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– Capitulo XV –
拒否する
Declive
Incluso los más valientes pueden caer.- Rick Riordan
Los golpes en la puerta comenzaron a subir de intensidad al igual que el timbre que se encontraba a su lado. La joven mujer tuvo que dejar el plato que estaba entre sus manos sobre la repisa y salir de la cocina, para recibir a quien fuera que urgía con sus golpes que le abrieran.
Una vez la abrió, no se sorprendió de ver a la hermana y tío de Kaidou Yuuri, mucho menos el rostro lleno de preocupación y aflicción que le dedicaban.
− Buenas días – saludo una vez recupero el habla.
− Buenas días – contesto Mary, tragando con dificultad – Siento mucho golpear su puerta de este modo pero…
− No se preocupe – dijo de forma comprensiva – pasen por favor – dejando que ambos entraran a la vivienda.
− ¿Sabe como esta? – pregunto con temor.
− Se encuentra fuera de peligro – cerrando la puerta – aunque cuando llego, tenía mucha fiebre – continuo caminando hacia ellos – pero mi esposo lo atendió tan rápido ambos llegaron a casa, así que no debería tener ninguna complicación por ahora.
− Gracias a la diosa – apoyándose en el pecho de Adalberto.
− ¿Podemos verlo? – pregunto el rubio.
− Por supuesto, se encuentra en la habitación de invitados, por aquí – indicando con un ademan de su mano el camino que debían seguir.
Ambos siguieron a la joven mujer escaleras arriba, Caminaron por un corto pasillo, hasta llegar a la habitación cuya puerta era la única abierta.
− Cariño – hablo en voz baja mientras entraba a la habitación – la familia de Yuuri.
Celestino asintió y la mujer sonrió.
− Pueden pasar.
− Gracias – dijo Adalberto.
La puerta se cerró tras entrar y ambos se acercaron a la cama donde un inconsciente Yuuri los esperaba.
− Yuuri – susurro Mary, acariciando la cabeza de su hermano.
− ¿Se pondrá bien? – pregunto Adalberto.
− No se preocupen – dijo con calma – el estará bien, solo necesita descansar, la pérdida de sangre lo dejo muy débil – indico logrando que ambos adultos giraran sus cabezas y le dedicaran una mirada llena de procuración.
− ¿Perdida de sangre? – Repitió a modo de pregunta – ¿Cómo que pérdida de sangre? – Esta vez pregunto más alarmada – Cuando llamaste no mencionaste eso, Celestino… ¿qué tan grave estaba mi hermano?
Soltó un largo suspiro y contesto lo más calmado posible.
− No te mentiré, su condición era grave, perdió mucha sangre por la herida en su costado, la fiebre no quería ceder y los medicamentos no estaban surtiendo efecto.
− ¿Qué quieres decir con eso?
− Sea lo que fuera que lo hirió, no era un arma común, no tengo todos los detalles de lo sucedido pero, Yuuri paso por demasiadas cosas la noche anterior – regresando a ver al joven sobre la cama.
− En pocas palabras mi hermano estuvo a punto de morir, ¿es lo que quieres decir? – dijo con un tono de voz que demostraba lo alterada que estaba.
Celestino no contesto y simplemente asintió.
− Este chico – susurro por lo bajo, sentándose en el banco junto a la cama.
− ¿Padecerá alguna secuela por esto? – hablo Adalberto al ver lo conmocionada que estaba su ahijada.
− Por suerte no, solo necesita reposo y volverá a ser el mismo chico de antes.
− Eso es lo que menos deseo – murmuro mary.
− Mary – le llamo Adalberto.
− Adalberto, sabes tan bien como yo que esto no hubiese sucedido si solo nos escuchara – tomando la mano de su hermano − siempre temí que esto le ocurriera, primero fueron las cortadas en los brazos, después fue la herida en su hombro, la persecución en la zona de detenciones – regresando a ver de reojo a Celestino − y ahora esto… La próxima vez quizás Yuuri no sobreviva.
Una acalorada discusión comenzó a florecer entre ambos adultos. Celestino los contemplaba sin emitir sonido alguna, sus ojos estaban fijos sobre la figura de Yuuri quien, mostraba una fragilidad que el medico nunca antes había visto en el mismo lo cual le llevo a preguntarse ¿Que había sucedido la noche anterior para que acabara en ese estado?
Esa pregunta le hizo recordar algo que desde hace mucho palpitaba en su pecho, una pregunta que antes se negaba a formular por la reacción que el menor tendría pero, en vista de que ahora tenía a sus parientes más cercanos y el menor se encontraba inconsciente, quizá no tendría otra mejor oportunidad para obtener respuesta que esa.
Se acercó a la puerta dejando que siguieran discutiendo, coloco seguro a la misma y volvió a su sitio, aclarándose la voz, hizo que ambos adultos cesaran su intercambio de palabras y regresaran a verle.
− Entiendo la frustración y el enojo que están sintiendo pero, con ello no harán que Yuuri se recupere – reprendiendo a ambos por su comportamiento – recuerden que lo más importante ahora es su salud.
− Lo lamento – contesto mary – siento haber subido el tono de la conversación pero…
− Entiendo cómo te sientes Mary pero, los gritos y las discusiones solo harán que Yuuri se altere, por su actual condición lo mejor es dejar de lado las peleas, al menos hasta que él se encuentre mejor.
Mary asintió.
− Celestino – hablo esta vez Adalberto − ¿Cómo podemos pagarte? – Pregunto – salvaste a Yuuri, lo que sea que pidas, es tuyo.
− Soy médico – indico – estudie esta carrera porque, al no poder ser un candidato a la guarda nocturna, vi esta profesión como mi único medio de ayudar a otros – dirigiendo su vista hacia Yuuri – pero… Si bien no hay mayor satisfacción que ver a esas personas felices y sonrientes, hay algo que podrías darme a cambio de ello.
− Nombrarlo.
− Una respuesta.
− ¿Respuesta? –Pregunto intrigado por la petición.
− Hay algo que siempre he querido preguntarle a Yuuri pero, conociéndolo estoy seguro que solo lograría incomodarlo o, en el peor de los casos, le causaría un episodio de pánico.
− ¿Cuál es la pregunta?
Celestino respiro profundamente y contesto.
− Yuuri… ¿es el hijo del rey Toshiya?
Tanto Mary como Adalberto contuvieron el aliento por la inesperada pregunta.
El vestido que usaría en el próximo aniversario de Nueva Hasetsu se encontraba puesto sobre un maniquí. Sus ojos podían apreciar cada detalle que la modista había puesto sobre del mismo, maravillándose de como algo tan sencillo podía verse de esa forma.
− Es hermoso ¿no es verdad? – pregunto Freya al entrar a la habitación.
− Lo es – respondió tomando la tela del mismo – la modista hizo un gran trabajo.
− Lo hizo – secundo acercándose unos cuantos pasos hacia la joven sacerdotisa – Noto que algo perturba tu mente, ¿puedo saber el que?
Yuko sonrió.
− ¿Tanto se me nota?
− Quizás, esa sonrisa en tu rostro pueda engañar a los demás, te conozco desde que eras una niña, y se bien que tu mente se encuentra inquieta – indico − ¿qué sucede?
− Queda poco tiempo – susurro.
Freya guardo silencio.
− Siempre he sabido que cual es mi destino – girándose para quedar de frente a su compañera – desde que mi madre murió, he sabido cual es mi deber pero… A veces no puedo no cuestionar, ¿por qué tanto Yuuri como yo debemos seguir ese camino? ¿Acaso no hay otra forma de cumplir la profecía? ¿Acaso tanta sangre y muerte deben cometerse para salvar el mundo?
− Los designios de los antiguos son imposibles de remover, quizás las cuerdas del destino cambien pero finalmente estos se alinean y conducen al mismo final – acortando la distancia que las separaba – conoces cada señal y cada orden dada por los sidéreos, si no hubiese otro camino no permitirían que esto siguiera.
− Freya.
La azabache sonrío y acerco la palma de su mano hacia la mejilla de la más joven.
− ¿Tienes miedo?
Ella negó.
− No es miedo, al menos no por mí – aseguro – hace mucho que entendí cuál era el camino que seguiría y el final alcanzaría pero… Temo por los demás.
− ¿Tuviste otra visión? ¿Algo que involucre a otras personas? – temiendo que lo que inquietaba a su joven princesa fuera sus sueños.
Negó con su cabeza.
− Siempre es la misma visión, aunque con cada acción algo cambia, el final nunca es diferente – cerro sus ojos – la capital de Nueva Hatsetsu se encuentra en ruinas, las calles se encuentran repletas de cadentes, soldados luchando en diferentes lugares de ciudad, cinco guerreros se detienen frente a las enormes puertas del castillo, una luz cae del cielo y rompe una barrera oscura… Gritos, fuego, una enorme figura a la cual ellos enfrentan… El entronado luchando contra su rival… La luz del sol se hace presente en el horizonte – concluyo su relato mientras volvía a abrir sus ojos.
− ¿Eso es lo que te inquieta?
− Eso no es lo que me perturba – tomando la mano ajena para retirarla de su mejilla – Conforme pasan los días, mi corazón se aflige… El futuro se acerca y… − las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos – Hubiese querido más tiempo – declaro con tristeza.
− Yuko.
− Se termina el tiempo, una época de caos se acerca y no hay nada a mi alcance para detenerlo.
Freya suspiro y atrajo a la más joven hacia si para envolverla entre sus brazos.
− Lo siento, no quería que me vieras de este modo.
− No te disculpes, ser vulnerables es lo que no hace fuertes, nos hace reconocer nuestras debilidades y con ello, podemos mejorar.
Yuko se apartó del cálido abrazo y se limpió las lágrimas.
− Gracias, Freya.
− Sabes que siempre te apoyare.
− Lo sé, es por eso que quiero pedirte algo.
− ¿Qué es?
− Prométeme que, pase lo que pase, ayudaras al entronado y a todos aquellos que estén a su lado.
La azabache se mantuvo en silencio, analizando la extraña petición de su princesa, respiro profundamente y asintió.
− Te lo prometo.
− ¿Puedo saber el motivo de esa pregunta? – pregunto el rubio aun con la sorpresa marcada en su rostro.
− Todo mundo conoce los poderes que Yuuri posee o, al menos los que Shade ha mostrado durante sus encuentros con la guarda – aseguro captando las miradas que tanto Mary y Adalberto se dirigían entre si – y no es un secreto los rumores que corren por todo el reino.
− ¿Que rumores? – esta vez pregunto Mary aun cuando sabia la respuesta.
− Que Glass Shade es en realidad el hijo del rey Regis, a quien dieron por muerto junto a su hermana hace trece años.
− Si la respuesta fuera afirmativa, ¿qué harías? – pregunto Adalberto cruzándose de brazos.
El medico cerro sus ojos y sonrió.
− Sabemos que el reino no está en su mejor momento, estamos al tanto de la crisis de betas que están afectando a todos los países del mundo, de las enormes jornadas de trabajo a los que se ven presos los obreros, de las torturas que los guardias imponen a los que creen ladrones o traidores – apretando con fuerza sus manos, recordando lo vivido en la zona de detenciones – Yuuri es… De alguna forma, la única esperanza que personas como yo, tenemos para defendernos de la injusticia que Demian impone.
Mary y Adalberto regresaron a verse, como diciéndose en silencio, que podían confiar en el medico.
− Lo es – contesto Adalberto, haciendo que Celestino regresará a verle – Yuuri es… El hijo del rey Regis.
− Eso significa que… − dirigiendo su vista hacia el rostro de la más joven– Eres la princesa… Katsuki Mary.
− Así es – respondió con una triste sonrisa – aunque hace muchos años que nadie me dice de ese modo.
− Pero… Si están con vida, ¿Por qué nunca reclamaron el trono?
Mary bajo la cabeza.
− Porque de hacerlo, nuestras vidas hubiesen estado en peligro, sobre todo la de Yuuri.
− ¿A qué te refieres? – curioso por la declaración de la más joven.
− La declaración oficial de la muerte de mis padres es una verdad a medias – dijo respirando profundamente antes de continuar – hace trece años, una parte de los súbditos se levantaron en contra de mi padre pero, solo fue una cortina para que el verdadero asesino entrara a palacio y los asesinara.
− Llegue a escuchar ese rumor.
− No es un simple rumor, es la verdad, el verdadero asesino se encuentra libre e incluso… Usurpo un trono que no era suyo – apretando sus manos ante la impotencia que sentía al recordarlo.
− Estas tratando de decirme que el asesino es…
− El rey Demian – concluyo Adalberto.
La sorpresa se reflejó en rostro de Celestino aunque esta emoción no duro mucho puesto que un gesto serio se posó segundos después.
− Veo que no estás muy sorprendido por la noticia – dijo Adalberto.
− Tenía una leve sospecha ya que la muerte de los reyes Katsuki siempre estuvo envuelta en misterio, además de que Demian no dudo ni un minuto en tomar el trono cuando los nobles lo sugirieron – declaro – pero como no había pruebas, solo quedo en especulación.
− Ahora que sabes la verdad, ¿qué piensas hacer con esta información?
Conectando sus miradas, esperando la reacción del otro.
− Nada – índico Celestino – como dije antes, Yuuri es la única esperanza que tenemos de volver a tener un reino como el que alguna vez dirigió el rey Regis así que… Pienso ayudarlo hasta el último día de mi vida.
El oscuro cielo de aquella noche se encontraba limpio, sin ninguna estrella que le hiciese compañía. No había sonido más que aquel que provenían de los gritos y las explosiones.
Sus ojos contemplaban el escenario sin poder moverse del lugar donde se encontraba acostado. Su cuerpo se sentía pesado, le costaba respirar y la única compañía que tenía a su lado, era el enorme charco de sangre que se encontraba bajo de él.
No sabía si era su propia sangre o la de las doncellas que habían muerto a su lado cuando la explosión los alcanzo. Su mente estaba perdida, su visión algo borrosa, solo distinguía siluetas y sus oídos no eran capaces de escuchar claramente lo que decían las voces que resonaban a los lejos.
− No…− susurro, alzando con dificultad uno de sus brazos hacia la dirección donde dos figuras se encontraban.
Podía distinguir como una oscura figura, un cadente quizás, alzaba del cuello al cuerpo más pequeño, este comenzaba a removerse, tratando en vano de liberarse del agarre, pudo notar como movía los labios, gritando palabras que no lograba captar… Hasta que, vio con horror como este le atravesaba por el estómago, la sangre se derramaba y el cuerpo inerte caía al suelo.
Las lagrimas comenzaron a caer desde sus ojos pero no se movió de su sitio, no emitió sonido alguno, solo fue capaz de observar la escena hasta que, quien sea que fuese aquella criatura, caminaba lentamente a su dirección.
Un fuerte grito resonó en el lugar.
La puerta se abrió de golpe, Noel entro con premura deteniéndose solo unos segundos para contemplar como su protegido se encontraba respirando de forma agitada mientras se incorporaba en la cama.
− Victor – murmuro antes de recorrer los pocos metros que lo distanciaban de la enorme cama − ¿Estas bien?
− Yo… − contesto respirando con dificultad.
Al notar lo angustiado que el príncipe se encontraba, tomo la jarra de agua que estaba sobre la mesita y vertió su contenido en un vaso, ofreciéndoselo segundos después.
− Toma, bebe esto.
Victor tomo el vaso de agua que le ofrecían y bebió todo el contenido de un solo trago.
− ¿Mejor? – pregunto sentándose en la cama.
Victor no respondió de inmediato, se relamió los labios un par de veces y dirigió su vista hacia el rostro de su mejor amigo.
− Si, solo… Solo fue una pesadilla.
− ¿Solo eso? – volvió a preguntar no muy convencido – Victor, te conozco, haz tenido pesadillas en el pasado pero ninguna te ha puesto tan inquieto, mucho menos te despiertan de ese modo.
El solo desvió la mirada.
− A menos que sea la misma pesadilla que te ha perseguido desde que…
Victo apretó con fuerza la sabana, dándole a entender al otro sin palabras, que no quería que aquel tema se mencionara.
− Hacia años que no tenías esa pesadilla – dijo entendiendo que su protegido no quería hablar más allá de ese tema − ¿qué provoco que volviera?
− No lo sé – haciendo a un lado la sabana que lo cubría para salir de la cama y dirigirse al balcón.
− Victor, algo debió ocurrir como para que esa pesadilla regresara después de tanto tiempo – siguiéndolo hasta quedar a su lado − ¿seguro que no recuerdas nada que la activara?
− Si lo supiera créeme que te lo diría… − apoyando sus codos sobre la baranda – soy quien menos deseaba volver a tenerla.
− ¿Sigue siendo la misma?
− En cierta forma pero, algo es diferente a la de hace años.
− ¿El que?
− En el pasado, no lograba distinguir casi nada, solo escuchaba gritos y explosiones pero ahora…
Noel se mantuvo en silencio, como indicándole que siguiera con el relato.
− No escuchaba muy bien mi alrededor, mi vista aunque era borrosa, podía distinguir siluetas y… Vi a una oscura silueta sujetando a…
− Victor.
− Después de eso… Él se acercó a mí…
− ¿Y? – esperando curioso a que continuase.
− Desperté – regresando a verle.
El silencio se instaló en el ambiente, ambos no se atrevían a decir palabra alguna. Las razones tras aquella inusual pesadilla era conocida solo por algunas personas, siendo Noel una de esas pocas, quien aun conociéndolas, no se atrevía a tocar el tema a menos que Víctor hablara de ello.
Tratando de buscar algún tema que desviase el ambiente tan incómodo que se instaló entre ambos, Noel sonrió y le dio un pequeño golpe en la cabeza a su protegido, quien emitió un ligero quejido, regresando a verle con una mirada de confusión.
− Solo estas demasiado estresado – dijo quietándole hierro al asunto – cuando el rey vuelva regresaras a tu rutina diaria y quizás tus sueños serán tan placidos como semanas antes.
− ¿Lo crees?
− Estoy seguro – confirmo – por ahora, es mejor que te des un baño, te cambies y bajes a desayunar, la reina y la Srita Irina esperan en el jardín.
− De acuerdo, bajare en unos minutos.
− Bien.
Dio la media vuelta y emprendió el camino de regreso al jardín para informar a la reina.
Por su parte, Víctor regreso su vista hacia el horizonte, colocando un gesto de tristeza en su rostro.
− ¿Por qué volví a tener esa pesadilla?
La televisión anunciaba las noticias del momento, entre ellas, la más destacada, era aquella que mencionaba al ladrón Shade y la guarda real. La conductora hablaba del encuentro en el país de Kilika así como el desafortunado escape del ladrón aun estando herido. Los reproches y burlas por parte de algunos de sus compañeros del canal, hacia la guarda no se hicieron esperar, razón que motivo al comandante a apagar el televisor y tirar el control lo más lejos posible en un momento de enojo.
− Maldito Shade, nuevamente por culpa tuya soy el hazme reír del reino – dijo golpeando con fuerza el escritorio.
Se dejó caer sobre la silla mientras su rostro mostraba la furia que estaba conteniendo en su interior. Había tenido al ladrón en la palma de sus manos, casi podía saborear la victoria y la llegada de aquel chocobo arruino todos sus planes. Debía hacer algo pronto, el rey no era paciente y aquella humillación podía costarle no solo su puesto sino, también, la forma de vida de su familia.
Estaba perdido en sus pensamientos cuando el sonido de su móvil lo hizo volver a la realidad. Prendió la pantalla, leyó el mensaje, se levantó rápidamente de su asiento para tomar su abrigo y salir del despacho.
Con paso firme recorrió los pasillos del lugar, cada uno de los soldados que llegaban a verle, se hacían a un lado en pise marcial, intentando no interponerse en el camino de su líder. Ardyn continuo su camino sin regresar a ver a ninguno de sus subordinados, girándose en uno de los tantos pasillos hasta llegar a una puerta que, por como actuaba, nadie sabía que estaba en aquel lugar. Miro de reojo, verificando que nadie lo seguía, abrió la puerta y comenzó a bajar la enorme escalinata que conocía de ante mano.
Cuando llego al final de la misma, abrió la puerta que estaba frente a esta, encontrándose con un paisaje por demás conocido. Se internó en el pequeño bosque hasta llegar al punto de encuentro, donde aquel hombre encapuchado lo esperaba.
− Tu mensaje indicaba que querías verme con premura – dijo deteniéndose una vez estuvo a unos cuantos pasos del hombre − ¿Qué quieres?
− Oh, capitán, estoy seguro que las noticias que le tengo endulzara ese humor tan agrio que se carga.
Ardyn puso los ojos en blanco.
− Mas te vale que por lo que sea que me hayas llamado valga la pena o, te mandare a azotar.
− Créame, vale la pena – emitiendo una ligera risa.
Busco entre su ropa, sacando su celular y entregándoselo al capitán. Ardyn lo tomo con desconfianza.
− En la sección de videos – susurro – el último grabado.
El capitán lo observo unos segundos antes de hacer lo que este le pedía, reprodujo la última grabación y, la sorpresa no se hizo esperar en su rostro.
− ¿Cuándo?
− La noche de ayer.
La enorme sonrisa en el rostro mostraba lo complacido que estaba.
− Buen trabajo, tendrás el doble de tu paga.
− Siempre es un placer servir al capitán de la guarda – haciéndole una pequeña reverencia.
La sonrisa en su rostro no desapareció en absoluto, pues sabía que, en esta ocasión, no habría manera de que los cómplices de Shade pudiesen salvarse, no con lo que tenía en mano.
− ¡Yuuri!
La puerta de la habitación se abrió de golpe, haciendo que los tres adultos giraran sus cabezas para encontrar a la persona que había emitido aquel grito.
− Shhhh… − emitieron al unísono.
− Yo…− emitía un pequeño gemido al sentir un golpe en su cabeza, frotándosela segundos después por el dolor.
− Phichit, comportante – dijo su padre, quien acababa de entra a la habitación.
El padre de Phichit se acercó a los tres adultos siendo seguido por su hijo.
− ¿Cómo está? – Pregunto – Venimos tan pronto Adalberto nos llamó.
− Se encuentra fuera de peligro – contesto Mary.
− Me alegra escuchar eso.
Phichit pasó a lado de los demás adultos, hasta colocarse a lado de su mejor amigo, observando la delicada apariencia que esta tenía en esos momentos. Su piel se encontraba algo pálida por la pérdida de sangre, sus labios estaban algo agrietados, su respiración era algo irregular pero constante y una intravenosa conducía el suero de aquella pequeña bolsita hacia el brazo del mismo.
− Él se pondrá bien, ¿verdad? – mostrando un gesto de tristeza al ver a su mejor amigo en ese estado.
Celestino asintió con un movimiento de su cabeza y Phichit soltó un suspiro de alivio.
− ¿Saben lo que sucedió exactamente? – pregunto inquieto.
− No lo sabemos – contesto Adalberto – lo único que pude escuchar es que tuvo un altercado con la guarda en Kilika.
− ¿Kilika? – se sobresaltó al escuchar el nombre del lugar – pero eso está algo retirado de aquí, ¿Cómo fue que Yuuri llego hasta ahí?
− No estoy seguro pero, si hay alguien que pudo ayudarle en eso sin duda alguna es…
− Christopher – concluyo la oración Sunan.
Adalberto asintió.
− Él es el único con los contactos para entrar y salir del reino sin ser detectados.
− Pero… ¿Que ganancia tendría en enviar a Yuuri tan lejos? – volvió a preguntar Phichit.
− Aun no lo sabemos, incluso entre la guarda es algo que se mantuvo en privado, ni los medios lo saben.
− Sean las razones que llevaron ir a Yuuri hasta Kilika, es algo que no quieren que se sepa – agrego Sunan.
− ¿Creen que sea algo relacionado con los Katsuki? – pregunto Celestino.
− No estoy seguro, ¿Por qué lo preguntas? – dijo Adalberto.
− Es extraño que, justamente Yuuri fuera enviado a ese lugar por esa persona que mencionan ¿no creen? – Dijo – Piénsenlo, el rey es el único que puede manejar a la guarda real y la nocturna, ¿qué hay en Kilika que sea tan importante y sobre todo secreto, que mando a parte de la guarda real a Kilika?
Los demás no comentaron nada, solo se regresaron a ver entre ellos.
− Es más, ¿porque esa persona que mencionan mando exclusivamente a Yuuri? – Pregunto con seguridad – Para que Yuuri fuera enviado, es porque hay algo ahí que debe estar relacionado con su familia y el rey no quiere que nadie más lo sepa.
− Celestino tiene razón – apoyo Sunan − sobre todo por los rumores que hay sobre Shade, y estoy seguro que el los cree… Al menos lo suficiente para tomar medidas en caso de resultar cierto.
Todos los presentes callaron por unos segundos, pensando en el motivo detrás de los hechos ocurridos en Kilika pero, tras no poder encontrar algún indicio que los llevara a ellos, decidieron que dejarían el tema hasta que pudiesen hablar con Yuuri.
− Lo mejor que podemos hacer por ahora, es esperar a que Yuuri despierte – índico Mary.
− Es lo mejor – secundo Adalberto.
− Dejemos descansar a Yuuri – Celestino se encamino a la puerta y la abrió – Aun es muy temprano, ¿qué les parece tomar unos bocadillos y un poco de café?
Todos asintieron, salieron de la pequeña habitación y se encaminaron a la planta baja, donde la esposa de Celestino, los estaba esperando.
El rey se encontraba sentado frente a la enorme pantalla, en ella, la figura de Ardyn se hacía presente, informando de lo sucedido la noche anterior.
− Así que nuevamente ese ladrón puso en ridículo a la guara.
− Lo siento mi rey – agacho la cabeza.
− ¿Cuántas veces ha sucedido esto? – pregunto tomando su copa de vino y tomando un sorbo de ella.
Ardyn no dijo nada, solo apretó los dientes, acto que pasó desapercibido por el rey.
− Dime Ardyn, ¿recuerdas por qué obtuviste esa posición?
Ardyn trago con fuerza.
− Si me señor.
− Te di esa posición porque creí que eras apto, al menos mejor que el ultimo que tuvo ese puesto – dejando la copa sobre la mesita junto a el – en los últimos meses tu trabajo ha sido… Ineficiente y sabes lo que pienso de eso ¿no es así?
Ardyn asintió.
− ¿Recuerdas lo que le sucedió al último comandante de mi guarda? – el rey regreso a verlo, con aquellos profundos y fríos ojos azules.
− Lo se mi señor, lo recuerdo muy bien.
− Si lo recuerdas – acomodándose mejor sobre su asiento − ¿Por qué tu desempeño es todo menos aceptable?
− Yo…
− Estoy seguro que el antiguo comandante estará fascinado con su próxima compañía – dijo con una sonrisa.
Un escalofrió recorrió la columna del comandante.
− Mi señor – dijo – sé que he fallado y le ofrezco una disculpa pero, en esta ocasión, después de mucho investigar, he dado con un posible sospechoso que nos pude llevar hasta ese sucio ladrón – tratando de persuadir al rey.
Demian lo observo unos segundos y hablo.
− ¿Así? – dijo con interés − ¿y es confiable esa información tuya? No te perdonare otra falta.
− Lo es, esta vez, la información es correcta, tenemos pruebas irrefutables de ello.
El rey comenzó a dar pequeños golpes con sus dedos sobre el respaldo de su asiento mientras analizaba la declaración del comandante.
− Muy bien, haz lo que tengas que hacer.
− En este mismo momento mis soldados están por salir hacia el hogar del sospechoso.
El rey asintió.
− Mi señor, ¿mis soldados tienen permiso de interrogar al sospechoso o prefiere ser usted mismo el que lo haga cuando vuelva al reino? – pregunto, pidiendo internamente que el rey accediera a la primera opción.
− Tienes mi permiso para ello, trata de que tus soldados sean lo más persuasivos con él, ¿Me di a entender?
El comandante sonrió y asintió.
− Y… Ardyn.
− Señor.
− No falles, ¿entendiste?
Ardyn contemplo el rostro del rey a través de la pantalla y asintió.
− Volveré dentro de cinco días, así que, espero contar con nueva información a mi regreso.
− La tendrá.
− Eso espero – y la enorme pantalla se apagó.
El rey se levantó de su asiento, camino hacia uno de las paredes de vidrio de la oficina contemplando como trabajan los científicos en aquel lugar.
− Shade ¿he?
Y simplemente sonrió.
El aroma a café impregnaba el ambiente, las voces de los presentes se dejaban escuchar, riendo de anécdotas pasadas mientras disfrutaban de las pequeñas galletas que la esposa de Celestino había horneado.
− Entonces… ¿Los castigaron? – pregunto Celestino.
− Si, el director nos mandó de vuelta a casa tras la escena que montanos durante el entrenamiento – dijo Phichit, tomando un sorbo de su café.
− Hizo bien – dijo su padre − ¿Cómo se les ocurrió pelearse de ese modo?
− Yuuri estaba molesto por que le mentí, yo estaba molesto por que él estaba molesto…
− Eso no tiene sentido.
− Lo sé, pero es la verdad además, ve el lado positivo, Yuuri pensó mejor sobre el tema y ahora lo acepta… En la medida posible – encogiéndose de hombros.
Todos sonrieron débilmente.
Continuaron con sus charlas durante una o dos horas. Olvidándose un momento de los problemas que los aquejaban, de la precaria salud que Yuuri tenía en aquel momento y del peso de todos los secretos que mantenían entre ellos, en aquel instante, solo podían disfrutar del momento, fingiendo que todo estaba bien.
Cuando el momento de partir llego, todos se levantaron de sus asientos y salieron de la sala, agradeciendo a la esposa de Celestino por los aperitivos.
− Iremos a casa y volveré en la tarde para cuidar de Yuuri – dijo Mary.
− Yo no poder venir – indico Adalberto – notificaron que ha habido ataques de cadentes en algunos pueblos así que saldremos esta noche pero, cualquier cosa pueden mandarme un mensaje y en cuanto me sea posible vendré.
− No te preocupes, si algo sucede te avisaremos – contesto Celestino.
− Nosotros también debemos irnos – agrego Sunan.
− Si, hoy falte a la escuela y estoy seguro que mis maestros no estarán muy contentos – secundo Phichit – pero mañana vendré de nuevo tras la escuela para ver cómo sigue Yuuri.
El doctor asintió.
Todos se encaminaron hacia la puerta cuando, el timbre comenzó a sonar.
Tanto Adalberto y Sunan se regresaron a ver, siendo el primero quien levantara su mano derecha para impedir que los demás se movieran.
− ¿Que sucede? – pregunto Mary al ver el extraño comportamiento de su padrino.
− Esta sensación…− dijo Adalberto – Sunan.
Sunan asintió y volvió a la sala, pegándose a la ventana y mover un poco la cortina, observando de reojo quienes eran las personas que tocaban el timbre.
− ¿Y bien?
− Es la guarda real y Ardyn está con ellos – dijo al volver.
− ¿Qué motivos tendrían al venir aquí? – pregunto Mary, regresando a ver a Celestino, quien negó con su cabeza.
− Sea cual sea el motivo, es mejor que no los vean Adalberto – dijo Sunan – La guarda podría sospechar si ve demasiadas personas aquí.
El rubio le contuvo la mirada antes de asentir.
− Mary – le llamo caminando hacia las escaleras y subiendo al segundo piso.
− Estaremos arriba – indico Mary y siguió a su padrino escaleras arriba.
Celestino al verlos desaparecer, camino hacia la puerta y la abrió.
− Doctor Cialdini – hablo Ardyn una vez la puerta se abrió.
− Comandante – contesto.
− ¿Podemos pasar?
Celestino dudo unos instantes antes de hacerse a un lado y dejarlos pasar.
− Es extraño verlo en este lugar señor Chulanont – dijo Ardyn al verlo en el interior.
Sunan se mantuvo callado mientras mantenía el contacto con Ardyn.
− Es que… Me caí y me lastime el brazo, como estábamos cerca acudimos al doctor Cialdini para que me revisara – dijo Phichit al notar la incomodidad del ambiente.
− ¿Es así? – volvió a preguntar no muy convencido.
− Así es − contesto − Me preocupa la seguridad de mi hijo, ¿que otro motivo me traería a casa del doctor Cialdini?
Ambos se mantuvieron la mirada, antes de que el incómodo silencio fuera roto por la voz de Celestino.
− Comandante, ¿a qué debemos su visita?
Ardyn sonrió, saco un rollo de entre sus ropas, entregándoselo a uno de sus soldados para que lo leyera.
− En nombre del rey Demian de nueva Hasetsu, después de una ardua investigación, se encontraron pruebas en contra de Celestino Caldini, las cuales demuestran su culpabilidad y complicidad con Glass Shade, por lo que, a esta hora y este lugar, queda bajo arresto y será trasladado a la zona de detenciones, donde enfrentara los cargos de alta traición a la corona, cuyo castigo será impartido por nuestro noble rey.
− Eso no es posible – dijo Sunan − Pero el doctor Caldiani fue exonerado de los cargos, ¿qué pruebas tiene en su contra? – volvió a preguntar.
− Las pruebas están bajo custodia de la corona, una vez el acusado llegue a su destino, quedara bajo custodia de la guarda, donde dichas pruebas serán mostradas cuando el rey ejecute el juicio – contesto Ardyn, con un dejo de altivez en su voz.
− Esto es un error, y lo sabe comandante.
− Solo cumplo con mi deber, las pruebas son claras por lo que se debe proceder con lo que manda el protocolo real… Soldados – haciendo un ademan para que lo esposaran.
− Cariño – susurro la esposa de Celestino.
El solo sonrió, beso su frente y dejo que los soldados lo esposaran.
− Tiene derecho a guardar silencio, cualquier cosa que diga será usado en su contra – dijo el soldado – tiene derecho a un abogado si así lo desea.
− Pero, dudo que te sirva Caldiani – comento Ardyn – con las pruebas obtenidas – recalcando el hecho – ni el mejor defensor podrá salvarte del castigo que el rey te impondrá.
− Ardyn – susurro Sunan.
− Padre – Su hijo lo tomo del brazo para que guardara la compostura.
− Debemos irnos – dio la media vuelta – el acusado debe ser trasladado – sonrió y salió de la casa.
Los soldados salieron de la casa, escoltando al doctor fuera de ella, mientras eran seguidos por la mirada de los demás presentes.
つづく/ Continuara...
Y aquí lo tienen, no fue un capitulo muy largo pero, espero les haya gustado.
Ya estoy escribiendo el próximo capítulo, espero pronto subirlo.
Nos vemos.
