Por cada Harry Potter existe una JK Rowling de manera que JK Rowling es la dueña de Harry Potter. Y esta historia sólo tiene un dueño: White Squirrel. Yo soy el cero a la izquierda, también conocida como la traductora.

Notas de la traductora: White Squirrel intentó lo más que pudo escribir en inglés antiguo. Mi traducción está basada en el estilo del Cantar del Mio Cid, espero que no sea confuso.

Disculpas por la tardanza!


Capítulo 11

–¿Alguien quiere explicar cómo es que un troll de montaña ingresó al castillo? –Demandó Septima Vector en cuanto entró a la reunión de emergencia la mañana siguiente, y no fue la única. Minerva tenía más derecho a estar molesta que Septima ya que tres de sus estudiantes habían estado en peligro. Y Hermione Granger era la favorita de muchos maestros, con la excepción de Severus.

Nadie se molestó en preguntar porque el profesor de defensa se había desmayado ante un troll. Eso era de esperarse esos días.

–Creo que todos quisiéramos saber eso, Septima –dijo Minerva con acidez mientras observaba con molestia a Quirrell. Nuevamente, si cualquier desastre ocurría, el profesor de defensa era usualmente el primer sospechoso.

Pero ahora el director de acercó a la mesa.

–Inspeccioné las barreras anoche –dijo con pesadez–. El troll ingresó al castillo desde el barranco a través de los túneles de drenaje en el sótano más profundo. De ahí, comenzó a subir hasta llegar al baño de mujeres del primer piso.

–¿Pero por qué no nos alertaron las barreras cuando entró a los terrenos, o al castillo? –Protestó Minerva.

–Las barreras fueron modificadas para permitir la entrada de trolls sin problema –dijo el director para la sorpresa de todos–. Quirinus, ¿quieres decir algo sobre el tema?

Quirrell se puso aún más pálido y comenzó a tartamudear con más intensidad.

–Y...y...yo modifiqué las b...b...barreras para t...traer a un t...t...troll… –dijo en un chillido– ...para las p...p...protecciones de la piedra… Yo d...d...debí de olvidar c...c...corregirlas –sollozó.

La mitad del grupo gruñó y se llevó las manos a sus cabezas. Severus observó a Quirrell con molestia. El profesor de defensa había enseñado Estudios Muggle por años, pero tomarse un año y cambiar de puesto era una manera rápida de aislarse. Después de todo, con la maldición aparente en el puesto, sabían que era probable que no durara un año. A Septima le daba lástima a veces, pero ya no. De hecho, se preguntó si un troll sería un verdadero obstáculo, aunque si fuera resistente a la magia, quizás sí.

–Tu "error" casi mató a tres de mis estudiantes de primer año, Quirinus –bufó Minerva con su acento escocés más expuesto–. Tienes suerte de que no tenemos quien te reemplace o te irías antes del final del día.

–Por lo mismo, no es posible –dijo Albus con gentileza–. He corregido las barreras y me aseguré que lo demás esté en orden. El castillo es seguro nuevamente.

–Seguro contra todo menos la incompetencia –comentó Bathsheda Babbling.

–Hay otro tema del que hablar –dijo Septima con severidad–. Quisiera que revisemos nuestros procedimientos de emergencia. En el caos de anoche, sólo yo y dos de los compañeros de la señorita Granger recordamos que ella no estaba en el banquete. Es inaceptable que perdamos a un estudiante de tal manera. Las habilidades extraordinarias en aritmancia de la señorita Granger le salvaron la vida, ya que parece que nadie más recordó buscarla. –Minerva se puso bastante roja ante eso–. Debemos de requerir que los prefectos hagan un conteo en caso de una situación similar y reportar si alguien falta.

Filius y Pomona inmediatamente estuvieron de acuerdo y la moción fue aprobada rápidamente, la cual los tres redactaron para su revisión.

–Excelente –concluyó Albus–. Ahora, Severus, ¿tú también querías discutir una medida de seguridad adicional?

–Sí –dijo el maestro de Pociones–. Dejar entrar a un troll al castillo era la distracción perfecta para alguien que quisiera robar la piedra. Quizás una misión de oportunidad, o quizás no. –Nuevamente su mirada se dirigió a Quirrell.

–S...sí, yo también p...p...pensé lo mismo y s...s...subí a revisar –dijo Quirrell.

–Subí al tercer piso inmediatamente después de la advertencia una vez que se lidió con el troll –continuó Severus–. No encontré evidencia de que alguien hubiera ingresado, pero el perro de Hagrid complicó la inspección.

–Fluffy sólo estaba haciendo su trabajo –protestó Hagrid.

–¿Cómo se encuentra tu pierna, Severus? –Preguntó Minerva.

–Estaré bien –gruñó Severus. Lanzó una mirada de furia tanto a Quirrell como a Hagrid–. Esperemos que no haya incidentes similares en el futuro.

–¿Está seguro de que tenerla aquí es la mejor idea? –Preguntó Septima.

El director asintió.

–Como he dicho, es vital que mantengamos segura la piedra. Saben que no permitiría que estuviera dentro de Hogwarts si los estudiantes no estuvieran a salvo, y si no fuera más peligroso para el mundo mágico el guardarla en otro lugar. A menos de que logre convencer a Nicolas y a Perenelle de destruirla, debe de permanecer aquí.

La mayoría de los maestros gruñó ante eso, pero también sabían el riesgo. Y las protecciones eran buenas. Todos habían acordado que nadie además de Dumbledore podría atravesarlas. Ciertamente, Septima estaba segura que nadie podría pasar su sección. Concluyeron que tenían que aceptar el arreglo, igual que cuando él lo había propuesto originalmente.

–Ahora, hablemos de las reparaciones. Argus, ¿cuál es tu evaluación de los daños? –Preguntó Albus.

Argus Filch parecía aún más molesto de lo usual. No era el tipo que gustaba de lidiar con catástrofes como esa, y no sólo porque era un squib, pero como conserje era su trabajo organizar las reparaciones del castillo cuando era dañado.

–No hay nada útil ahí –dijo con molestia–. Les tomará todo el fin de semana sólo limpiar los escombros. Yo no tengo las herramientas para eso. Tendremos que demoler partes de la pared y reconstruirlas si lo queremos hacer bien, instalar todo nuevo. ¿Por qué hiciste tal desastre, Quirrell?

–M...m...mis disculpas…

–Gracias, Argus –respondió Albus–. Yo mismo supervisaré las reparaciones. La magia antigua dentro de las paredes de Hogwarts es algo compleja y no puede ser controlada con facilidad. Una vez que las paredes estén reparadas, será sencillo instalar las tuberías. Podremos reabrir el baño en unas cuantas semanas.


Hermione tuvo razón cuando tuvieron que preparar la poción para el mareo durante la siguiente clase de Pociones. Dean no tuvo objeción de trabajar con Harry, por lo que ella ayudó a Ron con su desastre. Fue un desafío para su paciencia, especialmente porque Ron no tenía el hábito de mantener su estación limpia, pero ella lo logró y produjeron una poción que ella consideró sería merecedora de una O.

Sorprendentemente, el profesor Snape no comentó nada sobre su nuevo arreglo. De hecho, la clase fue bastante tranquila ese día. No por el temperamento de Snape, aunque era más áspero de lo normal, pero porque nunca se levantó de su escritorio lo cual garantizó que no realizara ningún comentario sobre el trabajo de los Gryffindor o diera algún cumplido a Draco Malfoy.

–Me parece sospechoso, ¿no lo crees? –dijo Harry durante el almuerzo.

–¿Qué quieres decir? –Hermione estaba sentada junto a Harry y Ron por segunda vez ese día, algo que sus otros amigos habían notado considerando como Ron la había tratado el día anterior, pero con la excepción de Parvati y Lavender, quienes la interrogaron durante el desayuno junto a todos los que querían saber más sobre su enfrentamiento contra el troll (y dejó que los niños respondieran eso), nadie más dijo nada sobre el tema.

–El que Snape no dejara su escritorio –dijo Harry–. Perdió varias oportunidades para insultarnos.

–Tal vez quiso ser amable…

–Sí, claro –dijo Ron en medio de una carcajada.

–... o quizás está cansado después de tener que limpiar lo de anoche. Dudo que fuera por algo en especial.

Harry la miró con incredulidad, pero no dijo más.

–Hola, Hermione –dijo una voz con eco detrás de ella. Levantó la mirada y se preparó para lo que fuera que los gemelos Weasley tenían preparado ese día, aunque parecían amistosos en ese momento. Y, ¿ahora le llamaban Hermione? Supuso que era un lindo gesto de su parte.

–Esperamos que te sientas mejor. –Estaba bastante segura de que fue George quien lo dijo. Fred, por otro lado, estaba jugando con su comida en la mesa.

–Mucho mejor, gracias.

–¿Ya reconciliada con tus amiguitos? –Dijo Fred con tono infantil.

–Cálmate, Fred –dijo Ron.

Fue bastante valiente de tu parte, Ron, el ir tras ella de tal manera –dijo George–. Mamá debe de estar orgullosa… excepto que primero va a matarte. –Las orejas de Ron se volvieron de un color tan rojo como el de su cabello.

–Pues, sí, estoy bien –les aseguró Hermione–. Estaba siendo muy dura conmigo misma. C...creo que tenían razón. Necesitaba relajarme un poco.

–Oh, nos alegra bastante escuchar eso –dijo George con una sonrisa maliciosa–. Porque pasar tanto tiempo con Percy ya era malo. Pasar tiempo con dos de nuestros hermanos… los problemas serán dobles.

Hermione sacudió los hombros.

–Creo que me arriesgaré.

–Palabras valientes, Hermione. Veremos si puedes vivirlas. –Los gemelos se fueron entre risas.

–¿Siempre son así? –Preguntó.

–Sí –dijo Ron–. Pero no te preocupes, nunca se meten con sus amigos… excepto para molestarlos.

Ron levantó la cubierta de uno de los platillos enfrente de él. Al momento que lo hizo, polillas gitanas enormes volaron fuera y bailaron alrededor de sus cabezas. Hermione bajó su cabeza y trató lo más que pudo de lanzarlas lejos con sus manos.

–¡FRED! –Gritó Ron poniéndose de pie.

Al final de la mesa, Fred y George chocaron sus manos con orgullo.


–Pues, sí, sé que Ron dijo cosas muy groseras, pero él solo se dio cuenta de su error rápidamente. Y si lo dejé que me molestara tanto porque fue bastante cerca de la verdad.

Después del almuerzo y de que las clases del día concluyeran, el resto de sus compañeras de Gryffindor prácticamente la jalaron de vuelta a la sala común insistiendo que les dijera la historia completa. Ahora que la había aceptado, o había comenzado a hacerlo, Hermione logró contar la historia con sólo unas cuantas lágrimas. De hecho, las jóvenes a su alrededor mostraban más lágrimas que ella. Y estaban impresionadas, más de lo que se merecía, por cómo había pensado en el plan para derrotar al troll (y seguramente habría toda clase de rumores locos el lunes).

Lavender y Parvati se sentaron a su lado, cada una abrazándola mientras contaba sus retos durante las últimas semanas. Fue una experiencia reveladora para el resto al saber lo que había sufrido en silencio, y varias comenzaron a expresar sus propios problemas al final.

–Por Morgana, Hermione, ¿cómo pudiste aguantar todo eso sin reprobar o algo así? –Dijo Lavender–. Nunca hubiera aguantado lo que tú.

–Fui criada de esa manera –dijo Hermione–. Mis padres me enseñaron que sin importar lo que ocurriera, nunca debía de dejarlo que interfiriera con mi trabajo escolar… y me ayudaron cuantas veces fue necesario. Sólo sigo haciendo lo que siempre he hecho.

–Suena terrible –dijo Parvati–. ¿Hay algo que podamos hacer por ti?

Hermione sonrió.

–Bueno, honestamente, si me pudieran recordar que tengo que ir a dormir, sería mucha ayuda.

–Por supuesto –dijeron Parvati y Lavender al mismo tiempo. Hermione no estaba segura si le gustaba que hubieran aceptado el trabajo tan rápidamente.

–Muchas gracias –dijo, nuevamente sintiéndose mejor de lo que hubiera esperado.

Cumpliendo su promesa, sus compañeras se aseguraron de que fuera dormirse a una hora razonable esa noche, y afortunadamente, lo hicieron sin forzarla. Se recostó sintiéndose tan bien como la noche anterior, y para su sorpresa y alivio, logró quedarse dormida hasta que fue hora de bajar a desayunar. Eso resultó en un buen humor que duró todo el día.

Hermione ya había decidido su venganza contra Fred y George la noche anterior, pero le tomó hasta esa mañana el tener el valor para implementarla. Los encontró en la sala común mientras todos se alistaban para bajar a desayunar. Para su sorpresa, usaban ropa diferente ese día. Estaban vestidos con ropa casual, uno con una camisa roja y el otro con una azul.

–Hola Fred, hola George –dijo con una sonrisa.

–Buenos días –respondieron con amabilidad.

–Miren, me dijeron que querían saber si descubría algo nuevo sobre el castillo.

–Así es –respondió George.

–Qué bueno que lo recuerdas –agregó Fred.

–¿Descubriste lo que hay sobre el gran comedor?

–Aún no, pero hay algo más que debí decirles hace tiempo.

Los gemelos la escucharon con atención.

–¿Alguna vez han subido hasta la parte más alta de la gran escalera?

Se miraron el uno al otro.

–No –dijo George–. ¿Viste algo interesante ahí arriba?

–Vi muchas cosas interesantes cuando exploré la gran torre hace unas semanas –dijo con exactitud.

–¿Cómo qué? –Preguntó Fred.

–Pues… es difícil de explicar. Tienen que verlo para creerlo.

Ambos se sonrieron.

–Que interesante. Tendremos que inspeccionarlo después del desayuno.

–Gracias por el consejo –dijo George.

–Claro, no hay problema –dijo con inocencia.

Hermione se permitió una sonrisa maliciosa después de que el par dejó la sala común. Eso había sido bastante divertido.

Con su plan iniciado, bajó al gran comedor dando pequeños saltos, y regresó a la sala común después de desayunar para sentarse en uno de los sillones con su libro de cálculo. Se rio en voz alta cuando recordó que su siguiente lección era sobre los límites al infinito.

Aún recibía miradas extrañas de muchos cuando hacía eso. La mayoría de las personas, fueran muggles o mágicos, se rendían al ver tal tipo de ecuaciones, pero para Hermione Granger esa era una manera relajante de pasar su mañana. Estuvo trabajando un tiempo cuando escuchó que alguien decía su nombre. Harry y Ron habían bajado a la sala común con unos cuantos de sus libros, lo cual la sorprendió al ser sábado por la mañana.

–¿En qué trabajas? –Preguntó Harry.

–Cálculo.

–¿Qué es eso? –Preguntó Ron.

–Mi estudio independiente en matemáticas. Me gusta la aritmancia, pero las matemáticas son muy fáciles.

Ron miró sobre su hombro los símbolos extraños sin comprenderlos, pero no dijo nada. Le había tomado unos minutos aprender a no cuestionar la actitud de Hermione sobre las matemáticas.

–¿En verdad puedes hacer todo tipo de operaciones locas en tu cabeza? –Dijo mientras se sentaba.

–Bueno, no las llamaría locas.

–Sí, pero, ¿en verdad puedes resolver cuánto es ciento noventa y cinco por setecientos cuarenta y ocho?

–Ciento cuarenta y cinco mil… ochocientos sesenta –dijo casualmente.

–¿Qué demonios? Pensé que Fred y George sólo bromeaban cuando dijeron que podías hacer eso –dijo Ron mientras las cejas de Harry desaparecían debajo de su fleco revoltoso.

Hermione le lanzó una mirada de molestia a Ron por su vocabulario, pero le respondió.

–No, no es tan difícil si lo quieres aprender, pero este tipo es completamente diferente –dijo señalando su libro.

–¿Qué es? –Preguntó Ron.

–Bueno, esto en particular es sobre límites al infinito. Es como… –Intentó pensar cómo explicar límites a alguien que no sabía álgebra–. Imagina que tienes muchos números, y todos son una mitad, un tercio, un cuarto, un quinto, y así. ¿Qué número tendría si siguen por siempre?

Ron pareció confundido, pero Harry respondió con vacilación.

–Supongo que cero.

–Exacto. Es algo así, pero… más elegante.

Ron se miraron el uno al otro y sacudieron los hombros.

–¿En qué trabajan ustedes? –Les preguntó.

Harry suspiró.

–Transformaciones. No sé cómo voy a terminar todo esto cuando tengo todas las prácticas de quidditch extra que organizó Wood. Crees que… ¿pudieras ayudarnos?

Hermione cerró su libro.

–Claro… mientras no esperen que lo haga por ustedes. Déjame ver…

Con su ayuda, los niños terminaron gran parte de su tarea de Transformaciones esa mañana. Apenas y notaron sus miradas frecuentes a la entrada de la sala común. Pero su alerta valió la pena cerca de la hora del almuerzo cuando los pelirrojos corrieron dentro de la sala común con un aspecto desastroso. Ambos estaban usando camisas que eran mitad roja y mitad azul, divididas al azar por una línea zigzagueante.

–¡Hermione Granger! –Gritaron mientras se acercaban a tropiezos y se arrodillaban a su lado.

–¿Qué les pasó? –Preguntó Ron.

–Estábamos en…

–...la gran escalera…

–... muy, muy sobre la cima…

–... y había…

Ambos estaban sin aliento e incoherentes, y Harry y Ron estaban sorprendidos, pero Hermione sólo sonrió.

–¿Qué tan arriba llegaron? –Dijo ante las miradas sorprendidas de sus amigos.

–Grandes, enormes polillas… –dijo Fred separando sus manos un par de pies.

–¡Por todos lados! –Agregó George.

–Estábamos rodeados.

–Intentamos ahuyentarlas con nuestras varitas.

–A la magia no le gustó eso.

–Nuestras camisas…

–Vaya. Parece que llegaron tan arriba como yo. Es bueno que no intentaron lanzar ningún hechizo.

–Espera, ¿ les hiciste eso? –Exclamó Ron.

–Sólo sugerí que exploraran la gran escalera –dijo Hermione, aun sonriendo.

–Nos dijiste que subiéramos a la cima –se quejó Fred.

–No, creo que sólo les pregunté si ustedes habían ido.

Fred y George se miraron el uno al otro preguntándose cómo habían caído tan fácilmente, mientras que Harry y Ron observaban a Hermione con confusión.

–Estoy segura de que la gran escalera continúa infinitamente –explicó–. Pero todo tiene que caber en la torre, por lo que se hace más pequeña y los insectos y ratas lucen más grandes mientras más arriba estés. Y hay tanta magia que fusiona todo, como sus camisas.

–¡Y tú lo sabías! ¿También pusiste esas polillas ahí? –Demandó George.

–Por supuesto que no. Yo no volveré a subir, eso fue suerte.

–Te lo dije, hermano –dijo Fred–. Que Merlín nos ayude si Hermione utiliza su cerebro para alguna broma. Ahora estamos en problemas. –Hermione se rio.

–Tienes razón –respondió George.

–Eres una extraordinaria oponente, señorita Granger –dijeron ellos al mismo tiempo mientras se quitaban sus sombreros imaginarios en reverencia. Caminaron hacia atrás rumbo a las escaleras del lado de los hombres, tratando de no quitar sus ojos de ella.

–Genial, ¿en verdad lograste hacerles una broma a Fred y George? –Dijo Ron–. Tengo que escribirle a Ginny para contarle. Aunque no supuse que tú serías del tipo que rompe las reglas.

–Bueno, muchos otros lo hacen –se quejó con falsedad–. Además, técnicamente no fue contra las reglas, sólo no es recomendado.

–Pues me alegra ver que tienes algo de Gryffindor después de todo. Pero, ¿sabes que van a tratar de vengarse de algún modo?

–Sí –dijo en un suspiro–, pero por lo menos saben que no soy un blanco fácil. Eso me mantendrá un poco a salvo. –Comenzaron a guardar sus cosas para ir a almorzar–. Por cierto, Harry, aún tengo Quidditch a través de los siglos si quieres leerlo.

–Sí, me gustaría, gracias.

Hermione quería explorar el gran comedor nuevamente, pero con la práctica de Harry, leer su libro, y ayudar a Ron con su tarea, no tuvieron mucho tiempo. Dieron una vuelta al gran comedor después del almuerzo intentando abrir todo lo que parecía una puerta, pero muchas puertas estaban muy escondidas como para que eso fuera suficiente. Después de eso le dijeron que podía continuar sin ellos, pero no quiso. Necesitaba terminar su tarea y hacer algo que le había estado preocupando los últimos dos días.

¿Qué les iba a decir a sus padres?


Queridos mamá y papá:

Quiero empezar diciendo que estoy bien, y aunque ocurrieron muchas cosas malas, ya pasó todo y estoy bien. No sé cómo empezar, pero supongo que debo de decir lo peor primero. En Halloween, un troll de montaña entró al castillo y me atacó…

Y entonces estarían muy histéricos como para leer el resto. Hermione rompió el pergamino, lo tiró a la basura, y comenzó otra vez.

Queridos mamá y papá:

Lamento haber sido tan distante en mis últimas cartas. La verdad es que desarrollé el mal hábito de no dormir lo suficiente del cual apenas me estoy librando. Honestamente, las cosas aquí están mejor de lo que había insinuado…

Y esa era una mentira bastante obvia. No podía decir eso aún si se sentía de esa manera. Tenía que intentarlo otra vez.

Queridos mamá y papá:

Creo que las cosas finalmente están mejorando en Hogwarts…

Eso era ridículo. ¿En verdad se los iba a ocultar? ¿Por qué lo haría? ¿Pero por qué no? La sacarían de Hogwarts más rápido de lo que podía decir Wingardium Leviosa si supieran la verdad.

Pero no aguantaba el secretismo. Merecían saberlo, ¿o no? Les diría que era lo suficiente mayor para tomar sus propias decisiones… aún si involucraban criaturas extremadamente peligrosas… era imposible.

Queridos mamá y papá…

Hermione aventó su pluma con asco y se recargó en su asiento. En un impulso, sacó su varita y decidió intentar un nuevo encantamiento que había leído en la biblioteca: "Lacarnum Inflamari."

Una llama azul salió de la punta de su varita y aterrizó en el pergamino. Se esparció y el pergamino se volvió cenizas. Se sintió bien al ver su intento de carta prenderse en llamas. Por lo que había leído, el encantamiento de la llama azul consumía cosas bastante inflamables, como el pergamino y la ropa, pero no necesitaba ser alimentado y se supone que no quemaría al tocarlo si se tenía cuidado. Estiró su mano y con cuidado la acercó a la llama. El fuego se sentía como agua caliente mientras acariciaba sus dedos, quizás un poco incómodo, pero no la quemó. Se rio y guardó la llama en un frasco de vidrio de su kit de pociones antes de que quemara su mesa de noche. Las llamas en el frasco serían una buena lámpara y calentador.

Y de todas maneras, no había manera de descifrarlo por sí misma. Quizás sus nuevos amigos (o viejos) podrían ayudarla.

–¿Decirle a tus padres? ¿Estás loca? –Gritó Ron Weasley–. No lo entenderán. Mi mamá se puso furiosa cuando le dijo Percy, y es bruja. ¡Te sacarán de la escuela, y el Ministerio romperá tu varita y borrará tu memoria! –Harry pareció horrorizado ante la sugerencia.

–Ron, no hacen eso a los que se salen de la escuela –lo corrigió Hermione–. Me obligarían a transferirme a otra escuela, como Beauxbatons. –Harry suspiró con alivio.

–Pero no quieres irte de Hogwarts, ¿o sí? –dijo Ron.

–¡Por supuesto que no! Pero no puedo guardar secretos de mis padres. Necesito poder hablar honestamente con ellos.

–Pues, no lo sé. Puedes intentarlo si quieres, pero te digo, nada bueno saldrá de esto.

Hermione suspiró.

–Eso es lo que me temo. Harry, ¿tú les dirás a tus parientes?

–No, probablemente se molesten de que no morí.

–Harry…

–Está bien, en verdad. Y lo siento, yo tampoco sé que hacer.

–Bueno, gracias… Creo que lo pensaré un poco más.


Los otros estudiantes tuvieron respuestas similares, ya sea rechazando la idea de decirle a sus padres por completo, o no sabiendo que sugerir. Su amiga hija de muggles, Sally-Anne, fue de las pocas personas que sugirió pedirle consejo a algún maestro.

Más de alguna persona sugirió que fuera con la profesora McGonagall, pero Hermione no estaba segura. Aún no consideraba a la jefa de su casa como la maestra más comprensiva, aunque sus compañeros de casa no tenían problemas con ella. Y más importante, estaba un poco preocupada por las consecuencias de que historias falsas hubieran llegado a oídos de la subdirectora.

Le tomó más de lo que debiera, hasta el domingo en la tarde, antes de que recordara que había un adulto en el castillo que sabía la historia completa, o por lo menos más que los demás. Por supuesto, era domingo, y ningún maestro recibía a estudiantes ese día (si es que continuaba con su ilusión de que escribiría la carta ese día), por lo que Hermione tomó su coraje Gryffindor y se decidió por otra táctica.

Pocos estudiantes además de los gemelos Weasley sabían dónde dormían los maestros. La profesora Trelawney, por supuesto, estaba encerrada en su torre y el apartamento del profesor Dumbledore se encontraba sobre su oficina. Maestros casados iban y venían, por lo menos los fines de semana, pero la mayoría no estaban casados. Nunca se les veía ir y venir de sus apartamentos, y usualmente se quedaban fuera de sus habitaciones hasta noche. Fue sólo porque había prestado atención especial mientras hacía su mapa que logró descubrir que los apartamentos se encontraban en la gran torre, del lado oeste.

Su pista principal fue el conjunto inusual de retratos en esa área. Le llamó la atención cuando notó que uno de los retratos era de John Flamsteed, el astrónomo de la corona, quien había sido nombrado cuando el estatuto del secreto había sido instalado. El resto sólo los pudo identificar gracias a su hábito de lectura. La druida irlandesa Cliodna, una animaga conocida por ser una de las grandes maestras de Transformaciones durante la época medieval, se encontraba en un lado del pasillo. La maestra de Encantamientos, Hedwig de Vienna, se encontraba cerca. En el piso inferior se encontraba el eminente maestro de Pociones durante el renacimiento, Zygmunt Budge.

Pero lo que le dio su resolución fue cuando estudió el retrato de John Flamsteed y después de observarlo por un tiempo él le informó, sin razón aparente, que la profesora Sinistra se encontraba en su oficina. Después de eso, fue obvio. Cada retrato era de una figura histórica líder en su campo, y protegían las puertas de los apartamentos de los profesores, al igual que la Dama Gorda en la torre de Gryffindor. Una vez que investigó todos los retratos, fue fácil deducir quien vivía en donde (y decidió que no les diría a Fred y George eso, aunque le sorprendería que no lo supieran).

Y fue así que Hermione siguió su mapa hasta llegar al retrato de Bridget Wenlock, la fundadora de la aritmancia moderna.

Bridget Wenlock usaba morado y tenía cabello negro rebelde y lentes de media luna. No lucía como alguien del siglo trece. Desafortunadamente, sí sonaba de esa manera. Aún peor, Bridget Wenlock era también conocida por su paranoia y su despiste.

–Disculpe, ¿madame Wenlock? –Dijo Hermione un poco nerviosa.

–¿Qué propósito tenés, niña? –Dijo el retrato.

–Erm, me preguntaba si la profesora Vector estaba disponible –respondió ella.

¿& quién es ella?

–¿La profesora Vector? ¿La profesora de Aritmancia?

¡Aritmanҫia! –Gritó el retrato–. ¡Yo soy la maestra de Aritmanҫia! ¿Es que esa Vector osa robar mi trabaxo?

–¿Qué? ¡No!

¡No le permittiré!

–Madame Wenlock, usted es un retrato –imploró Hermione–. No ha sido la profesora de Aritmancia por setecientos años. Esperaba poder hablar con la profesora Vector. Este es su apartamento, ¿no es así? Y...yo puedo ir a su oficina mañana si no se encuentra.

¡Nadie tiene permittido entrada! –Exclamó Wenlock, pero el retrato se abrió repentinamente y la profesora sonrió desde la entrada.

–Señorita Granger, que gran sorpresa –dijo.

–Hola, profesora –dijo Hermione un poco nerviosa–. Me preguntaba si puedo hablar con usted.

–Claro, por supuesto. Entra, por favor.

Vector la llevó a una pequeña sala con una mesa de té, unos cuantos asientos y un escritorio en la esquina. El cuarto estaba decorado con el mismo estilo que la sala común de Gryffindor, aunque con tonos verdes. Una pequeña cocina era visible a través de una puerta, y un pasillo pequeño salía de un lado de la habitación. Hermione decidió que era un apartamento bastante agradable para una persona.

–Toma asiento –le dijo Vector indicando un sillón–. Y no te preocupes por Bridget, me dio los mismos problemas durante mi primer año dando clases. ¿Supongo que encontraste este lugar gracias a los retratos?

–Así es.

–No me sorprende de alguien como tú. ¿Quieres una taza de té?

–Eh, sí, gracias, profesora.

La profesora produjo dos tazas de té y se sentó en frente de Hermione, al otro lado de la mesa. La alumna de primer año dio unos cuantos tragos mientras organizaba sus pensamientos.

–Esperaba que vinieras a verme, señorita Granger –dijo Vector. Hermione notó que era más amigable que nunca antes–. Pude notar que estabas bajo mucho estrés últimamente, aún antes del jueves. Todos tus maestros dijeron que tus trabajos seguían siendo ejemplares, incluso el profesor Snape si no se presta atención a su parcialidad, pero hay más que eso en la vida. No me gusta verte tan cansada tan pronto. Si hay algo que pueda hacer para ayudarte, sólo tienes que preguntar.

–Gr… gracias, profesora. Es… es complicado. Verá, me dejé caer en muy malos hábitos… –Le dio un resumen corto del desastre de sus últimas semanas mientras Vector escuchaba con preocupación–. Ya estoy mucho mejor –le aseguró–. Probablemente necesito un tiempo para en verdad regresar a la normalidad, pero me siento mucho mejor después de dormir una noche completa, y trabajo más rápido. –Vector le sonrió–. Pero de lo que quería hablarle es… bueno, usualmente escribo a mis padres todos los domingos por la noche.

–Oh… –dijo Vector mientras asentía con comprensión.

–¡No sé qué decirles! –Las palabras salieron sin control–. He guardado tantos secretos, y no me gusta, ellos merecen saber lo que está ocurriendo. Estoy cansada de no poderles decir, pero tengo miedo de que si supieran lo que ocurrió, me transferirían a Beauxbatons o algo así, y no quiero dejar Hogwarts aún con todo lo malo que ha pasado. En verdad me gusta estar aquí, y me gustan mis amigos, y todos mis compañeros dicen que no debo decirles, y están asustados de que me pueda ir, y…

–Señorita Granger… –la interrumpió Vector–. Hermione… –le dio una sonrisa triste mientras tomaba sus manos–. Sé que no es una decisión fácil para ti, pero al final es algo que debes decidir por ti misma. Tú eres la que mejor conoce a tus padres.

–No sé qué hacer –las lágrimas de Hermione cubrieron su rostro.

–Bueno, me alegra que te sientas lo suficiente cómoda para pedirme consejo, pero me temo que no tengo mucha experiencia en este tipo de situación. Sólo tenemos hijos de muggles en Slytherin cada cinco años más o menos, y la mayoría termina transfiriéndose. Creo que has visto el terrible prejuicio que comparte la mayor parte de los miembros de mi casa. Y ciertamente nunca he visto a nadie ser atacado por un troll, y te prometo que algo así raramente ocurre en Hogwarts. Pero he visto situaciones difíciles similares, así que te diré lo que he visto y espero que puedas decidir por ti misma.

–Estudiantes nacidos de muggles siempre terminan viviendo en el mundo mágico –explicó Vector–. Después de todo, aún después de un corto tiempo aquí, ¿te imaginas regresar a tu vida anterior? Amigos son principalmente mágicos, y usualmente los matrimonios son entre magos por el estatuto del secreto, y a menos que trabajen tan duro como tú, es difícil conseguir un buen trabajo en el mundo muggle con las credenciales mágicas. Mientras tanto, tus padres seguirán viviendo en el mundo muggle, con acceso limitado al mundo mágico, y no tienes permitido hacer magia en casa.

–Ahora, es difícil relacionarse entre ambos lados bajo circunstancias normales… Pero como estoy segura que sabes, diez años atrás hubo una guerra en el mundo mágico mientras las cosas continuaron iguales en el lado muggle. Fue muy peligroso para todos, especialmente para los hijos de muggles. La madre de tu amigo Harry Potter nació en el mundo muggle, y fue una de mis mejores estudiantes. Dirk Cresswell, del año siguiente, fue otro. Vinieron de hogares donde escucharían sobre un asesinato o robo, pero era raro y no estaban directamente relacionados. Pero en la escuela cada mes escuchaban de más y más ataques a hijos de muggles; se involucraron en peleas con futuros mortífagos en Slytherin, y sospecho que muchos ya habían sido marcados. Y cuando se graduaron, por lo menos Lily Potter luchó activamente contra ellos.

–Al crecer en ese mundo tuvieron que tomar una decisión aún más seria que tú, y por lo que se, ninguno le dijo a sus familias… nunca les dijeron el verdadero peligro en el que estaban. Ya fuera porque no querían preocupar a sus padres, o porque no querían crear más distancia entre sus familias, o porque querían poder luchar por la justicia, o quizás la combinación de todo eso, no lo sé. Cualquiera que haya sido su razón, no la cambiaron, nunca les dijeron… y les dolió profundamente. Lo ocultaron, por supuesto, pero aprendes a reconocerlo como profesor… puedes ver el dolor en sus ojos y cuanto los consume por dentro. Vivir de tal manera hace algo dentro de las personas, y por lo que sé, se alejaron bastante de sus familias al punto de que dejaron de hablarse. Ahora, no estoy diciendo que eso te ocurrirá, tu situación es diferente y tus padres son diferentes. Sólo creí que debías de saber cómo he visto las cosas antes.

Hermione trató lo más que pudo de no sollozar. Hubiera estado mortificada de ser vista de tal manera por un maestro en público, aunque ahí no se sentía tan mal. Estaba agradecida de que la profesora Vector fue tan honesta con ella, sin importar lo dolorosas que habían sido sus palabras.

–Profesora, yo… –chilló–. Tengo que decirles. No puedo dejar que eso ocurra… No puedo…

–Entiendo, Hermione. Si quieres, puedes llamarme cuando envíes la carta y yo enviaré otra para explicar la situación. Si estás preocupada por su reacción, un punto de vista profesional puede que ayude.

–Eso… eso es muy amable de su parte, profesora, gracias.

–Es un placer. Me alegra poder ayudarte.

Hermione terminó su té y se tranquilizó, aunque su mente continuó pensando en lo que tenía que incluir en esa carta. Comenzó a sentir que terminaría siendo más larga que muchos de sus ensayos. Estaba segura de que no podría enviarla esa noche, por lo que esperaba que sus padres no se preocuparan mucho.

–Nuevamente, muchas gracias, profesora –dijo.

–No hay problema, Hermione. Por favor, ven a verme en cualquier momento si necesitas ayuda.

Hermione asintió y se puso de pie, pero después recordó algo.

–¿Profesora?

–¿Si?

–Hay algo más que me estaba preguntando. ¿Cómo derrotó al troll tan fácilmente?

La profesora Vector sonrió.

–¿Eso? La explicación es sencilla. El encantamiento congelante es un hechizo sencillo de segundo año. Sólo puse el suficiente poder, aunque incluso entonces, si no lo hubieran dejado inconsciente, sólo hubiera funcionado por el tiempo suficiente para que salieran del baño.

–¿En verdad? ¿Fue sólo eso?

–Sí, un método simple, estoy de acuerdo, pero los trolls no son muy inteligentes por lo que es todo lo que se necesita. Hay un momento, incluso durante un combate, cuando se debe ser inteligente. Esto es especialmente cierto si tienes menos poder que tu oponente, como tú misma aprendiste. Pero también hay un momento cuando se debe ser rápida y lo sencillo es lo mejor. El poder para lograr un encantamiento congelante lo suficiente fuerte vendrá con la edad y la práctica.

Hermione se preguntó cómo es que un hechizo tan sencillo produciría resultados tan sorprendentes, pero se sintió mejor al saber que no sería tan difícil aprenderlo. Dejó el apartamento y caminó de regreso a la torre de Gryffindor.

La profesora Vector suspiró cuando se fue. Esa niña era única, más de lo que ella misma sabía.

Hermione quiso escribir su carta de inmediato, pero sabía que tenía algo más importante que hacer, por muy incómodo que fuera. Encontró a su nuevo amigo en la sala común y se sentó a su lado.

–Harry… ¿puedo preguntarte algo? –Dijo Hermione nerviosa.

–Claro.

–Es… no hay problema si no quieres responder.

Ahora Harry la miró con confusión.

–¿Qué ocurre?

–Harry, tú tía… ¿ella estaba enterada de lo que estaba ocurriendo con tus padres? ¿Sobre la guerra y todo eso?

Harry se detuvo y pensó. Era algo que nunca se le había ocurrido. La tía Petunia dijo que sus padres habían muerto en una explosión, pero por lo que había escuchado, eso no era totalmente cierto. Se preguntó cuánto sabía en realidad por la manera en la que hablaba de su hermana. Quizás valdría la pena preguntarle durante el verano, a pesar del riesgo.

–No lo creo –dijo–. Sé que no sabía del dinero de mi papá, o lo hubiera tomado. Y nunca habló de nada de eso hasta que vino Hagrid por mí. Sabía que mis padres habían sido asesinados, pero no creo que supiera que hubo una guerra.

Hermione asintió pensativamente.

–La profesora Vector (puedes hablar con ella si quieres) dijo que tu mamá fue una de sus estudiantes. Pero no cree que les haya dicho a sus padres de la guerra, y eventualmente dejó de hablarles.

–Bueno –dijo Harry lentamente –mi tía pensaba que era una monstruosidad desde el principio, así que…

–¿En verdad? ¿Por qué pensaría eso de su propia hermana?

–No lo sé. Supongo que hay personas así, como Malfoy.

Harry no tenía más que decir después de eso. Hermione consideró sus palabras mientras subía las escaleras a su dormitorio. Comenzó a escribir, pero le iba a tomar un tiempo.