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– Capitulo XIV –
ブリザード
Ventisca
El recuerdo es vecino del remordimiento.- Victor Hugo
Jamás imagino que la situación presente podría empeorar. Con los cadentes tras él, las heridas recordándole el dolor de la batalla y antes sus ojos una caótica escena de sangre, fuego y sufrimiento, acompañado de una oscura noche sin estrellas que alimentaba la desesperanza.
Los faros que estaban alrededor del lugar habían sido destrozados, los cristales de los mismos cubrían el suelo, indicando que aquel grito no solo había inutilizado los de la gruta. El fuego se esparcía por el páramo gracias a los viales arrojados por los soldados, quienes trataban de detener a los cadentes que deambulaban por el lugar, espadas y garras, gritos y rugidos chocaban frenéticamente.
A pesar de lo visto, no podía evitar preguntarse por la extraña mujer dentro de aquel antiguo ataúd y el como había logrado toda aquella situación.
Todo pensamiento suyo fue interrumpido cuando la enorme espada de un Volfragante atajo a los soldados que lo confrontaban. Yuuri observo como este al captar su presencia se precipitó hacia su lugar, esquivando a duras penas el ataque de su espada que, a pesar del leve roce, logro incendiar su vestimenta. El enorme cadente emitió un fuerte rugido, haciendo que por la fuerza del mismo Yuuri se desplazara varios metros hacia atrás.
Tras el repentino aturdimiento, tomo una de sus dagas y la lanzo al aire, golpeando con fuerza al cadente con la daga al aparecer frente a él pero, este no se inmuto ante el ataque y con una de sus enormes manos golpeo a Yuuri, lanzándole con fuerza contra unas rocas.
Con dificultad se levantó tras aquel golpe solo para ser recibido por la espada del capitán Ardyn, bloqueando el mismo con una de sus dagas.
- Como no pensé en que tú eres el causante de todo esto – acuso mientras trataba de derribarlo.
- ¿Crees que yo lo cause? – pregunto sin dejar de ver el rostro ajeno.
- Solo tu posees esa oscura Magia, ¿Quién aparte de ti, podría hacer esto?
Ambos forcejaban por derribar al contrario y entre el mismo no fueron conscientes que el Volfragante se aproximaba a ellos, solo cuando la sombra de la enorme espada estuvo a pocos metros de sus cabezas fue que ambos saltaron hacia atrás dejando que la misma a travesara la enorme roca frente suyo, quedando esta partida en dos ante la atónita mirada de los dos.
Ignorando al capitán, el cadente alzo nuevamente su espada, como si esta fuera tan ligera como una pluma y ataco nuevamente a Yuuri quien, por la corta distancia no logro esquivar el mismo, logrando solo bloquear la espada con sus dagas provocando que se hundiera en el suelo por el peso. Pequeñas venas comenzaron a hacerse presentes en su frente, indicando el enorme esfuerzo que estaba haciendo al contener aquella enorme espada.
De reojo noto como Ardyn se movía de su sitio para intentar atacarlo pero, el enorme cadente lo intercepto en su carrera, alzándolo como si fuera un juguete y lanzándolo varios metros hacia el frente, perdiéndose de la vista de todos gracias a la tormenta.
Le enorme mano que había lanzado al capitán, estaba por golpearlo, ataque que no lograría evadir –ya que él estaba ocupado bloqueando la espada- por lo que, se concentró todo lo que pudo en aquella situación y varios picos de hielo emergieron del suelo, haciendo que el cadente tambaleara y se alejara de él.
Logro salir del suelo donde estaba enterrado pero, la tensión en sus piernas al soportar aquel peso le fallaron al tratar de caminar, cayendo de golpe al suelo y respirando agitadamente.
El Volfragante logro estabilizarse tras unos minutos, buscando con la mirada a su objetivo, cuando noto la figura de Yuuri, comenzó a moverse haciendo que el suelo resonara con cada pisada. Yuuri al escuchar sus pasos giro su cabeza para ver como este se acercaba y trato de moverse pero sus piernas no le respondieron del todo y la enorme mano del cadente lo apretó con fuerza, levantándolo del suelo mientras golpeaba en vano con ambas manos la piel de hierro del cadente.
- Suéltame – intentando liberarse del agarre.
La enorme bestia acerco a su presa hacia lo que parecía su rostro y lanzo un potente grito. Yuuri se tapó los oídos, intentando mitigar el sonido del mismo.
- Te dije… Que me soltaras – volvió a repetir, mostrando un gesto de molestia.
Sabía que el cadente no lo tendría por mucho tiempo entre su enorme mano, era costumbre de esa clase apretar el cuerpo de sus víctimas hasta romperle los huesos, una acción que disfrutaban lentamente pero, aquello no era algo por lo que deseaba pasar. Cuando sintió la presión en sus costillas, dejo que sus manos tocaran la superficie fría y metálica de la mano del cadente, comenzando a congelarla todo lo que pudiese y, aunque era inmune a la magia, usando la suficiente haría que se aturdiera y lo soltara… Al menos en teoría.
El dolor en sus costillas comenzaba a recorrerle el cuerpo, debía darse prisa si quería salir con los huesos de su torso intactos. La piel metálica de Volfragante comenzó a tornarse azul, formando pequeños fragmentos de hielo a su alrededor. Ahogo un gemido de dolor cuando la presión se volvía cada vez más dolorosa.
"Rápido… Congélate" pensó sin dejar de hacer su trabajo.
El aire le estaba faltando pero, no se detuvo cuando estaba por desmayarse, del brazo del cadente comenzaron a salir enormes bloques de hielo que le hicieron tambalear y comenzar a caer hacia su lado izquierdo, soltando en el proceso el cuerpo de Yuuri.
Yuuri cayó al suelo boca abajo, comenzando a toser mientras recuperaba el aire, se trató de levantar pero, la fuerza con la que el brazo cubierto de hielo del cadente cayó al suelo hizo que saliera impulsado hacia adelante y cayera varios metros, lejos de los gritos y la pelea.
Con lentitud, sintiendo como todo su alrededor giraba por la breve conmoción del golpe, se levantó del suelo. Mantuvo sus ojos cerrados, esperando que sus sentidos recuperaran su estabilidad y, tras unos minutos que parecieron eternos, los volvió abrir, examinando el lugar donde había caído. Estaba cerca de los acantilados, el sonido de las olas rompiéndose contra las rocas era amortiguado por las explosiones y gritos de los soldados.
Comenzó a revisar cada parte de su cuerpo, notando las cortadas y ligeros moretones que los combates le habían dejado, aquello significaba una buena dosis de reprimendas por parte de su hermana pero, no había nada que pudiese hacer para evitarlo.
- Lo mejor será irme – dijo metiendo su mano dentro de su ropa – aunque tratara de ayudarles, Ardyn seguramente se concentraría más en capturarme que en destruir a los cadentes – comenzando a desesperarse al no encontrar lo que busca - ¿Dónde está? – Se preguntó – estoy seguro que lo traía conmigo.
Una extraña sombra oscura comenzó a aparecer a pocos metros de él, extendiéndose por el frio suelo de Kilika, acompañado de un sonido que Yuuri conocía perfectamente. Cuando se percató del mismo dejo de buscar entre sus ropas y se giró rápidamente, solo para ver como una enorme masa emergía de aquella sombra, hasta formar una enorme criatura que hizo que retrocediera dos pasos por la sorpresa que causo su aparición.
La cara de Yuuri demostraba sorpresa y terror.
En su corta vida, nunca había presenciado la aparición de aquel cadente, ni siquiera en los viejos libros de la academia se mostraba el rostro del mismo. Tenía conocimiento que había cadentes no registrados en las enciclopedias especializadas pero, por alguna extraña razón, el rostro de la misma se le hacía familiar, como si lo hubiese visto antes, pero sabía de antemano que no era posible.
La cadente media dos metros aproximadamente, su piel era de un extraño color verde agua, poseía tres pares de brazos a cada lado de su torso, empuñando enormes espadas en cada mano. Su cabeza en vez de cabello, tenía cientos de serpientes que siseaban mientras posaban sus pequeños ojos en su figura. El rostro de la cadente era hermoso, no podía negarlo, era el de una hermosa joven quien se relamía los labios mientras sonreía. Pero lo que más llamaba la atención, no era todo lo descrito, era la enorme cola que tenía en vez de pies, moviéndose de un lado a otro como si fuera una serpiente.
Bunuh... Bunuh yang bertahta.
(Matar… Matar al Entronado.)
Una voz resonó en su mente, provocando que un inusual frio le recorriera la columna.
"Era… ¿Era la voz del cadente?" pensó sin apartar su vista de la misma "es imposible… Ellos no hablan"
Un grito proveniente de la cadente le alerto de su próximo ataque. Ella se lanzó contra Yuuri, quien con el poco tiempo que tuvo para reaccionar se lanzó al lado izquierdo, logrando que la cadente impactara sus seis espadas en el suelo pero, al quedar de espaldas no pudo evadir el golpe que esta le propino con su enorme cola, lanzándolo cerca del risco del acantilado.
Emitió un quejido de dolor cuando se levantó del suelo, Encaro nuevamente a la cadente y corrió hacia ella, salto, convoco sus dagas pero esta bloqueo su ataque con sus enormes espadas, haciendo que cayera nuevamente al suelo por el impacto. Moviéndose del lugar segundos después cuando las mismas cayeron al suelo como picos, clavándose en el suelo.
La cadente se giró sobre su lugar y soltó un fuerte grito de furia, todo sin apartar la vista del rostro del otro.
- Por alguna razón me resultas familiar – murmuro apretando con fuerza la empuñadura de sus dagas – pero, no tengo tiempo para averiguar el por qué.
Corrió hacia ella, la cadente volvió a gritar y levanto sus espadas. Ambos intercambiaron ataques, el sonido del acero al chocar era el único que podía percibir. Durante ese instante Yuuri aprovecho para saltar y quedar por sobre la cabeza de la misma, tratando con ello poder herirla pero, la cadente fue más rápida y lanzo un fuerte espadazo el cual, tuvo que bloquear por lo que su plan se vio frustrado.
Tuvo que dar varios pasos hacia atrás para alejarse de la cadente puesto que, por la furia que esta sentía hacia su persona, comenzó a girar sube su lugar, golpeando todo a su paso con su enorme cola.
Yuuri volvió a correr hacia ella. Esquivo los ataques de la misma y salto nuevamente, logrando con ello que esta se detuviera al verlo por sobre su cabeza y comenzó a lanzar varios espadazos que el azabache con esfuerzo logro bloquear, siendo el último de estos el cual lograría desequilibrarla en el aire, hecho que la cadente aprovecho y para propinarle un fuerte cabezazo que termino lanzándolo más allá del risco, para caer inevitablemente a las heladas aguas del mar de Kilika.
Las heladas aguas comenzaban a congelarle el cuerpo, impidiendo que pudiese moverse, la conciencia lentamente estaba abandonándolo, cada vez se sentía más pesado y poco a poco el oxígeno se le estaba acabando.
Su visión se estaba volviendo borrosa, impidiéndole ver con claridad lo que estaba su alrededor. Estaba por dejar que la oscuridad lo tragase por completo hasta que, una suave voz le hizo reaccionar nuevamente.
"Entronado, ¿Acaso has olvidado tu promesa?"
- ¿Promesa? – pensó mientras se hundía en las aguas.
"La que hiciste una noche a tu padre"
No supo el motivo, pero por extraño que la situación le pareciese, aquella suave voz hizo que una vieja memoria, escondida en lo más remoto de su mente, reviviera.
Una manta lo cubría de pies a cabeza, solo su rostro se dejaba ver. Su padre, el rey Toshiya, le relataba una vieja historia de cuando era más joven y viajaba junto a sus mejores amigos, mientras sobre el regazo del mismo, un viejo libro se encontraba abierto, mostrando el dibujo de un horrible ser con rostro de mujer, manos sujetando varias espadas y una enorme cola de serpiente.
- Y entonces, ella nos atacó con sus espadas – dijo haciendo ademanes en el aire – Sunan salió volando, golpeándose contra las rocas que rodeaban el lugar.
- ¿Se hizo daño? – pregunto el pequeño Yuuri.
- Si, pero era algo a lo que ya estaba acostumbrado – soltando una suave risa.
Yuuri sonrió y este continúo su relato.
- Marilith se movía con rapidez por el lugar, ella me golpeo con su enorme cola de serpiente y me arrojo, cayendo encima de Sunan quien solo se quejó por mi peso – rodando los ojos al recordarlo – Adalberto corrió hacia nosotros, colocándose justo al frente - Yuuri reprimió un gemido por el susto - interceptando el ataque que la cadente estaba por descargar sobre ambos.
- Adalberto… ¿se hizo daño?
- Un poco, aunque el impacto lo noqueo – admitió – después de todo, Marilith era una vieja aberración.
- ¿Y qué hiciste? – pregunto entre curioso y asustado.
- Estaba solo, Sunan y Adalberto habían caído inconscientes presos de sus ataques.
- ¿Y Ralph?
- Él estaba agotado y tras unos impactos más de la cadente, los siguió.
- Te dejaron solo con esa cosa – metiéndose más debajo de la manta – ¿no te dio miedo?
- Claro que sí.
- Pero… ¿no se supone que los reyes no tienen miedo?
- Incluso los reyes como yo pueden tener miedo Yuuri, pero en aquella batalla aún era el príncipe de nueva Hasetsu por lo que no tenía todo el poder que el rey de nuestra tierra posee al tomar el trono – explico a su pequeño hijo, aunque sabía que este no entendería del todo la misma.
- Y… ¿Que paso?
- Estaba solo, mis amigos estaban inconscientes y una de las peores aberraciones estaba frente a mí – acercándose a Yuuri mientras este se ocultaba por completo bajo la manta – No podía permitirme morir, debía protegerlos.
- ¿Aun cuando tenías miedo? – dijo dentro de la manta.
- Aun con ello – aseguro dirigiendo su vista hacia el libro donde la imagen de Marilith se mostraba.
- ¿La derrotaste?
- Con gran esfuerzo detuve sus ataques y la hice retroceder hasta el borde del acantilado donde estábamos luchando, pero mis fuerzas fallaron y caí de rodillas al suelo al bloquear su ataque.
Yuuri comenzó a temblar.
- Ella aprovecho, volvió a atacarme y con esfuerzo la detuve pero el impacto logro derribarme del todo y caí al suelo.
Yuuri emitió un gemido.
- Marilith al verme a su merced y arremetió contra mí – el rey hizo una pausa que logro que su hijo temblara con más fuerza por el miedo - En ese instante pensé "voy a morir" – continuo.
- Y… ¿Qué hiciste? – susurro.
- Cuando creí que finalmente moriría, ella apareció…
- ¿Ella? – sacando su cabeza bajo la manta.
El rey levanto su vista y dejo que sus ojos contemplaran la pintura que estaba colgada en una de las paredes.
- Shiva - murmuro.
Yuuri dirigió su vista hacia la misma pintura, donde se podía apreciar a cinco bestias conocidas como los antiguos dioses, los creadores del mundo y a quienes su familia, desde hacía muchas generaciones, veneraban.
- Mamá dijo que ella es una reina.
- Shiva es la diosa de la tempestad, el hielo y los etéreos… Amante del dios Ifrit y la más generosa de los cinco grandes – explico con paciencia – ella siempre ha estado a lado de nuestra familia, ayudándonos a cumplir nuestro destino… Proteger el mundo.
- ¿Ella te ayudo?
- Así es, cuando creí que todo estaba perdido me apoyo con su poder y logre herir a Marilith.
- ¿La destruiste?
- Lamentablemente no, solo logre herirla y cayo por el precipicio… Desde entonces no hemos sabido nada de ella.
Yuuri contemplaba con sus enormes ojos el perfil de su padre, saliendo por completo de debajo de las mantas y acercarse a él.
- ¿Volverá un día?
- Es lo más probable, las aberraciones son los cadentes más poderosos que existen, buscan destruir todo aquello que la luz protege – llevando su mano hasta la cabeza de su hijo para acariciarla – así que, quizás en el futuro, cuando yo ya no este, sea tu turno luchar contra ella.
- ¿Crees que yo seré capaz de pelear contra ella como tú lo hiciste?
Su padre negó con su cabeza. Yuuri bajo la cabeza con un gesto de tristeza en su rostro.
- Tu no lucharas de la misma forma que yo solía hacerlo – indico haciendo que su hijo levantara su cabeza - tu lograras lo que yo no pude hacer hijo mío – tocando su mejilla para acariciarla – Tú serás quien finalmente la desvanezca de este mundo.
- ¿Seré más fuerte que tú?
- Serás el rey más poderoso que jamás haya existido.
Una enorme sonrisa floreció en su rostro, se levantó con premura de la cama, con una de sus manos tomo la almohada que tenía a lado simulando que era un escudo y con la otra tomo su peluche, como si este fuera una espada.
- Lo hare, te prometo que venceré a esa cosa fea y te sentirás orgulloso de mi.
El rey soltó una ligera risa y atrajo a su pequeño hijo para estrecharlo entre sus brazos.
- Siempre estaré orgulloso de ti, mi pequeño gran valiente.
El pequeño sonrió mientras el calor de los brazos de su padre lo reconfortaban.
- Siempre estarás conmigo ¿verdad?
El rey coloco un gesto de tristeza pero no dejo de sonreír.
- Siempre estaré contigo, mi querido Yuuri.
Lentamente el recuerdo fue perdiéndose entre la bruma de sus memorias, el sonido de una tormenta comenzó a resonar con fuerza aun cuando sabía que era imposible. El frio de aquellas heladas aguas se lo recordaba pero, aun cuando debía estar ahogándose, el aire entraba en sus pulmones, como si no estuviese hundiéndose en la profundidad de las mismas.
"No olvides tu promesa"
La voz seguía repitiendo aquella línea.
"Tu momento aún no ha llegado, tienes un destino que cumplir"
Una extraña energía comenzó a surgir de su interior, un poder que poco o nada tenía que ver con el suyo.
"Se supone que no debemos intervenir en la misión de los Katsuki pero… No puedo permitir que mueras sin haber cumplido la meta por la cual naciste"
Con dificultad entreabrió sus ojos, el frio de las aguas impedía poder moverse mucho menos poder divisar lo que fuera que lo rodease, lo único que podía distinguir era la silueta de un extraño ser, una mujer por lo poco que podía divisar así como una cabellera blanca como la nieve.
"Así como he ayudado en épocas remotas a tu familia, te brindare el uso de todos mis poderes pero, ten presente que un mortal no puede usar un poder que pertenece a los dioses de forma ilimitada, úsalo bien… Mientras te sea posible"
Una explosión de energía lo recorrió por completo, su cuerpo comenzó a irradiar una extraña aura que estremeció las aguas del mar desde su interior… Sus ojos se abrieron de golpe y estos habían cambiado de color, irradiaban un intenso resplandor azul neón.
Una enorme ventisca sacudió el lugar, pronto el paraje lago árido de kilika –salvo los pequeños lugares cubiertos de nieve por la temporada– se volvió en una enorme bruma blanca, la nieve caía como i esta fuera lluvia desde el cielo, los vientos amenazaban con levantar del suelo aquello que no tuviera la fuerza para mantenerse de pie. Los guardas se tapaban el rostro con ambos brazos, siendo desprovistos de poder observar aquello que estaba más allá de su nariz y sintiendo como el frio los golpeaba de frente.
– ¿De dónde provino esta tormenta de nieve? – Pregunto uno de los guardas – estamos en invierno pero, Kilika nunca ha sufrido de tormentas de nieve como esta.
– Esto debe ser obra del bastardo de Shade – dijo el comandante Ardyn, quien trataba de avanzar pero la fuerza de la tormenta se lo impedía.
– ¿Cree que él pueda hacer esto?
– No lo dudes.
– Pero, el jamás ha hecho esto en el reino ¿Por qué lo haría en este lugar?
– El rey nos encargó proteger este lugar y custodiar el objeto que fue extraído del mar, seguramente Shade se enteró de ello y quiso apropiarse de él… Ese sucio ladrón – maldijo para sus adentros y siguió avanzando – ¡Sigan avanzando y encuéntrenlo!
– Pero señor con esta tormenta, es imposible que avancemos – tratando de razonar con su capitán.
Ardyn giro su cabeza para observar el rostro del soldado, acercándose a paso lento hacia el lugar donde este se encontraba.
– Dije… – tomándolo de su uniforme para alzarlo ligeramente – Avancen – dedicándole una mirada llena de enojo.
El soldado sintiendo el peso de la mirada de su capitán, trago con fuerza y asintió.
Ardyn lo soltó segundos después y se dirigió a sus soldados.
– Encuentren a Shade y apréndanlo, no dejare pasar ningún error, ¿entendieron?
Los soldados afirmaron con un fuerte grito y comenzaron a avanzar contra la fuerte tormenta, mientras su capitán apretaba con fuerza sus manos hasta volverlos un puño, maldiciendo por lo bajo el nombre del ladrón.
Las aguas comenzaron a cristalizarse hasta que todo se encontró cubierto de una enorme capa de hielo, la tormenta no cedía y los gritos de aquella aberración se escuchaban por todo el páramo de aquella zona de Kilika. Marilith lanzaba tajos diestros y siniestros puesto que su vista se encontraba empañada por la fuerte tormenta que la rodeaba.
De pronto, en medio de aquel helado lugar, un sonido comenzó a emerger desde las profundidades del mar, hasta que lo que sea que estaba en el interior de sus entrañas rompió el grueso hielo. Una enorme columna comenzó a alzarse, quedando a la altura de la aberración, quien observaba todo, soltando un fuerte rugido al ver a la persona que estaba sobre aquel grueso pilar de hielo.
En lo alto del mismo, un hermoso trono hecho de cristal podía apreciarse, ocupado por la figura de Yuuri quien estaba apoyando su mejilla sobre la palma de su mano derecha, con una sonrisa llena de altivez y observando a la aberración con aquellos extraños ojos que resplandecían de azul neón. Su cabeza sostenía una pequeña corona de cristal, como si simbolizara la sangre real que el mismo portaba en sus venas.
- Pobre criatura, vagando sin rumbo y sin poder descansar – susurro sin emoción alguna – ¿hace cuánto que tu alma renuncio a la esperanza y se entregó a la oscuridad de un pecado pasado?
La aberración apretó con fuerza su mandíbula y soltó nuevamente un rugido.
Sonrió.
- No te preocupes – dijo levantándose de su trono – yo me encargare de darle descanso a tu oscura alma.
Dio un paso delante del vacío y bloques de hielo comenzaron aparecer, formando una inusual escalinata que concluyo al filo del acantilado, lugar donde Marilith lo esperaba. Cada paso que daba, la aberración lanzaba un espadazo que Yuuri bloqueaba con una barrera de hielo, acción que se repitió hasta que estuvo frete a ella y las seis espadas que esta manejaba –una en cada uno de sus manos – se encontraban bloqueadas por la barrera que protegía a Yuuri, para enojo de la cadente.
Yuuri sonrió y desapareció entre fragmentos de luz ante la sorpresa de la cadente, reapareciendo tras ella sin dejar que la sonrisa que aún permanecía en su rostro se esfumara.
La cadente gruño al verle de reojo y se giró con brusquedad, su enorme cola se movió con rapidez, con la firme intención de golpear al joven príncipe. Este simplemente salto con gracia y esquivo el ataque, volviendo a dejar que sus pies tocaran el suelo tras unos segundos.
Sus resplandecientes ojos observaron nuevamente a la cadente, quien solo gruñía y atacaba sin poder tocarlo. Cerro sus ojos consiente de la enorme criatura que estaba frente suyo y, tras soltar un largo suspiro, eleve una de sus mano con la cual lanzo una poderosa ráfaga helada hacia la enorme criatura, quien soltó un fuerte alarido al ver como sus seis brazos eran cortados por la misma fuerza.
De los muñones comenzó a salir un humo que despedía un olor a carne quemada mientras los brazos cortados, que se encontraban en el suelo, comenzaban a volverse cenizas.
- Tu pobre alma pronto encontrara la paz – susurro.
Elevo su mano derecha y sobre de ambos un enorme pico de hico comenzó a formarse, hasta que el tamaño del mismo cubrió a la cadente que apretaba con fuerza los dientes.
- Hasta siempre.
Y el enorme pico de hielo se partió en miles de fragmentos, los cuales se aproximaron al cuerpo de Marilith, atravesándola con una fuerza que levanto una enorme cortina de humo helado. Los fragmentos de hielo salieron disparados en todas direcciones tras la acción, pero Yuuri no se inmuto y los mismos solo quedaban flotando en el aire a pocos metros de donde se encontraba.
"Lo hare, te prometo que venceré a esa cosa fea y te sentirás orgulloso de mi"
La suave voz de su yo infantil resonó con fuerza dentro de su mente, haciendo que el brillo azulado de sus ojos comenzara a tambalearse y la corona sobre su cabeza se desvaneciera.
- Padre – Murmuro para sus adentros.
El sonido de un extraño aproximándose lo alerto, haciendo que se girara con la intensión de enfrentarlo pero, cuán grande fue su sorpresa al percatarse de quien era el intruso.
- Michele.
El hermano de Sala observaba la escena con sorpresa.
- ¿Pero qué? – Girando su cabeza para centrarse en el ladrón – Shade – susurro - ¿tú hiciste esto?
- Yo…
El sonido de los fragmentos golpear diferentes lugares les hizo dirigir su vista al frente, percatándose que aquellos que estaban suspendidos comenzaban a moverse, aproximándose rápidamente a ambos.
No supo cómo sucedió, quizás fue cuando su propia consciencia volvió a apoderarse de sí mismo que su cuerpo se movió sin aviso alguno.
Lo único que capto fue cuando su cuerpo se lanzó sobre Michele, un fragmento de hielo le atravesó el costado izquierdo y ambos se encontraban en el suelo mientras la oleada de hielo terminaba.
Michele abrió con dificultad los ojos, el sonido de los miles de fragmentos de hielo había cesado y la fuerte tormenta que azoto Kilika lentamente comenzaba a despejar la zona. Parpadeo unos instantes para enfocar mejor el lugar, el cual se encontraba libre de hielo o nieve cubriendo el páramo. Hizo un esfuerzo por levantarse pero, noto que algo estaba a su lado, con sorpresa se percató que era el mismo Shade quien estaba sobre de él.
- Shade.
- Parece que finalmente termino.
- ¿Tu hiciste esto? – Volvió a preguntar - ¿Tu provocaste la tormenta?
Simplemente sonrió por la pregunta.
- De algún extraño modo – contesto – puede que la haya provocado pero no fui del todo el culpable.
- ¿Qué quieres decir?
- Lo siento pero es todo lo que puedo decirte – levantándose con dificultad del suelo para lanzar un gemido de dolor al tratar de erguirse.
- Tu… Esa herida.
Llevo su mano izquierda hacia su costado, para quitar el fragmento de hielo que estaba enterrado en ese lugar, ahogando un gemido de dolor por la acción y lanzándolo a un lado una vez logro sacarlo.
- Es mejor que vuelvas con tu pelotón soldado, puede que otra aberración aparezca y quizás, la próxima vez la suerte no te acompañe – dijo con la voz entrecortada.
- ¿Por qué me salvaste? – pregunto levantándose con lentitud.
No contesto de inmediato y le dio la espalda.
- Mi cuerpo simplemente se movió.
Contesto y desapareció entre fragmentos de luz ante la atónita mirada del hermano de Sala.
El sonido de un objeto romperse contra el suelo, hizo que Noel dejara de prestar atención al libro que tenía entre las manos y regresara a ver a su protegido. Victor sostenía con su mano derecha lo que parecía el asa de una taza de porcelana mientras su mirada se encontraba fija en el suelo.
- ¿Que sucedió? – pregunto Noel una vez estuvo a su lado.
- Nada, la taza simplemente se desprendió – contesto aun sin salir de su asombro.
- Seguramente ya estaba agrietada y el peso del te termino por romperla.
- Supongo – dijo sin apartar su vista del suelo.
- Le diré a alguien de la servidumbre que mande a limpiar este desastre y que traiga consigo una nueva taza – hablo antes de girarse y dirigirse a la salida de la vieja biblioteca del castillo.
Por su parte, Victor seguía contemplando los pedazos de la vieja taza desperdigados por todo el suelo.
"Cuando la taza se hizo pedazos… ¿Por qué pensé en Yuuri?" se preguntó, llevando su mano hacia su pecho, a la altura de su corazón, mientras un mal presentimiento se asentaba en su pecho.
Varias gotas de sudor caían por su frente, producto de continua pérdida de sangre. Su respiración era errática, sus pulmones se esforzaban por obtener el oxígeno suficiente que lo mantuviese consciente pero, con cada gota de sangre perdida le era más difícil mantener los ojos abiertos.
La herida en su costado era presionada por una de sus manos, intentando de forma inútil parar la sangre que emanaba de la misma pero, aquello era culpa suya, había sido descuidado y los picos de hielo lo habían herido mientras trataba de proteger al hermano de Sala.
¿Cómo saldría de aquel problema?
Con ayuda de aquella extraña voz había acabado con Marilith pero, ahora se encontraba herido, sin fuerza y siendo buscado por toda la guarda de Ardyn. Definitivamente no era el mejor escenario que imagino para aquella noche.
Trato de levantarse pero el intenso dolor en su costado le hizo caer sentando sobre su lugar nuevamente, emitiendo un pequeño gemido.
- ¿Qué hago? – se preguntó, apretando con fuerza los dientes mientras una intensa ola de dolor lo recorría.
Sus ojos recorrieron el lugar. Siendo resguardado por una zona cubierta por arbustos, podía escuchar los gritos de los guardas, la voz áspera y desesperada de Ardyn al incitarlos a buscarle por toda el área, temiendo que en cualquier momento se les ocurriera internarse en aquel lugar y lo encontraran en aquella condición, sin poder defenderse de los mismos.
Nuevamente se forzó a levantarse, apoyándose a la dura roca tras él, quedando erguido por unos minutos, sintiendo fuertes espasmos por la herida.
Dio un paso al frente pero la cabeza comenzó a darle vueltas por lo que tuvo que volver a apoyarse sobre la fría roca tras él.
- Demonios, debo hacer algo.
- Búsquenlo, no dejen roca sin levantar, debe estar aun en Kilika – escucho la voz de Ardyn a lo lejos – Esta herido por lo que no pudo ir muy lujo… ¡Si escapa ustedes pagaran las consecuencias!
Se llevó su mano izquierda hacia su rostro, presionando con fuerza el tabique de su nariz, respirando profundamente mientras trataba de recuperar la calma.
Un nuevo sonido hizo que alzara la cabeza y se encontrara nuevamente frente al hermano de sala, quien lo observo con una expresión fría mientras se detenía algunos pasos antes de llegar a él.
- Michele – susurro para sí mismo.
Ambos se observaron fijamente, no dijeron palabra alguna solo se sostuvieron la mirada hasta que la voz de Ardyn se dejó escuchar.
- Soldado Crispino ¿encontró algo?
Michele le sostuvo la mirada solo unos segundos más antes de soltar un suspiro y contestar.
- No, no hay nada aquí.
- Muy bien, sigue buscando no debe estar lejos… Los demás, síganme, buscaremos en la parte norte.
Escucho como los demás soldados respondían de forma afirmativa y, tras unos minutos el silencio volvió a reinar en el lugar.
- ¿Por qué? – Finalmente se animó a preguntar – Pudiste entregarme.
- Cierto, pude hacerlo – contesto sin ganas – Pero, mi familia siempre ha devuelto los favores hechos.
-… - bajo la mirada mientras recordaba fugazmente que algo parecido le había comentado Sala en alguna ocasión cuando le hizo un favor.
- Te doy vida por vida – susurro con la intención de darse la vuelta – Es mejor que te vayas, tratare de desviarlos… Pero si te atrapan, ese ya no es problema mío.
- Gracias.
- No me des las gracias, solo regreso el favor… Pero si te vuelvo a ver no dudare en capturarte después de todo, eres un delincuente ante los ojos del rey.
- ¿Y ante los tuyos? – pregunto con pesar, puesto que para él, ser considerado como uno de los malos antes sus amigos era algo que no deseaba.
Michele guardo silencio, contestando un minuto después.
- Eso no importa, es mejor que te vayas.
Y se adentró en la maleza de aquel lugar, perdiéndose de la vista de Yuuri.
- ¿Estás seguro que sea la mejor salida?
Adalberto se recargo sobre su asiento mientras dejaba la laptop sobre la vieja mese de centro de la sala.
- Es la mejor ruta – contesto – si tenemos que escapar del castillo es la única que podemos tomar para salir del mismo.
- Me preocupan los guardias, estoy segura que Demian ese día en particular reforzara la seguridad del lugar.
- En eso te doy la razón – secundo – con la llegada de tantos nobles, banqueros y plebeyos, Demian hará lo que sea para proteger sus secretos de miradas indiscretas.
- ¿Y no te preocupa?
- Confió plenamente en que Anora hará lo que este a su alcance para darnos vía libre y si tenemos que huir, ella sabrá cómo ayudarnos con los guardas.
- Temo por Anora, si Demian descubre lo que ha estado haciendo…
- Debería preocuparte más si descubre lo otro - Adalberto regreso a verla con una frialdad que pocas veces había visto en el – si él lo sabe, la muerte no será lo peor que le haga…
Mary bajo la mirada al escucharle decir aquello, ella era consciente de la gravedad de aquel enorme secreto. Si Demian se enteraba de aquella verdad, no solo su hermano estaría en peligro – más del que ya estaba al desobedecerle cada que salía como aquel infame ladrón – también la vida del pequeño hijo de Anora correría peligro.
- Mary – hablo esta vez con más calma – Anora es consciente de lo que hace, siempre lo supo, tu más que nadie sabe que tratamos de persuadirla de que no hiciera lo que hizo para ayudarnos a recuperar el reino pero, ella…
- Lo sé, quiso devolver el favor.
Adalberto asintió.
- Solo espero que todo salga bien y no tengamos que llegar a ese terrible escenario.
- Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que ni ella ni Yuri corran peligro.
Ambos dibujaron una sonrisa la cual fue borrada al escuchar el sonido de un correo electrónico entrando a la bandeja de la misma.
- Iré por mas café – dijo tomando la taza vacía de su padrino.
El rubio asintió mientras entraba a la bandeja del correo y leí el mensaje nuevo.
- Imposible – susurro con asombro.
- ¿Sucede algo? – pregunto Mary al regresar de la cocina y dejando la taza sobre la mesa.
- Mary… ¿Recuerdas a Yagami Hideaki?
- Si, era el hermano menor de mi madre, hace once años que se fue de Nueva Hasetsu y nunca volvimos a saber de él.
- Pues – volteando la laptop para que ella leyera el mensaje.
- ¿Cómo es que…?
- No lo sé, pero quiere vernos, dice que obtuvo un título de noble gracias a sus negocios y conexiones con la familia del presidente de Arcadis - hablo mientras giraba nuevamente la laptop – ahora que tiene dinero y lazos importantes, puede apoyar a la causa.
- ¿Crees que sea cierto?
- Solo lo sabremos una vez hablemos con él.
- Adalberto, no sé si sea buena idea acercarnos a él.
El mencionado solo regreso a verla, dejando que continuara.
- Los rumores indicaban que fue capturado por la guarda cuando trato de estafar a unos nobles, el rey lo encontró culpable y lo mando a las minas para pagar su delito… ¿Crees que sea correcto tener un encuentro con él? – Pregunto sentándose frente a su padrino – será el hermano de mi madre pero…
- Si tiene conexiones que nos sirvan para llegar a Demian… Creo que vale la pena escucharlo, estoy seguro que los demás querrán saber lo que tiene que decir pero, si está mintiendo y sus planes son otros, ten por seguro que encontraremos un castigo adecuado para él.
Mary asintió con pesadez mientras un extraño nudo se formaba en su garganta.
Con pasos lentos avanzo por el páramo, tratando de evitar a los guardas que seguían buscándolo sin descanso alguno. En ocasiones escuchaba a lo lejos los gritos de Ardyn, exclamando maldiciones por no encontrarle y culpando a sus subordinados por ello.
Se detuvo cuando había avanzado unos cuentos metros, apoyándose en una enorme roca que estaba justo a su lado, parpadeo un par de veces, tratando de aclarar su vista pero esta volvía a empañarse segundos después, la pérdida de sangre y el dolor lo estaban debilitando cada segundo que pasaba y no confiaba en sus fuerzas para poder regresar a la capital.
Con lentitud, metió una de sus manos dentro de su ropa y, tras mucha búsqueda, saco un pequeño silbato hecho de plata, objeto que, solo en momentos de necesidad había utilizado.
- Espero puedas escucharlo – susurro antes de llevar el silbato hacia su boca y soplara a través de él, pero de este no salió ningún sonido.
Tras la acción, devolvió el silbato a su anterior lugar y continúo su camino.
No sabía cuánto tiempo había pasado pero, el cansancio termino por hacer flaquear sus rodillas y cayó al suelo, respirando de forma agitada, apretando con fuerza la zona herida, como si con aquella acción, el dolor disminuyera.
Estaba tan desorientado que no escucho las voces que se acercaban y solo fue consiente de ellas cuando giro su rostro y observo a una docena de soldados a unos cuantos metros de donde él estaba. No logro escuchar con exactitud lo que dijeron pero, por lo poco que pudo ver entre la niebla que era su vista borrosa, su seudónimo fue lo que habían gritado.
Sus ojos se abrieron de golpe cuando noto como corrían hacia él y, a lo lejos, otra docena se acercaba siendo liderada por el mismo Ardyn.
Sabía que ser capturado por aquel comandante no era una opción, debía salir de aquel problema o terminaría en las manos del hombre que había asesinado a su familia. Apretó con fuerza los dientes y haciendo uso de toda la energía que le quedaba logro construir un enorme muro que lo rodeaba, protegiéndolo temporalmente de los guardas, quienes se habían detenido por el asombro.
- Capitán, se encerró en ese bloque de hielo – hablo uno de los guardas.
- Podemos esperar a que se derrita, por lo que notamos, está herido, así que es cuestión de tiempo para que la barrera caiga y lo podamos aprender – prosiguió otro de ellos.
- No tenemos tiempo – la voz de Ardyn se alzó entre todo los guardas – debemos aprenderlo antes de que logre escapar - sus subordinados solo guardaron silencio – Soldado Crispino.
El nombrado se tensó al escuchar su nombre y se acercó a su capitán.
- Entrégame uno de tus viales.
- Capitán, ¿Cuál es su plan? – pregunto sacando uno de los que estaban sujetos a su cinturón.
- Creía que era bastante obvio – regresando a verle con una sonrisa – destruiremos se bloque de hielo.
- Pero… Capitán, eso podría… - Michele no salía de su asombro.
- ¿Matarlo? – Soltó una ligera risa – ese tipo ha sobrevivido a cosa peores pero, si muere… Nos habremos librado de otra alimaña.
Avanzo rápidamente entre las filas de los guardas, siendo observado por Michele mientras este de vez en cuando regresaba a ver el enorme bloque de hielo, sin poder salir de su actual asombro por lo que su capitán estaba próximo a hacer.
- Veamos si te libras de esto – Le quito el seguro al vial y, tras soltar una risa baja, lanzo el vial directo al bloque de hielo.
La explosión no se hizo esperar, varios trozos de hielo salieron volando por todas partes, otros se derritieron por la misma mientras que Yuuri, había salido volando por los aires, golpeándose fuertemente contra unas enormes rocas que estaban en el lugar, obteniendo heridas en brazos y piernas por la caída.
Cuando el humo de la explosión comenzó a dispersarse, Yuuri logro divisar a lo lejos al capitán Ardyn y a todos sus soldados, avanzando con confianza por el terreno mientras las llamas de la explosión aún continuaban allá por donde el fuego alcanzo a tocar. Con esfuerzo y voluntad logro sentarse, para encarar a su enemigo quien, al estará pocos metros de él, simplemente sonrió con altanería.
- Quien hubiese imaginado que esta noche finalmente atraparía al gran Shade… Definitivamente yo no, claro está – hablo con autosuficiencia – pero los dioses siempre favorecen a sus hijos, el rey estará complacido al ver como después de meses, por fin hemos capturado al maldito ladrón que ha estado burlándose de nuestro reino.
- Aun no me capturas y ya estas fanfarroneando – hablo con seguridad aun cuando estaba falto de esta – No te enseñaron a no cantar victoria… Antes de tiempo.
- Tu mismo deberías saber que ya no tienes salida – refuto Ardyn – Estas herido, rodeado por más de 30 soldados, no tienes energía para salir entre esas lucecitas tuyas – haciendo un ademan con sus manos - Acéptalo, perdiste.
Muy en el fondo sabía que el capitán Ardyn tenía razón, no había forma de salir de aquel problema, no poseía ni una gota de energía para usar el Lux y aun cuando la tuviera, la herida estaba drenándole las fuerzas por lo que, no llegaría muy lejos si escapaba de ellos.
¿Qué podía hacer?
Si lo llevaban con Demian el sabría de inmediato quien era, lo mandaría a las mazmorras para ser torturado de las peores formas posibles o, en el peor de los casos, la muerte seria su destino final. Pero aquello no era algo que le asustase, desde que había empezado a usar sus poderes y usarlos para combatir a los cadentes –ayudando a las personas fuera de la capital del reino en el proceso- supo que su vida llegaría a su fin ya sea por uno de ellos o a manos de los guardas pero, lo que más temía era que Adalberto y su hermano se vieran arrastrados por sus malas decisiones.
Por lo que, solo podía hacer algo para protegerlos, si iba a morir no sería a manos de Demian Nikiforov.
- ¿Y de verdad crees que el rey te dará el crédito? – pregunto.
- Por supuesto, soy quien finalmente te atrapo.
- Lo dudo mucho – respirando entrecortadamente – cuando llegue la hora de que me ejecuten, ¿a quién crees que le darán el crédito por ello? – dijo tratando de manipularlo – Para el reino, quien finalmente acabo conmigo será Demian, no tú.
Las manos de Ardyn se cerraron hasta volverse puños, algo que le indicaba que iba por buen camino.
- Piénsalo, para ellos el héroe será su tan amado rey mientras tu – conectando sus ojos con los suyos – serás el simple bufón al cual Shade le jugaba bromas y lo dejaba siendo el hazme reír de todo el reino.
Ardyn llevo su mano derecha hacia la empuñadura de su espada, apretándola con fuerza tras escucharle hablar.
- Nunca dejaras de ser el peor capitán del reino, que no pudo matar a un simple ladrón aun cuando este hacia que todo mundo se burlara de él.
El rostro del capitán estaba teñido de rojo por la furia que crecía en el, desenvaino su espada y comenzó a caminar hacia la figura del ladrón.
- ¿Qué vas a hacer? ¿Matarme? – Pregunto divertido – eso no agradaría a tu rey.
- El rey me perdonara si digo que falleciste durante la captura… Siempre existe la posibilidad de morir cuando eres perseguido por la guarda real.
Yuuri levanto el rostro cuando Ardyn estaba a solo unos centímetros de él mientras este alzaba su espada con dirección a su cuerpo.
- Me saludas a los viejos dioses – murmuro Ardyn.
Cerro sus ojos cuando noto como la espada estaba por caer sobre el cuándo, tras un par de minutos esta simplemente se había detenido.
Cuando sus ojos se abrieron nuevamente, se encontró con la mirada del capitán así como la de todos los guardas observando algo que, por sus expresiones llenas de sorpresa, no era usual ver en aquel lugar.
"¿Pero qué?" pensó, alzando su cabeza para divisar lo que fuera que estaba tras él y, al descubrirlo, no pudo evitar la sorpresa que se instaló en su rostro.
- Silver – susurro.
Sobre la roca se podía apreciar a una enorme ave de color plateado. Sus bellos ojos grises observaban fijamente la figura del capitán, quien contuvo el aliento al ver como este lo seguía con la mirada ante cualquier movimiento que hacía.
- ¿Qué hace un chocobo aquí? – preguntó en voz baja unos de los soldados.
- La pregunta aquí seria, ¿Qué hace un chocobo como ese aquí? – Le reprendió su compañero.
Todos los soldados regresaron a verse entre sí, buscando una explicación ante la inusual aparición de aquel chocobo, sobre todo cuando los de aquel tipo eran los más raros que había en el mundo.
- Capitán – uno de los guardas trato de moverse pero, un ademan del antes nombrado lo paro en seco.
- Nadie se mueva – susurro – no hagan ningún movimiento extraño o ruido que lo altere.
- Solo es un chocobo – contesto – solo debemos hacerlo a un lado.
El soldado hizo caso omiso de la orden de su capitán y saco un vial de entre sus ropas, lanzándolo directamente hacia el lugar donde estaba el ladrón, Ardyn al ver lo que su subordinado estaba por hacer se movió tan rápido como pudo y salto justo cuando el artefacto hizo explosión al entrar en contacto con el suelo.
- ¡Te di una orden! – Dijo levantándose del suelo para acercarse al soldado y tomarlo del cuello de su uniforme - ¿Qué carajos pensabas al hacer eso?
- Señor… Creí… Que con eso el chocobo se iría.
- ¿Se iría? ¿Qué no sabes que la cualidad de esas malditas aves?
El soldado no pudo contestar puesto que el humo que había provocado la explosión estaba bajando, dejando ver al ave en perfectas condiciones pero, en vez de estar sobre la roca en la que antes se encontraba parado, ahora estaba en el suelo, envolviendo con su cuerpo al joven ladrón que comenzó a toser por el humo.
- Tal como temí – dijo Ardyn soltando de manera brusca al soldado.
El chocobo se alejó de su protegido para levantarse, colocarse frente a él y encarar a los soldados.
- ¡Apártense! – grito Ardyn.
Abrió su pico mientras los soldado comenzaban a correr pero, antes de siquiera poder alejarse lo suficiente, el chocobo lanzo un potente grito que les hizo llevarse las manos a sus oídos, tratando de mitigar el fuerte dolor que aquello les estaba provocando.
- ¡Mis oídos!
- No puedo… Moverme
Tal como había comenzado, el grito ceso y el silencio volvió a apoderarse del lugar.
- Maldita… Ave – comento Ardyn tratando de moverse por el suelo, pero su cuerpo no le respondía en absoluto.
Yuuri por su parte solo contemplo el escenario desde su sitio, sintiendo como su cuerpo estaba dejando de responderle por la pérdida de sangre y el cansancio de usar en demasía sus poderes.
- Silver – hablo en un débil susurro.
El chocobo al escuchar su nombre dio la media vuelta para acercarse a Yuuri. Se inclinó levemente para que, tras un impulso que le había provocado más dolor del que creía, se subiera a su lomo y se apoyase sobre este.
- Regresemos – murmuro.
Con una última mirada recorrió todo el lugar antes de que su compañero emitiera un suave graznido y comenzara a correr con dirección a la capital del reino.
El aire frio le trajo de nuevo a la realidad, no supo exactamente cuánto tiempo estuvo inconsciente sobre el lomo de Silver, mucho menos supo el momento en el cual atravesaron las fronteras del reino, solo pudo apreciar las enormes murallas de la capital en el horizonte.
La luna aún se encontraba en el cielo por lo que intuyo no podían ser mas de las dos de la madrugada, lo cual le provocaría una reprimenda por parte de su hermana por la hora y por la no tan grata herida que tenía en su costado.
Tras varios minutos finalmente llegaron a la vieja entrada que Yuuri utilizaba para salir del reino y la cual, solo él conocía.
- Gracias Silver – susurro débilmente.
El chocobo simplemente emitió un pequeño ruido en forma de respuesta mientras su amo bajaba con cuidado de su lomo.
- Deberías irte – dijo respirando pausadamente – los cadentes aún siguen estando activos - encorvándose ligeramente por la herida.
Su compañero acerco su pico para frotarlo sobre la mejilla del azabache.
- Yo también me alegro de que estemos juntos – correspondió el gesto cerrando sus ojos y disfrutando la caricia que su emplumado amigo le daba – pero debes irte, no quisiera que algo te pase.
El chocobo se alejó de su amo y abrió sus enormes alas mientras emitía un sonido desde su pico, como diciéndole que el podía defenderse.
- Sé que no debería preocuparme – Riendo débilmente mientras acariciaba la cabeza de su compañero – que puedes cuidarte solo pero, preferiría que te mantuvieras lejos del peligro.
El chocobo solo lo contemplo sin emitir sonido alguno.
- Vete – murmuro apretando con fuerza los dientes cuando el dolor de la herida le hizo doblarse – estaré… bien…
La enorme ave lo contemplo por unos segundos, volvió a acariciar la mejilla de su amo con su pico, dio la media vuelta y comenzó a alejarse.
- Cuídate – hablo respirando entrecortadamente.
El chocobo emitió un sonido como aceptando la despedida y comenzó su carrera hacia el sur, hasta que se perdió de la vista de quien era su dueño.
Con dificultad camino por las oscuras calles del reino, manteniéndose oculto entre los callejones y sombras que gracias a la hora eran sus mejor aliadas. Con cada paso que daba su visión se volvía mas borrosa, la respiración le era mal difícil de lograr y la cabeza le daba vueltas.
Cuando noto que las piernas le fallaban, tomo la decisión de esconderse en un callejón cercano, pegándose a la pared y deslizándose por ella hasta quedar sentado sobre el frio suelo.
Respiro profundamente tratando de aclarar sus pensamientos, metió su mano en el bolsillo de su pantalón, percibiendo como su mano temblaba por el frio que lentamente le recorría el cuerpo. Prendió la pantalla del celular, busco entre sus contactos, parpadean en varia ocasiones para enfocar su vista y, cuando logro dar con el número que buscaba, pulso el botón de marcar, esperando que el otro atendiera el llamado.
- ¿Yuuri? – respondió a modo de pregunta la persona al otro lado de la línea.
- Lo siento… No pensé en… Nadie más – sintiendo como el aire faltaba.
- ¿Que sucedió? ¿Dónde estás?
- Lo lamento… No puedo… Respirar… Dos cuadras de tu… Casa.
El celular cayó al suelo cuando las fuerzas le fallaron, sus ojos comenzaron a cerrarse por el agotamiento y la fiebre que comenzaba a asaltarlo. Dentro de la nebulosa que se extendió sobre su conciencia, podía escuchar una voz a lo lejos, una voz familiar que hizo que lentamente girara su cabeza, para tratar de identificar la silueta de la voz que lo llamaba constantemente.
Solo fue consciente de quien era cuando lo tuvo a centímetros de él.
- Yuuri… – volvió a llamarlo, sintiendo como su corazón daba un salto al reconocer el estado actual en el que se encontraba el menor, con rastros de sangre pintando el suelo.
No obtuvo respuesta del azabache por lo que paso su brazo por la espalda de este para levantarlo y cargar con el peso del mismo. Yuuri al sentir como el mayor lo ayudaba, dejo caer su cabeza en el hombro de su amigo y regreso a verlo.
- Perdón – dijo finalmente en un susurro – sé que… Soy una… Molestia.
- No lo eres – le contesto, sonriendo para disminuir la tensión en el ambiente – nunca serás una molestia para mí.
Yuuri sonrió y comenzó a caminar con lentitud a lado de Celestino.
Ambos emprendieron la marcha hacia la casa del mayor, sin percatarse que unos metros más atrás, una persona los había estado grabando desde que Celestino había llegado al lugar. La persona al ver que su cometido estaba hecho, guardo su celular y sonrió.
- Veamos cómo te libras de esta.
Soltó una ligera risa, dio la media vuelta y avanzo en una dirección contraria a la que ambos varones habían tomado.
つづく/ Continuara...
Y hasta aquí el capítulo.
¿Quién será esa extraña figura que ayudo a Yuuri? ¿Quién es el que sigue a Celestino? ¿De dónde salió ese chocobo que ayudo a Yuuri? ¿Que son las aberraciones? ¿La autora dejara de hacer tantas preguntas y dar más respuestas?
Nuevas preguntas que se resolverán en el próximo capítulo… Tal vez.
Fuera de eso, déjenme sus comentarios aquí abajito, sobre que piensan que sucederá a partir de ahora.
Solo les adelanto que el momento que mencione, donde Yuuri iba a sufrir, por fin llego.
Nos vemos.
