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Capitulo XIII –

瞬間

(Instantes)

Y se hizo luz, se hizo silencio, y en un momento todo paró y nació el amor.- Ismael Serrano


Pequeñas gotas de agua caían desde su cabello hacia la superficie de aquel mullido colchón, el agradable ambiente que la calefacción ofrecía lentamente provocaba que el sueño lo envolviera, sus ojos comenzaban a cerrarse aun cuando trataba de resistirse hasta que el sonido del agua de la ducha cayendo lo trajo de nuevo a la realidad que ahora estaba viviendo.

Se sentó en la orilla de aquel suave lecho y trajo sus piernas para abrazarlas mientras un ligero rubor cubría sus mejillas.

– ¿Cómo fue que termine en esta situación?

El sonido de las gaviotas se escuchaba a lo lejos, las olas al romperse eran la única música que acompañaba su caminata por aquella desolada playa, la brisa lentamente comenzaba a colarse por sus huesos, haciendo que Yuuri tiritara por la gélida sensación que le recorría.

No encontraba palabras para comenzar a aquella conversación, una que ambos necesitaban tras los miles de mensajes que el mayor le había enviado y no le había dado respuesta pero, ¿Qué podía decir cuando tu vista solo contemplaba aquella silueta que tanto soñabas?

Sus labios temblaban ante la necesidad de hablar y finalizar aquella extraña relación amistosa que mantenían, puesto que la misma no tenía futuro alguno, siendo quien era y Víctor siendo hijo del hombre que mató a su padre… ¿Qué les podía deparar el destino que no fuera más que sufrimiento innecesario?

Quizás deberíamos termina con esto – susurro para sí mismo antes de golpearse ligeramente con la espalda de Víctor una vez este se detuvo sin previo aviso – que daño – murmuró frotándose la frente.

Levanto la vista encontrándose a su compañero contemplando el horizonte con un semblante serio y calmado, como si nada pudiese perturbarle, ante sus ojos, Víctor parecía como un ángel, con aquel rostro de porcelana y ojos azules. No fue hasta que la voz del mismo le llamo que salió de la ensoñación en la que había caído.

¿Qué?

Parece que no estas poniendo atención ¿he?

Lo siento… Yo… ¿Qué decías?

Al parecer siempre estás perdido en tus pensamientos ¿no es así?

Lo siento – se disculpó nuevamente.

Guardo silencio, analizando el rostro del otro quien comenzó a sonrojarse al sentir su mirada, sonrió levemente al ver aquella reacción por parte del menor y suspiro.

Decía… ¿Qué quiero saber por qué no has contestado a mis mensajes?

No hay motivo alguno para ello simplemente… No tuve tiempo – se excusó apartando la mirada.

¿Y por qué apartas la mirada? – acercándose al menor.

Pues…– dando un paso atrás conforme Víctor se acercaba a él.

¿Por qué no me dices la verdad?

Ya te la dije…

¿Y por qué te alejas?

Bueno… Este…

Solo dime la razón del por qué no me contactaste.

La ansiedad lentamente comenzó a hacer mella en su juicio, la presión a la que Víctor lo estaba exponiendo estaba acabando lentamente con la poca paciencia que tenía en aquellos momentos. Se mordió el labio inferior tratando de reprimir sus emociones y las palabras que peligraba por salir de su ser sin contención alguna.

Víctor… Por favor – susurro.

Yuuri… Solo dímelo…

Porque… – cerro sus ojos por la presión.

Yuuri.

¡Por que no debo! – levanto la voz, apretando con fuerza la tela de su ropa.

La sorpresa en el rostro de Víctor no se hizo esperar.

¿Qué? ¿No debes?

Exactamente – armándose de valor para dirigir su vista y enfocar el rostro ajeno – No debemos… No podemos ser amigos así de simple – dije tratando de sonar convincente.

¿Por qué? – contesto aun con sorpresa.

Porque así debe ser – pasando por el lado del mayor y avanzando sin dejar de detenerse.

No lo entiendo – murmuro dándose la vuelta para observar como Yuuri lentamente se alejaba de su persona – ¿Qué cambio?

Todo – contesto.

Yuuri – caminando tras los pasos de este – explícame.

No debemos ser amigos, no hay más que decir…

Claro que lo hay, dímelo.

Deteniéndose mientras apretaba con fuerza sus manos hasta volverlas puños.

No podemos… Tú eres el príncipe, alguien con una gran reputación, siendo observado las veinticuatro horas del día.… Si te llegasen a ver con alguien como yo…

¿Alguien como tú? – Frunciendo el ceño ante la extraña declaración –¿Qué hay de malo en eso?

Entiéndalo – murmuro para sí mismo – Tu eres el futuro rey y yo soy el en… – callándose en la última palabra – Soy un simple plebeyo que no tiene nada en la vida… Piensa en tu reputación.

Si mi reputación me importase seguiría las reglas de mi padre al pie de la letra.

Esto es diferente.

No, no lo es.

Víctor, por favor.

Lo siento, pero no puedo aceptar esa explicación como la razón del por qué quieres que no nos veamos – deteniéndose unos pasos tras Yuuri – sé que hay algo más.

Se abrazó así mismo mientras un dejo de culpa comenzaba a invadirlo.

"Tu padre destruyo mi familia y nos arrebató el reino" pensó a sabiendas que nunca podría decirle aquella dolorosa verdad.

Yuuri… Dímelo.

Se llevó sus manos hacia sus oídos para taparlos y no seguir escuchando el pedido del otro, negando con su cabeza en incontables ocasiones.

Yuuri.

Sin poder soportar la voz del otro se giró se forma brusca para confrontarlo pero, su pie se hundió en la arena por la fuerza del movimiento y su cuerpo amenazo con caer al suelo. Víctor se movió rápidamente para tomarlo del brazo pero, sin poder evitarlo ambos cayeron a la arena.

Un gemido de dolor provino de la garganta de Yuuri quien, al abrir los ojos se encontró a Víctor encima de su persona, logrando que un furioso color carmín se apoderara de sus mejillas.

¿Estas bien? – le escucho preguntar.

Yo…Víctor… Es que…

Sus miradas se encontraron por unos segundos, sus respiraciones se agitaban conforme los segundos pasaban. Yuuri no supo si era su imaginación o solo la mala percepción de su vista pero, podía notar como el rostro del otro comenzaba a abajar lentamente como si estuviese buscando el suyo. Pudo notar la cálida respiración del de ojos azules mezclándose con el suyo una vez lo tuvo a centímetros de su rostro.

Víctor – susurro.

Yuuri.

Sus pensamientos se nublaron por cuestión de segundos, su mente solo podía pensar en Víctor, su perfecto rostro, su respiración agitada y la cercanía de ambos. El tiempo se detuvo en ese instante, pensando que nada ni nadie podía romper aquel momento tan íntimo como el que estaban viviendo.

Pero, como si la naturaleza decidiera intervenir, una ola los golpeo con fuerza. Ambos estaban completamente mojados, comenzando a toser gracias a la poca agua que tragaron por el accidente previo.

No puedo creerlo – murmuro Yuuri.

Víctor fue el primero en levantarse, tendiéndole su mano para que el otro la tomara.

Gracias – usando la mano ajena para impulsarse y levantarse.

Definitivamente esto no le gustara a Noel – moviendo sus manos de un lado a otro, dejando que gotas de agua cayeran en diferentes direcciones.

¿Y ahora como le explico esto a mi hermana? – murmuro, imaginándose el regaño que recibiría nada más llegar a casa en ese estado.

Aquel posible escenario acompañado de la brisa helada de la tarde solo le hizo temblar, siendo observado todo el tiempo por Víctor.

Debemos cambiarnos o podemos enfermarnos – sugirió.

Yuuri asintió.

Si mal no recuerdo, hay una serie de hoteles cerca de aquí – tomando la mano del menor sin previo aviso – ¡Vamos Yuuri! – dijo alegremente.

¿He?– sorprendiéndose por el repentino arrebato – Espera…Víctor.

Sus palabras murieron al verse arrastrado por el otro.

– Y ahora estamos en este hotel – suspiro con cansancio.

Los recuerdos de cómo habían llegado al hotel pasaron de forma fugaz por su cabeza, el nerviosismo que lo inundo al estar frente a la recepción, la mirada de la empleada que le recorrió de pies a cabeza y el modo no tan sutil que tuvo al sonreír cuando Víctor le hablo y pidió amablemente una habitación así como el servicio de lavandería. La forma en como los guiaron a la mejor habitación del hotel solo le hizo reafirmarse nuevamente el como un status como lo era la corona, te abre las puertas en cualquier lugar.

"Después de todo… Él es el príncipe" agachando la cabeza ante aquella afirmación.

Al percatarse como el sonido del agua había desaparecido, levanto la vista hacia la puerta que conducía al baño de aquella enorme habitación. De ella emergió Víctor, vistiendo únicamente la bata brindada por el hotel mientras que con una toalla secaba su cabello.

Un tenue sonrojo apareció sobre sus mejillas al encontrarse con aquella imagen, desviando la mirada como si no tuviera permiso de verle en aquel estado.

– Definitivamente un baño de agua caliente es lo mejor para aliviar el frio – hablo Víctor, acercándose a paso lento hacia donde el azabache se encontraba.

Yuuri se mantuvo en su sitio sin moverse un solo centímetro, su cuerpo temblaba como si fuera una hoja al percibir como la presencia del hombre mayor se acercaba a su persona ¿Cómo no hacerlo cuando lo único que lo cubría era esa bata que solo hacía que su imaginación se disparaba? Definitivamente iba a morir de un paro cardiaco.

– No te importa que esperemos una hora mientras la lavandería tiene lista nuestra ropa ¿verdad? – sentándose a unos centímetros de Yuuri.

– … – No contesto solo negó con su cabeza.

Podía notar la intensa mirada de Víctor sobre de si, por lo que se encogió aún más por la pena.

– ¿Ahora si vas a decirme porque no quieres que seamos amigos? – pregunto de pronto.

– Ya te lo dije.

– No, lo único que me diste fueron excusas.

– Si tú no quieres creerme es tu problema – evitando regresar a ver el rostro del otro.

Víctor hizo una mueca de enfado al ver la poca cooperación que el más joven tenía en cuanto aquella conversación.

– Claro que es mi problema – moviéndose de su sitio para tomar por los hombros al azabache y hacer que le diera la cara – quiero saber que sucedió, ¿Por qué quieres que dejemos de vernos?

Yuuri emitió un pequeño quejido por la sorpresa y su corazón comenzó a palpitar con fuerza nuevamente.

– Yuuri.

– Ha… Yo – cerro con fuerza su boca así como sus ojos y aparto los brazos ajenos de sus hombros – ya te lo dije, seria mal visto que tú te relacionaras con alguien como yo, tú tienes una posición que debes cuidar ¿Por qué no lo entiendes?

– Sí que eres terco – apoyándose en la cama con ambos brazos extendidos hacia atrás, logrando con aquella posición que su bata se abriera ligeramente y dejara ver parte de su torso.

– Siento serlo – girando su cabeza hacia otra dirección – pero ese es el motivo.

Sabía que Víctor estaba molesto, la mueca en su cara se lo confirmaba pero no podía dar marcha atrás, no podía ser vulnerable ante sus emociones, debía ser firme, dejar las cosas como estaban, alejarse y continuar sus vidas como si nunca se hubiesen conocido.

Regreso a verle de reojo, contemplando con tristeza su rostro, pensando que esta sería la última vez que lo haría, recorriéndolo de arriba abajo, deteniéndose en la abertura de su bata, donde algo que se encontraba en ese lugar capto su atención.

Inconscientemente se giró y concentro su mirada en ese sitio, una enorme cicatriz se apreciaba justo en el esternón de Víctor, una que sabía perfectamente que no era de algún ataque cadente o rasguño común. Esta era gruesa y de un color un poco más oscuro que la piel clara de su pecho. Tenía una vaga idea del por qué podría tener una cicatriz de esa índole en ese lugar pero, no era posible ¿o sí?

No supo si lo hizo sin darse cuenta o la curiosidad que lo inundo fue el detonante del mismo pero, alargo su mano hasta que las yemas de sus dedos tocaron ligeramente la cicatriz. Solo cuando un pequeño gemido de sorpresa proveniente de la garganta de Víctor le hizo darse cuenta de lo que estaba haciendo y alejo su mano, como si este le hubiese quemado.

– Lo… Lo siento, no sé – trato de excusarse mientras la vergüenza lo inundaba. – Lo lamento, no quise… – disculpándose en varias ocasiones.

– No, no te preocupes – contesto con el rostro bañado en carmín.

– Lo siento Víctor, no debí es solo que… Soy muy curioso y no me di cuenta…

– No tienes que disculparte, es natural sentir curiosidad con algo como esto – llevando la palma de su mano hacia su pecho.

Yuuri se mordió el labio inferior, sabía que no debía presionar con el tema pero, la curiosidad que sentía fue más fuerte que su propia razón.

– Sé que no debería preguntar pero, ¿Tuviste una…?

– ¿Operación?

Yuuri asintió.

– Si – respirando profundamente – me operaron de emergencia, era eso o… Morir por la falla que había en mí.

"Entonces Víctor, estaba enfermo del corazón" pensó, confirmando lo que aquella cicatriz le había indicado.

– Bueno, eso sucede cuando naces con un mal del corazón ¿no? – giro su rostro mientras le dedicaba una sonrisa.

– ¿Sufriste mucho? – pregunto con tristeza.

– Un poco, aunque las medicinas ayudaban con eso – bajando su mano al igual que su mirada – hubo ocasiones en las que debía quedarme en cama por la fatiga pero, tuve una vida normal si esa es tu preocupación, incluso pude entrenar como cualquier guerrero pero… Mi padre limitaba esos entrenamientos, cuando mis maestros notaban que mi fatiga era demasiada concluían el mismo.

– Claro que lo hacía, no quería perder a su hijo.

– Supongo.

– Entonces, ¿te sometiste a la operación para ya no seguir con la enfermedad?

– Mmm… Algo así.

Frunció el ceño ante la respuesta, gesto que Víctor noto.

– Digamos que, hubo un incidente que provoco que mi corazón fallara por completo, me estaba muriendo – juntando ambas manos para apretarlas con fuerza – la única forma de salvarme era operándome.

– Darte un nuevo corazón – concluyo Yuuri.

– Así es, muchos decían que era imposible ya que, ¿Cuántas posibilidades hay que encuentres un nuevo corazón y sea compatible con alguien más?

– Sin estudios previos… Poco.

– Ese era el dictamen de los doctores pero, como si se tratara de un milagro, encontraron un nuevo corazón y me lo dieron.

– Lo importante es que estas aquí, sobreviviste.

– Lo hice – regresando a ver el rostro del azabache – Aun cuando ese signifique tener que ocultar tal hecho de los demás.

– ¿Qué? – Sorprendido por lo dicho – ¿Por qué tendrías que ocultarlo?

– Nadie sabe de esta cicatriz Yuuri – declaro con pesar – mi padre hizo todo lo que estaba a su alcance para que mi enfermedad y la operación nunca se hicieran públicas, según sus palabras la posición que teníamos era de gran importancia, si alguien se enteraba de los problemas que yo tenía, lo verían como una debilidad, mi futuro peligraría y nadie confiaría en alguien con ese problema para… – callando de pronto.

– Víctor – le llamo.

– Es horrible ¿no? – cambiando el tema de pronto.

– ¿Qué cosa?

– La cicatriz en mi pecho – tomando ambos lados de su bata con una de sus manos para ocultarla – es horrible.

El semblante que el rostro de Víctor dibujo hizo que un sentimiento de tristeza aflorara en su pecho.

– No lo es – aseguro – esa cicatriz es prueba de lo que has vivido, lo que te ha moldeado como persona –acercando su mano para dejarla sobre la que sostenía la bata – esta cicatriz demuestra lo valiente que has sido al enfrentarte una vida que te ha marcado… Debes sentirte orgulloso de llevarla y no dejar que la misma marque quien eres.

Ambas miradas se conectaron nuevamente, una sonrisa se dibujó en sus rostros. La mano de Víctor soltó la bata para tomar la del otro, de forma que la palma de la misma fuera llevada hacia su pecho, donde finalmente Yuuri pudo tocar con totalidad la superficie de la cicatriz, provocando que sus mejillas volvieran a sonrojarse por aquel contacto tan íntimo que mantenían.

– Víctor – susurro su nombre.

"Entronado"

Una extraña voz, un latido de corazón y la fugaz imagen de una mujer envuelta en la sombras le atravesó el pensamiento, haciendo que apartara de golpe su mano del pecho de Víctor.

– ¿Yuuri? – Pregunto al notar el extraño semblante del otro – ¿está todo bien?

–Este… Sí, es solo que – buscando algún tema que pudiese cambiar el ambiente.

– ¿Solo…?

– Solo que me di cuenta que… Nunca nos presentamos correctamente ¿no es así?

– ¿De qué hablas? Si nos presentamos.

– Si pero nunca dijimos nuestros apellidos ¿verdad? – presionando para cambiar el tema.

– Ahora que lo dices…

– Yuuri… Kaidou Yuuri – sonriéndole dulcemente – ¿y el tuyo?

– Víctor.

– ¿Qué más? – Pregunto nuevamente – "No es como si no supiera" pensó.

– No es de mi agrado el nombre que viene después de eso.

– ¿He?

– Si me fuera posible… Solo me gustaría ser Víctor.

– ¿Rechazarías el apellido de tu familia?

– Me gustaría poder hacerlo pero…

"Víctor no desea ser un Nikiforov" pensó para sus adentros.

– Es difícil cuando el apellido que portas es una pesada carga, tanto que no puedo dejarla de lado.

Yuuri lo contemplo y hablo nuevamente.

– Mientras sigas siendo tú, no importa que apellido tengas Víctor – susurro sin dejar de sonreír.

– Entonces… ¿Puedo ser solo Víctor cuando este contigo?

Yuuri se sorprendió ante la inusual pregunta, se suponía que debía acabar con aquello, terminar cualquier relación pero, aun cuando lo deseaba su corazón callo aquella molesta voz que le pedía alejarse y simplemente asintió.

– Gracias – haciendo con aquellas simples palabras que Yuuri se sonrojara nuevamente.

– De… De nada.

– Entonces… – Las palabras fueron interrumpidas por el sonido de su celular – Discúlpame – se excusó, alargando su mano hasta la mesita de noche para tomar su celular – Noel – murmuro mientras contemplaba la pantalla de su celular– regreso en un momento – contestando la llamada y alejándose de Yuuri.

Por su parte, Yuuri solo contemplaba como la silueta del mayor se apoyaba sobre el marco de la puerta que daba al balcón.

Desvió la mirada, llevando su mano derecha hacia su corazón, mientras la extraña imagen de aquella mujer aparecía en su mente.

"¿Quién era esa mujer?"

Fue la única pregunta que se formulaba en su mente.


– ¡En donde te metiste!

Fue la primera exclamación que dijo al escuchar como Víctor le tomaba la llamada.

– ¿Sabes en los problemas que me metiste? – Pregunto con inquietud –La reina Anora y tu prometida ya han preguntado en varias ocasiones por ti.

"Lo siento Noel, tuve un... Pequeño contratiempo"

– Define "Contratiempo"

"Pues... Me encontré con Yuuri y..."

– Ya, no digas nada más, ¿por qué no me sorprende que abandones todo cuando se trata de ese chico?

"Oh, vamos, No es como si lo hiciera siempre"

– Me reservo mis comentarios respecto a eso – girándose para mirar de reojo a la reina e Irina, quienes se encontraban platicando amenamente con el chef – Escucha, ¿en cuánto tiempo crees poder salir de ese "inconveniente"?

"Una hora, quizás menos"

– Por la hora, calculo que en veinte minutos saldremos del restaurant, lo mejor es que regreses al castillo ya veré que excusa invento por tu partida"

"¡Eres el mejor!"

– Cuando te conviene lo soy.

"Que malo eres"

– Nos vemos en el castillo.

"Ok"

Apago la pantalla del celular una vez finalizo la llamada, guardándole entre su ropa. Lanzo un largo suspiro y se dispuso a volver a lado de los demás, encontrándose con la inquietante mirada del príncipe Yuri.

– ¿Sucede algo príncipe?

No hubo respuesta por parte del menor quien continúo observándole de aquella forma.

– ¿Príncipe Yuri?

– Noel – le llamo por su nombre – Deberías dejar de encubrir al viejo, un día no vas a poder hacerlo y te meterás en problemas.

No pudo encontrar palabras para poder rebatir lo dicho por el menor, solo guardo silencio mientras observaba como el príncipe se alejaba.


Dejo la taza de café sobre la pequeña mesita de la sala, sentándose en el sillón den enfrente.

– Puedo notar la preocupación en tu rostro Mary, ¿qué sucede? – la voz de Adalberto hizo que apretara con fuerza la tela de su ropa.

– Es por Yuuri.

– Entiendo – bajando los documentos que estaba revisando.

– Ya pasaron varios días y sigue con lo mismo, ¿no crees que nos precipitamos con todo esto?

– Yuuri ya no es un niño, debe comenzar a pensar en el futuro… El de todos – hundiéndose en el sofá – es el rey, el legítimo rey de nueva Hasetsu y su obligación es recuperar el trono.

Mary asintió.

Adalberto noto la aun preocupación en su rostro, se levantó de su lugar y camino hacia donde está la más joven.

– Escucha, dentro de pocos días se realizara la reunión, todos estarán presentes ahí, Yuuri podrá apreciar cuantas personas están apoyándolo y sabrá de nuestros planes, estoy seguro que al enterarse de todo eso, cambiara de opinión.

– Eso espero porque – bajo la mirada – a veces siento que soy demasiado dura con él.

– No lo eres, solo te preocupas por su bienestar.

– No quiero que me odie Adalberto.

– Yuuri jamás sentiría eso, él te ama, eres su hermana después de todo.

– La sangre no significa amor…

– En este caso sí, lo has cuidado desde que era pequeño, abandonaste cualquier sueño personal por mantenerlo a salvo… Sin ti, el no estaría aquí.

– Tampoco sin ti – hizo que Adalberto sonriera – ¿Crees que mis padres estaría de acuerdo en todo esto?

– No podemos saberlo, solo nos queda seguir adelante y… Esperar.


Llevo la copa hacia sus labios, sorbiendo un pequeño trago de su bebida, saboreando el burbujeante liquido mientras observaba con satisfacción como aquel ser, era torturado con descargas eléctricas, manchando el inmaculado piso de su oscura sangre mientras sus gritos resonaban por todo el lugar.

– ¿En cuánto tiempo creen que estará listo para que pueda usarlo? – pregunto el rey, tomando otro sorbo a su bebida.

– Es difícil decirlo su majestad, debo aclarar que estamos sorprendidos que aun con la mutación siga estando consiente – contesto Nathalie.

– Es aún más sorprendente que su voluntad no haya flaqueado y siga negándose a seguir nuestras órdenes – agrego Alain.

El rey sonrió.

– Era un resultado esperado, mi estimado Alain – aseguro el rey sin apartar la vista de la criatura – si recordamos quien fue antes de someterlo a los experimentos... Es natural que siga revelándose – dejando su copa sobre el escritorio.

– ¿Necesita algo más de nuestra parte su majestad? – pregunto Nathalie.

– Por el momento es todo.

– Entonces, nos retiramos – Dijo Alain tomando su carpeta del escritorio – debemos seguir monitoreando las ondas cerebrales del experimento quizás, con suerte, logremos manipularlo si encontramos el patrón adecuado.

– Estaré esperando nuevos resultados.

– Los tendrá.

Con una pequeña reverencia ambos científicos se retiraron de la oficina, dejando solo al rey Demian.

Camino unos cuantos pasos hasta queda a solo unos centímetros de la pared de cristal, observando con detenimiento a la oscura criatura. Sonriendo abiertamente cuando esta, alzo el rostro, le observo y emitió un sonido parecido a un fuerte gruñido.

– Quien lo diría, después de tantos años esperando y ahora te tengo en mis manos – alzando su mano, como si con ello, pudiese tener a la criatura sobre la palma de la misma – Pronto no serás más que un títere cuyos hilos serán movidos por mi mano.

Soltó una débil risa la cual fue cayada por el estridente sonido del celular, encendió la pantalla y procedió a contestar.

– Espero que sean buenas noticias Ardyn.

"Lo son, su majestad"

– Te escucho.

"Lo tenemos mi señor"

– Excelente.

Y una enorme sonrisa floreció en su rostro.


El sol ya se había metido cuando finalmente salieron del hotel, la luna lentamente se dejaba ver en el horizonte y las nubes tapaban por completo el cielo, impidiendo ver las miles de estrellas que adornaban su manto. Su respiración se dejaba ver en pequeñas nubes cada que exhalaba, dejando en claro el frio que lentamente se estaba colando por sus huesos.

El sonido de unos pasos tras de sí, le hizo girarse levemente y observar como Víctor caminaba hacia su persona.

– Me hubieses dejado pagar mi parte – comento Yuuri.

– No te preocupes por eso, además no es como si me hubiesen cobrado – riendo ligeramente.

La sorpresa en su rostro por el comentario hecho no se hizo esperar pero, dicho gesto se esfumo segundos después.

"Lógico, es el príncipe"

– ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

– No… No, así está bien – se apresuró a contestar.

– ¿Seguro? Ya ha anochecido y no creo que sea conveniente que andes solo por las calles.

– Estaré bien, se cuidarme solo.

El semblante preocupado de Victor hizo que su corazón se oprimiera por la tensión del momento.

– En serio, estaré bien, nada va a pasarme – volvió a decir esperando tranquilizar al mayor.

Victor lo observo unos segundos y soltó un suspiro.

– De acuerdo, ¿me llamaras si algo pasa?

Yuuri asintió con un débil movimiento de su cabeza.

– Muy bien – dedicándole una suave sonrisa – Nos vemos.

– Si, nos vemos.

Sus miradas se conectaron por unos segundos antes de que Victor desviara la mirada, diera la media vuelta y comenzara a alejarse.

"¿Cómo fue que todo termino de este modo?" bajando la mirada mientras hacia el recuento de lo acontecido a lado de Víctor "Se suponía que debía terminar con todo esto y solo lo alenté a seguir viéndonos… Soy un desastre"

Levanto su vista y noto como Victor regresaba sobre sus pasos, hasta quedar nuevamente frente a su persona.

– ¿Sucedió algo? – Pregunto inquieto al notar el semblante algo serio del mayor – ¿Victor?

– No, no es nada grave solo, olvide hacer algo.

– ¿El qué?

– Esto.

Sus mejillas se tiñeron de un furioso color carmín cuando sintió sobre la derecha, los labios de Victor.

– Vic… Victor – dijo tocando la mejilla donde Victor había depositado aquel suave beso.

– Ahora estamos a mano – guiñándole un ojo.

La sonrisa de Victor fue lo último que vio antes de que este diera nuevamente la media vuelta y empezara a correr hacia la dirección que había tomado antes, perdiéndose de la vista del azabache segundos después.

– Un día vas a matarme de la impresión – dijo sin que nadie pudiera escucharlo.

El sonido de su celular capto su atención, lo saco de entre su ropa, prendió la pantalla y su semblante cambio por completo.

"Te espero donde siempre"

Apago la pantalla y comenzó a caminar.


Los ojos de Noel lo observaban con reproche, sus brazos se encontraban cruzados sobre a la altura de su pecho mientras tenia inclinada su cabeza ligeramente hacia el lado derecho. Ante aquella la visión del notorio enfado de su mejor amigo solo pudo sonreír.

– No encuentro nada gracioso como para que te rías – hablo sin disfrazar el tono de enfado en su voz.

– Tu cara es algo graciosa cuando te molestas.

– ¿Crees que es una broma? – Pregunto tratando de no levantar la voz ni llamar la atención de los demás – Tuve que encubrirte toda la tarde, me preguntaron mil veces por ti, incluso temí enredarme con las mentiras que dije y equivocarme.

– Oh, vamos Noel, no es para tanto.

– ¿No es para tanto? –Pregunto con indignación – para ti siempre es un juego.

– Sabes que no es así – buscando la manera de calmar la dirección hacia donde se dirigía la conversación – es solo que… Yuuri…

– No te has dado cuenta que desde que ese chico apareció, ¿tu dejas todo por ir corriendo a vele?

Víctor guardo silencio.

– Su sola presencia te está causando problemas.

– No es así, el no…

– Claro que si – pasando una de sus manos por su cabello en señal de frustración – sé que te tiene fascinado, que quizás sea una persona maravillosa y que incluso sientes cosas por él.

– Yo no tengo…

– No me importa si tienes o no sentimientos por el Victor y no es el apunto a donde quiero llegar – aclaro – me importa que tanto te afecte a ti su presencia.

– Noel.

– Por una vez en tu vida escúchame – llevando sus manos a los hombros del príncipe – debes pensar seriamente las cosas… Tienes una prometida con la que pronto te casaras, tienes un futuro en donde tendrás que gobernar y tomar decisiones que quizás no sean de tu agrado, miles de personas dependerán de ti y un solo error que cometas en estos tiempos te puede costar todo lo que tienes en tus manos.

Sus miradas se conectaron por unos segundos y ninguno de los dos hizo movimiento de apartarla.

– Debes ponerte a pensar que es lo que quieres, ese futuro en el cual podrías hacer grandes cambios, tener una familia a la cual cuidar o… Perderlo todo por alguien que ni siquiera conoces del todo y cuyo futuro es incierto.

– Noel, creo que estas malinterpretando todo yo no busco…

– Es tu decisión Víctor pero me temo que mi deber es decirte lo que no quieres escuchar… Ese chico no tiene cabida en tu destino o solo sufrimiento es lo que habrá en tu vida por su culpa – lanzando un largo suspiro – además…

– ¿Además?

– No sé cuánto tiempo más puedo cubrirte las espaldas.

– ¿Qué quieres decir con eso?

– Sabes tan bien como yo que no hay nada en este reino que se mantenga oculto ante los ojos y oídos del rey.

Víctor trago con fuerza. Si algo era de conocimiento público era la condena que recibían aquellos a los que el rey encontraba como traidores al reino, si su padre se enteraba de sus escapadas y que Noel era quien lo cubría, sabía cuál sería el destino de la persona a quien consideraba su mejor amigo.

– Si tu padre lo descubre y que yo lo sabía…

– Eso no sucederá – dijo con firmeza, aun cuando no podía asegurarlo del todo.

– Entonces, no hagas cosas que podrían afectarnos a ambos… Todo depende de ti.

Noel le dedico una triste sonrisa, bajo sus manos de los hombros del otro, dio la media vuelta y comenzó a alejarse.

– Deberías ir a tus aposentos y darte un baño – dijo al detenerse unos pasos más adelante – la reina e Irina te estarán esperando para la cena.

Asintió a la sugerencia y observo a su mejor amigo alejarse mientras su cabeza era un caos de pensamientos, donde el protagonista era Yuuri y lo que debía hacer para su futuro.


La brisa movía ligeramente sus cabellos, su mirada se encontraba perdida en el horizonte, mientras que las pocas estrellas que se encontraban en el cielo brillaban tenuemente. Dejo escapar un suspiro mientras se frotaba ambas manos tratando de recuperar un poco del calor perdido.

– Pensé que el gran Shade me privaría de su presencia.

Se dio la media vuelta al escuchar una voz familiar tras él.

– Hola Chris.

El joven contrabandista se encontraba apoyado sobre el marco de la puerta del lugar, observándolo fijamente mientras dibujaba una sonrisa en su rostro.

– Dijiste que era urgente y que precisabas el verme – avanzando unos cuantos pasos hacia el contrabandista.

– Créeme, lo que tengo que mostrarte vale la pena – irguiéndose nuevamente para avanzar y quedar frente al joven ladrón – mis hombres obtuvieron cierta información que quizás te sea útil.

Guardo silencio y dejo que Chris continuara.

– Desde hace unas semanas la guarda real ha estado teniendo ciertas tareas nocturnas – continuo, caminando hacia el pasamanos del edificio.

– ¿Tareas Nocturnas? – Pregunto – Eso no es posible, es bien sabido que la guarda real tiene prohibido salir del reino, solo la guarda nocturna está autorizada para ello – enarcando una ceja por lo extraño de aquel comentario.

– Exactamente – metiendo su mano dentro de su ropa, de donde saco un pequeño sobre color blanco y se lo extendió.

– ¿Qué es esto? – tomando el sobre.

– Contiene fotos – contesto – mis hombres hicieron lo posible para poder infiltrarse y traerme la información.

Comenzó a revisar las fotos que Chris le había entregado, en ellas podía apreciar un lugar árido, sin vegetación alguna, a los lejos se observaba el mar, lleno de rocas y cueva, enormes maquinas hechas para escavar, faros para iluminar el lugar y, tal como había dicho su compañero, la guarda real estaba en las fotos, en compañía de otros hombres que supuso eran quienes manejaban la maquinaria pesada.

– ¿Dónde sacaron estas fotos?

– Cerca de las costas de Kilika.

– ¿Sabes que es lo que los guardas están buscando?

– No lo sabemos pero debe ser algo importante como para que el rey los enviara pero, lo más extraño son las últimas dos fotos.

Yuuri enarco una ceja y comenzó a cambiar de foto hasta que localizo las que buscaba.

– ¿Qué es?

– No lo sé, pero los guardas lo están resguardando como si fuera algo de mucha importancia.

Las ultimas fotos contenían algo que nunca había visto, un enorme ataúd cubierto de cristal que parecía iluminar tenuemente el lugar donde se encontraba, estaba sujeto por fuertes cadenas que lo mantenían fijo sobre el suelo. Yuuri contemplo la foto con detenimiento y, solo cuando presto mejor atención pudo notar algo en el centro de la misma.

– Parece, la silueta de una mujer.

– Mis hombres dijeron que parecía que dentro de ese ataúd estaba el cuerpo de alguien pero, no están seguros si era un mujer, hombre o que realmente fuera humano.

– ¿Por qué los guardas estarían resguardando un ataúd?

– No sabría decirte, pero sea lo que ese ataúd represente, debe ser de gran importancia para el rey y, juzgando por los faros que evitan que los cadentes entren a es gruta…

– Debe ser algo que rey no debería tener en sus manos – agrego regresando a ver el rostro de Chris.

– Exactamente – guiñándole un ojo.

Yuuri contemplo nuevamente las fotos, tomando una rápida decisión respecto al problema que tenía entre las manos.

– Tengo que ir.

– ¿Estás seguro?

– ¿Por qué no lo estaría?

– Ese lugar está lleno de guardias, sin olvidarnos que estará el doble de resguardado que la zona de detenciones.

– Parece que ya te enteraste – metiendo las fotos nuevamente en el sobre.

– Todo el reino lo sabe, no es un secreto – contesto – regresando al tema, ese lugar es muy peligroso, incluso para ti.

– Si esto representa un peligro para el reino, para todos, el rey no debe tenerlo – dijo sin vacilación – debo detener lo que sea que esté planeando hacer con eso – regresándole el sobre.

– Dudo poder persuadirte ¿cierto?

– Estas en lo correcto – sonriéndole ligeramente – ahora debo encontrar la forma de llegar hasta ese lugar antes de que termine la noche.

– Estas de suerte – metiendo el sobre dentro de su ropa – hay un camión blindado que saldrá dentro de veinte minutos y se dirige hacia ese lugar.

– ¿Cómo…?

– Conociéndote, sabía que tomarías la decisión de ir – inclinando ligeramente su cabeza – tengo un hombre dentro de la guarda y, por el precio indicado te ayudara a entrar en el camión sin que nadie te vea pero, deberás salir del mismo nada más llegar o, tendrás que vértelas con la guarda que protege el lugar – sacando su celular para mostrárselo – ¿qué dices?

Los ojos de Yuuri observaron el celular durante unos segundos antes de contestar.

– ¿Cuál es el precio?

– $30,000 Mil guiles.

Los ojos de Yuuri se abrieron a su máxima expresión al escuchar la cifra.

– ¿Estas de broma?

– Nunca bromeo con eso y lo sabes.

– ¿De dónde crees que voy a tomar esa cantidad? – frunció el ceño.

– No me mires así, yo solo te estoy dando el precio no intervengo de algún modo en ello – dando la media vuelta y metiendo el celular dentro de su ropa – supongo que podemos esperar hasta que la guarda traiga ese extraño ataúd a la ciudadela, aunque, quizás lo lleven a nueva crisis si eso sucede, no habrá modo que tengas acceso a él.

Se mordió el labio inferior, sabía perfectamente que Chris estaba en lo cierto, si aquel ataúd cruzaba la frontera entre ambos reinos nunca más tendría oportunidad de llegar a él.

– Espera… – logrando que Chris se detuviera – Quizás, tenga algo que pueda interesarle más que los guiles que solicita.

Chris se giró y dibujo una amplia sonrisa en su rostro.

– Te escucho.

– ¿Que le parecería tener un trozo de Adamantita?

La sonrisa de Chris se borró al escuchar mencionar aquel extraño mineral, todo mundo sabía que la Adamantita era un valioso y codiciado botín, usado para potenciar todo tipo de armas, que se obtenía del caparazón de los Adamantoise –el cual era más duro que el propio Grafeno– una criatura de cinco metros, parecidos a las tortugas, con un pasado incierto ya que nadie sabía cómo nacieron o donde provenían y que habitaba en una pequeña isla cerca de_, pacíficos por naturaleza pero que, si se sentían amenazadas… Era mejor no estar cerca o podrías ser aplastado por ellos.

– ¿De dónde sacaste ese mineral? Muchos no se atreven a acercarse a los Adamantoise por los peligrosos que pueden llegar a ser.

– Se lo quite a los guardas – antes de que Chris se imaginara cosas que no eran.

Y era verdad, semanas atrás los Adamantoise se habían salido de su isla gracias a que parte del océano que los rodeaba se había congelado, por lo que, una vez estos estuvieron en tierra la guarda los había interceptado. Lograron regresarlos a su isla pero muchos integrantes de la misma habían salido heridos.

Sobra decir que aprovecho el momento, robo parte del botín y Ardyn estuvo de mal genio durante los días siguientes, como si eso no fuera algo cotidiano.

– Entonces, ¿qué dices? – Pregunto con cuidado – ¿Crees que acepte?

Chris volvió a sonreír.

– Creo que tenemos un trato.


Sus pies emitieron un sonido hueco al caer de pie sobre aquel árido terreno, se mantuvo oculto detrás de unas enormes rocas mientras observaba a los guardas hacer sus rondas por aquel perímetro.

No tenía ninguna intención de confrontarlos, había tenido que pagar un precio demasiado alto para llegar como para que a la primera lo capturaran y todo se fuera por la borda. Había tenido que entregar parte de la Adamantita que guardaba en casa y que tenía justamente por casos de extrema necesidad.

Se mantuvo en su sitio, analizando cada movimiento hecho por la guarda, ubico los faros, los posibles escondites en caso de tener que esconderse si lo descubrían, conto el número de personas y guardas… Y solo comenzó a moverse cuando supo que podría escabullirse sin que ellos lo notaran.

Se movió sigilosamente entre las tenues sombras que los faros creaban cuando alumbraban los sitios más despejados. Se mantuvo pegado a las enormes rocas que rodaban el lugar hasta llegar justo a la entrada de la gruta donde estaba aquel extraño ataúd. Entro en la misma sin emitir sonido alguno, usando el lux cuando escuchaba voces a lo lejos y quedar pegado al techo rocoso del lugar, evitando a cuanto guarda se encontraba por el camino.

Camino alrededor de quince minutos hasta que diviso una tenue luz a lo lejos, apresuro el paso y logro ver la salida de la misma, teniendo que ocultarse detrás de unas rocas cuando escucho las voces de dos guardas que vigilaban el lugar.

– No entiendo por qué nos ponen a vigilar ese ataúd, no es como si la persona dentro se fuera a salir – dijo emitiendo una ligera risa.

– Ya sabes, Ardyn siempre nos da órdenes extrañas y no podemos negarnos o nos va mal.

– Deberíamos estar vigilando el palacio no el cuerpo de una muerta, ¿Quién querría robarse eso?

– Ordenes son ordenes – insistió su compañero – por muy raras que parezcan.

El guarda solo chasqueo la lengua ante la ridícula situación en la que estaban.

– Voy a ir por unas bebidas, ¿quieres algo?

– Solo tráeme agua, este lugar es demasiado caluroso para mi gusto.

El guarda comenzó a alejarse de su compañero hasta que finalmente se perdió de la vista de Yuuri, mientras su compañero se giraba y se quedaba observando con frustración el ataúd de cristal

– Debí reportarme enfermo.

Yuuri salió de su escondite y camino de forma silenciosa hacia el guarda, colocándose tras el sin que este se diera cuenta. Levanto su mano derecha y, golpeo con fuerza la zona del cuello con una mano de cuchillo y el guarda cayó al suelo sin conciencia alguna.

Sabía que solo tenía menos de media hora, tiempo en el que el otro guarda iría y vendría de la salida del lugar por lo que, camino hacia el ataúd y se detuvo una vez estuvo a pocos centímetros del mismo.

La base del mismo era de un extraño material que desconocía, era suave y liso al tacto, tenía extraños escritos cuyo significado eran imposibles descifrar para su persona, en la parte de enfrente tenia dibujos de lo que imagino, eran criaturas femeninas con pequeñas alas, por lo que pensó que se trataba de las míticas hadas que aparecían en los cuentos infantiles del reino. El cristal que se encontraba encima de la base emitía colores azules y morados además de una extraña aura que no podía identificar.

– Si era una mujer – susurro cuando sus ojos se posaron sobre el cuerpo femenino que resguardaba el ataúd – ¿Por qué el rey Demian ordenaría que encadenaran el ataúd de esta mujer? – Se preguntó sin dejar de ver el rostro de la misma.

La joven mujer dentro del ataúd no podía tener más de veinte años, su piel era pálida pero se podía apreciar que no tenía arrugas en la misma, sus pestañas eran largas y de un negro profundo, sus labios tenían un suave color carmín. Su cabeza era adornada por una extraña corona de plata que contenía un hermoso diamante en el centro y pequeñas piedras preciosas a los lados. Vestía un largo y hermoso vestido color negro el cual, se perdía entre los pliegues de su inmensa melena oscura, que llegaba hasta sus pies, los cuales estaban desprovistos de calzado.

Quien fuera aquella bella mujer, había sido sepultada en aquel ataúd como si este solo hubiese sido hecho como un objeto más que resaltaba la belleza que irradiaba aun en el lecho de la muerte misma.

– ¿Quién eres? – se volvió a preguntar, tratando de encontrar sentido a las acciones del rey para con la mujer dentro del ataúd.

No sabía con exactitud por que la mujer que observaba le traía sentimientos y emociones que nunca había sentido, era como si la conociera de algún lado pero, estaba seguro que no era así, aquella era la primera vez que la veía, entonces… ¿Por qué?

Alargo su mano para tocar el cristal, como si con eso pudiese tocar el rostro de aquella desconocida mujer.

– ¿Qué hiciste como para que el rey tenga interés en ti?

Miles de preguntas pasaron por su mente, las cuales se vieron interrumpidas cuando la palma de su mano que tocaba el cristal comenzó a iluminarse, mezclando su poder con el aura de aquel cristal.

– ¿Pero qué…?

Trato de retirar su mano de aquella superficie pero, aun cuando trataba de hacerlo su mano se mantenía firmemente pegada al cristal. La luz en su palma comenzó a crecer, hasta que ilumino todo el lugar y lo cegó por completo, logrando que emitiera un gemido por el dolor que la luz había logrado al golpearle de frente en la cara.

Cuando sus ojos se abrieron el escenario que contemplaba era muy diferente al de aquella gruta. El ataúd ya no estaba frente suyo, ni siquiera sabía con exactitud donde estaba. Desde el cielo caían truenos y centellas, el mar que estaba a pocos metros de su persona, rugía y lanzaba olas enormes que rompían con fuerza en la orilla y el suelo bajo sus plantas temblaba cada cierto tiempo. Se giró sobre sus pies y lo que vio, hizo que su corazón diera un brinco por la impresión.

¿Eos?

A los lejos, el globo que se suponía que era su mundo, se encontraba en el cielo, como si fuera una estrella más en el firmamento de aquel extraño lugar en el que se encontraba.

Pero… ¿Por qué? ¿Dónde se supone que…?

"Sea cual sea tu propósito… Es mejor que te alejes del cristal"

Se giró de pronto al escuchar aquel grito que una voz femenina había soltado de golpe. Sus ojos divisaron una enorme ciudad en penumbras, la única luz provenía del edificio más alto que esta poseía, en la cima un enorme reloj podía apreciarse, siendo envuelto por unas construcciones en forma de espirales que se cruzaban entre sí.

"No tienes el poder para detenerme… No mientras los lazos mortales te aten"

Una segunda voz se hizo presente, era grave y profunda, sin duda se trataba de un hombre pero, por el tono de voz de ambos, podía intuir que se encontraban en una calurosa discusión.

Con la firme intención de correr hacia el lugar de donde provenían ambas voces dio un paso adelante y, sin darle tiempo a sorprenderse, se encontraba flotando por encima de la ciudad, de donde podía observar a los dos seres a los que pertenecían aquellas voces.

No podía ver sus rostros puesto que eran empañados por una extraña luz, solo podía ve sus siluetas.

La mujer era de piel pálida, su vestido era largo con una abertura sobre su pierna derecha mientras que el escote del mismo contenía pequeños brillantes, sus manos tenían hermosas pulseras de oro y su cabello era de un hermoso color plata que llegaba hasta el suelo.

"Mi naturaleza y mi apego para con los humanos no es un tema que deba importarte… Solo aléjate del cristal y abandona esos oscuros pensamientos"

Hablo la mujer mientras mantenía su distancia, como si buscara la forma de calmar la evidente furia que el otro guardaba.

"¿Oscuros pensamientos?"

El hombre comenzó a reír.

Era por mucho, más alto que la mujer que estaba frente a él, tenía una piel clara como la mayoría de los humanos, su cabello era de un café oscuro de donde sobresalían seis enormes cuernos cuyas medidas oscilaban entre los 30 a 50 centímetros de largo, su brazo derecho e izquierdo tenían cuatro par de aros, dos donde empezaban y dos donde terminaban la muñecas mientras que, su pie derecho tenía un aro más grande donde iniciaba su pie y, al igual que con la mujer, su rostro era imposible de ver.

"¿Qué hay de oscuro en querer erradicar a las alimañas que han poblado aquello que creamos?"

"¿Creamos?" Dijo la mujer con incredulidad" tu solo buscas la destrucción, los demás usaron todo su poder para restablecer el equilibrio que se perdió por tu necedad de no aceptar el libre albedrio… Por eso..."

"Aquello que tu llamas necesidad yo le llamo realidad, yo solo veo a esos seres insignificantes como lo que son, objetos obsoletos que nunca debieron nacer de nuevo"

"¿Ya olvidaste quien inicio todo?"

"Yo solo impartí justicia y ustedes solo me…"

"¡Eso no era justicia!… Lo que provocaste solo causo pena y destrucción" la mujer respiro profundamente y dio un par de pasos al frente "Solo aléjate del cristal y regresa a tu morada"

"¿Morada? ¿Por qué no le llamas por lo que es?... una Prisión"

"Aléjate del cristal" volvió a pedir, esta vez con más precaución de la inicial.

Los ojos de Yuuri contemplaban aquella extra discusión hasta que, en un acto de curiosidad dejo que sus ojos se posaran en el enorme cristal azul que se encontraba tras aquel hombre.

Ese cristal… Se me hace familiar – susurro sin poder apartarla vista del mismo.

El enorme hombre solo comenzó a reír y alargo su mano, dejándola suspendida en el aire, a pocos milímetros de tocar el cristal.

"Tanto poder" susurro "Vida y Muerte, Condena o Resurrección…"

"No lo hagas" el rostro de la mujer demostraba el pánico que comenzaba a crecer dentro suyo.

"Por qué deberíamos darles ese lujo" hablo con una voz ronca y tétrica.

"¡No te atrevas!"

El hombre tomo el cristal con su enrome mano, haciendo que este comenzara a gritarse por la fuerza que este ejercía sobre el mismo, la luz que este irradiaba lentamente comenzaba a escaparse hasta que el azul que lo caracterizaba paso a ser completamente negro y, tras unos segundos, el sonido del cristal rompiéndose empezados fue lo que resonó por todo el lugar.

"¡¿Qué has hecho?!"

El sonido de unas campanadas comenzó a resonar por todo el lugar, Enormes vientos acompañados por una extra y oscura neblina envolvían rápidamente todo a su paso, pequeños haces de luz aparecían y desaparecían en la misma.

Con esfuerzo lograba mantener abiertos los ojos ya que los fuertes vientos le impedían hacerlo.

"El balance… "dijo la mujer, cayendo de rodillas al suelo.

"Es hora de que paguen todos los pecados que han cometido"

"Ellos no tienen la culpa"

"Que limpien su oscuro pasado no los hace menos pecadores" dijo mientras su vista se posaba en algún punto en el cielo "es momento de que paguen"

Elevo sus manos y la neblina comenzó a acumularse en el cielo, hasta que formo una enorme masa circular que emitía truenos y centellas desde su interior.

"¿No pensaras en…?"

"Sin luz no hay oscuridad… Y el caos es parte de la vida… No... E…"

"¡NO!"

La mujer se levantó de golpe y corrió para detenerle.

El hombre hizo su brazo hacia atrás, como si estuviese tomando impulso y lo movió hacia adelante.

La enorme masa oscura se precipito hacia algún punto en el cielo.

Lo último que escucho fue el grito de la mujer antes de que un destello de luz lo golpeara de pronto.

Sus ojos se abrieron de golpe.

Su frente estaba empañada en sudor, respiraba con dificultad, su vista se encontraba perdida en el suelo mientras tenía su mano derecha a la altura de su corazón, sintiendo como su corazón latía a un ritmo acelerado por la fuerte impresión que aquella extraña visión le había procurado.

– ¿Qué fue eso? ¿Quiénes eran ellos? – Se preguntó, recordando fugazmente aquellos extraños sucesos – ¿Qué lugar era ese?

Respiro de forma profunda hasta tranquilizar el ritmo de su corazón. Levanto su vista hacia el cristal y lo que vio lo dejo helado.

– ¿Qué?

La mujer tenía los ojos abiertos, contemplándolo fijamente, alzando su mano para tocar el cristal que la mantenía encerrada, lo que provoco que Yuuri retrocediera un par de pasos.

– No es posible – dijo sin apartar la vista.

Los ojos grises de aquella misteriosa mujer lo seguían observando hasta que los aparto sin previo aviso, apoyo ambas manos sobre el cristal e hizo el ademan de romperlo o al menos eso fue lo que pensó al verla golpearlo. No pasó mucho antes de que la misma comenzara a enfurecerse y golpease con más fuerza el ataúd y, al no lograrlo abrió su boca de donde emitió un fuerte grito que resonó en todo el lugar.

Yuuri tuvo que llevarse las manos a sus oídos para mitigar parte del sonido que comenzaba a lastimarle los tímpanos. Los faros que iluminaban el lugar uno a uno comenzaron a explotar, hasta que solo quedo uno que iluminaba débilmente la gruta.

Una vez el sonido desapareció, Yuuri levanto la vista y contemplo como la mujer nuevamente caía se encontraba dormida, manteniendo el mismo semblante sereno que había tenido antes de despertar.

– ¿Que se supone que es esa cosa? – tragando con fuerza y dando un paso al frente.

Camino un poco con la intención de volver a estar frente al ataúd pero, su trayecto fue interrumpido cuando, varios círculos obscuros comenzaron a aparecer en el suelo y las paredes.

– No puede ser…

El sonido de varias criaturas emergiendo de su interior comenzaron a ponerle la piel de gallina, sus ojos contemplaban con horror como diferentes bestias se hacían presentes, observándolo con aquellos ojos furiosos, emitiendo fuertes sonidos parecidos a rugidos. Garras, colmillos, empuñando enormes espadas llameantes apuntando hacia su persona.

– Maldición.

Sus dagas aparecieron en ambas manos, mientras el suelo bajo sus pies comenzaba a congelarse.

Era el peor escenario que hubiese imaginado para aquella noche.

Estaba rodeado de Cadentes.

つづく/ Continuara...


Y hasta aquí termina el capítulo de hoy, fue algo ligero más informativo que drama.

Ahora sé que quizás no se lo pregunten pero, la razón del por qué Victor no se sorprende porque Yuuri sabe que es el príncipe es porque, él ya está muy acostumbrado a que todo mundo lo sepa, sale en todas las noticias así que no pensó que era un secreto Xd

Estamos a dos capítulos de que algo muy malo le suceda a Yuuri T_T pero sé que lo superara.

Agradezco a las pocas personas que leen esto y me siguen apoyando, sin ustedes no podría avanzar.

Nos vemos en la próxima actualización.

¡Saludos!