3
El relato de un fantasma
— ¿Cómo es que…? ¿Pudiste…? ¿Saliste…? ¿Apareciste…? —tartamudeó Lorenzo muy desconcertado, dejando que sus ojos miraran en todas direcciones nerviosamente pues no entendía lo que estaba ocurriendo.
— ¿Ah? —soltó el pokémon bastante extrañado y observando atentamente el comportamiento errático del hombre mayor, preguntándose para sus adentros a qué se debía. Enseguida, dirigió sus pálidos ojos hacia la ventana y estos brillaron, al parecer, con entendimiento— ¡Ah, claro! Usted está intentando preguntarme "¿Cómo es posible que haya salido de esa esfera negra?". ¿O me equivoco?
Todos asintieron de inmediato, curiosos por averiguar qué hacía aquel pokémon en esa esfera. Moonghost —como se hacía llamar— rió discretamente por los gestos plasmados en sus rostros y añadió:
— No es nada del otro mundo. La esfera debía ser expuesta a la luz de la luna llena para disolver los sellos y… ¡listo! Moonghost, su servidor, quedaba libre una vez más.
El pokémon les sonreía inocentemente, bastante satisfecho con la respuesta que acababa de dar, aunque sus oyentes se mantuvieron expectantes creyendo que en cualquier momento añadiría algo. Al cabo de un rato, cayeron en cuenta de que eso no pasaría.
Moonghost creía que con esa breve explicación respondía a todas sus dudas y ahora estaba más interesado en inspeccionar el techo. No sería tarea sencilla obtener la información necesaria para entender lo que sucedía.
— ¿Pero qué hacías ahí dentro? —insistió Bianca algo impaciente, colocándose las manos sobre las caderas en plan de "Me debes una explicación".
— ¡Bah! Sólo estaba durmiendo —respondió Moonghost de inmediato, mostrando poco interés e ignorando por completo la mirada asesina que le lanzó la chica—. Verán, es una historia muy larga y fastidiosa de contar, no quiero aburrirlos. Se supone que debía esperar a que sucediera algo importante, entonces Eve vendría a despertarme y… —se detuvo en seco de sopetón, acababa de notar que se le olvidaba una cosa y comenzó a lanzar miradas nerviosas a su alrededor, como buscando algo—. H-hablando de Eve —tartamudeó nerviosamente—, estaba por aquí, ¿cierto? Tiene que estar cerca, no puede haber desaparecido... ¿o sí?
No le hacía las preguntas a ninguno de ellos, había comenzado a hablar para sí mismo bastante alterado, tanto que varias veces estuvo a poco de empezar a comerse las uñas. El resto intercambió miradas nerviosas, pues el otro pokémon —que por lo visto se llamaba Eve— aún seguía inconciente al pie de la ventana y nadie se atrevía a decirle a Moonghost.
Mientras tanto, él continuaba hablando consigo mismo hasta que se detuvo, barriendo una vez más la habitación con la mirada, tan ansioso que se escuchaba su alterada respiración. De nuevo, no encontraba nada, al menos hasta que se le ocurrió la brillante idea de voltear y sus pálidos ojos encontraron rápidamente al pokémon inconsciente bajo la ventana.
— ¡Ay, por todos los cielos! —chilló bastante alarmado y pegando un respingo.
Moonghost se acercó rápidamente y se posó junto a él, recogiéndolo y sosteniéndolo entre sus brazos con delicadeza, como si temiera que se desintegrara si lo agarraba con mucha fuerza
— ¡¿Eve, hermana, qué te ocurrió?! —le preguntó exasperado, tanto que ni siquiera reparaba en que la pokémon estaba totalmente inconsciente. Al no recibir respuesta, sus niveles de pánico aumentaron y lo único que se le ocurrió fue zarandearla con todas sus fuerzas, lloriqueando desesperadamente— ¡Eve, respóndeme!
— ¡Basta, por favor, no la trates así! —exclamó la enfermera Joy con una voz muy chillona por la impresión y se acercó presurosa a ambos—. Está intoxicada… su estado es crítico… la estamos tratando… necesita reposo... —decía, siguiendo el vaivén de su paciente con los ojos y deteniéndose a cada rato, sentía que le daban mini-infartos con cada sacudida.
La Chansey asistente apartó a la enfermera con un gentil empujón y se acercó a Moonghost, alzando la voz por encima de la de él y explicándole la situación… o eso parecía. Ellos sólo podían escuchar que decía unas cuantas cosas en su dialecto y nadie era capaz de traducirlo, los gestos eran lo único que los ayudaba a tener una idea de lo que estaba refunfuñando. Latias se unió a ella, actuando con más calma y ayudando a que el efusivo pokémon se tranquilizara un poco.
— ¿Qué dicen? ¿Cómo que se intoxicó? ¿Qué fue lo que le sucedió? —preguntó Moonghost preocupado, con los ojos aguados por las lágrimas que se esforzaba en retener, incluso había dejado de zarandear al otro pokémon.
— Es que… —balbuceó Dyfir algo acongojada, sentía que le debía una explicación, más cuando él parecía a punto de estallar en llanto; pero no sabía cómo contarle lo sucedido de modo que no volviera a sacudir al otro pokémon. Se decidió por ser sincera—. Un Weezing liberó una nube de gas tóxico muy condensado por accidente, ella no se percató hasta que ya estaba inmersa y… bueno, obviamente, no le sentó bien. Cuando nos dimos cuenta ya había caído inconsciente al agua. La trajimos aquí y la enfermera justo nos estaba diciendo que estaba grave y luego... bien... apareciste tú.
— Y por eso su estado es delicado —añadió rápidamente la enfermera severamente, lanzándole una rápida mirada de agradecimiento a Dyfir antes de continuar—. Necesita volver a la cama de inmediato para continuar con el suministro de los antídotos y el suero...
— ¿De qué está hablando? ¿Acaso me están diciendo que Eve se va a morir? —preguntó Moonghost con las orejas alicaídas y mirándolos a todos con cierto reproche.
— El veneno que inhaló es muy potente, si no sigo suministrándole el tratamiento...
— ¿Tratamiento? —repitió Moonghost sin poner cuidado en sonar grosero y molesto, frunciendo levemente el ceño— ¿Qué le han estado dando a mi hermana? Seguro ustedes quieren matarla.
— ¡¿Cómo puedes decir eso?! —chilló Joy de inmediato, profundamente ofendida—. Soy enfermera y mi deber es asegurarles la vida a mis pacientes. Siempre haré lo correcto por ellos y nunca me rendiré, haré todo lo necesario para salvarlos, es parte de la ética de mi profesión.
— Verás... —dijo Moonghost tranquilamente, tanto que descolocó a todos, y más cuando soltó a su hermana sin tener cuidado de que se golpeara la cabeza contra el suelo; sin prestarle atención a lo que acababa de hacer, voló velozmente hasta la camilla, señalando las bolsitas del suero y el antídoto—. Esto es más dañino para ella que el Gas Tóxico de un Weezing, obligas a su cuerpo a pelear contra las toxinas y contra lo que sea que le estén dando. Eve tiene un metabolismo bastante quisquilloso, pero es capaz de anular el veneno; claro, le cuesta un poco y por momentos puede parecer que va a estirar la pata, pero no es así.
— Pero...
— Ahora que tengo la cabeza más despejada, entiendo tus buenas intenciones, así que descuida, te aseguro que no serás ejecutada —dijo Moonghost alegremente, cortando en seco a la desconcertada enfermera, y dedicándoles una sonrisa tan radiante que los descolocó por completo—. Despreocúpense, si pudo levantarse para lanzar la esfera por la ventana (o eso creo que hizo), significa que se repondrá pronto. Sólo hay que dejarla tranquila y sin darle más de esas cosas raras.
Hubo una pausa incómoda por un largo rato en el que ninguno de los presentes se atrevió a decir nada. Eve seguía en el suelo, Moonghost volvía a interesarse inusualmente por el techo y el resto sólo tenía preguntas dándole vueltas en la cabeza.
— Oye, no nos has explicado qué hacías dentro de esa esfera. Tampoco me has aclarado qué eres. Exijo una explicación ya que tu hermana nos obligó a perseguirla por toda la ciudad luego de robarse parte de la exhibición del Museo —puntualizó Bianca rompiendo el silencio. Se cruzó de brazos y clavó sus ojos en los de Moonghost, arrugando el ceño y acentuando así su cara de pocos amigos; exigía respuestas y las conseguiría a como diera lugar.
Moonghost cambió la relajada expresión que había adquirido su rostro y le devolvió la mirada a la joven de una manera sumamente antipática y odiosa, un cambio bastante radical si consideraban lo poco que lo conocían.
— Niña, comienzas a caerme gordo -declaró Moonghost secamente, adoptando la misma actitud que Bianca estaba tomando hacia él—. Y, obviamente, soy un pokémon, ¡doh! —agregó, con un tono de voz tan chistoso que Dyfir tuvo que morderse la lengua para que no se le escapara una risotada.
— ¡¿Y a mí qué me importa si te agrado o no?! —chilló Bianca bastante disgustada por cómo le estaban tomando el pelo—. ¡Ya sé que eres un pokémon, no estoy ciega!
— ¿Entonces para qué me preguntas? —señaló Moonghost con desdén, dándole la espalda y volviendo a fijar su atención en el techo.
— ¡Contéstame de una vez por todas, pequeño demonio! —exclamó Bianca frustrada, agitando sus brazos rápidamente en un ademán de querer sacarle las palabras con los puños.
— ¡Bianca por favor, cálmate! —regañó Lorenzo con un tono de voz más agudo de lo normal, acercándose a ella lo más rápido que le permitían sus cortas piernas y sujetándola fuertemente, pues la chica ya se estaba preparando para moler al pokémon a golpes. Luego de asegurarse de que Bianca no se le escaparía de las manos y, con la mayor educación que podía, dijo: — ¿Podrías, por favor, contarnos qué hacías ahí? No importa que sea una larga historia, sólo necesitamos entender —añadió rápidamente, prediciendo que el pokémon le replicaría.
Moonghost abrió y cerró de inmediato la boca, permitiéndose meditar por algunos segundos hasta que resolvió que no tenía escapatoria.
— Está bien, los complaceré… Aunque se me hace extraño que no sepan nada… —dijo resignado y lanzándoles una mirada inquisidora en el preciso instante en que ellos intercambiaban miradas extrañadas—. Esto comienza así —se detuvo para carraspear y continuó: — Ustedes ya saben que Gea es la creadora de todo lo que existe en la Tierra; entre esos, por supuesto, se encuentran los humanos y los pokémon, sus creaciones más preciadas. Ella nos considera sus hijos y nos tenía tanto amor que proveyó todo lo necesario para subsistir y tener una vida plena y feliz en armonía con el resto de sus obras.
» Pero ella entendió que la perfección no existe. Nos otorgó ambición para que creciéramos y pudiéramos defendernos en el mundo, pero sabía que al hacer eso aunque nos ofreciera lo necesario siempre querríamos más y más sin importar lo que destruyéramos en el camino. Es algo que ocurre con mucha lentitud, ella está enferma y sabe que, tarde o temprano, llegará su final y con eso el de todos nosotros.
» Esa es su certeza, todos somos aquello que la consume, pero vio que los humanos lo empeoraban aún más, su conexión con la naturaleza se perdía a medida que evolucionaban y adquirían mayor raciocinio. Gea vio con dolor y tristeza cómo una de sus obras más queridas crecía a la perfección, pero tomando el camino equivocado, arrastrándonos con ellos. Pronto, su inconsciencia lo destruiría todo.
» No pongan esas caras largas —rió al notar el efecto de sus palabras. Se sentía culpable, pero sólo estaba contando el relato tal cual él recordaba—. A pesar de todo, Gea piensa que la inteligencia humana es buena, un don que está orgullosa de haber otorgado. Pero el raciocinio atrae a la avaricia y con ello el desapego a lo que realmente importa.
» Por eso, Gea decidió no quedarse de brazos cruzados, si llegaba su fin estaba decidida a que no fuera de las manos de a quienes tanto amaba. Por eso, ideó un plan para resguardarnos a todos y a ella misma: creó guardianes que simbolizan todo lo que ella encuentra hermoso en el mundo —se detuvo e hizo el ademán de una reverencia, luciendo curiosamente gracioso mientras lo hacía, y les guiñó el ojo con picardía—. Yo soy uno de esos guardianes —rió al ver el gesto en sus rostros y añadió con sorna—. Increíble, ¿cierto? Gea dio a luz a doce guardianes, a los que indujo en un profundo sueño y encerró en objetos que fueron escondidos posteriormente. Por eso me encontraba en esa esfera, sólo tomaba mi pequeña siesta de un par de miles de años.
» Los guardianes sólo podemos ser liberados por la acción de una "llave" y esa función la cumple mi hermana, Eve. Aunque ella también es un guardián, así que somos trece en total… ¿cómo es que se me olvidó contarla? Es la más importante después de todo. Seguramente es culpa de Piruplú y sus sustancias extrañas…
Moonghost se dio a la tarea de divagar, diciendo incoherencias que ninguno estuvo dispuesto a intentar conseguirles sentido; por suerte, no hizo falta, porque él mismo añadió:
— Es que ciertamente es muy importante. Más que sólo ser la Llave y guardiana de Gea, en ella recae el peso de salvarnos a todos —les lanzó una mirada de soslayo, con cierta lástima, antes de proseguir: —. Lastimosamente, los humanos no son muy de su aprecio, así que no me extrañaría que les haya hecho una mala pasada a propósito. Lo más probable es que sólo quiera despertar a los once restantes y olvidarse del asunto.
No volvió a decir nada en un largo rato, mirando hacia la ventana algo alicaído, como si el mencionarlo le causara una tristeza que ellos estaban lejos de comprender.
— Todo esto es muy extraño —comentó Dyfir algo acongojada, rompiendo el silencio. El relato de Moonghost había tocado su vena aventurera, a pesar de que estaba relacionado con el fin del mundo no podía dejar de sentirse emocionada— ¿No podían despertarse todos a la vez? —preguntó inocentemente, su curiosidad y sus ganas de saberlo todo no le permitían tener más tacto.
— Esa es la parte divertida —respondió Moonghost con una sonrisa misteriosa—. Bueno, divertida para mí y no tanto para ella. Eve es la única capaz de resolver los enigmas que nos mantienen dormidos y de borrar los sellos que nos recluyen en los objetos. Esos sellos están ahí para evitar que cualquiera pueda liberarnos.
» Y no somos los únicos, ellos también corrieron con nuestra misma suerte. Es una competencia para poner a Eve a prueba y prepararla para nuestra lucha final; nunca lo entendí bien, pero la idea de esto es que ella esté preparada para luchar contra los enemigos que Gea puso en nuestro camino. Cabe acotar que también quieren destruir a Gea, por cierto —se detuvo, frunciendo levemente el ceño y mirándolos con más reproche que la última vez—. Insisto, ¿por qué no saben nada de esto? Es lo básico.
— ¡Espera un momento! —pidió Lorenzo con un además de las manos, algo reacio a creer en lo que escuchaba—. Ellos, ¿dijiste? ¿Tienen enemigos? ¿No se supone que deben protegernos? ¿Cómo es que se le ocurre a Gea ponerles tantos obstáculos? —insistió Lorenzo, lanzando las preguntas como si fuera una metralleta e ignorando por completo la duda de Moonghost—. Ya era más que suficiente lidiar con las personas y mira que lo digo con fundamento; ser encargado de museo no es fácil y también he sido testigo de lo descorazonado que puede ser el hombre, lo he sufrido en carne propia. Por eso, si Gea quiere evitar ser destruida, ¿por qué crearía algo para hacerse daño a ella misma?
— Acabas de dar con el Talón de Aquiles de Gea, viejito —dijo Moonghost con un aire misterioso que despertó demasiada curiosidad en sus oyentes, sonriendo de un modo que logró perturbarlos— "Mamá" tiene ciertas reglas que seguir, ¿saben? Sin esas reglas, a ella nunca se le hubiese otorgado su poder y nosotros no existiríamos. Entre las tantas pautas a seguir, se encuentra la del Balance; todo pro tiene su contra y de eso se rigen la mayoría de las cosas: bien y mal, mujer y hombre, luz y oscuridad… bla-bla-blá…
Moonghost se interrumpió para bostezar perezosamente, como si todo eso le pareciera terriblemente aburrido, pero lo cierto es que el techo volvía a ser más llamativo que seguir echando el cuento.
— Me parece entender —dijo Dyfir firmemente, dejando aflorar sus pensamientos alimentados por la emoción— que Gea creó esos "obstáculos" por obligación, pues si no lo hacía surgiría un desequilibrio que alteraría el orden de las cosas como las conocemos y eso conllevaría al caos.
— ¡Exactamente! —exclamó Moonghost encantado y asintió efusivamente con la cabeza. Pero se detuvo en seco y miró a la joven entrenadora con más reproche todavía, entrecerrando sus ojos— Bueno, llevas media hora haciéndote la tonta y ahora me sales con esto. ¿A qué se debe tal momento de lucidez?
— Sólo supuse que lo sabía —respondió ella de inmediato, asustada de haberlo ofendido—. En todas las historias que me han contado desde pequeña, siempre existe algo que si no estuviese ahí conllevaría al caos del mundo; pensé que en esta historia no sería la excepción.
— A todas estas —dijo Lorenzo, interrumpiendo a Moonghost cuando estuvo a punto de responderle a Dyfir—, ¿de qué clase de destrucción estamos hablando?
— Si mi masa gris no está totalmente atrofiada —contestó Moonghost lentamente, tratando de recordar las palabras exactas—, tengo entendido que ustedes lo conocen como degradación del ambiente.
— ¿Ustedes luchan contra eso? —preguntó Bianca con un tono irónico en su voz, dibujando una sonrisa sarcástica en su rostro que le consiguió una mirada asesina del pokémon— ¡Ja! ¡Vaya locura! ¿Acaso pensaste que nos tragaríamos el cuento de que trece pokémon nos salvarán colocando la basura en el contenedor adecuado? ¡Entonces he de desearles la mayor de las suertes! Si nadie ha podido controlar todo esto, un pokémon no lo hará. Además, ¿qué tienen que ver esos supuestos "seres malvados"? ¿Es que acaso se encargarán de susurrarnos al oído para tirar basura en la calle?
— Vaya, vaya, vaya. Estás tan ocupada en ser odiosa conmigo que no le permites a tu cerebro trabajar bien, ¿eh? —dijo Moonghost frívolamente—. Búrlate todo lo que quieras, pero de lo que tanto te burlas representa el fin de todo y es lo que está destruyendo todo a tu alrededor. Verás, el más mínimo cambio en el perfecto mecanismo de Gea lo altera todo y ella sólo está haciendo lo que puede para enmendarlo por ustedes. Y aquellos "seres malvados" que mencionas con tanta ligereza, tienen el poder de hacer lo que se les venga en gana con el Sr. Mecanismo; con sólo mover un dedo son capaces de aniquilar lo que tengan cerca y su único propósito es acabar con todo. Si nosotros decidimos no hacerles frente, el final nos caería encima como si nos soltasen un Walrein súper desarrollado… y sin anestesia… —agregó dramáticamente pero con leve tono jocoso en su voz que aligeró la crudeza de sus palabras, consiguiendo robarles una sonrisa a todos con la excepción de Bianca.
— ¿Y qué esperas que piense si todo lo cuentas de la manera más vaga posible? —espetó Bianca groseramente.
— Después de toda esta charla, tengo sólo una duda —dijo la enfermera con delicadeza, más interesada en zanjar el asunto para chequear a su paciente que en la conversación—. Hace rato, mencionaste algo sobre evitar que el final llegué más pronto. ¿Qué quieres decir con eso?
— Es porque todo tiene un fin. Aunque nosotros evitemos que por ustedes se destruya todo, nuestra acción no perdurará para siempre del mismo modo en que no somos inmortales —explicó Moonghost quedamente, esquivando sus miradas—. Puede que pronto, puede que tarde, pero en algún momento llegará la hora hasta para Gea.
Una vez más, el silencio se apoderó de la habitación, nadie encontraba qué decir al respecto. La simple idea de que existiera un ente superior que luchaba por su supervivencia era alucinante, aún más tomando en consideración que había creado criaturas tanto para salvarla como para arruinarla. Más cuando recordaban que estuvieron a punto de matar a uno de sus guardianes por accidente.
— Bueno… —suspiró Moonghost amablemente, tomándolos por sorpresa mientras les dedicaba una alegre sonrisa, la cual estuvo ausente por largo rato— ¿Qué más necesitan saber?
— Ya has dicho demasiado —una hermosa voz femenina a espaldas de Moonghost lo interrumpió. Su repentina intervención los hizo respingar a todos, sin excepción, pues a pesar de su suavidad, no había duda de que no estaba de buen humor.
Con el corazón en la garganta, todos voltearon lentamente hacia la ventana, donde se tropezaron con Eve, ya consciente y reincorporándose con cierta dificultad, taladrando con sus hermosos ojos azules la espalda de Moonghost, quien aún no se atrevía a voltear.
— ¿Acaso eres idiota? —reclamó Eve débilmente al fantasma, frunciendo el ceño para acentuar su disgusto— Ninguno de ellos es lo que piensas.
Moonghost tragó saliva y comenzó a girar muy lentamente, tanto que su movimiento lucía muy rígido, como si fuera un robot; claramente, estaba hecho un manojo de nervios, intentaba mantener su sonrisa para disimular, pero fallaba maravillosamente y parecía más bien constipado.
— H-hola, hermanita… —fue lo único que pudo balbucear debido a los nervios.
