Harry Potter deja la estación de King's Cross en dirección norte desplazándose a una velocidad de 60 millas por hora. Su hora de llegada es determinada por JK Rowling.
Capítulo 13
Hermione corría debajo de las gradas en el estadio de quidditch lo más rápido que sus piernas podían, pero su mente se movía aún más rápido. La escoba de Harry actuaba de manera caótica, moviéndose tanto que Harry estaba a punto de caer cientos de pies. Sus compañeros de equipo quizás podrían atraparlo, pero sería un aterrizaje difícil, y si no lo hacían…
La Nimbus 2000 de Harry era completamente nueva y era la mejor en el mercado, lo cual quería decir que cada modelo era examinado individualmente. No había razón para que actuara por sí sola. También estaba encantada con meses (si no es que años) de planeación aritmántica. Sabía por su clase que encantamientos tan complejos y diseñados tan cuidadosamente no podían ser interrumpidos por un simple maleficio. Magia oscura avanzada era necesaria para anularlos, aún si sólo por un momento.
Y fue cuando vio al profesor Snape. Todos sabían el disgusto que sentía por Harry Potter en particular, y el día anterior pareció aún más molesto, pero Hermione nunca imaginó que un maestro intentaría lastimar a un estudiante, mucho menos matarlo. Pero ahí estaba, mirando fijamente a la escoba de Harry, sin parpadear, murmurando en voz baja… exactamente el tipo de hechizo que era necesario para anular los poderosos encantamientos. Y justo acababa de convencer a sus padres que Hogwarts era seguro.
Hermione no pensó al principio, sólo actuó. Las reglas normales no eran prácticas en situaciones así, no cuando los maestros eran malvados. Harry era un amigo nuevo, y no estaba dispuesta a dejar que nadie, incluyendo el profesor Snape, lastimara a uno de sus amigos. Para cuando llegó a dónde se encontraba, ya tenía un plan en mente. Esas maldiciones eran difíciles de mantener: lo único que tenía que hacer era interrumpir el contacto visual de Snape por un momento y Harry lograría retomar el control de su escoba. La parte difícil era hacerlo sin que la descubrieran.
Todo casi fue arruinado cuando se tropezó con el profesor Quirrell y lo hizo caer sobre la primera fila. Se movió de rodillas hasta la parte de atrás, esperando que nadie la hubiera visto. Un momento después se encontró detrás de Snape, aparentemente aún sin ser percibida. Sacó su varita y la apuntó a la túnica del profesor.
–Lacarnum Inflamari –dijo en un susurro.
Una llama azul cayó sobre su túnica y comenzó a quemarla. Sin perder el tiempo, Hermione sacó un frasco de su bolsillo y se preparó. En unos segundos, Snape gritó con sorpresa ya que su ropa estaba en llamas y saltó de su asiento, interrumpiendo su contacto visual.
Después, Hermione tuvo que ejecutar la parte más difícil de su plan: remover la llama de la túnica de Snape sin que él la viera. Solo tendría un segundo antes de que comenzara a sacudir su túnica y buscara al culpable, y si ya estaba intentando matar a Harry, no quería saber lo que haría al que lo detuvo. Con un movimiento de su brazo Hermione empujó la llama azul al piso de las gradas desde donde la recogió para guardarla en su túnica y salir corriendo.
Regresó a la superficie justo a tiempo para ver a Harry aterrizar bruscamente y rodar sobre el suelo para terminar de rodillas. Su corazón latió con fuerza temiendo que no actuó a tiempo, pero después Harry comenzó a arquearse y escupió algo sobre su mano. Se puso de pie con una sonrisa triunfante y gritó:
–¡Tengo la snitch!
El estadio lo observó con confusión. Los Gryffindor corrieron al campo mientras que los Slytherin cambiaron sus expresiones de sorpresa a ira. Esa probablemente fue la más absurda captura de una snitch que alguien hubiera visto. Lee Jordan proclamó lo más fuerte que pudo que Gryffindor había ganado ciento setenta contra sesenta puntos.
No fue hasta que Hermione regresó a donde se encontraban Hagrid y el resto de los de primero que se dio cuenta de la magnitud de lo que había hecho. No le molestaba realizar un poco de magia fuera de clases de vez en cuando, mientras no la descubrieran, ¡pero acababa de atacar a un profesor! ¡Y con magia! ¡Un profesor con obvias intenciones mortales! Quitando de lado el romper las reglas, eso era probablemente lo más peligroso que había hecho, a propósito, si contaba Halloween. Y hablando de eso, ¡un profesor acababa de intentar matar a un estudiante! Su mundo entero había cambiado. Se abrazó de la capa de Hagrid para evitar caerse por la sorpresa mientras caminaban hacia el campo.
–¡No atrapó la snitch! –Gritó Marcus Flint, el capitán de Slytherin–. ¡Prácticamente se la comió! –Los otros Slytherin estaban de acuerdo, pero la señora Hooch declaró que la jugada era válida. Harry había capturado la snitch en el aire, y eso era lo que contaba.
–Ahí estás, Harry –dijo Hagrid mientras recogía al joven por debajo de las axilas y lo ponía de pie, rescatándolo de ser acarreado por el resto de los Gryffindor–. Buena captura, muy buena captura. ¿Pero en qué estabas pensando al volar de esa manera?
–Yo no lo hice –protestó Harry–. Mi escoba se volvió loca por sí sola.
–¡Fue Snape! –Dijo Hermione, pero Hagrid no la estaba escuchando.
–Bueno, tuviste suerte. ¿Por qué no vienes a mi cabaña por una taza de té? Ustedes también –les dijo a Ron y a Hermione–. No los he visto en un tiempo.
–¡Claro! –Dijo Ron con entusiasmo.
–Erm, sí, gracias –dijo Hermione.
Cruzaron los terrenos y entraron a la cabaña de Hagrid. Era un lugar extraño, pensó Hermione. No había visto el interior antes. Era una cabaña estilo rústico, excepto que todo había sido adaptado al tamaño de Hagrid, quien prendió un fuego en la chimenea y puso a hervir el agua para el té.
–Pues, escuché que ustedes tuvieron una aventura en Halloween –dijo–. ¿Que pelearon contra un troll?
Los tres jóvenes se sonrojaron.
–Bueno, no exactamente –dijo Hermione–. Más como que sobrevivimos uno.
–Bien por ustedes. Aun así, me hubiera gustado verlo –dijo Hagrid–. Trolls no frecuentan mucho el área.
Gracias, Merlín, por eso, pensó Hermione. Había escuchado rumores sobre el entusiasmo de Hagrid por criaturas peligrosas. Aunque él era casi tan grande como un troll y probablemente pudiera luchar contra uno si fuera necesario.
Harry notó que sus amigos se sentían incómodos y cambió el tema a algo más relevante.
–Aun no entiendo lo que ocurrió con mi escoba.
–¡Fue Snape! –Exclamó Ron–. Hermione y yo lo vimos mirándote fijamente y sin parpadear y murmurando algo. Debió de estar maldiciendo tu escoba.
–¡Tonterías! –Lo interrumpió Hagrid–. ¿Por qué haría eso Snape? Es un profesor.
–Porque me odia.
–Tonterías. Te dije que no le agrada nadie. No causaría ese tipo de problemas.
Harry, Ron, y Hermione se miraron nerviosos pensando en todos los problemas que habían visto que Snape había causado.
–No lo sé –dijo Harry lentamente–. Sabemos que intentó pasar al perro de tres cabezas en Halloween. Creo que estaba molesto porque lo mordió.
Hubo un ruido fuerte cuando Hagrid dejó caer la tetera y derramó el agua en el suelo.
–¿Cómo saben de Fluffy?
–¿Fluffy?
–¿Esa cosa tiene nombre? –Gritó Ron.
–Claro que sí. Es mío –dijo Hagrid–. Lo compré de un griego el año pasado y se lo presté a Dumbledore para… mm…
–¿Si? –Dijo Harry.
–No puedo decirles. Es un secreto, eso es. No me pregunten más.
–Pero Hagrid –dijo Hermione pensando rápidamente–, es bien sabido que los cerberos son perros guardianes. ¿Qué tal si Snape estaba intentando robar lo que sea que está guardando?
–¡No es así! Incluso nos dijo que estaba revisando… bueno, a Fluffy. Snape es un profesor de Hogwarts y nunca haría algo así.
–¿Entonces por qué intentó matar a Harry durante el partido?
–¡Les digo que no fue así! –Dijo Hagrid con molestia–. No sé qué ocurrió con la escoba de Harry pero sé que no fue Snape quien lo hizo, así que mejor olvídense del tema y ya que están en eso, también olvídense del perro y de lo que está guardando. Es un asunto peligroso, así es, y es sólo entre el profesor Dumbledore y… mm…
–¿Si? –Dijo Harry nuevamente.
–No, no les puedo decir eso tampoco –insistió Hagrid–. Déjenlo, ya. Se están involucrando en cosas que no les conciernen.
Hablaron por un poco más mientras se terminaban el té. La conversación rápidamente se volvió incómoda ya que Hagrid se molestaba cada vez que se acercaban al tema de lo que estaba ocurriendo en el tercer piso, por lo que decidieron terminar rápido su visita.
–Parece bastante sospechoso, ¿no es así? –Dijo Hermione mientras caminaban al castillo–. Snape intentó pasar al perro, y no es difícil deducir que fue tras de Harry para intentar encubrirlo. –Harry, quien se veía algo pálido, asintió nervioso.
–¿Así que estás de acuerdo con nosotros que Snape es malo? –Preguntó Ron.
–Supongo –respondió con una mueca–. No puedo creer que intentó matar a un estudiante, pero no puedo imaginar que otra cosa estaba haciendo. Y Percy dice que está interesado en las artes oscuras, por lo que seguramente hubiera podido. Si tan sólo supiéramos lo que el perro está protegiendo, entonces quizás supiéramos que es lo que quiere.
–Hermione –dijo Harry–, ¿dijiste que tal vez podemos adivinar lo que está protegiendo?
–Bueno, podemos intentarlo. Quiero decir, no puede haber tantas cosas tan pequeñas y que valgan este tipo de problemas. Estoy segura que podemos encontrar todas las cosas que pudiera ser en la biblioteca… a menos que sea tan secreto que no haya ningún libro escrito sobre el objeto.
–Creo que debemos intentarlo –dijo Harry–. Tengo el presentimiento de que es importante. Podemos empezar mañana… –Pero una idea le llegó a la mente–. Por supuesto, no quiero interferir con tu exploración del castillo. Aún podemos ayudarte con eso, ¿verdad Ron?
–Claro. Si puedes hacerles una broma a Fred y George haciendo eso, debe de ser útil.
–Gracias –dijo Hermione con una sonrisa–. Estoy más que feliz de ayudarles a resolver su acertijo si me ayudan con el mío. Incluso podemos dividir el tiempo.
–Gracias –acordó Harry–. ¿Quieres intentarlo mañana en la tarde?
–Sí, me parece bien.
Y así, el día siguiente después de almorzar, el trío se encontró caminando alrededor del vestíbulo principal y del gran comedor nuevamente, intentando descubrir cómo subir al espacio sobre ellos.
–¿Y si subimos por la gran escalera? –Sugirió Ron.
–No, ya revisé esa sección –dijo Hermione–. No está conectada en ese nivel.
–¿Cómo encontramos un pasaje secreto? –Preguntó Ron–. Ya intentamos las puertas, los tapices y eso.
–Fred y George hablan sobre pasajes secretos a veces –Ron respondió mientras sacaba su varita y comenzaba a golpear diferentes secciones en la pared–. Dicen que a veces hay que golpear el lugar correcto con la varita y decir una contraseña, como cuando uno entra al callejón Diagon. Y a veces hay que hacerle cosquillas a la pared en el lugar adecuado o caminar en frente dos veces o algo extraño como eso.
–Eso será difícil de descubrir –dijo Hermione–. En las historias muggle siempre tienes que presionar el ladrillo correcto o remover el libro adecuado, como la perilla de una puerta… mmm… –Tuvo una idea y sacó uno de sus frascos vacíos de su túnica, lo puso contra la pared, y presionó su oreja contra este. Después, comenzó a dar golpes en diferentes puntos en la pared.
–¿Qué estás haciendo? –Preguntó Ron con confusión.
–Estoy intentando escuchar si hay alguna sección en la pared que suene hueca. Es lo que hacen siempre en las historias muggle.
–Interesante. Tendré que decirle eso a mi papá. Le encanta escuchar sobre cosas muggle. Por supuesto, no funcionará si hay un encantamiento silenciador.
Hermione sacudió los hombros.
–Vale la pena intentarlo.
Hermione caminó a lo largo de la pared mientras Harry y Ron intentaban las diferentes ideas que Ron había pensado, pero el muro continuó tercamente sólido. Intentaron la pared siguiente y estaban a punto de rendirse cuando Harry gritó.
–¡Creo que encontré algo!
–¿Encontraste el camino hacia arriba? –Dijo Hermione con emoción.
–No, es sólo… parece como un almacén de escobas –dijo Harry decepcionado.
Y así era, un panel escondido entre las piedras decorativas alrededor de la estatua del arquitecto se había abierto, revelando una alacena pequeña de sólo cuatro pies de alto y llena de productos de limpieza. No parecía ser nada especial, excepto que estaba escondida, y probablemente no coordinaba con el resto del piso, pensó Hermione con molestia. En un edificio normal, uno podía sumar las dimensiones externas e internas y descifrar donde se encontraban todos los cuartos ocultos, pero en Hogwarts, eso no funcionaría.
–Bueno, eso es algo –admitió.
–¿Cómo lo encontraste? –Preguntó Ron.
Harry se sonrojó.
–Yo, um, le hice cosquillas al pie de la estatua.
–¿En serio? –Dijo Ron con una carcajada.
–Sí… –Harry soltó el panel, el cual se cerró y volvió a ocultarse en la pared–. Sólo… –Hizo cosquillas al pie de la estatua y sí, como había dicho, el panel se abrió nuevamente.
–Qué extraño –dijo Hermione–, me pregunto si… –Se acercó e hizo cosquillas al otro pie. Hubo un sonido rasposo y una alacena idéntica se abrió al otro lado de la estatua.
–Sorprendente –dijo Ron.
Intentaron descubrir si la estatua hacía otra cosa, tocando lo que podían hasta el nivel de las rodillas ya que no podían alcanzar más arriba ya que estaba sobre un pedestal, pero ningún otro panel oculto fue revelado. Al examinar el resto del vestíbulo encontraron otros dos paneles que revelaron otras alacenas pequeñas, pero estas estaban vacías.
–Esto es probablemente lo único que encontraremos aquí –decidió Harry–. ¿Te molestaría si fuéramos a la biblioteca ahora? Aunque podemos seguir buscando si lo prefieres.
–Sí, está bien, creo –respondió Hermione–. Ya hemos pasado el suficiente tiempo en esto por ahora. Vámonos.
Caminaron hacia el otro lado del castillo para llegar a la biblioteca y en silencio pasaron a madame Pince en dirección a la sección de historia.
–¿Qué estamos buscando? –Preguntó Ron.
–Mm… tesoros sería un buen comienzo –mencionó Hermione–. Joyería mágica, ese tipo de cosas. Sabemos que lo que sea que es, es pequeño. Pero tal vez deberíamos de revisar las biografías ya que pudiera ser una reliquia de Merlín o de alguno de los fundadores. Historia de Hogwarts dice un poco sobre el tema, pero lo único que sería lo suficiente pequeño sería el guardapelo de Salazar Slytherin. También podríamos leer sobre batallas famosas y ver si hay algún arma u objeto maldito que sea lo suficiente poderoso para ser protegido de esta manera.
–Suena a mucho trabajo –se quejó Ron.
–Sé que hay que leer muchas cosas –admitió Hermione–. Pero no tenemos muchas pistas. Creo que deberíamos hacer una lista de todo lo que encontremos y quizás pudiéramos reducirla aún más basada en la historia de cada objeto.
Ron aún no parecía feliz por la cantidad de trabajo, pero no dijo nada.
–No te preocupes –le dijo Harry–. No tenemos prisa. Podemos trabajar en esto cuando tengamos tiempo.
–Hay que empezar con libros sobre joyas y tesoros –sugirió Hermione–. Ese es probablemente el mejor lugar.
Comenzaron a trabajar. En la enorme biblioteca de Hogwarts había una cantidad significativa de libros específicamente sobre eso. Descubrieron varios objetos, especialmente si consideraban que las joyas pudieran haber sido separadas del collar o diadema o espada en la que habían estado, pero nada parecía del nivel para "intentar robar Gringotts". Sus mejores ideas fueron el guardapelo de Slytherin (aunque más por su valor histórico), y las joyas del bastón de Merlín o de la diadema de Morgana le Fay, ambas perdidas por mil años. Para la hora de la cena, era claro que su misión tomaría un tiempo.
Los días pasaron rápido para el trío naciente. Hermione se sentía mejor ahora que, con la ayuda de sus compañeras de cuarto, estaba durmiendo lo suficiente. Prácticamente tuvieron que llevarla a fuerzas al dormitorio un par de veces, pero lograron que recuperara un horario normal. Por supuesto, aún se levantaba temprano en ocasiones, pero cuando eso ocurría, conversaba con Lily y Sally-Anne hasta que el resto despertaba y era un problema que poco a poco estaba desapareciendo.
Ahora que hablaba más con ellos y conoció mejor a sus nuevos amigos, las sospechas de Hermione fueron confirmadas. A pesar de sus imprudencias, Harry Potter era un producto completamente normal del mundo muggle, como ella. Bueno, no completamente normal; aún prefería no hablar de su hogar, lo cual le preocupaba un poco, pero era un niño bastante normal. Ron Weasley, por otro lado, fue una sorpresa. Si se ignoraba su complejo de inferioridad y su obsesión con el quidditch, era un buen niño. Y parecía que era bastante inteligente, si tan sólo lo pusiera en acción. También era práctico el tenerlo como amigo ya que era el único de los tres que tenía experiencia en el mundo mágico. Hermione se sentía mal de haberlos malinterpretado como problemáticos al principio del año.
Harry estuvo recibiendo halagos (e insultos y burla de los Slytherin) toda la semana por su victoria tan poco ortodoxa. Hermione lo encontraba molesto, pero Harry parecía preferir eso a las referencias sobre el Niño Que Vivió. La profesora McGonagall lucía especialmente contenta por la victoria, pero la verdadera sorpresa vino de Snape, quien no parecía más desagradable de lo normal cuando tuvieron su clase de pociones el viernes. Harry adivinó que era porque ya no estaba cogiendo.
Pasaban bastante tiempo en la biblioteca trabajando en su proyecto de investigación privado, pero no avanzaban. Bajo estándares muggle, la organización de la biblioteca iba de mediocre a terrible, aunque no se atrevían a decirle eso a madame Pince. Considerando la población tan pequeña del mundo mágico, muchos de los libros eran bastante antiguos, y pocos estaban al día. También, muchos no estaban bien escritos y la documentación tampoco era buena, por lo que era aún más difícil encontrar las cosas.
El sábado, una semana después del partido de quidditch, pasaron un tiempo explorando otra vez. Hermione tenía el presentimiento de que alguno de los paneles en el gran comedor los llevaría a una escalera hacia el espacio de arriba, pero encontrar el panel correcto, y mucho más el descubrir cómo abrirlo, era una tarea difícil. Ron aún no estaba seguro de su método de escuchar en las paredes con un frasco, pero ni él ni Harry tuvieron mejor suerte. Después de una tarde explorando el gran comedor sin resultados, ninguno estaba seguro de ninguno de sus métodos.
–Quizás deberíamos de explorar el resto del castillo y ver cómo funcionan otros pasadizos –sugirió Ron–. Tal vez Fred y George nos quieran ayudar.
–Me pregunto si hay hechizos para detectar pasadizos ocultos –dijo Hermione–, y si los hay, si podemos convencer a alguien de que nos los enseñe, y si funcionarían en un lugar tan mágico como Hogwarts.
–¿Qué crees que hay arriba? –Preguntó Harry.
–No lo sé. Es probablemente algún almacén o algo así, o a lo mejor está vacío. Sólo me parece extraño que nadie lo sabe.
Poco después se rindieron por el día, pero el problema seguía molestando a Hermione. Sintió que se estaba olvidando de algo, pero no estaba segura de que. Quiso explorar al día siguiente, pero sus amigos no estaban dispuestos a ayudarla.
–Lo siento, tengo práctica de quidditch –dijo Harry–. Wood la programó porque nos saltamos la de la semana pasada.
–Oh –dijo Hermione decepcionada–. ¿Y tú, Ron?
–No, lo siento, tengo tarea –dijo con molestia–. Supongo que tú ya la terminaste.
–Bueno, si… ¿ocupas ayuda?
–Algo… creo que estoy bien por ahora. Si no, te pregunto en la noche. Puedes ir tú sola si quieres.
–¿En verdad? –Eso era bastante amable por parte de Ron–. ¿Estás seguro?
–Sí, está bien.
–Quisiera poderte ayudar –agregó Harry–. Pero no dejes que eso te detenga si no quieres. Aún podemos ayudarte en otro momento.
–Bueno, gracias… Sí, quiero darme otra vuelta hoy… Los veo después.
–Sí, hasta luego –le dijeron mientras se iba.
Hermione caminó al gran comedor sola. Era mala suerte, pero entendió sus problemas. Se sintió avergonzada de ir sola, aunque no debería de sentirse así; después de todo, era su proyecto. Aunque ahora estaban trabajando juntos, y sabía que Harry y Ron se decepcionarían si encontraba algo mientras no estaban. Oh, bueno, se los enseñaría al instante si ese era el caso.
Habían observado las áreas más obvias del gran comedor el día anterior. El área más grande por explorar era la pared detrás de la mesa principal donde los profesores se sentaban. Parecía en contra de las reglas el ir a esa zona, pero necesitaba examinarlo todo a fondo por lo que caminó a la pared, colocó el frasco contra uno de los paneles de madera, presionó su oreja contra el vidrio, y golpeó la madera. Escuchó el mismo sonido que en el resto de los paneles que estaban colocados sobre el muro de piedra. Era posible que Ron tenía razón y probablemente no encontraría nada con ese método, pero no pudo evitar sentir que debería de ser más fácil, que debería de haber una manera fácil de encontrar las cosas que estaban escondidas. Continuó, panel tras panel hasta que… ¡un momento! Golpeó nuevamente y con cuidado comparó los paneles de al lado. ¡Sí! Pudo escuchar el eco. Definitivamente había un hueco detrás de ese panel. Quizás una escalera u otra alacena, pero había algo. Ahora sólo tenía que descubrir como abrirlo.
Deslizó sus dedos por las orillas del panel, pero no había nada inusual. Golpeo los paneles adjuntos y se hizo una idea del tamaño de la puerta, pequeña, como las puertas de las alacenas. Pero no había nada de aspecto distintivo en ellos. Parecían como el resto de los paneles en el comedor. Intentó empujarlos. Intentó hacerles cosquillas en diferentes áreas. Intentó golpearlos con su varita. Pero nada funcionó. Tal vez tenía que golpear los paneles en cierto orden con su varita, lo cual significaba 720 combinaciones. O quizás la cerradura se encontraba cerca de la puerta. O quizás tenía que decir una contraseña. O quizás había un botón en la silla del director, la cual estaba detrás de ella a unas cuantas sillas de distancia. Había tantas posibilidades por contemplar y ninguna pista con la que trabajar. No tenía sentido que la puerta no diera indicación de que estaba ahí. Tenía que ser más fácil, ¿por qué no?
Después, observó la varita en su mano. Repentinamente, la sensación molesta finalmente tomó forma. Se preguntó porque no lo había pensado antes. Quizás no funcionaría en todas las puertas ocultas, pero si funcionó en la puerta que guardaba al perro de tres cabezas, entonces valía la pena. Apuntó su varita hacia el panel hueco y susurró:
–Alohomora.
Hubo un clic y el panel se abrió.
Estaba segura que esa no era la manera principal para abrirlo, pero los magos tendían a no pensar en las respuestas más obvias.
Con el panel abierto Hermione pudo ver en donde se encontraba la cerradura, aunque aún no estaba segura de cómo se debía de abrir normalmente. Pero lo más interesante fue lo que vio dentro del panel. No era una alacena. En su lugar, había una escalera en espiral pequeña, como construida para un enano, y se extendía hacia arriba y abajo desde el piso principal. ¡Este era el lugar! El único lugar para subir a lo que se encontraba sobre el gran comedor. Estaba tan emocionada que apenas y pensó en Harry y Ron. Les daría un tour una vez que supiera lo que había arriba, decidió.
Aunque titubeó por un momento en la entrada. La puerta había estado cerrada con llave por una razón, bueno, escondida, se recordó a sí misma. No estaba segura de si estaba cerrada con llave. Aun así, era un espacio extraño y angosto. Debía de estar fuera de límite, o incluso ser peligroso. Ese tipo de lugares deberían de estar mejor resguardados, pero el recuerdo de ese perro le hizo dejar de lado esa idea.
Por otro lado, ese era un lugar que ni siquiera los profesores conocían. Probablemente no estaba prohibido porque nadie pensó nunca el crear una regla sobre este, o nunca nadie recordaba si había una regla. Y ciertamente nadie le había dicho que estaba prohibido. Eso debería de contar, ¿verdad? Respiró profundamente y subió la escalera.
La escalera parecía ser de una casa de muñecas. Los escalones sólo eran de unas cuatro pulgadas de alto y seis pulgadas de ancho. Apenas y podía lograr que su pie permaneciera en ellos, y con el bajo techo, descubrió que era más fácil subir de rodillas con ayuda de sus manos, por muy incómodo que eso fuera. El espacio también era muy angosto. Un hombre alto tendría bastante dificultad subiendo. Hermione dejó su frasco bloqueando la entrada, por si acaso, subió unos pasos, se detuvo un momento para asegurarse de tener el espacio suficiente para darse la vuelta si era necesario, y comenzó a subir.
La escalera de caracol se encogió aún más mientras subía. No había manera de ver que tan arriba o abajo iba, por lo que continuó escalando. Contando los pequeños escalones fue fácil notar que se estaba elevando considerablemente. Ciento cincuenta o doscientos la pondrían al nivel al que quería llegar, adivinó. No había descansos ni niveles, lo cual no le sorprendió ya que lo único a su lado era un muro sólido. Al otro lado había aberturas como ventanas y la escalera estaba iluminada por un tipo de luces encantadas, no por antorchas.
Finalmente, justo cuando consideró que estaba llegando al techo, las escaleras se detuvieron y se abrieron a un pasillo, el cual seguía por unas cuantas yardas antes de cambiar de dirección a la izquierda en un pasillo angosto del largo del gran comedor.
Hermione intentó ponerse de pie, pero el espacio sólo tenía una altura de tres pies y nueve pulgadas aproximadamente, basado en lo que pudo medir con sus manos. Al igual que las escaleras, el espacio sólo tenía un ancho de un pie y diez pulgadas. Pero la parte más extraña era que el pasillo estaba lleno de puertas pequeñas, perfectamente normales, excepto que eran de la mitad del tamaño normal. Intentó la primera. Cerrada con llave. Consideró utilizar un hechizo para abrirla, pero notó una luz al final del pasillo, por lo que decidió investigar eso primero.
Eso probablemente fue una de las cosas más extrañas que había hecho: gatear en lo que podría considerarse como el ático del castillo, preguntándose porque alguien necesitaría un pasillo tan reducido en ese lugar sin que ninguno de los profesores lo supiera.
Era un lugar tranquilo, sin ruido o señales de movimiento además de la luz parpadeante al final del pasillo. Hermione iba a la mitad del pasillo cuando ocurrió: una de las puertas pequeñas se abrió y algo salió.
La criatura parecía una persona pequeña, pero era muy delgada y tenía orejas como las de un murciélago en cada lado de su cabeza calva y arrugada, además de una nariz más grande de lo normal de aspecto angular y ojos enormes de color azul del tamaño de pelotas de tenis. Estaba usando una toga con el escudo de Hogwarts, el cual tenía un aspecto crespo y parecía estar hecho de una toalla.
La criatura la miró directamente y se paralizó.
–¡Ah! –Gritó Hermione por la sorpresa.
–¡Ahhh! –Gritó la criatura con una voz aguda.
–¡Ahhh!
–¡Ahhh!
