? –pregunto en un susurro que solo los presentes escucharon.
Un tema que definitivamente no deseaba tocar, era como la alarma que le indicaba que debía buscar la forma de irse antes de que no pudiese evadir el mismo.
Tomo la servilleta y limpio los rastros de migajas en su rostro, respiro profundamente y les sonrió.
- Si me disculpan, necesito tomar un poco de aire fresco.
- ¿Te sientes bien? – pregunto la reina haciendo el intento de levantarse.
- No se levante – solicito – solo me siento un poco mareado, seguramente es por la bebida.
- ¿No me digas que la edad te está pasando factura y ahora te emborrachas con solo tres copas? – Yurio soltó una ligera risa, siendo reprendido por su madre.
- Supongo que tome la bebida demasiado rápido pero, no se preocupen, tomare un poco de aire fresco y volveré – ignorando el intento de burla de su hermanastro – sigan disfrutando la comida.
Con un movimiento de su cabeza se despido y emprendió su partida hacia el exterior del local, siendo seguido con la mirada de su mejor amigo, notando el claro mal humor de su protegido.
- Iré con el – levantándose de su asiento.
- Si algo ocurre avísame de inmediato – pidió la reina.
- No se preocupe, si algo pasa la mantendré informada, si me disculpan.
Se despidió y tomo el mismo camino de su mejor amigo.
Detuvo sus pasos en un rincón cerca de la entrada, sintiendo como la presión sobre sus hombros se hacía cada vez más pesada, ya no solo era el reino al no estar s padre presente ahora era el compromiso que mantenía con Irina, uno con el cual nunca estuvo de acuerdo ¿Por qué tenían tantas expectativas? ¿Acaso no se daban cuenta que era un simple chico cuya única mala suerte fue nacer con cuna de oro?
Pego su frente al frio mármol de la pared frente a él, tratando en vano que la temperatura de la misma le ayudase a enfriar sus pensamientos.
- ¿Estas bien?
La nítida voz de su mejor amigo le hizo girar su cabeza y verle de frente.
- No del todo.
- ¿Es por los comentarios de Idola, verdad?
- No solo es por sus comentarios – enfatizando con sus manos la palabra – es todo – abriendo sus manos como si tratase de abarcar el lugar – esto.
- Deberías estar acostumbrado – dijo como si fuera algo de conocimiento público lo dicho – Naciste siento príncipe y eso lleva responsabilidades.
- Si, pero no al punto de estresarme, querer encerrarme y estar solo.
- Víctor.
- Noel… No más sermones, no ahora.
- No es un sermón, solo te indico la realidad con la que vives y como tu guardián… No, como tu mejor amigo –aclaro - debo decirte las cosas tal cual son, sin engaños de por medio.
-…
- Eres el futuro rey.
- Eso si convenzo a los nobles de ser el más capacitado para ello.
- Quieran o no, eres el heredero, el legítimo rey, por mucho que no lo deseen lo eres – afirmo, sin importarle los miles de rumores que corrían en palacio – Tienes responsabilidades, deberes que cumplir, uno de ellos es tener que hacer sacrificios cuando tu reino lo necesite.
- ¿Incluso una boda?
- Necesitas una reina y lady Irina es hermosa, inteligente y amable, una mujer que sin duda te ayudara a afrontar lo que viene, estoy seguro que, aunque ahora no la ames, aprenderás a hacerlo.
- ¿Y si no lo hago?
- Si eso no sucede, tendrás a una valiosa amiga en los momentos difíciles.
- Noel.
- Tú puedes hacerlo, confió en ti.
Aquellas palabras calaron dentro de su alma, sabia de sobra, sin pregunta siquiera, la enorme confianza que Noel le profesaba, siempre había sido así desde niños, desde que de entre todos los niños que había conocido, Noel fue el único en verlo como lo que era, una persona más, sin títulos ni corona. Pero, odiaba sentirse enjaulado, sin poder decidir por sí mismo, tener que cubrir las enormes expectativas que todo el mundo tenia de él… Tener que sorprenderlos a cada momento por cada decisión que tomara.
Por unos momentos, pensó en seguir el consejo de su amigo y volver a lado de su familia y prometida, tratar de olvidarse por unos momentos de todo lo que cargaba sobre sus hombros pero, al levantar la vista noto a través del cristal de la puerta principal, como una silueta que se le hacía familiar avanzaba por la acera frente al restaurant.
- Noel – le llamo en un murmullo.
- ¿Dime?
- Podrías dejarme solo unos minutos.
No contesto al pedido de su protegido.
- Solo necesito estar solo y pensar las cosas, ¿podrías volver con los demás y decirles que regresare en uno minutos?
- ¿Estás seguro? ¿No quieres que me quede contigo?
- No, solo necesito despejarme, como tú has dicho… Son muchas responsabilidades y necesito pensar- dedicándole una ligera sonrisa.
Noel lo observo con cierto recelo, ya que notaba algo extraño en el comportamiento de su mejor amigo pero, al no poder descifrar lo que pasaba por su mente decidió aceptar su petición, aun cuando la preocupación aun seguía instalada dentro de sí.
- De acuerdo, pero si necesitas algo sabes que puedes llamarme.
- Lo hare.
Noel le sonrío tristemente y se dio la media vuelta, regresando por el mismo camino por que el que había llegado.
Tras verle marchar y asegurarse que nadie lo estaba observando, solicito su abrigo en la recepción del restaurant para segundos después salir al exterior del mismo, siguiendo el mismo camino que aquella figura que se le había hecho familiar, había tomado.
Continuaron caminando por aquellas calles que, por el horario y la próxima caída del sol, se encontraban casi deshabitadas, salvo por los transeúntes y puestos ambulantes que aún se encontraban en el lugar.
Las luces de la calle lentamente iban encendiéndose, previniéndose ante la llegada de la oscuridad, una a la que, por cómo iban caminando, no les preocupa en lo más mínimo.
- ¿Seguro que no quieres que te acompañe?
El rostro de Phichit se mostraba preocupado.
- No – negó con su cabeza – estaré bien, solo hare unas compras en la próxima tienda e iré a casa – el rostro de su amigo no demostraba seguridad – estamos dentro del reino ¿Qué podría pasarme?
Phichit se detuvo en la parada del autobús y se giró para encararlo.
- Sabes muy bien el por qué me preocupo, por ahora estas seguro ya que nadie sabe quién eres en realidad pero, eso no significa que debas ir de forma despreocupada por la calle.
- Si alguien trata de asaltarme o parecido lo congelo – elevando sus manos para moverlas, dejando que pequeños destellos de hielo aparecieron por unos segundos.
- Ahora me preocupa el pobre que quiera asaltarte – bromeo.
Yuuri rodo los ojos por el comentario.
- Muy gracioso – riendo ligeramente.
- De acuerdo, mañana te veo en la escuela y trata de llegar temprano ¿sí? Recuerda que la maestra aún está molesta por lo que paso en clase.
- Eso fue un pequeño error de memoria, no recordé la respuesta en ese momento.
- Si tú lo dices – acamándose mejor su mochila – entonces nos vemos ma…
El rostro de Phichit paso de la alegría a la sorpresa en un segundo, dejando un extraño gesto que indicaba que se había quedado pasmado al ver lo que sea que hubiese visto.
- ¿Phichit? – el llamo al ver que no emitía ningún sonido.
Parpadeo un par de veces, tratando de procesar lo que sus ojos estaban contemplando.
- ¿Sucede algo? – volví a preguntar.
Su mejor amigo asintió sin emitir palabras, abrió en varias ocasiones su boca pero de esta no salió ningún sonido, lo único que pudo hacer fue levantar su mano e indicarle con un dedo lo que estaba tras él.
- ¿Hay algo tras de mí? – No le respondió – Phichit podrías decirme que es lo que…
- Yuuri.
Un fuerte escalofríos recorrió su espalda al escuchar su nombre, aquella voz suave y nítida, la que se reproducía durante sus sueños y pensamientos le estaba llamando pero, no era posible ¿o sí?
Se giró con brusquedad, haciendo un pequeño salto hasta quedar a lado de su compañero, colocando el mismo gesto de sorpresa del mismo al cerciorarse quien era la persona tras él.
- Víctor – susurro.
- Vaya, veo que no esperabas verme ¿no es así?
- Es que… Bueno… Yo…
Un fuerte agarre sobre su mano derecha le hizo girar el rostro, encontrándose con el de su mejor amigo.
- ¿Este es el tema delicado y grave que no podías contarme? – pregunto en un tono que solo Yuuri pudiese escuchar.
-… - Solo le devolvió la mirada y no respondió.
- Entiendo – dijo desviando la mirada, captando la muda respuesta de su compañero – El que calla, otorga.
- ¿Eres el amigo de Yuuri? – pregunto Víctor, sin percatarse del comportamiento de ambos.
- ¿He? – Respondiéndose de la respuesta – Pues… Si, vamos juntos a la escuela.
- Te importaría prestarme a Yuuri unos minutos, necesito aclarar un par de cosas con el – dijo con una sonrisa que hizo que un fuerte escalofrío recorriera la columna del nombrado.
- Claro… Mmm… - regresando a verlo – ¿nos darías un minuto? - comenzando a empujar al de anteojos para llevarlo a otro espacio de la calle – Volvemos enseguida.
- Claro.
Ambos se alejaron del mayor, deteniéndose cuando sintieron que estaban a una distancia adecuada en la que no pudiese escucharles.
- ¿Me puedes decir que significa eso?
- Es… Complicado.
- ¿Complicado? – Volvió a preguntar – Es el hijo del rey Demian, eso es un tema más que complicado… Es grave.
- Lo haces sonar más terrible de lo que es.
- Porque lo es Yuuri – demostrando la preocupación que sentía en el tono de su voz - ¿Él sabe quién eres?
- Bueno… Sabe cómo me llamo.
- Sabes a lo que me refiero Yuuri, ¿sabe que tú eres el…?
- ¿Príncipe Katsuki?
Phichit asintió.
- Por supuesto que lo sabe, ¿no vez como me han estado buscando por todo el reino solo para encarcelarme?
Phichit entrecerró los ojos en señal de molestia,
- Claro que no lo sabe, a lo mucho sabe a qué escuela voy, mi comida favorita y que tengo problemas personales con mi familia, que supongo cree son cosas de rebeldía.
- ¿Es todo?
- Si, es todo, no sabe nada de lo… otro.
- Bien – mirando de reojo al de ojos azules - ¿Y qué piensas hacer?
- No lo sé.
- ¿Se lo dirás a tu hermana?
- Si se lo cuento es capaz de no dejarme salir nunca de casa, sabes lo que piensa de los Nikiforov.
- Con justa razón, es hijo del hombre que mató a tu padre.
- Él no ha hecho nada.
- Pero Yuuri…
- Phichit – dijo su nombre en una especie de ruego – Te lo pido, no le digas nada a nadie.
- Pero…
- Por favor – rogo nuevamente.
- ¿Sabes lo que me estas pidiendo?, quieres que le guarde un secreto que podría costarte la vida.
- No es como si no hubiesen hecho lo mismo durante más de trece años, ¿no crees?
- ¿Nunca dejaras de reprocharme que no te dijera nada de tu pasado?
- ¿Dejaran de recordarme cada dos minutos que soy y lo que tengo que hacer?
Ambos se mantuvieron en silencio, manteniendo la mirada sobre la del otro.
Phichit soltó un largo suspiro al no poder rencontrar replica alguna.
- Esta bien, lo hare, no diré nada.
- Phichit – dijo con una sonrisa.
- Pero… – levantando su dedo anular para dejarlo a pocos centímetros del rostro ajeno - Quiero que me cuentes todo, y cuando digo todo es TODO, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
- Bien, entonces esta noche me quedare a dormir en tu casa.
- Si eso suena bien pero… Esta noche no me será posible.
- ¿Por qué?
- Iré a ver a Chris, me envió un mensaje mientras estaba parado fuera del aula, dijo que tenía que hablar conmigo.
- Sabes que a Adalberto no le agrada que te inmiscuyas en el mercado negro, mucho menos con contrabandistas.
- Son los únicos que tienen información real y no la modificada por los guardas.
Phichit frunció el ceño y regreso a ver a Víctor, quien se encontraba apoyado en el poste de la parada de autobuses.
- Esta bien, no es que apoye lo que haces pero no puedo detenerte y aunque lo intentara lo harías sin más – suspiro - pero mañana sin falta quiero todos los detalles ¿entendiste?
Yuuri asintió.
- Bien.
Y avanzo por la calle siendo seguido por Yuuri, hasta que llegaron a lado del Víctor.
- Lamento habernos tardado tanto – se disculpó Phichit.
Víctor solo le sonrió.
Yuuri lo contemplo unos instantes, abrió su boca para decir algo pero, la llegada del autobús le impido hacerlo.
- Y… Tengo que irme, seguro tienen mucho de qué hablar – girándose para ver a su mejor amigo – te veo mañana.
Paso por el lado de Víctor, donde el autobús se había detenido segundos antes, pero antes de subir al mismo, saco su celular y tomo una foto, lo cual Yuuri tomo como "evidencia" de lo sucedido, en caso de que se resistiera a contestar las miles de preguntas que seguro su amigo le haría y lo vio desaparecer por la puerta.
El autobús comenzó a emprender su marcha, alejándose poco a poco de la parada, Una última sonrisa en el rostro de su mejor amigo fue lo que obtuvo al verle por la pequeña ventana del mismo, antes de perderle de vista cuando el autobús se perdio en la lejanía.
- ¿Y bien?
La voz suave de Víctor le hizo temblar, como si fuera la presa de un cazador que lo tenía a su merced.
- Bueno…
Se giró sobre sus pies para encarar al de ojos azules, dándose cuenta que finalmente, ambos estaban solos en aquel lugar.
つづく/ Continuara...
Y bien… No es un capitulo "Wow" pero era necesario, ya que se debe ver los problemas que tanto Victor como Yuuri tienen.
Vimos un poco de los problemas que causo la muerte del rey Katsuki y mira que son muchos.
El siguiente capítulo es más ligero pero tendrá un toque de Victuri 3
¿Qué les pareció la escena de Yurio con Otabek? Les recuerdo que son solo niños así que el amor y la amistad a esa edad… Bueno, es algo así como algo lindo pero nada serio.
¿Quién será el misterioso Hombre que Ardyn contrato para seguir a Shade?
¿Por qué en vez de hacer el Fanfic más sencillo se complica más? No sé, me gusta jugar con la mente jajaja
Nos vemos en el próximo capítulo.
