7
Dulce encuentro
El Bosque Viridian era bien conocido por la amplia gama de pokémon insecto que podía encontrarse dentro de sus límites. También, por ser el primer reto que los entrenadores novatos provenientes de Pueblo Paleta debían superar, ya que era un gigantesco laberinto natural, repleto de vida y frondosos árboles que no permitían que la luz del sol traspasara sus ramas y hojas fácilmente; sólo habían unos pocos claros y campos abiertos que se convertían en el desahogo de los viajeros, en especial si estaban perdidos o habían pasado días inmersos en el bosque.
Aunque no sólo la facilidad para extraviarse volvía al bosque un lugar de cuidado. Importantísimo era considerar a los pokémon oriundos de Viridian pues, aunque la mayoría eran especies inofensivas —perfectas para novatos—, también se encontraba una cantidad inimaginable de nidos y colmenas con insectos mucho más agresivos, que en enjambres eran peligrosos y mortíferos.
Año tras año, se acumulaban las historias de niños que se adentraron en su espesura y encontraron la muerte, ya sea encapsulados en miel sólida, al pie de un desfiladero o con el cuerpo consumido a causa de un potente veneno.
Pero ni tantos relatos nefastos, que tanto gustaba a los guardabosques contarles a los viajeros frente a la entrada del bosque, consiguieron socavar las intenciones de Eve. Ella aseguraba que podía sentir a uno de sus hermanos en el interior del bosque y nada podía con su determinación, ni le importaba la posibilidad de extraviarse. No tuvieron más opción que obedecer, aunque la idea no les hacía ilusión.
Recién comenzaba el cuarto día de su estancia en el bosque. Eve los hizo madrugar como todos los días, obligándolos a levantarse mucho antes de que el sol saliera. Los guío a través de arbustos espinosos, teniendo que esquivar las raíces de los árboles con apenas escaza luz, al menos hasta que ésta comenzó a filtrarse entre las hojas de las copas a medida que avanzaba la mañana.
Mientras ellos se ocupaban de su tortuosa marcha, Eve no dejaba de ir de un lado a otro sin descanso, escudriñando entre los arbustos, adentrándose en madrigueras vacías o sobrevolando la copa de los árboles y permaneciendo varios minutos ahí, en busca de algo que se negaba a mencionar a los demás.
Se detenía a palpar casi todos los troncos, murmurando maldiciones con profunda frustración, mirando con frenesí en todas direcciones hasta que se detenía en seco, cerraba los ojos y permanecía inmóvil por largo rato antes de retomar la marcha con mucho peor humor.
Desde su llegada al bosque, repetía lo mismo durante todo el día hasta el cansancio. Siempre buscando algo sin decirles qué era, en dónde o en qué estaba aquello que tanta ansiedad y enojo le causaba.
Aunque, a decir verdad, su prolongada estadía no sólo se debía a la infructuosa búsqueda de Eve; también Dyfir tenía algo que ver, pues llevaba su bicicleta a cuestas. La entrenadora se negó a dejarla en la casa del guardabosque, así que se mordía la lengua cada vez que quedaba atascada en los arbustos o tropezaba con las raíces.
Dyfir ardía en deseos de poder desahogar su estrés, aguantarse sólo le había conseguido moretones y rasguños por todas partes, pero ni siquiera dejaba escapar una queja con tal de no darle el gusto a Eve de tener la razón.
Por suerte, Moonghost siempre le daba una mano, tocando la bicicleta para hacerla intangible cuando se atoraba y ayudándola a levantarse si se caía. A los dos se les hacía tediosa la labor pero, a pesar de tantos problemas, tenían motivos para mantener los ánimos en alto. En realidad, sólo uno.
Antes de partir de Ciudad Viridian, fueron a disculparse con la enfermera Joy por los problemas causados, cosa que a Eve le pareció absurda e innecesaria. Según ella, no era su culpa que un grupo de "ladrones inescrupulosos e imbéciles" intentaran robarlos y arruinaran la preciada alfombra del Centro.
Le dejaron hablar lo que quisiera, pues cualquier cosa repelente que Eve hubiera dicho entonces quedó opacada cuando Mewtwo aceptó la invitación de Moonghost, uniéndose a ellos. Eso lo contentaba tanto que no les importaba cargar con la cruz de la bicicleta.
Mientras los observaba destrabando el transporte de la entrenadora por enésima vez en lo que iba de mañana, Mewtwo libraba un debate interno, meditando si había sido buena idea aceptar acompañar al grupo de viajeros. Cuestionaba su decisión desde el mismo instante en que aceptó, sin descanso y ni piedad por sí mismo.
Cuanto más pensaba en lo ocurrido, más se reprochaba por haber actuado tan impulsivamente aquella noche. Había cometido un grave error y aún no comprendía los motivos de tal imprudencia. No sólo acechó a los viajeros desde que los encontró en la multitud, esperó fuera del Centro Pokémon e interfirió directamente para salvar a una humana, también se reveló antes agentes del Equipo Rocket y uno de ellos lo reconoció.
Resultaba preocupante que un agente cualquiera lo conociera. Si bien jamás permitió que en su mente anidara el iluso pensamiento de que borraría por completo su existencia de la mente de sus creadores, no estaba preparado para afrontar que siguieran buscándolo.
Después de tanto tiempo vagando sin rumbo definido, visitando todo lugar que se le antojase y permaneciendo cuanto quisiese, le pareció divertido tomar el riesgo de vivir por un tiempo en Viridian. Mewtwo conocía la base oculta bajo el gimnasio bastante bien, era donde Giovanni pasaba la mayoría del tiempo, conservando la careta de líder soberbio y poderoso que tanto le gustaba alardear.
Sintió satisfacción al recordar los largos paseos nocturnos que daba por la ciudad, disfrutando de su bien merecida libertad y, ocasionalmente, saboteando algunas operaciones de los Rocket que tuvieran el infortunio de cruzarse en su camino.
Una vez, incluso, pensó en infiltrarse en la base para boicotear, como una pequeña venganza. Afortunadamente, siempre quedaba como un deseo febril que no llegaba a ningún lado, más que divertirse con la idea de estar tan cerca de aquel que se exasperaba tanto por encontrarlo.
Pero era demasiado arriesgado quedarse luego del espectáculo de aquella noche. No tenía más opción que abandonar la ciudad y aquel peculiar grupo de viajeros le había dado la excusa perfecta. Aunque no era la mejor de sus opciones, ahora el Equipo Rocket los tenía en la mira y, si conocía bien a aquel zorro desgraciado con estúpido traje naranja, sabía que no descansarían hasta capturar a los hermanos. De igual modo, no comprendía esa repentina urgencia por ser "amigable" con unos extraños.
Mewtwo frunció levemente el ceño, observando detenidamente al despreocupado de Moonghost y a Eve suspirando insultos al tronco de un árbol, cuestionando si ellos ocultaban algún poder que resultara peligroso si cayese en manos de Giovanni, obviando su clara rareza y singularidad.
Lo que había presenciado sólo le indicaba que tenían una capacidad de lucha promedio, incluso absurdamente torpe si recordaba la actuación de Moonghost. Sin embargo, Eve no se encontraba en las mejores condiciones y se las arregló para mandar a volar a los Rocket, aún con el malestar encima. Podrían tener un potencial oculto o muy buena suerte, no resolvía cuál era la respuesta. Si los subestimaba o no, sólo era un motivo adicional para dejarse llevar por las extrañas oportunidades que le otorgaba el destino, al menos por un rato.
Sonrió con amargura al notar que le daban todo en bandeja de plata. Era la ocasión que tanto esperó para librarse de la monotonía a la que él mismo se había condenado, aun cuando no tenía ni idea de qué se traían en manos esos tres.
Eventualmente, Dyfir y Moonghost se encargaron de ponerlo al tanto, ofreciéndole un cuento tan fantástico y absurdo, que le hizo titubear de nuevo sobre su permanencia en la expedición; aunque al mismo tiempo le producía un inusual interés.
Dudaba con creces de la existencia de una deidad mayor y que tuviera a dos de sus hijos frente a él. Pero por más que se lo repetía, era incapaz de dar media vuelta y largarse, como si algo lo mantuviera atado a ellos.
Ese inusual interés que despertaron en él era lo que más le molestaba, en especial porque la curiosidad que Moonghost mostraba por él lo superaba en muchos aspectos y era exasperante. Las ganas del fantasma por conocer a su nuevo compañero los enloquecían. No paraba de hablar, buscando entablar conversación con Mewtwo, siempre con intenciones de sacarle la mayor información posible.
Si en verdad eran hijos de la deidad que dio forma al mundo y trajo la vida a éste, ninguno de ellos querría involucrarse con la creación de un humano, una aberración que les produciría desprecio. Lo mejor era mantener en secreto todo lo referente a su pasado.
Para sobrevivir al interrogatorio sin que se le escapara información crucial, sólo respondía con monosílabos y ocasionales ademanes de la mano, mentía incluso si era necesario.
Moonghost intentaba no desmotivarse ante esto. Sospechó que Mewtwo era alguien de pocas palabras en cuanto se conocieron, pero no tanto... ¡Y ni hablar de una sonrisa! Pero luego recordaba que era capaz de lidiar con Eve y volvía a la carga.
Dyfir, por su parte, también estaba encantada y maravillada. Era como un sueño hecho realidad. Se sentía la chica más afortunada del mundo, incluso se pellizcaba para asegurarse de que no fuera sólo un sueño. Todo aquello le hacía rememorar las viejas historias que le relataban sus abuelos, que alimentaron sus fantasías y ganas por convertirse en entrenadora de élite para explorar el mundo de punta a punta.
Claro, era imposible que todo en el grupo fuera dicha, mucho menos con el mal carácter de Eve. Ella fue la única que se negó rotundamente a aceptar a Mewtwo, alegando con poquísimo tacto que con Dyfir sobraba y bastaba. Sin embargo, dos eran más que uno, así que Moonghost y Dyfir pasaron por encima de su autoridad y sumaron a Mewtwo a sus filas sin importar cuántos reparos puso. Desde entonces, Eve no les dirigía la palabra e ignoraba a Mewtwo por completo.
A Moonghost y Dyfir no les parecía una actitud madura, tampoco es que pareciera importarle mucho a Mewtwo, igual guardaban esperanzas de que con el tiempo eso mejoraría. Este mantra se lo repetían ante cada nuevo desaire con Eve, buscando darle ánimos al clon y a ellos mismos.
Ya sin nada que contarle a Mewtwo, la cabeza de Dyfir mataba tiempo pensando en las dudas que tenía, especialmente una con respecto a la noche en la que fueron emboscados por el Equipo Rocket que la carcomía por dentro. En vista de la precaria situación y la profunda molestia de Eve, decidió que era mejor reservárselas para un mejor momento, pero ya no podía soportarlo.
Dyfir respiró profundamente y se lanzó al ataque, haciendo un enorme esfuerzo para alcanzar a Eve con su bicicleta a rastras, resoplando y secándose el sudor, actuando lo más casual posible para no advertir a la pokémon de sus intenciones. Observó detenidamente con sus ojos café a Eve mientras ésta inspeccionaba otro tronco, encontrando la oportunidad perfecta para abordarla sin que se molestara... al menos no demasiado... en realidad, no estaba segura de si atentaba contra su propia vida.
"Ten valor. Es más pequeña que yo, no va a comerme ni nada por el estilo", pensó, tomando aire y buscando coraje. El momento del interrogatorio había llegado al fin.
— ¡Uf! ¡Estoy exhausta! —dijo con pesar, mirando a Eve de reojo para medir su reacción—. Entonces... ¿qué buscamos exactamente? —preguntó, tratando de sonar natural.
— ¿No te lo había dicho ya, Dyfir? —contestó Moonghost con una risilla nerviosa, apareciendo de la nada y arrebatándole la oportunidad a Eve de siquiera lanzarle una mirada asesina a la entrenadora—. No lo sabemos, por eso llevamos tantos días aquí.
— Cierto, lo dijiste, pero quiero saber el motivo —dijo Dyfir hablando entre dientes cuando intentaba forzar una sonrisa, esperando que Moonghost entendiera que quería recibir las respuestas de Eve y no de él.
— Una de las primeras cosas que te expliqué cuando nos conocimos fue que no todos mis hermanos estaban encerrados en una esfera, como yo —continuó Moonghost, ignorando por completo las intenciones de la joven, aunque ahora le hiciera señales en extremo obvias para que cerrara la boca—. Podría estar en cualquier cosa, incluso sospecho que es tan elusivo porque se encuentra recluido en un ser vivo.
— ¡Por favor, Moonghost! No hables tantas sandeces —espetó Eve con hastío, sorprendiéndolos luego de pasar días sin pronunciar palabra alguna—. El sólo hecho de que siquiera pienses en esa posibilidad, habla muy mal de ti.
Dyfir —que había olvidado por completo mantener el ojo puesto en Eve— volteó y la encontró sentada en las ramas más bajas de un árbol cercano, obligando a los demás a detenerse para escucharla. Miraba a Moonghost con desdén, moviendo lentamente su cola en clara muestra de disgusto, cosa que no era inusual, pero no evitó que Dyfir se sintiera algo acongojada ante su fría mirada.
— Todo lo vivo debe morir, a menos que su destino sea ser eterno, pero eso sólo está destinado a los dioses —señaló con severidad y cierto reproche—. No somos más que un envase y los sellos se hubieran desecho de inmediato, dejándonos un hermano demasiado viejo para luchar. ¿No te da siquiera un poco de vergüenza ser tan iluso? Especialmente, cuando sabes quién fue el encargado de sellarnos; conociendo lo meticuloso que es él...
— Pues, dudo por mucho que ese amargado sea perfecto en toda perfección, puede cometer errores al igual que tú y yo —dijo Moonghost a modo de defensa, pero sin dejar de lado su característica picardía.
— ¿Cómo sabes en dónde buscar? —preguntó Dyfir de sopetón, sólo para evitar que los hermanos entablaran otro de sus debates con respecto a sus deberes y aprovechándose de que Eve hablaba de nuevo.
La pokémon clavó los ojos con indiferencia en la adolescente, observándola por unos segundos antes de liberar un profundo suspiro de resignación. Si ella no le respondía ahora, Moonghost lo haría y con cientos de errores, así que no correría el riesgo de que le metiera idioteces en la cabeza a la chica.
— A falta de mejor comparación, soy como una antena que busca captar ondas de psiquis —comenzó a explicar con voz monótona, mosqueándose un poco ante el brillo de ilusión en los ojos de Dyfir—. Cuando logran superar la fuerza de los sellos que inducen el sueño, mis hermanos me hacen saber que ya están listos, enviando mensajes a través de ondas de psiquis. Pero son muy complejas y no son tan claras como las palabras. Pueden terminar rebotando por todas partes y resultar confusas, a veces me resulta difícil decidir de dónde provienen, por eso hemos perdido tanto tiempo aquí.
Dyfir escuchaba atentamente, aunque era notorio que no entendía nada de lo que Eve decía, pero Mewtwo sí. La psiquis era el centro del poder psíquico, de su desarrollo dependía la capacidad que tenía un pokémon psíquico y era la causa por la que existían especies con mayor poder que otras.
Sin embargo, la psiquis era algo más complejo de explicar, pues era tan versátil y a la vez tan delicada, que la más leve alteración era capaz de corromperla y el infortunado perdería la razón y el control de sus acciones. Debido a esto, los psíquicos invertían mucho tiempo en meditar, puesto que ayuda a mantener el control de la psiquis. De igual modo, se evitaba experimentar emociones potentes, dejarse llevar por los sentimientos podía ser la perdición.
Pero era la primera vez que Mewtwo escuchaba que la psiquis podía ser utilizada para encontrar a otros, especialmente a distancias muy largas; él conseguía sentir la presencia de terceros, pero sólo si estaban cerca. Si en verdad Eve era capaz de esto, resultaba impresionante, aunque prefería pensar lógicamente y relacionarlo a un fuerte vínculo entre los hermanos.
— ¿Contestada tú pregunta? —preguntó Eve súbitamente con cierto toque irónico, sacando a Mewtwo de sus cavilaciones.
Dyfir la miraba con los ojos tan brillantes de alegría y una enorme sonrisa, que consiguió hacer sentir incómoda a Eve. A Dyfir le resultaba imposible contener la emoción de recibir respuestas directamente de ella.
— Sí, sí, un poco —dijo Dyfir rápidamente, atropellando las palabras por lo contenta que estaba—. Y aquí sientes esas ondas, ¿cierto? ¿Están por todos lados? —preguntó para aprovechar el momento, buscando con la mirada como si así pudiese encontrar alguna pista.
Eve torció los ojos por el simple hecho de que era absurdo buscar algo invisible a la vista. La psiquis de los humanos era un chiste, sólo unos pocos dotados podían darle uso, aunque igual era motivo de burla su escaso desarrollo.
Dyfir era demasiado tonta si creía que podría hallar el camino cuando Eve tenía varios días jalándose los pelos. Que un humano se creyera útil era hilarante. Eve deseaba con fervor poder hacerla desaparecer con la mirada de desprecio que le dedicaba.
— Sí, por todo el lugar —respondió Eve de mala gana, dejándose caer y aterrizando de puntillas con mucha gracia, como si fuera una pluma—. Sólo necesito encontrar el epicentro de las ondas —dijo distraídamente, reanudando la marcha.
— ¿Y no sabes con exactitud qué buscamos? —Dyfir siguió aprovechando el momento, con sus ojos brillando de emoción mientras la seguía lo más rápido que su bicicleta se lo permitía.
— No sé en qué está el quién que buscamos. Si lo supiera, me limitaría a esos qué —espetó Eve, comenzando a arrepentirse de haberle prestado atención a la humana. Ni siquiera entendía por qué continuaba respondiéndole—. Únicamente estoy segura de a quién encontraremos.
— ¡¿De veras?! —saltó Moonghost de sopetón, precipitándose hacia delante para dar alcance a su hermana— ¿Por qué no me habías dicho eso antes? ¿Quién es? — preguntó muy rápido a causa de la emoción, sujetando las manos de su hermana con cariño, deteniendo su andar.
Eve lo miró con severidad por el contacto físico, consiguiendo que su hermano la soltara de inmediato, aunque manteniendo sus ojos brillantes de esperanza clavados en ella. Eve le sostuvo la mirada para transmitir su descontento, dibujando una repentina sonrisa maliciosa que descolocó a Moonghost por varios segundos.
— ¿Qué te hace pensar que mereces que te lo diga? —señaló Eve burlonamente. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no carcajearse cuando la estupefacción afloró en el rostro de su hermano.
— Porque eres mi linda hermanita —Moonghost dudó al responder, riendo nerviosamente— ¿Me dices quién es? ¿Sí? —insistió, poniendo la cara de súplica más adorable que podían tallar sus facciones, sólo para ella.
Eve lo miró con gran desdén, girando y dándole la espalda. Moonghost le agarró la punta de la cola delicadamente, para llamar su atención sin hacerla enojar. Eve resopló con desgano, deteniéndose como para pensar si lo ignoraba o le daba un puñetazo en la cara. Mientras se decidía, Moonghost mantenía la mirada fija en ella sin alterar la expresión en su rostro; confiaba que con ello llegaría a conmover el corazón de su hermana, el destello que brotaba de sus ojos era algo jamás visto, era imposible que se resistiera a sus encantos.
— No —respondió Eve secamente de un momento a otro, realizando un ágil movimiento con la cola que la zafó de las manos del fantasma.
Ella siguió su camino como si nada riendo para sus adentros, sin fijarse que el rostro llenó de ternura de Moonghost había sido invadido por el absoluto espasmo. Como acto de malcriadez, Moonghost se recuperó y le sacó la lengua groseramente.
Dyfir soltó una sonora carcajada, reanudando la marcha como pudo entre la bicicleta y la falta de aliento. Mewtwo se estremeció de descontento por ello, más la sombra de una sonrisa se asomaba en su rostro, divirtiéndose ante el desaire por el que Moonghost acababa de pasar.
Cuando Dyfir logró contener las risas, enjugó sus lágrimas y observó a Eve con mucha atención. Aún tenía unas cuantas preguntas que quería hacerle, así que volvió a ingeniárselas para acercarse lo más que pudo a la pokémon, con la mirada de los otros dos clavada en su espalda.
— ¿Qué quieres? —rezongó Eve fastidiada, luego de que Dyfir la llamara con voz melodiosa. No se molestó en mirarla, tenía que continuar con su labor, además de que estaba segura del gesto alegre que tendría y si lo veía se vendría en vómito.
— La noche que nos atacó el Equipo Rocket —comenzó Dyfir cautelosamente—, derrotaste a ese Electabuzz con un solo ataque y… bueno… me preguntaba por qué no hiciste lo mismo con el resto de los pokémon. Creo que si hubieses repetido ese ataque psíquico, nos habrías ahorrado muchos problemas.
"Especialmente a mí", pensó Mewtwo irónicamente. No sabía de qué ataque estaban hablando, él no pudo ver lo sucedido dentro del Centro Pokémon, pero si Eve fue capaz de noquear a un pokémon élite del Equipo Rocket, de aquellos que solían reservar para el uso exclusivo de Giovanni, estaba interesado en saber de ello. Especialmente, cuando recordaba que Eve apenas y podía mantenerse en pie aquella noche.
Pero Eve la ignoró por completo, siguiendo su camino como si no la hubiese escuchado. Dyfir estuvo por insistirle, pero Moonghost se le adelantó.
— Si Eve hubiese tenido intenciones de derrotar a sus enemigos con cosquillas, créeme que no le habría temblado el pulso —dijo, colocándose al lado de la entrenadora.
— ¿Cosquillas? —repitió Dyfir, muy confundida— ¿Podrías ser más claro? No estoy entendiendo nada.
— No presiones tanto, niña —intervino Mewtwo, anticipando que Dyfir estaba por abalanzarse sobre Moonghost para jalar de sus mejillas y sacarle la información—. Generalmente, los pokémon no explicamos nuestras mecánicas de batalla a un humano. Así que no esperes respuestas concisas, menos de alguien tan reservado como ellos dos.
— De nuevo tienes razón, Mewtwo —asintió Moonghost, sonriendo con suficiencia— ¿Qué clase de ataque pensaste que era? —preguntó a Dyfir.
— Uno psíquico, creo...
— ¡Error! —exclamó Moonghost, interrumpiéndola en seco. Su voz no sonaba igual, era mecánica y escandalosa, como la de las máquinas expendedoras cuando te decían que no tenían suficiente cambio. Esto asustó a Dyfir a tal punto que pegó un grito, exaltando también al fantasma— ¡Tranquila, tranquila! ¡¿Qué rayos pasa contigo?! —chilló, con su voz de vuelta a la normalidad.
— T-tú voz… —balbuceó Dyfir con un hilillo de voz.
— Eso no importa —la interrumpió Moonghost, sacudiendo la mano—. Ese ataque no era psíquico, ¡nada que ver! Se trata de la especialidad de Eve. Sabía que se me habían pasado por alto ciertos detalles —agregó pensativamente.
— No me dicuenta—comentó Dyfir sarcásticamente.
— Mala mía —dijo Moonghost con una risilla nerviosa, encogiéndose de hombros—. Tampoco es que sea gran cosa. Es sólo que cada uno de nosotros tiene cualidades únicas, incluso ataques que ningún otro pokémon es capaz de aprender.
— No cabe duda de que es un detalle carente de importancia —señaló Mewtwo con ironía.
— ¿Qué clase de habilidades tienes tú? —preguntó Dyfir frunciendo levemente el ceño, recordando lo torpe que el fantasma había mostrado ser en batalla.
— Bueno, puedo imitar voces y sonidos a la perfección, además de cambiar de forma a mi antojo —contestó Moonghost con naturalidad.
— Eso explica por qué parecías un tocadiscos esa noche —dijo Dyfir—. Y el por qué una vez me pareció escucharte imitándome —agregó, estremeciéndose por culpa de un escalofrío. Se sacudió rápidamente aquella desagradable sensación, debía seguir adelante— ¿Qué hay de Eve?
— Uf, ella me supera con creces en ese sentido —dijo Moonghost, dibujando una amplia sonrisa—. A ella le otorgaron un tipo único —su tono de voz misterioso captó completamente la atención de los otros dos, justo lo que él quería—. Si bien Eve es del tipo psíquico, cuenta con el agregado del tipo plasma, como lo bautizó mi hermano mayor.
— ¡Qué disparate! Ese tipo no existe —sentenció Mewtwo con severidad, mirando despectivamente a Moonghost. Debía estar tomándole el pelo.
— No, tú crees que no existe. Si supieras al respecto, entonces no sería especial, ¿cierto? —señaló Moonghost sonriendo de nuevo, aparentemente inmune a la mirada asesina del clon—. Es su don y lo que la hace tan excepcional. Ese tipo único le permite a Eve aprender cualquier clase de ataque existente, limitada únicamente por su anatomía porque, seamos sinceros, ¿quién cree lógico que Eve pueda usar una Guillotina? —dijo entre risas, haciendo la pantomima de unas pinzas gigantes abriendo y cerrándose sobre su cabeza, como si fuera un Pinsir—. Si ya no fuera suficientemente genial, también puede usar nuestros ataques insignia y algunas de nuestras habilidades. Por ahora, sólo tiene acceso a las mías, porque los sellos de nuestra madre así están diseñados, aunque no le gustan siquiera un poquito.
Permanecieron un rato en silencio, lo que Moonghost aprovechó para distraerse con un par de Pidgey que pasaban por ahí, dándoles oportunidad a los otros dos para meditar acerca de lo que les acababan de revelar.
— Hay algo que aun no entiendo, Moonghost. Si su objetivo es protegernos a todos, incluso a su propia madre: ¿Por qué les complicó tanto las cosas? —preguntó Dyfir, ahorrándole las molestias a Mewtwo de hacerlo él—. Y todavía no me aclaras lo sucedido con el Electabuzz.
— Ni siquiera nosotros entendemos los procederes de nuestra madre, tampoco se supone que le demos muchas vueltas al asunto. ¿Quién cuestiona a su propia madre? Mientras me siguiera dando chucherías, todo bien —dijo Moonghost, encogiéndose nuevamente de hombros—. Con respecto a lo otro, el tipo plasma no escapa de tener fortalezas y debilidades. No te mentiré, por lo general es completamente inútil, los ataques de plasma no hacen nada de daño. Sin embargo, el plasma puede absorber y neutralizar la energía eléctrica con tanta facilidad que da risa. Si Eve quisiera, podría dejar a una ciudad entera sin luz, por eso el Electabuz hizo caput en el piso, se descargó.
Eso resultó interesante e informativo para Mewtwo, dándole más incentivos para despejar un poco sus dudas y permanecer con ellos, al menos hasta que dejaran de impresionarlo. Lo que más satisfacción le causaba era constatar que sus suposiciones con respecto a los hermanos no fueron tan desacertadas, ahora sólo le bastaba atestiguar y comprobar que no sólo fueran palabrerías sin sentido, que viniendo de un fantasma no le extrañarían.
Mewtwo hubiera continuado gustoso con sus cavilaciones, mientras Dyfir mostraba su desbordante emoción y buscaba saber más cosas, pero la entrenadora se detuvo de súbito.
— Un momento... ¿neutraliza la electricidad? —repitió pensativamente. Su rostro pasó del asombro al enojo, poniéndose más roja que la panza de un Slowpoke quemada por el sol— ¡Tú saboteaste el Tren Magnético!
Su grito hizo que unas cuantas aves alzaran vuelo despavoridas. En otras circunstancias, Eve habría disfrutado de su travesura, sabotear a Dyfir era de sus actividades favoritas, pero algo en su interior se estremeció en ese instante.
— Aquí es —dijo con serenidad, frunciendo levemente el ceño.
Estaban al margen de un claro, no tan extenso como otros que habían encontrado, pero lo suficiente para ser lugar de juego de muchos pokémon bicho. En el centro se erguía un gigantesco y esplendoroso árbol en flor, repleto a su alrededor de Caterpie, Metapod y Buttefree que retozaban muy a gusto bajo su sombra. En el tronco, también, se encontraban algunos Heracross alimentándose de su savia, aunque eran tan pocos que podían contarse con los dedos de una mano.
— Se supone que debe haber algo aquí, ¿verdad? ¿Una esfera o algo así? — preguntó Dyfir de sopetón, buscando con los ojos entre la grama con gran emoción, olvidándose del saboteo del tren.
— Es el árbol —espetó Eve, reprobando por completo lo que hacía la entrenadora.
— ¿Eh? ¿El árbol? ¿Estás segura? —preguntó Dyfir quedamente, con una cara muy graciosa y una gota de sudor cruzando por su sien.
Eve la ignoró, cruzando el claro con paso decidido, sin prestar atención al resto de los pokémon. Se detuvo al estar a los pies del árbol, acariciando su rugosa corteza con el ceño sutilmente fruncido.
— ¿Cómo lo liberarás? —preguntó Moonghost con mucha curiosidad cuando la alcanzó.
— No lo sé —suspiró Eve—. Necesitaré tiempo para pensarlo. Aprovéchenlo para descansar y no me molesten —añadió sin voltear a verlo.
Moonghost se quedó hasta que Eve tomó asiento, fijando la mirada en el majestuoso árbol totalmente inmóvil, como si se hubiera sumergido en un trance. Como su hermana meditaba, Moonghost regresó con los demás, comunicándoles muy contento del tiempo indefinido de receso.
Inmediatamente, Mewtwo fue a sentarse a la sombra de un árbol cercano. Dyfir pegó un brinco de alegría, corriendo a hacer algunos preparativos para el almuerzo y liberar un rato a todos sus pokémon. A Moonghost le encantó la idea, ofreciéndose a ayudarla y tener más tiempo para jugar luego, pero se detuvo y le lanzó una mirada llena de preocupación al árbol.
— ¿Qué tendremos que hacer para sacarte? —se preguntó en voz baja.
El sol comenzaba a languidecer, pero Eve seguía sumergida en su meditación, sin moverse siquiera para resoplar de angustia. No podían interrumpirla, estaban seguros de que los haría polvo si se les ocurriese tal cosa, era mejor dejarla en paz.
Dyfir elevó la mirada, escudriñando entre las hojas del árbol que se alzaba sobre ella, segura de que debían ser pasadas las cuatro. Se sentía algo agotada, había dejado salir a sus pokémon para que pasaran un tiempo al aire fresco y estuvo jugando con ellos hasta hace poco.
Moonghost, en cambio, aún tenía mucha energía y seguía tonteando con sus pokémon. En ese momento, tenía una competencia de muecas exageradas con Cleffano —su Haunter—, animados por los demás.
En su regazo descansaba un adorable Furret, que disfrutaba de un muy necesario cepillado para desenredar su pelaje. Su nombre era Tretsenl y fue el primer pokémon que capturó por cuenta propia. Una Azumarril se acercó de repente a ellos, haciéndole señas a Tretsenl, claramente pidiéndole que jugara con ella y el Furret no dudó en saltar para perseguirla. Su ratón acuático se llamaba Shiver.
Cerca de ella estaba su estimado Shade, escudado bajo la sombra de un árbol, siguiendo atentamente con la mirada a los demás pero reacio a unírseles. Un poco más allá, al pie de otro árbol, descansaban a sus anchas Llamita y Dartiniant, sus dos primeros pokémon y los que habían alcanzado con mayor rapidez un gran rendimiento en batallas.
Dyfir hubiera continuando divagando, recordando cómo había capturado a todos los miembros de su equipo y rememorando sus batallas más épicas. Pero Eve se levantó de súbito y se acercó a ellos.
— Ya sé qué tenemos que hacer —informó, aunque con cierto desagrado en su tono de voz, como si no le gustara para nada.
— ¡Maravilloso! ¡Sabía que lo lograrías! Eres muy lista —celebró Moonghost con gran alegría, haciendo que Eve frunciera el ceño en desaprobación— ¿Qué hay que hacer? ¿Algún cántico oculto? ¿Rociarlo con lágrimas de Butterfree? ¿Ofrecer a un Caterpie virgen como sacrificio?
— Miel de Beedrill —respondió Eve con desgana, esperando detener con eso el aluvión de ideas absurdas de su hermano.
— ¡¿Estás segura?! —preguntó Dyfir exaltada, poniéndose de pie al tiro y caminando apresuradamente hacia ella. En su cabeza revoloteaba la idea de que era otra triquiñuela de la pokémon para desalentarla—. ¡Tiene que ser una broma! Lo es, ¿verdad?
— ¿Te parece que bromeo? Si no fuese un requisito indispensable, si me equivocase, juro que me cambiaré el nombre a Moonghost —espetó Eve.
— Pero las colmenas de Beedrill son muy peligrosas. Nadie se acerca a ellas, ¡mucho menos para robar miel! Lo que propones es suicida —señaló Tretsenl con preocupación. Si bien su entrenadora no tenía idea de lo que acababa de decir, el resto entendió a la perfección.
— ¡Tretsenl tiene razón! —rezongó Moonghost con los ojos abiertos como platos— ¡Eso es de locos! —exclamó. Eve alzó una ceja, preguntándose si su hermano había olvidado que era él quien solía carecer de sentido común— ¡En esos nidos hay millares de esas avispas chifladas! Si nos aguijonean, estaremos más que fritos, no todos somos inmunes a su veneno ¡¿Y a quién rayos le gusta la miel de Beedrill?! ¡Es amarga y sabe feo!
— Que sea dulce o amarga no hace ninguna diferencia, es lo que tenemos que conseguir y punto —dijo Eve con desdén—. La única idea que parece factible es alejar a la mayoría de los Beedrill de la colmena, así se nos hará algo más fácil obtener un poco de esa miel.
— A ti jamás te ha picado un Beedrill, ¿cierto? —preguntó Dyfir, frunciendo levemente el ceño, pero la mirada que le dirigió Eve la hizo titubear.
— De hecho, me han picado cosas peores —espetó en respuesta, dándole la espalda y echándole un ojeada a su alrededor—. Es mejor que nos pongamos a buscar de inmediato una colmena, será peor y más peligroso si cae la noche.
— ¿Cómo piensas distraer a los Beedrill? —quiso saber Moonghost, con voz temblorosa.
Eve se tomó su tiempo para contestar. Antes, prefirió sugerirle a Dyfir que dejara su bicicleta y examinar a Mewtwo con la mirada, quien apenas se levantaba y se unía para unirse y ayudar en la búsqueda.
— Moonghost, ¿recuerdas cuando tú y Baby le robaban bayas a nuestro hermano? —preguntó ella de sopetón.
— ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Él siempre tenía una reserva de bayas deliciosas que no se conseguían en casa —respondió el aludido entre risas. Un ligero rubor de asomaba en sus mejillas, probablemente recordando el sabor de las mencionadas bayas— ¿Por qué te viene ese recuerdo a la mente justo aho…? —hablaba tranquilamente, pero se detuvo en seco y su rostro se desfiguró a causa del espanto— ¡Ay, no! ¡No estarás pensando que yo...!
— ¡Qué bueno que ya lo hayas resuelto tú solito! Así me ahorro explicaciones —dijo Eve, atajando sus palabras en el aire con una sonrisa maliciosa que no desapareció hasta mucho después.
El dorado sol se ocultaba, tiñendo con su brillante luz las copas de los árboles, que se mecían suavemente gracias a la delicada y fresca brisa, anunciando la pronta llegada de la noche. Cada elemento se complementaba para ofrecer tan hermosa vista, aunque un incesante zumbido se alzaba por encima de todo, rompiendo la armonía del atardecer.
Y es que un colosal enjambre de Beedrill sorteaba entre los troncos con agilidad, persiguiendo sin compasión al grupo de viajeros que intentó robarles algo de su preciada miel bajo sus narices.
— ¡ESTO FUE UNA PÉSIMA IDEA, EVE!—gritó Dyfir ahogadamente,, luego de saltar unos arbustos. Estaba agotada y no sabía por cuánto tiempo más podría continuar.
— ¡Todo habría salido bien si Moonghost supiera hacer de señuelo! — exclamó Eve furiosa, esquivando los troncos de los árboles en pleno vuelo.
— ¡Por eso te pedí que lo hicieras tú! —exclamó Moonghost muy alterado.
— ¡No! ¡Te correspondía hacer algo por una vez! —vociferó Eve bastante molesta.
— ¡Pero tú eres más ágil que yo! —rezongó Moonghost.
Atravesaron una cortina de ramas y arbustos, llegando a una amplia pradera, que lejos de contentarlos les hizo maldecir y soltar palabrotas al cielo. Sería más sencillo para Dyfir correr, pero los Beedrill podrían darles alcance fácilmente.
— ¡Eres un descarado! —chilló Eve con indignación—. ¡Eres igual de hábil que yo! ¡Siempre pones excusas absurdas para justificar tu idiotez!
— ¡¿Acaso no te has percatado en el aprieto en el que estamos metidos?! — exclamó Moonghost—. ¡Sabes que no puedes darme tareas difíciles!
— ¡¿Quién se iba a imaginar que fueras tan imbécil para terminar dando la vuelta?! —exclamó Eve al borde del colapso de ira.
Mewtwo los escuchaba atentamente mientras vigilaba que Dyfir no se quedara muy atrás, dándole impulsos ocasionales con un poco de fuerza psíquica. Él no tenía por qué huir despavorido de un enjambre de Beedrill, le bastaba con encararlos y congelarlos con un —muy doloroso— Psíquico, lo haría en un santiamén. Pero no, prefería mantener su poder en el mayor anonimato posible para evitar preguntas.
Sin embargo, los hermanos tampoco tendrían que preocuparse por tal cosa, bien podían sacudirse a las avispas sin mucho esfuerzo, empero preferían concentrarse en pelear. No podía más que observarlos con reprobación, sabiendo que si no hacían algo pronto, la humana se cansaría y los metería a todos en aprietos.
— ¿Por qué estamos huyendo? —preguntó Mewtwo de repente, tratando de sonar lo más casual posible, interrumpiendo la discusión entre los hermanos.
— ¡No lo sé! ¡Yo no soy el que parece tenerle pavor a los Beedrill! —exclamó Moonghost con cierta ironía, haciendo un cruel énfasis en "pavor".
Eve se detuvo en seco apenas escuchó esto, obligando a todos a hacerlo por igual. Con el ceño fruncido, le lanzaba una mirada asesina tan intensa a su hermano, que Mewtwo casi podía ver cómo ella hacía a un Walrein aparecer de la nada para aplastarlo. Si bien era intimidante, Moonghost no parecía afectado por ello, devolviéndole la mirada triunfante y sonriendo con sorna.
Sin decir nada y sin que los otros dos entendieran lo que sucedía entre los hermanos, Eve les dio la espalda y caminó con paso firme hacia los Beedrill. Dyfir y Mewtwo quedaron perplejos, especialmente el segundo, pues su intención era que tomaran cartas en el asunto, no que se suicidaran.
Mewtwo hizo el ademán de detenerla, pensando que debía hacer algo para ayudarla y evitar que se lastimara, más se detuvo al percatarse de que actuaría tan imprudentemente como en Viridian. No podía permitirse el repetir tal cosa, aunque conservó como opción intervenir si en verdad lo necesitaban, limitándose a observar a Eve atentamente. Ahí fue cuando notó que ella temblaba, no sabía si por miedo o por enojo.
Cuando Eve se detuvo, a pocos metros de que los Beedrill la alcanzaran con sus aguijones venenosos, un aura violácea envolvió todo su cuerpo. Al principio sólo parecía una innecesaria proyección de su poder psíquico, sin embargo, en cuanto el primer Beedrill la embistió y quedó petrificado a poco menos de un metro de ella, sólo para ser lanzado lejos con una fuerza abrumadora, Mewtwo entendió que esa era la manera más segura que Eve encontró para enfrentarlos.
Los Beedrill, cegados por la ira y zumbando amenazadoramente, se lanzaron uno a uno hacia Eve, siendo repelidos del mismo modo con cada vez más fuerza. No fue hasta que la primera línea de ataque quedó completamente derrotada, cuando el resto del enjambre se percató de lo que sucedía e inició su despavorida retirada.
Ignorando las exclamaciones de alegría que pegaba Dyfir para celebrar su salvación, Eve se lanzó hacia las avispas, corriendo lo más rápido que le permitían sus ya cansadas piernas. Los Beedrill se apartaban de su camino muy asustados, haciéndoselo absurdamente fácil cuando brincó sobre una gigantesca avispa, atajándola en pleno vuelo y obligándola a comer polvo.
En cuanto tocaron el suelo, el resto del enjambre voló sin control por todas partes, aparentemente tan confundidos como el grupo de viajeros. Intercambiaron miradas de consternación antes de acercarse cautelosamente a Eve, que forcejeaba un poco con el Beedrill cautivo, que todavía intentaba escapar en vano.
— ¿Q-qué haces? —balbuceó Dyfir con voz queda. Seguía nerviosa aun cuando los Beedrill que revoloteaban sobre ellos ya no parecían querer matarlos.
— Vuelvan al árbol y espérenme ahí —espetó Eve fríamente aunque en su voz se notaba un atisbo de nerviosismo que le era difícil disimular. En su rostro se asomaba un ligero tono verde, como si el sostener a ese Beedrill le produjera asco y todo lo que quisiera hacer fuese soltarlo y salir corriendo—. Dyfir, antes de que te vayas, dame el frasco de jalea vacío que guardaste.
— ¿Acaso esa es la reina? —preguntó Mewtwo asombrado.
Las reinas no solían abandonar la colmena, era muy extraño que se unieran a los ataques para defender sus nidos. Que Eve pudiera encontrarla en medio del tumulto era igual o más increíble.
— Eso parece —respondió ella entrecortadamente. La Beedrill estaba decidida a escapar y eso le estaba agotando la paciencia— ¡Ya quédate quieta! —exclamó molesta.
Eve liberó un ruido extraño que tranquilizó a la Beedrill en seco, o más bien la asustó, y no sólo a ella. Era como un gruñido que, a pesar de tener un tono melodioso y suave, sin duda resultaba atemorizante y ponía en alerta al que lo escuchara. Eve estaba realmente obstinada.
— El frasco —exigió Eve, extendiendo la mano hacia Dyfir cuando se aseguró de que la avispa ya había perdido toda voluntad de luchar.
La chica, aún perpleja, revolvió lo más rápido que pudo en su mochila y sacó el frasco de mermelada vacío. Eve se lo arrancó de las manos, dejándolo en el suelo y metiendo rápidamente la mano en la mochila antes de que la cerrara.
Murmullando que también la necesitaba, sacó una soga con la que ató los aguijones de las patas delanteras de su prisionera al aguijón trasero. Ante la atónita mirada de sus compañeros, Eve regresó sobre sus pasos, arrastrando a la Beedrill reina de vuelta a la colmena.
Dyfir, Moonghost y Mewtwo esperaban sentados a los pies del gran árbol. Ya el sol se había ocultado, siendo la única fuente de luz la luna creciente y el cielo plomizo tachonado de estrellas... y una pequeña lámpara de acampar que Dyfir llevaba en su bolso.
Rodeados de los sonidos nocturnos del bosque, esperaban por el regreso de Eve, pero el tiempo seguía pasando y no había señales de vida. A pesar de tal preocupación, el cansancio hacia cabecear a Dyfir y Moonghost, luego del maratón emprendido en la huida de los Beedrill quedaron extenuados.
Mewtwo no sufría por ello, aunque mantenía los ojos cerrados y Moonghost se preguntaba si se habría quedado dormido. Al menos eso pensó hasta que los abrió repentinamente, fijando sus ojos violeta intenso sobre una mata de arbustos, susurrando: "Ahí viene...".
Los arbustos se sacudieron y Eve salió de entre ellos con el frasco en sus manos, lleno a rebosar de un líquido color ámbar que a leguas se notaba que era muy viscoso. Mewtwo se puso de pie, mientras que los otros dos sacudieron la cabeza para espantar el sueño, restregándose los ojos perezosamente.
— ¿Todo bien o te costó? —preguntó Moonghost adormilado, mirando a su hermana destapar el frasco y acercarse al árbol, luego de que le cedieran el paso—. Tardaste mucho, nos tenías preocupados.
— Quedaron algunos rezagados para cuidar la colmena y fueron bastante obstinados, aunque no tuvieron opción más que dejarme tomar toda la miel que quisiera al ver que tenía a su reina —explicó Eve con frialdad, parecía que aún estaba molesta por lo sucedido—. Además, sacar esta miel no es nada fácil, es demasiado pegajosa.
Y lo decía con razón. Ninguno lo había notado antes, pero Eve estaba cubierta de miel casi por completo, especialmente en sus brazos y pecho, con hojas y ramitas adheridas que se trajo en el camino de regreso.
Sin prestar demasiada atención a esto, Eve se plantó frente al árbol y les pidió que le dieran espacio con un ademán. Sumergió su mano en el espeso líquido, untándolo en la rugosa y áspera superficie el tronco, susurrando cosas ininteligibles a los oídos de todos. Repitió el proceso varias veces hasta que el frasco quedó prácticamente vacío, lo dejó a un lado y dio unos pasos hacia atrás, sin retirar la vista de la zona embadurnada con miel. Pasó alrededor de un minuto... dos minutos... tres... pero nada sucedía.
— Eve, está bien, todos cometemos errores —dijo Moonghost cordialmente cuando notó que su hermana comenzaba a temblar—. No pasa nada, ya encontrarás lo que necesitas para...
— ¡Basta! ¡No quiero escucharte decir ni una palabra más a menos que sea algo útil! —espetó Eve de muy malagana—. No necesito de tu lástima, estoy segura de lo que tengo que hacer y esto es lo correcto. Que Rocknight nunca haya conseguido hacerte entender el concepto de paciencia es una pena, pero lo entiendo, es difícil con esa cabeza dura que tienes.
— ¡Oye!
— ¡No discutan de nuevo! —rezongó Dyfir, hastiada—. Es molesto que a cada rato...
Dyfir se interrumpió cuando su rostro fue iluminado súbitamente. Del árbol emergía una luz misteriosamente cálida, alumbrando las caras del asombrado grupo de viajeros. En toda la superficie del tronco, las ramas e incluso las hojas, se dibujaron una gran cantidad de símbolos extraños interconectados con finas líneas, brillando en un tono verdoso intenso.
— Esto es… hermoso… —musitó Dyfir, admirando la belleza del árbol iluminado que le recordaba a los pinos en Navidad.
Donde estaba untada la miel, comenzó a dibujarse una estrella de doce puntas compuesta de triángulos entrelazados entre sí, en cuyo centro resaltaba un símbolo idéntico a la forma que tenía la gema de Eve. De ese símbolo surgieron unas motitas de luz, que revolotearon lejos del tronco como dientes de león soplados por el viento, acumulándose lentamente hasta formar una inmensa esfera luminosa frente a sus ojos.
La luz en el árbol empezó a menguar hasta volver a la normalidad. No fue hasta después que la propia esfera brillante comenzó a apagarse. En cuanto sólo volvió a quedar la luz de la luna y la linterna, pudieron apreciar a la figura que tenía el mismo tamaño de Eve.
Era idéntica a sus hermanos, aunque su pelaje era verde como la grama siendo más oscuro en algunas partes, la punta de su cola tenía tal forma que parecía una hoja grande, con orejas que eran ligeramente más regordetas que las de sus hermanos y terminaban en punta redondeada. En la base de su oreja izquierda nacía una hermosa flor blanca con sutiles manchas rosadas de seis pétalos, de la cual brotaba un aroma dulce y delicioso que resultaba relajante.
El pokémon abrió lentamente sus ojos, parpadeando y engalanando sus grandes pestañas mientras asimilaba aquello que le rodeaba, observando todo con sus hermosos y brillantes ojos de esmeralda, igual que aquella que tenía incrustada en medio de su frente tallada en forma de hoja.
— ¡Flowar! —exclamó Moonghost eufóricamente, echando a correr hacia la figura revelada.
— ¿Moonghost? —musitó la criatura; su voz era femenina, muy dulce y tan suave como el terciopelo, resultaba un verdadero deleite escucharla. Moonghost ya estaba sobre ella cuando lo esquivó, dejando que su hermano se estampara la cara contra el tronco, y se acercó presurosa a Eve— ¡¿Eso es miel de Beedrill?! —preguntó muy emocionada, sin esperar respuesta alguna y lanzándose sobre ella, aprisionándola bajo su peso para lamerle el rostro.
— ¡Flowar! —chilló Eve, bastante alarmada, su rostro se teñía de rojo intenso mientras intentaba apartarla— ¡Flowar, para ya! ¡Quedó algo en el frasco! —agregó desesperada.
— ¡¿En serio?! ¡Dame, dame, dame! —pidió Flowar muy contenta, olvidándose de ella y abalanzándose sobre el frasco, engullendo muy gustosa la miel que sobraba—. Perdóname, Eve, es que me muero de hambre.
— Descuida, fue una rudeza de mi parte no estar preparada —comentó Eve con cierto sarcasmo, recuperando el aliento mientras a sus espaldas Dyfir y Moonghost reían para sí.
A Mewtwo también le había resultado graciosa la situación, aunque él era mucho más discreto al respecto. Además, estaba demasiado ocupado pensando en que, luego de atestiguar todo lo sucedido, quizás aceptar la invitación no había sido tan mala idea después de todo.
Siempre se me olvida que para "comentar" algo debo dejarlo en el documento que subo a la página. Sí, tengo varios años aquí y todavía me enredo con el sistema de publicación de la página, aunque lo cierto es que activa-activa no soy.
Después de varios años, por fin tengo la decisión y tiempo para poner al día EGN en varias páginas. Este fanfic lo estoy escribiendo desde el 2007 y reciente publiqué el capítulo 60 en el foro que lo vio nacer, donde después de tanto tiempo nos acercamos al final y al que estimo cerrará con 67 capítulos.
Aquí están leyendo las versiones revisadas y actualizadas de los capítulos escritos en el 2007. Este es mi primer fanfic y, como toda buena primeriza, mis textos estaban plagados de problemas de redacción y demás errores de novato. Sin embargo, aunque ésta versión muestra lo que he aprendido con los años, hice todo lo posible por mantener su esencia en el sentido de sólo mejorar su redacción y mantener todo lo más parecido que me permitiera mi reciente necedad por la perfección. Eso sí, me resulta inevitable eliminar cosas mínimas y agregar otras nuevas que considero nutren más la historia.
Ya de aquí no pienso editar más nunca, aunque cuando vuelva a leer encuentre cientos de errores que hagan que mis entrañas se retuerzan con las ganas de acomodarlo, pero sé que jamás estaré conforme al cien y que nunca nada será perfecto, así que… ¡mejor me como una galleta!
En fin, espero que este fanfic sea de tu agrado si eres un nuevo lector. Y si ya lo conocías de algún modo u otro, espero disfrutes de esta versión actualizada.
Los invito a visitar mi galería en deviantART ( .com). Ahí publico artwork de EGN que, lamentablemente, es imposible publicar aquí.
