La suma de todos los Harry Potter es un subconjunto de JK Rowling.

Notas del autor: Recibí algo de atención por el final del capítulo anterior. Ahora, vamos a ver qué ocurre cuando los primeros elfos que Hermione conoce son los elfos felices de Hogwarts en lugar de Winky y Dobby.

Me tomó un tiempo el encontrar la mejor manera de describir a la sociedad de elfos en Hogwarts de la manera que yo quería. No vemos mucho de ellos en la historia principal cuando no están trabajando. Espero que les guste.

Notas de la traductora: Rowling, y también White Squirrel, utilizan cierto estilo de escritura para el diálogo de los elfos domésticos. Palabras cortadas, mala gramática, entre otras cosas. Pero la traducción de Salamandra no demuestra esto, por lo que decidí no experimentar y simplemente escribí el diálogo en tercera persona.


Capítulo 14

–¡Ah!

–¡Ah!

La criatura con orejas de murciélago y voz chillona observó a Hermione con miedo con sus expresivos ojos azules. ¿Qué era? Se preguntó ella. No había leído nada sobre algo como eso en ninguno de sus libros. Historia de Hogwarts ni siquiera mencionaba que ese lugar existía. ¿Estaba prohibido? ¿Acaso alguien sabía de ese lugar? ¿Había una sociedad secreta de duendecillos escondida entre los magos como ellos lo hacían entre los muggles?

Lo gritos parecían haber atraído atención. Más criaturas salieron de las pequeñas puertas para ver que estaba ocurriendo. El color de sus ojos era diferente, al igual que el tamaño de sus narices y orejas. La mitad eran calvas, y la otra mitad tenía cabello corto y desaliñado, (Hermione supuso que esas eran las mujeres), pero todas las criaturas tenían la misma forma y tamaño, y todas usaban pequeñas toallas con el escudo de Hogwarts como vestimenta. La mayoría salió del final del largo pasillo, y algunas salieron de las puertas detrás de ella. Contó una docena en total. Estaba rodeada.

Para su sorpresa, la primera criatura comenzó a hablar.

–Vanny lo siente, señorita. Vanny no quiso asustar a la señorita. ¿Cómo llegó la señorita a nuestros dormitorios? –Algunas de las otras criaturas comenzaron a susurrar entre ellas.

Hermione parpadeó unas cuantas veces. ¿Qué? ¿Cómo?

–¿Sus dormitorios? Yo… yo entré a través del panel detrás de la mesa de los profesores. Lo siento, ¿no estoy en una zona prohibida, o sí? Nadie sabía nada de este lugar.

Algunas criaturas rieron ante eso, ocultando sus bocas con sus manos.

–Vanny no lo cree, señorita, pero los magos y brujas nunca suben a hablar con los elfos. Los elfos no deben ser vistos, señorita.

Hermione estaba tan confundida que apenas y notó el estilo de hablar de la criatura.

–¿Elfos? Lo siento pero, ¿quiénes son? ¿O qué son?

La criatura parecía entusiasmada por responder.

–Yo soy Vanny, señorita. Y nosotros somos los elfos domésticos de Hogwarts, señorita.

–Y… ¿qué son los elfos domésticos?

Hubo más susurros entre los "elfos". Otro elfo, una mujer de ojos gris y cabello del mismo color, con nariz chita y una voz más aguda, le respondió.

–¿La señorita es hija de muggles?

–Ah… sí. Supongo que aún no sé mucho del mundo mágico…

–Está bien, señorita –dijo Vanny–. Los elfos domésticos limpiamos y cocinamos y hacemos labores para los magos, señorita. Hogwarts tiene muchos elfos que ayudan a los estudiantes y a los maestros, señorita.

–¿Cocinar y limpiar? Yo pensaba que había hechizos que se encargaban de eso.

–Oh, no, no se puede conjurar la comida, señorita. Y los hechizos para limpiar no duran para siempre, señorita.

¡Hermione sabía eso! ¿Por qué no lo había pensado antes? No podía creer que ella, de familia muggle, asumió tantas cosas de la magia tan rápido. ¿Qué otra cosa se había perdido?

–Bueno, gracias por todo eso entonces –respondió. Los elfos gritaron con entusiasmo–. Lo siento, ¿dónde están mis modales? Mi nombre es Hermione Granger. Encantada de conocerlos –dijo extendiendo su mano hacia Vanny.

Los ojos de Vanny se llenaron de lágrimas mientras él (estaba segura de que era un "él") tomaba con reverencia su mano entre las suyas y la sacudía con vigor. El resto de los elfos exclamaron palabras de aprecio.

–Señorita Hermione Granger es una gran bruja –dijo él–. Magos y brujas raramente se introducen a los elfos como si fueran sus iguales.

–Pues eso no es muy amable de su parte.

Todos los elfos miraron lejos o al suelo, sólo por un momento, como si hubiera dicho algo malo.

–Magos y brujas no conocen a muchos elfos, señorita –respondió la elfina de cabello gris como si estuviera explicando cosas a unos niños, lo cual técnicamente era el caso–. Los elfos buenos no deben de ser vistos. A los magos y brujas les gusta que parezca que las cosas se hacen solas.

–Bueno, hacen un muy buen trabajo si ese es el caso.

Con ese cumplido, los elfos saltaron con emoción. Se toman sus trabajos muy en serio, pensó ella.

–Señorita Hermione Granger es muy amable con los elfos –dijo Vanny. Los demás dijeron cumplidos similares.

–¿Y cuál es tu nombre? –Le preguntó a la elfo de cabello gris cuando se calmaron.

Estaba segura de que notó que el elfo se sonrojaba un poco.

–Yo soy Tilly, señorita Hermione Granger. Tilly está a cargo de educar a los niños elfos.

Eso explicaba el tono de la elfina, pensó. Algunos de los otros elfos también se introdujeron. Eran algo extraños, pensó Hermione, ya que la mayoría de los nombres terminaba con 'y', y todos parecían tener la energía de un niño pequeño después de consumir mucho azúcar. Intentó memorizar todos los nombres, pero era difícil distinguir a varios, por lo menos a primera vista.

–La señorita Granger no debe seguir en el pasillo. ¿Quisiera la señorita Granger venir a nuestra sala común? –Preguntó Vanny un poco nervioso, como si se estuviera imponiendo.

–¿Sala común? Claro. –Hermione nuevamente se dio cuenta de que se encontraba de rodillas en medio de un pasillo que apenas era lo suficiente grande para ella.

Algunos de los elfos más tímidos u ocupados regresaron a lo que ella supuso eran sus dormitorios, mientras que los demás corrieron delante de ella hacia el final del pasillo.

–Por aquí, señorita –dijo Vanny indicando que continuara derecho, por si había alguna confusión. Hermione gateó hasta que el pasillo se abrió en una habitación bastante grande en la que el techo era lo suficiente alto para que ella pudiera estar de pie.

La sala común de los elfos no lucía diferente del estilo de la sala común de Gryffindor, excepto que era rectangular y todos los muebles eran de la mitad de tamaño. Había dos hileras de ventanas en cada lado de la habitación. También debería de haber algo encima de ese cuarto, pensó ella, ya que había tres hileras de ventanas visibles desde afuera, sin mencionar las torres pequeñas. Había una escalera pequeña al final de cada lado, las cuales llevaban al piso superior. Curiosamente, el cuarto estaba decorado con los colores amarillo y negro de Hufflepuff.

A pesar de lo extraño que eran los elfos, todo parecía… normal. Había sillas y mesas del tamaño de los elfos, pero la mayoría no estaba en uso. En una esquina, un grupo de elfos estaba jugando snap explosivo con una baraja pequeña. Algunos elfos de aspecto mayor estaban sentados alrededor de la chimenea leyendo o hablando los unos con los otros. Los libros parecían ser los únicos objetos de tamaño normal, pero algunos también eran del tamaño de los elfos. Dos pequeños niños elfos, de no más de dieciocho pulgadas de alto, corrían alrededor del cuarto jugando a las espadas con escobas de juguete, aunque fueron regañados por elfos mayores. Hermione pensó que eran adorables.

Los pocos elfos que no habían escuchado la conmoción en el pasillo se dieron la vuelta para observar lo que estaba ocurriendo.

–Ella es la señorita Hermione Granger –la introdujo Vanny–. Ella encontró el camino aquí desde el gran comedor.

El resto de los elfos se apresuró a presentarse. Fueron los años que Hermione pasó memorizando tablas de multiplicar lo que le dio la habilidad (ojalá) de recordarlos a todos. Vanny le señaló uno de los sillones.

–Siéntese por favor, señorita.

Hermione se sentó con cautela. Ella sola llenaba el pequeño sillón, el cual rechinó con su peso. Ahora entendía cómo se sentía Hagrid todo el tiempo.

–Gracias. ¿Hay más elfos? –Preguntó. El cuarto parecía bastante vacío.

–Sí, señorita. Aunque sólo hay unos cuantos elfos aquí. La mayoría de los elfos están preparando la cena, señorita.

–Ah…

–¿Por qué vino la señorita Granger a hablar con los elfos? –Preguntó Vanny.

–Bueno… Pues, honestamente, no sabía quién o qué había aquí arriba… aunque es maravilloso conocerlos. En todo caso, estoy haciendo un mapa del castillo… –Varios elfos comenzaron a reírse ante su declaración. Bien, ellos también, pensó.

–Disculpe a Vanny por favor, señorita –dijo el elfo de ojos azules–, pero, ¿cómo es que Hermione Granger hace un mapa del castillo si este cambia todo el tiempo?

–Bueno, tiene que ser aproximado –respondió–. No puedo medirlo con exactitud, pero la mayoría de los cuartos son similares, así que sólo tengo que anotar dónde están las cosas en relación con los demás cuartos. Por supuesto, hay varias áreas prohibidas a las que no puedo acceder. Pero vi sus ventanas desde afuera, y nadie supo decirme que había aquí. Incluso pregunté a algunos profesores… aunque supongo que la profesora McGonagall debe saberlo.

–Profesora McGonagall lo sabe, señorita, pero el profesor Dumbledore y la profesora Sprout se encargan de los elfos, señorita. Flory, la jefa de elfos, se reporta ante ellos –dijo Vanny.

Hermione observó a los elfos regresar a sus actividades, aunque algunos continuaron observándola. Ella consideró el preguntarle a Vanny sobre cómo la… ¿sociedad de elfos? ...estaba organizada en Hogwarts. Aún le sorprendía cómo podían actuar sin ser notados.

Después de un tiempo, otro elfo se acercó a Hermione: una mujer unas cuantas pulgadas más pequeñas que el resto. Tenía ojos de color azul profundo y cabello rubio, corto y en punta, pero parecía una versión más joven de Tilly. También usaba un cinturón que demostraba su figura, con una bolsa colgando de este.

–Hola, yo soy Sonya, señorita Hermione Granger –dijo ella. El resto de los elfos la miraron con molestia cuando dijo su nombre, y Tilly gruñó como si fuera un apodo infantil–. ¿A Hermione Granger le gusta jugar a las cartas? –La actitud y el aspecto de Sonya demostraba cierta audacia, aunque aún era tímida bajo estándares humanos, y a Hermione le pareció que actuaba como una adolescente.

–Sí, claro, puedo jugar –dijo Hermione.

Sonya sonrió y ella y otros dos elfos jóvenes se sentaron junto a Hermione y Vanny alrededor de una mesa pequeña. Sonya sacó lo que parecía una canica de su bolsa

–¿Quisiera la señorita apostar gobstones? –Preguntó con cautela.

–¡Sonnitt! ¡Tú no debes apostar con brujas! –La regañó Tilly al instante–. ¡No es propio de un elfo!

A Hermione le sorprendió el regaño. ¿Sonnitt? Se preguntó. Eso explicaba el apodo. ¿Pero apostar gobstones? ¿No es propio de un elfo?

–No importa de todos modos –dijo intentando calmar la situación–. No tengo.

–Disculpe a Sonya, señorita. Podemos jugar por diversión –dijo Sonya algo decepcionada. Tilly gruñó algo sobre elfos más jóvenes tomando cosas olvidadas o perdidas por los estudiantes, pero dejó que el juego continuara. Sonya murmuró algo sobre su abuela, probablemente Tilly, ser muy vieja para entender, aunque Hermione no estaba segura si ese era el caso.

Jugaron snap explosivo por un tiempo. Los elfos eran bastante buenos, especialmente Sonya, pero Hermione tenía algo de ventaja ya que las cartas más pequeñas le daban menos miedo al explotar por lo que podía pensar mejor. El jugar cartas con los elfos domésticos era lo más extraño que había hecho por un tiempo, pero fue bastante divertido.

Aunque lo que aún le seguía molestando era el extraño atuendo de los elfos. Constantemente miraba de reojo sus vestimentas: togas hechas de toallas. Incluso los niños más pequeños parecían usar toallas de mano. Después de un tiempo tuvo el valor de preguntar.

–Si no les molesta que pregunte, ¿por qué están vestidos así?

–Oh, elfos domésticos no usan ropa de magos, señorita –dijo Vanny–. Es la marca de nuestro servicio.

–¿Es como un uniforme? Parece un uniforme extraño. ¿Y no pueden comprar ropa normal en sus días de descanso?

–Oh, no, los elfos domésticos no reciben dinero, señorita –dijo Vanny demasiado contento.

–¿Qué? ¿Qué quieres decir?

–Elfos domésticos forman un lazo con una familia mágica por toda su vida –explicó Tilly–, aunque nosotros tenemos un lazo con el castillo.

–¿Qué? ¿Quieres decir que son esclavos? –Gritó Hermione soltando sus cartas, las cuales explotaron.

Los elfos la observaron bastante nerviosos.

–Elfos siempre deben tener un lazo con magos y brujas –explicó Tilly amablemente con su tono de maestra–. Es el deber de los elfos.

–¡Pero eso es esclavitud! –Insistió. Su estómago comenzó a molestarle. La comida que había consumido todo el año, toda la limpieza del castillo... Sabía que los magos eran anticuados, pero no podía creer que Albus Dumbledore permitiera la esclavitud–. ¡Es horrible! –Dijo sin notar las miradas molestas que le estaban lanzando–. ¿No pueden ser liberados? ¿Trabajar por un sueldo?

Los elfos soltaron expresiones de terror y alejaron sus miradas. Los niños pequeños corrieron y se escondieron entre las piernas de sus padres. Incluso Sonya, la más extrovertida, parecía nerviosa. Nadie parecía querer mostrar sus manos.

–Oh, no, no, no, señorita Hermione Granger –dijo Vanny con miedo–. Es lo peor para un elfo el perder a su familia, señorita. Nadie quiere a un elfo sin un amo, señorita.

–Ese es el problema de los magos. No deberían de tener esclavos en primer lugar. ¿Acaso no hay manera de liberar a los elfos?

La mayoría de los elfos lloraron con temor y dieron otro paso atrás, como si Hermione tuviera una enfermedad contagiosa. Tilly, quien parecía ser el elfo más tranquilo en el cuarto (aunque también parecía molesta), le respondió casi en un susurro.

–Los elfos domésticos son liberados si reciben prendas de sus amos, señorita. Pero por favor no piense en liberar a los elfos, señorita. Es una desgracia, y a nosotros nos gusta Hogwarts, señorita.

–Pero no está bien. ¿Y cómo pueden saberlo si nunca han vivido en otro lugar?

Tilly parecía incómodo cuando le respondió.

–Tilly no quiere ofender a la señorita Hermione Granger, pero ella es hija de muggles y no sabe mucho sobre los elfos domésticos. Elfos domésticos no son iguales a los magos y brujas. A nosotros nos gusta trabajar, señorita, y no queremos irnos.

–¿Pero pudieran ser libres si lo quisieran? –Intentó Hermione una última vez.

Tilly observó sus pies con vergüenza.

–Tilly piensa que el profesor Dumbledore nos dejaría, señorita. El profesor Dumbledore es un gran mago, señorita. Pero nosotros no queremos, señorita. Elfos domésticos vivimos bien en Hogwarts.

Hermione quería protestar nuevamente, pero observó los rostros tristes y asustados de los elfos y no pudo continuar con su indignación. Sabía que debería de estar furiosa. El mundo mágico entero conservaba esclavos. Incluso un lugar tan progresivo como Hogwarts funcionaba gracias a la esclavitud. Pero después de ver dónde vivían los elfos y hablar con ellos toda la tarde, estaba más confundida que nunca. Los dormitorios de los elfos parecían iguales que los de los estudiantes. Ellos convivían y jugaban al igual que sus amigos, y parecían, bueno, felices. También parecían ofendidos por la idea de libertad. Sabía que debería decir que les habían lavado el cerebro y no tenían el conocimiento. Ese era el estado de los esclavos en el mundo muggle. Pero estos elfos sabían leer y tenían maestros. Tilly parecía ser muy inteligente, y Sonya incluso actuaba como una adolescente "rebelde". No tenía sentido en su mente, pero estaba preocupada de que alejaría a quienes pudieran convertirse en sus amigos.

–Lo siento –dijo finalmente–. Simplemente no lo entiendo. No tenemos nada así en el mundo muggle. No está permitido. Tenemos que pagar a todos los que trabajan para nosotros… es una de nuestras leyes más importantes.

Los elfos parecieron relajarse ante su disculpa, aunque continuaron viéndola con cautela. Para su sorpresa, fue Sonya quien le habló después.

–Los muggles son diferentes de los magos y las brujas, Hermione Granger –dijo–. Y los magos y las brujas son diferente de los elfos. Usted es hija de muggles, señorita, pero usted es bruja. Usted no tiene que preocuparse de los elfos.

–Bueno… puedo ver que somos diferentes. Supongo que puedo intentar ver las cosas desde su punto de vista… –La verdad, el asunto aún la hacía sentirse algo ansiosa, pero los elfos parecían aliviados con su disculpa. De cualquier modo, era claro que no lograría nada discutiendo con ellos. Tal vez si hubiera un elfo que quisiera ser libre para poner el ejemplo las cosas serían diferentes, pero no parecía haber muchos de esos. Intentó dejarlo de lado por el momento.

–Esperen un minuto –dijo Hermione mientras los elfos se sentaban nuevamente alrededor de la mesa–. ¿Dijeron recibir prendas? Pero si cocinan y limpian, también lavan la ropa, ¿no?

Unos cuantos elfos rieron nuevamente, aunque esta vez sin estar ofendidos.

–Las ropas son prendas de los amos, señorita –dijo Vanny–. Nosotros no las recibimos, señorita, y menos de las manos de nuestros amos.

Sí, los elfos eran más complicados de lo que se imaginaba.

Jugaron varias rondas de snap explosivo, pero sólo hablaron de cosas sencillas. La esclavitud aún la hacía sentirse incómoda, pero mientras se tranquilizaba comenzó a interesarse más en las vidas poco convencionales de los elfos. Eventualmente, su curiosidad llegó a su límite.

–¿Tilly?

–¿Sí, señorita Hermione Granger?

–Si no te molesta, ¿cómo es que… se unieron a los magos en primer lugar?

–Nosotros nacemos para eso, señorita Hermione Granger –explicó Tilly–. Magos alemanes hace mucho tiempo querían mascotas mágicas. Entrenaron elfos salvajes para trabajar como perros, señorita, y criaron elfos domésticos de los mejores.

–Nunca he escuchado de los elfos salvajes tampoco. Y sé que no están en Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

–Tilly no lo cree, señorita. Ya no hay elfos salvajes. Elfos domésticos son los únicos que quedan, señorita. Pero los elfos domésticos son más listos y mágicos que los elfos salvajes para poder hacer todas las tareas.

A pesar de sus dudas, Hermione estaba bastante interesada en esa historia. Cuando le preguntó, Tilly comenzó a describir con entusiasmo la larga historia de los elfos domésticos: cómo habían sido creados de elfos salvajes en sólo unas generaciones; cómo habían sido exportados de Alemania y usados por toda Europa antes de la época de la fundación de Hogwarts; cómo Helga Hufflepuff los había comprado de "amos poco amables" (esto dicho en un susurro) y los había llevado a Hogwarts; cómo el primer jefe de elfos, Hooky, había ayudado a Godric Gryffindor a expulsar a Salazar Slytherin del castillo durante su pelea tan famosa; y cómo el Consejo de Magos y el Ministerio habían comenzado a regular a los elfos siglos después.

Todo era fascinante, y ni una sola palabra se encontraba en Una historia de la magia o en Historia de Hogwarts. Definitivamente, lo que aprendía en clase de historia no era la versión completa. Hermione estaba segura de que había aprendido más de Tilly en una hora que lo que había aprendido del profesor Binns en todo el año. Pero claro, el trabajo de Tilly era enseñar, y si había algo que había aprendido de los elfos domésticos es que se tomaban sus trabajos muy en serio.

Repentinamente, hubo una serie de ruidos fuertes, y varios elfos más aparecieron de la nada en la sala común.

–¡Ah! –Gritó Hermione–. ¿Qué…? ¿Cómo…? ¡Pero eso es imposible!

–¿Hay algún problema, señorita? –Preguntó Vanny rápidamente–. No quisimos asustar a Hermione Granger, señorita.

–Pero… pero… ¡no pueden! No pueden aparecerse en Hogwarts. Eso dice en Historia de Hogwarts.

Los niños comenzaron a reírse abiertamente.

–Por favor disculpe a Vanny, señorita –dijo el elfo con una sonrisa–. Los magos y las brujas no pueden aparecerse en Hogwarts, pero los elfos pueden, señorita.

–¿Qué? ¿Pero cómo?

–Porque es lo que nuestros amos quieren, señorita.

–¿Perdón?

–Tilly se disculpa por Vanny, señorita –dijo la elfina de edad mayor–. Vanny olvida que la señorita Hermione Granger es hija de muggles–. La ley más importante de los elfos domésticos es la voluntad de su amo, señorita.

¿Y eso es todo lo que se necesita para aparecerse en Hogwarts?

–Pero… pero aún hay barreras para prevenir apariciones, y esas son aritmánticamente impenetrables… así que lo que están haciendo no es aparición.

–Por supuesto, señorita. Los elfos domésticos tenemos nuestra propia magia, señorita, al igual que los duendes y los centauros y otras criaturas mágicas.

Esas revelaciones perturbaron la mente de Hermione. El mundo mágico era más extenso de lo que le habían informado. ¿Acaso los magos eran tan cerrados? Sí, sí lo eran.

–¿Y quiénes son estos elfos, Tilly? –Preguntó aún algo distraída.

–Ellos son los elfos que sirven la cena, señorita. Ya terminaron, señorita, y ahora los elfos que limpian van a limpiar la cocina.

–¡Oh no! ¡Me perdí la cena! –Exclamó levantándose rápidamente. Su sentido del tiempo aún no era el mejor.

–¿La señorita tiene hambre? –Dijo Vanny poniéndose de pie.

–Sí, pero no sólo es eso. Mis amigos deben de estar preocupados por mí. La última vez que me salté la cena casi me mata un troll de montaña.

Los elfos chillaron con sorpresa.

–¿Usted fue atacada por el otro troll malo que entró al castillo? –Dijo Sonya con asombro.

–Sí, pero todo terminó bien –dijo dirigiéndose a la salida–. Me tengo que ir. Me pregunto si alguien tomó algo de comida extra… tal vez Ron…

Pero Sonya habló nuevamente.

–Si Hermione Granger tiene hambre, señorita, puede ir a la cocina y nosotros los elfos le podemos dar de lo que quedó.

–¿Puedo…? ¿Cómo llego a la cocina? –¿Y por qué nunca pensé en buscar la cocina antes?

–Si baja por la escalera por la que subió, señorita, hasta el fondo, encontrará la cocina, señorita.

–¿En verdad? ¿Está permitido?

–Sí, señorita. Nosotros no tenemos permitido ayudar a los estudiantes a romper las reglas. –¿Acaso detectó algo de molestia en la voz de Sonya?

Hermione lo pensó por un momento. No importaba si llegaba un poco más tarde, mientras regresara antes del toque de queda. Sus padres estaban esperando una carta también, pero podía escribir una corta. Necesitaba un poco de tiempo para pensar cómo explicarles sobre los elfos domésticos, de todos modos.

–Gracias, Sonya. Haré eso.

–Sonya irá con Hermione Granger, señorita. Sonya tiene que ir a limpiar.

Así que Hermione comenzó a gatear a través del pequeño pasillo con Sonya siguiéndola. Llegó a la pequeña escalera, pero no estaba segura de cómo bajar. No era lo suficiente alta para ponerse de pie. Los escalones eran lo suficiente pequeños que consideró deslizarse, pero su túnica causaba mucha fricción. Finalmente, terminó teniendo que gatear en reverso, como si fuera otro tipo de escalera. Sonya parecía estar aguantándose la risa.

Pasaron el nivel por el que había entrado y continuaron. El panel había sido cerrado durante la cena, y la puerta era casi invisible, aún desde el interior. Pero aún era un largo camino hasta el fondo. La cocina parecía estar tan abajo como el gran comedor era de alto. Hermione comenzó a darse cuenta de cuánto le faltaba del castillo en su mapa. Ciertamente había espacios en blanco donde los estudiantes no estaban permitidos, pero, ¿cómo no había considerado buscar la cocina? Había estado tan obsesionada con encontrar lo que estaba arriba que nunca había pensado en lo demás. Se preguntó qué más había a su alrededor. ¿Dónde estaba la lavandería, por ejemplo?

Después de unas cuantas vueltas llegó a una puerta más obvia, la abrió, y finalmente llegó a un lugar donde podía ponerse de pie…

Y se encontró con los rostros de Fred y George Weasley.

–¿Hermione? –Dijeron los gemelos pelirrojos sin poder creerlo desde el otro lado de la cocina.

–¿Fred? ¿George? –Exclamó.

–¿Cómo llegaste aquí?

–¿Erm… a través de la puerta? –Dijo señalando detrás de ella–. ¿Cómo llegaron ustedes aquí?

–¿Erm… a través de la puerta? –Dijeron también señalando detrás de ellos.

–Pero ¿qué es esa puerta ahí? –Agregó George–. Nunca la habíamos visto antes.

Hermione sonrió.

–¿Oh, esta? Bueno… acabo de descubrir lo que hay sobre el gran comedor.

Cuando Hermione les dijo a los gemelos boquiabiertos lo que había arriba y cómo lo había encontrado, ellos corrieron hacia ella y la abrazaron, lo cual la asustó un poco considerando quienes eran. Entonces, cuando les dijo que había bajado por algo de cenar, tomaron una silla e insistieron en sentarla en el lugar del profesor Dumbledore en la copia de la mesa principal que se encontraba a lo largo del frente del cuarto, con la enorme estufa rugiendo detrás de ella. No era un trono de oro, pero fue divertido ver las cosas desde el punto de vista de los profesores. Fred y George se sentaron a cada uno de sus lados, comiendo un poco e imitando a varios de los profesores.

Como fuera que Hermione había esperado que luciera la cocina, no era así. Ese cuarto era tan grande como el gran comedor e incluso tenía un techo encantado que mostraba el techo nocturno y nublado. Estaba dominado por cuatro mesas largas que imitaban a las mesas de las casas, además del duplicado de la mesa principal. En una emergencia, ese lugar podría ser el gran comedor. Se preguntó si eso era a propósito. Las paredes estaban llenas de zonas de preparación: una alacena, un almacén de hielo, un lavabo, una mesa donde preparaban los ingredientes, un horno, y esto se repetía una y otra vez; todo de tamaño completo, excepto que a la altura de los elfos. Cientos de ollas, cazuelas, y utensilios estaban colgados alrededor del cuarto, y los elfos los levitaban arriba y abajo sin ninguna varita. En verdad utilizaban otro tipo de magia, pensó.

Incluso en ese momento había docenas y docenas de elfos lavando trastes, barriendo el piso, y guardando las sobras. Varios habían bajado, pero por sus nombres, los que se habían encargado de la comida se habían quedado. Hermione notó que muchos de los elfos usaban cinturones como los de Sonya, los cuales parecían usar como cinturones de herramientas.

Hermione introdujo a Fred y George a Vanny y Sonya (Tilly seguía arriba). Los gemelos habían conocido a los elfos en varias ocasiones, pero no sabían muchos de sus nombres. También les dijo cómo eran las habitaciones de los elfos y lo que hacían en su tiempo libre, para su sorpresa.

–¿Y cómo se entra a la cocina de manera normal? –Preguntó Hermione a los gemelos cuando ellos le dijeron de sus ocasionales visitas después de la cena.

–Oh, es fácil –dijo George–. Hay un retrato de un tazón con fruta afuera. Sólo hay que hacer cosquillas a la pera y se convertirá en una manija.

–Lo que nosotros queremos saber es cómo llegaste a los dormitorios de los elfos –dijo Fred.

–Bueno, sólo… de hecho, Sonya, ¿cómo es que se debe de abrir la puerta para la escalera de los elfos? Yo utilicé mi varita.

–Oh, es fácil, señorita –respondió Sonya–. Sólo de cuatro golpes al panel donde se encuentra la abertura. –Corrió a la pared detrás de la chimenea y demostró dando los golpes en el panel correcto, ocasionando que la puerta se abriera–. ¿Vendrá la señorita Hermione Granger a visitarnos otra vez?

–Por supuesto. También quiero presentarles a mis amigos, Harry y Ron.

Los ojos de Sonya se abrieron tanto que parecían querer salirse de su cara. Corrió hacia Hermione y le habló en un susurro.

–¿Usted quiere decir Harry Potter?

–Ajá.

Sonya chilló con entusiasmo y dio varios saltos. Los demás elfos la miraron con molestia sin entender lo que estaba ocurriendo. Aún bajo los estándares de los elfos, Sonya era más hiperactiva de lo normal. Le tomó un tiempo calmarse, y luego informó que mantendría la identidad de las visitas como un secreto. Hermione esperaba que no se arrepintiera de eso.

De cualquier modo, la cena fue tan buena como siempre, hasta el final. Hermione apenas estaba terminando y Sonya estaba intentando convencer a Fred y George de jugar snap explosivo cuando un elfo se apareció en el centro de la cocina con una expresión de terror.

–¡Viene Peeves! ¡Viene Peeves!

–¡Oh-oh! –Dijeron Fred y George al mismo tiempo. En un instante, los elfos estaban corriendo de un lado a otro, gritando e intentando cerrar con llave lo más que pudieron. Unos segundos después, el número de elfos se incrementó y varios subieron y regresaron con más elfos, lo cual fue una buena idea ya que un momento después Peeves entró volando por la puerta.

No había manera de saber porque el poltergeist del castillo había decidido arruinar la cocina esa noche, pero no perdió el tiempo. El espíritu comenzó a lanzar ollas y cazuelas lo más rápido que pudo. Los elfos recogieron las ollas y las cazuelas, y escobas y mopas, y las utilizaron como armas para defenderse del ataque. Al ver a tres estudiantes ahí, Peeves se enfocó en ellos, pero Fred y George tomaron unas cuantas cazuelas como bates de golpeador y lanzaron a Hermione un tenedor grande para carne para detenerlo.

–¡Tenemos que irnos! –Gritó Fred.

Los tres corrieron a la salida, evadiendo a elfos y quitando de su paso objetos volando hacia ellos. Dejaron sus armas junto a la puerta, saliendo lo más rápido que pudieron, y cerraron la puerta con fuerza detrás de ellos.

–¡Excelente! –Inmediatamente, Fred y George comenzaron a reírse y celebrar. Hermione sacudió la cabeza al principio, pero no pudo evitar reírse para sí misma. Después de todo, ¿dónde más ocurrían esas cosas además de en Hogwarts?

–Hermione, creo que llegarás muy lejos –le dijo Fred.

–Sí, quizás no somos tan diferentes después de todo –agregó George.

Hermione sonrió levemente. No tuvo el corazón para decirles lo que en verdad pensaba sobre eso.

–Bueno, por ahora, voy a ir a la lechucería y después de voy a la cama –dijo–. Ya experimenté suficientes emociones por un día.