Harry Potter a E5. JK Rowling a F7. White Squirrel a E6.
Notas de la traductora: ¡Sorpresa! En honor a los 6 meses de esta historia, un capítulo extra. ¡Espero que lo disfruten y muchas gracias por su apoyo!
Capítulo 15
El entusiasmo de Hermione regresó el lunes por la tarde. El día se le hizo difícil ya que no podía esperar para mostrarles a Harry y a Ron su nuevo descubrimiento. Ambos niños parecían menos entusiasmados, probablemente porque estaba tan enfocada en sorprenderlos que se rehusó a decirles a donde iban.
–Hermione, ¿puedes decirnos ya lo que hay arriba? –Demandó Ron mientras ella los llevaba al gran comedor después de que las clases terminaran.
–Ya lo verán, ¡lo verán en un minuto! –Dijo corriendo detrás de la mesa principal, sacando un frasco vacío de su túnica y utilizándolo para escuchar detrás de los paneles, golpeando uno por uno–. ¿Cuál era?
Harry y Ron la observaron con incredulidad.
–Mira, si… –Ron comenzó.
–¡Ajá! –Encontró el panel correcto. Se enderezó, mirando de reojo a los niños, y golpeó cuatro veces la madera. Para su deleite, el panel se abrió mostrando la escalera de pequeño tamaño–. Vamos –les pidió.
–¿Ahí? –Preguntó Harry.
–Sí. Está bien. No es tan difícil. Sólo síganme. –Ella se puso de rodillas en la escalera.
–Hermione, ¿qué es todo esto? –Preguntó Harry poniéndose de rodillas detrás de ellas.
–Encontré este espacio ayer, y… oh, vamos, quiero mostrarles.
–Ya, ya, tranquila. Ya vamos –dijo Ron.
Los tres niños subieron de rodillas los pequeños escalones de piedra. Harry y Ron pronto se dieron cuenta, como Hermione lo había hecho, que era un largo camino.
–Hermione, ¿acaso esto en verdad llega a algún lado? –Preguntó Ron–. No es una broma, ¿verdad?
–No, finalmente encontré lo que hay arriba y tienen que verlo.
–Esta es una escalera muy extraña –comentó Harry–. No parece que fue hecha para personas normales. –Aun así, el joven de cabello oscuro parecía bastante acostumbrado a moverse en un espacio tan angosto.
Hermione no respondió ya que esperaba que Harry no acertara tan rápido. Unos minutos después llegaron al escalón de hasta arriba y Hermione les indicó continuar, aún de rodillas (Ron en especial era muy alto para el espacio) hasta que ella dio esa vuelta a la vuelta a la izquierda y se encontró con una elfina de ojos azules y cabello rubio y corto.
–¡Sonya! –Dijo Hermione con una sonrisa–. Hola, ¿cómo supiste que estaba aquí?
–Hola, señorita Hermione Granger –dijo la pequeña elfina con su voz aguda–. Tenny escuchó que alguien subía las escaleras, señorita, y vino a decirle a Sonya, y Sonya vino a esperar a la señorita Hermione Granger.
Harry y Ron se apretaron contra Hermione, tratando de ver lo más que podían a la extraña criatura con la que su amiga estaba hablando.
–¿Qué demonios? –Exclamó Ron.
Harry se sentó con los ojos abiertos con una expresión de sorpresa.
–Erm, ¿quién eres? –Dijo.
–Yo soy Sonya, señor. Sonya es un elfo doméstico.
–Conocí a Sonya aquí ayer –explicó Hermione–. Sonya, ellos son mis amigos, Harry Potter y Ron Weasley.
–¡Ah! –Sonya se apresuró para tomar la mano de Harry, aun cuando apenas y podía alcanzarla desde donde se encontraba–. ¡Harry Potter, señor! ¡Es un gran honor!
–Erm, gracias –dijo Harry. Se dirigió a Hermione–. Lo siento, pero, ¿qué son los elfos domésticos?
Sonya soltó un grito de sorpresa.
–¿Harry Potter no sabe de los elfos domésticos, señor?
–Sonya, Harry fue criado por muggles, como yo –dijo Hermione–. Los elfos domésticos son como sirvientes mágicos –explicó haciendo un esfuerzo por actuar respetuosa sobre el tema–. Ellos limpian y cocinan todo en el castillo.
–Sí, muchas familias ricas y antiguas también los tienen –agregó Ron–. Mi mamá siempre ha dicho que le gustaría tener un elfo para planchar y eso, pero nunca hemos podido tener uno en la Madriguera.
–Eh… –dijo Harry. Obviamente nunca había pensado sobre eso antes.
–Sonya, ¿crees que pudiéramos ir a la sala común donde hay más espacio? –Preguntó Hermione.
–Oh, por supuesto señorita, por supuesto. Por favor, síganme. –Caminó en frente de ellos por el largo pasillo.
–Así que aquí viven los elfos –dijo Ron–. Extraño. Todo es de su tamaño. Fred y George han hablado de ver a los elfos en las cocinas, pero nunca mencionaron esto.
–Es porque no lo sabían –dijo Hermione con una sonrisa–. Por lo menos no hasta que me los encontré en las cocinas anoche.
Ron se rió con fuerza.
–Increíble, Hermione, nunca pensé que tú de todas las personas sería mejor explorando el castillo que mis hermanos.
–¿Y qué quieres decir con eso?
Ron abrió su boca e hizo su mejor imitación de la voz de Hermione.
–"Nos podía haber matado. O peor, expulsado". –Harry ocultó su risa con su mano.
–Por favor, Ron, estaba histérica después de encontrarnos con un cerbero gigantesco. Además, por lo que se, este lugar no está fuera de límites.
Llegaron al final del pasillo y los tres niños entraron y se pusieron de pie observando la sala común a escala perfecta. Se veía tan inusual como la noche anterior. Docenas de elfos estaban sentados, hablando. Evidentemente, el turno de la cena no había comenzado.
–Todos –los llamó Sonya mientras estaban–. ¡Es Harry Potter!
El cuarto tomó vida cuando los elfos saltaron de pie y se acercaron para ver al Niño Que Vivió, saltando y haciendo reverencias en frente de él. Harry lucía bastante incómodo entre la multitud de pequeñas criaturas.
–Mm, hola, mm, mucho gusto –dijo.
Hermione logró llevarlos a los asientos en la esquina del cuarto, los cuales eran los únicos en los que tres humanos podían sentarse juntos. Tilly pronto llegó corriendo, probablemente para controlar a "¡Sonnitt!", pero Hermione notó en su mirada gris que también le entusiasmaba la idea de conocer a Harry.
–No, gracias, en verdad –dijo Harry mientras varios elfos le ofrecían algo de comer de las cocinas. Aun así, continuaron acercándose para saludarlo–. En verdad, no… no soy nada en especial –protestó.
–Harry Potter es muy modesto, señor –dijo Sonya con admiración–. No habla de su triunfo contra El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
–¿Voldemort? –Dijo.
–¡Ah! –Gritaron los elfos y varios saltaron o corrieron al otro lado del cuarto, cubriéndose sus orejas de murciélago con sus manos. Harry se sonrojó por haber asustado a las criaturas. Tilly fue la única que permaneció lo suficiente tranquila para responder.
–Por favor no diga el nombre, Harry Potter, señor. Es un nombre muy terrible, señor, especialmente para nosotros los elfos domésticos.
–Lo siento –dijo–. ¿Pero cuál es el problema con decirlo?
Con un chillido nervioso Sonya se acercó a él.
–Sonya ha escuchado historias de cuando El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado estaba en la cima de su poder, Harry Potter, señor, cuando Sonya era muy pequeña. El profesor Dumbledore nos protegió en el castillo, pero otros elfos domésticos fueron tratados como alimañas, señor, pero la vida es mucho mejor para los elfos desde que Harry Potter derrotó a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, señor.
Harry parecía aún más avergonzado.
–Pero yo no recuerdo eso –protestó–. Y no creo que fui yo el que lo hizo. Yo sólo era un bebé.
–Pero Harry Potter sobrevivió, señor, y El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado no –dijo Tilly–. Tilly lo recuerda bien. Su poder fue destruído y las cosas al instante fueron mejor para nosotros los elfos… y para los duendes y otros también, señor. Harry Potter es un rayo de esperanza para muchas de las criaturas del mundo mágico.
Harry no sabía que decir. Sabía que Voldemort fue un mago malvado, pero apenas y sabía algo sobre otras razas en el mundo mágico, y mucho menos sobre cómo Voldemort las había afectado. Intentó que Hermione le explicara, pero obtuvo más de lo que había esperado cuando le preguntó a Tilly, la maestra de los elfos, y ella comenzó una larga explicación sobre el servicio de los elfos domésticos. A Harry le parecía un poco inquietante que los magos tuvieran una raza entera de la que no había escuchado como sus sirvientes… inquietante y algo familiar… pero era bastante interesante, y las cosas fueron más claras conforme escuchó la explicación. Incluso Ron, quien no podía prestar nada de atención al profesor Binns, estaba absorto al final.
–Increíble, quizás tú deberías de enseñar historia en lugar de Binns –dijo Harry cuando ella terminó.
Tilly se sonrojó profusamente ante el cumplido y tartamudeó su respuesta.
–Oh, p…pido disculpas a Harry Potter, Harry Potter, señor, pero T…Tilly sabe más de la historia de elfos que de la de magos…
–Sí, pero cualquiera es mejor que Binns –agregó Ron–. Además, ¿pueden imaginar el rostro de Malfoy si tuviera un elfo como maestro? –Los tres niños rieron en voz alta y varios elfos soltaron risitas, incluyendo a Sonya.
Hermione advirtió a Harry y Ron que deberían irse antes de que comenzara el turno de la cena, pero aún tenían algo de tiempo por lo que Sonya los convenció de jugar snap explosivo con Vanny y un elfo más alto con acento francés a quien Hermione no había conocido el día anterior. Hermione notó que una minoría significante de elfos tenían acentos extranjeros, francés en particular, pero escucho algo de alemán y español también, lo cual le dio curiosidad.
–¿Cómo te llamas? –Le preguntó al nuevo elfo.
–Yo soy Remie, mademoiselle –respondió.
–¿Eres francés, Remie?
–Sí, mademoiselle. Muchos elfos son intercambiados entre diferentes países, mademoiselle. La Oficina de Realojamiento de Elfos Domésticos lo hace, mademoiselle, para asegurarse que los elfos no se reproduzcan con sus primos.
–¿En verdad? – ¿Para prevenir endogamia? Pensó. Eso parecía extraño, pero después Hermione pensó en todos los lugares en Gran Bretaña que emplean elfos: Hogwarts, el Ministerio, San Mungo, y si una de cada diez familias tenía un elfo (y sospechaba que ese número era generoso), no debía de haber más de quinientos elfos trabajando en todo el país; probablemente no más de trescientos, un número en el que no confiaría para mantener a la población saludable. De hecho, con esa figura, no estaba segura de cómo se reproducían los elfos, pero no quería pensar sobre eso. Por lo que el trabajo de la Oficina de Realojamiento de los Elfos Domésticos no se encargaba de proteger a los elfos en Gran Bretaña, sino de moverlos a diferentes países para mantener la estirpe saludable.
Repentinamente, Hermione comenzó a reír.
Harry y Ron le lanzaron una mirada confusa y Remie palideció y comenzó a disculparse, pero Hermione lo detuvo.
–Lo siento, no me reía de ti. Sólo estaba pensando sobre como los magos sangre pura están tan orgullosos e insisten en mantener su linaje 'puro' cuando incluso ellos reconocen la importancia de la endogamia en sus elfos domésticos. ¡Qué hipócritas!
Los otros elfos soltaron varias risitas, como si estuviera hablando de algo incorrecto. Ron también se rió.
–Bueno, mi papá dice que la ideología de sangre pura es una estupidez. Hay tan pocos sangre pura que prácticamente la mayoría es mestizo. Claro, mi familia aún es muy pura, pero sólo hay unos cuantos con esa mentalidad con los que nos relacionaríamos.
Hermione tomó nota mental de investigar la genealogía de los magos como referencia cuando tuviera tiempo (lo cual no era usual considerando su proyecto del tercer piso), pero eso podía esperar. Por ahora, disfrutaría del jugo.
Fue sólo cuando habían descendido la escalera en espiral y comenzado su camino de regreso a la torre de Gryffindor que Hermione le pidió a Ron que se adelantara para hablar por un minuto a solas con su otro amigo.
–Harry, me preguntaba qué piensas de los elfos doméstico –le dijo.
–¿Qué quieres decir? –Dijo Harry con confusión.
–Quiero decir, técnicamente son esclavos, aún si dicen que les gusta. Me preguntaba, ya que tú fuiste criado por muggles…
–Bueno, parecen tener un buen espacio dónde vivir. Ciertamente es mejor que donde yo crecí.
Esa no era la respuesta que Hermione había esperado. ¿Acaso Harry no había entendido su pregunta?
–¿Qué quieres decir con eso?
–Yo también tenía que hacer todas las labores, y mi al… cuarto no era el mejor. Definitivamente no me gustaba, así que creo que a ellos les va mejor.
Hermione ya se había preocupado por Harry antes, pero eso lo asentaba. Si Harry estaba diciendo que su situación era peor que la de esclavos (esclavos bien tratados y extrañamente felices, pero aun así esclavos), algo serio estaba ocurriendo en su vida.
–Harry –preguntó tentativamente– si es tan terrible en tu casa, ¿por qué no vas a otro lado?
–No –dijo defendiéndose–. Son mi única familia. ¿A dónde más puedo ir?
–Lo siento, sólo creí… aún si sólo es por el verano… Honestamente, quizás pudiera convencer a mis padres de que te quedaras con nosotros si se los pido, o tal vez el profesor Dumbledore pueda encontrar algo.
–No tienes que hacer eso, Hermione –dijo él rápidamente–. Las cosas están bien con los Dursley. Además, sólo son dos meses, y eso no es nada con tal de poder regresar a Hogwarts.
Bueno, era difícil discutir con su lógica. Aún no podía creer lo increíble que la magia era a veces. Aun así, guardó la idea en su mente en caso de que pudiera encontrar un lugar mejor para su amigo durante el verano.
Noviembre se convirtió en diciembre y Hogwarts fue rodeado por varios pies de nieve. Hermione no creía que tanta nieve cayera en ningún lugar del Reino Unido, pero quizás era la magia del lugar. Las personas intentaban permanecer dentro lo más que podían por el frío, excepto por la ocasional pelea con bolas de nieve, y las bolas de nieve encantadas de los gemelos Weasley eran una amenaza constante para todos los que se aventuraban al exterior.
Debido al clima frío, la sala común de Gryffindor se llenó aún más de personas intentando permanecer en calor alrededor del fuego. Hermione se acostumbró a sentarse en uno de los extremos, lejos de la multitud, por lo menos cuando estaba leyendo un buen libro y no hablando con sus amigos. Fue durante una de esas noches que algo en una mesa cercana le llamó la atención, algo que había visto pero a lo que no había prestado mucha atención antes. Vio a Ron y a Seamus Finnigan jugando ajedrez… ajedrez mágico.
El ajedrez mágico resultó ser igual al ajedrez normal, excepto que las piezas estaban vivas y tenías que decirles a dónde moverse. Se acercó a la mesa de los muchachos para observar con atención justo cuando Seamus movía una pieza.
–Caballo a e5.
Fue un sacrificio obvio diseñado a invitar a Ron a mover a su reina. Hermione notó que el pequeño caballo tenía una expresión de resignación cuando se movió de la línea de acción de una torre a la de la reina.
Ron aceptó la ofrenda del caballo.
–Reina a e5.
La reina negra se deslizó y levantó su silla. Dando una exclamación de victoria, golpeó al caballo con tanta fuerza que lo lanzó fuera del tablero.
–¡Eso es barbárico! –Dijo Hermione.
–Es ajedrez mágico –dijo Ron con una sonrisa.
Hermione se tranquilizó. Obviamente las piezas de ajedrez no estaban en verdad vivas, ¿o sí? Probablemente eran construcciones transformadas para actuar como tal, como siempre decía la profesora McGonagall. Aun así, fue extraño ver las piezas de Seamus cuestionar varios de sus movimientos. ¿Qué eso no era trampa? ¿O acaso el ajedrez mágico era más diferente de lo que pensaba?
Los observó por un tiempo más pensando sobre qué movimientos haría ella en su lugar. Seamus jugaba bien, pero Ron era muy bueno. Después de unos cuantos movimientos, Hermione se rindió.
–De acuerdo, yo juego contra el que gane. –Jaló una silla y se sentó para observar el final de su juego.
Ron levantó una ceja.
–¿Juegas?
–Por supuesto.
–De acuerdo, veremos si te va mejor que a Seamus –dijo el pelirrojo con una sonrisa engreída.
–¡Oye!
Pero Ron derrotó a Seamus en sólo unos cuantos movimientos más y el joven de cabello rubio se levantó, cediendo su lugar. Para entonces, Harry los había notado y se acercó en silencio. Fred y George también los habían estado observando y se acercaron para ver lo que ocurría.
–Ah, así que descubriste que el pequeño Ronnie es un prodigio para el ajedrez –dijo George.
–Bueno, más que prodigio –sugirió Fred–. Yo diría que un idiota prodigio.
–Basta. Dejen de molestar. Finalmente voy a derrotar a Hermione en algo –dijo Ron.
Hermione sacudió la cabeza.
–Ya veremos.
–Oh, esto va a ser bueno –dijo George.
–Un momento –Fred agregó antes de dirigirse a la sala común–. ¡Oigan todos! Ron va a jugar ajedrez contra Hermione Granger. ¡Pongan sus apuestas!
–¡Fred! –Dijeron Ron y Hermione al mismo tiempo. Hermione estuvo a punto de recordarle que las apuestas eran en contra de las reglas, pero se recordó a sí misma que no valía la pena. De cualquier modo, resultó que varios de los estudiantes mayores que habían sido víctimas de las habilidades de Ron para el ajedrez querían ver la acción. Por otro lado, Lavender, Parvati, y las cazadoras del equipo de quidditch querían ver si la inteligencia de Hermione saldría victoriosa. Por su parte, Fred tomó el lado de Ron y George el de Hermione.
Y fue así que una Hermione sonrojada se encontró jugando contra el campeón no oficial de ajedrez de Gryffindor con una audiencia considerable. Ron tomó las dos reinas en sus manos detrás de su espalda, las mezcló, y las presentó en frente de Hermione ocultas en sus puños. Ella escogió uno y él la abrió revelando a la reina blanca. A Hermione le tranquilizó ver que esa costumbre era igual en el mundo mágico.
Las piezas se acomodaron solas, lo cual fue muy conveniente, y fue Hermione quien tuvo que realizar el primer movimiento. Examinó a Ron. Era un buen jugador. Probablemente tenía una lista de aperturas. No era un juego con cronómetro, por lo que su velocidad no sería mucha ayuda. Consideró el gambito de dama, pero en su lugar decidió confundir a Ron con una apertura poco tradicional.
–Peón a c3 –ordenó Hermione.
Supuso que no debió sorprenderse cuando todas sus piezas gritaron "¿Qué?", el cual fue imitado por varios jugadores en la sala común. Fred comenzó a reírse de George. Ron la observó sin poder creerlo.
–Creí que dijiste que jugabas –dijo él.
–Así es. Peón a c3.
Sus piezas gritaron en protesta nuevamente.
–¿Estás loca? Esa es una apertura ridícula –dijo el mismo peón c.
–No, lo digo en serio. Peón a c3 –repitió. Cuando el peón aún no se movió ella misma lo tomó y lo movió con éste gritando en protesta entre sus dedos.
–Grr. Este juego ya se acabó –dijo el peón cuando ella lo colocó en el tablero.
Ron sonrió nuevamente.
–Peón a e5.
¡Ajá! Peón a d5 hubiera sido mejor, pensó Hermione. Sólo me está ignorando y haciendo lo suyo. Bien.
–Sí, esto va a ser fácil –dijo el peón e de Ron mientras se deslizaba.
Hermione no titubeó.
–Peón a d4.
–Ahora haces algo sensato después de que ya tiene un peón ahí –dijo el peón d, pero se deslizó por sí solo ya acostumbrado a ser derrotado al principio del juego.
Ron levantó una ceja a la estrategia de Hermione y ordenó al "peón a d4" para capturar a la pieza de Hermione.
Pero eso era lo que Hermione estaba esperando.
–Reina a d4 –dijo.
–¿Estás segura? –Preguntó su reina–. Es riesgoso hacerme salir tan pronto.
–Confía en mí. Sé lo que estoy haciendo. – La reina gruñó, pero se movió y capturó a la pieza de Ron.
–Que sorpresa –dijo George–. Parece que a nuestra Hermione le gusta el peligro.
–Quizás, hermano, ¿pero acaso tiene las habilidades para defenderse? –Respondió Fred.
Ron no pareció creerlo ya que sacudió la cabeza.
–Estás loca. Caballo a c6.
Hermione sólo sonrió.
–Reina a a4.
La sonrisa de Ron comenzó a desvanecerse ya que la reina amenazaba a su caballo y comenzó a percibir la estrategia de Hermione.
–Peón a d5 –dijo.
–Peón a e4 –respondió Hermione.
Esto dejó otro de sus peones en diagonal a uno de los de Ron. Su peón e, acostumbrado a ese tipo de trato, sólo se quejó.
–Vaya, aquí vamos otra vez –dijo antes de moverse.
Ron aún lucía escéptico.
–¿Una defensa escandinava en reverso? –Le preguntó.
Hermione sólo sonrió inocentemente.
–Bien. Peón a e4 –dijo Ron tomando otro de sus peones.
–Caballo a d2 –respondió Hermione.
Su caballo se deslizó y miró a su alrededor, examinando el tablero.
–Espera, ¿qué ocurrió? –dijo el caballo–. Esto se ve bien.
Ron se sorprendió, pero estuvo de acuerdo. Era una mejor posición de lo que esperaba considerando su apertura, pero aún seguía siendo inusual. Le dio otra mirada escéptica a Hermione.
–¿Qué? –Dijo Hermione como si nada–. Es una variante del gambito Blackmar-Diemer. Ya moví a mi reina, estoy bloqueando la mitad de los movimientos de tu reina, y la estructura de mis peones es casi tan buena.
–¡Demonios! –La respuesta salió de Ron y de las veintinueve piezas que seguían en el tablero. Eran suyas, después de todo.
–¿Estabas diciendo? –Le preguntó George a Fred quien sólo le lanzó una mirada molesta.
–Eres buena –dijo Alicia con tono de sorpresa detrás de Hermione. La mayoría de la audiencia asintió en acuerdo.
–De acuerdo –dijo Ron con mirada determinada– tú lo pediste.
El juego fue intenso después de eso. Ron ya no la estaba ignorando. En verdad era muy, muy bueno. Hermione tuvo dificultad manteniendo su estrategia. La tensión en la sala común pareció elevarse mientras la audiencia discutía el posible resultado del juego. Las personas que estaban más familiarizadas con el ajedrez celebraban cada vez que uno de ellos realizaba un movimiento decisivo.
Fue después de un par de movimientos particularmente difíciles, mientras Hermione examinaba el tablero intentando encontrar el mejor plan de acción, que notó de reojo que Ron parecía estar celebrando. Observó sus piezas nuevamente algo nerviosa y finalmente se dio cuenta.
–Ganarás en dos movimientos, ¿verdad?
Los que la habían estado apoyando soltaron exclamaciones de sorpresa.
–Ah, así que lo notaste –dijo Ron cruzando sus brazos.
–Ganaste… –Dijo Hermione. Estaba a punto de tirar su rey cuando lo vio quitarse su corona y tirarla a los pies del rey negro–. Me ganaste… –dijo tartamudeando–. No puedo creer que tú ganaste.
Ron comenzó a reírse.
–Sí, pero probablemente te hace bien perder de vez en cuando –dijo.
Hermione le lanzó una mirada molesta.
–No es eso. Nunca había perdido contra alguien de mi edad. –Las cejas de Ron se elevaron.
–¿En verdad? Bueno, creo que eres el oponente más difícil de mi edad que he enfrentado. Fue un buen juego. –Le ofreció su mano.
–Sí, buen juego… –dijo sacudiendo su mano–. Quiero la revancha –dijo de golpe. Debió de intentar el gambito de dama desde un principio.
Pero Ron dejó salir un suspiro exasperado mientras se ponía de pie.
–Mañana. Ya es tarde.
–Está bien. –De hecho, ya casi era su hora impuesta para irse a dormir. Tenía que subir pronto.
–Eso fue excelente, Hermione –dijo George en voz baja después de que Fred lo obligó a pagar. Le puso una mano sobre su hombro–. Tienes que ganarle algún día… darle lo que se merece.
–Claro que lo intentaré –dijo ella. Pero Ron iba a ser difícil de derrocar. La mayoría de sus amigos estaban sorprendidos por su habilidad para el juego, pero Ron definitivamente estaba a un nivel superior al de ella. Comenzó a pensar que había más en Ronald Weasley de lo que había creído en un principio.
Era el día antes de las vacaciones de Navidad y los profesores estaban ocupados decorando el gran comedor. La cena esa noche sería una celebración para aquellos estudiantes que se iban a sus casas. La mayoría de los amigos de Hermione estaría en el Expreso con ella el día siguiente, pero Ron y sus hermanos se quedarían porque sus padres estaban visitando a otro de sus hermanos, Charlie, en Rumania, y Harry, predeciblemente, no tenía interés de ver a sus parientes.
El gran comedor lucía increíble, aún sin estar terminado. Hagrid estaba cargando el doceavo y último árbol de Navidad gigante, aún más grande que él, cuando se lo encontraron esa mañana. El profesor Flitwick estaba decorando los árboles con burbujas doradas enormes que salían de su varita. La profesora Vector estaba cerca, midiendo todo con un cuadrante, probablemente algo relacionado con las líneas ley. Había mencionado que aún en pequeña escala, el alineamiento adecuado ayudaría a mejorar el poder de duración de los encantamientos del profesor Flitwick.
Pero a pesar de todo eso, Hermione aún tenía una misión en mente.
–Harry, Ron –dijo– tenemos una hora antes del almuerzo. Deberíamos de ir a la biblioteca.
–Sí, la biblioteca, por supuesto –gruñó Ron. Estaba perdiendo la paciencia sobre todo el asunto.
–¿La biblioteca? –Dijo Hagrid–. Bastante entusiastas, yendo el día antes de las vacaciones.
–Oh, no estamos estudiando –dijo Harry con una sonrisa–. Hemos estado investigando objetos mágicos en nuestro tiempo libre.
–¿Objetos mágicos? –Dijo Hagrid con sospecha–. ¿No seguirán con lo del tercer piso, verdad? Les dije que lo dejaran.
–Sólo queremos saber que hay ahí arriba –dijo Ron.
–A menos que nos quieras decir y ahorrarnos el trabajo –agregó Harry.
–Yo no voy a decir nada –insistió Hagrid.
–¿Algún problema, Hagrid? –Hermione tembló cuando vio a la profesora Vector acercarse, claramente conocedora de lo que habían estado hablando.
Hagrid pareció considerar si decir algo, pero aparentemente decidió ser responsable, para los nervios de Hermione y sorpresa de Harry.
–Bueno, profesora –dijo de manera calmada–, es sólo que estos tres parecen haberse metido en la cabeza la idea de intentar descubrir lo que hay al fondo del corredor del tercer piso.
–Señorita Granger –dijo la profesora Vector sorprendida–. Estoy segura de que recuerdas lo que el profesor Dumbledore dijo al principio del año. Esto no es algo en lo que deberían estarse involucrando.
–Lo siento, profesora –dijo Hermione mirando sus pies–. Pero no queremos causar problemas. Sólo estamos investigando en la biblioteca. Pensamos que sería algo interesante. Y la investigación es fascinante. Estamos aprendiendo mucho sobre objetos antiguos.
Vector apretó sus labios con molestia, pero se relajó cuando vio la expresión de Hermione.
–Discúlpame, señorita Granger. Sé que eres responsable. Si sólo están investigando en la biblioteca como cualquier otro estudiante, entonces no puedo detenerlos. Pero por favor hablen con un profesor si se les ocurre la idea de hacer algo más. Es un asunto peligroso en el que los niños no deberían estar involucrados.
–Sí, profesora –dijo Hermione.
–Muchas gracias, señorita Granger. Y feliz navidad.
–Feliz navidad –dijo Hermione mientras el trío caminaba a la biblioteca.
Pero no encontraron nada interesante ese día, y Harry casi logró ser corrido de la biblioteca cuando se acercó a la sección prohibida. La mañana siguiente, Hermione empacó sus cosas y bajó a desayunar para poder llegar a tiempo a los carruajes que la llevarían a la estación del tren. Harry y Ron la acompañaron.
–Bueno, espero que pasen una feliz navidad aquí –dijo ella mientras subía su equipaje a un carruaje–. Veré si puedo enviarles algo con una lechuza.
–No tienes porque –dijo Harry–. Yo no puedo darte nada.
–Es lo que quiero. Ustedes han sido muy buenos amigos. No se olviden de enviarme una lechuza si encuentran algo interesante en la biblioteca.
–Sí, lo haremos –dijo Ron sin entusiasmo.
–¡Feliz navidad! –dijo ella abrazándolos a los dos antes de subir al carruaje. Harry tembló un poco cuando lo hizo, pero Hermione no pensó mucho sobre eso al momento.
–Feliz navidad –dijeron los dos y Hermione se fue a casa.
