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Capitulo XVI −

不当な別れ
Una Injusta Despedida

Esto no es un adiós, esto es un gracias.− Nicholas Sparks


No lograba captar ningún sonido cercano proveniente de otra persona, solo escuchaba el sonido del viento, como si estuviese anunciando la próxima tormenta que estaba por arribar. Lentamente abrió sus ojos, parpadeando un par de veces para poder distinguir mejor su entorno. Grande fue sus sorpresa al darse cuenta que no estaba en su cuarto o en algún lugar conocido. Estaba rodeado por enormes estructuras rocosas color rojo, el suelo bajo de si era árido al tacto y su superficie tenía una temperatura elevada, aunque no lo suficiente como para quemar su piel.

Se levantó del suelo y contemplo el hermoso atardecer que se apreciaba en el horizonte, llenando su cabeza de miles de pensamientos, ¿Cómo había llegado a ese lugar? ¿Dónde estaban las demás personas? O, en el peor de los casos ¿estaba muerto?

Lo último que recordaba es haber visto a Celestino, ser llevado por el durante el trayecto y después… Nada.

No pudo seguir perdido dentro de sus pensamientos, el cielo color naranja había cambiado de golpe, ahora se encontraba totalmente oscuro, el viento comenzó a arreciar, el paraje árido desapareció, volviéndose cenizas, hasta que estuvo en vuelto en la completa oscuridad.

"Entronado"

Una profunda voz resonó en su cabeza, hecho que le hizo girarse sobre sus pies, tragándose un gemido al encontrase al dueño de la misma.

La enorme criatura media más de cuarenta metros, su piel era de color negro y su cuerpo estaba marcado con diferentes líneas color blancas.

Por instinto, intento correr pero, fue tanta la impresión que su cuerpo se congelo. Trago con fuerza cuando noto como la criatura se hincaba y acercaba su enorme cara hacia él.

La respiración de la enorme criatura envió un escalofrío que recorrió toda su columna.

"Kembalikan cahayanya, Pulihkan keseimbangan dunia kita..."

("Devuelve la luz, Recupera el balance de nuestro mundo... ")

Uno de sus enormes dedos se dirigió y se posó delicadamente sobre la cabeza del azabache, este cerró sus ojos y, miles de imágenes comenzaron a pasar por su mente, la batalla en kilika, la explosión, la bella e enigmática mujer dentro del ataúd de cristal, Celestino ayudándole con sus heridas y, pudo apreciar, que en todo momento, un aura blanca lo cubría completamente, invisible al ojo humano, como si esta fuera una especie de escudo.

Tu… Tú eres…

"Dunia membutuhkan Anda... Kami, para sideree, membutuhkan Anda untuk memenuhi profesi ini."

(El mundo te necesita... Nosotros, los sidereos te necesitamos para cumplir la profecía)

Yuuri escuchaba atentamente sus palabras.

Jangan menyebutkan kesalahan yang sama, selalu pandu langkah Anda menuju cahaya.

(No comentas el mismo error, siempre guía tus pasos hacia la luz.)

"¿Cometer el mismo error?" pensó Yuuri, al no comprender la frase dada por el enorme coloso.

Kekuatan saya... Sekarang milik Anda, ketika saatnya tiba, Anda akan tahu cara menggunakannya.

(Mi poder... Ahora es tuyo, cuando llegue el momento, sabrás usarlo.)

El lugar comenzó a iluminarse, Yuuri tuvo que llevar su brazo hacia su rostro para evitar la misma, poco a poco la figura del titán comenzó a desaparecer conforme la luz se fue intensificando. Un grito proveniente de su garganta resonó en el lugar, el sentir como algo comenzaba a quemar la palma de su mano derecha.


Abrió sus ojos de golpe, encontrándose con la luz del día que lo cegó por unos segundos. Recorrió lentamente el entorno, dándose cuenta que estaba en una habitación que no era la suya. El olor a medicamentos y alcohol le llego de pronto, haciéndole recordar fugazmente los hechos vividos antes de desmayarse.

Trato de levantarse pero una punzada en su costado le hizo soltar un leve gemido, volviendo a acostarse por el dolor del mismo.

Respiro profundamente, revivió el extraño sueño que había tenido y elevo su brazo, dejando la palma de su mano derecha a pocos centímetros de su rostro, notando como una extraña marca había aparecido en la misma, difuminándose lentamente segundos después, hasta que esta ya no se encontraba en su sitio.

− Entonces… No fue un sueño… − murmuro recordando al enorme coloso – esa criatura, la he visto antes…Su nombre…


Y una fugaz memoria atravesó sus pensamientos.

¿Ellos son los sidereos? –pregunto Yuuri, contemplando las figuras en aquel extraño libro.

Así es, ellos son los cinco grandes – contesto su padre, mientras abrazaba a su pequeño hijo, quien estaba sentado sobre su regazo – cada uno posee habilidades específicas.

¿Ellos son muy importantes?

Lo son, ellos velan por nuestro mundo.

¿Y cuáles son sus nombres?

El rey sonrió, paso la página donde se describía a cada uno de ellos.

Titán, Lamú, Shiva, Leviatán – dijo mientras su pequeño hijo lo escuchaba con atención − Bahamut, e Ifrit. Desde tiempos inmemoriales velan por Eos los seis Sidéreos.*

Pero, ellos son – comenzando a contar con sus dedos – son seis sidereos, y tu dijiste cinco.

El rey señalo la figura envuelta en llamas en la página siguiente.

Ifrit es un poderoso sidéreo pero, según los escritos es alguien voluble y fácilmente puede perder los estribos, se cuenta que en un tiempo pasado, el perdió el control, su rabia proveniente de su poder y enojo, causo un gran caos, por lo que los demás sidereos lo encerraron… Por lo que, desde ese momento dejo de ser parte de aquellos que velan por el mundo.

¿No se sentirá solo?

No sabría decirte, pero, él duerme profundamente en su confinamiento, así que no debemos preocuparnos.

Yuuri asintió y regreso a ver el libro.

¿Y él? – Señalando una oscura figura – Ti... Ti…

Titán.

Eso, ¿él es muy fuerte?

Lo es, ¿Por qué lo preguntas? – pregunto curioso.

Es que, las demás figuras se ven fuertes y grandes pero el, se ve como una persona… Normal.

El rey soltó una ligera risa.

Titán no es un sidéreo que ostente su poder, él está más en contacto con el mundo porque su poder se ejerce sobre toda superficie además, su poder también se trata sobre resistencia, ser alguien que no cae ante cualquier adversidad, el solo lo haría hasta llegar a su meta.

Y… Si alguien lo necesita, ¿Cómo puede ayudarle?

Si alguien está en peligro de muerte, como una fuerte tormenta que exponga su vida, el hará lo posible para que esa persona resista hasta que llegue a un lugar donde pueda sobrevivir.


− Titán… Me ayudaste a que llegar hasta aquí ¿verdad?

Una suave sonrisa floreció en su rostro, observando fijamente la palma de su mano.

El sonido de la puerta al abrirse capto su atención, haciendo que girara su cabeza hacia la misma, encontrándose con la figura de su mejor amigo.

− Phichit – susurro sin dejar de sonreír.

− Yuuri, despertaste – el rostro de su amigo se ilumina, cerró la puerta y avanzo hacia la cama − ¿Cómo estás?

− Algo adormecido, siento el cuerpo muy entumido.

− Es normal – dijo sentándose en la silla a lado de la cama – los analgésicos que te dio Celestino aún están en tu sistema.

− ¿Dónde estamos?

− En su casa –contesto – has estado bajo su cuidado desde el primer día – bajo la cabeza y un semblante de tristeza apareció en su rostro – pensamos que no despertarías, no respondías a ningún estímulo.

− Lo siento – respondió – lamento haberlos preocupado de ese modo.

− Perdiste mucha sangre – murmuro – Celestino pensó que no lo lograrías.

− Yo también lo pensé, si no fuera porque tuve ayuda en el último momento, Ardyn hubiese acabado conmigo – hablo dirigiendo su vista al techo.

− Deberías agradecer a esa extraña resistencia de tu familia, sin ella hubieses muerto antes de siquiera llegar al reino.

Yuuri solo rio ligeramente por lo dicho, ya que el haberse salvado no tenía nada que ver con su resistencia.

− Yuuri – lo llamo Phichit − ¿Qué sucedió en Kilika?

No contesto, siguió contemplando el techo de la habitación, como si hubiese en el algo interesante de admirar, sus pensamientos volaron rápidamente hacia ese noche en concreto, analizando si era apropiado contarle lo que había pasado y lo que había visto en aquella cueva.

− Yuuri – lo volvió a llamar su compañero.

− Pues…

Respiro profundamente y decidió contarle lo sucedido.


El rey se encontraba sentado en su trono frente a él se encontraba el capitán Ardyn, dos de sus soldados tras él y Celestino, quien mostraba signos de haber sido torturado –tenia moretones, golpes que eran recientes en su rostro y sangraba por la nariz – se encontraba frente a ellos. Demian contemplaba al acusado con aquellos fríos ojos azules mientras su rostro mostraba una inusual sonrisa.

− Según tengo entendido, ninguna de las… Tácticas de persuasión de mi guardia ha logrado hacer que hables, ¿no es así?

− No tengo nada que decir – contesto sin alzar el rostro – buscan una información que no poseo.

− ¿En serio?− pregunto con una sorpresa fingida – porque el video que te mostraron muestra claramente lo contrario.

Celestino trago con fuerza y contesto.

− Soy médico, me dedico a salvar vidas.

− Lo sé pero, hablamos de Shade, un vil ladrón que ha humillado, hurtado armamento del reino, tomado oro que no es suyo… Un ladrón como el no merece vivir.

− Tenemos diferentes conceptos sobre quienes viven o mueren – recibiendo un fuerte golpe en su espalda por parte del capitán, lo que le hizo caer el suelo.

− Ardyn… − el rey lo llamo y el capitán regreso a su sitio – sé muy bien que tu profesión te obliga a salvar la vida de aquel que lo necesite – levantándose de su trono – pero, la vida de alguien que atenta en contra de nuestra seguridad y prosperidad no vale lo mismo – comenzando a bajar los escalones hasta quedar a pocos centímetros del médico – así que… Hagamos esto, dime lo que quiero escuchar y prometo que Shade tendrá un juicio justo, se le juzgara conforme a nuestras leyes.

Celestino soltó una ligera risa.

− Aun supiera algo acerca de él, nunca se lo diría – levantándose del suelo para encarar al rey – así que, pierde su tiempo… No sé nada de donde está, solo lo cure y se fue.

− ¡Mientes! – dijo Ardyn.

El rey regreso a verlo, haciendo que el comandante bajara la cabeza por la interrupción.

− Así que no sabes nada ¿he? – Cruzo los brazos tras su espalda y se colocó a lado del médico – solo hiciste lo que cualquier médico.

− Exactamente.

El rey lo miro de reojo y sonrió.

− Seguramente piensas que algo como eso me convencería ¿no? – Soltando una ´pequeña risa – yo no soy como el ingenuo de mi hijo, unas palabras y acciones desinteresas no serán suficientes para hacerme creer en tu inocencia, Celestino Cialdini.

El medico apretó con fuerza los dientes al escucharlo hablar.

− En vista que no es posible persuadirte por cualquier tortura o conversación diplomática… No me queda otra que emitir la sentencia.

Demian se giró sobre sus pies y se alejó del médico, volviendo a subir los escalones hasta llegar a su trono, sentándose en el con una sonrisa llena de altivez en su rostro.

− Celestino Caldiani, te condeno… A ser enviado a las minas de Arcadya, ahí serás sometidos a largas jornadas de trabajo, por las cuales no serás pagado monetariamente, serás azotado ante cualquier reproche y sino obedeces, tu familia se veré afectada económica y socialmente… ¿Entendiste?

Celestino no respondió ante la impotencia que sentía.

− Muy bien – hizo un ademan para que los soldados lo levantaran – llévenselo.

Los soldados obligaron a Celestino a darse la vuelta para dirigirse a las puertas de la sala cuando, las mismas se abrieron, dejando pasar a Alain Leroy, quien portaba una enorme sonrisa en su rostro.

− Su majestad, no pude evitar escuchar su sentencia y debo añadir que usted siempre actúa con verdadera diplomacia.

− Dr. Leroy, ¿a qué debo su visita? – Pregunto con interés – creí que ya había salido con dirección a nueva crisis.

El Dr. Leroy había llegado a Nueva Hasetsu acompañando al rey, indicando que necesitaba algunas sustancias que solo se podían encontrar en el mismo. Por tal motivo, tras recolectar lo necesaria, se suponía que debía partir a lado de sus ayudantes de regreso a Nueva crisis, por tal motivo su presencia en la sala del trono era un misterio para el rey.

− Ciertamente, estaba por partir pero, escuche que tenía un… Preso que era muy importante y cuya información no había podido ser extraída por los métodos conocidos – caminando por el largo pasillo hasta quedar a lado de los soldados y Celestino.

− Así es pero, ¿Por qué el interés?

− Oh, mi amado rey, ¿Por qué invertir tanto tiempo en alguien como él, cuando la solución la tiene al alcance de su mano?

El rey frunció el ceño.

− Continua.

− ¿Por qué gastar tiempo, si puede sacar la verdad con una pequeña dosis?

El Dr. Leroy se acercó a la escalinata y saco un pequeño frasco del interior de su gabardina.

− Este frasco contiene una sustancia que hemos perfeccionado después de muchos años, un suero tan potente que puede arrancar la verdad de los labios de aquel al que le sea inyectado… Un suero de la verdad.

Demian contemplo el frasco que Alain mantenía en su mano y sonrió.

− ¿Seguro que funciona?

− Perfectamente, todos aquellos que han sido sometidos a su dosis han contestado con la verdad… Podemos probarlo, si usted lo permite.

El rey se levantó nuevamente de su trono, bajo la escalinata y tomo el frasco, observándolo unos segundos antes de regresar su vista hacia Celestino.

− Tú – regresando a ver a uno de los soldados – bébelo – ofreciéndole el frasco.

− Majestad.

− ¿Hay algunos efectos secundarios Dr. Leroy?

− Por supuesto que no, todo ha sido probado meticulosamente y después de las pruebas, el líquido es asimilado como la misma agua por el cuerpo humano.

− Ya escuchaste – dijo con un tono de voz frio y serio – bébelo.

El soldado obedeció, abrió el frasco y bebió su contenido.

− ¿Cuánto tiempo es el que se necesita para que surta efecto?

− Un minuto – dijo Alain con una sonrisa.

− Muy bien – observando de reojo al soldado – ¿en qué mes estamos?

− Diciembre, majestad.

− ¿Cuántos años son los que han transcurrido desde que me volví el rey de todo el mundo?

− Trece años.

El rey observaba de pies a cabeza al soldado, sabía que las preguntas hechas podrían ser respondidas por cualquiera sin necesidad de mentir así que, decidió preguntar algo que, desde hace tiempo deseaba saber y ahora tenía la oportunidad.

− En estos días, mi hijo mayor estuvo a cargo del reino, su guardaespaldas me informo que no hubo incidentes y que él siempre estuvo en palacio, ¿es eso cierto?

El soldado se mantuvo callado por unos segundos mientras sus labios temblaban por contestar.

− Contesta, ¿Victor estuvo todo el tiempo en palacio?

El soldado cerró sus ojos, sus labios temblaron y, tras luchar contra sus deseos de contestar, lo hizo.

− No.

− ¿No?

− El príncipe tuvo salidas, incluso rumoran que salió con alguien.

− ¿Alguien? ¿Su prometida?

− No, majestad, se dice que con quien estuvo es una persona que no tiene título de noble, solo una persona clase baja.

El rey frunció el ceño en clara señal de molestia al saber que su hijo le había desobedecido nuevamente. Tras calmar su frustración, y verificar la efectividad del suero de la verdad, regreso su vista hacia el comandante de su guarda.

− Ardyn… − el nombrado contesto con un ademan – Envía este comunicado, a medio día, en la plaza principal, se llevara a cabo un juicio público.

Ganándose la sorpresa de todos a excepción de Alain.

− En dicho evento, se someterá a juicio a Celestino Caldini, donde será expuesto al suero de la verdad, si su inocencia es comprobada, será puesto en libertad y tanto el cómo su familia serán indemnizados por todo lo sucedido.

− ¿Y si es encontrado culpable? – pregunto Ardyn.

− Si es culpable… Solo hay un destino para aquellos que traicionan a la corona.

Sonrió y Celestino sintió como un escalofrío recorrió su columna.


Phichit escuchaba atentamente las palabras de su mejor amigo, solo hacia uno que otro comentario conforme la historia avanzaba, no fue hasta que Yuuri concluyo su relato que se atrevió a hacer las preguntas que, lo acontecido aquella noche, le generaron.

− Entonces… ¿No sabes quién era esa mujer?

− No, pero sus ojos se fijaron en mí como si me odiara – susurro, soltando un ligero gemido al acomodarse mejor sobre la cama – ahora entiendo el dicho de "si las miradas fueran puñales" – enfatizando la oración con sus dedos.

− Lo que me causa curiosidad es, ¿Cómo logro convocar esos cadentes? – Volvió a preguntar – por qué, tu realmente crees que ella lo causo ¿no?

− No es como si lo creyera, su grito causo que todos los faros se rompieran, lo que causo que todos esos cadentes tuvieran vio libre… Así que, tanto como que ella los convoco no, pero ella fue la causa.

− ¿Quién será? – Se preguntó Phichit en un susurro – ella debe ser alguien muy importante y peligrosa como para que Demian la tenga bajo fuertes cadenas y oculta ante la mirada curiosa.

Yuuri solo asintió, sintiéndose un poco mal al no contarle nada acerca de la visión que aquella enigmática mujer le había causado, creyendo que era algo que quizás, por el momento, no tenía mayor importancia.

− Me impresiono el que te encontraras con Michael, y que este te ayudara, considerando lo orgulloso que es así como lo mucho que alardea con su puesto en la guarda – dijo haciendo una voz algo infantil – aunque se supone que estaba en la guarda nocturna, ¿qué hacía con Ardyn?

− Según me dijo Adalberto, de vez en cuando algunos soldados cuando son nuevos, los rolan para que sepan cómo moverse tanto en la guarda real como en la nocturna, en caso de que se necesario y tengan que suplir a otro.

− Ya… No me sorprendería nada que cuando vaya a la escuela este alardeando que enfrento al gran Shade – haciendo que Yuuri comenzara a reír.

− Puede ser pero, dudo que lo haga considerando que yo lo salve.

− Quizás – riendo con su compañero – Aun no me creo que Silver te salvara en el último momento, sobre todo si recordamos que lo dejaste libre hace unos meses cuando Mary dijo que no podían mantenerlo.

− Yo también lo pensé, fue un todo o nada, no estaba seguro si Silver respondería al silbato, no tuve mucho tiempo con él, mucho menos para entrenarlo adecuadamente con el mismo pero, me alegra saber que aunque no estuvimos juntos diariamente él no se olvida de mí.

− Claro que no, lo salvaste cuando era un polluelo y algo así, se queda grabado aquí – señalando su corazón con el pulgar – para Silver eres como su padre, lo criaste, lo alimentaste y jugaste con el… Así que él está agradecido y protegiéndote es como él te lo agradece.

El fugaz recuerdo de cuando conoció a silver cruzo su mente. Aquel día, había salido tarde de clases, el profesor Gladius los había castigado por no completar el entrenamiento por lo que, a los alumnos que no habían concluido –incluyéndolo a el− los había puesto a recorrer la pista tres veces, por lo que, una vez termino, salió corriendo de la academia. En su camino, escucho un extraño sonido, uno que se le hacía familiar, se acercó a un canal que estaba justo a su lado y, en las aguas turbias, estaba un pequeño polluelo de chocobo. El pequeño trataba de mantenerse a flote mientras emitía pequeños sonidos que demostraba lo asustado que estaba. El corrió, bajo las escaleras que daban al canal y tomo al polluelo entre sus manos, llevándolo a casa después de secarlo a consciencia.

Admitía que fue feliz ese pequeño periodo de tiempo que compartió con Silver, el polluelo lo seguía de un lado a otro y se ponía triste cuando tenía que irse a la escuela. También tuvo sus momentos de molestia, cuando su hermana le reñía que no tenían la liquidez para mantenerlo, sobre todo cuando silver comenzó a crecer y, para cuando tuvo que dejarlo libre, este le llegaba más arriba de sus rodillas. Durante un tiempo lo visitaba, verificando que estuviese bien y que se acostumbrara a vivir en libertad, hasta que, tras un tiempo, Silver desapareció. Al principio creyó que algo malo le había pasado ya que no lograba localizarlo pero, un día, para su alegría apareció nuevamente. Tales acciones se repitieron constantemente, por lo que finalmente se acostumbró a la idea que Silver ya había aprendido a cuidarse solo y no necesitaba de él.

− Ahora que hablamos de escapes oportunos – la voz de Phichit interrumpió sus pensamientos.

− ¿Mmm?

− Siempre quise preguntarte algo – dijo con una sonrisa − ¿Cómo escapaste de los guardas?

Yuuri enarco una ceja al no comprender su pregunta.

− Cuando te hiciste la herida en el hombro, ¿Cómo lograste escapar?

− Oh, ese día…

− Si…

Yuuri regreso su vista al techo.

− Pues… Ese día fue muy extraño.

− ¿Por qué lo dices?

− Es que… Cuando la explosión me impulso, recuerdo que caí al suelo y cuando me levante, el dolor en mi hombro me mantuvo pegado a la pared…Los guardas me seguían y buscaban en cada callejón.

Phichit escuchaba con atención el relato.

− Creí que finalmente me atraparían pero…

− ¿Pero?

− Alguien me ayudo.

− ¿He? ¿Alguien?

− Si…


Las fuertes voces de los guardas se escuchaban por todos los rincones. Su frente estaba empapada en sudor, su pulso comenzaba a dispararse y la sangre que emanaba de su hombro no era un signo de buen augurio.

Camino por entre los callejones, tratando de esconderse bajo las enormes sombras que estos mantenían. Se detuvo en uno de ellos al percatarse que había llegado a un callejón sin salida, se giró sobre sus pies, escuchando a lo lejos como los guardias lo buscaban sin cesar.

No podía saltar por los tejados ya que lo verían y la herida en su hombro impedía que ejerciera fuerza más allá de la debida. Comenzó a desesperarse, ¿qué debía hacer en aquella situación?

Estaba por arriesgarse a saltar y esquivar a los guardias a través de los tejados pero, el sonido de unos pasos le hizo darse la vuelta, encontrándose con la figura de una persona encapuchada.

¿Quién eres?

El extraño no respondió.

Si no me dices quien eres…

Con ese brazo dudo que puedas siquiera congelar este lugar – dijo el extraño.

Yuuri frunció el ceño, puesto que la voz del desconocido parecía más la de un niño que la de un adulto.

Tu…

Los guardias se están acercando, si quieres salir de esta, sígueme – dijo dándose la vuelta para comenzar a caminar.

Yuuri no se movió ni un centímetro.

¿Quieres escapar o no? – pregunto con calma el encapuchado, deteniéndose solo unos pasos adelante.

Apretó con fuerza sus manos hasta volverlas un puño, pensando en las posibilidades que tenía al seguirle, ¿era un amigo? ¿Una trampa? No estaba seguro de quien era pero, era el único camino que tenía.

Respiro profundamente y comenzó a seguir al desconocido.


− ¿Y lo seguiste?

− No tenía otra opción.

− Pudo ser una trampa, ¿sabes lo riesgoso que fue eso?

− Lo sé pero, era el único camino que vi en ese momento.

− En eso tienes razón – dijo haciendo un ligero puchero − ¿y bien?

− ¿Qué cosa?

− ¿A dónde te llevo?

− Me guio por los callejones, hasta quedar a unas cuadras de la casa de Celestino y después…

−…

− Desapareció.

− ¿Solo así?

− Si, solo dijo "Perdimos a los guardias, supongo que estarás bien por tu cuenta" –enfatizando con sus dedos – cuando me gire para agradecerle, se había ido.

− Eso es extraño – cruzándose de brazos.

− Te lo dije, esa noche fue muy rara – agrego – lo demás ya lo sabes, Celestino me curo y en la mañana hui de casa antes de que mi hermana lograra reñirme.

− No te reñiría tanto si te comportaras – dijo Phichit.

Yuuri solo sonrió.

− Fuera de todo eso, ¿Dónde está Celestino? – Pregunto – quiero agradecerle por cuidarme.

El rostro de Phichit se ensombreció, algo que no pasó desapercibido por Yuuri.

− Phichit… ¿Que sucede?

− Es que… Celestino, el…

− ¿Que sucede con el?, ¿le ocurrió algo? –pregunto ahora con los nervios comenzando a recorrerle.

− Pues… El…

El sonido de la puerta al abrirse les hizo girar sus cabezas, encontrándose con Sunan entrando a la habitación.

− Papá.

− ¿Señor Sunan?

− No le has dicho nada, ¿verdad?

Phichit bajo la cabeza.

− ¿Que está sucediendo? – Pregunto volteando en varias ocasiones para ver el rostro de ambos − ¿Por qué lucen tan tensos?

Sunan soltó un suspiro.

− Yuuri… Celestino no está en casa.

− ¿Salió?

− No, no salió – contesto Phichit – el…

− Fue arrestado por la guarda.

− ¿Qué? – el rostro de coloco un gesto de sorpresa por la noticia − ¿Por qué? Se supone que lo habían exonerado.

− Al parecer encontraron pruebas para vincularlo con Shade – agrego Sunan – y no hay forma de refutarlas.

− No es posible – dijo aun consternado por la noticia − ¿hace cuánto?

Ninguno de los dos respondió.

− ¿Hace cuánto se lo llevaron? – volvió a preguntar.

− Hace cinco días – contesto Sunan.

− Cinco… Días.

El shock lo mantuvo en un estado de trance por unos segundos, puesto que, si ese es el tiempo desde que se llevaron a Celestino, significaba que había estado cinco días inconscientes… Tiempo que seguramente Celestino estuvo bajo las torturas de Ardyn y sus guardas.

− Debo irme – dijo tratándose de levantar de la cama, sintiendo varios pinchazos de dolor provenientes de su costado.

− Yuuri, ¿Qué haces? – Pregunto Phichit, intentando en vano detenerlo.

− Debo irme, Celestino el…

− ¿Y qué harás? – Hablo Sunan – en ese estado no puedes ayudar a nadie.

− Tengo que hacer algo, Celestino está en manos de ese maniático… Si no hago algo, el… − dijo sentándose finalmente en la cama.

− En ese estado no puedes hacer nada y, aunque pudieras hacerlo ya es imposible.

− ¿Qué quieres decir?

− El rey envió un comunicado, Celestino será enjuiciado de forma pública en la plaza principal del reino… Todos los medios lo están anunciando ahora.

− ¿Juicio Público?

− ¿Eso siquiera es legal? – pregunto Phichit al ver la sorpresa de su mejor amigo.

− Lo es, los juicios públicos están vigentes en las leyes que rigen Nueva Hasetsu.

− Pero… Hasta donde tengo entendido, los Katsuki nunca hicieron eso.

− Los Katsuki nunca los utilizaron ya que tenían la firme creencia que los juicio debían ser privados, sobre todo por los temas que tratan en los mismos… Así las familias de los enjuiciados que fueran extranjeros no tendrían problemas.

− Entonces... ¿Por qué Demian anuncio eso? – pregunto Yuuri.

− Seguramente quiere presionar a Celestino para que diga lo que sabe de ti, y que mejor que exponer a su familia – dijo Sunan.

El silencio se apodero de la habitación, Yuuri sentía como la culpa y la impotencia se apoderaba de él, ya que Celestino estaba en aquella situación por causa suya.

− ¿Cuándo es el juicio?

− Hoy a medio día.

− ¿Tan rápido? – Dijo Phichit, asombrado por la rapidez del acto.

− Supongo que Demian quiere acabar con esto tan pronto le sea posible.

Yuuri se mantuvo en silencio unos segundos y, tras un esfuerzo se puso de pie.

− Yuuri, no debes levantarte – dijo Phichit – tu herida…

− Voy a ir – afirmo.

− ¿Estás loco?, tu herida no ha sanado del todo, puedes recaer.

− ¿Qué importa? – Levantando su voz – Celestino está metido en este problema por mi causa – dijo con enojo – debo ir… Yo... Tengo que…

− ¿Y qué vas a hacer? – Sunan se acercó a el – La plaza estará llena de personas, los soldados y Ardyn estarán presentes, sin olvidar que Demian estará en primera fila, listo para atraparte si apareces como Shade… Y con esa herida, no duraras ni un minuto en contra de ellos.

− No lo sé… Pero tengo que ir…

− Entiéndelo, no estás en condiciones y aunque lo estuvieras, ni Adalberto o yo te dejaríamos ir – declaro Sunan, con un gesto lleno de seriedad, uno que nunca en su vida le había visto.

Yuuri trago con fuerza.

− Y yo haría cualquier cosa con tal de ir a ese lugar.

Ambos mantuvieran la mirada sobre la del otro.

Sunan suspiro.

− Eres igual de terco que tu padre.

− Soy su hijo, ¿qué esperabas? – Dijo caminando lentamente hacia el escritorio, donde estaba su ropa – entonces, ¿qué harás? – Pregunto girándose para ver al mayor − ¿tengo que escaparme o me acompañaras? Porque con su aprobación o no, iré.

Sunan se cruzó de brazos y negó con la cabeza.


Su rostro mostraba la sorpresa que sentía, aun sin poder creer en la noticia que su mejor amigo le estaba relatando.

− ¿Estás seguro? – pregunto sin salir de su asombro.

− Si, al principio creí que era solo un rumor hecho por los guardas pero, cuando lo vi en las noticias supe que era verdad – contesto igual de consternado.

− No entiendo, ¿Por qué mi padre haría esto? – dijo levantándose del sofá para caminar hacia uno de los enormes ventanales de la biblioteca.

− Al parecer, quiere que el acusado confiese y cree que teniendo a una enorme multitud lo hará.

− Ese hombre no es culpable – susurro.

− Eso no lo sabes Victor – comento Noel.

Victor se giró y encaro a su compañero.

− ¿Y tú sí?

− No, pero tampoco puedo afirmar algo que no se – dijo levantándose de su sitio – Si el rey cree que un juicio público es lo que se necesita para aclarar esto, debemos aceptarlo.

− ¿Y exponer a una persona a la humillación pública?

Noel no contesto.

− Si Celestino resulta inocente, ¿Quién restablecerá la confianza que los demás le tenían? – Volvió a preguntar – aun cuando sea exonerado nada podrá restaurar su imagen pública, ni las disculpas de mi padre… Siempre estará en duda su palabra.

− Victor.

− Lo siento, pero no apoyo a mi padre en esto.

− ¿Y Cuando has apoyado al rey en alguna decisión que él ha tomado? – se cruzó de brazos con algo de molestia.

− Quizás porque no compartimos las mismas ideas de cómo se debe tratar a los demás.

− No tienes derecho a juzgarlo – declaro – él es el rey y aunque no te guste, lo que él diga se acata y punto.

− Eso no le da el derecho de tomar decisiones que humillen de esta forma a los demás – dijo con impotencia − Es por eso que en ocasiones apoyo a Shade.

− No estarás hablando en serio, ¿verdad? –dijo asombrado por lo que había declarado su amigo.

Victor solo le contuvo la mirada.

− No puedo creer esto – susurro Noel − ¿Sabes lo que tu padre hará si te escucha decir eso?

− ¿Castigarme públicamente? – caminando hacia la puerta de la biblioteca.

− Victor, es enserio – dijo comenzando a seguirlo.

− Yo también hablo muy en serio.

− Victor – le llamo, bajando el tono de su voz − ¿A dónde vas? – pregunto al verlo abrir la puerta.

− Necesito aire fresco, si continuo aquí estoy seguro que diré algo que no quiero.

− Iras al juicio, ¿no es así?

− Quizás… Aun no lo sé.

Fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta y dejar a su mejor amigo solo en la biblioteca.


La plaza estaba se encontraba completamente llena, los guardias habían montado una valla para que no cruzaran más allá del perímetro permitido. La familia de Celestino estaba en primera fila, observando como toda esa gente había asistido al juicio que, para su opinión, era peor que ser enviado a trabajar a las minas.

Yuuri había llegado diez minutos después del medio dio, alegrándose que el juicio aun no comenzara. Se había quedado algunos metros atrás, observando todo desde uno de los callejones que daban hacia la plaza, siendo acompañado en todo momento por un preocupado Phichit y un frustrado Sunan.

− Pensaba que la puntualidad era importante para el rey – indico Phichit.

− Comúnmente los juicios suelen atrasarse cuando al rey le surge algo de último minuto pero, se hará, Demian no cancelaria un evento de esta índole – aseguro su padre.

− Solo espero que Celestino se encuentre bien – dijo Yuuri, respirando lentamente.

Tanto padre e hijo suspiraron al escucharle hablar.

Tras pasar unos minutos más, Ardyn anuncio la llegada del rey quien, camino con lentitud, saludando a sus súbditos con una sonrisa en su rostro, deteniéndose una vez estuvo en el centro de la plaza.

− Este día se llevara a cabo un juicio, por lo general siempre he sido partidario de que estos deben ser privados para que ustedes, mi amados súbditos, no sufran al ver como aquellos que nos han hecho daño reciben el castigo que merecen pero, en esta ocasión, decidí que ustedes deben tener conocimiento de este hecho… Sobre todo cuando algo tan importante como es la seguridad de ustedes se ve en juego.

"Como todos saben, Shade ha sido un problema constante en nuestras vidas, incluso los bastos intentos de nuestra guarda han sido en vanos en contra de ese hombre – dijo con una tristeza que pocos creían genuina – pero, después de los esfuerzos de nuestro comandante en jefe – Ardyn dio un paso al frente – hemos encontrado a una persona que, de ser culpable, nos llevara hacia ese infame ladrón – haciendo que la multitud gritara de alegría – traigan al acusado − girándose para caminar hacia la enorme silla de roble que habían colocado al fondo de la plaza y sentándose en ella.

La multitud se movió, haciendo un largo camino por donde los guardias escoltaban a un muy herido Celestino. Los murmullos no se hicieron esperar los cuales, hicieron que la esposa del mismo comenzara a derramar lágrimas por las acusaciones e insultos que su esposo estaba recibiendo.

Por su lado, Yuuri observaba el panorama con impotencia.

Una vez Celestino llego al frente de la plaza, lo obligaron a ponerse de rodillas, haciendo que el metal de las esposas que llevaba resonaran contra el suelo. El rey elevo su mano derecha, pidiendo que la multitud callara y esta lo hizo.

Ardyn dirigió su vista al rey, quien solo asintió y este procedió a caminar hacia el frente y colocarse a pocos pasos del acusado.

− Celestino Caldiani, ¿sabes el motivo por el cual estas aquí?

− Si – contesto sin ganas.

− ¿Sabes la gravedad de las acusaciones que te imputan?

− Lo sé.

− ¿Entonces sabias que ser cómplice de un ladrón como Shade te volvería un traidor a la corona?

− Yo no soy un traidor− aseguro – jamás he hecho algo que vaya en contra del rey.

− ¿Eso quiere decir que te consideras inocente?

− Claro que sí.

− Entonces, si era fiel al rey – dijo Ardyn caminando por la plaza para que todos lo escucharan − ¿Por qué ayudaste a Shade? Sabes perfectamente que es buscado por la corona.

− Soy médico, me dedico a salvar vidas.

− Respetable, un médico tan abnegado es signo de orgullo pero… Si salvaste su vida, ¿Por qué no llamaste a la guarda? Al hacerlo te habrías librado de todo esto… A menos claro, que seas su cómplice.

− No lo soy… Yo solo…

− Lo eres –aseguro – todas las pruebas apuntan a eso.

− Yo.

− ¿Cómo te atreves a negarlo, cuando tenemos todas las pruebas?

Celestino guardo silencio, los murmullos entre la multitud no se hicieron esperar. El rey levanto su mano y todos guardaron silencio. Ardyn se giró para ver a su rey y este le hizo un ademan, haciendo que el comandante asintiera y se alejara del médico.

− Celestino Caldiani – hablo el rey – conozco tu trayectoria, todo mundo reconoce el gran médico que has sido durante toda tu carrera pero, el simple hecho de que estuvieses ayudando a un ladrón como lo es Shade deja en duda sobre tu lealtad o no a la corona – levantándose de su asiento – Pero, tampoco podemos asegurar que tus intenciones fueron malas, quizás te amenazó con hacer daño a tu familia, a personas que te importan… Todo mundo sabemos que cuando algo preciado es amenazado podemos derrumbarnos – la multitud comenzó a darle la razón al rey – por ese motivo, en pos de aclarecer todo esto, el doctor Leroy desarrollo algo que puede ayudarnos en este dilema.

El rey elevo su mano, haciendo que la multitud se moviera para abrir el paso, dejando que el mencionado avanzara por el camino siendo escoltado por un par de guardias. Al terminar su recorrido, hizo una reverencia hacia su rey y sonrió.

− Su majestad – alzando el maletín para abrirlo y mostrar el contenido a su rey – Lo que solicito.

El rey asintió y tomo el pequeño frasco.

− Este suero fue hecho con la firme intención de revelar la verdad que, incluso el más hábil mentiroso quiere esconder… Por lo tanto, Celestino Caldiani – dirigiéndose ahora hacia el médico – Si eres inocente, me encargare personalmente de indemnizar todos los daños que este juicio hayan creado para ti y tu familia pero, en caso contrario… La pena dada por traicionar a la corona – cayo por unos segundos, recorriendo el lugar con la mirada – será la muerte.

El silencio se apodero de la plaza al escuchar la sentencia.

− Comandante Ardyn – extendiéndole el frasco – haga que lo beba.

− Como ordene su majestad – tomo el frasco y camino hacia Celestino – levántenlo y hagan que se voltee, la multitud debe ver el rostro del acusado.

Los guardias obedecieron la orden.

Celestino pudo ver el rostro de su familia, su esposa e hijos tenían el rostro cubierto de lágrimas. Las personas en cambio, algunas mostraban gestos de lastima, otras de enojo y desprecio pero, a los lejos, pudo ver un rostro familiar.

"Yuuri" pensó al ver al joven a lado de Sunan y su hijo.

Durante esa fracción de segundos recordó la promesa que le había hecho a Mary y Adalberto.

Ahora que sabes la verdad, ¿qué piensas hacer con esta información?

Conectando sus miradas, esperando la reacción del otro.

Nada – índico Celestino – como dije antes, Yuuri es la única esperanza que tenemos de volver a tener un reino como el que alguna vez dirigió el rey Regis así que... Pienso ayudarlo hasta el último día de mi vida.

Sabía perfectamente que si bebía ese líquido, toda lo que sabía de Yuuri así como su verdadera identidad saldría a la luz y eso era algo que no deseaba, sobre todo si quería que el reino que alguna vez fuera gobernado por el rey Regis regresara.

Cuando Ardyn se acercó y tomo su barbilla para hacerlo beber, una clara idea paso por su mente, haciendo uso de las fuerzas que aun tenia uso su manos para empujar al comandante −quien cayó al suelo haciendo con esto que el frasco se rompiera en pedazos −, tomo un vial del cinturón de uno de los guardas que lo tenían sujeto de los brazos, empujo a ambos y, antes de que estos lograran levantarse, se llevó el vial a la boca para quitar el seguro con el dientes.

Aquel acto dejo mudos a todos sobre todo a Yuuri que, al darse cuenta de lo que el medico estaba por hacer intento moverse pero, los enormes brazos de Adalberto lo detuvieron.

− ¿Adalberto? ¿Cuándo fue que llegaste?

− Vine tan pronto Sunan me contacto y me dijo lo que planeabas hacer − regreso a ver al frente.

− ¡Déjame ir! – Intentando zafarse de los brazos que lo mantenían preso − ¡Debo salvarlo!

− ¿Acaso quieres morir? – Pregunto Adalberto – Celestino quiere protegerte.

− ¿Entregando su vida? – Pregunto con desesperación – él no tiene que hacer eso, él no es culpable de nada.

− ¿Crees que él no lo sabe? – Adalberto lo fulmino con la mirada – Él sabe lo que está en juego, él siempre te ha cuidado y ha intentado protegerte, si el tomo esa decisión es porque no ve otro camino.

− Pero ese no lo es – seguía intentando zafarse del abrazo, aun cuando con ello varias descargas de dolor lo recorrían gracias a la herida en su costado.

− El cree que lo es, él está intentando protegerte a su modo – susurro regresando a ver al frente nuevamente.

Yuuri ceso sus intentos, en su condición no tenía fuerzas para competir con la enorme musculatura de Adalberto.

Celestino por su parte, sostenía con fuerza el vial sin apartar su vista del azabache. Le dedico una última mirada a su familia, susurrando un triste "Lo siento", después volvió a dirigir su vista hacia el joven a quien intentaba proteger, este conecto por un segundo su mirada con la del médico, abriendo sus ojos a su máxima expresión cuando noto el movimiento de los labios de Celestino, una lagrima cayo rodo por su mejilla, un último forcejeo entre los brazos de Adalberto al entender aquellas palabras y una fuerte explosión –que se contuvo por la baja intensidad del vial− ilumino el lugar.


Dejo el auto no muy lejos de la plaza, aunque su intención inicial no era acercarse y presenciar aquel juicio que, para su opinión personal, era injusta e inhumana. Pero, tras pensarlo mucho mientras observaba las olas ir y venir, tomo la decisión de acudir, solo para saber el destino de aquel médico que consideraba inocente.

Camino con lentitud por la calle, como si inconscientemente intentara no llegar a su destino. En su trayecto, observo como las demás personas se apresuraban para llegar a la plaza y ser testigos del inusual juicio impartido por su padre.

Cuando estuvo a pocos metros observo como varios guardias estaban custodiando los alrededores, con el pretexto, de evitar el escape del acusado, algo que no creía posible, sobre todo cuando había miles de personas en el lugar que, por lo dicho en los medio, impedirían que se fugara en primer lugar.

Respiro profundamente y continúo su camino.

− Príncipe – un soldado le hizo una ligera reverencia.

− ¿Ya comenzó el juicio? – pregunto, ignorando el saludo tan formal del soldado.

− Así es, el comandante interrogo al preso frente a todos, en estos momentos es el rey quien está hablando.

Victor se mantuvo en silencio.

− ¿Vino para apoyar al rey? – pregunto al ver la falta de respuesta del príncipe.

Victor volvió a suspirar y regreso a ver al guardia.

− Algo así – dijo con una sonrisa.

El soldado le devolvió la sonrisa.

Estaba por seguir su camino cuando noto como el doctor Leroy era escoltado por unos guardas y caminaba hacia la plaza.

− ¿El Doctor Leroy que hace aquí?

− Al parecer desarrollo algo que ayudara a que el acusado confiese lo que sabe.

Frunció el ceño. Lo poco que sabía de los doctores Leroy era que ellos se encargaban de la tecnología que se usaba en Nueva Crisis aparte de desarrollar nuevos métodos para las áreas de medicina, agricultura y armamento aéreo o naval para la guardia.

"¿Qué nuevo experimento habrá hecho?" se preguntó mientras perdía de vista al doctor.

Aunque los Leroy eran conocidos por ser genios en su área, también era de conocimiento público los rumores que circulaban alrededor de ellos, los cuales apuntaban a experimentos poco convencionales fallidos que causaron más que lesiones en otras personas pero… Solo eran eso, rumores sin fundamentos que, aunque no se podían probar, le ponían los pelos de punta cuando se encontraba con ellos cuando visitaban el palacio.

− Príncipe.

Victor alejo esos pensamientos y encaro nuevamente al soldado.

− Mmm…

− El juicio, ¿no iba a ir?

− Cierto.

Asintió y retomo su camino pero, a mitad del mismo, los gritos y gemidos de los presentes en la plaza llamaron su atención lo cual provoco que comenzara a correr hasta llegar a la plaza y ver lo que sucedía.

Sus ojos no podían creer lo que veían, Celestino tenía un vial en su mano, los guardias estaban atónitos por lo que el medico había hecho, Ardyn tenía un gesto de furia que solo le había visto tras algún encuentro con Shade y su padre, tal como siempre lo había visto, permanecía inmutable ante la situación.

− Pero… ¿Qué? – Sus ojos viajaron por todo el lugar, hasta que, por algún motivo, se detuvo sobre la figura de una persona que le era conocida − ¿Yuuri?

Hizo el intento de caminar hacia el lugar donde este se encontraba pero, la explosión del vial lo detuvo, haciendo que este regresara a ver el frente de la plaza, encontrándose con una enorme llamarada en el lugar donde antes estuvo el médico.


Varias lagrimas caían por sus mejillas, sintió como su cuerpo perdió fuerzas y cayo de rodillas al suelo una vez Adalberto aflojo el abrazo. Presenciar aquello había roto algo en su interior, varias imágenes comenzaron a cruzar su mente. El día que conoció a Celestino, cuando descubrió sus poderes, cuando tomo el manto de Shade y acudió a Celestino cuando resulto con una herida demasiado profunda como para atenderla el mismo, los sabios consejos que le había dado en momentos difíciles… Y la noche cuando acudió en su ayudada cuando la herida en su costado estaba por matarlo.

Por unos segundos perdió el sentido de la realidad, su mente se bloqueó por lo ocurrido, reviviendo una y otra vez lo sucedido segundos atrás. Solo la voz de Adalberto lo despertó del breve trance en el que había caído.

− Fue un hombre valiente – susurro.

− No merecía ese final – contesto Yuuri sin fuerza en su voz.

− No lo era, pero fue su decisión… El eligió protegerte y nunca olvidaremos el enorme sacrificio que tomo por ello…

Yuuri no dijo nada, solo apretó con fuerza sus manos hasta volverlas un puño, sintiendo como la impotencia y la rabia lo recorrían por dentro.


Tras varios minutos en los que los soldados controlaron las llamas, en el lugar solo se pudo apreciar un cumulo de cenizas de lo que alguna vez fue el doctor Celestino. El rey se levantó de su asiento y se acercó a sus súbditos.

− Es una pena para mí lo ocurrido, jamás creí que Celestino quien se consideraba inocente tomara este camino… Lo cual nos lleva a la triste conclusión de que su culpabilidad era cierta, ¿Qué hombre inocente preferiría la muerte antes de decir la verdad? un hombre que no tiene nada que esconder, ¿Por qué haría algo como esto?, es obvio que eligió morir que entregar a Shade.

La multitud comenzó a apoyar a su rey, diciendo entre murmullos que el medico siempre fue muy extraño en cuanto sus acciones.

− Por ello, el veredicto de esto es el siguiente… Las cenizas serán entregadas a su familia – regresando a ver a la esposa e hijos del médico – y aunque no son culpables de ningún crimen, deberán abandonar el reino para siempre… Ya que los familiares de un traidor no tienen cabida entre nosotros.

La esposa de Celestino bajo la cabeza.

− Pero, no soy un hombre sin sentimientos, se le dará una pequeña dote para que comiencen su vida lejos de los hombres y mujeres honrados de nuestro reino…

La multitud Victorio la noble acción de su rey y este, asintió antes de comenzar a alejarse y salir de la plaza.

Víctor quien escucho todo desde su sitio, no creía que algo como el exilio fuera una acción tan noble como todos hacían ver.


− Debemos irnos – dijo Adalberto.

La plaza comenzaba despejarse, el rey hacia algunos minutos que se había marchado, los únicos que continuaban en el lugar eran Ardyn y sus soldados. Uno de ellos entrego las cenizas del médico a su esposa e hijos –contenidas en una pequeña urna−, solo se pudo distinguir un breve intercambio de palabras y la mujer comenzó a alejarse junto a sus hijo mientras su rostro estaba bañado en lágrimas.

Adalberto reprimió el insulto que estaba por decir, ya que no había forma de remediar lo sucedido.

− Vámonos – volvió a decir pero esta vez, tomo el brazo de Yuuri para obligarlo a levantarse.

− No pensé que este sería el final de todo esto – Sunan su cruzo de brazos.

− Yo tampoco – agrego Adalberto.

− Yuuri – lo llamo Phichit.

El cuerpo de Yuuri comenzó a temblar antes de que este se diera la vuelta y saliera corriendo del lugar.

− ¡Yuuri!

Phichit quiso seguirlo pero el brazo de su padre lo detuvo, negando con su cabeza.

− Déjalo… Necesita estar solo.

Phichit bajo la cabeza ante las palabras de su padre, girándose para ver nuevamente la plaza, frunciendo el ceño cuando noto algo muy peculiar en uno de los callejones que daban a la plaza.

− ¿Sucede algo? – pregunto su padre al ver el ceño en su rostro.

− Mmm… No – regresando a verlo – creo.

− ¿Seguro?

− Pues… Es que… Creo que vi algo muy extraño en la plaza.

Ambos adultos fruncieron el ceño, interesados en lo que el menor había visto.


Corría por los callejones del lugar, las lágrimas caían por su mejillas sin poder detenerlas, avanzaba por los mismos tropezando cada instante con las personas que los transitaban. No le importaba los gritos de los transeúntes que se molestaban al verse empujados, no le importaba hacia donde se dirigía solo quería irse y alejarse de aquella plaza que le había arrebatado a un gran amigo.

Solo se detuvo cuando sus piernas ya no tuvieron fuerzas para seguir corriendo. Levanto su rostro, dándose cuenta que había llegado al mismo lugar donde alguna vez Celestino le había aconsejado escuchar a su familia.

− Celestino… Siento tanto no haberte salvado – murmuro.

Se encontraba perdido en sus pensamientos que no sintió la presencia de una segunda persona, y solo cuando este alzo la voz se dio cuenta de la misma.

− Yuuri.

Se giró rápidamente.

− Víctor.

− Siento lo de Celestino.

− ¿Por qué lo dices?

− Era tu amigo, ¿no?

− ¿Y cómo lo sabes? – pregunto sin emoción en su voz.

− Te vi en la plaza y, has estado llorando así que… Supuse que lo era.

− Lo era… Y no es justo lo que le sucedió− hablo intentando que su voz no se quebrara.

− Lo sé.

Ambos guardaron silencio por unos segundos, el momento era incómodo y no había palabras que pudiesen dirigirse.

− ¿Por qué me seguiste? – finalmente pregunto, desviándole la mirada.

Víctor se sorprendió por la pregunta.

− Me preocupe por ti.

− No veo por qué lo hiciste, no soy yo el que murió.

− Es que… Puede sonar algo sin sentido pero, por alguna razón, durante esos últimos instantes, paso por mi mente que él te estaba protegiendo.

− ¿Protegerme? − regreso a veré de reojo.

− Si, es que, hace unos días me encontré con… Digamos que tuve un encuentro con Shade y el… Su aroma me recordó a ti así que… He tenido la tonta idea de que tú eras ese el ladrón.

Yuuri apretó con fuerza sus manos al escuchar aquella declaración. En ese momento supo que ya no tenía sentido alguno mantener ese secreto, sobre todo cuando Víctor había unido las piezas por sí solo.

− Lo soy – susurro.

− ¿Qué? – dijo con sorpresa, como si no hubiese escuchado correctamente lo dicho por el otro.

− El hombre que Celestino trataba de proteger – dijo dirigiendo su vistas hacia Víctor, frunciendo el ceño en clara señal de enojo – Yo soy Glass Shade.

− Yuuri – Víctor abrió sus ojos a su máxima expresión – es una broma ¿verdad?

− No, no lo es –contesto – yo soy el ladrón por el que Celestino entrego su vida.

Víctor guardo silencio, conmocionado por lo que acababa de decir el azabache. Intento acercarse pero Yuuri negó con su cabeza.

− No te acerques.

− Yuuri.

− Mi familia tenían razón, los Nikiforov solo traen desgracia y muerte…

Víctor abrió su boca pero ningún sonido salió de ella.

− Como llegue a pensar que… Podíamos ser amigos – siguió hablando – no cuando ustedes han causado tanto dolor, comenzando por la usurpación del trono y la muerte de mis padres.

− ¿Qué quieres decir con eso? – Pregunto Víctor, no creyendo del todo lo que el azabache estaba tratando de insinuar – Acaso tú eres…

Yuuri solo sonrió, se acercó a Víctor y dejo que su mano acariciara la mejilla del de ojos azules.

− Pregúntale al hombre… Al que llamas padre.

Víctor no pudo moverse de su sitio, puesto que cuando trato de hablar, el azabache se alejó de él, comenzó a correr y desapareció en fragmentos de luz.

つづく/ Continuara...


¡Hola Lectores!

¿Qué les pareció el capítulo?

Algunos le atinaron otros se fueron por las ramas pero, finalmente Yuuri perdió a un amigo muy preciado y ahora está prácticamente en shock.

Los siguientes capítulos serán muy tensos para el Victuri pero, esperemos que lo que sienten sea suficiente para arreglar los problemas.

Déjenme sus comentarios y nos vemos ^u^