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Contratiempos en Viridian
En la amplia recepción del Centro Pokémon de Ciudad Viridian, una melodía resonaba en las paredes, rompiendo con la quietud del lugar. El ritmo de la música, entre dramático y épico, retumbaba en los oídos de los presentes, quienes intercambiaban furiosas miradas entre ellos en espera de que iniciara la batalla.
La música era más que digna para la crítica ocasión, encajaba a la perfección, sólo que…
— ¡MOONGHOST! —rugió Eve, harta de la tonada, estrujando fuertemente un tocadiscos totalmente negro que flotaba en el aire, zarandeándolo con poca delicadeza cuando logró apresarlo entre sus dedos luego de que el mismo se le escapara varias veces— ¡Déjate de juegos y madura de una buena vez, por todos los cielos!
A cada sacudón, el objeto fue deteriorándose hasta convertirse en una masa deforme. Cuando Eve finalmente lo liberó, poco a poco aquel amasijo tomó una forma más definida, revelando que en realidad se trataba de Moonghost, algo mareado por la muestra de "afecto" de su hermana.
— Nunca me dejas divertirme... siquiera un poquito —farfulló Moonghost débilmente, con voz de ebrio a causa del mareo.
Era sencillo para Eve ignorar el comentario de su hermano, aunque no lo mismo con respecto a su comportamiento, que le resultaba vergonzoso. No podía hacer nada ante esto, así que se limitó a mirar al techo, sacudiendo ligeramente la cabeza y preguntándose por qué, de entre todos sus hermanos, él tuvo que ser el primero en despertar.
A pesar de lo inmersa que estaba en sus lamentaciones, no olvidó que se encontraba en una situación precaria, sería un grave error de su parte bajar la guardia. Ella misma sabía algo respecto al Equipo Rocket, muy poco en realidad, pero lo necesario para maldecir el habérselos tropezado. Se trataba de una de las organizaciones criminales más poderosas de la actualidad, operaba en las regiones de Kanto y Johto, pero tenía influencias en otras regiones y buscaban expandirse hacia muchas más.
Eve se hizo una nota mental respecto al Equipo Rocket, pues una de sus principales actividades tenía que ver con el robo y contrabando de pokémon, por lo que cualquiera de ellos podría ser un blanco tentador. Rechinó los dientes con sólo pensar en ellos, quiso tomar previsiones aunque jamás pensó que se los tropezarían... ¡y mucho menos tan pronto!
Una sensación extraña recorrió su cuerpo, su mente detuvo las divagaciones en las que estaba inmersa y fijó toda su atención en sus enemigos. El Electabuzz preparaba un ataque, podía percibir lo cargada que estaba la atmósfera a causa de la estática que comenzaba a acumularse en sus antenas.
Todo sucedió en cuestión de segundos. El cuerpo de Eve se rodeó de un aura violácea y, con un rápido movimiento, lanzó una esfera de energía destellante que se formó entre sus manos. El ataque avanzó raudo hacia el Electabuzz, impactando en su estómago y empujándolo varios metros atrás, dejando una estela de chispas violetas a su paso. El Electabuzz cayó duramente en el suelo, permaneciendo tendido mientras incontables chispas violáceas saltaban de su cuerpo, aún después de que Eve dejara de brillar. Eve no le dio oportunidad alguna de reaccionar a su oponente, seguramente, el susodicho no imaginaba que ella se percataría de que preparaba un ataque a traición.
A pesar de lo que a Dyfir le pareció una maravillosa actuación por parte de Eve, el encargado del Electabuzz se desternilló de risa frente a ellos, sin siquiera verificar el estado de su pokémon. El hombre inflaba su pecho no sólo con aire, sino también con arrogancia, aún más cuando se le unieron los otros.
Dyfir no entendía qué les causaba tanta gracia. ¿Es que sabían algo que ellos no? Miró con preocupación a Eve, quien ahora estaba en una posición relajada, contemplándolos con frialdad y el ceño levemente fruncido. Dyfir creyó que Eve quizás pensaba lo mismo que ella, que aquellos tipos del Equipo Rocket ocultaban algo, pero cuando notó el atisbo de una sonrisa maliciosa bailando en su rostro ya no supo qué pensar. Ahora, parecía que quienes ignoraban algo eran los del Equipo Rocket.
— ¡Já! —exclamó finalmente el entrenador del Electabuzz mientras se enjugaba las lágrimas, haciendo un gran esfuerzo para no seguir riendo a mandíbula batiente—. Con ataques de concurso jamás podrán derrotar a mí Electabuzz. Este pokémon es de élite, es de la selección personal de nuestro jefe mismo, estos han recibido un entrenamiento especial y alcanzaron la eficacia que ningún pokémon corriente podrá jamás. Además, es de un nivel superior al que podría llevarlo cualquier novato... ¡todo gracias a la grandeza del Equipo Rocket! Así que nuestros pokémon no serán derrotados por una simple y tonta esferita que suelta chispitas bonitas —corroboró orgullosamente, ensanchando su sonrisa altanera con cada palabra que soltaba— ¡Ahora, Electabuzz, acaba con ellos! ¡Usa tu Trueno! —ordenó con profundo fervor, apuntando a Eve con su índice.
El hombre no borró su sonrisa, en espera de verlos retorcerse y chamuscarse bajo el asedio de la poderosa descarga eléctrica, pero al pasar un par de segundos y ver que ningún destello vaporizaba a sus enemigos, cayó en cuenta de que algo andaba mal y decidió voltear. Casi le da un infarto cuando verificó que su Electabuzz seguía tirado en el suelo, totalmente inconsciente y con chispas violáceas todavía recorriendo su cuerpo.
— ¡¿Pero qué…?! ¡¿Q-qué demonios... pasó?! —chilló, tan sorprendido que no podía terminar siquiera una oración.
— ¿Qué hiciste? —preguntó Dyfir atónita cuando Moonghost se tapó la boca con las manos para ahogar una carcajada
Eve no pudo contener más su sonrisa de satisfacción, siempre era demasiado divertido ver la reacción de los demás ante su ataque insignia, aquello que la hacía única, pero una repentina punzada en la sien le recordó que no se encontraba del todo bien. Se llevó una mano a la cabeza para tratar de mitigar el dolor, cerrando con fuerza los ojos y maldiciendo por lo bajo.
— ¡Como detesto esto! —musitó para ella misma, sintiendo cómo todo le daba vueltas.
Justo en ese instante, las luces de la recepción se encendieron, iluminando por completo la habitación y opacando a los reflectores. Detrás del mostrador estaba una consternada enfermera Joy, en pijamas y con lagañas en los ojos, su labio inferior temblaba en busca de las palabras que diría.
— ¡¿Qué sucede aquí?! —exigió bastante alterada. Al instante, sus ojos se fijaron en las gigantescas erres escarlatas plasmadas en los uniformes de los desconocidos—. ¡Por los calzones de mi Chansey! ¡Es el Equipo Rocket! —chilló asustada, pero la mueca de su rostro cambió de sopetón cuando notó algo que la disgustaba mil veces más que una banda de criminales parada en el Centro Pokémon—. ¡¿Oigan, qué le sucedió a la alfombra?! ¡¿Quién lo hizo?! ¡¿Acaso alguno de ustedes sabe cuánto vale?! ¡Es importada de Hoenn, por todos los cielos! —exclamó furiosa.
Dyfir no podía creer que la enfermera estuviera más preocupada por la mancha en la alfombra que en llamar a la policía, y por el gesto en el rostro del resto de los presentes, parecía que no era la única que pensaba lo mismo.
A quien parecía importarle el interés de la enfermera por la alfombra era a Eve, que miraba estupefacta a Joy con una mueca deformada por la incredulidad y los nervios.
— Se ha fijado —musitó sorprendida y con un tic nervioso en el ojo derecho—. ¿Pero cómo rayos...?
— ¡¿Por qué prendiste las luces?! —gruñó uno de los malhechores, mirando con profundo rencor a la enfermera—. Nos llevó mucho tiempo y esfuerzo instalar esos reflectores para que nos viéramos geniales ¡Nos hacían parecer más malos y por tu culpa se arruinó todo! ¡Te ordeno que apagues las luces de inmediato y te vayas por donde viniste!
— ¡No puedo creerlo! —bufó Eve incrédula, dándose un manotón en la cara. Todos los presentes tenían las prioridades en el...
— Debes admitir que estos tipos son más imbéciles que yo —le dijo Moonghost al oído, sonriendo con picardía.
— Siento decepcionarte, pero nunca habrá nadie que te quite el puesto de rey de los idiotas —espetó Eve con tosquedad, mirando nerviosamente a todos lados para encontrar el modo de escapar y no tener que responder por la alfombra—. Al menos, ya no cabe duda de quiénes son estos tipos —agregó en un susurro y frunciendo levemente el ceño—. Por un momento pensé que podrían ser farsantes que usaban el nombre para amedrentar, pero no es así.
— Sí y eso no me agrada —asintió Moonghost con algo de seriedad en su mirada, hablando también en voz baja—. Es una organización mafiosa que se encarga del robo y explotación de pokémon, ¿o me equivoco?
— No, estás en todo lo cierto —confirmó Eve, claramente disgustada con la presencia de aquellos criminales.
— ¿Qué querrán de nosotros estos tipos? —le preguntó Moonghost con preocupación, aunque intuía la respuesta.
— Nada bueno, eso es seguro —contestó ella—. Presiento que esto nos va a traer muchos problemas...
— Eve, Moonghost... —los llamó Dyfir en voz baja, agachándose para quedar a la altura de ambos—. Creo que lo mejor que podemos hacer es salir del lugar. Si tenemos una batalla aquí adentro, destruiremos el Centro Pokémon y eso dejaría desamparados a los pokémon de los entrenadores. Ya es más que suficiente la explosión que han causado estos papanatas y el "regalito" que Eve dejó en la alfombra.
— ¡Eso es muy cierto! Miren que cosas como esas no se pueden permitir, es un crimen en contra de la humanidad y los pokémon... me refiero a la alfombra, claro —dijo Moonghost entre risas.
— ¡Ja-já, muy gracioso! —espetó Eve lacónicamente, lanzándole una mirada asesina a su hermano.
— Dejando a un lado los chistes, Dyfir tiene muchísima razón, no podemos seguir llamando tanto la atención —dijo Moonghost serenamente, aunque sus ojos brillaban con tanta ilusión que Eve sabía que se lo estaba tomando como un juego—. Mejor vayamos moviendo nuestras patitas hacia la calle, para que luego le pateen sus nalguitas a estos bribones.
— ¡Hecho, manos a la obra! —exclamó Dyfir enérgicamente y enderezándose al tiro— ¡A que no nos atrapan, tarados! —gritó mientras corría a la salida, con su Typhlosion pisándole los talones.
Moonghost estalló en carcajadas y siguió a la entrenadora dando saltitos, agarrando a Eve por el brazo y llevándosela a rastras, olvidando que su hermana se sentía muy mal.
— ¡¿Cómo nos dijo?! —gritó furioso uno de los Rocket, echando a correr detrás de ellos.
La enfermera Joy se apresuró para acercarse al panel de control y teclear algunos comandos, liberando los cerrojos electrónicos de la puerta y permitiendo que Dyfir, Eve y Moonghost salieran sin problemas.
— ¡Que no escapen! —bramó el Rocket con cara de Primeape desesperadamente, echando a correr tras el primero de su equipo y seguido Del resto junto a sus pokémon, luego de que regresaran al Electabuzz a su pokebola.
Los viajeros corrieron por las calles de Viridian bajo el manto de la noche, guiados por las luces de la ciudad ante la atenta mirada de los escasos transeúntes nocturnos, quienes pegaban grititos al percatarse de la identidad de los persecutores del trío. Los Rocket se llevaban a cualquiera que se atravesara en su camino; les pisaban los talones y la determinación en sus miradas les hizo saber que nada los detendría hasta que los atraparan.
Corrieron y corrieron hasta llegar a la entrada del parque principal de la ciudad. La reja estaba cerrada pero Moonghost no tuvo problema, el podía deslizarse a través de los barrotes, ayudando a Dyfir y su Typhlosion a escalar mientras Eve le pasaba por encima de un salto. No miraron hacia atrás, incluso cuando escucharon claramente que sus persecutores también saltaban la reja, tenían que seguir hasta encontrar el sitio adecuado para hacerles frente.
— ¡No podrán escapar! —gritó uno de los Rocket con rabia y exhausto de tanto correr, lo delataba su acelerada respiración y ahogadas palabras.
— No pretendemos huir —gruñó Eve con hastío y lo suficientemente alto como para que la escucharan.
Desconocía si las verdaderas intenciones de Dyfir era perderlos, pero aquel lugar era bastante amplio para tener una batalla cómodamente, además de que estaba desierto, nadie saldría lastimado por culpa de ellos. Lo único de lo que Eve estaba segura era que la manera de deshacerse de esas molestias era con un buen escarmiento, no tenían más opción. Pero ella no se encontraba nada bien... y confiar en Moonghost se le hacía difícil.
— ¡¿Ah, sí?! ¡¿Entonces por qué no se detienen?! —preguntó rabioso el mismo Rocket— ¡Houndoom, Bola Sombra! —ordenó inesperadamente.
El Houndoom, quien iba a la cabeza junto al Arcanine, aceleró apenas escuchó el comando, se detuvo cuando estaba seguro de que tenía a sus presas al alcance de su ataque y concentró energía oscura entre sus fauces, la cual disparó en forma de orbe hacia su objetivo.
El ataque se dirigía ferozmente al grupo, por lo que Moonghost se detuvo y disparó su propia Bola Sombra y así contrarrestar la de su enemigo. Ambos ataques colisionaron muy cerca ellos, explotando y envolviéndolos en una pantalla de humo poco densa. El tiempo de correr había terminado, hubiesen encontrado un lugar idóneo o no, era momento de entrar en batalla.
— ¡Arcanine, Lanzallamas! —exclamó otro Rocket apenas escuchó el estallido.
— ¡Lickitung, Ventisca! —comandó el siguiente, justo después que su compañero.
Dyfir no reaccionó lo suficientemente rápido para darle algún comando su Typhlosion, pero Llamita se puso al frente, las llamas sobre sus hombros saltaron con furia al soltar su potente rugido, liberando un Lanzallamas propio. Ambos ataques de fuego chocaron, entremezclándose al hacer contacto y luchando entre sí para imponerse sobre el otro, en una épica lucha de la que saltaban ascuas en todas direcciones. Las dos criaturas de fuego mantuvieron sus ataques, sin que ninguno estuviera dispuesto a ceder, todo por mantener intacto su orgullo y, al menos de parte de la comadreja, proteger a su entrenador.
Pero la batalla no se detendría ante aquella lucha, la Ventisca sobrepasó a los contendientes de fuego y continuó su camino hacia el grupo de viajeros, por lo que Eve se colocó rápidamente al frente para detenerlo. Su cuerpo volvió a brillar con un aura violácea y, ayudada de un delicado movimiento de manos, levantó una Pantalla de Luz. El potente viento chocó contra la barrera traslúcida, la nieve se arremolinó frente a sus ojos estrepitosamente, aullando con furia en sus oídos y enmarañando aún más el blanco cabello de la entrenadora, pero el aire gélido que podía dañarlos no los podía tocar.
Eve se vio obligada a mantener la barrera hasta que el Lickitung se quedó sin aliento y no pudo continuar con la Ventisca. Pero antes de que eso sucediera, ambos Lanzallamas terminaron ocasionando una explosión que cubrió con un grueso humo negro gran parte del lugar, nublando la vista del grupo y haciéndolos toser.
— ¡Genial! ¡Más humo...! —exclamó Eve irónicamente entre graves tosidos, las náuseas que le producía el desagradable aroma del humo la desconcentraron y con eso su Pantalla de Luz desapareció. Y aunque el Lickitung ya había cancelado la Ventisca, el remanente la alcanzó, llenando de escarcha su pelaje y calándola de frío hasta los huesos.
— ¡Terremoto, Lickitung! —ordenó el Rocket inesperadamente.
— ¡¿Qué?! —exclamó Dyfir conmocionada, entre tosidos frenéticos a causar del humo. Estaba prohibido usar ataques de esa categoría en centros poblados... ¡especialmente en ciudades como Viridian! A sus oídos llegaron otro par de voces, que ordenaban a ambos canes dar saltos altos para mitigar los efectos del ataque. Ella quiso hacer algo similar, pero en cuanto abrió la boca aspiró una bocanada de humo que le escoció la garganta y la hizo llorar— ¡No veo nada! —se quejó apenas con un hilillo de voz.
Casi de inmediato, sintieron que el suelo a sus pies temblaba con fuerza. Dyfir perdió el equilibrio y cayó sentada al suelo; intentó levantarse varias veces, pero cada vez que lo hacía caía de nuevo. Llamita tenía la suficiente experiencia para mantenerse firmemente en pie, pero las ondas le producían un dolor inusual que sólo pokémon susceptibles a lo mismo podrían entender. Eve y Moonghost se vieron forzados a levitar para evadir el ataque del Lickitung, en busca también de alguna manera para ganar mejor posición y neutralizar a sus enemigos.
El estar por encima del humo, les permitió a los hermanos localizar al Arcanine y al Houndoom en pleno salto. Moonghost frunció levemente el ceño y se dirigió rápidamente en contra del Houndoom, embistiéndolo para hacerlo aterrizar abruptamente. Eve, por su parte, descargó un Psico-Rayo sobre el Arcanine, desviándolo de su trayectoria y lanzándolo contra el suelo.
Mientras los efectos del Terremoto terminaban, el Lickitung se acercó lo más aprisa que pudo a Llamita y le dio un lametazo que hizo estremecer al Typhlosion, paralizándolo de asco. Dyfir se percató de eso y se puso en pie de un jalón, acercándose a toda prisa a su pokémon para interponerse entre el Lickitung y la comadreja. El pokémon lengua retrocedió, esperando las órdenes de su amo mientras éste se regocijaba del efecto que había causado el ataque de su pokémon.
Ignorando lo que sucedía a la entrenadora, Moonghost se acercaba con suma lentitud al Houndoom mientras éste se reincorporaba, observándolo cautelosamente con sus pálidos ojos y el ceño levemente fruncido. El perro gruñó amenazadoramente, esperando a que su entrenador le diera la orden de atacar, relamiendo sus pronunciados colmillos con impaciencia.
— ¡Houndoom, hazlo pedazos! Bueno, no tanto, lo necesitamos entero... ¡Triturar! —ordenó finalmente el dueño del Houndoom.
El canino del averno se abalanzó sobre Moonghost, exhibiendo su lustrosa y atemorizante dentadura, de la cual resaltaron aún más sus largos y filosos colmillos. El fantasma frunció un poco más el ceño y también se lanzó hacia su oponente, dispuesto a medir sus fuerzas aún estando en desventaja de tipo. El rostro del Houndoom dejaba apreciar claramente las ansias que tenía por apresar y destrozar a su contrincante, pero ese gesto tan fiero repentinamente se torció en una mueca de espanto total.
El Houndoom perdió el equilibrio en pleno salto y estampó su rostro de lleno contra el suelo, chillando agudamente a causa del dolor y el inusual ataque de pánico. Temblaba de pies a cabeza, con los ojos muy abiertos y la cola entre las patas; su miedo resultaba incluso gracioso, era como si estuviera atravesando por un shock muy fuerte.
Moonghost se detuvo ante la reacción de su oponente y se quedó muy quieto, observándolo detenidamente... o eso parecía; Dyfir no podía ver el rostro de Moonghost, estaba de espaldas a ella y le causaba curiosidad saber qué pasaba, porque incluso el dueño del Houndoom balbuceaba y temblaba como hoja.
Mientras lo del Houndoom sucedía, Eve logró lanzarle un Rayo Confuso al Arcanine, haciendo que el majestuoso pokémon terminara golpeándose estúpidamente en contra de un banquito una y otra vez. Cuando volteó y se percató de lo que pasaba, su hermano ya le devolvía la mirada inocentemente con la punta de su lengua asomándose tímidamente.
— ¿Intentaste usar Lengüetazo? —le preguntó Eve monótonamente, a lo que su hermano le contestó asintiendo con la cabeza. Suspiró con hastío, era un ataque inútil ante ese tipo de oponente, pero lo hizo más que nada para no reírse. Entonces, agregó:— ¿No recuerdas la cara horrible que pones cuando usas ese ataque? Antes de que consigas lamer a alguien, lo matarás de un infarto.
— ¡No puedo evitarlo! En serio, no sé por qué lo hago, pero necesito pulir mis técnicas de vez en cuando —bufó Moonghost algo ofendido, cruzándose de brazos y haciendo pucheros—. Y es que... ¡no lo entiendo! O sea, no hago muecas a propósito, ¡en verdad! —argumentó, dándose golpes de pecho, pero el atisbo de una sonrisa pícara le daba a entender a Eve que, en cierto modo, lo hacía propósito—. Y en gran parte, la idea era que le diera un patatús, pero lo único que conseguí fue que chillará igual que Skyfler cuando le ensucias la cola.
— ¡Hiper Rayo, Lickitung! —gritó uno de los Rocket repentinamente, tomando desprevenidos a todos.
El Lickitung, sin chistar, cargó rápidamente el rayo dorado en su boca y lo disparó en dirección a Dyfir y Llamita. Cuando Eve y Moonghost reaccionaron para lanzarse en ayuda a la entrenadora, el ataque ya había impactado, explotando y levantado una gran cortina de polvo que los envolvió a todos.
Moonghost fue el primero en salir de su estupor, sólo para soltar insultos y maldiciones entre graves tosidos, retando groseramente al Lickitung para hacerlo pagar por lo que había hecho.
Eve estaba más ocupada en usar todas sus fuerzas para mantenerse en pie, estaba poniéndose peor luego de tanto humo, un mareo muy potente la hacia tambalearse, sus piernas le temblaban y las luces de los edificios brillaban con mayor intensidad, deslumbrándola y desorientándola por completo. No pudo soportarlo por mucho tiempo, sucumbió ante el mundo que daba vueltas vertiginosamente a su alrededor, cayendo de rodillas al suelo. Estar tan vulnerable sólo la hacía sentir furiosa, no podía estar más avergonzada ante su propia debilidad, nada podía con la impotencia que experimentaba en esos momentos. ¿Qué pensaría su hermano mayor de ella si la viera en tan deplorable estado por algo tan absurdo?
— ¡Son unos malditos...! ¡Desgraciados, hijos de...! ¡Les juro que...! —gritaba Moonghost con tanta ira que no terminaba las oraciones. Sólo se detuvo al notar algo extraño a través de la cortina de polvo, una alta silueta se perfilaba justo en donde había impactado el Hiper Rayo. Cuando el humo se dispersó, su sorpresa sólo era superada por el alivio.
Dyfir y Llamita estaban intactos. La joven se aferraba a su Typhlosion con vehemencia, riendo nerviosamente y agradeciendo que se encontraran con bien. Pero sus ojos rápidamente se posaron sobre un pokémon que estaba ante ellos, uno que Dyfir jamás había visto, preguntándose si su protector era amigo o enemigo.
Era mucho más alto que cualquiera de los que se encontraba en el lugar, sólo con eso bastaba para sentirse intimidado con su presencia, pero sus feroces ojos violeta acentuaban aún más su regia apariencia. El pokémon tenía extendido su brazo derecho, con el cual mantenía una barrera azulada y traslúcida, la cual seguramente había recibido de lleno el Hiper Rayo.
Dyfir lo observaba de hito en hito, claramente sorprendida, no lo vio llegar pero estaba agradecida de que lo hiciera. Moonghost y Eve estaban tan consternados como la joven, aunque la segunda no veía al extraño como un salvador, sino más bien como un nuevo problema.
Y las sospechas de Eve crecieron cuando notó que los Rocket no sólo estaban sorprendidos, sino que además contemplaban al extraño pokémon con profundo temor mientras éste les devolvía la mirada con el ceño fruncido.
— ¡E-e-es… es...! —tartamudeó Cara de Primeape, sin poder creer lo que veían sus ojos— ¡¿P-por qué está aquí?! ¡Se supone que...!
Entonces, el extraño pokémon dibujó una sonrisa maliciosa mientras alzaba su mano una vez más, la cual comenzó a brillar rodeada de una hermosa aura celeste. Todos los pokémon de los Rocket quedaron envueltos en la misma energía azul, elevándose unos metros del suelo, retorciéndose de dolor a medida que el extraño cerraba su mano. Estuvieron así unos segundos hasta que el desconocido pokémon hizo un ademán bastante brusco y todos los afectados salieron disparados, cayendo encima de sus respectivos entrenadores.
El pokémon bajó la mano y caminó tranquilamente hacia los Rocket, en sus ojos se veía claramente su intención de darles la estocada final, vislumbrándose incluso algo de crueldad. Pero inesperadamente, un aura violácea rodeó al grupo de rufianes y, de un segundo a otro, se produjo una explosión de magnitud considerable.
El extraño tuvo que cubrirse en un vano intento por protegerse, pero al darse cuenta que lo único que hizo la explosión fue levantar polvo y mandar a volar a los Rocket, buscó rápidamente con la mirada al autor de tal cosa.
— ¡¿Te has vuelto loca, Eve?! ¡Sólo mírate! ¡No estás en condiciones para hacer esa gracia! —exclamó Moonghost angustiado, corriendo hacia su hermana.
— En vez de darme tanta lata, cerciórate de que Dyfir y su pokémon estén bien —espetó Eve fríamente, con la mirada clavada en el suelo. Ahora tenía que sostenerse con los brazos para no caer por completo al suelo y el esfuerzo la había hecho sudar frío.
Moonghost la contempló angustiado por unos segundos, pero accedió a dejarla tranquila para apresurarse y verificar el estado de Dyfir, aunque eso no le quitaba la preocupación.
Mientras el fantasma hacia lo que le habían ordenado, Eve aguantaba con todas sus fuerzas las ganas de vomitar. Se decía una y otra vez que tenía que levantarse, tenía a un extraño parado al frente y ella no podía permitirse lucir débil, tenía que ponerse en pie y prepararse en caso de tener que defenderse.
Repentinamente, se sintió observada y levantó la mirada, sabiendo que se tropezaría con los ojos violetas del misterioso pokémon, quien la contemplaba con cierto interés. Ella hizo un esfuerzo mayor para reincorporarse, sin quitarle la vista aún cuando le costaba tanto, experimentando una repentina curiosidad hacia él. Eve sin dudas desconfiaba de él, los extraños no eran de su agrado, pero en su cabeza revoloteaba una pregunta que la hacía estremecer: ¿Acaso sería aquél pokémon de quien le había hablado su Madre?
Desechó inmediatamente tal idea sacudiendo su cabeza, aún luchando por ponerse de pie y consiguiéndolo a duras penas, aun con la mirada fija en el pokémon. Fuera quien fuera, lo echaría a patadas, no necesitaba otro estor...
— ¡Oye! —exclamó Moonghost alegremente, apareciendo de repente frente al pokémon. Eve sólo podía maldecir su imprudencia y tratar de controlar sus ganas de ahorcarlo junto con las de vomitar que le produjo el alterarse—. Muchísimas gracias por ayudarnos, en serio —agradeció, dirigiéndole una sonrisa.
— No fue nada —le respondió seriamente el extraño, dando un par de pasos hacia atrás. Al parecer le incomodaba que invadieran su espacio personal.
— ¡¿Sabes hablar la lengua humana también?! ¡Increíble! —exclamó Moonghost, claramente emocionado y asombrado, acercándose a él sin notar que el pokémon trataba de mantener la distancia— ¡Esto es genial! No tendré que estar traduciendo lo que dices. Y por lo que veo eres psíquico. También luces muy fuerte. Y veo que no te gusta usar tus cuerdas vocales porque te comunicas a través de la telepatía —dijo rápidamente, dando vueltas alrededor del pokémon muy rápido cuando se cansó de perseguirlo—. ¿Cómo te llamas? —preguntó de sopetón, deteniéndose en seco y dando fin a su lluvia de comentarios.
— Mewtwo… —balbuceó el pokémon luego de un minuto de silencio. La inseguridad con la que contestó indicaba que era tan receloso y desconfiado como Eve... eso o quedó abrumado por culpa de Moonghost.
— ¡Mucho gusto! —vociferó el fantasma lleno de felicidad, sosteniendo las manos de Mewtwo y sacudiéndolas enérgicamente—. ¡Deja te presento! Ella es Dyfir, una entrenadora que tenemos de mascota. El pobre Typhlosion de allá se llama Llamita y es de Dyfir. La que está allí muriéndose es mi hermanita Eve. Y yo soy Moonghost, el fantástico. ¡Es todo un placer el conocerte! —dijo rápidamente, ensanchando más su sonrisa a cada que señalaba a alguien para presentarlo—. No sé por qué, pero me cae bien, Eve. ¿Podemos quedárnoslo? Te prometo que lo alimentaré y cuidaré bien, sólo mira lo bien que está Dyfir —agregó, mirando a Eve con un brillo inusual en los ojos.
Eve pegó un ligero respingo, mirando algo atolondrada a Moonghost y luego a Mewtwo. Ambos intercambiaron miradas por quién sabe cuánto tiempo, hasta que Eve esquivó los intensos ojos de Mewtwo para tropezarse con el sonriente Moonghost.
Estaba tentada a señalarle, siguiendo el argumento de su hermano, que su mascota y la mascota de su mascota estuvieron a punto de estallar a causa de un Hiper Rayo, pero ella no estaba de humor para eso ni para soportar las quejas de Dyfir en caso de decirlo.
El extraño, que se hacía llamar Mewtwo, parecía tan perplejo como ella ante la repentina petición de Moonghost, aunque ahora estaba más ocupado en esquivar al fantasma, quien intentaba darle un abrazo de agradecimiento. Mientras los observaba, suspiró llena de frustración, pues aunque se negara rotundamente su hermano ignoraría su decisión. Estaba atada de manos y no podía hacer nada para evitarlo
— ¿Por qué me haces esto? —suspiró Eve con pesar, dirigiendo una mirada llena de cólera al vasto cielo de la noche y dedicándole un poco agradable pensamiento a su Madre.
